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sábado, 15 de noviembre de 2025

19-11-2025: Conferencia “Maestras de Tetuán” (18:00 h., en la Biblioteca del IES Jaime Vera. C/ Infanta Mercedes nº 47). Organiza: Plataforma por la Educación Pública de Tetuán

Con la intención de seguir divulgando la historia y el patrimonio educativo de nuestro distrito, la Plataforma por la Educación Pública de Tetuán organiza una nueva conferencia que recupera la memoria de las maestras que fueron clave en los proyectos innovadores y en la incorporación de las mujeres a la docencia y a la educación.

👩‍🏫 Ponentes:

Alberto Tellería Bartolomé, arquitecto experto en patrimonio madrileño y cofundador de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio.

Julia López Giráldez, maestra jubilada y coautora de “Ni tontas ni locas. Las intelectuales en el Madrid del primer tercio del siglo XX”.

Luz Martínez Ten, feminista y sindicalista, directora del proyecto “Las maestras de la República”.

📍 Lugar: Biblioteca del IES Jaime Vera
📅 Fecha: 19 de noviembre
🕔 Hora: 18:00 h
📌 Dirección: C/ Infanta Mercedes nº 47

Más información: 

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domingo, 28 de septiembre de 2025

21-10-2025: Presentación del documental “UDEEM Los chicos del San Isidro” (18:30 h., en la Biblioteca Histórica UCM. C/ Noviciado 3). AMESDE, FESCIMED y Arte y Memoria

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domingo, 18 de mayo de 2025

24-5-2025: Acto público “La Cultura con Justa Freiré” (11:00 h., en el Centro Cultural Paço de Lucia, Av. Las Aguilas 2A, Intercambiador Aluche). Convoca: Plataforma Calles dignas - Justa Freire

 La FE de CCOO de Madrid nos envía esta convocatoria:



Acto cultural Justa Freire 🔽

🗓 El 24 de mayo tendrá lugar un acto cultural en el que participan una treintena de artistas de varias disciplinas, para reivindicar que la calle, ahora llamada del General Millán Astray, recupere la denominación de Maestra Justa Freire, aprobada por el pleno del Ayuntamiento de Madrid, sin ningún voto, en abril de 2017. La música, la literatura y poesía, las artes plásticas, como pintura, estampación, serigrafía o el muralismo, y el teatro, se dan cita en este evento, que es posible por el compromiso y generosidad de los artistas participantes, cuyas obras podrán ser admiradas, no solamente en el citado acto sino en espacios y publicaciones que se van a realizar.


sábado, 17 de mayo de 2025

A vueltas con los cónclaves, silencios y olvidos (Manuel Menor)

 Manuel Menor nos envía su último artículo:

Tergiversan y entorpecen la historia cultural de los avances y retrocesos de la convivencia democrática.

La mención del “cónclave” ha llegado al Congreso de Diputados de la mano del jefe de la oposición en este momento, y la ha prolongado la bancada azul alegando que, en la fórmula electoral vaticanista, se puede entrar como papa y salir como cardenal. Como recurso para llamar la atención de los más adormilados con los rifirrafes de la vida política actual, bebe de los métodos que ya recomendaban los retóricos romanos para que el discurso conectara con la realidad. Ni que decir tiene que las transmisiones televisivas de lo recientemente acontecido entre los muros de la Capilla Sixtina han dejado un poso virtual apto para el uso de la analogía en los asuntos temporales de la vida ciudadana, si bien  la lección real que ha dejado su empleo es la de una gran banalidad, como mucho de lo que en el espacio parlamentario se habla, contrariando su valor democrático.

El argot con que se adobó la metáfora –cocinado con el robado de mensajes privados entre políticos- no es precisamente ejemplar para la sana convivencia. Los muñidores del supuesto beneficio de esta sintaxis, aparte de descortesía y “mala educación” –que solía decirse-, enseñan a todos, mayores y adolescentes, su profunda hipocresía cuando por fines cortoplacistas pretenden aleccionar. Sus chapuceros medios, diciendo que todo vale –como cuando el rey francés Enrique de Borbón decía, después de abjurar del calvinismo, que “París bien vale una misa”-, olvidan lo que suelen hacer a diario junto a eximios colegas de facción. Sobrada documentación tienen los periodistas –y las hemerotecas- de  malos usos de principios morales, tan poco considerados por practicismo coyuntural, que muchas veces terminan en lodazales diversos. Las falsas manías de ejemplaridad, de las que El rey desnudo de Andersen quiso mostrar sus costuras en 1837, beben de relatos como el del “Infierno” del Dante en La Divina Comedia (siglo XIV), y han dejado motivos  suficientes para inspirar el Divino sainete (Curros Enríquez, 1888)  o, más cerca, los esperpentos a que, como género literario,  hicieron maestro a Valle Inclán. En lo que llevamos de siglo XXI, estas prácticas vuelven a proporcionar material sobrado, incluso para instaurar nuevas conmemoraciones. Como supuesta novedad de vergüenzas,  debería haber una dedicada a los abusos  de los móviles, en que se celebraría, al modo del “día de inocentes” del siglo pasado, se celebraría a cuenta de la percepción de bulos, mentiras, bulling y demás hábitos tecnificados de acoso. En tal fiesta, cabría una sesión de opinadores avezados en no dialogar, y diestros en exigir “buena educación”: buena ocasión para descubrir apaños de falsa moralidad.

La utopía de una enseñanza democratizadora

Estos debates, como los de sesiones parlamentarias donde supuestamente se pregunta al Gobierno sobre su gestión,  suelen ser ocasión para combativas divisiones de opinión. Para muchos todo va peor que nunca y, según otros -más escépticos que pesimistas- casi siempre es ocasión para imitar al protagonista de Lars Gustaffson en La muerte de un apicultor (1978) y “volver a empezar”. Dan por supuesto que nunca nada está terminado: siempre falta mucho para cumplir la mejor utopía, como repetía, incansable, el recién fallecido Pepe Mújica. En estas divergencias tiene mucho que ver la memoria, esa facultad que cuantos han tenido cerca el Alzheimer aprecian por los quebraderos de cabeza y dificultades que genera el olvido. En lo colectivo, esta atrofia neuronal entre lo que se hizo o no se ha hecho  -y lo que se debe hacer- también existe y, aparte de retardar decisiones necesarias, limita el provecho de los cambios oportunos a su debido tiempo.

En Educación, ha habido este retardamiento y pérdida de memoria, y en importantes asuntos es enfermedad estructural. Síntoma suyo es el largo recorrido de muchos de ellos desde 1857, en que sube a la Gazeta de Madrid la primera ley general: la Ley Moyano. Prosiguen otros en leyes bien recientes, como indica el que La Ley 20/2022 -de 19 de octubre: Ley de Memoria democrática- promueva iniciativas didácticas en los centros escolares, más allá de lo que decía la Ley de Memoria histórica -ley 52/2007, de 26 de diciembre-, y que le facilite desarrollos apropiados la LOMLOE (de 29.12.2020) en las enseñanzas mínimas que prescribe desde 2022-23. Notorio es, sin embargo, que Comunidades como Madrid las obstaculizan. Ejercitando sus competencias curriculares, en segundo de Bachillerato, por ejemplo, el diseño de Historia de España -de obligada atención en la EVAU de 2025- sigue siendo el de 2002 –posterior al torticero debate sobre “las Humanidades”- e impide un digno tratamiento de las cuestiones que emanan de dos leyes importantes en el desarrollo de la CE78. Después de casi cincuenta años de la muerte del dictador, plantear los asuntos centrales de “memoria democrática” todavía resulta exótico; en demasiadas ocasiones pesa mucho el tiempo anterior a la Constitución de 1978: la puerta abierta hace 47 años para democratizar su conocimiento y una praxis acorde parece haber servido de poco.

De todos modos, el alzheimer educativo no se reduce estrictamente a los asuntos que suscita la memoria “histórica” o “democrática”, y tardará mucho en curarse si gestionarla se circunscribe a los decretos del BOE. Para que llegue de verdad a todas las aulas es imprescindible su arropamiento coherente en muchas otras acciones que afectan profundamente a la vida escolar. La organización interna de los centros, la formación lógica de sus educadores y, de fondo, el respetuoso respeto a la libertad de conciencia y  la atención a las características de los educandos, son determinantes. Por otro lado, nulo favor se hace a “la memoria democrática” en el sistema educativo olvidando a cuantos docentes enseñaron democracia a remolque de una “cultura escolar” reticente u hostil. Antes y después de 1978, su ruptura con los libros de texto al uso, y sus innovaciones en la enseñanza de la Historia Actual con documentación de archivo, exposiciones y debates sobre cuestiones contrarias a los derechos humanos y la paz -o huellas residuales a veces de aquella Guerra antidemocrática-, dignificaron la educación de muchas generaciones. Sus honrados proyectos abrieron un duro camino en la conexión de escuela y vida real, y no son los causantes de adolescencias reacias  a conocer –sin  manipulaciones-  lo ocurrido en España desde los años veinte.

En Educación, todas las manos son pocas para normalizar la Constitución en el sistema escolar, y que todos los ciudadanos tengan una educación apropiada. Alimentando la desmemoria se pierde el futuro, y  para el tiempo actual es estéril seguir haciéndolo.

Manuel Menor Currás

16/05/25

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domingo, 24 de septiembre de 2023

7-10-2023: Cadena humana por Justa Freire (12:00 h., en la estación de Cercanías Maestra Justa Freire - Polideportivo de Aluche -Línea C5). Convoca: Plataforma Calles Dignas - Justa Freire

 CADENA HUMANA POR JUSTA FREIRE  ¡ABRAZAMOS A JUSTA!: TENEMOS SU ESTACIÓN, PERO NOS FALTA SU CALLE. 


 Sábado 7 de octubre a las 12h en la estación de Cercanías Maestra Justa Freire - Polideportivo de Aluche (Línea C5) 


Plataforma Calles Dignas - Justa Freire



domingo, 26 de febrero de 2023

Distopía (Manuel Menor)

Distopía desmemoriada

Madrid avanza hacia un colapso que acontecerá muy pronto en servicios básicos, como Sanidad y Educación, si no se remedia.

Al revés de lo ideado como utopía por Tomás Moro en el siglo XVI, la distopía dibuja un mundo de más pobreza y violencia, más deshumanización y desastres. Son sociedades normalmente peores que las que describen y son interpretables, no solo como crítica a lo que esté pasando -discutible siempre e incapaz de llenar todas las ansiedades de un mundo mejor-, sino también, como un modo de atacar determinados avances de las comunidades políticas en el ámbito de sus derechos comunes.  Ahí parecen encaminarse muchas de las que nos pintan los medios de comunicación, y los políticos que juegan con ellas a diario.


La distópica libertad a la madrileña


Lo acontecido en Madrid en los últimos días va camino de ser una distopía trenzada en el entorno de la presidencia de su Gobierno autonómico. Su trama tiene actores reales y fundamento para atraer la atención de los ciudadanos votantes. No es, en todo caso, figuración imaginaria de algún creador literario, cinematográfico, guionista de cómic o productor de videojuegos. Es hiperreal, como documenta la multitud de manifestantes por la Sanidad pública el pasado día 12 de febrero en contraste con el juicio que le ha merecido a Díaz Ayuso esa protesta: “quieren reventar el sistema sanitario”. Como si el de esta comunidad fuese el mejor del mundo y no tuviera graves problemas de gestión, esta presidenta está empeñada –siguiendo su guión político- en repetir que su acción gestora es maravillosa. Por ello agradecía hace unos días a la viuda del recién fallecido Carlos Saura sus palabras de aliento, cuando lo que realmente había dicho era exactamente lo contrario: que había que cuidar ese servicio de modo bien distinto. Como el rey desnudo, su histrionismo no tiene límite.


Todas las distopías relevantes de la literatura han tratado de alertar de los peligros y riesgos de determinadas pautas o maneras de gobierno y de cultura social, ya fueran internacionales o muy estrictamente provincianas. En muchas está presente, además, la manipulación de lo que acontece, y la instrumentación o anulación de la posibilidad de averiguación propia; el control de los medios de información conduce, casi siempre, a limitaciones y anulación de la libre interacción cívica con los demás y con el entorno. Lograr el mundo feliz, de que hablaba Huxley, pasa ahora, en cuanto a Sanidad –y lo mismo vale en cuanto a Educación pública-  por una privatización creciente de este servicio al que todo ciudadano tiene derecho constitucional reconocido. Si en este momento cerca del 50% del presupuesto en Salud de esta Comunidad se encamina ya hacia bolsillos privados  -en detrimento de un servicio público gestionado en interés de todos-, las decisiones que se avecinan van camino de incrementar esa proporción. La privatización de  diversos capítulos, como el uso de los hospitales públicos por empresas privadas en situaciones de emergencia –que se pueden provocar en cualquier momento– está a caer, como ya han caído muchos otros de la atención primaria o la pediatría especialmente. La capacidad de que se colapse todo el servicio -y la atención a cuantos no tengan recursos para ser atendidos por corporaciones o fondos de inversión absolutamente privados-, está a punto. Muchos indicadores muestran graves carencias de atención a los pacientes a partir del estrés a que fue sometido el sistema durante la pandemia, y los no atendidos o demorados en  atención acentúan los riesgos de salud  y mortandad. 


La distopía en que anda empeñado el entorno de Ayuso, para convencernos de que le demos el voto en las próximas elecciones fuerza la situación argumental con decisiones que dibujan una sociedad polarizada en torno a conceptos dislocados para hacerse las preguntas acertadas; nos dan, en cambio, las que dicen respuestas correctas. La libertad a la madrileña ronda, omnipresente, todas las decisiones ultramodernas en que nos quiere embarcar, aunque no pasa del sálvese quien pueda a cuenta de lo que cada uno haya podido juntar a lo largo de la vida, que casi siempre habrá sido vendiéndose a sí mismo como asalariado. La teoría de las terrazas de bar, como símbolo del bien común que implementa, es el modelo de utilidad emprendedora en que el bolsillo de los hosteleros de barrio saca provecho a los ruidos y risas a altas horas de la noche, absolutamente negadas al descanso tranquilo de cuantos vivan en la zona. Las monedas de las cajas registradoras de estos bares resonando en algún punto, aunque los clientes paguen con tarjeta,  son el paradigma de la sociedad que se quiere crear, ajena a los derechos ciudadanos e irresponsable de un futuro que las crisis de “desarrollo” y “consumo” hacen oscuro. 


La atención lectora


Este constructo configura la melodía que, según Defoe, entonaba el narrador omnisciente de una pandemia londinense del siglo XVII: murieron miles de personas, “pero yo sigo vivo”. Con él, quienes cultivan la desmemoria histórica preparan el ambiente que les garantice alcanzar mayorías adecuadas para sostener su farsa. El 28 de mayo está cerca y vendrán pronto los capítulos de la traca final que, con los índices estadísticos de consulting, urgirán su truculencia bárbara para no decaer en la atención. Para triunfar, la opción distópica conservadora procura, desde hace meses, que no parezca viable  una gestión pública de los servicios fundamentales que esté a la altura de la dignidad que deben tener. Siembran dudas en asuntos como el sí es sí, la libertad de la educación o  la protección del patriotismo de Estado; son sus últimos caballos de Troya para remover conciencias. 


Con la crisis económica, la guerra en Ucrania o el maltrato animal, alargan indefiniciones entre los buenos y los malos. La división de la audiencia está en marcha para distanciarla de cuantos planteen políticas democratizadoras. Cuantos oyeren y vieren el discurrir de la narratividad en que andamos ya calibran la veracidad que les merece el guión de la serie que está en marcha. No obstante, independientemente de dejaciones y voluntades de unos u otros en la gestión del supuesto bien común, la atención de quien se sienta ciudadano debiera centrarse, con sentidiño, en cómo el interés de la gran mayoría está siendo acorralado para que no pase de minoría marginal. En esta distopía, si los votantes no lo impiden, lograrán que una Educación y una Sanidad sin dignidad cualitativa sean la norma.


MMC (14.02.2023)

sábado, 4 de febrero de 2023

11-2-2023: "A LOS 90 AÑOS... "Ruta por los Grupos Escolares inaugurados el sábado 11 de febrero de 1933" (10:00 h., en P° de Extremadura 158). Plataforma Calle Maestra Justa Freire

 

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Preocupaciones incómodas (Manuel Menor)

La solidaridad que suscitan en algunos políticos las torpes decisiones de otros no debiera eclipsar parcialidad de las que adoptan cuando gobiernan

Ha empezado la precampaña electoral, aunque falten meses para las primeras elecciones a la vista. Propiamente hablando, hay políticos que están en campaña desde que entraron en la órbita mediática como líderes relevantes.

QUÉ LIDERA FEIJÓO

El ejemplo perfecto es Núñez Feijóo, candidato a la presidencia del Gobierno después de acceder a dirigir el conservadurismo del PP en abril de 2022, momento desde el que pasó a defender que el jefe actual de la Moncloa vendría a ser un fraude desde que, para censurar a Rajoy, se alió con otros grupos de su izquierda. El expresidente de Galicia, sin embargo, no tiene el tono centrado, moderado y dialogante que aparenta, sino el bronco de Casado; es frecuente, además, que lo que pretende expresar nada tenga que ver con su verdadero pensamiento y resulta postizo. Ni siquiera la gestión que con sus mayorías parlamentarias llevó a cabo en la Comunidad gallega le da un respaldo fiable; son muchos los que se han quedado aliviados con que le hubieran destinado a Madrid, casi los mismos que se echarían las manos a la cabeza si lograra sacar adelante su liderazgo en el conservadurismo dañado en la etapa de Rajoy.

Desde que el Senado le facilita visibilizar su oposición al Gobierno actual, sus argumentos, palabras y gestos son preocupantes. Más allá de los clásicos recursos sofistas, que quienes le escriben los papeles parecen conocer bien, lo que realmente propone no aporta optimismo democrático. De manera aparentemente nueva en la terminología, reproduce las viejas ideas del conservadurismo, en que lo que importa es conservar lo que tienen las gentes que él representa: el poder real sobre los medios de producción y consumo, sin que nadie lo erosione. Cuando habla de medidas económicas, su recurso sigue siendo el ahorro individual, igual que en el siglo XIX, cuando para solucionar la pobreza que generaba una explotación feroz de los asalariados, culpaban a estos. Lo cuenta en 1890 Armando Palacio Valdés, en La Espumareflejando la posición de la España de la Restauración en cuestiones sociales, un aristócrata, dueño de unas minas, lo expresa ante una visita. Al interesarse esta por la pobreza que observa en sus trabajadores, el aristócrata dice que no ahorran y por eso acusan miseria, pero la persona que ha preguntado replica: ¿Cómo quiere usted que ahorren si lo que les paga no les alcanza para comer? 

LA DEMOCRACIA CENSITARIA

En esa dinámica, las fórmulas de Feijóo y los suyos remiten a un planteamiento del pasado en que quienes se sentían en ascenso  social  planteaban un tipo de convivencia política de varios niveles de derechos, desigualdad que se traducía en la modalidad de participación indirecta o voto censitario. En el proceso de sustitución del Antiguo Régimen, por uno de signo liberal y representación popular, la fórmula se ejercitó primero en 1810 y, muy pronto, en la Constitución de Cádiz, donde el derecho a ser elegido  diputado era de quienes tuvieran una renta anual proporcionada, procedente de bienes propios (art. 92). Larvadamente, se trataba de aligerar así el gasto público del Estado. El principio censitario no se aplicó, y menos con Fernando VII, en que el absolutismo regresó en 1814 para durar casi treinta años. Fue en el reinado de Isabel II cuando el derecho de voto quedó restringido -prácticamente hasta 1868 y de 1877 a 1890- a quienes tuvieran riqueza y capacidad. En su principal antecedente, el Estatuto Real de 1834, la Cámara Alta o Estamento de Próceres estaba formada por  miembros natos y hereditarios de los Grandes de España, mayores de edad con 25 años, plenos derechos y renta anual de 200.000 reales; se les añadían los de libre designación real: nobles y altas dignidades del clero, la política, la propiedad o la ciencia, con 80.000 reales de renta. Los miembros de la otra Cámara, o Estamento de Procuradores del Reino -los propiamente elegidos- debían tener 30 años, ser españoles e hijo de españoles, de la provincia donde eran elegidos y dos años de residencia en ella, y tener  renta de 12.000 reales anuales.

Pues bien, al ritmo que van las protestas del grupo conservador frente al Gobierno actual y sus propuestas de corrección, da la impresión de que la dinámica cultural a que obedece Feijóo sea heredera de aquella fórmula.  Teóricamente, la Constitución actual reconoce a todos un conjunto de derechos y obligaciones políticas, sociales y económicas en libertad e igualdad. En la práctica, sin embargo, la libertad de que hablan muchos políticos del conservadurismo actual prima una individualización de la igualdad que viene a propugnar la continuidad de la desigualdad del siglos XIX. Poco vale, por ejemplo, que se reconozca el “derecho a la protección de la  Salud” (arts. 43, 50 y 51 de la CE78), o que en el art. 27 se reconozcan el “derecho a la educación” y a “la libertad de enseñanza”; sus referencias a ellos desde las decisiones políticas que adoptan en las Autonomías que gestionan – y en las que han tomado cuando gobernaban en Moncloa- predomina siempre su perspectiva censitaria. En su sociedad, no todos son iguales, y por eso no prestan idéntica atención a los que ya tienen recursos que a quienes no disponen de lo imprescindible.

Esta solidaridad que, de repente les ha entrado a Feijóo y otros portavoces de su cuerda ideológica con cuantos no salen bien parados en las estadísticas del desempleo, o con cuantas mujeres se sienten agredidas por la excarcelación extemporánea de quienes se han visto favorecidos con las rebajas de penas en la ley del sí es sí, es incómoda. Proviene de élites herederas de otras anteriores que, a su vez, pocas veces tienen una genealogía ejemplar de las razones de su elitismo. Además, no casa con decisiones continuadas que, de lo que  hablan es de favorecer privilegios de amigos de pupitre o de clase social, con quienes comparten opinión. Basta fijarse en las medidas que, en comunidades como Madrid –rompeolas del neoliberalismo y sus aliados ultras- no han cesado de ejecutarse en estos tres años últimos a favor de la Sanidad Privada y una Educación similar. Regido su servicio  por socios a quienes lo que importa es la estricta rentabilidad del negocio, los dos bienes más altamente preciados –la salud y la educación- se convierten en estrictos bienes de consumo, cuyo derecho e igualdad quedan sometidos a metodología censitaria, discriminadora según el  nivel de ingresos de cada ciudadano. Que por encima se proclamen los grandes intérpretes del constitucionalismo democrático, roza el esperpento: los padres del “contrato social” no vendrán a certificarlo.


Manuel Menor Currás
2 de febrero de 2023

martes, 15 de noviembre de 2022

Fabuloso presente (Manuel Menor)

Mucho de lo que sucede no es casual. Puede parecer fabuloso si se compara con lo que debiera ser, pero no es extraño, si se mira bien.

Si se observa lo que ocurre sin la urgencia del periodista por contarlo, la diversidad del día a día, con sus repeticiones, referencias a lo vivido y sugerencias de futuro, permite advertir en los acontecimientos posibilidades argumentales muy amplias e, incluso, conexiones. Sus ámbitos dispares: Sanidad, Educación, Justicia, Servicios sociales y otros asuntos, como, por ejemplo, Urbanismo y Orden público tienen mucho que ver entre sí; en este momento, incluso Política exterior, Comercio y Economía, Trabajo, Energía y Clima guardan estrecha relación. Siempre que el ojo del observador tenga a bien entender la Educación más allá de lo que es la mera instrucción, enseguida puede ver tramas posibles, capaces de hacer de lo que acontece una serie narrativa mucho más potente que las que atan a los espectadores a las plataformas de cine y TV.

LA MEMORIA
Acaba de desarrollarse el pasado día 31 de octubre el “Día del recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe militar, la Guerra civil y la Dictadura”, como ha planteado que se haga la Ley de Memoria Democrática recién estrenada (Ley 20/2022, de 19 de octubre. BOE del día 20). Han pasado 83 años desde el final de aquella desgracia colectiva y sigue habiendo miles de familias que no saben de sus antepasados. Hay entre la población una gran ignorancia de lo ocurrido, y no ha sido posible que la Historia Actual de España –la de los acontecimientos posteriores a los años treinta del Siglo XX- se haya generalizado con la dignidad científica requerida en los centros del sistema escolar: la explicación que han transmitido los currículos educativos y lo que se hace en las aulas muchas veces no roza estos asuntos. Los libros de texto, y las encuestas al alumnado que hace los másteres preceptivos para enseñar muestran bien cómo está de floja la memoria democrática y, en particular, la que, más allá de legítimos sentimientos subjetivos, es Historia reconocida por investigadores de prestigio acreditado.

Es penoso, por ello –y esta es la parte conflictiva del argumento posible de un relato sobre esta cuestión-, que haya tantas personalidades con representación política empeñadas en sostener lo insostenible. Visible ha quedado en el acto solemne del último día de octubre el desafecto mostrado con las ausencias al mismo; y bochornosas han sido las explicaciones de algunos que, a modo de marionetas, siguen con la ignorancia que propagaba el Libro de España -de obligada lectura en los años cincuenta y sesenta-, o las enciclopedias de 2º Grado, en que la Historia acaecida en la Península era imperialista casi desde Adán y Eva, providente, imperialista y defensora del bien bajo el sacrificado impulso de martiriales seguidores de victoriosos caudillos. De nada nos sirven esas fabulosas narraciones del pasado para afrontar los problemas del presente; sin aceptar la realidad de aquellos conflictos –de los que teóricamente hemos pasado página en 1978-, y la preservación de la dignidad de todos, difícil será alargar mucho tiempo este presente; las emociones encontradas no son buenas consejeras cuando crecen las incertidumbres. Que exista, al fin, una norma capaz de poner orden en las responsabilidades colectivas, bien merece celebrarse si ayuda a reconciliar posturas entre los descendientes de aquel conflicto; verlo de otro modo, es incubar una tendencia a fabular digna de mejor causa.

LA JUSTICIA
No menos fantasioso es que quienes llevan más de cuatro años entorpeciendo los entresijos administrativos de la Justicia española desde el CGPJ alardeen de hacerlo por el bien común de los españoles. La vigésima de las razones que esgrimen para aplazar el cumplimiento de la Constitución no excusa de lo preceptuado en la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio (BOE del día 2). Las funciones de naturaleza administrativa que, en principio, están encomendadas a este órgano de gobierno del sistema judicial español están causando serios daños a su buen funcionamiento y, sobre todo, a la credibilidad que a los ciudadanos les merezcan quienes están llamados a poner orden en sus litigios particulares y en la convivencia colectiva.

Es fabuloso que, en nombre de la Constitución, haya grupos interesados en frenar el desarrollo de lo que la ley existente regula. De entrada, da la sensación de que el control de la ley existente obedezca, ante todo, a pautas no escritas, pero inscritas en hábitos muy arraigados, en que como enseñaba Karl Schmitt en su teoría del Estado, en 1934, estas competencias emanaban del Empíreo y, por infusión genealógico-clasista, solo unos pocos estaban predestinados a administrarlas. En segundo lugar, habiendo sido algunos implicados en el enquistamiento de este asunto formados en las lides jurídicas según la normativa que reguló la Universidad desde 1943, parece que siga rigiendo, ad pedem literae, lo que esta ley establecía como función principal: “educar y formar a la juventud para la vida humana, el cultivo de la ciencia y el ejercicio de la profesión al servicio de los fines espirituales y del engrandecimiento de España” (art. 1). Ahora bien, aunque la retórica cultural haya variado levemente esta orientación tan genérica, no se entiende bien –salvo fabulando- el nulo contraste que, respecto a ella, hayan tenido las actuaciones de estos más de cuatro años en torno a este órgano administrativo, y en particular la de estos días pasados. Ergo, debieran aclarar en qué objetivos democráticos actuales haya que inscribir la traducción que hacen de aquel “servicio de los fines espirituales y del engrandecimiento de España”.

LA CASUALIDAD Y LA CAUSALIDAD
Es tendencia arraigada, desde las culturas mesopotámicas unos 3000 años a. C., que el destino estaba inscrito en las combinaciones astrales y que sus alineaciones regían nuestras vidas. Esta literatura –desmentida entre otros por el P. Jerónimo Feijóo- sigue teniendo adeptos: muchos adivinos y tertulianos siguen adscritos a esa creencia. Crece, también, la de cuantos, ante los problemas, acuden a rituales mágicos; desde el Paleolítico, el hechicero de la tribu y su pretensión de controlar las fuerzas de una Naturaleza independiente de las ambiciones humanas ha tenido gran prestigio. No es extraña, por ello, la ambición de cuantos ambicionan que la ignorancia siga a sus anchas. El malhadado día en que Miguel de Unamuno pronunció aquello de “que inventen ellos” estaba diagnosticando muchos de los comportamientos poco modernizados que, desde 1906 hasta hoy, ha tenido el sistema educativo español. Esta pauta cultural no es fábula, sino realidad; no tiene misterio, dadas las frágiles estructuras de que hemos sido capaces de dotarnos, inaccesibles para muchos.

Manuel Menor Currás
0 de noviembre de 2022