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domingo, 22 de agosto de 2021
“En la escuela rural no existe la concertada porque no es rentable” (entrevista de Gorka Castillo a Patricia Villa para CTXT.ES)
Que el mundo es un lugar ancho lo sabe bien Patricia Villa (Madrid, 1972), maestra rural con el coche siempre en movimiento por esos campos y montañas de Castilla y León. Villaseca de Laciana, Boñar, Olleros de Sabero. Tierras que sienten de cerca la esencia castellana en trance de desaparición. Y sin embargo, esta profesora en educación física mantiene viva la esperanza. Y lo hace por una causa resistente a cualquier tempestad: el valor de sus gentes, de una cultura profunda y un saber enraizado en los viejos conocimientos de la vida. “En la escuela rural, pública, libre y participativa está el germen de la mejor enseñanza”, recita durante la entrevista hasta en tres ocasiones. “Aquí no hay colegios concertados porque no son rentables”, añade.
Durante más de una década, Villa trabajó en centros rurales agrupados de la zona de Ponferrada, aulas unitarias donde conviven niños y niñas de diferentes edades y la naturaleza idílica de los valles de Babia y Laciana. Para ella significaba despertarse a las seis y media de la mañana. A veces, con nieve en el camino. Cien kilómetros de viaje para llegar a Villaseca o a Olleros. Escuelas modélicas enredadas en bosques de la infancia que en algunos casos todavía desprenden los aromas de las viejas minas leonesas clausuradas. “Aprendes de los críos. Ellos te proponen visitar la fuente de no sé qué, o ir a la mina no sé cuál, ya cerrada. Y nos vamos todos juntos, niños, niñas, maestros y maestras. Y por el camino te van contando, mira aquí hay una historia…. Son cosas que han escuchado a los mayores y ellos repiten”, explica. Con sus clases noveladas, Villa revive lo mejor y lo peor de ser maestra en estas pequeñas aldeas. “La escuela rural está vinculada a la tierra. Es todo muy natural y muy agradecido. Todo pivota alrededor de ellas. Por eso, cuando se cierra un centro, el pueblo siente que se muere y la gente se indigna”, lamenta. La maestra también es partícipe de las incertidumbres.
¿Qué diferencias hay entre la escuela rural y la urbana?
En la escuela rural está el germen de la mejor enseñanza. Para empezar, la ratio de alumnos por aula es mucho más pequeña que en la ciudad y puedes atender sus necesidades como lo demandan porque los centros están mejor dotados de material que los urbanos. Y si hablamos de un colegio rural agrupado (CRA), donde hay clases unitarias, verás cómo unos niños aprenden de otros. Yo estuve en uno, en Olleros de Sabero, en la vieja cuenca minera leonesa donde hace 30 años vivía mucha gente pero hoy se ha despoblado por falta de alternativas laborales, pero también porque muchos padres piensan que la educación en las ciudades es mejor para el futuro de sus hijos. Yo no lo creo así. Soy profesora de educación deportiva y puede asegurarte que en el colegio de Boñar (León) contamos con un material para trabajar que en muchos centros de Madrid no lo tienen.
El aprendizaje práctico, la relación con el entorno, ¿es una enseñanza fundamental en la escuela rural?
Claro, claro. Son niños muy vivos, que salen del aula mucho, que conocen muchas plantas y animales porque conviven con ellos. Entienden la ganadería, a las gallinas y a los pájaros. A estos críos no tienes que enseñarles lo que es la comida saludable porque comen sus propias lechugas, lo que dan sus huertos, su leche, sus huevos. Aprenden lo que siempre hicieron sus abuelos. Dar clase en el mismo aula a chicos y chicas con distintas edades, y ver cómo aprenden unos de otros, se ayudan, cooperan, juegan juntos y hasta celebran fiestas preciosas es muy bonito.
Las actividades que se realizan no tienen nada que ver con las que hay en las ciudades, donde muchos padres apuntan a sus hijos para tener tiempo para ellos
La escuela es el lugar en torno al que gira la vida de muchos pueblos.
Es que la escuela rural está vinculada a la tierra. Es todo muy natural y muy agradecido. Es donde se organizan las fiestas y representaciones, muchas relacionadas con las cosechas y la naturaleza. A finales de octubre o principios de noviembre organizamos la fiesta de 'magosto', de la castaña. Los niños y niñas las meten en los tambores viejos de las lavadoras y allí las asan. Es todo un acontecimiento popular. En Boñar, tuvimos un proyecto que consistía en vincular las fiestas con el entorno. Las actividades que se realizan no tienen nada que ver con las que hay en las ciudades, donde muchos padres apuntan a sus hijos a actividades para tener tiempo para ellos. En realidad, son centros de socialización donde se apuntala el valor colectivo. Todo pivota alrededor de ellas. Por eso, cuando se cierra un centro, el pueblo siente que se muere y la gente se indigna.
¿Ha vivido algún cierre?
Uno. Y es tristísimo, aunque en Castilla y León intentan mantenerlos abiertos aun con solo cuatro o cinco alumnos.
¿Recuerda su primer día de trabajo?
Sí, claro. Fue estupendo. Y me sorprendí por la enorme cultura que tienen los chavales y por la rapidez con la que pillan las cosas. Tienen una sabiduría como de personas mayores. Se les nota que pasan muchas horas al día con los abuelos y con los vecinos. Saben cosas sobre las que muchos chicos de su edad que viven en la ciudad no tienen ni idea. En un pueblo todos cuidan de sus pequeños y les transmiten una cultura general muy sabia.
Vaya escuela de la vida para usted, ¿no?
Mucho. Como tienes mucha libertad para realizar actividades fuera del colegio, son ellos los que te hacen rutas y te descubren cosas muy bonitas. Son ellos los que proponen visitar la fuente de no sé qué, o ir a la mina no sé cuál, que ya está cerrada. Y nos vamos todos juntos, niños, niñas, maestros y maestras. Y por el camino te van contando, mira aquí hay una historia…. Son cosas que han escuchado a los mayores y ellos repiten. Aprendes mucho de ellos y eso es muy bonito.
¿Se ha arrepentido alguna vez de haber tomado la decisión de dejar la ciudad?
No, para nada. Nací en Madrid pero tengo ascendencia familiar de León y siempre tuve muy claro que quería volver a esta tierra. Y tuve opciones de trabajar en Madrid porque allí estoy muy bien posicionada en las listas, pero no vuelvo. Aquí estoy muy bien pese a que lo tengo más difícil para trabajar porque soy interina y en Castilla y León piden muchos requisitos que dan puntos para obtener una plaza.
¿No le importa desplazarse todos los días, como ha hecho durante años, a lugares como Villaseca de Laciana, a 100 kilómetros de su casa; o a Boñar, que está a 50 kilómetros?
No, porque soy feliz. Cuando estuve en esos pueblos me levantaba a las seis de la mañana, me montaba en mi Fiat Stylo y a la carretera. Me daba igual que nevara. Iba siempre a trabajar. Bueno, en realidad nos obligaban. En el aula unitaria de Villaseca no faltaba ni un crío. Llegaban con la nieve hasta la cintura. En Boñar era distinto porque venían en autobús desde varios pueblos de los alrededores y cuando nieva, muchos no pueden llegar al colegio y se quedan en casa. Pero los viajes no son tan duros como parece porque el paisaje es muy bonito. Pasas por los valles de Babia y Laciana y se te hace llevadero. Siempre me lo he tomado con filosofía.
¿Y qué desventajas encuentra un maestro rural respecto a lo que puede encontrar en un centro urbano?
A mí me cuesta encontrarlas. Quizá el transporte. No lo digo por el gasto económico sino por la carretera. Ten en cuenta que Castilla y León es muy grande y hay grandes extensiones que están despobladas. En invierno, nieva. La mayoría concursa para trabajar cerca de su casa y en esta comunidad autónoma piden muchos requisitos para obtener plaza. Llevo 12 años de interina y cada año tengo que esperar a ver a dónde me mandan. Imagina que me sale plaza en Palencia. Pues no podría ir cada día desde León sino que tendría que trasladarme a vivir allí. Por el momento he tenido suerte y recorrer 100 kilómetros para llegar al colegio no me supone esfuerzo. Tardaba una hora y cuarto, menos de lo que en Madrid emplea mucha gente para llegar a su puesto de trabajo.
Doce años en la escuela rural dan para mucho.
Bueno, el último año he trabajado en un colegio grande de León. Pero sí, es toda una experiencia. Cuando daba clases en Villaseca de Laciana hasta rompí aguas y casi doy a luz en el colegio. Sería por el estrés y los viajes. No lo sé. El médico ya me había advertido de que tenía que descansar pero coincidió con la evaluación y no quería faltar. Así que tuvimos que ir al médico de Villablino. Allí me preguntaron dónde quería tenerlo, si en Ponferrada o en León, como les dije que en León me dijeron si quería ir en coche o en ambulancia. Yo preferí viajar en coche y allí me metí con la jefa de estudios y el director del centro que estaba de los nervios. Para tranquilizarlo, nos pusimos a hacer la evaluación (risas). Al final todo salió muy bien y dos horas después tuve una hija estupenda.
¿Cree en la educación pública?
Sí, por supuesto. En la que no creo es en la concertada. Pienso que no debería de existir. O pública o privada. Punto. ¿Por qué tengo que pagar con mis impuestos a personas que ejercen de maestros sin opositar? ¿Y quién elige a esas personas para que puedan trabajar? Si es un colegio privado que hagan lo que quieran pero que funcionen así los concertados no lo entiendo. En la escuela rural no existe la educación concertada porque no es rentable y es dónde se ve con claridad que la pública funciona muy bien porque tiene financiación. Soy partidaria de la escuela libre y participativa.
Los mejores resultados en España del Informe internacional para la evaluación de estudiantes (PISA) siempre proceden de las escuelas y los colegios rurales.
Y dentro de España, de Castilla y León. Y dentro de Castilla y León, de la escuela rural.
Son ustedes como Finlandia.
Sí (risas). Son chavales que van bien en el instituto y después en la universidad. Son pocos, les gusta aprender, se ayudan entre ellos y la metodología es buena. Si a eso añadimos que las maestras y maestros también están preparados, pues el resultado tiene que ser positivo. Cuanto más rural, más libertad de cátedra y mejor.
¿Se considera una trabajadora esencial?
Si, por supuesto. Sin educación no hay posibilidad de progresar en este mundo.
miércoles, 21 de julio de 2021
Modernización y regresiones (Manuel Menor)
Publicamos este artículo del compañero Manuel Menor
Volvemos
a donde solíamos
Esta forma de moverse no
siempre garantiza seguridad, sino más bien inmovilismo, regresividad y miedo a
otras posibilidades de convivencia.
Vuelven los niveles
estadísticos del mes de febrero en cuanto a contagios, incidencias
hospitalarias y demás aspectos significativos de lo que ya es la quinta
ola de la Covid-19. Se renuevan, en el
plano político, los pretextos de repulsa contra el nuevo Gobierno que estrena
sus pasos mientras recibe los primeros recursos europeos para afrontar la
recuperación económica; el Apocalipsis se queda corto en las invectivas que
lanzan las tres derechas de la derecha, reduplicando la inquina en que se queda
corto el manual que alguien reunió a cuenta de Schopenhauer como El arte de insultar. Y vuelve, a su vez,
el cansancio de oyentes hartos de este pim-pam-pum banal que ni pretexto es de
oposición; cuando en asuntos como el de Cuba, por ejemplo, se ve a todo el
mundo con una santa inocencia que no se cree nadie, lo menos insensato es salirse
de la reyerta nominalista a cuenta de la democracia/dictadura.
A Ulfe
En medio de tanta vuelta tonta, merece la pena recordar que se
reedita A Ulfe, el libro en que Julia
Varela analizaba en 2004 la eficiencia que la educación escolar tuvo en una zona
rural de la Ribeira Sacra muy próxima a Chantada (Lugo). El título responde al
topónimo de una pequeña aldea hoy deshabitada, vacía de gente -como ha dado en
decirse de buena parte de España- y llena de zarzas, que en los años cincuenta
y sesenta tenía mucha vida humana y una escuela con bastantes criaturas. Han
crecido, y Julia, natural de esa aldea, tuvo la feliz idea de preguntarles por
lo que aquel tiempo escolar significó para ellos, cómo eran sus maestros y
maestras y en qué medida lo allí enseñado les ha servido para sus vidas después
de haber visto tantos cambios en su ecosistema social y económico.
Haber nacido en esa aldea, conocer desde la infancia a los
interlocutores-testigos, y haber experimentado muchas de sus mismas sensaciones
ante lo acontecido no siempre es el mejor modo para mirar qué acontece; muchas
veces, es el principal obstáculo para la disposición a descubrir y conocer
mejor el entorno. En este caso, ha servido de pretexto, razón y condición
principal para situarse en disposición abierta a la curiosidad y a las mejores
preguntas y, también, a la expectativa de las mejores ideas para un posible
cambio de actitud respecto al futuro de ese medio.
A Ulfe no es una guía turística para ver un paisaje bello y con buenos
ejemplares monumentales del pasado, o para degustar algunos de los frutos
afortunados del residual agro gallego, en un enclave privilegiado. No es,
tampoco, uno de los libros de moda para lamentar melancólicamente un tiempo ido
o para figurar entre quienes de modo
oportunista tratan ahora de paliar los problemas que tiene la España vacía. A Ulfe es un libro de sociología de ese
mundo rural, en que se pueden ver en directo, en las voces de sus protagonistas,
y escrito a modo de relato en que se trenzan muchas entrevistas, cómo eran sus
hábitos de vida, la magnitud de las modificaciones a que han sido sometidos y,
en medio, el papel que en ello desempeñó
su tiempo de paso por el espacio escolar. Esta perspectiva es la que más
interesa a cuantos de algún modo tienen algo que ver con el mundo educativo,
bien porque ya lo han pasado y les puede ayudar a entenderlo, bien porque están
en trance de que les interese a fondo para sus propios hijos. El objeto
principal de este análisis sociológico es el valor que haya tenido lo recibido,
la escuela pública a que hayan tenido acceso y, en definitiva, la jerarquía del
aprecio que tenga en la vida colectiva.
¿La casa de todos?
Este libro es especialmente recomendable para cuantos estiman que
la escuela de aquellos años era sensiblemente mejor –de más “nivel”, suelen
decir- que la que ha venido después de la CE78 (Constitución Española de 1978),
con sus reformas y contrarreformas; que estas no nos gusten en bastantes de sus
dimensiones, no es pretexto para que aquella vida escolar de entonces fuera mejor
o simplemente buena; no la redime de las enormes deficiencias que tuvo para
quienes la soportaron. No es un libro partidista –en el sentido estricto del
término-, sino un libro crítico, muy apto también para cuantos desde el campo
de las preocupaciones políticas traten de poner remedio a algunos de los
problemas importantes que sigue teniendo el sistema educativo actual, después
de casi ochenta años. Muchos de los aspectos que testimonia, idénticos a los
que ya había descrito Luis Bello en los años veinte, estaban, por tanto, muy
desfasados en el tiempo y en el trato a los chicos y chicas que acudían a las
escuelas.
Sería una lástima que, en el momento actual, prosiguiera similar
despropósito ahora que la escolarización es accesible a todos y todas, y que
siguiera desaprovechándose un tiempo tan amplio como el que ahora alcanza,
hasta los 16 años como mínimo. De la pobre rentabilidad de aquella escuela hay
amplia información cualitativa en este libro; de su cuantificación, hay
constancia sobrada, igualmente, en estudios de Xurxo Torres y José Antonio
Caride. De cómo todo ello ha tenido repercusión en el tratamiento real del
paisaje rural y, en general, en los
atrasos culturales que tenga esa área territorial y todo el país, también hay
huellas abundantes en los Informes PIAAC, de la OCDE.
Nada es gratuito y todo se interrelaciona; la COVID-19, al
desmantelar muchos de los convencionalismos en que nos movemos regresivamente
pone en valor la consistencia de lo que hayamos construido. Por demás, ha
traído al recuerdo al Benedetti de La casa
y el ladrillo (1976) citando al
Brecht que había dicho: “Me parezco al que llevaba el ladrillo para mostrar al
mundo cómo era su casa”; estaba en el exilio, era consciente de que le habían
confiscado la palabra y el horizonte, y que no podía explicarse coherentemente nada
de lo que realmente le importaba. Con tanta repetición de vueltas a un pasado inane, hemos aprendido
que en aquella escuela de ausencias estuvo el no saber cómo podía haber sido la
casa educadora de todos; las rutinas que, según el análisis de Julia Varela,
impusieron a varias generaciones de españoles, además de desbaratar esa posible
experiencia, quieren hacernos creer que deben seguir estando ahí, para que
aceptemos que lo mejor que puede pasarnos ahora debiera ser lo que entonces era. ¡Atentos!
Manuel Menor Currás
Madrid, 14.07.2021
domingo, 13 de septiembre de 2020
Las familias rechazan la mezcla de edades en clase para rebajar las ratios, pese a que es una práctica habitual en la escuela rural (Daniel Sánchez Caballero para ELDIARIO.ES)
Algunas familias urbanitas se han encontrado una novedad con la que no contaban este inicio de curso. Sus comunidades autónomas han dado permiso a los colegios –bajo su propia elección– para crear lo que se llama "grupos mixtos" (aulas multigrado, en un término algo más técnico), clases en las que se mezclan niños de diferentes edades. No ha gustado mucho, explican desde la FAPA Giner de los Ríos, hasta el punto de que en algunos centros, por ejemplo, en el Loranca de Fuenlabrada, en Madrid, se han deshecho estos grupos por las quejas familiares. Los dedos de la mano se han quedado escasos para contar las peticiones que acumulan en este inicio de curso miles de firmas para que estos grupos desaparezcan y se hagan desdobles estándar.
El problema, explican algunos responsables de centros, es que no es tan sencillo como querer hacerlo. La primera evidencia es que hacen falta profesores: al menos uno por cada nuevo grupo que se crea. El siguiente requisito imprescindible es el espacio físico. El primer aspecto es complicado, aunque las administraciones se están poniendo las pilas a última hora con las contrataciones; el segundo es una imposibilidad física.
Madrid fue de las primeras regiones en permitir esta medida, pero no la única. Al menos en Aragón, Asturias, Catalunya, la Comunitat Valenciana, Castilla-La Mancha, Baleares, Asturias, Canarias y Andalucía se ha dado permiso también a los centros para hacerlo si lo consideran necesario, según fuentes de CCOO. En algunas ya estaba permitida de manera ordinaria. En sus instrucciones, las comunidades han pedido a los colegios que mantengan un cierto orden en las reagrupaciones: los del segundo ciclo de Infantil (3-6 años) se pueden mezclar entre sí; en Primaria se limita a los ciclos dentro de la etapa. Los de 1º con los de 2º, 3º con 4º y 5º con 6º.
"Yo sabía desde junio que íbamos a tener que hacerlos", explica Daniel Flórez, director de un colegio en San Fernando, en Madrid. "No nos queda más remedio porque no tengo espacios para meter más grupos". En su centro hay nueve niveles (tres de Infantil y seis de Primaria) con dos líneas por nivel. Para reducir las ratios a 20 alumnos por aula –como acordaron Ministerio de Educación y comunidades autónomas en su última reunión, a finales de agosto– y no mezclar edades necesitaría nueve espacios más como aulas (uno para cada nivel), que en su centro no existen. De hecho, explica Flórez, han creado cinco grupos extra respecto al año pasado y cuatro de ellos han tenido que desplazarlos a espacios municipales más o menos cercanos al colegio. "En mi caso, habría dado igual los profesores que mandaran", explica.
Las familias protestan por esta situación en un doble plano. Por un lado, creen que educativamente es un paso atrás para sus hijos. "La creación de grupos mixtos va en detrimento de la calidad de la enseñanza pública"; "Se vulnera el derecho de los niños a seguir una educación similar a la del resto de sus compañeros"; "Es un parche que no atiende a las necesidades de nuestros hijos", se repiten los argumentos. "Estamos recogiendo muchas inquietudes de las familias", confirma Carmen Morillas, presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres Giner de los Ríos de Madrid. "De la incertidumbre y la falta de información hemos pasado al enfado". Dolores Álvarez, directora del colegio Asturias, en Gijón, también ha recibido estas quejas. "Cuando vienen, les explico que se hace habitualmente en la escuela rural", cuenta.
Por otro lado, lamentan los padres que se haya hecho todo con tanta improvisación, en el último momento. "Nos estamos encontrando esta situación en los colegios, avisados a última hora y sin margen de maniobra para exigir una solución razonable", cuentan desde el AMPA del colegio Antonio Machado de Colmenar Viejo, en Madrid. Esta queja la comparten los docentes, extensible al resto de situaciones que se están encontrando. Después de pasarse el verano preparando el colegio para un protocolo, la conferencia sectorial de finales de agosto modificó las reglas de juego: todo lo que habían hecho en los centros resultó casi en balde.
Habitual en la escuela rural
Esta propuesta ha sorprendido a algunas familias. Sin embargo, es una realidad que funciona con éxito en la escuela rural. En los Centros Rurales Agrupados (CRA), los grupos mixtos son una realidad –forzosa– desde siempre, podría decirse. Si tienes 15 alumnos de 7 niveles diferentes, no puedes a crear siete clases de dos personas. Allí se hace de la necesidad virtud, explican los profesores que han pasado por alguna de estas aulas. Catalunya, Aragón y Andalucía, por sus características geográficas y demográficas, son algunas de las regiones donde más escuela rural hay.
"Antes esto era lo normal", sostiene la catedrática de Psicología Educativa de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid Elena Martín, "pero según se fue estratificando la sociedad fuimos a lo sencillo, que es agrupar por edades. Pero esa rigidez no tiene justificación, unificar personas por edades es artificial en la sociedad", argumenta.
Entre los profesionales de la Educación hay opiniones para todos los gustos respecto a la conveniencia o no de formar estos grupos. Martín asegura que es una medida positiva y explica que "las teorías del desarrollo humano lo que ponen de manifiesto es que tener una persona que tiene un poquito más de desarrollo que tú es la clave del desarrollo", y desgrana el concepto "desarrollo próximo": "Una persona que sabe algo más que tú aporta lo que a ti te falta, pero sin pisar lo tuyo; tú pones tu parte".
Pegado al terreno del aula, Flórez no está muy de acuerdo. "No es lo deseable y no le veo ningún sentido. La diferencia madurativa y de desarrollo es muy grande en las etapas más pequeñas", sostiene. Y añade otro elemento no estrictamente educativo: "Lo más preocupante, lo que más nos ha costado, ha sido romper el grupo, separar a algunos".
En una posición quizá intermedia está Dolores Álvarez, directora del colegio Asturias de Gijón. Allí han creado dos grupos mixtos (uno en Infantil, de 4 y 5 años, otros en Primaria para 5º y 6º), lo cual no ha encantado a las familias, según contaba la prensa local. Álvarez entiende las reticencias de los padres, explica al otro lado del teléfono: "Tienen reticencias porque creen que unos no llegarán o los otros se quedarán cortos", explica. Pero no coincide: "Entiendo que es una solución que se está adoptando por necesidad y que se está haciendo en muchos sitios. A los padres con dudas les hablo de la escuela rural, donde es una práctica habitual, y se benefician todos de todo por la mezcla de edades. No lo veo perjudicial, los pequeños son como esponjas. Que estén mezclados uno de 4 años y otro de 5 creo que beneficia al de 4, pero no perjudica al de 5". Y cierra: "Yo no lo elegiría, me gustan los grupos por edades, pero no me parece negativo".
El problema de la elección de los alumnos que iban a salir de su grupo habitual no se circunscribe a los grupos multigrado, pero se da en ellos con más fuerza, explican algunos docentes, porque al desconcierto por haber sido sacados de sus clases los alumnos suman verse con otros más pequeños o más mayores. Flórez cuenta que en su caso, como ya lo veía venir, preparó el terreno. "Hemos hecho estos nuevos grupos con criterios pedagógicos y emocionales. Hemos formado grupos heterogéneos, que fueran lo menos problemáticos posible (alumnos consolidados, sin necesidades educativas especiales, por ejemplo) y cuidando el aspecto emocional, moviendo juntos a mejores amigos o hermanos", explica. Ha funcionado. "El 90% lo ha acogido bien, aunque creo que también influye que venimos de un trabajo previo de años, las familias saben que este es un colegio participativo y democrático", cuenta.
Las aulas multigrado no son una novedad solo para los alumnos. Para algunos maestros, la mayoría, será su primera experiencia y puede suponer un problema, aunque también tienden a entender la situación. "Lo han asumido todos", confirma Álvarez, la directora del CEIP Asturias. "Igual que llevamos desde el día 1 haciendo labores solidarias, que no nos corresponderían, antes de nuestro trabajo pedagógico. Es lo que nos toca". En general, excepto algunas experiencias en universidades asociadas al mundo rural, como la Universidad de Zaragoza, donde se han desarrollado programas específicos, en las Facultades de Formación del Profesorado no es habitual que se enseñe a trabajar en un aula multigrado.
La ventaja que tienen es que tampoco aterrizarán en una realidad como la de la escuela rural, que mezcla edades en clase sin cortapisa. Aquí no habrá más diferencia de un año en Primaria y dos en Secundaria. "Es cierto que es más complicado dar clase así, requiere un tiempo de adaptación la primera vez", explica un maestro de un CRA. "Cuando explicas algo a unos tienes que tener actividades para los otros, necesitas tener el temario muy organizado", pone como ejemplo.
Tal vez por eso, Flórez ha elegido a los profesores con más experiencia en el centro, con los que más familiarizados están los alumnos, para estos grupos. Cree que les hará sentir más cómodos. También habrá en sus aulas un profesor de refuerzo, rol al que él mismo se ha prestado. Está funcionando, cuenta. "Los chavales son unos supervivientes. Solo querían volver al colegio, los vemos contentos. Les hemos puesto [a los que han tenido que cambiar de grupo] la profe de psicomotrocidad, que les gusta mucho. Ellos ven a la profe Irene y están contentos", cierra.
viernes, 14 de febrero de 2020
20-2-2020: Conferencia ¿Quién pensaba en pensar? La Escuela Nacional de Instructoras Rurales “Onésimo Redondo” (18:00 h, en la sala Farinelli del Teatro Real Carlos III. Aranjuez)
sábado, 8 de febrero de 2020
Urbanocentrismo (Manuel Menor)
sábado, 21 de septiembre de 2019
Nota de prensa. Convocatoria de paros indefinidos desde el 23S en el CEIP Montelindo de Bustarviejo
sábado, 14 de septiembre de 2019
miércoles, 26 de septiembre de 2018
29-9-2018: V Jornadas Educativas de la Escuela Rural madrileña (de 9:00 a 17:30 h, en el Salón de Actos del Ayuntamiento.Camino del Real de Bustarviejo nº 2. Navalafuente)
Puedes descargar el díptico de la convocatoria en este enlace.
sábado, 26 de mayo de 2018
Colegios rurales: CP Ángel Gómez de Andrés
viernes, 22 de julio de 2016
Documentos de las IV Jornadas de "La Educación que queremos" (Mareas por la Educación Pública)
- Conclusiones conciertos educativos.pdf
- Conclusiones conciertos educativos.jpg1
- Conclusiones conciertos educativos.jpg2
- Conclusiones grupo de trabajo Enseñanza de lenguas extranjeras.pdf
- Conclusiones grupo de trabajo Enseñanza de lenguas extranjeras.jpg1
- Conclusiones grupo de trabajo Enseñanza de lenguas extranjeras.jpg2
- Conclusiones Universidad OCDE UE.pdf
- Conclusiones Universidad OCDE UE.jpg1
- Conclusiones Universidad OCDE UE.jpg2
- Grupo FP provisional.pdf
- Grupo FP provisional.jpg1
- Grupo FP provisional.jpg2
- Grupo FP provisional.jpg3
- Grupo FP provisional.jpg4
- Grupo Acuerdo educativo.pdf
- Grupo Acuerdo educativo.jpg1
- Grupo Acuerdo educativo.jpg2
- Grupo Acuerdo educativo.jpg3





















