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miércoles, 22 de junio de 2022

La educación, en el corazón de las guerras culturales (Nuria Alabao para ctxt.es)

 Artículo de Nuria Alabao para ctxt.es

Ayuso usa el campo educativo para enfrentarse al Gobierno con las armas de las derechas radicales de medio planeta. Su mentora, Esperanza Aguirre, aumentó el fracaso escolar un 30% mientras el gasto por estudiante era el más bajo de España

15/06/2022

Isabel Díaz Ayuso ha tenido que decir con la boca pequeña que sus propios inspectores no han encontrado nada “relevante” en la revisión de los libros escolares a los que había acusado de contener “material sectario” y de “adoctrinar”. Pero como en toda buena guerra cultural, “la verdad no importa, se construye”, dicen las autoras de Spanish neocon: “La lógica de que la verdad no solo no existe, sino que es algo a crear. La producción de verdad es tanto más valiosa cuanto más consenso crea en el nosotros que le sirve de referencia. En consecuencia, producir verdad y gobernar son una misma cosa”. Este es el manual comunicativo de Ayuso, copiado de su jefa Esperanza Aguirre en su etapa neocon, y que hoy forma parte del repertorio de los ultras de medio mundo. No es la primera batalla que lanza contra la educación ni será la última, porque este tema es central para excitar los pánicos morales de los padres y agrupar a los suyos.

Los conceptos que habían provocado el escándalo de Ayuso, como ya es habitual, son los relacionados con la memoria histórica y las cuestiones de género –curiosamente dos de los ejes que Vox utiliza constantemente–, así como otros vinculados a la colonización y el racismo o la ecología. Criticaban el uso de expresiones como “roles de género”, “memoria democrática”, “emergencia climática”, “objetivos de desarrollo sostenible” o “la herencia colonial española”. Una guerra cultural más contra el Gobierno, usada para aumentar su popularidad, cimentada en la confrontación directa y brutal más que en la gestión o el cumplimiento de sus promesas electorales.

Como hemos dicho, tuvo una buena maestra. Esperanza Aguirre ya calificaba la reforma educativa de Zapatero del 2006 y la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía como “un adoctrinamiento”, e incluso se lanzó a decir que la desobedecerían en Madrid. Lanzaba así un guiño a las protestas masivas convocadas por los grupos ultras católicos que batallaban contra el laicismo implícito en la ley. Las movilizaciones estaban convocadas por Hazte Oír y Profesionales por la Ética, pero también por la CONCAPA –Confederación Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos–, una de las estructuras con más capacidad de apoyo a las propuestas de la derecha madrileña. La CONCAPA dice representar a tres millones de familias y básicamente se dedica a defender la enseñanza de la religión católica y la escuela concertada –escuela privada financiada con fondos públicos–. Recordemos la anomalía española de la concertada –en Europa solo existe un modelo parecido en Bélgica, y está mayoritariamente en manos de la Iglesia–. Así que defenderla suele coincidir con proteger el poder y la influencia del catolicismo en la enseñanza. Quizás esta capacidad de movilización y de funcionar como grupos de presión de la CONCAPA y grupos similares sea la que explica en parte por qué ningún gobierno –tampoco este– se ha atrevido a tocar la financiación de la escuela concertada.

En cualquier caso, cuando en España empieza una guerra cultural alrededor de la educación, apenas nadie consigue enfocar los verdaderos problemas. En tiempos de Aguirre, el gasto público por estudiante era el más bajo de todo el país mientras aumentaba el fracaso escolar un 30%. Sin embargo, la presidenta desvergonzada convirtió esta cuestión en un problema “de autoridad escolar”, en una recuperación de la obsesión por el 68 de las distintas ramas de las derechas radicales. ¿Os suena lo del marxismo cultural? También eran tiempos de la Púnica, cuando Francisco Granados –que fue vicepresidente de la Comunidad de Madrid– cobraba los favores a constructores y colegios concertados: su trama corrupta ingresaba casi un millón de euros por cada concesión de nueva escuela. Convirtió así una apuesta política por la enseñanza privada –y sus consecuencias segregadoras en el alumnado con menos recursos– en un problema moral, como se relata en Spanish neocon.

Hoy, el modelo del PP en Madrid sigue siendo el mismo: facilidades a los colegios privados, desarrollo de centros concertados mientras se recortan líneas en la pública o se cierran las escuelas infantiles públicas de 3 a 6 años, mientras se dan becas para guarderías privadas de 0 a 3 años –en Madrid no se ha abierto una sola escuela infantil nueva en las últimos dos décadas–. Pero Ayuso no hablará de ninguna de estas cuestiones, sino que criticará la reforma educativa del Gobierno con palabras grandilocuentes como “están dinamitando el armazón en el que se sustenta la convivencia española”. Hablará también de “ideología de género”, o de conceptos adoctrinadores. Curiosamente, dos de los elementos que la ultraderecha usa en medio mundo para tratar de impedir cualquier avance en educación emancipadora o progresista –sobre todo, con aquellos temas como la educación igualitaria o sexual, o la prevención de violencias machistas que provocan más escándalo moral–. Todo ello convenientemente envuelto en un rimbombante discurso acerca de la “libertad de decidir sobre la educación de sus hijos”, el paraguas más habitual. El PP de Madrid, con Ayuso a la cabeza, no está tan lejos de Vox y su pin parental.

Fundamentalismos y extremas derechas contra la educación progresista

La mayor guerra de género reciente sobre estas cuestiones se desató en 2020, a partir de una propuesta de Vox. Esta medida implicaba que todas las actividades complementarias organizadas en horario lectivo tuviesen que estar autorizadas expresamente por los padres. Esto les permitiría impedir que sus hijos asistiesen a talleres de educación sexual o igualitaria, etc. Fue propuesta por el Foro de la Familia –una plataforma civil ultraconservadora– y Vox la recogió y la planteó como condición para apoyar a gobiernos locales conservadores que necesitan de sus votos para gobernar. Este ejemplo ilustra bien, además, cómo las asociaciones pueden servir de punta de lanza para movilizar en la calle y mediante herramientas de tipo “activista”, exigiendo medidas que luego los partidos ultras llevan adelante. Como no tienen que buscar el voto, estas asociaciones pueden ser mucho más radicales en su lenguaje y propuestas que los propios partidos, como explicamos en esta investigación

Las asociaciones sirven para movilizar en la calle, exigiendo medidas que luego los partidos ultras llevan adelante

Se llegó a aprobar en la región de Murcia, lo que generó una gran guerra cultural en el país, con varias manifestaciones a favor y en contra, aunque en la práctica era casi imposible su implementación. El riesgo más importante es la autocensura de profesores y directores de colegios: ante una posible denuncia o un lío en clase, muchos prefieren no tocar temas “espinosos”. En esta misma campaña, los ultras de Hazte Oír habilitaron una web que animaba a denunciar este tipo de actividades escolares. De España a México, el pin parental fue propuesto allí por la plataforma del Frente Nacional por la Familia en alianza con partidos políticos de derecha. 

Con este tipo de campañas, los ultraconservadores logran incidir sobre las políticas educativas mediante las movilizaciones en los frentes legislativo, judicial o en la movilización de base a través de los grupos de padres. Muchas veces, en estas propuestas confluye el frente moral –contra la laicidad en la escuela– con la mercantilización de la educación. Es decir, las propuestas educativas neoliberales con la pátina conservadora en valores.

De Alemania a América Latina, las asociaciones de padres se han mostrado actores importantes de estas guerras culturales. Por ejemplo, el movimiento “Con mis hijos no te metas”, nacido en Perú contra la educación sexual y que está vinculado al menos a cinco iglesias evangélicas con grandes recursos. Sus campañas se centran en la defensa de la familia tradicional y el ataque a una llamada “ideología de género”. Las políticas conservadoras en educación extienden sus tentáculos para devenir herramientas de poder político. Así, este movimiento participó en una movilización activa en contra del “sí” en el referéndum sobre el Acuerdo de Paz en Colombia –en 2016– y en Uruguay se alineó con el frente contra la nueva ley trans. Este despliegue de distintos focos está relacionado además con una exitosa construcción de alianzas internacionales y transfronterizas entre actores fundamentalistas.

De Alemania a América Latina, las asociaciones de padres se han mostrado actores importantes de estas guerras culturales

Las guerras de género son política por otros medios. En Brasil, la visión ultraconservadora de los contenidos escolares se materializó en la organización Escuela sin Partido, que apoyó a Bolsonaro en su conquista del gobierno. La Escuela sin Partido dice que el profesor se debe limitar a enseñar materias como biología o matemáticas, pero es la familia la que se debe responsabilizar por las bases morales, políticas, sexuales y religiosas de los alumnos. Es decir, se prohibe hablar en clase de temas como el aborto, el embarazo adolescente o el sida, aunque sean problemas reales de los chavales. También implica que la historia se debe enseñar “sin valoraciones”. Un movimiento que ha servido para intentar impulsar el revisionismo histórico, rehabilitando así la historia de la dictadura en ese país. (En España también estamos asistiendo a una guerra para que a los niños no se les explique, de forma profunda, las consecuencias más brutales de la dictadura de Franco). Bolsonaro, apoyado en los sectores políticos evangélicos, prometió convertir esta propuesta en una norma que legalizase además que los estudiantes pudiesen grabar y difundir a los profesores que “ideologizasen” en la enseñanza. Tanto el laicismo como la libertad de cátedra estarían aquí amenazadas. Para Raul Zibechi, esta ofensiva tenía también el objetivo oculto de frenar al movimiento estudiantil y desviar los problemas de las escuelas a la cuestión de la disciplina en el aula y la falta de valores. Nos suena de algo, ¿verdad? Al final, la ley fue detenida en los tribunales por la Corte Suprema, un frente que en Brasil está sirviendo para frenar las peores trapacerías de Bolsonaro. Pero el presidente de extrema derecha no se ha detenido ahí, y su nueva propuesta implica la militarización de las escuelas con el proyecto de implantación de 108 escuelas cívico-militares hasta el año 2023.

El frente educativo es esencial para las extremas derechas de todo el planeta. Como en otras cuestiones –todas las relacionadas con el género–, tiene esa doble función: construir sus bases agitando mediante guerras culturales que provocan adhesión de una parte conservadora o religiosa de la sociedad, y desviar la atención de los problemas educativos reales asociados con la implementación de la óptica neoliberal. Que sean guerras culturales, sin embargo, no implica que no estén tocando temas esenciales para que los jóvenes tengan más herramientas y conocimiento para construirse en libertad. Estas confrontaciones en torno a la educación seguirán. Nos queda defender a capa y espada la laicidad y la libertad de cátedra al tiempo que luchamos para implementar una mayor presencia de cuestiones esenciales como la educación sexo-afectiva en las escuelas.

sábado, 11 de junio de 2022

La mediocridad del modelo educativo de Ayuso (Agustín Moreno para eldiario.es)

 Artículo de Agustín Moreno para eldiario.es

¿Hasta cuándo van a seguir negando los datos y ocultando el desprecio por la educación por incompetencia e intereses? ¿Por qué en vez de abordar estos problemas Ayuso propone censurar libros de texto?

11 de junio de 2022

Si algo caracteriza la educación pública madrileña es la baja inversión, la alta presencia del sector privado y una fuerte segregación escolar. Todo ello ha reducido el peso de la red pública. Y, claro, cargarse la educación pública tiene consecuencias, porque se empieza privatizando y recortando en educación y se acaba en la cola de la calidad.

Es un escándalo que Madrid, siendo la región con mayor PIB, sea la que menos dedica a la educación. Los estudios dicen que el éxito escolar es directamente proporcional a la renta per cápita y a temas tan concretos como los metros cuadrados de librería que tiene una familia. Madrid rompe esta regla a pesar de su ventajosa posición social de salida: la comunidad autónoma más rica obtiene unos flojos resultados en las pruebas objetivas que permiten realizar comparaciones. Los datos demuestran que la derecha desprecia la educación, además de utilizarla para confrontar con el Gobierno central y generar conflicto como hace con su cruzada anti LOMLOE. Veamos.

1. Los resultados de la selectividad (Evau) de 2021 no pueden ser más mediocres. La Comunidad de Madrid ocupa la antepenúltima posición en notas medias, habiendo retrocedido del puesto número 8 al 15. Con la misma Evau de siempre que examina a los alumnos de un currículo de contenidos mínimos y comunes (60%) y una parte que depende de la comunidad autónoma (40%), sin que pueda haber grandes diferencias entre ellas. Y no se puede sostener que el nivel de exigencia sea mayor en Madrid. Los datos lo desmienten porque una cosa es la propaganda política y otra los frutos de la realidad.

2. Los resultados del último informe PISA anterior a la pandemia encendieron todas las luces rojas. Los datos de 2018 fueron muy malos para Madrid, que retrocedió en los tres exámenes respecto a 2015: Ciencias (-29 puntos), Matemáticas (-17 puntos) y Lengua o comprensión lectora (-46 puntos), bajando de la parte alta de la tabla a la media baja. Estos resultados revelan un retroceso en la equidad en Madrid, algo que ha ido empeorando de forma continua.

Lo que sucede no es extraño. La experiencia sueca refleja lo mismo. Se ha privatizado el sistema educativo desde 1991 con dinero público a través de un sistema de cheques escolares que allí se llaman vales de “libre elección”. Ello ha hecho caer en picado los resultados en PISA, aumentar las diferencias en conocimientos entre escuelas y aumentar la segregación escolar. Andreas Schleicher (OCDE) dice que se ha pasado de “mirar a Suecia como patrón de oro de la educación” a un “sistema que parece haber perdido su alma”.

La pregunta es ¿por qué siendo Madrid la comunidad más rica de España obtiene resultados tan grises? La explicación es un cóctel explosivo: mísera inversión y la alta segregación producida por el gran peso de la red concertada, el distrito único y el modelo bilingüe. El PP y Ayuso lo tienen claro: subordinan la educación al negocio y venden colegios a fondos de inversión. No hay más que ver el movimiento de los especuladores educativos y el gran número de cambios de titularidad (más de cien) en la última década.

En cuanto a la inversión educativa, Madrid gasta un 2,2% de su PIB frente al 4.2% de media en España y al 7% de países europeos punteros como Finlandia. Es un hecho incontestable, se mida como se mida. Si vemos el gasto educativo en 2021 por habitante sería de 759 euros/año, frente a 1.076 euros de media de España. Y si lo comparamos en gasto por alumno, son 4.727 euros/año frente a una media en España de 5.779 euros o de 9.298 euros en el País Vasco. Que Madrid esté a la cola en inversión educativa demuestra lo poco que le importa la educación al gobierno regional.

La segregación educativa es brutal y una estrategia deliberada que se traduce en desigualdad social. Estudios solventes así lo indican. ESADE y Save The Children señalan que la segregación en la Comunidad de Madrid “ha crecido de forma muy notable y es hoy una de las regiones con mayor segregación en toda la OCDE”. Es una segregación múltiple, pero especialmente socioeconómica. La investigación de F. Javier Murillo y Cynthia Martínez-Garrido de la Universidad Autónoma de Madrid concluye que la Comunidad de Madrid es la segunda región de Europa con mayor segregación socioeconómica en Secundaria. Un solo dato sobre el desequilibrio de atención al alumnado con necesidades de apoyo escolar: las escuelas públicas escolarizan a tres de cada cuatro alumnos inmigrantes.

La segregación siempre es social y obedece a un modelo clasista, aunque Ayuso niegue la existencia de clases. Para evitar la mezcla social se selecciona el alumnado y se disfraza de un cínico discurso sobre la meritocracia para defender y perpetuar los privilegios de las élites. Se financian con dinero público colegios de ricos donde solo van los hijos de los ricos, se roban recursos destinados a la equidad y se culpabiliza a los que fracasan. Todo docente sabe cómo condicionan el contexto y origen social los resultados académicos. No hay igualdad de oportunidades si la educación no es un derecho sino un servicio que compra el que puede.

Dicen los expertos que si se rompe el principio de heterogeneidad del alumnado se reduce la calidad educativa en términos globales. Aunque en términos globales son bastantes parecidas las notas medias de las dos redes, tienen más mérito y valor las de la pública porque no selecciona al alumnado por nivel socio económico y porque asume a la gran mayoría que tiene necesidades educativas especiales. Por último, hay una pista sobre la calidad educativa: la nota más brillante en las Evau es siempre de alumnado de la educación pública.

Todos estos datos son una bofetada a la propaganda del Gobierno de Madrid. ¿Hasta cuándo van a seguir negando los datos y ocultando el desprecio por la educación por incompetencia e intereses? ¿Por qué en vez de abordar estos problemas Ayuso propone censurar libros de texto? Son intentos inútiles y sin recorrido a problemas inventados. La principal consecuencia de cargarse la educación pública es un modelo educativo mediocre que no nos merecemos los madrileños y que hipoteca nuestro futuro como sociedad. La alternativa es muy clara: triplicar la inversión, fortalecer la educación pública y aumentar la equidad.

Ayuso reconoce que no ha detectado “nada relevante” en los libros de texto que señaló por adoctrinamiento (David Noriega para eldiario.es)

 Artículo de David Noriega para eldiario.es

  • La Inspección Educativa no ha detectado nada relevante en la revisión que ha efectuado de 180 libros”, ha reconocido la presidenta madrileña

9 de junio de 2022 10:53h (Actualizado el 10/06/2022 18:39h)

Más de una semana después de que la Comunidad de Madrid señalase a los libros de texto para el próximo curso escolar por adoctrinamiento, Isabel Díaz Ayuso ha tenido que asumir este jueves que “la Inspección Educativa no ha detectado nada relevante en la revisión que ha efectuado de 180 libros”. Con esta frase ha respondido a la portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea, Carolina Alonso, que le había preguntado si “de verdad cree que hay un problema de sectarismo o si es una estrategia que se ha montado para que no hablemos de su pésima gestión”.


El pasado miércoles, Ayuso aseguró que su Gobierno “va a trabajar para acabar con el entrenamiento (en el ”sanchismo“) que pretende el Ministerio de Educación hacia todos los niños, especialmente, como hemos visto en estos días, con los libros de texto”. En ese trabajo, el Ejecutivo regional incluía un plan especial para que la Inspección Educativa revisase esos contenidos, una competencia que, de hecho, tienen, y que en esta ocasión ha arrojado un resultado diferente a lo que la propia presidenta y varios de sus consejeros llevan días señalando: no se ha encontrado “nada relevante”.

jueves, 9 de junio de 2022

Ruido y furia: una polémica inventada en torno al currículum y los manuales escolares (Fernando Hernández Sánchez para El Salto)

 Artículo de Fernando Hernández Sánchez para elsaltodiario.com

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha optado por una solución homeopática, pero reinterpretada a su manera: ingerir en grandes dosis el programa de Vox para dejar a su competidor como una cáscara hueca.
8 JUN 2022

Prueba número 1, libro de texto de editorial Santillana, 4º ESO, página 215: Comprender el presente. Memoria la de guerra civil. Se insta al alumnado a realizar una entrevista a sus familiares directos con la intención de remover el pasado y reabrir viejas heridas.

Prueba número 2, manual de editorial Anaya, 4º ESO, páginas 310 y 311: Hacia la igualdad de género. Doble página de introducción de conceptos sesgados como la brecha salarial , de representación política, académica y científica.

Prueba número 3, libro de editorial Edelvives, 4º ESO, página 277: la agenda globalista y el mantra del cambio climático a toda plana.

Prueba 4, y definitiva: el mismo manual, en portada: collage de indudable influencia soviética en el que figura, de forma destacada, el cartel del célebre agitador bolchevique Alexander Rodchenko y, de forma subliminal, una insignia de los pioneros del Konsomol. ¿Cabe alguna duda más, Señoría, acerca de la voluntad adoctrinadora del currículum y de los libros de texto que de él se derivan?”.

Si la Comunidad de Madrid, como parece pretender, eleva un recurso de amparo ante instancias judiciales superiores para suspender la implantación del currículum de la LOMLOE, quizás debería argumentar qué diferencias insalvables existen entre este y el de la LOMCE. Porque los ejemplos citados proceden de libros de texto que desarrollaron los contenidos de esta última norma, aprobada en 2013 a iniciativa del ministro Juan Ignacio Wert, de infeliz recuerdo, cuando formaba parte de un gobierno encabezado por M. Rajoy —sea quien sea—, presidente del mismo partido en el que milita la señora Díaz Ayuso. Y tendría que justificar por qué entonces estos textos fueron autorizados para su uso en el ámbito educativo que la Comunidad de Madrid gestiona en el ejercicio de sus competencias. Es un suponer…

El soviet de Madridgrado decidió hace mucho lanzarse a la guerra cultural con todas las armas que le brinde cada oportunidad de hacerlo

De no ser así, cabría pensar entonces que nos encontramos ante la enésima maniobra de un sector del Partido Popular que ha decidido erigirse en doble poder, al más puro estilo leninista, y asumir la impugnación total de la política del gobierno central, incluso —si es preciso— en lo tocante a la previsión del tiempo para mañana de la Agencia Estatal de Meteorología.

Es una actitud que no sorprende a nadie. El soviet de Madridgrado decidió hace mucho lanzarse a la guerra cultural con todas las armas que le brinde cada oportunidad de hacerlo. Ello tiene una doble lectura, hacia afuera y hacia adentro del PP. Por una parte, Díaz Ayuso plantea una estrategia de competencia con la ultraderecha distinta a la de otras baronías territoriales. Frente al alineamiento inequívocamente democrático del presidente de Ceuta; la compra de un vicepresidente sin competencias y tres consejeros-florero a cargo del contribuyente por el Maquiavelo de mercadillo de Castilla y León; y la encomienda de Moreno Bonilla a la virgen del Rocío para que no le haga apurar ese cáliz, la presidenta de la Comunidad más libre de España ha optado por una solución homeopática, pero reinterpretada a su manera: ingerir en grandes dosis el programa de Vox para dejar a su competidor como una cáscara hueca.

                                                                                                                                        Más información                                                                                                             CRUZADA CONTRA LA LOMLOE
SARA PLAZA CASARES

Los postulados que Díaz Ayuso defiende sin rubor cada vez que comparece en público leyendo con aplicación las fichas que le prepara su think tank, evidencian una concepción de la historia de inconfundibles matices reaccionarios: una sucesión cronológica de episodios que, como decía Marc Bloch respecto a la pedante historia factual francesa del XIX, “suceden porque suceden”, una galería de personajes de referencia —reyes taumaturgos, tullidos heroicos, aventureros inescrupulosos— legatarios de un alma nacional, un Volksgeist, que se remonta a la Prehistoria, una teleología de sacristía según la cual todo ocurrió de la mejor forma posible para conducirnos hasta el aquí y ahora.

Cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la historiografía reciente y con lo que se enseña en las aulas no dejará de ruborizarse por semejante retorno a los preceptos de aprendizaje de la Enciclopedia Álvarez

Lo que pretende la amalgama de enemigos de España es recodificar ese espíritu secular de la Patria que dio a luz a héroes y santos. Globalismo, feminismo, multiculturalidad y memoria cívica no son sino cabezas de una hidra que busca subyugar a las nuevas generaciones para desvirtuar la auténtica identidad española, la única que la derecha patrimonializa.

Cualquiera que este mínimamente familiarizado con la historiografía reciente y con lo que se enseña en las aulas no dejará de ruborizarse por semejante retorno a los preceptos de aprendizaje de la Enciclopedia Álvarez y concluirá si no estamos ante la confirmación de la cita de Shakespeare en Macbeth de que “la vida es una historia contada por un necio, llena de ruido y furia”. Pero, para entender esta política gesticulante, hay que atender también a su uso doméstico.

La batalla del currículum y los manuales se disolverá en el olvido en el momento en que surja una nuevo escándalo mediático explotable

Díaz Ayuso y sus suministradores de bronca saben perfectamente que sus apelaciones no tienen recorrido alguno. Ya han sido derrotadas judicialmente las tentativas de enmendar una Ley orgánica mediante una norma autonómica de rango inferior. La batalla del currículum y los manuales se disolverá en el olvido en el momento en que surja una nuevo escándalo mediático explotable. El sentido último de agitar la charca desde Madrid es demostrarle al flamante nuevo presidente del PP que ella tiene agenda propia. Feijóo, recién desembarcado en el ecosistema político madrileño, mantiene aún un cierto nivel de estupor, como el de aquellos emperadores proclamados por las legiones del limes cuando hacían su entrada en la Roma decadente y corrupta del siglo III. Tiene poco margen de tiempo para decidir entre decapitar a su lideresa regional o nombrarla cónsul. Mientras tanto, ella le profesa encendidas muestras de devoción filial. Como Bruto a César.

sábado, 26 de septiembre de 2020

El sistema de préstamos de libros escolares vuelve a fallar en Madrid por segundo año (Elena Cabrera para ELDIARIO.ES)

ELDIARIO.ES publica esta noticia



El programa de libros en préstamo de la Comunidad de Madrid, denominado Accede, ha vuelto a dejar descontentos a todos los agentes implicados: los colegios viven el arranque del curso con una sobrecarga de trabajo; las librerías que no pueden participar en el acuerdo de licitación han perdido el 50% de su facturación anual y el alumnado ha empezado este curso, ya de por sí complicado, otra vez sin libros de texto.


Accede es un programa del que se benefician unos 300.000 alumnos en la Comunidad de Madrid, es decir, el 45% de los que están matriculados en las enseñanzas Primaria, Secundaria, Formación Profesional y Educación Especial de la educación pública y privada concertada. Este año se han adherido ya todos los centros públicos y el 50% de los concertados.

Las primeras líneas del reglamento de Accede recogen que el espíritu de este plan está enraizado en la gratuidad de la educación, una condición que se expande de la enseñanza básica hasta los libros de texto, que hoy por hoy sigue siendo su material fundamental. Pero la Ley de Gratuidad que se desarrolló en 2017 para la Comunidad de Madrid, tomó forma de sistema de banco de libros en préstamo que, aunque es cierto que es gratis, no es exactamente lo mismo, comenzando por algo tan simple como que, si tienen que ser reutilizados, los libros de trabajo o cuadernillos que a menudo usan los escolares quedan excluidos, pues hay que escribir en ellos.

De igual manera, para que los libros de texto no sean rechazados por el sistema cuando el alumno los devuelve a final de curso, estos han tenido que ser tratados casi como incunables. Un coordinador de Accede de un centro de Madrid admite que abren “un poco” la mano con los estrictos criterios para admitir los libros porque, en verdad, no pasaría la criba ni la mitad. Es difícil que un alumno de 8 años no arrugue una página con el codo, que no manche o doble las esquinas cuando los transporta en la mochila o le pinte con un boli sin querer. Como ocurre con los libros de asignaturas en las que se usan cuadernillos, son las familias las que tienen que pagar de su bolsillo la reposición de los libros no admitidos.

El curso escolar ha empezado escalonadamente en la Comunidad de Madrid y ni tan siquiera para la incorporación de los últimos cursos han llegado a tiempo los libros de texto en la mayoría de los colegios. Por ejemplo, P. G. R., el coordinador de Accede informa de que en su colegio de Infantil y Primaria del distrito de Chamartín, diez días después de iniciado el curso aún no hay libros, ni los repartirán hasta octubre, y que “era imposible” que estuvieran a tiempo.

En agosto, mientras muchas familias disfrutaban de sus vacaciones e intentaban no darle muchas vueltas, todavía, a la idea de una inminente y complicada vuelta al cole, ese coordinador de Accede se metía todos los días a mirar la cuenta bancaria del colegio. Cada día miraba el saldo, esperando una variación. Hasta que no llegara la transferencia de la Comunidad de Madrid con el dinero para la compra de los libros de 5º y 6º, no podía mover un dedo. La Consejería de Educación le dijo a los colegios que podrían comprar los libros a partir del 20 de julio, un plazo razonable.

Pero había una letra pequeña que advertía que no se efectuara la compra hasta que no llegara el dinero a la cuenta del colegio. “La única posibilidad de empezar el curso con libros es que me la hubiera jugado. Podría haberlos encargado sin tener el dinero pero si hubiera habido un error económico por mi parte o que el presupuesto de la Consejería no se correspondiera con el mío, el colegio tendría que hacerse cargo de la diferencia. Por tanto, lógicamente, no me la iba a jugar”, explica este coordinador. Al fin, tras pasar el verano consultando la app del banco como quien mira al cielo para ver si llueve, el 23 de agosto apareció la transferencia y ese mismo día inició el procedimiento en la plataforma, pidiendo presupuestos a las librerías incluidas en el Acuerdo Marco, valorándolas y adjudicando a una de ellas, la que ganaba por puntos. Un procedimiento que requiere de una semana.

A quien no le quedó más remedio que jugársela fue a la coordinadora Accede de un centro de Torrejón de Ardoz. Pero la Consejería de Educación le mandó unos tres mil euros menos de lo que ella había previsto. “No tienen en cuenta el precio real de los libros ni tampoco las posibles variaciones en el número de niños adheridos”, explica I. P. E. Los coordinadores consultados intuyen que uno de los problemas para que no cuadren las cuentas es que la Comunidad utilizó precios de libros del año 2017 que no ha actualizado. Si los precios que manejan no se corresponden con los que marcan las editoriales hoy, queda en el tejado de las librerías poder asumir ese desfase en forma de descuentos.

Para el coordinador Accede del colegio de Chamartín, la principal flaqueza es la falta de formación para la gestión del sistema, que la Consejería ha solventado con unos tutoriales. Para la coordinadora del colegio de Torrejón, no solo las instrucciones están poco claras, sino que, además, contactar con la Consejería para que resuelva las dudas es difícil: “La Administración se libra de este problema y nos lo pasa a los profesores, por un extra mínimo en el suelo”. Al final, el mejor lugar para aclarar dudas y compartir frustraciones es un grupo de Telegram que han creado espontáneamente los coordinadores y que ha ido creciendo hasta reunir a más de 350.

La falta de libros de texto en el arranque del curso no es el problema principal en este contexto pero sí fomenta la desigualdad entre los que sí tienen libros, porque los compran, y los que no. “Mientras que todos los niños no tengan los libros, nosotros vamos a dar contenidos, sí, pero libros, no. No vamos a provocar esa desigualdad”, admite P. G. R. Los libros de su centro no se repartirán hasta octubre pues, aunque ya han llegado al colegio, todavía hay que forrarlos e introducir cada unidad en el sistema informático, así que la pregunta es: ¿cuánto de importante es tener los libros a principio de curso? “Si lo valoro del 1 al 10, para mí sería un 7”, admite. “No es tan importante porque deberíamos habituarnos a trabajar sin libros —opina la coordinadora de Torrejón— pero si el programa se presta, no puede ser que llegue octubre y no haya libros”.

Pequeñas librerías, grandes perjudicadas

A pesar de que para el mencionado coordinador, la gestión de Accede es “un marrón con todas las letras”, los centros se han echado a sus espaldas la carga de trabajo y, como siempre, han tirado para delante. Las librerías también han tenido que apretar el acelerador. “Estamos ahora intentando hacer milagros para que los niños tengan los libros”, explica Valentín García, presidente de la Asociación de Pequeñas Librerías de Madrid. “No creo que ni un 10% de los colegios hayan recibido ya los libros”, decía en una entrevista con eldiario.es que tuvo lugar el 16 de septiembre, “los colegios han empezado a pedir el 21 de agosto, cuando tendrían que haber acabado todos los pedidos el 30 de junio”, en cambio, el día que se realizó la entrevista, Valentín seguía recibiendo peticiones de presupuestos en su propia librería, Abascal, en Torrejón de Ardoz.

Si solo fuera un asunto de plazos, sería un problema menor. La preocupación principal para el sector librero es que se trata también de un tema de supervivencia. Unos tienen una carga de trabajo excesivas pero, otros, en especial los negocios pequeños, han perdido la facturación que necesitaban para no tener que echar el cierre. Las librerías y papelerías que quisieron tuvieron que haberse presentado antes de febrero de 2019 y cumplir con unos requisitos, así como aceptar unas condiciones que no solo son complejas sino también difíciles para los negocios pequeños.

Además, la Consejería ha impuesto un precio máximo por cada libro que a veces es inferior que el que paga el librero a la editorial, motivo por el que muchas se retiran. Forman parte de este Acuerdo casi 200 empresas, repartidas por lotes zonales. Las librerías pequeñas que sí han conseguido entrar lo tienen difícil para competir con las grandes, las cuales ofertan descuentos y prestan el servicio de forro de libros, ya que facilita la logística. Las pequeñas no tienen ni margen para negociar ni infraestructura para forrar, lo cual es obligatorio para los libros de Accede. por lo tanto, acaban obteniendo menos puntos y se quedan fuera de las adjudicaciones.

Según Valentín García, la venta de libros de texto supone el 50% de la facturación de las pequeñas librerías y papelerías pero “las condiciones que ha puesto la Comunidad ha dejado fuera al 90% de las librerías, se han quedado a expensas de vender cuadernillos que no entran en Accede y alguna cosa suelta. Este un sistema que expulsa a las librerías”. Esto impacta en un sector muy tocado en el que cada año se cierran el doble de las librerías que se abren. “Ya las circunstancias eran graves en la situación anterior, ahora con la covid-19 es terrible”, dice. Tan solo en Torrejón, debido a esta crisis, ya han cerrado dos librerías, a las que se unirá a finales de año Arriero, que lleva 40 años abierta.

El Gremio de Librerías de Madrid encabeza la petición de sustitución del programa de préstamo por el sistema de “cheque-libro”, como en Andalucía y la Comunidad Valenciana, con el que las familias canjearían directamente este cheque en las librerías, aunque es un sistema más caro para la administración que el de banco de libros en préstamo con renovaciones cada cuatro años. Desde que el Acuerdo Marco se anunció hace año y medio, el sector del libro ha mantenido reuniones con la Consejería de Educación para intentar derogarlo o, al menos, reformarlo. El anterior equipo de la Consejería, que fue el que creó este programa, mostró una actitud más dialogante, pero el actual ha proyectado “una actitud mucho menos abierta a escuchar razonamientos que puedan ser útiles y se limita a ejecutar el programa Accede”, según fuentes del sector.

“La gestión del modelo conducía al fracaso desde el primer momento”, dice el secretario del Gremio de Librerías de Madrid, Pablo Bonet. Explica que en febrero pidieron a la Comunidad de Madrid que cambiara la sistema y se hiciera por contratos menores, como el año anterior, para que todas las librerías y papelerías pudieran participar. Le contestaron que no, que era demasiado precipitado. A finales de mayo, viendo que no había ningún cambio, probaron otra cosa: enviaron al consejero de Educación, Enrique Ossorio, una carta firmada por cuatro importantes entidades del sector advirtiéndole de que “la probabilidad de que todos estos procesos [de Accede] se lleguen a ejecutar con cierta eficacia y solvencia es prácticamente nula” debido al “desbordamiento” de los equipos directivos a causa de la covid-19, las medidas de seguridad y cómo el Acuerdo Marco ralentiza el proceso. El sector del libro proponía que, al menos este curso, se trasladara a las familias la compra de los libros. La respuesta vino de mano de la propia presidenta de la Comunidad con un educado acuse de recibo. Fuentes de este sector califican de “negligencia” la coordinación y ejecución de Accede y señalan el “abandono” al que lo está sometiendo la Consejería.

domingo, 9 de agosto de 2020

El acuerdo de la Comunidad de Madrid para la gratuidad de los libros de texto ahoga a las pequeñas librerías (Marta Maroto para ELDIARIO.ES)

El mostrador de la librería Azorín, en el centro de Leganés, solía estar lleno de libros de texto en esta época del año. Ahora, sin embargo, su dueño, David Langa, ha tenido que llenar los estantes con juegos de mesa, cuadernos y agendas. Dentro, una decena de baldas vacías aguardan una 'vuelta al cole' que para las librerías pequeñas de barrio podía suponer hasta el 70% de la facturación anual, pero que este septiembre difícilmente logrará salvar a un sector muy mermado por meses de crisis sanitaria con la persiana echada.

La razón es que este curso escolar entra en vigor, por primera vez de forma íntegra desde su elaboración en 2018, el Acuerdo Marco de la Comunidad de Madrid para la gratuidad de los libros de texto. Un documento al que se oponen las asociaciones de libreros, que han demandado a la Comunidad, solicitando la suspensión cautelar por la vía de urgencia. 

También el Defensor del Pueblo se expresó en contra de la medida y pidió a la Consejería de Educación y Juventud desistir el contrato por "razones de interés público suficientemente acreditadas", según explicó este organismo en un comunicado el pasado mes de junio. 

El Acuerdo Marco divide a la Comunidad por zonas geográficas, 27 en total, y da una cantidad de dinero a gastar por los colegios, que son quienes deben encargarse ahora de comprar los libros. En el texto se fijan unos precios máximos y mínimos, por lo que los directores de los centros deben pedir presupuesto a tres entidades de su zona y escogen la más barata. 

El punto más conflictivo de este proceso tiene que ver con la fijación de precios, ya que establece una cantidad que para los libreros supone, en muchos casos, vender con pérdidas, denuncia Valentín García, presidente de 'Salvar las pequeñas librerías', una asociación creada con el objetivo de acabar con la nueva legislación. 

"Ellos establecen que el precio del libro de Lengua de primero es 31,25 euros, IVA incluido, cuando nosotros lo compramos incluso más caro. Este libro en el mercado de media se vende a unos 40 euros”, explica Langa, dueño de una librería y papelería de Leganés, con las tablas de precios en la mano. Denuncia, además, que se desconoce cómo se calculan estos precios ya de por sí tan elevados.

Langa muestra también un presupuesto que ha hecho para uno de los colegios de la zona. En una de las columnas del Excel figuran los precios a los que él vendería habitualmente, aplicando incluso el descuento máximo del 15%, y en otra los fijados por la Comunidad de Madrid. La diferencia supone más de 5.000 euros en pérdidas. “He tenido que decir que no a este colegio”, lamenta. 

Con este sistema "se concentra mucho la compra", explica García, "porque la realidad que estamos viendo es que hay unos pocos adjudicatarios que pueden ofertar a los precios de la Comunidad de Madrid". Dueño de una librería en Torrejón de Ardoz, García también licitó para formar parte de los ofertantes de libros del Acuerdo Marco, y cuenta que de seis centros ha rechazado trabajar con cuatro porque "se pierde dinero". 

Las grandes superficies salen beneficiadas

Con este sistema, según denuncian los libreros, se beneficia a grandes superficies y distribuidoras, capaces de asumir además otro de los requisitos del Acuerdo Marco, que es contar con una persona contratada para cada lote. Así, en la licitación han entrado entidades como Scholarum Digital S.L., el Grupo Dismalibro, con sede en Málaga, o supermercados como Carrefour, con músculo para solicitar en los 27 lotes, todo el área de la Comunidad de Madrid, entre los que en total se reparten 27.900 millones de euros. 

'Salvar las pequeñas librerías' calcula que de las mil librerías y papelerías de la Comunidad, el 90% se ha quedado fuera del Acuerdo Marco. Y, aunque todavía es pronto para ponerle cifras a la debacle, la organización cita el ejemplo de Murcia, donde en un año con este programa cerró casi el 40% de sus librerías (150 de 400 establecimientos).

La Comunidad de Madrid considera, por su parte, que este acuerdo es beneficioso para las librerías de barrio y ha decidido seguir adelante con el texto aludiendo falta de tiempo para una revisión y alegando que para su no aplicación tendrían que renunciar los licitantes que ya se han inscrito. 

El curso pasado, cuando tendría que haberse aplicado por primera vez el acuerdo por primera vez, los recursos interpuestos y las inexactitudes de la norma hicieron a la Consejería anular algunos puntos y abrir la mano: se permitió a los directores de los centros elegir con qué proveedores trabajar, y se volvió a poner el límite en los 15.000 euros de los contratos menores, de forma que si el colegio invertía más de esa cantidad, era la Comunidad de Madrid quien pagaba directamente a las librerías. El pago, sin embargo, no llegó hasta varios meses después, según critica Langa. 

Además, como los padres y madres ya no tienen que venir a la librería, también se pierden las ventas de material de papelería u otros productos como lecturas recomendadas. Como solución, los libreros piden el cheque libro, que los 150 euros que corresponden por alumno de primaria y 270 para secundaria se den las familias, para que puedan elegir dónde gastarse ese dinero. 

Desde estantes vacíos y un escaparate reconvertido en juguetería para sortear la falta de ventas, Langa insiste en la anulación de un acuerdo que "destruye el tejido de barrio" y que podrá forzar el cierre de cientos de establecimientos muy golpeados por la COVID-19. "No nos enriquecemos con esto, con estas ventas pagamos las facturas el resto del año", asegura.

domingo, 13 de octubre de 2019

¿Prisioneros del libro de texto? (Guadalupe Jover en eldiario.es)

Artículo de Guadalupe Jover en eldiario.es
  • A mi juicio, no es la solución la gratuidad de los libros de texto, pues no hace sino apuntalar su hegemonía y supone además un gasto público mucho más necesario en otros frentes
  • En España, y a día de hoy, son fundamentalmente las órdenes religiosas -propietarias de SM, Edelvives, Edebé, etc.- o grandes grupos empresariales como PRISA -Santillana- o Hachette -Anaya- quienes trazan el camino que el resto de editoriales tratará de emular
Mochilas insoportables, precios exorbitantes, enciclopedismo imposible, obsolescencia programada. ¿Por qué, pese a todo, se mantiene la hegemonía del libro de texto en las aulas?

Cambia el mundo, pasan las leyes y los libros de texto permanecen: idénticos a sí mismos, aunque con los retoques imprescindibles que obliguen a un nuevo desembolso. No es cierto que sea el continuo vaivén de leyes educativas lo que desbarata el trabajo a pie de aula: lo desbaratan los recortes, la precariedad social, el férreo inmovilismo de los contenidos curriculares y de las rutinas docentes, apuntalados unos y otras por los manuales escolares. Tomemos unos cuantos y tratemos de determinar a qué momento legislativo corresponden. Tarea imposible.

Y así el libro de texto acaba convirtiéndose en una suerte de conciencia profesional externalizada, que dicta cuáles son las prácticas legítimas y cuáles las ilegítimas, cuál es el conocimiento revelado y cuál el heterodoxo. Baste un ejemplo: ¿por qué en el imaginario social "enseñar lengua" sigue siendo sinónimo de análisis sintáctico e historiografía literaria nacional? Porque lo dice el libro de texto.

No. El libro de texto no es el currículo. De hecho, muchos de ellos lo contravienen abiertamente. Pero entre el currículo legislado y el editado es sin duda este último el que prevalece, el asumido socialmente, el que dicta también cuáles serán los criterios por los que se seleccionará al alumnado -para pasar de curso, para acceder a la Universidad- y del que todos acabaremos siendo rehenes.

¿Quién marca entonces –además de la OCDE con las pruebas PISA- qué debe enseñarse y cómo, qué debe aprenderse y cómo? En España, y a día de hoy, son fundamentalmente las órdenes religiosas -propietarias de SM, Edelvives, Edebé, etc.- o grandes grupos empresariales como PRISA -Santillana- o Hachette -Anaya- quienes trazan el camino que el resto de editoriales tratará de emular.

De esta manera nos las vemos, casi como en la Edad Media, con que la lectura intensiva de un solo libro sustituye a la lectura extensiva de una pluralidad de voces propia de la Modernidad. Y ello en tiempos de Internet.

Quizá esto explique que haya grupos y minorías -esa inmensa minoría conformada por las mujeres, por ejemplo, o por los pueblos no occidentales- cuya historia no merezca más que una nota a pie de página, un añadido apresurado de última hora. Quizá ello explique, también, el contenido antiecológico de los libros de texto, pues no hay espacio para la disidencia ante un mundo que se nos presenta, debidamente envasado, como algo ya dado y no sujeto por tanto ni a relectura crítica ni a reescritura emancipadora.

Ni siquiera el advenimiento de la era digital, los hipertextos de internet y el lenguaje audiovisual ha socavado sus cimientos. De hecho, la reconversión del papel a plataformas online aún parece agravar el problema: unos pocos gigantes editoriales amenazan con controlar los procesos educativos de medio mundo. Y no solo la selección y presentación de contenidos, la metodología didáctica, las herramientas de evaluación. También los vínculos -antaño presenciales y confidenciales- entre profesorado y alumnado, entre equipo docente y familias, son ya encomendados a los dispositivos electrónicos. Qué gran negocio el de los datos, dicho sea de paso.

Hace décadas que trabajo sin libro de texto, y sé bien que no es tarea fácil. No es solo que haya que explicar, una y otra vez, las razones de ese abandono: a la dirección del centro, a los colegas del departamento, a las familias e, incluso, al propio alumnado. Hay que aclarar, ante la inspección si fuera necesario, que prescindir del libro de texto no implica hacer lo que a una le da la gana, "pasar" del currículo oficial o funcionar a golpe de ocurrencia. No. Bien al contrario, prescindir del libro de texto obliga a conocer de primera mano qué prescribe el currículo oficial, a programar más allá de la transcripción del índice del libro de texto, a diseñar situaciones y elaborar materiales que hagan posible la construcción de los aprendizajes requeridos. Y todo ello precisa tiempo, mucho tiempo; un tiempo que nuestra jornada laboral desestima y nos niega.

La crítica más extendida hacia los libros de texto ha sido tradicionalmente su elevado coste: un precio a todas luces abusivo impuesto a un público cautivo. Mucho habría que decir también acerca de los criterios por los que han acabado imponiéndose unas editoriales y no otras en cada centro escolar: desde las obediencias debidas de determinados colegios religiosos a los regalos de los comerciales de turno que buscan salir al paso de la dejación de la Administración en la dotación de recursos. Pero, a mi juicio, no es la solución la gratuidad de los libros de texto, pues no hace sino apuntalar su hegemonía y supone además un gasto público mucho más necesario en otros frentes. En bibliotecas escolares, sin ir más lejos.

¿Quiere todo ello decir que desprecio el potencial de un buen manual? ¡En absoluto! Ojalá contáramos con buenos manuales que atravesaran etapas educativas y saltaran por encima de las bardas de la división disciplinar. Un buen manual amuebla cabezas y nos provee de un mapa ágil, sencillo y eficaz a la hora de movernos por cualquier área de conocimiento. No estoy por tanto abogando por la desaparición de los libros en los contextos escolares. Creo más bien que el paso de un niño o una niña por la educación obligatoria debiera ir acompañado de la construcción de su propia biblioteca individual –esa de la que nunca formará parte un libro de texto-… y una buena biblioteca escolar.

Pero si queremos estudiantes que no sean solo depositarios sino también artífices de su propio conocimiento, necesitamos un amplísimo abanico de recursos metodológicos en cuyo diseño y desarrollo debiéramos participar los docentes. Y ello requiere transformar de manera radical la consideración y el papel del profesorado, nuestra formación inicial, nuestra jornada laboral.

Y habremos, también, de repensar colectivamente cuáles son las lecturas, experiencias y aprendizajes imprescindibles en el proceso formativo de niñas, niños y adolescentes.

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viernes, 11 de octubre de 2019

La presión de las grandes editoriales de libros texto en los colegios: regalos, visitas insistentes y vigilancia de la competencia

Artículo de Laura Galaup en eldiario.es

  • Los pasillos de colegios se han convertido en el espacio en el que las editoriales compiten para lograr que sus libros se prescriban en el centro educativo
  • Competencia acredita que estas compañías pactaron en 2012 dejar de ofrecer libros gratis, pantallas digitales u ordenadores para ahorrarse 80 millones
  • "Llegan sin cita, son bastante insistentes y el conocimiento sobre el contenido no es muy profundo", apunta un jefe de departamento de un instituto público de Madrid
Los pasillos de colegios o institutos se han convertido en el espacio en el que las editoriales compiten para lograr que sus libros se prescriban en el centro educativo. "Llegan sin cita, son bastante insistentes y el conocimiento sobre el contenido no es muy profundo. Su intervención se centra más bien en contarnos si nos regalan algo, o si ellos aportan más o menos", cuenta Enrique, jefe de departamento en un instituto público de Madrid.

Los docentes consultados por esta redacción perciben el trabajo de los comerciales como "muy insistente". De esta forma lo describe la responsable de área de otro centro educativo, que explica que a lo largo del mes que llevan de curso ha llegado a tener cuatro visitas. "Vienen y vienen. No desisten", cuenta esta profesora.

En su caso, los comerciales adoptan esta actitud a pesar de que ella no utiliza libros de texto en clase. Los empleados que han pasado por este sector trabajan con la mente puesta en las ventas que deben facturar cada curso. El objetivo más codiciado son los grandes centros con muchas clases por curso.

Antonio (nombre ficticio), comercial jubilado, reseña que la introducción de un libro de texto en un centro educativo con muchos alumnos "es una pelea fuerte" en la que tienen que "arriesgar". "Si perdías un colegio era un drama para ti y el resto de compañeros", explica. Entre las armas que desplegaba para convencer a los profesores alude a "regalos" y a "invitaciones para comer".

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acreditó que estas compañías ofrecían libros gratis para las ampas, la biblioteca o para hijos de profesores, pantallas digitales u ordenadores para las aulas o impartir formación a los docentes antes de 2012. Después de ese año hubo un pacto en la patronal Anele -liderada por Santillana (Grupo Prisa), Editorial SM (de los marianistas), Anaya (de la francesa Hachette Livre) y Oxford (británica, de libros en inglés)- para que nadie ofreciera esos regalos y ahorrarse 80 millones anuales. La resolución de la CNMC propuso en mayo multar con más de 33 millones a la patronal de libros Anele y a 34 editoriales por ese acuerdo que considera que se impuso con todo tipo de presiones..

En relación a esta resolución, Anele niega los hechos y llega a asegurar que se multa a sus miembros sin motivo "por cumplir la legalidad y evitar prácticas poco éticas en centros de enseñanza". Sobre estas actuaciones, Enrique reseña que "era un mercadeo casi desagradable, importaba menos la calidad de los ejemplares que las pizarras digitales". "En la década anterior y años previos era el acabose. El colegio era una jungla, un mercado de abastos", cuenta Tomás Rodríguez, uno de los editores de Akal especializado en este campo.

En 2012 la patronal trató de terminar con esta actuación y pactaron estrategias que afectaron a la competencia. El informe sancionador acredita que ese año el lobby de los libros introdujo un llamado "Código de Conducta". Con la aprobación de este documento, editores, profesores y comerciales coinciden en señalar que desapareció el "mercadeo".

Aunque Enrique considera que este cambio "ha beneficiado" a las empresas porque "siguen siendo muy competitivas", pero sin ofertas para profesores; Antonio reconoce que a partir de ese momento "empezó la picaresca" y continuaron "regalando de otra forma". Esta decisión también afectó a su trabajo diario al convertirse "en chivatos" de los compañeros que trabajaban para la competentecia. "Nos denunciábamos entre nosotros", señala.

Recortes: "cóctel perfecto" para introducir libros
Para el editor de Akal el contexto económico, los recortes educativos y la libre elección de centros, en autonomías como la madrileña, han contribuido a crear un "cóctel perfecto para que la elección de los libros de texto no pase solo por el contenido".

Asimismo, lanza una reflexión sobre estas prácticas: "La cuestión es en qué situación ponemos al profesorado para que no tengan capacidad de elección y que no solo tengan que elegir sobre el contenido, sino sobre lo que también conlleva esa decisión para el centro".

Según los comerciales contactados por esta redacción, la estrategia que despliegan las grandes editoriales para acercarse a los centros no tiene margen para la improvisación. "Nos preparaban durante meses para afrontar cómo teníamos que presentar los libros", incide Antonio.

Estos entrevistados explican que desde la editorial hay un seguimiento de los centros que se visitan. Se distribuyen por zonas y tienen unos centros atribuidos. Cada cierto tiempo deben rellenar una relación de los visitados, entre los datos que les requieren les llegan a solicitar "información importante referida a la competencia", como figura en la jurisprudencia de un conflicto laboral iniciado por un comercial.

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La Federación de Padres y Madres presenta una demanda colectiva contra el cártel de los libros de texto (L. Galaup y R. Ejerique en eldiario.es)

Artículo de Laura Galaup y Raquel Ejerique en eldiario.es
  • La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia sancionó en mayo a las mayores editoriales de España por acordar precios y sellar un pacto comercial que aumentó sus beneficios sin que se redujera el precio de los manuales
  • La Federación madrileña de asociaciones de padres y madres, la FAPA Giner de los Ríos, inicia este lunes una denuncia colectiva a nivel nacional contra estas empresas para recuperar el dinero cobrado de más a las familias
  • Fuentes jurídicas confirman que las infracciones detectadas por Competencia abren la puerta a que las familias inicien un procedimiento para exigir "la reparación de daños"
La Federación de la Comunidad de Madrid de asociaciones de padres y madres, la FAPA Giner de los Ríos, va a iniciar una batalla judicial contra más de 30 editoriales de libros de texto tras la sanción que les impuso la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Lo que hicieron estas empresas y su patronal (Anele), según el extenso informe oficial, fue pactar el precio de los libros digitales poniéndolos como mínimo a diez euros. También acordaron no dar descuentos, formación ni ningún tipo de obsequio a los colegios, que son quienes eligen los manuales, para ahorrarse los costes de estos incentivos.
La entidad presentará una denuncia colectiva contra estas compañías, con la intención de que se sumen a título individual familias de todo el país y puedan solicitar la devolución de parte del dinero que, consideran, han estado pagando de más desde 2012, cuando se produjo el pacto, hasta 2018, cuando supuestamente terminó.
Desde la Giner de los Ríos acusan a las editoriales de imponer "precios sin mucho más control por parte de la administración". Además, consideran que las familias han sido "las más perjudicadas" por estas actuaciones porque "han asumido este coste de forma mayoritaria". Fuentes jurídicas confirman a esta redacción que la reciente sanción emitida por la CNMC les abre la puerta para iniciar una reclamación exigiendo la reparación de daños, aunque para que prospere las familias necesitan "aportan un informe pericial muy documentado" que acredite los perjuicios.
Según la CNMC, lo que hicieron las grandes editoriales del país –lideradas por los gigantes Santillana (PRISA), Anaya (de la francesa Hachette Livre), SM (de los marianistas) y Oxford (británica, de libros en inglés)– fue poner un precio mínimo al libro digital y acordar estrategias que les ahorraron 80 millones de euros en gastos de promoción. Antes de que se produjera el pacto, los agentes comerciales de estas empresas editoriales visitaban todos los centros educativos de España y ofrecían manuales, ordenadores o pizarras digitales gratis como incentivo. A veces también montaban cursos de formación para profesores o hacían donaciones de libros a las Ampas o las bibliotecas. Estas estrategias comerciales iban encaminadas a que su libro fuera elegido por los jefes de los departamentos de colegios e institutos, donde permanecerían un mínimo de cuatro años por ley. Pero a partir de 2012 hay un acuerdo orquestado para que nadie ofrezca esos incentivos, un gasto que la propia patronal califica en documentos internos de "barbaridad" y algo "insoportable", como relata el informe de la CNMC.
De este modo, aumentó el margen de beneficio de las editoriales más de un 10%, ahorraron unos 80 millones, pero nunca repercutieron ese ahorro en el coste de los manuales. Si en el curso 2006-2007 cada uno de estos libros suponía 15,21 euros de media, una década después el coste aumentó a 18,05 euros. Además, los libros de texto son un bien más caro que los libros de lectura. Si el precio medio de un libro ordinario es de 23,74 euros, el coste de uno de texto es de 35,11 euros, según los datos publicados en el informe El sector del libro en España 2017, editado por el Ministerio de Educación.

La educación no universitaria es un gran negocio porque el público es fijo y además el libro se debe mantener un mínimo de cuatro años en el colegio o instituto, que es el que tiene autonomía para elegir. Cada año necesitan libros escolares más de ocho millones de estudiantes (desde Educación Infantil hasta Bachillerato y Formación Profesional).
El 30 de mayo la CNMC reconoció en su extensa resolución la peculiaridad de este mercado reseñando que la "oferta es muy limitada", así como que "no existe sustituibilidad" del producto porque las familias "adquieren el libro de la editorial que se indique desde el centro educativo". En este escrito, en el que se impone una multa de 32 millones de euros a la patronal y más de 30 editoriales, llegan a identificar a los padres y madres como "demanda cautiva" de esta actividad comercial. La investigación se inició después de que la editorial Vicens Vives denunciase estas actuaciones que limitaban la competencia, ya que la patronal, controlada por las grandes editoriales, presionó para que nadie ofreciera rebajas ni promociones e incluso se llegaron a iniciar procedimientos judiciales contra editoriales díscolas como Edelvives (que más adelante llegó a un pacto con la patronal).

Anaya, Santillana, SM y Oxford (OUP) tuvieron "un papel preeminente en la toma de decisiones y han participado activamente y desde sus inicios en la Comisión de Supervisión de la patronal Anele –siempre según el texto redactado por la CNMC–, que era el órgano decisorio principal para limitar las políticas comerciales de las editoriales". A ese órgano interno se elevaban las quejas y chivatazos sobre posibles incumplimientos. Para que nadie hiciera competencia introduciendo promociones usaron la vigilancia mutua: los propios comerciales alertaban si alguna editorial estaba haciendo regalos. También Anele envió cartas "intimidatorias", según la CNMC, a directores de 
centros para que no aceptaran regalos.
Sanción recurrida
Desde el gabinete de prensa de Anele reconocen que "todas las empresas han recurrido la sanción" ante la Audiencia Nacional, alegando que "no se ha incurrido en las prácticas que señala la CNMC", que son las prácticas de cártel aunque el informe no las califica con ese nombre, y que el código de conducta que aprobaron en 2012 y que recrimina la resolución buscaba "asegurar que la selección y prescripción de los libros de texto se hiciera única y exclusivamente por la calidad de los mismos y no porque mediara regalo o prebenda a los centros o a los profesores".
La CNCM dice sin embargo en sus conclusiones que "las medidas acordadas han sobrepasado de manera nítida los límites de una autorregulación de carácter ético y han diseñado un completo modus operandi para coaccionar y boicotear a aquellas editoriales que no querían adherirse a esta estrategia anticompetitiva. Ese modo de actuar ha tratado de condicionar la actuación de los centros educativos y de reducir su poder de negociación".
El recurso anunciado por estas empresas podría paralizar de forma temporal la demanda colectiva que los padres quieren presentar, tal y como confirman fuentes jurídicas. Las letradas Lourdes Ruiz y Susana Beltrán, especializadas en competencia, explican que la decisión de las editoriales podría provocar que el juzgado que reciba la actuación iniciada por la FAPA Giner de los Ríos la suspenda de forma cautelar a la espera de que la Audiencia Nacional se posicione sobre la sanción. Aunque también explican que la actuación de las familias les permite evitar que prescriba la infracción. La Federación de padres y madres presentará este lunes los detalles para participar en la demanda colectiva y reclamar la cantidad de dinero que, consideran, las familias han pagado de más.
Por su parte, desde ANELE aseguran que no se han "producido daños o perjuicios a las familias" ya que aseguran que "el gasto medio en libros de texto por alumno se ha reducido". Según los datos planteados en un comunicado, desde la patronal indican que el incremento entre 2012 y 2018 "ha sido del 1% pese a la inflación". Además, destacan que la resolución del órgano sancionador "está relacionada fundamentalmente con la elaboración, aprobación e implementación de un código ético del sector" y no por el "sobrecoste".

sábado, 28 de septiembre de 2019

"Por una pedagogía socialmente más responsable" (Pedro Badía para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Reproducimos ese artículo publicado en ELDIARIODELAEDUCACION.COM

Creo necesario, en este primer artículo, hacer una reflexión sobre dónde nos ha ido llevando la deriva política neoconservadora. Cómo ha impuesto un relato social y cultural cuyo fundamento es un modelo educativo obsesionado por seleccionar, segregar, excluir y clasificar. Una máquina de exclusión social.

Seis años de LOMCE. Seis años bajo la bota de la mal nacida “ley Wert” que ha causado graves desperfectos y no menos lesiones a la educación pública española. Casi una década de recortes y de políticas que han privilegiado al sector privado, desandando treinta años de esfuerzos presupuestarios y pedagógicos. Que está convirtiendo a las escuelas y a los institutos en una especie de enclaves aislados del resto de la sociedad y de los procesos culturales que la atraviesa. La LOMCE es una ley que activa una pedagogía para oprimir y someter, y hace posible que la historia del progreso y las revoluciones sociales y tecnológicas pase por delante de los centros educativos sin entrar en ellos.

Necesitamos una pedagogía socialmente más responsable y una visión práctica más arraigada en la participación y en las más profundas convicciones democráticas. Y unas políticas educativas que ensanchen el terreno de juego del futuro sistema educativo. Que permita crecer a las personas.

Es posible comprometerse en actividades críticas tanto educativas como sociales, capaces de resolver los problemas reales con los que se enfrenta la gente cada día.

Esta visión global tiene que ir unida a una acción social generadora de cambio. Solo si avanzamos en la construcción de movimientos sociales de amplio espectro donde el conjunto de la comunidad educativa participa en la consecución de objetivos más amplios a favor de la justicia y la equidad social conseguiremos éxitos duraderos.

El neoliberalismo más conservador ha importado al sistema educativo la crisis económica que ha promovido, descargando sobre él el argumento necesario para que la educación se convierta en un puntal del modelo social dominado por las ideas más descarnadas e insolidarias.

¿De quiénes son el conocimiento, la cultura y la estrecha visión del mundo que modelan los currículos, y se incorporan a los libros de texto, y cada vez más convierten la educación en instrucción? ¿Por qué la dura pugna por el control del contenido y la estructura del currículo? ¿Para qué una instrucción bajo los parámetros de la economía más reaccionaria y al servicio del mercado? Simplificación, fragmentación y mercantilización. Publicidad comercial y propaganda política se dan la mano.

El que tiene el relato tiene un poder inmenso y en España el relato educativo lo tiene una derecha cada vez más contaminada por las ideas de la extrema derecha que se extiende por otros países de Europa. Eso no es educación. Hay que leer a los grandes escritores del siglo XX como Setefan Zweig, Karl Kraus o Primo Levi para darnos cuenta del grave peligro que corremos. Anulada la memoria histórica se pierde la mesura, y en la desmesura todo vale, sin que la moral sea obstáculo.

La derecha contaminada por la extrema derecha ha asaltado las certezas más humanas -solidaridad, cooperación, justicia social, amor, amistad, diálogo, etc.- , convirtiendo la ficción en realidad y ahogando el compromiso que nace entre las personas. La lección es que ya nada anda al paso del ser humano. Ha triunfado el individuo que se repliega sobre sí mismo frente al compromiso solidario que significa ser persona. La educación queda reducida a una escuela cercada de prejuicios reaccionarios y en el fondo antipopular.

Dotar de un sentido limpio y claro a la educación es una necesidad urgente. Construir un relato desde la izquierda que recupere el sentido más humano de la educación, la cultura y el conocimiento es un importante reto.

Necesitamos una reflexión consciente sobre el sentido de la educación no del mercado educativo. Empezar a educar al servicio de las personas para avanzar, crear conocimiento, crecer y expresar libremente pensamientos y sentimientos no solo al servicio de uno mismo sino de uno mismo como parte de la humanidad, un signo de cambio. Dar sentido a la educación, vitalizarla, con ideas claras y propuestas claras, una necesidad.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Caos en los colegios de Madrid con el préstamo de libros: desigualdad, alumnos sin materiales y problemas informáticos (Elena Cabrera para EL DIARIO)

ELDIARIO.ES publica esta noticia


"El caos". Así define la presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) de un centro educativo de la Comunidad de Madrid el estreno del nuevo sistema autonómico de gratuidad de libros de texto. Los reparos al proyecto se remontan a su aprobación, hace dos años. Pero se han recrudecido con su puesta en marcha este curso, pues aunque la ley que fue aprobada por unanimidad en la Asamblea hablaba de gratuidad, el programa en el que se ha materializado es de préstamo. Y ni siquiera para todos los cursos.
Las instrucciones del programa Accede establecen que son beneficiarios los alumnos de Primaria, ESO, Formación Profesional Básica y Educación Especial de centros públicos y concertados. Pero la realidad es que, este año, la Comunidad de Madrid solo sufraga el coste de los libros de los dos primeros cursos de Primaria, porque al tratarse de material fungible no se puede reutilizar; así como de tercero de Primaria y cuarto de Secundaria.
Para que el resto de alumnos de otros cursos puedan tener también libros gratuitos, los colegios deben aprovecharse de los bancos de libros que de manera voluntaria se vienen organizando en las asociaciones de padres y madres. En los centros en los que no hay banco de libros, como en el CEIP Pintor Rosales de Madrid, el alumnado de cuarto a sexto tiene que comprarse los libros.
La conclusión es que un sistema necesario para facilitar a las familias el acceso a la educación está generando desigualdad. Pues la adquisición de libros de texto se ha convertido en un gasto que unas familias deben asumir y otras no. La universalidad del programa Accede no está siendo ni remotamente universal.
A todo ello hay que sumar, además, una implantación a trompicones. El curso ha empezado y, en muchos centros de la comunidad autónoma, a mediados de semana todavía no han sido entregados los libros. Así ha sucedido en el colegio José María de Pereda y en el instituto Pedro Duque de Leganés. "Tiene su lado bueno", bromea la presidenta de las AMPA de ambos centros. "Y es que se ha demostrado que los libros de texto no son imprescindibles, que se puede dar clase durante tres días sin utilizarlos", señala.
Mari Carmen Morillas atiende a eldiario.es mientras coloca los paquetes de libros en un aula del colegio. Tienen los libros, pero no van a poder entregarlos porque el programa informático que gestiona Accede está caído. "De vez en cuando se cuelga y no funciona. Hasta que no vuelva a funcionar, no se pueden dar de alta los libros, imprimir las etiquetas o saber a quién le corresponden. Estamos aquí parados esperando". En otros centros, hay libros que no han llegado todavía (cursos completos o libros concretos), otros han venido sin forrar (unos sí, otros no) y otros marcados como nuevos cuando en realidad son usados.

Condiciones de devolución difíciles de cumplir

"No es gratuidad, es préstamo, tal y como venimos realizando las AMPA desde hace años", explica Camilo Jené, presidente de la federación que aglutina a estas asociaciones en Madrid. "Es un sistema de financiación que corre a cuenta de las familias para luego cederlos a Accede. Las familias compran los libros y tienen que entregarlos en perfectas condiciones para tener derecho a recibir, el año que viene, un lote de libros en préstamo, si es que hay suficientes, porque la Administración obliga a entregarlos pero no garantiza que haya para todos, de manera que es posible que tengan que volver a comprarlos. De igual manera, si alguno de los libros del lote que entrega la familia no está en condiciones, se rechaza el lote entero y tiene que comprar libros al año siguiente".
Los centros se quejan de que las condiciones en las que han de devolverse los libros de texto prestados son difíciles de cumplir: no se puede subrayar ni siquiera a lápiz, se tienen que guardar en estanterías de una determinada manera para que no se arruguen, se tienen que forrar y las páginas no se pueden arrugar. En sus casas, los niños y niñas llevan días siendo aleccionados, casi amenazados, sobre el extremo cuidado que han de ponerle a los libros de texto. "Es un absurdo", dice Jané. "¿Para qué quieres un libro de texto si no puedes trabajar sobre él?", se pregunta. "La ley nace desfasada. Estamos en otra época. No tiene sentido", añade. Hay colegios laxos, donde relajan los criterios de la comunidad, y otros más estrictos, que están rechazando lo que no viene impoluto.

Un sistema solo voluntario

El sistema diseñado es de adhesión voluntaria y la inscripción se realizó el curso pasado. La falta de información es uno de los factores que han llevado a que la cantidad de inscritos varíe según el centro. Pero hay otras excepciones: como los alumnos trasladados o los repetidores.
Isabel Díaz Ayuso, en la inauguración del curso escolar. / Comunidad de Madrid
Isabel Díaz Ayuso, en la inauguración del curso escolar. / Comunidad de Madrid
A preguntas del eldiario.es, la Comunidad de Madrid no ha comunicado los datos pero en uno de los colegios consultados han participado el 50% de los alumnos. Sin embargo, en el colegio elegido por la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz-Ayuso, para visitar en el arranque del curso, el Estados Unidos de América - Huarte de San Juan del distrito de Moncloa-Aravaca, se han inscrito el 95% de los estudiantes.
Con el objetivo de conseguir un sistema realmente igualitario, la FAPA piensa que el sistema no debería ser voluntario sino obligatorio. "La enseñanza es obligatoria y gratuita, todos los alumnos deberían tener todos los libros gratis desde el primer día en su pupitre, ya que es el docente quien decide que hay que comprar libros de texto", dice Jené.
Por otro lado, también se han quejado las familias de colegios concertados que no pueden beneficiarse de libros gratuitos porque su centro ha decidido no adscribirse. A diferencia de los públicos, está en manos de la dirección de estos centros sumarse o no.

Bancos de libros absorbidos por el nuevo sistema

En el CEIP Patriarca Obispo Eijo Garay del distrito de Chamartín, hay libros que no han llegado, se cree que por un traspapelado de la empresa transportista. El AMPA de este centro lleva años con su propio banco de libros, que ha sido absorbido por Accede. Gracias a ello hay libros en préstamo para todos los que lo han solicitado. Pero hay muchos libros que no están incluidos, como los cuadernillos de trabajo, los de Plástica o los de Música. E incluso libros de texto que se han eliminado, como los de Religión y Valores, para conseguir abarcar la totalidad de la demanda con el dinero proporcionado por la Comunidad de Madrid. Es más, si había libros que se querían sustituir por otros, no ha podido hacerse.
El Gobierno regional ha destinado cerca de 200 millones de euros para adquirir alrededor de dos millones de unidades de libros. La Consejería de Educación reparte el dinero a cada centro para que ellos lo manejen, lo cual fue calificado por los sindicatos como una "externalización de la gestión".
La Comunidad constituyó un Acuerdo Marco para poder crear una bolsa de librerías a las que los colegios pudieran comprar los libros bajo criterios de contratación pública. Pero el sector del libro se revolvió contra ello, pues las condiciones económicas y de gestión que solicitaban los pliegos para que las empresas pudieran concurrir dejaban fuera a librerías y distribuidoras pequeñas que vienen viviendo y manteniendo sus negocios gracias a los libros de texto.
La presión de los libreros funcionó y el Acuerdo Marco fue suspendido mediante una carta el último día de mayo a los centros. Pero el Acuerdo había sido publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, por lo que, legalmente, sigue vigente. "La Comunidad está incumpliendo su propia normativa", dice el presidente de la FAPA. Gracias a eso, los colegios han podido pedir presupuestos a sus librerías de proximidad, con las que habitualmente trabajan. Esta ruptura o suspensión del Acuerdo no ha sido comunicada al sector, que ha sabido de ella por las librerías con las que se ponían en contacto los colegios.
Desde la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (ANELE) confían en que se negocie un nuevo acuerdo para el año que viene. Para el Gremio de Libreros, el relevo en el Gobierno de la Comunidad ha originado la falta de comunicación y los retrasos en las negociaciones. "El propio consejero de Educación, Enrique Ossorio, dijo que el sistema era muy mejorable, nos agarramos a eso", dice su secretario, Pablo Bonet. El gremio tiene confianza en que el sistema pueda cambiarse por el modelo que ellos defienden, el del cheque libro, para que las familias lo gasten en la librería que elijan. Están esperando al cierre de la campaña de libros para retomar las conversaciones.
Ahora bien, se han podido comprar solo los libros para los que había dinero. "Hay centros que han recibido menos dinero del que necesitaban ya que, al romperse el Acuerdo Marco, los centros solo han podido recibir 15.000 euros, los que han solicitado una cantidad mayor no la han recibido porque excede la cantidad de un contrato menor", explica la FAPA.
También hay una reivindicación desde el sector laboral. El Reglamento de Accede establece que se cree un Comité de Gestión del programa en cada centro, al que se incorpora un miembro en representación del AMPA. El responsable ha de ser un docente, que recibe un complemento salarial por este trabajo. Al tratarse de un trabajo administrativo y no docente, la única explicación para que este trabajo recaiga en un profesor es que hay colegios que ni siquiera pueden permitirse un puesto de personal administrativo.
El clima caótico que estos días están viviendo los colegios y las familias que han aceptado entrar en el programa de préstamo es resultado de "la mala organización de la Comunidad de Madrid", según el presidente de la FAPA Giner de los Ríos. Mari Carmen Morillas, que ha estado echando una mano en su colegio en junio, julio y septiembre, dice: "ya no damos más de nosotros mismos". Sumado a las obras sin acabar, la alta rotación del profesorado, la ausencia de intérpretes para sordos, la discriminación con los uniformes en los concertados y los habituales malabares de los equipos directivos para sacar los centros adelante con presupuestos ajustados, Madrid vuelve al cole, un septiembre más, con desilusión antes de tiempo.