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viernes, 8 de enero de 2021

Gobierno y comunidades descartan cerrar los colegios por el incremento de los contagios (Daniel Sánchez Caballero para ELDIARIO.ES)

 Publicamos esta información de ELDIARIO.ES

¿Qué hacer con la vuelta al colegio? Acaban las vacaciones navideñas, suben los casos de contagio en España y familias, profesores, sindicatos y expertos debaten en torno a cómo afrontar la (temida, al menos en algunos sectores) vuelta de la actividad educativa. ¿Debe mantenerse el retorno como estaba planeado? ¿Es conveniente retrasarlo? Mientras en algunos países europeos como Reino Unido, Alemania o Dinamarca ya han decretado el cierre de los centros durante un tiempo para tratar de contener la pandemia, en España hay regiones donde ya se ha vuelto y de momento solo Extremadura ha decidido que los alumnos de la ESO en adelante no regresen a la actividad presencial por la alta incidencia de la COVID en la región (la mayor del país, 716 casos por 100.000 habitantes, frente a los 321 de media según datos de este jueves).

Otras comunidades, como Castilla-La Mancha, la han retrasado atendiendo al otro elemento que preocupa a los actores implicados: la ola de frío que recorre España en un escenario en el que la ventilación de las aulas es imprescindible. Docentes de aquellos lugares donde este jueves ya han dado clase han dejado constancia de las condiciones sufridas durante la primera jornada del temporal. "No he pasado más frío dando clase en mi vida", explicaba un docente. La mayoría de las comunidades, de momento al menos, mantienen la fecha prevista o como mucho la aplazaron ya hace unas semanas hasta el próximo lunes. En cualquier caso, algunos gobiernos autonómicos están evaluando la situación y podrían cambiar de parecer según evolucione el fin de semana.

Mario Gutiérrez, del CSIF, explica que hay "mucha inquietud en los centros", protesta porque las decisiones se toman "de forma unilateral por parte de las administraciones" y pide que "se actualicen los protocolos" ante unos datos "preocupantes". Tanto él como Mari Luz González, responsable de acción sindical de STES, lamentan que ninguna comunidad tienen un plan claro para la vuelta que pase por hacer test masivos al alumnado y profesorado –aunque hay regiones como Andalucía que sí los han anunciado–.

En los últimos días, son varias las voces que piden que al menos se retrase la vuelta a los centros educativos para mitigar el posible, dicen, aumento de los contagios tras el periodo vacacional. Las peticiones vienen tanto de personas individuales como de algún médico o dirigente político. En Catalunya hay cierta polémica en los últimos días a raíz de la publicación de una carta, firmada por una veintena de científicos, en la que le piden a la Generalitat que retrase la vuelta alegando que la tasa de positividad casi duplica el valor recomendado (9,51% frente al 5%) y la mayor infectividad de la cepa británica.

El director general de Centres Públics d'Educació, Josep Cambray, ya ha rechazado la petición bajo el argumento de que "los beneficios de las escuelas abiertas superan los riesgos" y porque "los expertos también nos decían de no abrir en septiembre y la experiencia ha sido un éxito". También la Sociedad Catalana de Pediatría (SCP) ha rechazado las afirmaciones respecto a la seguridad y sostiene que "en algunos entornos de la comunidad científica se ha hecho una interpretación errónea" de los datos asociados a la cepa británica: "El grupo de menores de 9 años estaría hiperrepresentado [en el informe que respaldaría esta supuesta infectividad] porque las escuelas estaban abiertas y el resto de la población confinada. Así, esta variante del virus no afecta más a los infantes y mantiene una afectación por franjas de edad similar a la anterior", explica la SCP.

En una línea similar se manifiesta el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC, en sus siglas en inglés) en un informe del pasado 23 de diciembre: "Hay un consenso general en que la decisión de cerrar escuelas para controlar la pandemia de COVID-19 debería utilizarse como el último recurso. El impacto físico, sobre la salud mental y la educación de los niños de cerrar las escuelas, además del impacto económico a nivel global, sería mayor que los beneficios" de hacerlo. Un mes antes, la Comisión Europea había aconsejado retrasar la vuelta al menos una semana pasadas las vacaciones.

Hasta el Gobierno ha entrado en la cuestión. María José Sierra, subdirectora del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), ha explicado este jueves que el centro no recomienda actualmente cerrar colegios. "Durante todos estos meses abiertos ha sido uno de los ámbitos en los que mejor comportamiento ha habido y más control", ha ahondado en esta línea de argumentación. "No ha habido brotes importantes, ha habido casos sueltos enseguida controlados y confinados. Habría muchas más medidas que tomar a nuestro entender técnico antes que el cierre de colegios", explicó en rueda de prensa.

Un cierre asociado al confinamiento

Enric Álvarez, investigador del grupo BIOCOMSC de la Universidad Politécnica de Catalunya, explica que el cierre educativo solo tiene sentido en un contexto determinado: "La discusión debería ser si con las incidencias actuales se debe hacer un confinamiento total o no", comenta. ¿Cree este experto que debe haberlo? "Si solo hubiera implicaciones epidemiológicas habría que cerrar, pero hay más cuestiones a considerar", expone.

El pediatra y epidemiólogo clínico Quique Bassat también se manifiesta "abiertamente en contra de retrasar la vuelta". Este experto compara la situación actual con la que se vivió en agosto, cuando se decía que la apertura de los centros educativos iba a ser un desastre (que los datos desmintieron) y explica que "los colegios reflejarán la transmisión de las comunidades, que es alta, pero no la amplifican. Son una buena barrera de contención, un mecanismo para aislar positivos de los niños y que estos no contribuyan a diseminar el coronavirus". Pero también tiene una petición para esta vuelta: "Si se mantienen las escuelas abiertas uno de los factores adicionales que deberíamos incluir en los planes es que los profesores sean personal prioritario para la vacunación", propone. Los docentes forman un grupo propio dentro de los 15 establecidos por el Gobierno en su plan de vacunación, pero no está entre los prioritarios.

Dicen los opositores a la vuelta que el informe del ECDC no contempla las nuevas variantes de la COVID, en alusión a la ínclita cepa británica, a la que se le presupone una mayor capacidad de contagio. El propio estudio del centro europeo advierte de este extremo, en efecto. Pero los expertos advierten de que no hay evidencia científica que respalde esa presunta capacidad infectiva. Y que lo sí está demostrado es que los niños transmiten menos la infección.

"Los niños pequeños se infectan menos, aunque sí hay mucha discusión sobre si transmiten igual o menos", ilustra Álvarez, de la UPC. "Pero como se infectan menos hay indicios de que transmiten menos también. Con las mascarillas, las distancias y la ventilación, en un entorno de movilidad regulado (esto no es como la universidad) tienen menos tendencia a generar cadenas", argumenta.

Bassat añade a estos argumentos de tipo sanitario otros de tipo actitudinal. "Mirando el histórico de los niños, los datos confirman muy bien la evolución, qué pasa cuando están en el colegio, bien controlados, y cómo se desmadra la situación cuando no están bajo este paraguas de vigilancia. Entre septiembre y mediados de diciembre es cuando más baja ha sido la transmisión en el grupo de edad de los niños. Y ha sido empezar las vacaciones y ha vuelto a aumentar la transmisión entre ellos", sostiene. La Sociedad Catalana de Pediatría apunta en la misma dirección en su comunicado de ayer: "La incidencia relativa en los menores ha sido menor respecto a la población general en meses plenamente escolares", escriben. "En verano, hay indicios de que la incidencia relativa en los niños subió; menos vigilancia o más interacción con adultos más contagiosos pueden ser posibles razones".

Álvarez sí explica que tampoco es lo mismo hablar de Primaria que de Secundaria. Tanto a nivel de transmisión entre personas como de sus hábitos sociales y la movilidad que tienen como grupo, factores ambos que influyen en su capacidad de transmitir el virus. "Sabemos que es diferente. A partir de los 12 años, quizá hasta los 14, va aumentando la capacidad de contagio hasta los 16, quizá 18 años. Hay una diferencia clara entre la Primaria y la Secundaria, sobre todo la postobligatoria", explica. "Además, la estructura de movilidad es diferente entre ambas etapas. No está tan bien documentada como la de la Universidad en cuanto a contactos, interacciones, etc. pero sí sabemos que es diferente, el ECDC también lo explica así". Aún así, mantiene, la recomendación del centro europeo sigue siendo mantener abierto porque los beneficios superan a los inconvenientes. La misma línea de actuación que recomienda Álvarez en base a la información disponible. "A menos que haya un confinamiento completo", recuerda.

El frío gélido en las aulas

Y parece, al menos por el momento, que esa va a ser la vía. Mientras, profesionales y familias se preocupan también por la otra realidad, quizá más inmediata: el frío gélido en las aulas los próximos días. María Luz González, responsable de acción sindical de STEs, lo expone con crudeza: "De Madrid para arriba, con un frío gélido, si la COVID no acaba con los alumnos lo hará el frío. Van a estar dando clase con temperaturas bajo cero, cuando no se debería trabajar por debajo de 17º", advierte. En Aragón, al menos en algunos de sus centros, esto ya ha ocurrido este jueves 7, donde se ha impartido clase con las ventanas abiertas mientras fuera nevaba. "La calefacción encendida desde las cuatro de la mañana y con frío en las aulas, no puede ser de otra manera con las ventanas abiertas", explica una profesora.

En este contexto, al menos parte de Aragón y la Comunidad Valenciana han vuelto a las aulas. Este viernes tienen previsto hacerlo en Baleares, Asturias y Galicia. El próximo lunes, si se mantienen las previsiones, será el turno de Madrid, Cantabria, Catalunya, Canarias, Castilla y León o Navarra. Otras como el País Vasco, Andalucía o Murcia tendrán una vuelta escalonada por provincias, municipios o incluso centros.

sábado, 14 de noviembre de 2020

La mala calidad del aire en los centros educativos (Pablo Gutiérrez de Álamo para ELDIARIDELAEDUCACION.COM)

Reproducimos este reportaje de ELDIARIODELAEDUCACION.COM

  • Hace unas semanas se presentó un informe que ha monitorizado la calidad del aire en las aulas de los centros educativos. De media, solo el 16 % del tiempo que pasa el alumnado y el profesorado tiene la calidad óptima. Para determinar esta proporción se han tenido en cuenta la temperatura en el interior de clase, la humedad relativa y la cantidad de CO2.
En los últimos meses todo el mundo (o casi) ha oído hablar de los filtros HEPA, de la concentración de CO2 en el ambiente, de la importancia de la ventilación (cruzada, sobre todo) para mantener a raya el aire respirable o lo que son los aerosoles y lo «peligrosos» que pueden ser en el contagio de la Covid-19.

Pero nada de esto es nuevo. Prueba de ello es Proyecto de monitorización de colegios, realizado y publicado por la asociación PEP. Se trata de una asociación sin ánimo de lucro que responde a Plataforma Edificación Passivhaus. ¿Y? Este passivhaus hace referencia a un estándar de construcción o rehabilitación de edificios y, dicen sus defensores, que es uno (si no el más) estricto de los estándares.

El caso es que durante el curso escolar 2017-2018, estuvieron recogiendo muestras de centros educativos públicos y concertados, de casi todas las provincias (fueron 36 centros en total); una muestra que, asegura su presidente, Bruno Gutiérrez, no es del todo aleatoria y ha pretendido responder a diferentes tipologías. Además de las comentadas, también hay centros más o menos antiguos y más o menos modernos, de grandes ciudades y de poblaciones pequeñas, en climas fríos y cálidos. Ninguno aprueba en todo el país, da igual en qué lugar se encuentre.

El estudio, que cuenta con 700.000 mediciones tomadas, se ha centrado en tres factores clave para el confort en las aulas: temperatura interior, humedad relativa en el aula y niveles de CO2 en el aire. La primera debe encontrarse entre los 20 y los 25 ºC; la segunda, entre el 40 y el 60 % y, en el último caso, la medición óptima es de 800 ppm (partes por millón), aunque no sería un problema que alcanzasen las 1.000 ppm. Es en este punto en el que solo el 16 % del tiempo en el aula (en la media) es de auténtico confort. El resto, o fallan temperatura y humedad o falla el CO2.

Entre los datos más relevantes se encuentra que, de media, solo el 16 % del tiempo todos los factores están en el lugar óptimo. Si solo se atiende a la temperatura y la humedad relativa, este porcentaje sube al 68 %; si se mira únicamente al nivel de CO2, este porcentaje se reduce al 32,4. Los porcentajes de calidad óptima del aire oscilan, según los climas del territorio, entre el 11,49 % y el 20,54 %.

Cuando a primeras horas de la mañana todavía la calefacción no ha obrado el milagro, hay centros en los que en ciertos meses las clases comienzan a 15 ºC. Con una buena medición de humedad relativa y, desde luego, muy por debajo de los 800 o 1.000 ppm de CO2.

A lo largo de la jornada, cuando la temperatura en el aula se va volviendo vivible gracias a la calefacción y a la ocupación de las aulas por alumnado y profesorado, los niveles de CO2 comienzan a subir, más o menos rápidamente, hasta que se alcanzan niveles muy superiores a las 1.000 ppm. Por encima de los 3.000 y, en algunos casos, de los 4.000 ppm.

Falta de concentración, cansancio, dispersión o, incluso, cefaleas se encuentran entre los problemas causados por un excesivo nivel de CO2 en el aire en un interior. Da igual que sea un aula o una oficina. Enrique Bassat, pediatra y epidemiólogo asegura que la exposición a este gas tendría que ser mucho mayor para provocar problemas importantes a medio o largo plazo en chicas y chicos, para ser realmente tóxico. Pero, esos síntomas primeros, dice, «impactan a largo y medio plazo en el rendimiento de los niños». Aunque asegura que no existen estudios sobre la relación causal entre estos niveles de CO2 y los resultados académicos.

La medición del CO2, recomendada por el Ministerio de Sanidad y que algunas comunidades autónomas se plantean realizar en los centros educativos de sus territorios, no solo es un buen indicador sobre el nivel existente de este gas en el aire que respiramos, sino que en general, nos da una foto de la necesidad de ventilación de un espacio. Ventilación que puede ayudarnos a quitarnos de enmedio a la Covid-19, al CO2 y a una larga lista de partículas que flotan en el aire y que pasan desde el polvo hasta los adhesivos o barnices utilizados en la fabricación del moviliario escolar. De ahí la importancia de conocer estos niveles.

Qué recomiendan
Desde la plataforma PEP apuestan por una importante inversión en la rehabilitación de los edificios educativos. Existen en el registro de centros unos 28.000 en todo el país, entre públicos y privados. Tienen claro que esta acción no puede hacerse de golpe y que supone una intensísima inversión que no es posible en todos los casos. Pero si se plantea a medio y largo plazo, supondrá importantes ahorros en costes como el de las calefacciones. Además, significaría un gran ahorro en la emision de CO2 a la atmósfera. Y, en definitiva, mejoraría, por lo menos, la calidad del aire que respiran alrededor de 8 millones de estudiantes de todas las etapas educativas.

En estas rehabilitaciones totales, el presidente de PEP, afirma que habría que realizar acciones de aislamiento de los edificios con el exterior (paredes, carpintería, etc.) e instalación de mecanismos de ventilación mecánica con recuperación de energía (de calor o frío en cada caso), principalmente.

Se pueden hacer algunas de estas acciones por separado, asegura Bruno Gutiérrez, pero tendría una menor efectividada y podría generar efectos no deseados. Ejemplifica con la posibilidad de instalar aislamientos en las fachadas y no intervenir en la carpintería y la cristalería de las ventanas y las puertas. Explica la posibilidad de que, haciendo esto, se genere un mayor nivel de condensación, lo que podría provocar la aparición de moho, cuyas esporas no deben ser respiradas.

Quitando las posibilidades más peligrosas, lo que pretende explicar es la importancia de poner estos proyectos globales en marcha por las ventajas que suponen. Según los cálculos que han realizado mejoraría la eficiencia energética de los edificios hasta el punto de que el coste por metro cuadrado de la calefacción sería de un euro. En palabras de Pedro Mariñelarena, vicepresidente de PEP, en la rueda de prensa de presentación del informe, podría suponer ahorros de unos 30.000 euros anuales para los centros educativos. Solo hay que multiplicar esta cifra por los 28.000 centros existentes. Cientos de millones de euros que podrían invertirse en otra cosa.

Desde PEP propugnan por la utilización de ventilación mecánica con recuperación de energía (de calor o frío, según el caso). Se trataría, por una parte, de obtener aire del exterior del edificio, por un solo conducto, que se repartiría por todas las estancias. Al mismo tiempo, el aire de los interiores haría el viaje inverso, renovándolo y haciendo que las partículas más o menos problemáticas (en estos tiempos, la Covid-19) salieran. En un punto del camino de entrada y salida, explica Bruno Gutiérrez, ambos flujos se cruzarían (sin mezclarse), de manera que el de salida aportara calor al de entrada. Este sistema, asegura, supone la recuperación de entre un 80 y un 90 % de la energía (calor o frío).

Bassat tiene claro que acometer estas transformaciones es complicado y caro, y plantea la posibilidad de que las administraciones realizasen programas relativamente similares al renove que muchas ciudades han realizado a lo largo de los años para la rehabilitación de fachadas y edificios antiguos.

En este sistema de ventilación mecánica es posible instalar filtros de aire con los que eliminar, en su caso, partículas y agentes infecciosos y sería más eficiente que la colocación de filtros HEPA en todas las aulas. Estos funcionan haciendo circular el aire continuamente en una estancia y filtrándolo lo que, según los defensores de la ventilación mecánica, podría dar lugar a que no se filtrase todo el aire.

Experiencia
En España, el colegio El Garrofer, en Viladecans (Barcelona) ha realizado una rehabilitación siguiendo las prorrogativas de passivhaus. No solo eso, el Ayuntamiento de la localidad pidió un monitoreo de la calidad del aire después de la obra, y también del nivel de consumo de electricidad y gas.

Los datos, recogidos en la página web de Energihaus son impactantes. Se ha realizado en seis de los espacios: cuatro aulas, la biblioteca y el comedor de la escuela. Según sus mediciones, anteriores y posteriores, se ha conseguido un ahorro de un 90 % en el consumo de gas para calefacción tras las obras de rehabilitación. Eso sí, con un ligero aumento del consumo eléctrico, de un 5 %, debido al sistema de ventilación controlada instalado, aunque insisten en que con algunas calibraciones se pueden conseguir importantes ahorros también.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Cuando la ventilación de las aulas no parece factible (ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

 Reproducimos este artículo de ELDIARIODELAEDUCACION.COM

  • El invierno está a la vuelta de la esquina y cunde la preocupación sobre qué hacer cuando tener las ventanas y puertas abiertas no sea una posibilidad real para atajar posibles contagios en las aulas. Las soluciones pasarían, presumiblemente por llevar abrigos en clase, utilizar las calefacciones con las ventanas abiertas o el uso de ventilación mecánica.

Las temperaturas ya comienzan a bajar de manera ostensible en todo el Estado. Por delante, muchos meses de frío y mal tiempo que amenazan, de una forma u otra, el protocolo previsto por las administraciones sanitarias y educativas, principalmente, en relación a la ventilación de las aulas.

El gasto previsto en calefacción en los centros educativos, seguramente sea muy superior al de inviernos anteriores. De hecho, algunas direcciones ya tienen previsto invertir parte de lo que la Administración les ha facilitado del Fondo Covid solo para asumir el gasto en gasoil para sus calefacciones.

Mantener ventanas y puertas abiertas el máximo tiempo posible se va a convertir, en pocos días, en un problema relativamente importante. Y las recomendaciones desde Sanidad y Educación (ya sea gobierno central o autonómicos) no han variado. Ni tienen visos de hacerlo en las próximas semanas.

Para intentar paliar parte de estos efectos, hace unos días, el CSIC publicaba una guía práctica con consejos sobre ventilación en colegios e instituos y que, a se vez, toma parte de sus consejos de otra publicada por la Universidad de Harvard. En ella, en realidad, pocos datos nuevos que cambien los protocolos asumidos hasta ahora.

Se aconseja tener la mayor parte del tiempo posible las ventanas y puertas de las aulas abiertas para que sea lo más constante posible la ventilación cruzada. En el protocolo de los ministerios de Sanidad y Educación se establecía que, al menos, las aulas se ventilen 10 o 15 minutos al empezar y terminar la jornada lectiva, también durante el tiempo de recreo. Y, en la medida de lo posible, durante toda la día.

La guía del CSIC, a esto, suma que alumnado y profesorado utilice ropa de abrigo durante las clases para que puedan estar abiertas las ventanas, siquiera parcialmente, en un equilibrio entre el riesgo de contagio y el confort térmico.

Si la ventilación natural no es suficiente, la guía del CSIC recomienda utilizar «equipos extractores o impulsores individuales con un caudal de aire adecuados».

Como última opción, pero no excluyente de las demás, se hace necesario purificar el aire con equipos provistos de filtros HEPA. Estos han de colocarse en el centro de cada aula para que su trabajo sea eficiente, aunque dicen los expertos que pueden ser perjudiciales al causar falsa sensación de seguridad.

En cualquier caso, la guía recomienda que se hagan mediciones de CO2 para conocer las necesidades de ventilación de las aulas. En el exterior, indican, estas mediciones rondarían las 420 ppm (pastes por millón) y, en los interiores no deberían sobrepasar las 800 ppm. Si lo hicieran, se hace necesaria la ventilación de las aulas. Niveles superiores a las 1.000 ppm tienen efectos negativos en la capacidad de concentración del alumnado y en el aumento del decaimiento; y si se superasen los 2.000 empezarían los dolores de cabeza. Además, estas cifras nos indican la falta de ventilación y señalan una posiblemente excesiva concentración de la Covid en el ambiente.

Sumado a todo lo anterior, el uso de mascarillas, la higiene de manos y el mantenimiento de la distancia de 1,5 metros siguen siendo necesarias para la contención de los contagios. Contagios que siguen detectándose de forma importante en las aulas. La semana pasada, según los datos del Ministerio del interior, se produjeron 200 nuevos brotes que sumaron 1.200 personas contagiadas.

Preguntados los ministerios de Sanidad y Educación, no está prevista una revisión de los protocolos ni unas recomendaciones de cara a la llegada del mal tiempo en todo el país. Remiten a las guías ya publicadas tanto por su parte como de las comunidades autónomas.

Suspenso a las aulas

El reciente estudio de la Plataforma Edificación Passivhaus junto a la Universidad de Burgos se muestra contundente. Los colegios e institutos, en cualquier parte del país y bajo cualquier condición climática y meteorológica, suspenden a la hora de ofrecer espacios de confort y seguridad tanto para el profesorado como para el alumnado.

Durante el curso 2017-2018 estudiaron las variables de temperatura interior, nivel de humedad y de CO2 en las aulas de 43 centros educativos de todas las provincias del país. La nota media total, en una escala de 0 a 10, para la calidad del confort en las aulas es de 1,6 puntos.

Bajo la premisa de que la temperatura de las aulas sea de 20ºC a lo largo del día, con una humedad de entre el 40 y el 60 % y con una concentración de CO2 en el ambiente inferior a los 1.000 ppm.

Cuando los datos de temperatura comienzan a ser buenos en un aula es ya cerca de las 12:00 del mediodía. Momento en el cual los niveles de CO2 ya están por encima de esas 1.000 partes por millón. Cuando un parámetro está bien, algún otro deja de estarlo.

El estudio desvela que, de seis horas de clase, solo el 16 % de ellas reúnen buenas condiciones de temperatura, humedad ambiente y niveles de CO2.

Aunque el estudio se realizó antes de la aparición de la pandemia, hoy por hoy, sus conclusiones apuntan directamente a la situación que se vive en los centros educativos. Desde la Plataforma, una asociación sin ánimo de lucro, defienden la necesaria rehabilitación de todos los centros educativos del país. Con ella se conseguirían mejorar los resultados obtenidos, al mismo tiempo que supondría una importante reducción de las emisiones de CO2 de los propios centros (por bajada del consumo de combustibles para el mantenimiento de las temperaturas) y, finalmente, un importante ahorro de costes económicos.

viernes, 30 de octubre de 2020

Los centros educativos, tercer ámbito con más brotes y contagios en las últimas semanas (Pablo Gutiérrez de Álamo para El Diario de la Educación)

 Artículo de para Pablo Gutiérrez de Álamo para eldiariodelaeducacion.com

  • Los centros educativos se han convertido en los últimos días en el tercer ámbito en el que más brotes y contagios se producen, después de la familia y el ocio, con 190 brotes y 1.286 personas contagiadas. A pesar de esto, faltan muchos datos como en qué etapas se producen más casos. De momento, además, no parece que esté en la agenda la posibilidad de revisar los protocolos para educación.
28-10-2020

La situación es tremendamente complicada en torno a los centros educativos. Convertidos, más allá de lo educativo, en la fuente fundamental de la conciliación de las familias para poder acudir a sus puestos de trabajo, comienzan a ver las cifras de brotes y contagios de Covid-19 crecer.

El viernes pasado, el Ministerio de Sanidad publicaba las cifras de brotes y sus contagios asociados por ámbitos (laboral, sanitario, familiar…). Cifras consolidadas correspondientes a la semana del 5 al 11 de octubre y del acumulado desde el mes de marzo.

La situación en los últimos días está empeorando y tras los ámbitos familiar y social, en donde hoy por hoy hay más casos, aparecen los centros educativos: 190 brotes diferentes con un total de 1.286 personas contagiadas. Se trata de un 13,4 % de los brotes y un 12,9 % de los contagios nuevos.

Fuentes conocedoras de la situación en las diferentes comunidades autónomas aseguran que hoy por hoy, según sus cifras, hay un 1,4 % de aulas cerradas en cuarentena. Unos datos que no son del todo fiables porque cada comunidad autónoma está obligada a informar al Ministerio de Sanidad pero a nadie más y, además, cada una transmite esa información en momentos y maneras diferentes.

En el acumulado de los datos, ha habido 733 brotes en centros educativos con 4.369 personas contagiadas. Esto desde el mes de marzo. Son siete meses en los que colegios e insititutos han permanecido cerrados la práctica totalidad del tiempo.

Falta de datos fiables

A estas cifras, claro, habría que sumar el ámbito mixto, es decir, brotes y contagios que se producen fuera de los centros educativos pero que llegan, más tarde o más temprano a ellos y viceversa. Este es un cajón de sastre en el que es imposible desbrozar la información. Como lo es también saber en qué etapas se están produciendo más brotes y casos, puesto que desde el Ministerio de Sanidad no se ofrecen datos desagregados en este sentido. Preguntado Fernando Simón sobre esta cuestión en la rueda de prensa del pasado lunes, sí afirmó que la mayor parte de los casos se están produciendo en los centros de secundaria.

Según la experiencia de María (nombre ficticio), directora de primaria en un centro andaluz, la mayor parte de los casos que se han producido en su centro se han producido durante el fin de semana y están relacionados con contagios que las familias han causado a niñas y niños. Parece que las reuniones sociales, sean o no familiares, están convirtiéndose en la puerta de entrada del virus en colegios e institutos.

Algo parecido comenta Toni Solano, director del IES Bovalar en Castellón. «Hasta ahora los casos que hemos tenido han estado 48 horas sin venir al centro hasta el resultado positivo de la PCR». «Se habían quedado en casa y no ha habido que confinar». En su caso, el protocolo afirma que el alumnado de una misma aula, llevando mascarilla y estando en el aula a metro y medio de distancia no se considera contacto estrecho, de manera que las autoridades sanitarias no confinan aulas.

Lo mismo ocurre en la Comunidad de Madrid. Mercedes López es jefa de estudios en un instituto madrileño. El primer caso que tuvieron se dio en uno de los grupos con semipresencialidad. La mitad del grupo está en casa mientras la otra va a las aulas. En este caso, se envió a ese medio grupo a casa para que estuviera en cuarentena. Desde ese caso cambiaron los criterios y ya no se considera a los compañeros de aula como contactos estrechos de manera que, cuando ha habido nuevos casos no se ha cerrado ninguna clase.

La falta de información clara, homologable y transparente está siendo la tónica general en lo relativo a la incidencia de la pandemia en este inicio de curso casi imposible. En el Ministerio de Educación no tienen información todavía sobre esta incidencia puesto que las comunidades autónomas no están obligadas a reportarle dicha información. Es verdad, informan fuentes del Departamento, que en la última Sectorial de finales de septiembre se estableció un sistema de recogida de datos entre las autonomías. Pero todavía no está llegando como debiera. Y desde el Ministerio de Sanidad no ofrecen más información que la publicada el viernes y remiten a sus compañeros de Educación para ampliarla.

Una pescadilla que se muerde la cola y que empeora cuando se multiplica por 17 comunidades autónomas. José María Ruíz, representante de Pública de CCOO asegura que no tienen información más amplia sobre el impacto de la Covid en colegios e institutos. Tampoco han conseguido recabar datos sobre el número de docentes que están de baja ya sea por contagio o porque sus aulas se encuentren en cuarentena por contagios de compañeros o alumnos.

Algo con lo que está de acuerdo María desde Andalucía: «No sabemos ni sabremos los casos reales por la diversidad de criterios y de interpretación de esos criterios». Aunque en su centro la mayor parte de los casos de contagio lo eran por sus familias, han tenido alguno de madres que han de guardar cuarentena durante diez días mientras sus hijos han de acudir al centro educativo sin más. «Lo que vale para el común no se aplica en la escuela así que no sabremos nunca la verdad al 100%».

«Si las criaturas se contagian o no en el centro… ¿quién lo asegura? En nuestro caso, el instituto está en un barrio aislado; es casi un pueblo. Se reúnen en la plaza, en las casas. ¿Cómo vamos a saber dónde se han contagiado?», explica López.

Fernando Trujillo comentaba hace unos días en Twitter: «Mi interpretación es esta: aunque los centros y los docentes están haciendo todo lo posible por hacer de la escuela un espacio seguro, la realidad (instalaciones, ventilación, ratio, etc.) es que esto no se está logrando». A lo que añadía: «Sin embargo, la Administración está minimizando el riesgo y jugando con los datos y la comunicación para no afirmar lo que sus propios datos expresan. El objetivo es evitar el cierre de las escuelas porque éstas son fundamentales para la conciliación familiar y laboral».

Y los protocolos, sin cambio

De momento, no parece que las autoridades se planteen cambios en los protocolos en centros educativos acordados entre Gobierno y comunidades autónomas a pesar del aumento de los casos conocidos. Protocolos sobre apertura de ventanas para la ventilación parecen cada vez más complicados cuando el otoño avanza y el frío del invierno se acerca. La posibilidad de tener ventanas y puertas abiertas convivirá con las calefacciones encendidas en las aulas.

Es, al menos, la realidad que tiene en mente Tonio Solano. En su centro, de 700 alumnos, tienen previsto pasar el invierno con las ventanas abiertas y la calefacción puesta. Una práctica que, dada su ubicación en Castellón y debido al nivel habitual de humedad ambiental, suelen hacer. Tener ventanas cerradas en invierno con la calefacción se hace difícil de soportar. «Es difícil regular la temperatura de los centros».

Sobre el uso de las mascarillas, asegura también que el alumnado y el profesorado están respetando el protocolo. También las distancias entre sí en las aulas, pero admite que en el tiempo de recreo se hace complicado que no se relacionen unos con otros. en el que, según explica, ya han contactado unas cuantas veces con las autoridades sanitarias para comunicar casos positivos de alumnos. Hasta ahora, no se han confinado aulas en su instituto, principalmente porque el protocolo sanitario general no contempla a los compañeros de clase como contactos estrechos a pesar de la cercanía y el tiempo de exposición.

Solano explica que dentro de las aulas pueden, sin demasiado problema, mantener la distancia mínima de metro y medio, pero esto cambia en los tiempos de recreo. «Intentamos que no se quiten la mascarilla» en ese momento del día, comenta, pero también admite la dificultad de que mantengan las distancias entre unos y otros.

Y las autoridades, en general, no dan mucho margen de maniobra. En el caso de Valencia, cuenta Solano, cuando se comunica un caso en el centro, teniendo en cuenta la distancia social y el uso de la mascarilla, siempre se decide que no se confinen las aulas. Es el caso también de María en Andalucía. No se consideran contactos estrechos. «Desde delegación, cero atenciones, riesgos laborales no dice nada, y así», asegura. Y, a pesar de la tan comentada autonomía de los centros, las direcciones, por todo el país, no tienen potestad para decidir si es necesario confinar aulas o no. Se juegan en esta decisión la apertura de expedientes.

Algo parecido les ocurre en el centro de López en Madrid. «Ha habido casos de criaturas que han venido, a pesar de encontrarse fatal desde el día previo, con un antipirético, explica. O de madres que, cuando las avisas te dicen que no pueden ir. Y entonces, no sabemos qué hacer, más que esperar».

María también pone el punto de mira en los servicios de comedor. Aunque han bajado mucho en este curso «siguen por encima del aforo». Ella ha tenido que montar dos turnos de comida y asegura que hay centros que tienen tres. «Deberían prohibir los comedores o dotarlos de lo necesario, ningún adulto soportaría comer en esas condiciones».

En cuanto a dotación, comenta Solano, su problema principal es la semipresencialidad a la que se aboca a los cursos más altos de secundaria. Los centros y los alumnos no tienen la dotación necesaria para seguir las clases desde sus casas. Y «No puedes tener al profesor trabajando por la mañana para unos y por la tarde para otros».

Y, a pesar de todo, asegura al menos Solano, «no estamos teniendo tanta incidencia como yo pensaba». «Parece que es un poco una lotería. Confiamos en que siga bien. Pero creo que se deberían minimizar riesgos y hacerlo ahora es muy difícil».

Entradas relacionadas:

Impacto de los sistemas de ventilación en la transmisión del SARS-CoV-2. Recomendaciones generales para los edificios de uso público (Versión 1ª: 29-10-2020. Consejería de Sanidad CM)


Puedes leer el documento en este enlace.

Entradas relacionadas:

lunes, 26 de octubre de 2020

Una guía del CSIC muestra cómo se deben ventilar las aulas para reducir el riesgo de contagio por Covid-19 (Ministerio de Ciencia e Innovación. 21-10-2020)

  •  El manual da las pautas para la ventilación y purificación del aire según el volumen de la sala, el número y la edad de los ocupantes y la actividad realizada
  • La guía plantea soluciones y ejemplos para diferentes situaciones en las escuelas, y ofrece las herramientas para determinar si la ventilación alcanzada es la adecuada

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y técnicos de la Asociación Mesura han elaborado una guía que da las pautas sobre cómo debe ser la ventilación en las aulas para reducir el riesgo de contagio por la Covid-19. El documento establece las recomendaciones para que la ventilación y la purificación del aire sea eficaz según el volumen de la sala, el número y la edad de los ocupantes y la actividad. Además, proporciona las herramientas para determinar si las condiciones de ventilación alcanzadas son adecuadas.

“La ventilación es la renovación de aire, es decir, sustitución del aire interior potencialmente contaminado, con aire exterior libre de virus. Y la purificación del aire consiste en la eliminación de las partículas en suspensión, susceptibles de contener virus”, aclara la investigadora María Cruz Minguillón, que ha elaborado la guía junto al investigador Xavier Querol, ambos del IDAEA-CSIC, y con la colaboración de José Manuel Felisi y Tomás Garrido, de la Asociación Mesura.

Los investigadores indican en la guía que la reducción del riesgo de contagio se consigue disminuyendo la emisión y la exposición a las partículas en suspensión, también llamadas aerosoles, susceptibles de contener virus, que se pueden acumular. La exposición a este aire puede resultar en infecciones. La exposición se puede reducir mediante el uso de mascarilla bien ajustada; la reducción del tiempo de exposición; el aumento de la distancia interpersonal; y la ventilación o purificación del aire para eliminar o reducir la concentración de virus en el aire. La guía se centra en este último apartado.

Recomendaciones de ventilación

La ventilación necesaria para reducir el riesgo de contagio depende del volumen de la sala, el número y la edad de los ocupantes, la actividad realizada, la incidencia de casos en la región y el riesgo que se quiera asumir. Esta guía sigue las recomendaciones de la guía de la Universidad de Harvard, que recomienda 5-6 renovaciones de aire por hora.

Los expertos insisten en que las actividades en exterior son siempre preferibles al interior. En el caso de que la actividad tenga que ser interior, es preferible en aulas con ventilación natural, especialmente ventilación cruzada (ventanas y puertas en lados opuestos). Además, se propone la utilización de equipos extractores o impulsores individuales si la ventilación natural no es suficiente. En caso de disponer de sistemas centralizados de ventilación, la tasa de aire exterior se debe incrementar y la recirculación se debe reducir. Si no se puede recurrir a ninguna medida de ventilación, se debe purificar el aire con equipos provistos de filtros HEPA.

La solución puede ser una combinación de opciones. Para evaluar si una configuración dada es suficiente la guía describe dos métodos basados en medidas de dióxido de carbono (CO2) que tienen como finalidad determinar cuantitativamente la ventilación de un aula.

La guía es aplicable a otros espacios interiores como oficinas u otros edificios de uso público. Estas recomendaciones no sustituyen al uso de mascarillas, el mantenimiento de la distancia y las medidas de higiene, que siguen siendo de necesaria aplicación. Los investigadores advierten de que “el riesgo de contagio cero no existe”, y por lo tanto las medidas que recoge la guía “reducen el riesgo, pero no lo eliminan completamente”.

Asimismo, esta guía no sustituye el servicio de profesionales de ventilación y tratamiento de aire, pues algunos emplazamientos pueden requerir cálculos complejos que no necesariamente puedan asumir los usuarios finales.

La guía completa está disponible en la página web del IDAEA-CSIC, del CSIC, del Ministerio de Ciencia e Innovación y de la Asociación de Técnicos Ambientales Mesura. La Conselleria d’Educació, Cultura i Esports de la Generalitat Valenciana ha participado en la conceptualización y la toma de medidas en aula.

Fuente: www.ciencia.gob.es

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martes, 20 de octubre de 2020

La mala ventilación en escuelas e institutos augura un invierno de ventanas abiertas y abrigos en clase para evitar los contagios

Artículo de Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es
  • Los centros presentan condiciones inadecuadas de temperatura y concentración de CO2, según un informe que asegura que los estudiantes pasan el 84% del tiempo en clase superando los límites legales. Además, las escuelas carecen del mantenimiento adecuado, con persianas que no suben o ventanas que no abren
19-10-2020 
Los alumnos españoles pasan el 84% del tiempo en clase (cinco de cada seis horas) en unas condiciones inadecuadas –y contra la normativa– de temperatura ambiente, humedad relativa y niveles de concentración de CO2. Los centros suspenden también en ventilación, según un exhaustivo estudio llevado a cabo por la Plataforma Edificación Passivhaus (PEP) junto a la Universidad de Burgos, que realizó más 141.675 mediciones en 36 colegios de toda España durante todo un curso escolar. A esto se añade que no ventilar provoca que aumente el CO2 y con él la cantidad de aerosoles en el ambiente –que la evidencia apunta cada vez más como una de las fuentes de contagio de la COVID, al menos en interiores–. Y llega el invierno.

¿Qué va a pasar cuando llegue el frío de verdad y no se pueda abrir las ventanas para ventilar las clases, una de las medidas más recomendadas contra la COVID-19? En el corto plazo solo hay dos alternativas a este dilema: abrir y pasar frío o no hacerlo y cruzar los dedos. La primera parecía impensable, sobre todo según dónde. Cada vez parece más real. La segunda provoca inquietud y, según va confirmado la información disponible, más problemas.

Un pequeño experimento llevado a cabo por un profesor en su aula la semana pasada ha puesto cifras a la sospecha de que no ventilar, o hacerlo solo entre clases, dispara los niveles de CO2 por encima de lo recomendado y lo establecido en la normativa. Los altos niveles de CO2 tienen efectos negativos en la salud en general, pero además implican otra cosa: "Una mala ventilación de un aula, además de determinar una mala calidad del aire interior puede suponer una alta concentración de aerosoles potencialmente infectivos que pueden favorecer la transmisión del coronavirus en la clase", según expone en su informe Javier Pérez Soriano, técnico en prevención de riesgos laborales además de profesor de Química de Benalmádena (Málaga).

Pérez Soriano realizó su test durante dos días seguidos, midiendo la concentración de CO2 en el aula de manera constante y en diferentes condiciones de ventilación: con todas las ventanas abiertas, con las ventanas un poco abiertas y con las ventanas cerradas (en los dos últimos casos se ventiló entre sesiones, como recomiendan los protocolos). Y extrajo una conclusión: "Cuando tengamos que cerrar las ventanas por la climatología vamos a tener un problema, y muy grande".

Hace un par de semanas el grupo de Biología Computacional Sistemas Complejos de la Universidad Politécnica de Catalunya envió un informe a la Comisión Europea en el que aseguraba, tras estudiar la evolución general de la pandemia en España desde que se iniciaron las clases (y la particular de las franjas de edad correspondientes) que las escuelas no estaban funcionando como amplificadores ni originadoras de focos. Según este grupo, son lugares seguros. O lo eran en otoño con las ventanas abiertas.

"Cinco o diez minutos van a ser insuficientes"

El experimento de Pérez Soriano apunta a que pueden dejar de serlo sin ventilación. En datos: durante la jornada de ventanas abiertas la concentración de CO2 no superó en ningún momento las 900 ppm (partes por millón), el límite que establece el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) para los centros educativos. "La ventilación del aula está en unos parámetros más o menos correctos, aunque pueden ser mejorables", expone Pérez. Con las ventanas cerradas durante toda la clase o entreabiertas es otra historia. En el primer caso los alumnos pasan un 68% del tiempo con valores por encima de los 1.100 ppm, con una media de 1.200 y picos de hasta 1.500 (los niveles suben cuánto más tiempo está sin ventilar el aula).

En el caso de tener las ventanas cuatro dedos abiertas la media baja hasta 1.090 y el máximo se sitúa en 1.300 ppm. Ventilar el aula entre sesiones cuando no han estado las ventanas abiertas mejora la situación, pero "la recomendación de apertura de ventanas entre clase y clase durante cinco o diez minutos van a ser claramente insuficientes". Según sus datos, el mínimo deberían ser 15. Un tiempo que no hay entre clases.

"La ventilación es uno de los tres grandes pilares" en la lucha contra el coronavirus junto a las mascarillas y la distancia de seguridad, recuerda el pediatra y epidemiólogo Quique Bassat, quien también ha participado en el estudio de PEP. "Si lo perdemos habrá que reforzar los otras dos y será mayor el riesgo que si ventilamos, pero si observas la historia de las pandemias y ves fotos antiguas, verás clases al aire libre, por mucho frío que hiciera, aunque eran otros tiempos", apunta.

Bajo estas premisas y con el conocimiento que se va generando, cada vez más expertos abogan por apechugar, abrigarse y pasar el invierno como buenamente se pueda. "Habrá que confiar en cuánto podremos prevenir con las otras medidas y, si no funcionan, proponer planes alternativos o convivir con un disconfort térmico". A esta idea se suma la investigadora de la Universitat Politècnica de Catalunya Clara Prats, que ante el aumento de casos explicó en RAC-1 que "da miedo" que se empiecen a cerrar las ventanas en las escuelas, por lo que recomienda: "Hacen falta abrigos e ir haciendo". El profesor Pérez Soriano también lo tiene claro: "Cuando las condiciones de ventilación sean malas, la opción de salir con el alumnado al patio cuando falte un profesor o profesora, más que una recomendación deberían ser casi una obligación", escribe en su informe. "Habrá que asumir un cambio de mentalidad: mientras dure la pandemia va a ser habitual durante el invierno el uso de abrigo en interiores".

Más que un problema de salud

El problema de la falta de ventilación y mala calidad del aire afecta de manera coyuntural, pero va mucho más allá, apunta Bassat. El estudio de la PEP "ha documentado niveles de CO2 anormalmente altos. Hay un sistema de gradación de los niveles, en el que el color verde equivale a estar por debajo de 1.000 ppm de CO2, el ámbar entre 1.000 y 2.000 y por encima de 2.000 ppm es rojo. En muchos momentos del día estamos en rojo en la gran mayoría de clases", explica. El máximo legal permitido son 900. Una red de escuelas muchas veces antiguas, sin el mantenimiento que requieren –cuando se habla de falta de inversión en el sistema también aplica al abandono físico de colegios e institutos, con ventanas que no abren o cierran, persianas que no suben, no hablemos de elementos de ventilación– provoca estas situaciones. Enfrente, las típicas comparaciones odiosas: Alemania ha anunciado que invertirá 500 millones de euros en mejorar la ventilación de sus edificios públicos.

"Sin querer ser alarmista, porque esto es un problema crónico por el que hemos pasado todos, no estamos ofreciendo a nuestros niños un entorno físico donde aprender que sea el más adecuado", valora Bassat. El epidemiólogo enumera los problemas que producen estas altas concentraciones de CO2: "Está documentado que niveles por encima de las 2.000 ppm de CO2 conducen al aletargamiento, falta de concentración, dolores de cabeza... dificultades de aprendizaje. Nada que no se sospechara, añade, pero ahora "se ha medido con rigor".

El informe de PEP apunta a lo estructural y habla de ventilaciones mecánicas de doble flujo con recuperación de calor en los edificios como la medida más adecuada para mejorar la calidad del aire en los centros: "La conclusión es que hay que intervenir en los colegios, hay que hacer obras, dedicar fondos de la UE a rehabilitar los centros educativos, porque estas actuaciones conllevarían cinco beneficios: salud, mejores resultados académicos, ahorro económico, beneficios ecológicos y por último una reactivación económica", opina Juan Manuel Manso, de la Universidad de Burgos.

Pero eso es complicado con carácter general e imposible de cara a este invierno, y a docentes y familias les preocupa a corto plazo la COVID-19. Como se ha comentado, la principal medida sería ventilar. Si no se puede, el profesor Pérez Soriano recomienda utilizar filtros HEPA. "¿Son la mejor respuesta? No", se contesta él mismo, y coincide con la PEP en la ventilación mecánica aunque es consciente de que esta no es factible de un día para otro. Por tanto, "la única solución eficaz a nuestro alcance es el filtro HEPA, teniendo claro que no garantiza una tasa de contagio cero, solo consigue minimizar el riesgo" disminuyendo la carga vírica en interiores. Pero cierra, por si no había quedado claro: "La ventilación debe seguir existiendo sí o sí, los filtros HEPA son una medida complementaria".

El razonamiento es parecido al que se hace con los bares. "Es muy importante que todos los interiores tengan sistemas de ventilación y de renovación del aire estrictos", explicaba al respecto Fernando García, de la asociación madrileña de Salud Pública. "Esto vale para todos los ámbitos, también laborales y docentes. Y se debe evitar siempre la recirculación del aire. Tenemos que acostumbrarnos a estar en interiores más fríos, con intervalos muy frecuentes de ventanas abiertas, en donde tendremos que estar más abrigados".