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domingo, 8 de marzo de 2020

Educación de supervivencia para menores extranjeros no acompañados (Rodrigo Santodomingo para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

Reproducimos este reportaje de ELDIARIODELAEDUCACION.COM
Los menores extranjeros no acompañados (MENA) como ninis a la deriva. Como vándalos que atemorizan respetables ancianas. Desarraigados sin ley ni afán integrador. Delincuentes por vocación. Inmorales que roban, violan y agreden con alegría. Absolutamente todos ellos. Sin excepciones ni matiz alguno.

En el epicentro del estigma se halla el Centro de Primera Acogida (CPA) de Hortaleza (Madrid). La ultraderecha convirtió hace unos meses esta residencia-escuela en su diana antinmigración. El discurso alarmista, casi apocalíptico, caló entre amplios sectores. Se habló mucho de granadas sin explotar y de navajas. De disolvente esnifado y kabuki (mezcla de hachís y benzodiacepinas). Y poco, muy poco, de educación. “Engrosamos la página de sucesos”, resume Ana Pérez Vaquero, educadora social en el CPA.

Quedamos con ella y su compañero Jose Santos en una cafetería del centro de Madrid. Tras esa sobredosis de amarillismo, la exposición mediática del centro como institución está bajo mínimos. Visitarlo es misión imposible. Tampoco logramos hablar con la directora de la escuela, que depende de Educación. Nuestros intentos se pierden entre llamadas infructuosas a la Dirección de Área Territorial de Madrid-Centro y correos sin respuesta a los responsables de prensa de la Consejería.

Santos y Pérez Vaquero insisten, antes de explicar la acción educativa del centro, en aclarar confusiones frecuentes. Ante todo, Hortaleza no es un lugar exclusivo para MENA. Allí se acoge, en principio, a todo tipo de menores de entre 15 y 18 años que requieren cobijo administrativo. Además, su denominación ‘primera acogida’ resulta clave para entender lo que allí ocurre (y, más importante, lo que no debería ocurrir). “Lo equiparamos a las urgencias de un hospital. En teoría, nuestra labor pasa por observar, valorar y derivar a los chavales a otros lugares”, explica Santos.

Proyecto migratorio

El recorte en la red de plazas de destino específicas para MENA -donde aterrizan una vez han pasado por el CPA- está provocando un efecto embudo. Red que componen, básicamente, el Centro de Adaptación Cultural y Social (Cacys) Manzanares y pisos tutelados u otras modalidades de convivencia. “En 2008 se anularon 300 plazas; ahí está el huevo de la serpiente”, cuenta Pérez Vaquero. Como no hay dónde enviarles, algunos llegan a estar en Hortaleza más de un año. El centro fue concebido para 32 chavales. Ahora son casi 80; en 2019 se superaron los 140. “Hemos pasado de una metodología basada en la individualidad a hacer valoraciones grupales”, añade Santos.

Este desbordamiento implica, a su vez, que los adolescentes madrileños separados de sus familias por conflictos de toda índole (es decir, los que no son MENA) ya no van a Hortaleza. Acceden directamente a su propia red de protección “sin haber sido estudiados por nuestro equipo multidisciplinar de psicólogos, personal médico, técnicos de tutela, educadores sociales, profesores…”, continúa Santos. Pérez Vaquero alerta del riesgo de que este perfil se cronifique en ausencia de una intervención “intensiva” temprana: “Las primeras semanas son clave; es entonces cuando valorábamos cada caso y mediábamos con la familia, procurando, siempre que fuera posible, que el chaval volviera a su casa”.

Así que en los últimos tiempos Hortaleza se está convirtiendo, de facto, en un centro solo para MENA. Un colectivo de por sí tremendamente diverso, con 39 nacionalidades y experiencias variopintas. Hay muchos magrebíes, pero también subsaharianos, asiáticos… “Nuestra principal herramienta de trabajo es Google Translator”, dice (medio) irónico Santos. Aproximadamente tres de cuatro son chicos.



En ese puzzle policromático, un elemento constante cohesiona a la gran mayoría. “El 90% vienen a España con un proyecto migratorio positivo. La gran injusticia ha sido asociar al conjunto con una minoría disruptiva”, asegura Pérez Vaquero, que rechaza tanto la criminalización del menor extranjero por el hecho de serlo, como el “buenismo” que niega si quiera que esa minoría exista. O que, si acaso, la victimiza porque, en el fondo, se trata de “seres angelicales”. Hay, explica, un 10% de chavales conflictivos que “generan un modelaje muy perverso y crean un efecto contagio entre el resto”.

Pérez Vaquero no se anda con medias tintas al reclamar una “respuesta conductual y legal muy potente” que impida que unos pocos logren “envenenar” el ambiente dentro y fuera del CPA y, al final, amparen la “xenofobia”. Quizá, reflexiona, “algunos vecinos tienen derecho a estar enfadados”.

La rutina como eje

El enfoque pedagógico de Hortaleza -procurando siempre la máxima sintonía entre escuela y residencia- gira en torno a un eje inamovible: estructurar el tiempo. Horarios estrictos y lugares fijos. Organización sustentada en la reciprocidad derechos/deberes. La masificación, advierten, está tensando la cuerda de este principio básico. Y demasiadas veces se rompe.

(Pérez Vaquero) “Cuando teníamos 30 y pico chavales, todo funcionaba a la perfección. Hasta nos dieron una mención de excelencia educativa”.

(Santos) “Hay espacios de formación que se han ido llenando de literas, espacios de ocio [futbolín, etc.] repletos de colchonetas. Cuando quieres dar un taller, te tienes que ir al comedor. Y cuando toca comer, hay que hacer varios turnos. Tú intenta hacer una dinámica de grupo afectivo-sexual con 50 chavales…”.

Encontrar soluciones creativas de urgencia deviene a veces en norma. Frente a precariedad, los profesionales de Hortaleza trabajan en un encaje de bolillos sin fin. Son muchos y muy complejos los frentes educativos abiertos. Los chavales aprenden a convivir mientras manejan su propia autonomía: cuidado personal, limpieza, cocina. Han de gestionar su dimensión psicoemocional y problemas concretos consecuencia de vidas al límite. Deben hacer frente al papeleo imprescindible para estabilizar su situación en España.

Y claro, tienen que formarse. Adentrándose en el español mientras se preparan para un futuro laboral inminente. Idioma y FP son los leit motiv de una batería de intervenciones que combina educación formal y no formal como caras de la misma moneda.

(Pérez Vaquero) “La alfabetización que hacemos bebe mucho de [Paulo] Freire y [Maria] Montessori. Se trata de asociar el aprendizaje del idioma a la emancipación personal, a la vida cotidiana, a lo vivencial y lo manipulativo”.

(Santos) “La mitad, más o menos, van a la escuela; el resto intentamos que estén escolarizados en una UFIL (unidad de formación e inserción laboral), aunque hay las plazas que hay. Cuando esto no es posible, acuden a talleres que diseñamos nosotros”.

Cuando teníamos 30 y pico chavales, todo funcionaba a la perfección. Hasta nos dieron una mención de excelencia educativa

Para la faceta puramente integradora -esencial entre los MENA-, el CPA ha hilvanado lo que Pérez Vaquero llama una “red de desarrollo comunitario”: espacios externos formativos y de ocio “no consumista”, salidas culturales, convenios con entidades como la Fundación Real Madrid. El deporte, cuenta la educadora, se antoja (especialmente en Hortaleza) una “herramienta educativa muy poderosa”, con su fusión de sociabilidad, compañerismo y respeto a las normas.

Santos y Pérez Vaquero claman por un profunda revisión del “modelo de integración social” que impera en los últimos tiempos. Con toda su heterogeneidad, los MENA como colectivo podrán insertarse y desarrollar su potencial si atendemos, precisamente, esa individualidad mediante “itinerarios de integración personalizados”, apunta Pérez Vaquero. En Hortaleza, la prioridad pasa ahora por mantener a flote una sensación de normalidad y respeto. Que no es poco.


Cuando droga y conflicto van de la mano

Casi todos los chavales que crean problemas graves en el CPA Hortaleza arrastran trastornos de adicción. Algunos, además, huyeron de su país para escapar del control paterno, sin un horizonte claro más allá. Ambas circunstancias se combinan para generar entre esa “minoría disruptiva una sensación de que son anómicos, de que pueden hacer lo que les dé la gana”, asegura Pérez Vaquero. La fantasía de que uno está por encima del bien y del mal, añade, dificulta tremendamente la propia integración.

Desde Hortaleza están hartos de repetir a las administraciones que allí no pueden atender debidamente a adolescentes adictos o con otro tipo de trastornos. Que estos tienen que ir a centros especializados o que, en caso de que no acepten voluntariamente, habrá que adoptar con ellos medidas más drásticas. “Es casi imposible controlar aquí a chavales con problemas de consumo o una patología mental. Nuestra misión pasa por detectar el problema, no por tratarlo”, añade Santos.

No haber dado salida adecuada a estas tensiones explica, en buena medida, que la ultraderecha haya podido escupir argumentos al atacar despiadadamente a los MENA en su conjunto. Residentes y trabajadores han vivido con rabia y tristeza la criminalización del colectivo orquestada por Vox, así como el consiguiente circo mediático. “Hemos sido la excusa de un show social”, explica Pérez Vaquero. “A los educadores nos han grabado minuto y medio, y luego los tertulianos se han explayado sobre el tema, entre sus opiniones sobre moda y ‘Supervivientes’. El tema requiere menos manipulación y demagogia, y más acción”.

jueves, 5 de diciembre de 2019

PP y Vox no firman un texto de condena contra el ataque al Centro de Menores en Hortaleza (CUARTOPODER.ES)

Reproducimos este artículo de CUARTOPODER.ES


El PP y Vox se han negado a firmar una declaración institucional en la Asamblea de Madrid condenando el ataque sucedido ayer contra un centro de menores en el distrito de Hortaleza. La declaración, que había sido impulsada por Unidas Podemos-IU, contaba con el apoyo de Más Madrid, PSOE y Cs. Este tipo de declaraciones se pactan antes y se requiere unanimidad para leerlas en el Pleno.

En declaraciones a los medios, la portavoz de UP, Isabel Serra, ha lamentado que la Asamblea de Madrid no condene estos hechos. "¿Qué pasaría si esto no hubiera sido contra niños pobres y migrantes sino en la Puerta del Sol. Estoy segura de que PP y Vox saldrían inmediatamente a condenar los hechos". Serra ha recordado al Gobierno que la situación en el centro se lleva degenerando desde hace tres años". Ha destacado que los trabajadores han pedido mejoras en las políticas públicas y cumplir con la Convención de los Derechos de la Infancia. Además, ha condenado los discursos de odio y ha pedido a los medios de comunicación que den voz a los niños migrantes solos. "Es la única forma de que la sociedad conozca sus deseos, necesidades y anhelos".

La declaración institucional que se pretendía aprobar es la siguiente:


"La Asamblea de Madrid manifiesta su más rotunda condena y repulsa al atentado sufrido por el Centro de Primera Acogida de Hortaleza el pasado miércoles 4 de diciembre de 2019. Asimismo, se solidariza con los niños y niñas que son víctimas de los discursos de odio, así como con los trabajadores y trabajadoras de la institución.

En este sentido, en primer lugar condena sin ningún reparo los discursos de odio de quienes criminalizan y señalan a los más vulnerables de nuestra Comunidad Autónoma, que constituyen un caldo de cultivo para todo tipo de agresiones. El uso de la violencia, en todo caso, es un ataque directo a nuestro estado de derecho y al sistema de valores que conforman nuestra democracia y cohesionan nuestra sociedad

En segundo lugar recuerda que son los poderes públicos los responsables de garantizar los derechos a la infancia en nuestra región, sin distinguir por origen o procedencia, para que puedan vivir dignamente, y de dotar de recursos públicos al sistema de protección de la infancia en base al “interés superior del menor” y la Convención Internacional de los Derechos del Niño de NNUU".

miércoles, 15 de agosto de 2012

JSM critica los "peligrosos recortes" en los centros de menores porque "afectan a jóvenes especialmente vulnerables"

El secretario general de las Juventudes Socialistas de Madrid (JSM), Plácido Vázquez, ha calificado de "muy peligrosos" los recortes en los centros de menores "porque afectan a jóvenes especialmente vulnerables que necesitan un gran esfuerzo por parte de la Administración y despedir educadores de los centros va en la dirección contraria", ha informado este sábado la organización en una nota de prensa.

MADRID, 11
El secretario general de las Juventudes Socialistas de Madrid (JSM), Plácido Vázquez, ha calificado de "muy peligrosos" los recortes en los centros de menores "porque afectan a jóvenes especialmente vulnerables que necesitan un gran esfuerzo por parte de la Administración y despedir educadores de los centros va en la dirección contraria", ha informado este sábado la organización en una nota de prensa.

En este sentido, las JSM se han pronunciado sobre los recortes en varios centros de menores infractores, ya que "en los últimos días se ha despedido a 22 trabajadores de los centros El Laurel y El Pinar, en Guadarrama y Fuencarral - El Pardo, y se ha cerrado el centro José de las Heras en el distrito de Carabanchel". Todos los centros estaban gestionados por la Fundación Respuesta Social Siglo XXI.

Vázquez ha recordado además que "en los últimos años existe un gran problema con los centros de menores por su privatización encubierta y por las denuncias de malos tratos que han llegado a ser investigadas por el Defensor del Pueblo", por lo que ha exigido al Gobierno regional que evalúe "el funcionamiento del sistema actual" porque "parece estar lleno de fallos gracias a su fundamentalismo ideológico".

Por su parte, el secretario de Política Social de JSM, David Muñoz, ha dicho que "el despido de estos profesionales lo único que provoca es que haya 22 nuevas personas en el paro y que se garanticen peor los derechos fundamentales de las personas internas en este tipo de centros".

De este modo se ha preguntado si "el PP no entiende que tiene que reducir el presupuesto en partidas como publicidad, asesores a dedo y no en centros de menores, sanidad o educación, es decir, en políticas sociales" que es lo que "necesita en este momento la sociedad madrileña" debido a la "gran crisis social y económica que se está atravesando".

Por todo ello, Muñoz ha pedido al Gobierno regional que se garantice "la gestión enteramente pública de los centros de menores" y "un mayor esfuerzo en la transparencia y control" con "una normativa que garantice el control de todo lo que sucede en los centros, ya que ha habido denuncias de torturas y de suicidios que empezaron a ser investigados por el anterior Defensor del Pueblo".

Publicado en lainformacion.com

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viernes, 10 de agosto de 2012

Educadores contra los despidos en los centros de menores de la Comunidad

  • 22 trabajadores fueron despedidos de los centros El Laurel y El Pinar, en Guedarram y Fuencarral-El Pardo
  • El José de las Heras, en Carabanchel, está cerrado desde el 1 de agosto
  • La Fundación de Respuesta Social Siglo XXI gestiona todos los centros afectados
  • La Comunidad arguye que el José de las Heras estaba semivacío
Más de veinte personas se han manifestado a las once de esta mañana frente a la sede de la Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor. El motivo de la concentración ha sido el despido de 22 trabajadores, en su mayoría educadores, de los centros de reinserción del menor El Laurel, en la localidad de Guadarrama, y El Pinar, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, que dependen de la Comunidad, pero que desde enero de 2011 son gestionados por la Fundación Respuesta Social Siglo XXI. Además, otro de los centros gestionados por la fundación, el José de las Heras en el distrito de Carabanchel, está cerrado desde el 1 de agosto.
Entre cánticos de “Trabajo educativo no lucrativo” y “Negligencia por parte de la Agencia”, Ernesto Olmedillas, portavoz de UGT en Intervención Social, ha denunciado que tanto el cierre del “José de las Heras” como los despidos de los trabajadores “no estaban recogidos en el acuerdo de concesión”. Olmedillas apunta que el motivo de los despidos es que la fundación ha buscado prescindir de educadores que gozaban de mejores condiciones laborales que otros de los trabajadores sociales que les han sustituido, “no ha respetado los derechos adquiridos”, ha denunciado Olmedillas.
El acuerdo de concesión de enero de 2011 estipula que el contrato conlleva la gestión integral de cuatro de los nueve centros de menores de la Comunidad; El Lavadero, El Laurel, El pinar y el José de las Heras, “así como la prestación de todos los servicios necesarios, incluidos los de carácter técnico y profesional”. Son estos servicios los que los sindicatos y trabajadores temen que sean incumplidos. Desde la Comunidad se afirma que el conflicto es entre la Fundación Respuesta Social Siglo XXI y sus trabajadores. “Nosotros estamos satisfechos con el servicio. Los menores están siendo atendidos”, aseguran desde la Consejería de Presidencia.
Respecto al cierre del José de las Heras, la Administración arguye que se encontraba a un 30% de capacidad debido al descenso de medidas de internamiento impuestas por los jueces de menores y que “todos los internos serán trasladados a otros centros y los programas que seguían continuarán en sus nuevas ubicaciones”. El José de las Heras estaba especializado en la reinserción en el ámbito de la violencia de género y en la orientación de padres menores de edad. De acuerdo con datos hechos públicos por la Comunidad, durante el último año se ha producido un descenso en el número de medidas judiciales de internamiento impuestas por los jueces de menores. De 767 órdenes de internamiento registradas hasta julio de 2011 se ha pasado a 658 en julio de 2012.
Publicado en elpais.com