Mostrando entradas con la etiqueta Libertad de cátedra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libertad de cátedra. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de noviembre de 2024

La avidez desmedida: entre el egoísmo social y las tragedias humanas (Manuel Menor)

La ansiedad de algunos por controlar el poder y dominar a otras personas genera situaciones problemáticas, muy desestabilizadoras

Por mucha libertad que invoquen sus partidarios, la competitividad exagerada violenta la libertad de los demás, produce desafección social y, a veces, muertes absolutamente inútiles. Pretenden olvidar que Adam Smith, defensor de la competitividad del libre mercado, antes de escribir sobre La naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), había escrito una Teoría de los sentimientos morales (1759), donde el egoísmo o amor a sí mismo ha de ser controlado si no se quiere que el sinvivir del hobbesiano homo homini lupus gobierne las relaciones sociales. Según el autor de Edimburgo, mejor es desarrollar la “simpatía” o capacidad de situarse en el lugar de los demás, con competencia para reconocer y apreciar sus actos y proyectos, y no sólo los propios. Esta capacidad es la mejor manera de generar satisfacción mutua y, a su vez, la base en que asentar las transacciones comerciales y el crecimiento de la riqueza. Si Smith fuera tan exagerado como proponen sus lectores más ultras, y sólo le obsesionara la acumulación de capital, nunca se hubiera preocupado del desarrollo de la inteligencia de los humanos y, en particular, de que el Estado impulsara la educación pública de las clases trabajadoras, asunto que, actualmente, muchos supuestos neoliberales con responsabilidades políticas olvidan.

André Bretón llamó a Salvador Dalí “Avida Dollars” (sediento de dinero) a causa de algunos de sus proyectos más decorativos que pictóricos. Es propio de la avidez crematística la exageración y, metidos en esa vorágine de insatisfacción permanente, la ceguera para admitir a los demás en el juego de la vida; a los que ve más débiles, incapaces de frenar tales ansias de dominio, los machaca inmisericordemente. La gama de acciones, anhelos, represalias y trampas en que cada humano es capaz de meterse sin el autocontrol que reconoce a los otros igualdad de derechos -empezando por el básico de la vida-, es infinita y, si de algo está segura la Historia de los humanos sobre la Tierra, es de un cruento sinfín de horrores de los que el pasado siglo XX ha estado reiteradamente plagado.

HORRORES DE LA AVIDEZ
Este presente tampoco desmerece y hace falso que, por vivir en el siglo XXI, la convivencia humana haya mejorado sensiblemente en estos 24 años. Es falso que, para realizarse como personas, los hombres hayan de ser machistas, e igual de falso y deprimente es que las mujeres hayan de ser sus siervas, obedientes y calladas. Circulan muchos bulos por las redes sociales y en el descaro exhibicionista que propaga una publicidad desnortada. Igual de mentiroso e hipócrita es que el sistema educativo deba ser ajeno a estas cuestiones vitales o que, más allá de que sepan algo de lectura y cálculo, no deba ocuparse de que los críos y crías de la escolaridad universal tengan buena información sobre sus cuerpos, el manejo del afecto y de las interrelaciones sanas con sus próximos y próximas. A estas alturas del siglo XXI, no es de recibo que la mayoría sigan manejando a hurtadillas, y a espaldas de sus padres y madres, cotilleos y sensaciones que no tienen nada que ver con el respeto a sí mismos y a los demás.

La existencia de tales tabúes ni habla bien de la supuesta modernidad de nuestra sociedad, ni de que esté en trance de llegar a una convivencia democráticamente saludable. Con una educación sentimental y sexual basada en una pornografía violenta y claramente humillante para las mujeres, como la que consume casi el 70% de los adolescentes, falta mucho para que disminuya la cifra trágica de 42 mujeres asesinadas por machismos irredentos. Hoy, 25 de noviembre, Día internacional de la lucha contra la violencia contra las mujeres –siempre acompañada de un rosario de menores muertos de forma vicaria- es hora de reivindicar que los centros educativos tengan medios, recursos y, sobre todo una seria “libertad de cátedra” para “educar” en estas cuestiones. No es de recibo que los reaccionarios de hoy –repitiendo a los de tiempos no tan viejos- pongan veto a esta otra libertad de una escuela digna de tal nombre. Después, cuando se producen desastres sociales, lo máximo que se les ocurre es que se trata de asuntos familiares, pecados de confesionario, y nada más. El negacionismo a la laicidad de la educación de todos seguirá produciendo desgracias de igual categoría que la que generan los negacionistas del cambio climático, ámbito en el que devastaciones como la ocurrida el 29 de octubre en la Huerta valenciana auguran próspero futuro. Si no se cambia de mentalidad (o de sentidiño), ni el currículum que un chico o chica deba estudiar hoy se corresponderá con lo que necesita, ni le valdrá para casi nada en su futuro.

EXPANSIONISMOS HIPÓCRITAS
Sea como sea, la avidez no tiene límites; tiende a expansionarse y crecer constantemente. Ahí siguen los mentores de las dos guerras principales de este momento, en Ucrania y Palestina, apurando la violencia de lo injusto hasta ver si no queda nadie para contarlo o, al menos, moderarlo un poco desde La Haya y la ONU. Ahí sigue el inminente presidente americano Donald Trump, con una imagen semejante a la clásica del Tío Sam, que proyecta en los nombres de su próximo gobierno imitando el histrionismo de Nerón –y su artístico incendio de Roma-, sin consideración alguna al posible espanto que cause su narcisismo autoritario. 

Decía Borja-Villel recientemente que el conservadurismo de antes se contentaba con que no se moviera lo que tenían y les dejaran como estaban, mientras que ahora los ultrareaccionarios venden sus programas en nombre de la libertad. Cabe añadir que pretenden que sus oyentes se diviertan alegremente con ello y tomen una caña en su honor a condición de que les cedan su libertad y derechos. Igual que precarizan la Sanidad, la Educación y los Servicios de la Tercera Edad, desgracian cuanto puede proteger a la sociedad -sobre todo a los débiles- y quieren hacer ver que es lo más “natural”. Su erosión sistémica de cuanto sea un ejercicio de “cultura” democrática la van asentando poco a poco en una confusión taimada entre lo privado y lo público, sin explicar la gran diferencia que hay entre que las vidas de los ciudadanos estén regidas por su rentabilidad o por su valor como personas con derechos. Por eso silencian los “protocolos de la vergüenza” que llevaron a 7291 personas a morir desasistidas, con la covid-19, en los geriátricos madrileños. Son capaces, en cambio, de “ponerse a disposición” como sea, ávidos, como Feijóo, de llegar a la Moncloa o a Shangri-Lá, porque lo importante es volver a Peares diciendo que al fin ha llegado.

Manuel Menor Currás
25/11/2024

Entradas relacionadas:

miércoles, 22 de junio de 2022

La educación, en el corazón de las guerras culturales (Nuria Alabao para ctxt.es)

 Artículo de Nuria Alabao para ctxt.es

Ayuso usa el campo educativo para enfrentarse al Gobierno con las armas de las derechas radicales de medio planeta. Su mentora, Esperanza Aguirre, aumentó el fracaso escolar un 30% mientras el gasto por estudiante era el más bajo de España

15/06/2022

Isabel Díaz Ayuso ha tenido que decir con la boca pequeña que sus propios inspectores no han encontrado nada “relevante” en la revisión de los libros escolares a los que había acusado de contener “material sectario” y de “adoctrinar”. Pero como en toda buena guerra cultural, “la verdad no importa, se construye”, dicen las autoras de Spanish neocon: “La lógica de que la verdad no solo no existe, sino que es algo a crear. La producción de verdad es tanto más valiosa cuanto más consenso crea en el nosotros que le sirve de referencia. En consecuencia, producir verdad y gobernar son una misma cosa”. Este es el manual comunicativo de Ayuso, copiado de su jefa Esperanza Aguirre en su etapa neocon, y que hoy forma parte del repertorio de los ultras de medio mundo. No es la primera batalla que lanza contra la educación ni será la última, porque este tema es central para excitar los pánicos morales de los padres y agrupar a los suyos.

Los conceptos que habían provocado el escándalo de Ayuso, como ya es habitual, son los relacionados con la memoria histórica y las cuestiones de género –curiosamente dos de los ejes que Vox utiliza constantemente–, así como otros vinculados a la colonización y el racismo o la ecología. Criticaban el uso de expresiones como “roles de género”, “memoria democrática”, “emergencia climática”, “objetivos de desarrollo sostenible” o “la herencia colonial española”. Una guerra cultural más contra el Gobierno, usada para aumentar su popularidad, cimentada en la confrontación directa y brutal más que en la gestión o el cumplimiento de sus promesas electorales.

Como hemos dicho, tuvo una buena maestra. Esperanza Aguirre ya calificaba la reforma educativa de Zapatero del 2006 y la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía como “un adoctrinamiento”, e incluso se lanzó a decir que la desobedecerían en Madrid. Lanzaba así un guiño a las protestas masivas convocadas por los grupos ultras católicos que batallaban contra el laicismo implícito en la ley. Las movilizaciones estaban convocadas por Hazte Oír y Profesionales por la Ética, pero también por la CONCAPA –Confederación Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos–, una de las estructuras con más capacidad de apoyo a las propuestas de la derecha madrileña. La CONCAPA dice representar a tres millones de familias y básicamente se dedica a defender la enseñanza de la religión católica y la escuela concertada –escuela privada financiada con fondos públicos–. Recordemos la anomalía española de la concertada –en Europa solo existe un modelo parecido en Bélgica, y está mayoritariamente en manos de la Iglesia–. Así que defenderla suele coincidir con proteger el poder y la influencia del catolicismo en la enseñanza. Quizás esta capacidad de movilización y de funcionar como grupos de presión de la CONCAPA y grupos similares sea la que explica en parte por qué ningún gobierno –tampoco este– se ha atrevido a tocar la financiación de la escuela concertada.

En cualquier caso, cuando en España empieza una guerra cultural alrededor de la educación, apenas nadie consigue enfocar los verdaderos problemas. En tiempos de Aguirre, el gasto público por estudiante era el más bajo de todo el país mientras aumentaba el fracaso escolar un 30%. Sin embargo, la presidenta desvergonzada convirtió esta cuestión en un problema “de autoridad escolar”, en una recuperación de la obsesión por el 68 de las distintas ramas de las derechas radicales. ¿Os suena lo del marxismo cultural? También eran tiempos de la Púnica, cuando Francisco Granados –que fue vicepresidente de la Comunidad de Madrid– cobraba los favores a constructores y colegios concertados: su trama corrupta ingresaba casi un millón de euros por cada concesión de nueva escuela. Convirtió así una apuesta política por la enseñanza privada –y sus consecuencias segregadoras en el alumnado con menos recursos– en un problema moral, como se relata en Spanish neocon.

Hoy, el modelo del PP en Madrid sigue siendo el mismo: facilidades a los colegios privados, desarrollo de centros concertados mientras se recortan líneas en la pública o se cierran las escuelas infantiles públicas de 3 a 6 años, mientras se dan becas para guarderías privadas de 0 a 3 años –en Madrid no se ha abierto una sola escuela infantil nueva en las últimos dos décadas–. Pero Ayuso no hablará de ninguna de estas cuestiones, sino que criticará la reforma educativa del Gobierno con palabras grandilocuentes como “están dinamitando el armazón en el que se sustenta la convivencia española”. Hablará también de “ideología de género”, o de conceptos adoctrinadores. Curiosamente, dos de los elementos que la ultraderecha usa en medio mundo para tratar de impedir cualquier avance en educación emancipadora o progresista –sobre todo, con aquellos temas como la educación igualitaria o sexual, o la prevención de violencias machistas que provocan más escándalo moral–. Todo ello convenientemente envuelto en un rimbombante discurso acerca de la “libertad de decidir sobre la educación de sus hijos”, el paraguas más habitual. El PP de Madrid, con Ayuso a la cabeza, no está tan lejos de Vox y su pin parental.

Fundamentalismos y extremas derechas contra la educación progresista

La mayor guerra de género reciente sobre estas cuestiones se desató en 2020, a partir de una propuesta de Vox. Esta medida implicaba que todas las actividades complementarias organizadas en horario lectivo tuviesen que estar autorizadas expresamente por los padres. Esto les permitiría impedir que sus hijos asistiesen a talleres de educación sexual o igualitaria, etc. Fue propuesta por el Foro de la Familia –una plataforma civil ultraconservadora– y Vox la recogió y la planteó como condición para apoyar a gobiernos locales conservadores que necesitan de sus votos para gobernar. Este ejemplo ilustra bien, además, cómo las asociaciones pueden servir de punta de lanza para movilizar en la calle y mediante herramientas de tipo “activista”, exigiendo medidas que luego los partidos ultras llevan adelante. Como no tienen que buscar el voto, estas asociaciones pueden ser mucho más radicales en su lenguaje y propuestas que los propios partidos, como explicamos en esta investigación

Las asociaciones sirven para movilizar en la calle, exigiendo medidas que luego los partidos ultras llevan adelante

Se llegó a aprobar en la región de Murcia, lo que generó una gran guerra cultural en el país, con varias manifestaciones a favor y en contra, aunque en la práctica era casi imposible su implementación. El riesgo más importante es la autocensura de profesores y directores de colegios: ante una posible denuncia o un lío en clase, muchos prefieren no tocar temas “espinosos”. En esta misma campaña, los ultras de Hazte Oír habilitaron una web que animaba a denunciar este tipo de actividades escolares. De España a México, el pin parental fue propuesto allí por la plataforma del Frente Nacional por la Familia en alianza con partidos políticos de derecha. 

Con este tipo de campañas, los ultraconservadores logran incidir sobre las políticas educativas mediante las movilizaciones en los frentes legislativo, judicial o en la movilización de base a través de los grupos de padres. Muchas veces, en estas propuestas confluye el frente moral –contra la laicidad en la escuela– con la mercantilización de la educación. Es decir, las propuestas educativas neoliberales con la pátina conservadora en valores.

De Alemania a América Latina, las asociaciones de padres se han mostrado actores importantes de estas guerras culturales. Por ejemplo, el movimiento “Con mis hijos no te metas”, nacido en Perú contra la educación sexual y que está vinculado al menos a cinco iglesias evangélicas con grandes recursos. Sus campañas se centran en la defensa de la familia tradicional y el ataque a una llamada “ideología de género”. Las políticas conservadoras en educación extienden sus tentáculos para devenir herramientas de poder político. Así, este movimiento participó en una movilización activa en contra del “sí” en el referéndum sobre el Acuerdo de Paz en Colombia –en 2016– y en Uruguay se alineó con el frente contra la nueva ley trans. Este despliegue de distintos focos está relacionado además con una exitosa construcción de alianzas internacionales y transfronterizas entre actores fundamentalistas.

De Alemania a América Latina, las asociaciones de padres se han mostrado actores importantes de estas guerras culturales

Las guerras de género son política por otros medios. En Brasil, la visión ultraconservadora de los contenidos escolares se materializó en la organización Escuela sin Partido, que apoyó a Bolsonaro en su conquista del gobierno. La Escuela sin Partido dice que el profesor se debe limitar a enseñar materias como biología o matemáticas, pero es la familia la que se debe responsabilizar por las bases morales, políticas, sexuales y religiosas de los alumnos. Es decir, se prohibe hablar en clase de temas como el aborto, el embarazo adolescente o el sida, aunque sean problemas reales de los chavales. También implica que la historia se debe enseñar “sin valoraciones”. Un movimiento que ha servido para intentar impulsar el revisionismo histórico, rehabilitando así la historia de la dictadura en ese país. (En España también estamos asistiendo a una guerra para que a los niños no se les explique, de forma profunda, las consecuencias más brutales de la dictadura de Franco). Bolsonaro, apoyado en los sectores políticos evangélicos, prometió convertir esta propuesta en una norma que legalizase además que los estudiantes pudiesen grabar y difundir a los profesores que “ideologizasen” en la enseñanza. Tanto el laicismo como la libertad de cátedra estarían aquí amenazadas. Para Raul Zibechi, esta ofensiva tenía también el objetivo oculto de frenar al movimiento estudiantil y desviar los problemas de las escuelas a la cuestión de la disciplina en el aula y la falta de valores. Nos suena de algo, ¿verdad? Al final, la ley fue detenida en los tribunales por la Corte Suprema, un frente que en Brasil está sirviendo para frenar las peores trapacerías de Bolsonaro. Pero el presidente de extrema derecha no se ha detenido ahí, y su nueva propuesta implica la militarización de las escuelas con el proyecto de implantación de 108 escuelas cívico-militares hasta el año 2023.

El frente educativo es esencial para las extremas derechas de todo el planeta. Como en otras cuestiones –todas las relacionadas con el género–, tiene esa doble función: construir sus bases agitando mediante guerras culturales que provocan adhesión de una parte conservadora o religiosa de la sociedad, y desviar la atención de los problemas educativos reales asociados con la implementación de la óptica neoliberal. Que sean guerras culturales, sin embargo, no implica que no estén tocando temas esenciales para que los jóvenes tengan más herramientas y conocimiento para construirse en libertad. Estas confrontaciones en torno a la educación seguirán. Nos queda defender a capa y espada la laicidad y la libertad de cátedra al tiempo que luchamos para implementar una mayor presencia de cuestiones esenciales como la educación sexo-afectiva en las escuelas.

lunes, 20 de junio de 2022

Madrid: la Justicia ratifica las cautelarísimas solicitadas por CCOO y reitera la suspensión de la circular sobre la educación por ámbitos en la ESO (FE CCOO de Madrid)

Isabel Galvín: “Es una gran noticia. Lo que aquí está en juego es la libertad, que no se nos olvide. La libertad de cátedra, la libertad de los docentes de elegir su proyecto educativo y su método pedagógico”

La Federación de Enseñanza de CCOO Madrid advierte a Ayuso que son decisiones en las el Gobierno regional no puede entrar “porque están blindadas por nuestra Constitución” y apela a la “cordura y al sentido común”

16/06/2022.

La Justicia ratifica las cautelarísimas solicitadas por CCOO y reitera la suspensión de la circular sobre la educación por ámbitos en la ESO

Nuevo varapalo para las pretensiones del Gobierno Madrid de atar en corto a la comunidad educativa. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha reiterado que los centros educativos no pueden ver limitada su autonomía para organizar los contenidos de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) en ámbitos, tal y como solicitaba CCOO en su recurso contencioso-administrativo contra la circular del 23 de mayo de 2022 sobre ordenación y organización de las enseñanzas de ESO en el curso académico 2022/2023.

El Auto del TSJM, que responde definitivamente a las alegaciones presentadas por la Comunidad de Madrid contra la suspensión inicial, considera que la aplicación de la circular de la Consejería de Educación sobre organización de la ESO para el curso 22/23 puede generar perjuicios a las comunidades educativas porque limita la autonomía pedagógica de los centros educativos y los derechos del profesorado y del alumnado.

Así, dice textualmente el Auto que “tal configuración de cada proyecto educativo se ha de realizar, en su caso, por la decisión adoptada por el Claustro que integra, de modo colegiado, al conjunto del Profesorado de cada centro docente”. Y más adelante, vuelven a dejar claro que las competencias pedagógicas no están en manos de la Comunidad de Madrid, cuando dice: “Es visible para esta Sala la afectación de las funciones que, según la Ley Orgánica de Educación, correspondería ejercer al Profesorado del centro”.

“Maniobras de Ayuso”

En consecuencia, queda temporalmente sin efecto la circular vinculante de la Dirección General de Educación Secundaria, Formación Profesional y Régimen Especial, en tanto el TSJM dicte sentencia. O lo que es lo mismo: los centros, en su autonomía pedagógica y organizativa, podrán organizar las materias en ámbitos, atendiendo así la legítima demanda de sus comunidades educativas.

“Es una gran noticia”, ha declarado Isabel Galvín, secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO Madrid. “Lo que aquí está en juego es la libertad, que no se nos olvide. La libertad de cátedra, la libertad de los docentes de elegir proyecto educativo, la libertad de elegir método pedagógico…. Son decisiones en las que la Consejería de Educación, el Gobierno de Madrid, Ayuso, no pueden entrar porque están blindadas por nuestra Constitución. Todas estas maniobras de Ayuso, que por suerte estamos consiguiendo parar, son ataques frontales contra la libertad de enseñanza”.

CCOO apela a la cordura

CCOO apela “a la cordura, al sentido común” y le pide a Ayuso que “deje de intentar intervenir en los centros educativos, que deje de intentar prohibir, censurar, condicionar el trabajo de los docentes en Madrid”

Añade Galvín que “lo que necesitan los madrileños es que Ayuso deje de intentar meter mano donde no le corresponde, más allá de sus competencias, y deje de gastar tiempo en estas ‘batallitas’ estériles contra la LOMLOE”. También le pide a Ayuso que se dedique a solucionar los problemas reales de la educación madrileña: “Siguen faltando plazas públicas a todos los niveles, siguen sin bajar las ratios, sigue habiendo amianto por toda la región, y para colmo, estamos en medio de una ola de calor y no hay ningún plan de contingencia para las altas temperaturas en las aulas.”

Fuente: feccoo-madrid.org

jueves, 11 de marzo de 2021

Comunicado de la Comisión de Igualdad del IES Gómez Moreno (9-3-2021)

Comunicado de la Comisión de Igualdad del IES Gómez Moreno

Tras los sucesos acontecidos ayer, 8 de marzo, en el instituto Gómez Moreno a raíz de una actividad organizada por la Comisión de Igualdad, comunicamos que:

Como docentes de la escuela pública, tal y como se establece en los marcos reguladores de la educación, una de nuestras labores es educar en la igualdad, y por tanto, en contra de toda discriminación (ya sea por cuestión de género, raza, diversidad funcional, clase social, orientación sexual, religión, etc).

“La Comunidad de Madrid fomentará el desarrollo de los valores que potencien la igualdad efectiva entre hombres y mujeres y la prevención de la violencia de género, y de los valores inherentes al principio de igualdad de trato y no discriminación por cualquier condición o circunstancia personal o social”. Apartado 2 del artículo 9 del Decreto 48/2015 de 14 de mayo, del Consejo de Gobierno, por el que se establece para la Comunidad de Madrid el currículo de la Educación Secundaria Obligatoria.

La Comisión de Igualdad es un proyecto de centro de larga trayectoria en el IES Gómez Moreno (llevamos 15 años trabajando en igualdad), del que forman parte alumnos, alumnas y profesoras que, de forma voluntaria trabajan para favorecer que la escuela sea un espacio de igualdad y diversidad.

Dicha Comisión forma parte de la Red de Institutos del Distrito (RID) de San Blas - Canillejas, en la que participan siete institutos públicos, cada uno con su propia Comisión de Igualdad. La RID nos permite establecer redes, enriquecer nuestra experiencia educativa y colaborar, frente a la lógica de la competencia entre centros públicos que se nos quiere imponer.

Como cada año en los centros públicos, se conmemora el 8 de marzo (al igual que otras fechas señaladas en el calendario) con la realización de distintas actividades en horario lectivo, recogidas en la Programación General Anual (PGA). Para este curso, y orgullosas del trabajo realizado por las comisiones del distrito, junto a otras actividades, desde el Gómez Moreno nos planteamos invitar a la Ministra de Igualdad, máxima representante del estado en materia de igualdad.

Tras recibir la aceptación del Ministerio se procedió a organizar el acto. Para ello, se tuvo en cuenta en todo momento la situación de pandemia con la que convivimos a diario en las aulas desde septiembre. Se valoró así, tal y como se comunicó a la Consejería de Educación (al contrario de lo que se ha dicho), el lugar (espacio al aire libre), el número de participantes (menos personas que las permitidas por la Comunidad en el interior de las aulas), la distancia de seguridad, el uso de mascarillas e hidrogel, así como la programación del acto.

Éste comenzaba con la recepción de la ministra, a la que se iban a enseñar las instalaciones del centro (en el contexto, además, de la celebración del 50 aniversario de nuestro IES, al que están invitadas otras
personalidades como el Consejero de Educación o la Ministra de Educación). Posteriormente, se realizaría el encuentro de algunas alumnas, alumnos y profesoras de la Comisión con la ministra, para que el alumnado le explicara su implicación, inquietudes y propuestas en materia de igualdad, en el marco de su barrio y de la escuela pública. Por desmentir algunas informaciones vertidas al respecto, en ningún caso el acto consistía en una ponencia por parte de la ministra.

Queremos reconocer públicamente la admiración que sentimos por nuestras alumnas y alumnos, por su compromiso y valentía, especialmente por los que se han visto afectados por esta situación.

Por último, queremos denunciar que la desautorización del acto nos resulta injusta porque atenta contra la autonomía de los centros públicos y contra la libertad de expresión y de cátedra, así como contra los valores de pluralidad que establecen las leyes de educación estatales y autonómicas. Nos duele profundamente la falsa acusación de adoctrinamiento, cuando estamos cumpliendo con orgullo y profesionalidad con nuestra labor docente y con la legislación vigente.

Comisión de Igualdad – IES Gómez-Moreno

Madrid, 9 de marzo de 2021

martes, 21 de enero de 2020

Asteroides y dinosaurios (Manuel Menor)

Asteroides y dinosaurios

El PIN parental se inscribe en la lucha contra el derecho a la educación universal y gratuita. Para ser libre no basta con estar escolarizado.

Las investigaciones geológicas avanzan por encima de nuestra vivencia del tiempo.  Lo último es que la desaparición de los dinosaurios de la Tierra fue producida por la caída de un asteroide al noroeste del Yucatán hace 66 millones de años. Los especialistas en Estratigrafía lo conocen como episodio K-Pg (Cretácico-Palógeno)   Al parecer, no tuvieron nada que ver las intensas erupciones volcánicas que habían tenido lugar 200.000 años antes. En la gran extinción del final de esa era, no solo desaparecieron la mayoría de estos vistosos animales sino otras muchas especies, mientras una parte sobrevivió.

Películas como Parque Jurásico (1993) suscitaron un imaginario propenso a entender que no faltaban bastantes millones de años para que el Homo sapiens caminara sobre la Tierra. En las clases de Ciencias Sociales –y de Ciencias Naturales- se hizo complicado explicar que en la Prehistoria no habían convivido dinosaurios y seres humanos. No mucho antes, lo enrevesado había sido hacer ver que la cronología anterior a la era cristiana que, según estudiosos como Isaac Newton, no sobrepasaba los 6000 años, era excesivamente corta y no explicaba la complejidad del sistema Mundo.

Terraplanistas hay y probablemente crezcan. También hay quienes vea con malos ojos que se explique a los críos en la escuela de modo científico, y no con la literalidad religiosa del Génesis, lo ocurrido con la vida en la Tierra desde los microbios que le dieron origen hace 2.000 millones de años.  Los creacionistas –dentro de sus muchas tendencias- suelen rechazar el conocimiento científico sobre la evolución geológica y la formación del sistema solar, con las explicaciones astronómicas sobre el origen del Universo, y las de carácter paleontológico como las que expone el MEH  (Museo de la Evolución Humana), de la Fundación Atapuerca (Burgos). A todos ellos les ha resultado indiferente o muy penoso lo que les hayan podido enseñar en la escuela cuando no lo han combatido sus padres.

El Cuaderno C de Goya
El tiempo geológico también existe en los hábitos culturales. Entre los dibujos del pintor aragonés, expuestos  en El Prado hasta el 10 de febrero, dos del Cuaderno C (de 1814 a 1823) dan especial luz sobre lo que ahora pretenden los más conservadores contra la escuela pública. Si no le ponen un PIN parental para verlas, la hoja 84 dice: “Por haber nacido en otra parte”, y en la 94 se lee: “Por descubrir el movimiento de la Tierra”. A Goya no se le escapó tampoco la violencia machista, ni que la gobernanza de la razón suscitara resquemores continuos: el Capricho 42, de 1797 -“Tú que puedes”-, alude directamente a la ignorancia que tratan de imponer los poderosos.

La “felicidad” de que hablaba la Constitución de 1812 vino a concretarse en que la ley Moyano prescribiera como objetivos escolares el leer, escribir, contar y rezar, con diferencias para las niñas, como enseñarles, por ejemplo, “Economía doméstica”, pero no Economía. Pero ahora mismo, hablar de importancia de la educación seguirá siendo hipócrita si no se defiende la dignidad de la igualdad educativa. Objetar lo que se explique en clase, y más en las disciplinas de mayor complejidad –por la mayor cantidad de ingredientes que concurren en los procesos que estudian-, está en auge. Ya no es raro que se reclame acerca de lo que algunos alumnos y padres entienden de otro modo. Y tampoco, que el profesorado se retraiga de hablar de  lo que su campo científico haya avanzado. Conocido es que la enseñanza de la  “Historia actual” sea escasa, para evitar conflictos, mientras leyes como la LOMCE han contribuido a minusvalorar cuanto no sea selectamente competitivo, un síntoma que Nuccio Ordine denunció en La utilidad de lo inútil, abogando por una educación de la persona más rica e integral.

Del PIN parental
En cierto sentido, por tanto, el Pin parental de VOX no es tan nuevo como parece. Tiene antecedentes recientes en lo que fue la persecución de Educación para la Ciudadanía desde 2006 a 2012. Y no es difícil encontrar situaciones, como la que se planteó en 1980 con un libro que, al margen de su oportunidad, era bastante inocuo salvo para la prensa afín a la CONCAPA. Esta asociación que todavía pretendía ser la única voz de padres y madres de alumnos, planteó actuaciones sonrojantes acerca de aquel Libro rojo del Cole. Igual que las pancartas que en 1984 y en 2005 salieron a la calle en nombre de los obispos y sus colegios. Igual que el propagandismo que inspiró el imposible diseño curricular de las “Humanidades” Aguirre, como ensayo de lo que haría en Madrid después del “tamayazo”.

Con tanto antecedente se entiende mejor este PIN parental VOX tratando de poner en solfa cuestiones que están, hasta en la LOMCE, dentro de las llamadas actividades “complementarias”. Las cuestiones transversales siempre las han trabajado los centros y, desde los años 90, figuran en los reglamentos orgánicos de los centros escolares para “propiciar el pleno desarrollo de la personalidad del alumno”, ”como complemento de la acción instructiva y formativa” de las disciplinas académicas. Incluidas en el PGE (Proyecto General del Centro) –para atender directamente al  niño- siempre fueron, además, un indicador del nivel de apertura de su acción pedagógica más allá de su capacidad instructiva.  

Este extremo es el que el PIN parental persigue, para constreñir el papel del profesorado a sus asignaturas, como guardianes de una verdad en peligro. Ningún centro que se precie atenderá a ello, y menos los privados, atentos a diferenciarse por su “ideario”, como la UCD les pretendió ampliar en 1980. El PIN –que amparan VOX y sus socios- prosigue la pelea contra la Educación para la Ciudadanía y, a todas luces, es apoyada sin embargo por cuantos propugnan la Religión en las aulas como norma de moralidad. No es más que otro intento de parar -tanto por miedo como por narcisismo ofendido- la extensión del saber. El mismo principio y las reiterativas acusaciones que ahora vuelven a verter para vaciar de sentido a la enseñanza pública, las emplearán con la parte educativa de cualquier área de conocimiento que estimen contraria a sus prejuicios.

No se debiera olvidar, por tal motivo, que los currículos escolares siempre han generado problemas en algún momento; en no pocos países existe incluso un Instituto de Desarrollo Curricular para procurar evitarlos. Nunca se quiere admitir que son un producto histórico con pretensión de imparcialidad, como supuestamente sería la Ciencia. Y no es fácil encontrar quienes expliquen su historicidad, vinculada a una tradición y, por tanto, a ideas y valores hegemónicos, capaces de darle valor significativo en un momento determinado. Sucede, incluso, con las llamadas propiamente Ciencias.  Muchos siguen sin admitir –aunque desde los años 90 haya empezado a disminuir su número- que el currículo nunca es solo el “programa” de la “asignatura”, sino que lleva en su codificación  disciplinar interna otros ingredientes, más o menos ocultos unos y muy explícitos otros, porque –y esto es lo más importante- las reelaboraciones didácticas de cada profesor en el aula y las rutinas organizativas en que se inserta cada disciplina son vitales, para que, al margen de toda convicción pedagógica, cumpla el estatus jurídico alcanzado en alguna ley, decreto, orden o disposición oficial.

¿Neutralidad?    
En  1903, G. Azcárate defendió, al inaugurar la Universidad Popular de Valencia, la neutralidad de la ciencia: “Como consecuencia indeclinable de la libertad y de la tolerancia, una Universidad no debe ser liberal ni conservadora, individualista ni socialista, católica ni librepensadora, sino templo abierto a cuantos tributen culto a la verdad” (BILE, 31.03.1903, pgs. 65-74). Si oyera esto del Pin parental, vería en qué medida es una prosecución de las sucesivas guerras escolares que se venían librando desde mucho antes. En esos años  -como asegura Alfonso Capitán-, el reformismo educativo también tenía problemas con las formas conservadoras de entender la educación. Ni la neutralidad universitaria –trasunto de la más admisible “neutralidad de la ciencia”- estuvo alejada de las connotaciones morales y religiosas que, de ordinario, se asignaban a las enseñanza escolar. AntonioViñao, hace tiempo que insistió en que del analfabetismo a la alfabetización –fenómeno complejo donde los haya- hay una distancia. Cabe añadir que, no solo para la historiografía, sino para los logros de las políticas educativas.
  
Manuel Menor Currás
Madrid, 19.01.2020


Entradas relacionadas:

jueves, 24 de enero de 2019

Programados para obedecer (Guadalupe Jover en El Diario de la Educación)

Artículo de Guadalupe Jover en El Diario de la Educación

¿Qué nos está pasando a los docentes? ¿Hasta qué punto hemos externalizado nuestras conciencias, y necesitamos que una instancia superior legitime aquellas decisiones en que deberíamos ser soberanos?

No deja de causarme estupor la frecuencia con que, al hilo de alguna propuesta de trabajo interdisciplinar en el centro, muchos docentes se descuelgan del impulso inicial aduciendo lo mal que van de tiempo. “Voy fatal” es la frase que explica y justifica la imposibilidad de “perder” un puñado de clases y ponerse a trabajar con el alumnado en, pongamos por caso, la gestión de los residuos en el instituto y en el planeta todo. Pero el agobio no es de ahora; del mes de enero, quiero decir. Ya en septiembre hay quienes se resisten a abordar una cuestión transversal -las muertes en el Mediterráneo, por ejemplo-, porque eso no está en el programa o porque va a implicar ir con prisas el resto del curso. Y lo que sobrecoge no son solo los argumentos, sino la expresión de genuina tristeza y frustración en muchas de las personas que así se expresan. Hay pesar en sus palabras; hay rabia y desazón.

Cierto que están también quienes desdeñan todo aquello que no sea estrictamente académico; quienes entienden que todas estas cuestiones -las desigualdades, las muertes, el calentamiento global- suponen hacer ideología o meterse en política. Son quienes, naturalmente, nunca se han sentido concernidos por los denominados ejes transversales del currículo y aún protestan cuando se programa alguna actividad colectiva para el 8 de marzo, pongamos por caso. Pero no es en ellos en quienes pienso ahora. Pienso en quienes sienten que sí quisieran “salirse” del programa (del libro de texto, quizá), pero no se atreven.

¿Cómo explicarles que, a pocas vueltas que le den, claro que hay manera de encontrar franjas de intersección entre el currículo de su asignatura y el proyecto en ciernes? ¿Y cómo explicarles que, en última instancia, tampoco se hunde el mundo por dejar de dar determinados temas, mientras que el mundo real -el de los migrantes y el de los bosques- sí está hundiéndose ante nuestros ojos? ¿Cómo preguntarles, sin que se sientan juzgados, de qué tienen miedo?

Pero la cosa no acaba aquí. Lo peor es intuir que si el próximo curso desembarcara en el centro una ilustre fundación, un banco, una multinacional, y ofreciera respaldo, prestigio y recursos para el desarrollo de un proyecto interdisciplinar acerca de cualquiera de estos u otros temas… esos mismos docentes que hoy se muestran temerosos de dejar de lado el programa se sumarían convencidos -y aliviados- a la propuesta.

¿Qué nos está pasando a los docentes? ¿Hasta qué punto hemos externalizado nuestras conciencias, y necesitamos que una instancia superior legitime aquellas decisiones en que deberíamos ser soberanos?

Todo esto viene a cuento también de algo que me sucedió el curso pasado en mis clases de literatura. Había leído con mi alumnado de 4º de ESO Rebelión en la granja y, tras el coloquio que sigue siempre a cualquier lectura compartida, les pedí que pusieran por escrito algunas reflexiones. Una de las cuestiones que les planteaba era con cuál de los animales que protagonizaban la novela se habían sentido más identificados y por qué.

Quiero recordar, para quien no conozca la novela o tenga su lectura muy lejana, que en ella Orwell realiza una sátira feroz del estalinismo, presentada en forma de fábula animal. La novela arranca cuando los animales de una granja se rebelan contra el dueño, el señor Jones, y pretenden organizar el poder de manera democrática. Pronto los cerdos tomarán el control de la revolución. El llamado Napoleón -trasunto directo de Stalin- acabará asumiendo un poder absoluto, y asistiremos al creciente uso de la violencia y la manipulación informativa por parte de los cerdos para someter a la obediencia al resto de los animales, justificar sus privilegios crecientes, y acallar todo tipo de disidencia. La novela, naturalmente, desborda en su crítica el horizonte de la revolución rusa e ilumina los mecanismos que operan en el seno de cualquier totalitarismo. Un aspecto particularmente interesante es la actitud del resto de animales ante lo que es un flagrante abuso de poder.

“¿Con qué animal te has sentido más identificado y por qué?”, les preguntaba a mis alumnos. No es momento de detenerme en la descripción de las distintas actitudes que perros, ovejas, cuervos, asnos, caballos o yeguas tienen en la novela. Basta decir que una abrumadora mayoría de estudiantes se inclinó por Boxer, un anciano caballo, tan bondadoso como trabajador. Boxer va teniendo paulatinamente la certidumbre de que las cosas no son como se las cuentan, de que están siendo víctimas de un embuste tras otro y una renovada esclavitud. Pero no se atreve ni a mirarse dentro -y formularlo- ni a mirar afuera -y denunciarlo-. Un tímido intento hace, eso es verdad, del que no sale bien parado.

La elección de Boxer por tantos chicos y chicas era en parte lógica, puesto que es uno de los pocos personajes que suscitan simpatía. Lo que me escalofrió fue la crudeza con que exponían las razones de su elección. “Me identifico con Boxer, porque prefiere no buscarse problemas y hacer lo que pueda” (Mario). “Con Boxer, porque se centra en lo que tiene que hacer para estar bien con Napoleón, estar a salvo y no tener problemas con nadie”(Gabriela). “Yo personalmente me identifico con Boxer ya que sinceramente a mí me da igual lo que ocurra, aunque me manifieste o me mate no me hacen caso, así que mejor no decir nada y cada uno a lo suyo” (Petya). “Dentro de un sistema totalitario me comportaría como Boxer, yo también por temor e ignorancia, pero a la vez inteligencia. Trabajaría y no provocaría problemas para guardar mis espaldas y que no me hicieran nada”. (María)

No me resisto a transcribir los argumentos de quienes optaron -prácticamente el tercio restante- por Benjamín, el burro. Es el animal más viejo de toda la granja, y el único que sabe leer. A su inteligencia une su carácter malhumorado y taciturno. Desde una distancia no exenta de cierto cinismo, evita hablar y actuar. “Me ha gustado mucho Benjamín. Creo que hubiera debido actuar, aunque hay que comprender que el miedo lo paralizaba” (Noelia). “Me identificaría con Benjamín, porque no hizo nada para oponerse y creo que yo tampoco lo haría, aunque hubiera estado bien un personaje más rebelde que se opusiera a Napoleón” (Selina). “Yo creo que sería un poco el burro. Me daría un poco igual a quién seguir o qué hacer pero sin meterme en ningún problema. Intentaría complacer al líder que hubiese” (Hugo).

Luego vemos a tantos jóvenes, a tantas jóvenes, trabajando en lugares en que se saben explotados; en empresas cuyos códigos éticos no comparten en absoluto… conscientes de estar poniendo su talento, su conocimiento, su ilusión y aun su vida al servicio de unos intereses que no son los suyos ni lo que ellos entienden por el bien común. Y tampoco ellos se atreven a hacerse preguntas.

¿Es este el ejemplo que les estamos dando? ¿Es para esto para lo que los estamos educando?

Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria

domingo, 18 de marzo de 2018

Amarillismo (Manuel Menor)

Manuel Menor nos envía su último artículo:


No todo vale, por mucha fama mediática y política que pueda dar un titular

El amarillismo intolerante es corrosivo. Emerge pronto al tratar cuestiones educativas o  pautas culturales: da igual que se trate de feminismo o de fútbol, de violencia o del sistema carcelario.

Entre el pasado y el futuro, en política como en muchas otras actividades, lo que rige son las urgencias de un presente movedizo. Las decisiones suelen ser ajenas a  la experiencia del pasado, y los proyectos de futuro tampoco pesan demasiado cuando las presiones del presente acucian. Quien más sufre es la moral, reducida al relativismo cortoplacista del provecho, a la expectativa de ir tirando hasta el siguiente tranco de oportunismo e improvisación. 

En los medios y en las redes favorece modalidades diversas de amarillismo. Las gamas de esta coloración son casi infinitas, invocan a veces la libertad de expresión, casi nunca la ignorancia y, por supuesto, nunca las obediencias debidas a quien paga e impone sus interesadas preferencias. Los muchos motivos de tal sarpullido casi siempre conducen a que hay perspectivas que es mejor ralentizar y, a ser posible, parar, porque a quien corresponda le va mejor con lo que hay o, si se puede, retrocediendo más.

Violencias varias
La instrumentalización del sentimentalismo a cuenta de una desgracia como la del crío almeriense ha proporcionado un penoso remake periodístico, nulo de información y ávido de acaparar protagonismo gritón. Tanto quisieron impactar que alentaron un espectáculo triste. Recordó en algunos aspectos  al que Billy Wilder retrató en  una gran película de 1951, El gran carnaval, protagonizada por un periodista especialmente ambicioso y egocéntrico que encarnaba un excelente Kirk Douglas. Más disputado que otras veces en muchos medios, este “caso” ha cobrado su rédito en el debate sobre la prisión más o menos prolongada de algunos delitos de cárcel, cuyo carácter reeducador ha vuelto a ceder ante quienes quieren rehabilitar su dimensión punitiva más dura o, simplemente, sacarle partido a una foto oportunista. Concepción Arenal todavía tendría -en este momento de búsqueda de votos entre descontentos y desafectos- mucho a quien hacer leer su librito El visitador del preso.

El “caso” de las pensiones también ha dado mucho juego, y parece que lo vaya a seguir dando a la luz de lo visto y oído a Rajoy en el Congreso hace tres días, y en las manifestaciones de buena parte de España ayer, día 17. En vísperas de elecciones, es cuento seguro para que se expanda un posible manto de olvido sobre duros recortes sociales y tropelías varias acontecidas en estas legislaturas. Una promesa bien realizada puede ser bálsamo propiciatorio para ampliar el caudal de votos necesarios para ir tirando. Qué vaya a pasar más adelante, en el plazo escaso que el envejecimiento demográfico tolera, sería incordiar demasiado. Mejorar por ejemplo salarios de la gente joven, que pueda cotizar y sanear la propia expectativa de natalidad, es demasiado complicado y privaría de ventajas a quienes aprovecha en exclusiva la cacareada subida del IPC. Mejor el corto plazo de los pequeños parches que nada arreglan y que, más adelante, entorpecerán más las buenas soluciones con individualismos corporativistas.

Fútbol, Neruda y Rousseau (entre otros)
Tantos “casos” no hacen casual y sí lamentable que, en el contexto de la gran manifestación y huelga de las mujeres el pasado día ocho, fuera primera página de un importante medio, el día 13, que un sindicato principal  planteaba -según la periodista firmante- suprimir en su presunto modelo de “escuela feminista” el fútbol y las obras de Neruda o de Rousseau. Convertir un artículo de opinión en doctrina oficial de una organización es un mecanismo de manipulación conocido ya por los sofistas griegos. La autora de este “caso” periodístico, falsamente  escandalizada, seleccionaba para su grandilocuente titular, entre el amplio conjunto de propuestas imaginativas que las autoras proponían, las que le parecieron más del agrado sentimentaloide del lector complaciente. Ninguna de las otras mencionaba, y son más de veinte las que proponían las autoras transgresoras de la convencionalidad rutinaria en que se mueven muchas aulas escolares y universitarias. Tomó la parte por el todo y puso en primer plano de su noticia al fútbol y a dos o tres autores famosos. Como “masaje” adoctrinante no estaría mal si hubiera tenido otras tradiciones la revista, pero por ignorancia, descuido o lo que fuera, la fabricante de la noticia  ni se  inmutó –o tal vez sí- porque la publicación que había aceptado el artículo de opinión  tuviera en su haber, desde que empezó a rodar en octubre de 1978, una larga trayectoria de monográficos dedicados a la igualdad de la mujer y a explicar las duras razones por las que el día 8 de marzo había sido proclamado por la ONU de recordatorio y exigencia para todos y todas. Como eso no la inquietó, puede que, para la autora de esta noticia inventada, lo del feminismo solo sea una moda superficial de consumo, o que el sindicato que había acogido inicialmente el artículo –discutible como cualquier otro- le parezca un fraude a desmontar. Da igual, porque el titular que le ha proporcionado una primera página en el medio para el que escribe traslada al lector esa duda infame. Sea cual sea lo que de verdad piense ella al respecto, con el abuso -¿plagio?- que hace de la bella fotografía que había soportado el mensaje de las autoras del artículo, la “investigación” le ha salido barata y pretenderá quedar como una reina.

Lo de Rousseau o Neruda, visto lo que suelen leer quienes debieran leer bastante más, no parece especialmente relevante. Lo es más el amarillismo implícito en una noticia en que la misoginia de que hayan hecho gala escritores célebres del pasado –a la que cabe sumar otros y otras del presente- no es denunciable a los educandos de ahora mismo, independientemente de si son buenos o malos escritores y escritoras. Aparentemente desconcertada por signos de machismo en las aulas y centros que denunciaban las autoras del artículo, simula asombrarse de que hayan incitado a no leer a quienes minusvaloran a las mujeres. Pero no  se toma el trabajo de explicar que pueda ser un serio problema seguir dando por “natural” en las aulas lo que es construcción de un tiempo de cultura patriarcal. Tampoco se sorprende con que, al releer los libros escolares, aparezca en la nómina de los artistas, en especialidades en que destacan música o pintura, que el genio creador solo haya tocado las meninges varoniles. A la periodista que ha “fabricado” la noticia le debe parecer “normal” que así se despachen -todavía hoy- en gran medida los currículos y los textos escolares, aunque los responsables de algunas editoriales hayan suscrito recientemente un convenio para revisar este extremo. Ya puestos, sería más coherente que hubiera defendido explícitamente que le molan cuantos hablan de “ideología de género” y “dictadura de género” en medios que dan cancha a voces que creen tener la exclusiva sobre cuanto a derechos y libertades de las mujeres se refiere.

Con todo, al amarillismo de nuestra periodista lo que más parece preocuparle es que el fútbol pudiera dejar de ser la estrella de nuestros colegios, escuelas e institutos: ahora que no está tan mal visto que las chicas lo practiquen, podría hacer del patio de recreo un espacio “amigable”. Probablemente tenga in mente todavía aquellas historias del “interés general”  de 1997, con Álvarez Cacos en el primer Gobierno aznarino impulsando la “Ley Reguladora de las Emisiones y Retransmisiones de Competiciones y Acontecimientos Deportivos”, que  suscitó varias“guerras del fútbol”. De cómo la cabecera de El Mundo –ahora aparentemente ofendida por lo que diga la propuesta feminista de unas chicas en una revista sindical- se ocupó de esta materia da cuenta extensa Pedro Paniagua en las páginas 164 y 165 de su libro Cultura y guerra del fútbol: Análisis del mensaje informativo (UOC, 2009) a partir de lo que todo periodista honrado sabe: que en su trabajo “importa no solo lo que se dice, sino cómo se dice, con qué importancia, con qué extensión y con qué fuerza, en definitiva”.

Libertad de comercio y libertad de elección de centro
Todo esto es nada, sin embargo, con lo que nos aguarda a propósito de las respuestas que ya se proponen a los aranceles proteccionistas de Trump: Los aceituneros altivos ya están en pie de guerra, y los exportadores de buena parte de la manufactura europea también. Puede ser buena ocasión para que esta u otros periodistas traten de investigar estructuras educativas nada ajenas a las que –desde la OCDE, FMI, Banco Mundial u Organización Mundial del Comercio (OMC)- rigen el comercio internacional, pero no los tribunales de jurisdicción internacional. Interesen a su público en saber que esos modos de colonización, dominación y superioridad tienen patrones similares a los que rigen mayoritariamente las relaciones entre hombres y mujeres en muchos aspectos de la vida laboral y social.  Háganle saber que siendo muy principales en el sistema educativo español, el peculiar liberalismo aquí imperante ha hecho que, al amparo de “idearios particulares”, el erario público subvencione o concierte plazas escolares con empresas privadas a las que la LOMCE (desde 2013) faculta, además, para segregar niños y niñas. Y no se arredren si comprueban que la versión hegemónica en España de la libertad de enseñanza es ese particular libre mercado de la “libre elección de centro”, un invento estratégico, entre neoconservador y neoliberal, que posibilita aquí –como si de un parque temático  del Ancien régime se tratara- narcisismos propicios a obstaculizar que la obligada universalidad educativa –en que quepan todas las chicas y chicos- tenga la dignidad que merece un país democráticamente moderno y actual. ¿No es rara la aplicación que ha tenido el art. 27 de la CE, particularmente en su última versión legislativa?

 Por supuesto que estas líneas de investigación tienen su coste. Pero  si lo responsable al informar sobre políticas educativas es mostrar que, entre el pasado y futuro de la educación española hay bastante más de lo que los mentores del último proyecto de pacto educativo –ayudados por titulares como el comentado- tratan que no veamos, los lectores tenemos perfecto derecho a la queja:  -“¡Lástima de tiempo periodístico  perdido!”

Manuel Menor Currás,
Madrid, 18.03.2018

domingo, 1 de octubre de 2017

Los centros en el centro (Manuel Menor)

Manuel Menor nos envía su último artículo:

Los centros escolares públicos de Cataluña en el centro de atención ante el
1-O

A Méndez de Vigo le preocupa el “adoctrinamiento” de los profesores catalanes a sus alumnos. No repara en los que alimenta  la LOMCE en el sistema educativo.

En este momento –todavía de teórica “reflexión”-la mayoría de los lugares pensados para ejercer el voto en este final del procés serán centros escolares. De esta manera, los espacios de la escuela pública –no los de la privada- han pasado a ser centro primordial de atención.  Lo han venido siendo en días pasados a causa de la posible responsabilidad en que puedan incurrir sus directores, pillados entre la legalidad -la del Estado central y las indicaciones del Govern autonómico. Lo están siendo hoy, día 30 de septiembre, por estar muy ocupados en actividades diversas, tan prolongadas que mañana, el día 1-O, puedan votar quienes lo deseen. Y lo serán especialmente mañana, cuando, en obediencia a la Fiscalía del TSJC, los Mossos cierren a las seis de la mañana los que hayan decidido permanecer abiertos.

La credulidad desde el 2-O

Lo que vaya a pasar a partir de mañana en la vida interna de esos centros escolares será todo un microcosmos, más que simbólico, de lo que esté pasando y, sobre todo, de lo que vaya a pasar en el tiempo que se abre a partir del  2-O en toda Cataluña e, indirectamente, en el resto de España. Ante todo, se puede adelantar que nada volverá a ser como pudo haber sido, y no es difícil prever que la sensación diferencial y de distancia vaya en aumento.

El historicismo  puede valer para comprender procesos de comportamiento como este, pero no hace reversible el tiempo pasado: volver a antes de 2008 –por no decir más atrás- sólo es posible en las mitologías del eterno retorno y en algunas distopías. Lo comprobable en las series estadísticas de las 35 votaciones en que, desde 1978, en que han participado desde entonces los catalanes, es un creciente sentimiento de desapego. Lo que en los años del tardofranquismo era patrimonio de algunas élites, se ha ido extendiendo a otras capas sociales, incluidos quienes hasta entonces eran xarnegos. Como a los descendientes de aquellos maquetos y churrianos emigrantes al País vasco, o de los gallégos -que nombraban en Castilla exagerando el acento en la é con desprecio hacia los segadores que trabajaban sus campos en verano “coma negros”, que decía Rosalía-, a muchos descendientes de migrantes españoles a Cataluña lo que realmente les importa es, ante todo,  su situación de bienestar más o menos deteriorada según la posición que hayan escalado en el transcurso de dos o tres generaciones: “De aquellos recortes, estos retales”, aseguraban al unísono, el pasado día 26, Diariosur y El Norte de Castilla, a la vista de cómo tienen los catalanes sus carencias en Sanidad y servicios sociales, tan disminuidos en estos años de privatizaciones, externalizaciones  y pérdida de empleos.

Por ese lado, no es previsible que disminuya el  generalizado sentimiento identitario Por más señuelo que pudiera ser, la situación más bien será proclive al crecimiento del distanciamiento que ha generado la propia gestión que ha tenido la relación entre los gobiernos central y catalán durante los últimos meses. Las tendencias de tiempo largo tardan lo suyo en remitir y, además, las decepciones que ha generado el recurso al mero legalismo judicial no se conciliarán fácilmente. Se acomodarán muy bien a justificar toda cerrazón posterior. Es más, no es difícil que crezca la desafección fuera de Cataluña. La historia de la oposición, por ejemplo, a las políticas educativas del PP durante estos años últimos y la constatación de que el neoliberalismo de FAES es el mismo que preside la LOMCE no ayudan en nada a un sentido compartido de la convivencia. Dicho de otro modo, que son muchos los agravios a la ciudadanía, en general, que han podido servir de pretexto al crecimiento de la desafección catalanista: seguirá sin ser fácil distinguir entre el todo y la parte

Ciertos modos de fe –como los que suelen producirse en situaciones como esta- propician, por su credulidad mayor de lo conveniente a la racionalidad, la persistencia de la ignorancia. El pasado es abundante en muestras de este tipo, y en el presente no escasean. Aunque vivimos en 2017, este Papa, por ejemplo, acaba de decir que los terremotos de Méjico son un “castigo del diablo”. Es evidente que el lenguaje religioso tiene mucho más de juego simbólico que el lenguaje común o, en este caso, el del saber geológico. Lo problemático es que, a menudo, los eclesiásticos confunden a propósito ambos mundos, especialmente cuando se dirigen a amplios grupos de personas. Reiteran de este modo la confusión entre la fe y la ciencia, una herencia del largo pasado en que se arrogaban el control absoluto del conocimiento.

La edad de la Tierra

Este hábito es relevante en bastantes asuntos que atañen a este presente. Para comprobarlo no hace falta remontarse a lo que le sucedió a Galileo. Generaciones hay de españoles que todavía recuerdan qué les enseñaban en la escuela, por ejemplo a propósito de la edad de la Tierra. Nuestras enciclopedias escolares solían reproducir, todavía en los años cincuenta, cronologías muy ajenas a lo que los científicos ya habían establecido; repetían particulares interpretaciones del Génesis difundidas en el XIX. Una de ellas puede leerse en La Escuela de Instrucción Primaria o colección de todas las materias que comprende la primera enseñanza conforme al plan vigente. Su autor, Don Ricardo Díaz de Rueda, perteneciente al claustro de la universidad literaria de Valladolid -donde tenía otros cargos ilustres- publicó esta obra en la Imprenta de Cuesta y Compañía en 1847. Como era preceptivo, la censura del Obispo autorizaba la publicación; y un dictamen del Consejo de instrucción pública –no existía todavía Ministerio de Educación- había declarado “útil este libro para uso de las escuelas elementales y normales”. En su primera página proclamaba esta tesis: “Hace cinco mil ochocientos treinta y un años, según la computación mas común, que Dios produjo de la nada todas las cosas en el espacio de seis días…”.

Veinte años más tarde, en 1862, en el Establecimiento tipográfico madrileño de Don F. de P. Mellado, veía la luz la traducción que D. Antonio Ferrer del Río –de la Real Academia Española- hacía de la obra de Ch. Dreyes: Cronología universal. Menos apodíctico, este libro barajaba distintas cronologías creacionistas, pero reconocía que, “calculados con auxilio del Génesis todos estos sistemas, solo tienen curso en las naciones para las cuales es un libro sagrado la Biblia”. Además, aunque barajaba la existencia de estudios geológicos que “en su estado actual” no databan la formación y cambios de la Tierra más allá de los ocho mil años, la fecha que barajaba, en su prudente apertura, era 4138. En esa fecha habría tenido lugar la creación del mundo: le parecía que podía saldar la disparidad con los intérpretes de la Biblia como fuente documental de una cuestión científica.

La Humanidad

En cuestiones como la catalana, la doctrina de obispos y clérigos eminentes del pasado ha proseguido bien en el presente –como muestran acontecimientos recientes. Muchos creyentes católicos, ante la división -¿cismática?- interna no saben a qué carta quedarse respecto a las relaciones de la Providencia o de la Virgen de Montserrat con el territorio catalán. ¿Son mejores o peores que las que puedan tener con el resto del territorio español o, si se apura la pregunta, con la cristiandad en general o, incluso, con la Humanidad restante?.

Quinientos años de dura historia última no han sido suficientes todavía para defender con claridad derechos en igualdad. Lo ha recordado hace poco Fernando Álvarez-Uría en El reconocimiento de la humanidad (Morata, 2014). Hasta que la Escuela de Salamanca lo razonó –después del descubrimiento de América-, no hubo una doctrina abierta a considerar como “hermanos” a cuantos no fueran cristianos. Las cruzadas medievales y las guerras de religión europeas –alguna de 40 años de duración- habían tenido como gran fundamento la defensa de la “Verdad” única e inconmovible de la fe cristiana..  Hacia esos tiempos anteriores del género humano –en que hablar de “humanidad” o “derechos humanos” era un delirio, avanzan muchos nacionalismos de variada especie, especialmente cuando se empeñan en decir: “A por ellos”. El ejemplo nórdico ya cunde y, en Alemania, reviven los miedos a la expectativa del suprematismo ario.

Ese negacionismo,  extensivo a tantos otros espacios de nuestra sociedad bajo diversas formas de dominación física, legislativa, costumbrista o simbólica, no es muy distinto del que los juicios escolásticos de la Conferencia Episcopal siguen estableciendo, por ejemplo, respecto a la reciente iniciativa parlamentaria sobre problemas que sufre la comunidad LGTBI en nuestro país. Ese rechazo, continuista del que siempre han mostrado respecto a  múltiples cuestiones de índole civil -y especialmente las que directa o indirectamente tienen que ver con el sexo y sus funciones-  expresan un rancio miedo a perder más el control social absoluto que todavía detentaron en un pasado no muy lejano. Siempre a remolque, ni se han parado a pensar en que esa estrategia prohibicionista no ha impedido la creciente desatención a su mensaje supuestamente central, el más propiamente religioso.

Y Méndez de Vigo

De donde se deduce que, en una situación como la que se plantea a partir del 2-O entre Cataluña y el resto de España, la tentación de seguir con el programa de acciones y reacciones que culminantes en el 1-O es demasiado grande. Méndez de Vigo, en un supuesto papel de Ministro de Educación, no nos ayuda mucho a configurar el deseable futuro de una relación sana y cordial. Cuando dijo que “la labor de los profesores no es el adoctrinamiento”, pareció fastidiarle que los centros escolares –públicos- se hubieran constituido como centros cívicos en una coyuntura tan compleja como dudosa. No dejó constancia de que los privados se hubieran metido en este jaleo y puede que le diera algo de envidia que la ciudadanía instrumentara a los centros de todos a su modo.

Por otra parte, el significado de “adoctrinamiento” es volátil.  Puede aclararse  a partir de la praxis que este Ministro ejerce, pero el riesgo es el de encontrar múltiples contradicciones. Saltan pronto si se cuestiona como adoctrinamiento lo que hacen per se los colegios privados en general y, más en particular, los de índole e “ideario religioso”. Todo el esfuerzo que han hecho sus correligionarios por extirpar del currículum un  brevísimo horario dedicado a “Educación para la Ciudadanía” no parece sino afán de continuidad en los tópicos que muchos otros países europeos han pensado erradicar desde la escuela para tener una democracia más sólida. Para el  también Portavoz actual de este Gobierno, tampoco deben ser adoctrinamiento las antiguallas que ampara su protección a la LOMCE: determinadas subvenciones, por ejemplo, o la presencia tan amplia de la Religión como asunto catequético puntuable. Dicho de otro modo, ¿puede un ciudadano entender que no le adoctrina el partido gobernante a través de los decretos, resoluciones y leyes que propala desde el BOE, pese a la presunta neutralidad de este instrumento mediático?  ¿Puede admitirse sin rubor que este ministro un pacto educativo que sea, al menos, respetuoso con la libertad de expresión e investigación del profesorado de la enseñanza pública y privada?

En esta coyuntura complicada, si el señor Méndez de Vigo fuera llamado a buscar un entendimiento mejor con las gentes de Cataluña para después del 2-O, antes de hablar tan simplonamente de “adoctrinamiento” a modo de sofisma, le vendría bien examinarse acerca de los principios esclarecedores que, tanto Jonathan Swift como su amigo John Arbuthnot, difundieron en el primer tercio del XVIII acerca de El arte de la mentira política. Hoy, a pesar de que la mentira se ha democratizado mucho y es cada vez más ecléctica, debiera saber que no cuela  como “disimulo” político “saludable” si no es capaz de soportar un mínimo de ética. Por eso Swift la denominaba un “arte” y no una burda chapuza, que es lo que menos necesitamos a partir del 2-O si queremos construir algo interesante.

TEMAS: 1-O. 2-O. Referéndum catalán. Centros escolares. Libertad de cátedra.  Democracia. LOMCE. Conservadurismo. Derechos humanos. Fe y Ciencia.

Manuel Menor Currás,

Madrid, 30.09.2017.