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viernes, 27 de noviembre de 2020

¿Cambios LOMLOE? (Manuel Menor)

La LOMLOE introduce menos cambios que los que le achacan 

Deja intactos  núcleos que arrastra el sistema desde muy atrás. La Constitución aparentó conciliarlos, pero no cesan de motivar desavenencias 

Como era previsible, la LOMLOE, desde antes de aparecer en el BOE, ha empezado a dar señales de que molestaba a una parte de la población. No es nada nuevo y hay cuerda para rato. Las protestas de unos y el documento que se va a votar en el Senado son provisionales; forman parte de una tradición alternante que, a lo corta, proviene de una redacción complicada y extraña del artículo 27 de la Constitución, con la que hasta ahora no ha sido nunca posible un pacto educativo firme; más atrás, tiene una larga historia de conflictos, algunos muy graves. 

 El productivo conflicto educativo

Manifestaciones como la que días pasados hubo en muchas ciudades españolas,  de la que quedan huellas en muchos colegios con sus globitos anaranjados, repiten las que hubo, sobre todo, en 2005 –previas a la LOE y a la ampliación- y, también, a algunas anteriores como la de aquellos quince meses de desencuentros continuos –en la calle, en los púlpitos y en los medios afines- anteriores a 1985, en vísperas de que Maravall lograra convencer a los obispos de que aceptaran la LODE, en que se oficializaban sus colegios. 

A los dos principales partidos les debe ir bien con este renovado alboroto. Ninguno se rinde en su pelea por tener un motivo simbólico tan fuerte para contentar a sus votantes más fieles, causante, además, de que mientras se habla de esto, parezca que no existen cuestiones más inquietantes. En este momento, los del PP tienen en esta LOMLOE una causa capaz de unirles en el conservadurismo; a su vez, al PSOE le satisface haber frenado algunos excesos en que había incurrido la LOMCE si nadie pregunta qué haya sido de aquella “Alternativa para la Enseñanza” que apareció en el Boletín del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid en febrero de 1976 y reclamaba “escuela única”. ¿No  era esa la base del programa socialista en 1982? 

Entretanto, muchísimos opinadores que pasan por este asunto como ante un cotilleo más, dicen lo primero que se les ocurre y no tienen inconveniente, incluso, en sacar a relucir a sus hijos como sufridores de unos malévolos que se empeñan en meter el dedo en un mundo de gente guapa y de mucho éxito. Estos días, se puede oír de todo; cada cual saca a relucir sus propias frustraciones con el sistema educativo; todos tienen alguna experiencia escolar hasta los 16 años como mínimo, e invocan a San Narciso con prontitud. 

A decir verdad, nadie debiera extrañarse mucho de todo esto; pero cabría esperar  más coherencia de nuestros gestores políticos; de lo que han hecho en estos veinte años últimos por ejemplo, y de lo que van a hacer ahora que Casado anima a los suyos a continuar una guerra como taifas desde cada Autonomía, frente a los supuestos despropósitos de esta octava ley orgánica que propone el PSOE. 

Una historia larga

Los intereses contrapuestos de esta película vienen de antiguo. Claudio Moyano, cuando inició en 1857 la legislación general sobre el sistema educativo ya fue condicionado por el Concordato de 1851. La otra mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX no fueron una balsa de aceite: los buenos conocedores de la historia de la Institución Libre de Enseñanza conocen bien que la “libertad de enseñanza” -que tanto se menciona- fue invocada para perseguir despiadadamente a los mentores de aquella gran institución. Si se avanza un poco más y se entra en los porqués de la insurrección contra la II República, además de seguir siendo de gran interés el libro de Mariano Pérez-Galán en 1975, si no tienen mucho tiempo lean en el BOE  el preámbulo a la Ley de Educación Primaria (BOE del 18.07.1945) y, si tienen humor, también en ese medio oficial encontrarán una secuencia metódica de órdenes por las que se cerraron institutos públicos y se dio cancha abierta a los colegios de la Iglesia; por ejemplo, una de abril de 1939 (BOE del 15.04.1939), en que los 13 institutos que tenía Madrid fueron reducidos a seis y, al menos a dos de ellos, les cambiaron el nombre anterior. En poco tiempo, el 70,7% de los pocos españoles que, en 1943, pudieron hacer Bachillerato Superior habían pasado por colegios vinculados a la Iglesia; en 1931, la proporción solo era del 28,9%. 

Con algo de paciencia, en 1953 verán que hay otro Concordato que, a cambio de facilitar al régimen acomodo internacional,  reiteró innumerables privilegios al Vaticano en el mundo educativo; era fama que los obispos llevaban las órdenes y decretos al ministro de turno para que los firmara, y la ley de Enseñanza Media de 1953 deja bien claro que pasó la supervisión de los obispos. Cuando Marcelino Oreja se apresuró en 1977 a reafirmar esa situación, en los artículos 16 y 27 de la CE78 –y en los Acuerdos de 1979-  quedó la matriz de cuanto desde entonces venimos rondando sin tocar. Tanto si el PP como el PSOE quieren que acabemos con esta pantomima de estar jugando a buenos y malos en los asuntos de todos con reglas medievales, empiecen por considerar adultos a sus votantes; expliquen por qué no quieren o no pueden denunciar estos Acuerdos. Su grado de modernidad estará en entredicho mientras no lo hagan; del refugio en la CE78 olvídense:  ya sabemos que fue un paripé. 

¿Igualdad de qué?

Por otro lado, las razones que invocan en este momento las personas implicadas en la concertada, no se sostienen ante la supuesta igualdad democrática, que es lo que tiene que procurar, ante todo, cualquier red educativa que financie el Estado.  Su avidez monopolística aparece especialmente interesada en un momento en que la Covid-19 está desnudando implacable las adherencias inútiles que tiene nuestra organización social. No estaría de más que se hicieran ver, sin ficción, la proporción inversamente diferencial con el PIB que ha tenido el presupuesto de la enseñanza Pública  y el de la Privada desde 2008; y, si tanto aman a esta España de todos,  auditen a fondo las prácticas de las Autonomías a las que todo les ha sido poco para incrementar los recursos de quienes menos lo necesitan. La repercusión de las prácticas desleales que, en vez de ocuparse de la mejora interna del sistema educativo solo se  han ocupado de las apariencias que tanto gustan a la libertad de mercado, también las pagamos todos, aunque las bendigan los obispos..

 Manuel Menor Currás

Madrid, 24.11.2020

lunes, 23 de noviembre de 2020

Mentiras contra el Derecho a la Educación (Pío Maceda)

Pío Maceda nos envía este correo:

Pongo el enlace de un artículo breve, que ya puse en Facebook, en el que intento responder por qué los defensores de la concertada siguen presentándose como víctimas tras 35 años de experiencia que lo desmienten.

GRUPOS CONSERVADORES HAN REALIZADO MANIFESTACIONES EN MUCHAS CAPITALES DE PROVINCIA para expresar su rechazo a la Ley Celaá, a la que intentan desprestigiar con mentiras como “es una amenaza para la escuela concertada”, “pretende cerrar los centros de educación especial”, “amenaza a la religión católica”, “elimina el castellano en Cataluña”, etc.

Es importante subrayar que estas manifestaciones repiten el mismo esquema de las que se hicieron durante la tramitación de la Ley del derecho a la Educación (LODE) en los años 1984 y 1985, y durante la de la Ley Orgánica de Educación (LOE) en 2005 y 2006.

En la manifestación celebrada el 18 de noviembre de 1984, Carmen de Alvear, entonces presidenta de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos (CONCAPA) habló en nombre de la Coordinadora pro-libertad de enseñanza ante cientos de miles de manifestantes diciendo que “se impide a los padres elegir libremente el tipo de educación que desean para sus hijos”. En el cartel que anunciaba la manifestación se veía la silueta de una niña pequeña con coletas escribiendo en el encerado: “No a la escuela única”.

El 12 de noviembre de 2005 los obispos y parte de la cúpula del PP asistieron a la multitudinaria manifestación contra la LOE, que impulsaba el Gobierno de Zapatero y que sería aprobada pocos meses después. Pusieron otra vez el grito en el cielo ante la supuesta amenaza a los centros de titularidad privada, a pesar de que tras dos décadas de aplicación de la LODE habían mejorado bastante: tenían muchas más aulas y más sectores concertados.

¿Por qué repiten otra vez los argumentos de la amenaza a la escuela de titularidad privada, cuando la experiencia ya ha demostrado que eran acusaciones falsas? ¿Por qué tergiversan el concepto de libertad?

Lo hacen para conseguir dos objetivos: beneficiar el negocio de los empresarios y condicionar el marco del debate ideológico.

Un informe reciente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) confirma que en torno al 90% de 336 colegios concertados estudiados cobran una cuota media de 255 euros al mes por estudiante. La mitad de esa cantidad era obligatoria para las familias.

José Luis López Lillo publicó una carta al presidente de la Región de Murcia comentando una sentencia firme que condena a un centro por abuso en el cobro de cuotas. Es una reprobación a esa forma de hacer negocio.

El otro gran objetivo de los defensores de la concertada es llevar la confusión al debate educativo difundiendo falsedades. Pretenden evitar que el derecho a la educación, recogido en el artículo 27 de nuestra Carta Magna, esté en el frontispicio de los debates. Los conservadores no lo niegan, pero hacen lo posible para que este derecho quede en segundo plano. Intentan confundir a la opinión pública con una cortina de mentiras.

Los impulsores saben que el éxito de su empeño está en sembrar dudas. Es algo que descubrieron las empresas tabaqueras en los años 50 del siglo pasado: cuando estudios médicos ya confirmaban que el tabaco favorecía la aparición de cáncer, las empresas productoras acordaron pagar informes que negaban esa evidencia con el objetivo de confundir a la opinión pública.

Hace pocos días un portavoz de la enseñanza concertada negó sin rubor el artículo 27.5 de la Constitución cuando dijo: “No se tiene en cuenta la demanda social, pretenden imponer una planificación previa”. El 27.5 prescribe: “Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes”.

De igual manera, a lo largo de las últimas décadas aprovecharon esa campaña para poner en primer plano la “libertad de elección de centro”, cuando no debería ser así. La libertad de elección solo es real si previamente se garantiza el derecho de todos y todas a una educación de calidad. Y esa libertad es posible dentro la programación general prevista en la Constitución.

Por tanto, una de las principales tareas de quienes apostamos por el derecho a la educación es combatir las falsedades para contar con una opinión pública bien formada. Tenemos que ser activistas en el sentido que señala Manuel Rivas: “defender el lenguaje, la ecología de las palabras, frente a las fábricas de mentiras”.

Fuente: te-feccoo.es

martes, 21 de enero de 2020

Texto completo de la LOE con las modificaciones de la LOMLOE

Actualizado en 

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A partir del Proyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación aprobado en la sesión del Consejo de Ministros celebrada el 15 de febrero de 2019.




Fuente: www.educacionyfp.gob.es

Puedes consultar el texto completo en este enlace.

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    viernes, 5 de julio de 2019

    "¿Políticas teológicas?" (Manuel Menor)

    El compañero Manuel Menor nos envía este artículo

    ¿Políticas teológicas, hasta cuándo?

    Más Religión, más ayudas a los colegios concertados y privados, pero menos  atención a derechos y libertades consolidadas; más desmemoria y menos Historia actual, y que Dios juzgue.

    Según José María Castillo, en Andalucía, nada más ponerse a mandar  la derecha, la clase de Religión ha cobrado nuevo protagonismo. Y, al preguntarse por cómo se enseña o transmite de verdad la fe religiosa, observa que de poco “han servido las clases de Religión en esta España tan corrupta y tan cainita: ¿Nos han hecho más honestos y más buenas personas?”. Viene a coincidir con Juan José Tamayo, quien  analiza cómo un conjunto de actitudes, de patriarcado machista, aunque no sean cristianas, están en muchos comportamientos eclesiásticos.

    El pecado
    Contrasta, en un país paralizado, la vitalidad de estos gestos, más antiguos de lo que nos han enseñado.  En la Italia de los años cuarenta, por ejemplo, el temor a resolver los problemas como veía la izquierda coaligó en su contra a fuerzas sociales insospechadas: aquella Democracia Cristiana, de la que tanto sabía Aldo Moro, resultó, altamente beneficiada y  con ella sus socios. Únanse las decisiones que se están tomando –no solo en Andalucía- con la presión sobre Ciudadanos para que ceda en la investidura de Sánchez, y se verá mejor la senda. Hay quienes prefieren la trinitaria alianza de la derecha –pese al programa que ya están desarrollando también en Córdoba o Madrid-, a que el PSOE tenga más fuerza apoyado en Unidas Podemos y algunos nacionalismos; cuanto huela a socialismo consistente sigue siendo pecado.

    Que ahora hayan incrementado las clases de Religión, pone de relieve, por otra parte, la tradicional cercanía de la política conservadora con el lenguaje propositivo de la jerarquía católica en el tejido de las interpretaciones sobre la vida pública. La ocasión permite observar, además, cómo la izquierda con expectativas de poder está timorata, atenta a las dimensiones prácticas de ese lenguaje simbólico.  Tampoco esto es nuevo. Si ya en el Congreso Pedagógico de 1892 se propuso –sin éxito- que la enseñanza religiosa debía tener carácter “fraternal y tolerante”, ahí sigue este foco de divergencias que tanto incide en el sistema educativo actual.

    Política teológica
    En esta tesitura, decir que Dios no es político o no tiene partido, es paradójico ventajismo. Alfredo Fierro, buen conocedor de los sueños religiosos de los humanos, recuerda en A un Dios que pueda oír –antología poética muy recomendable-, que “Dios y dioses –o bien ángeles- no han de dejarse en manos de teólogos, de clérigos”. Hay, desde luego, muchos tipos de teólogos, porque la de Dios no es cuestión inocente. Tampoco es exclusiva de creyentes y la lectura de los textos bíblicos en la conversación pública de una España “aconfesional” no puede obviar el contexto en que han sido escritos ni, si viniere al caso, los usos a que hayan sido sometidos en apoyo de alguna doctrina oficial. Por esto, la buena pregunta –en el caso del monoteísmo católico- es si la Iglesia es o no partidista porque haya instrumentado o instrumente a Dios pro domo sua.

    Claro que la evolución de los dogmas, de la moral católica y de las normas canónicas, aunque solo sea en  el transcurso de los siglos XIX y XX, da una imagen bien distinta a la de la asepsia ante los momentos políticos coetáneos. La Santa Alianza de 1814, León XII y Fernando VII, Pio IX y el antimodernismo, Pío XII y Alemania, el Concordato de 1851 e Isabel II…, los posicionamientos papales en las zonas fronterizas con ortodoxos y protestantes o, más cerca, el del episcopado español desde la II República hasta los años sesenta, bastan para confirmar que, como administradora del nombre de Dios, la jerarquía católica ha tendido  a maridarse ideológicamente siempre del mismo lado, conservador cuando no “carca”. Los comunicados “pastorales” que hizo todavía en 1975, cuando la muerte de Franco, hablan de una creencia católica más franquista que Franco, a la que había propagado desde los libros de texto e, incluso, de los manuales de campamento del Frente de Juventudes, como muestran las investigaciones de Emilio Castillejo. Pero el nuncio Renzo Fratini acaba de decir, para que no olvidemos por donde van los relatos de la Iglesia católica sobre sí misma, que  para qué resucitar estos asuntos de Franco: “Ha hecho lo que ha hecho, Dios juzgará”.

    No se trata, pues, de un pasado muerto, como podría suponer la lectura de Nietzsche. Este asunto es de esos otros en que la Historia se ha hecho memoria y esta se entrecruza a diario con reiteraciones plagadas de desmemoria y Fake News, como algo “natural”. La tendencia de Fratini sigue tan viva en la Iglesia española actual que muchos seminarios están en manos muy conservadoras. Temerosa de una sociedad crecientemente secular, se aferra a  sus acordados privilegios con la complicidad de un sectarismo programado y revisionista, que no de la Historia. Si sus lobbys, medios publicitarios y organizaciones más influyentes lograron que la LOMCE acogiera casi todas las demandas episcopales en materia educativa, lo que acaba de suceder en Andalucía es un adelanto de que su fe particular les lleva a donde “Dios quiere”. Según pregonan a conveniencia, El no es partidista, pero estos intérpretes suyos son partidarios oficiales de aumentar la Religión escolar y, también,  de que, en los parlamentos y asambleas, se reclamen  –opportune et importune- otras medidas colaterales a que son adictos. Reclaman más clases de catequesis, incluso cuando el crecimiento proporcional de clientes de los colegios religiosos es inverso al de los practicantes asiduos a los ritos eclesiásticos.

    Catequesis política
     Volverían a  La Política de Dios y Gobierno de Cristo y Tiranía de Satanás, que escribió Quevedo entre 1616 (Tomo I) y 1655 (Tomo II), si no fuera muy atrabiliario: no es tiempo para la Política teológica del Antiguo Régimen y sus “guerras de Religión”, como la de “Los  40 años”. Pero son partidarios de seguir glorificando a “mártires” de la última “cruzada” y, no hace mucho, uno de sus líderes  proclamaba: “este es un país de misión”. 

     Diversos equipos municipales y autonómicos nuevos enseguida ha expresado idénticas inclinaciones de “reconquista”. El nuevo alcalde madrileño, Martínez Almeida, con el consejo de Begoña Villacís, imita a sus correligionarios andaluces y ya deshace lo que hizo Manuela Carmena. Ha debido ser una diablesa con cuernos, porque ya luchan contra su proyecto anticontaminante de Madrid Central, la participación de las asociaciones vecinales, la revisión del callejero, la atención a la violencia de género, la igualdad de los colectivos LGTBI y la vigilancia de los Derechos Humanos, la difusión de una cultura inclusiva y similares.  Los buscadores de motivos turísticos, podrán hacerse selfis en vivo, con fondo limpio de todo posible rojerío.

    Esta neomilitancia moral no ha hecho más que empezar. Después de desmantelar, lucirán más los colores de la tríada conservadora, entre ellos el “garantizar la libertad educativa y derecho de los padres a elegir el modelo que deseen para sus hijos”.  También, tradiciones de cuando la Caridad no era algo fraternal y democrático, sino freno para no exigir derechos e instituciones sociales, como mostró -entre otros reformadores-, Concepción Arenal en 1861, en una de sus memorias a la Real Academia de ciencias Morales y Políticas. Las privatizaciones en perjuicio de lo público siguen su curso.

    Qué futuro
    Con esos mimbres se desarrolla la pugna de futuro. A las preguntas iniciales de Castillo cabe añadir, en un supuesto Juicio Final que tuviera lugar ahora mismo, que cualquier creyente preguntara: ¿cuánto de lo que el Evangelio plantea, a propósito de “lo que hicisteis por mis hermanos” (Mt, 25, 31-46), podrían poner estos neocatequistas en la buena balanza? ¿Es la triada conservadora actual –con sus aliados eclesiásticos- un referente de lucha para que la inclusión, la igualdad o la libertad sean centrales en la convivencia social?

    Cuenta Gianni Vattimo que Heidegger, en su última entrevista a Der Spiegel, comentó: “Solo Dios nos puede salvar”. Veía la situación muy mal, pero lo que vino –en las hebillas de los soldados nazis se podía leer: Gott mit uns-  fue apocalíptico, como todavía puede verse en la ciudad de Dresde. Si  al “Dios de los pobres” –que tan potente aparece en la Biblia- no le van las propuestas de la catequesis  derechista española sobre el Tercer Mundo, la Tierra, y  los pobres, claro, ¿le gustarán esas clases de Religión o encargos como el de Fratini?

    Manuel Menor Currás,
    Madrid, 30.06.2019

    domingo, 9 de junio de 2019

    ¿Los acomodos parlamentarios reducirán los eufemismos? (Manuel Menor)

    Manuel Menor nos envía este artículo


    Con la escuela, puede suceder fácilmente, pese a que las aguas del olvido quieran inundar las rémoras carenciales de muchos españoles.

    La lectura de Juan Íñigo –testigo excepcional de la escuela de los años sesenta- se entrecruza con acontecimientos significativos de la coyuntura, postelectoral y pre-legislativa. Salir de aquel pasado carencial, debiera indicar que se ha encontrado claridad para un futuro digno para todos.

    Rostro sobre cartón piedra
    En Rostro sobre cartón piedra (Madrid, Unomasuno, 2019), Julián Íñigo prosigue un laudable trabajo, iniciado en otros libros, de no dejar morir el duro tiempo de cambios profundos vividos en los años cincuenta y sesenta sobre todo, para no perder el sentido de los que le queden por vivir. Nacido en un pueblo de la Alcarria (Guadalajara) en 1957, fue agricultor primero y albañil muy pronto; a ratos, es memorialista vocacional de los 62 años transcurridos desde que nació, con la escuela de su pueblo como ingrediente relevante de su recuerdo. Cuando ya no espera nada extraordinario de este mundo, encuentra “sosiego” en volver a aquellos años, los que, según dice, “merece la pena vivir” o, mejor, revivir (p. 10).

    El autor no es escritor profesional ni lo pretende, pero es un buen contador de historias en las que muestra la heroicidad de sus vecinos tratando de salir adelante en medio de tanta transformación como la de aquellos años. Los lugares, las personas, las toponimias, los trabajos, el hambre, las novedades, la emigración masiva –hasta que “no quedó nadie para emigrar”- y la nostalgia son su objeto de escritura. Todo rescatado del olvido y conectado, sobre todo, al lenguaje. De las palabras con que se refiere a las faenas, instrumental, observaciones y actividades de la vida cotidiana, hay unas doscientas que son pura arqueología; han perdido significado en la medida en que los cambios se fueron produciendo, y están en desuso salvo para quienes como Julián todavía guardan viva su coherencia semántica.

    Leer y escribir

    El autor es testigo directo de la escuela que tuvo en su infancia. A pesar de lo poco que en ella pudo recibir, escribe y tiene ganas de seguir escribiendo. Su afán por aprender, conocer y expresarse va más allá de lo que los circuitos habituales del estudio suelen dar, y demuestra que la escuela mejorará mucho si está abierta a la vida y la reflexión, condiciones indispensables para que merezca la pena su existencia.

    Leer y escribir, estar alfabetizado, son constantes referencias en los recuerdos de este manchego. Quienes tienen esas carencias tienen muchos problemas organizativos y vitales. En la mili (p. 70), era una constante de muchos mozos. En el pueblo, un problema notorio que marcaba, minusvalorándolos, a quienes, por ejemplo como testigos ante un juez, tenían que firmar con una cruz que evidenciaba tales carencias (p. 88). Y para disponer de carnet de conducir –situación a que muchos emigrantes del arado tuvieron que hacer frente- fue motivo de muchos desengaños cuando la prisa de una mejora de trabajo en la ciudad les acuciaba (p. 97).

    Las condiciones de la escuela de Julián fueron las de la escuela unitaria, más de 30 alumnos en un mismo espacio, con diversas edades y un solo maestro atendiendo a sus diversas capacidades (p. 65). Así era el 65% de las escuelas españolas y, cuando salió de la escuela -con la recortada y contrahecha LGE de Villar Palasí en marcha desde 1970-, todavía quedaban 18 años para que todos los chicos y chicas españolas pudieran asistir a ella hasta los 14 años.   

    En esas escuelas, no era infrecuente, además –como se puede leer en muchos otros testimonios de la época-, que el maestro le “pegara a la botella” y que también pegara a los alumnos, acción  que solía verse reforzada por el ánimo que le daban algunas madres preocupadas por enderezar a sus hijos (p. 26). Por otro lado, a juicio de Julián, el maestro era poco valorado socialmente, como podía verse especialmente por lo mal pagado que estaba (p. 180) y por cómo en el pueblo quienes realmente mandaban y tenían algo que decir eran el alcalde el médico y el cura (ibidem).

    Esta configuración del espacio escolar guardaba mucha relación con la resignación: el futuro que esperaba a la inmensa mayoría de aquellos críos era la tradicional labor del campo (pág, 83). Un futuro en que también era principal la docilidad a lo establecido y la tradición de los mayores, con la que parecía coordinar la metodología del palo y que resultara, por tanto, poco apetecible ir a la escuela (p. 64). Todo lo cual no fue obstáculo para que quienes a ella asistían fueran a estar sometidos a cambios vitales tremendos, con la emigración por medio y la consiguiente improvisación de hábitos y maneras para salir adelante. Esas son las peripecias del FAI y de otros colegas del pueblo -los personajes vivos de los relatos de Julián-, entre tumbos a veces, por zonas urbanas de Madrid, Guadalajara, Francia y Alemania, y de regreso ocasional al pueblo.

    Estudiar
    No se le escapa a Julián, sin embargo, que estudiar y educarse fueran actividades de importancia ni que fueran distintas a las que tenía encomendadas el maestro. Estudiar suponía otra cosa y otros itinerarios. Normalmente, en aquellos años, formaba parte de las estrategias de distinción; estudiar solo estaba al alcance de quienes tenían posibles. Por ello dice de los hijos de uno del pueblo que “eran todos estudiados” y no como los demás, que apenas habían ido a la escuela (p. 58). También podía suceder que, bien en estas familias o, sobre todo, en las más humildes, el estudiar viniera facilitado a quienes pasaran por los seminarios y colegios de frailes (Ibidem y p. 209), circunstancia en que solían confluir voluntades complementarias: la del cura o maestro, especialmente, señalando a los candidatos posibles, y ansiedades familiares de que los vástagos salieran de un rudo trabajo rural en que no veían futuro.

    Educar o estar educado eran términos que indicaban, más bien, un trabajo de las mujeres con sus hijos e hijas para que fueran dóciles, atentos y considerados y que, más allá de los modales, fueran dignos representantes del honor de sus familias por los modos de actuar y proceder (p. 99). No obstante, cuando las circunstancias vienen mal dadas y se producen situaciones contrarias al canon del buen comportamiento, Julián hace recaer el origen del problema en el ambiente familiar, ejemplar o no para la actuación de los hijos por la atención y el cuidado que les presta igualmente el modo de proceder del padre (p. 133). En esto consistiría “sacar adelante” una familia. “intentando vivir en paz” (p. 245).

    Pasa, en fin, por el recuerdo de Julián cómo -en un momento que ha debido tener lugar a finales de los setenta- los niños de su pueblo empezaron a ser trasladados en autobús al colegio graduado de otro pueblo más importante que el suyo (en Tendilla), cuando ya empezaban a escasear los niños y niñas a causa de las migraciones y las actividades económicas habían pegado un vuelco (p. 173), alcanzando incluso a la mecanización del campo. Estas escuelas eran mejores, pero no impidieron, a su vez, que acusaran problemas internos y externos. El relato de Julián es testigo incómodo del “aburrimiento” que mucho alumnado ha padecido en ese espacio y que acabó en adicción a la droga, después del abandono escolar y de experimentar con actividades próximas a la delincuencia. Sujetos perdidos en ambientes de  marginalidad laboral, donde trataron de sobrevivir familias migrantes del pueblo de Julián –como las de muchísimos otros de la Península-  forman la  escenografía a la que la escuela de las periferias urbanas no alcanzó a poner atención suficiente (pág. 110).

    Pero, en todo caso, lo que pesa más en este libro singular, cuando Julián ya anda por los 62 años, es su escuela primera de los años cincuenta y sesenta, de donde sus personajes se evadían siempre que podían, para hacer novillos o para adentrarse en descubrimientos inéditos en los alrededores del pueblo. Como testigo mudo de aquel pasado –y de los albores de la España vacía actual-,  el edificio de las escuelas y de las casas del maestro y maestra sigue en pie. El Ayuntamiento lo alquila a quien puede, principalmente para bar (160).

    Y LOMLOE
    De cara al futuro, el proyecto de ley que prepara el PSOE si logra la investidura para gobernar, Rostro sobre cartón piedra puede ayudar a reflexionar sobre las lacras que pesan todavía sobre el sistema educativo español y tratar de superarlas. En el aire está retirar de en medio la LOMCE y volver a la LOE de 2006, con las modificaciones necesarias, un proyecto que puede acabar siendo un apaño más o indicar voluntad decidida de que la escuela equitativa para todo el alumnado sea más que un eufemismo. Compaginar en serio equidad y calidad para todos y todas no será fácil y, en lo ya conocido, quedan agujeros sensibles aunque la redacción parezca impecable. Las circunstancias de la Legislatura no van a ser favorables, pero tendrá más mérito. Ni la fragmentación parlamentaria, ni la situación internacional son propicias. Con la Comisión Europea denunciando a un tiempo la deuda que España tiene que pagar -15 000 millones en dos años, según Bruselas- , y mentando el “excesivamente alto” abandono escolar o la “muy alta” pobreza infantil existentes, las sombras de que Julián Íñigo Martínez es magnífico testigo no han desaparecido del horizonte, aunque pudiera parecer más moderno no tenerlo en cuenta. ¡Que haya suerte!    
               
    Manuel Menor Currás
    Madrid, 06.05.2019 





    domingo, 10 de febrero de 2019

    Sofismas (Manuel Menor)

    Censuras, soflamas y sofismas…

    “Las palabras especiosas y engañosas pero opuestas a los derechos civiles de la comunidad”, alertaba Locke (1690), son muy peligrosas para todos.

    La 33ª edición de los Goya acaba de premiar el documental Gaza, un corto en que se revisa la situación de los derechos fundamentales del pueblo palestino, pisoteados de continuo por el imperialismo sionista.

     Gaza
    Nada que ver propiamente con judíos y musulmanes, sino con actitudes que aprovechan sus diferencias culturales para primar posiciones de poder hegemónico, dominio, fuerza y colonización, generadoras de sumisión, pobreza y esclavitud. Si quienes han tenido algo que ver –no solo por acción, sino también por dejación- hubieran construido en otra dirección, gran parte de los problemas geoestratégicos generados -sobre todo, desde 1947- en la zona que genéricamente se ha venido llamando Oriente Medio, no hubieran tenido lugar y, seguramente, el mundo habría sido más pacífico. La denuncia de Gaza no debiera sino facilitar que, al menos en el futuro, se pudiera rectificar la dirección de tanto esfuerzo estéril.

    El cardenal Osoro, sin embargo, de haber estado en el jurado de los Goya, no habría votado que ese documental llegara a la fiesta de la Academia de Cine. Por decisión suya magisterial no pudo ser exhibido en la parroquia de San Carlos Borromeo (Entrevías, Madrid): no fueran a distraerse sus feligreses. La ambigüedad ha jugado en ello un papel supuestamente pastoral, de la misma sensibilidad que ha dado muestra en los últimos tiempos respecto al traslado de Franco a la catedral de la Almudena y que no es nueva. Hace 20 años, en los inicios de su carrera episcopal en Ourense, ya la apuntaba en sus maneras de cuidar con esmero su imagen. Las que se ejemplifican tras una fotografía suya junto a un enfermo, que debe corresponder al Jueves Santo de 1999. Una asociación piadosa que paseaba la caridad visitadora del joven obispo por la unidad cardiológica de la Residencia Sanitaria, le llevó ante un paciente  que rondaba los ochenta años; el fotógrafo de la comitiva captó la fugacidad de la escena fotogénica e hizo su trabajo. Aquel oportunismo no pasaría desapercibido: a los testigos ocasionales no se les escapó que, ni antes ni después del flash, nadie  hablara con aquel enfermo ni le pidiera permiso para que su efigie apareciera al día siguiente junto al joven prelado en los kioskos; alguien recordó en cambio que, según el Evangelio, la insípida escena debiera haber sido muy distinta. Podían, incluso, haber hablado mucho. Aquel anciano esperaba un marcapasos y le habría encantado, como creyente muy cabal que era, contar a Osoro, entre otras cosas, cómo había labrado la gran piedra granítica del altar mayor de su catedral (Cfr.: “Canteiros e penedos”, en: Farodevigourense, 17.06.2012).

    Cazadores con red
    No hace falta ir a un Museo para percibir cómo muchos artistas se han aplicado para moverse entre el realismo y la representación; tampoco es preciso recurrir al mimetismo ilusorio de la teatralidad. La información y sus maneras están más a mano. Obligados a distinguir entre la objetualidad de lo que acontece y los formalismos manieristas de redactores y opinadores,  la invención periodística no desmerece. El Brexit inglés, el triunfo de Trump en EEUU, o fenómenos posteriores en Europa y España, han puesto en primer plano estos métodos, con la complicidad operativa de las redes sociales: los quince años de Facebook están ahí. Quienes cazan en la red con “transgresoras” performances de estricta subjetividad ya tiene escuela. Las Fake news, los neolenguajes, las medio verdades y demás componendas discursivas de moda  para fidelizar lectores, consumidores y votantes a golpe de click, han crecido como setas pero no son algo nuevo. ¿Alguien recuerda cómo se trabajó aquello de las “armas de destrucción masiva”, en que tanto se implicó Aznar? ¿Verba volant?

    La larga historia de trampantojos y poder siempre ha estado ahí, como ejemplifica bien la constante avidez de la jerarquía católica por adoctrinar, en exclusiva, en la Verdad (con mayúscula). Desde su “triunfo” sobre el “paganismo” clásico, impuesto en todo el Imperio Romano desde el año 370 d. C., nunca dejaron de contar, con más apologética autoreferencia que con razonable explicación histórica, las componendas de su doctrina con su propia terrenalidad. Desde entonces, no han variado mucho las tornas; de lo que hacen y dicen en el presente, tampoco es que el propio Vaticano -o sus obispos en España- hayan mejorado mucho sus ambiguos cálculos oportunistas. Sin quebrantar el segundo de los Diez Mandamientos, no parece, desde luego, que puedan arrogarse como palabra de Dios la información que emiten, especialmente desde algunos de sus medios.

     Si Zola viviera hoy, ese gran corpus de ambigüedad le hubiera proporcionado material sobrado para proseguir su trilogía: Lourdes, Roma, París. Sin más, con lo que hace poco dijo Blázquez acerca de que “solo un 3%” del clero puede ser calificado como pederasta, ya tendría para una novela o para un nuevo manifiesto del tipo J´accuse. ¡Qué magnífica escena no habría descrito  con lo que intercambiaron Monseñor Yanes, Maravall y otros testigos en vísperas de la LODE (1985), cuando sobrevoló la idea de que si no firmaban la posibilidad de los “conciertos educativos” –o no movían a sus asociaciones a que firmaran-, un crédito extraordinario del Estado crearía las plazas escolares que “subvencionaba”!

    Y en la ambigüedad emocional y verbal seguimos, con todos los riesgos que comportan estos meandros. Tácticamente, a los vocacionados para la politiquería –que no para la política- les es propicia la mucha “gente” –palabra suficientemente ambigua para que todo espectador se sienta implicado- que sestea en su verdad particular, intolerante con cuanto le pueda privar de su “orden natural” inamovible. Da igual de qué se trate: de Venezuela, de taxis, de Cataluña o de España. No faltan quienes les alienten a  manejar el verbo y la pluma “sin complejos”, cada día con más vehemencia que credibilidad, en redes y  emisoras múltiples pero unívocas. Impregnados de la vieja cólera dogmática, tratan de que sus apuestas narcisistas muevan a los votantes. El resultado son los púlpitos actuales, en los que brilla la dialéctica  del micrófono siempre a punto para hisopar la última ocurrencia del dispuesto a parecer moderno aunque no tenga nada qué decir, salvo a  unas centradas “clases medias” encantadas de retuitearse.

    Otros/as
    En ese estatus social al que todo oyente suele apuntarse aunque esté colgado hasta las cejas, los otros, los asalariados y los que no tienen ni salario, solo existen como atrezzo; ni en bruto ni cocinados por el CIS suelen tener presencia política. Quienes han peleado estos años por la escuela pública flaco favor les harán a ellos y a sí mismos si se contentan con la operatividad de la “restricción mental” y no siguen pugnando por lograr, ahora, que sean explícitamente contemplados –sin ambigüedad mixtificadora-  en la propuesta de derogación de la LOMCE.  En qué consista su esencia está por ver todavía, cuando puede que ni llegue a Proyecto: la gran provisionalidad de este Gobierno se hace cada día más perentoria con o sin “relator” que medie en el uso del ábaco contable.

    Es urgente: la ambigüedad, el pasteleo y el sofisma siempre han sido  mortíferos para la democracia. El año 399 a.C., Sócrates, acusado de no reconocer a los dioses en que creía su Polis, y de corromper a los jóvenes, fue condenado a muerte por un tribunal de 500 atenienses. De nada le valió “la conducta que había mantenido toda su vida y que, en su opinión, había estado al servicio de la verdad y de sus conciudadanos” (Platón. Diálogos: Fedón).

    Manuel Menor Currás
    Madrid, 07.02.2019

    Los centros que acojan regularmente a niños y niñas de Educación Infantil cumplirán requisitos mínimos comunes a todo el Estado: Propuesta en la nueva Ley de Educación. Plataforma 0-6

    Plataforma de Madrid 0-6 ha publicado esta información en su blog plataformademadrid06.blogspot.com:
    Ayer varios medios se hicieron eco de esta gran noticia que, aunque solo es de momento la propuesta que hace el Gobierno y ha de ser aprobada por el Congreso, es algo por lo que llevamos luchando desde 2006: Educación regulará por primera vez los requisitos mínimos de las guarderías.

    A pesar del término que emplean en el titular, el de guarderías (pincha aquí y aquí) que no representa a un centro educativo, la noticia hace referencia a la propuesta gubernamental para la nueva ley de educación sobre que todos los centros que acogen a niños de cero a tres años tengan requisitos mínimos comunes para todo el Estado, fijados para todo el territorio nacional y desarrollados por las de administraciones educativas.

    Es un error que se diga que es por primera vez, al menos para aquellos que decidieron en su momento impartir el primer ciclo de la Educación Infantil, porque con la LOGSE (1990), y el Real Decreto 1004 (1991), ya hubo regulación de mínimos para todo el Estado. Se perdió con la LOE, y esta pérdida se ha mantenido con la LOMCE puesto que no ha modificado la LOE en este aspecto. Con la LOE de 2006, el Estado se desentendió por completo de la regulación del primer ciclo de la Educación Infantil.

    Esperamos además, que se haga ahora realidad lo que también propuso la LOGSE pero que nunca llegó a cumplirse: que ningún centro que acoja a niños y niñas de estas edades pueda declararse como no educativo para no tener que cumplir los requisitos mínimos que se establezcan. También esperamos que se haya especificado que los centros de educación infantil dependan siempre de Administraciones educativas, lo que si sería una novedad enorme también.

    A falta de leer el texto definitivo, supone recuperar una dignidad, de igualdad con el resto de niveles y etapas educativas, que se perdió sin más razón que la de ser una moneda de cambio al servicio de consensos políticos entre grupos de diferentes territorios para aprobar la LOE de 2006; en el fondo subyacía la minusvaloración de la trascendencia de estas edades.

    Es una gran noticia que las alegaciones que, en este aspecto, hemos presentado al proyecto de nueva Ley Orgánica de Educación desde la Plataforma Estatal de Educación Infantil 06 (detrás de la que hay siete comunidades autónomas), y también desde todos los colectivos de Educación Infantil de Madrid, hayan sido escuchadas.

    Desde la Plataforma Estatal estamos trabajando por que estos requisitos mínimos sean de una calidad digna, de modo que se garantice que todos los niños y niñas de este país tendrán unas condiciones dignas de partida, que luego podrán ser mejoradas por las distintas administraciones, pero nunca empeoradas. Para ello estamos elaborando un borrador de Real Decreto que llevar al Ministerio para que tengan el referente de la calidad contrastada de la que es necesario partir.

    Nota de la Comisión de Información y Acciones:
    Magnífica y necesaria noticia. 

    ¡Enhorabuena y gracias por vuestro trabajo, compañeras de la Plataforma 0-6 y colectivos de Educación Infantil de Madrid!

    viernes, 1 de febrero de 2019

    Redecoración (Manuel Menor)

    Como en un sueño, reiniciamos el tejer y destejer educativos

    El Anteproyecto de reforma educativa reduce los componentes más virulentos de la LOMCE, pero no coarta asimetrías principales que dualizan el sistema

    Cuenta Carmen Heredero, a propósito de Género y Coeducación –libro suyo reciente-, cómo desde los inicios del reciente movimiento feminista en España, ambas cuestiones no solo han sido motivo de reflexión y actuación de muchos docentes, sino que han dado vitalidad a organizaciones que han pretendido representar sus reivindicaciones.

    8 de marzo

    Se acerca otro 8 de marzo y, si se echa la vista atrás, T.E.(Trabajadores de la Enseñanza), la revista en que han quedado reflejadas las preocupaciones de los enseñantes afiliados a CCOO, se puede advertir esta presencia desde hace mas de cuarenta años. En su último número, el 369, esta inquietud viene justificada por la continuidad de noticias lastimosas y desigualdades que –por razón de sexo- siguen impregnando la vida laboral y social.

    El riesgo de que, después de tantos años, la procura de esta sensibilidad igualadora parezca una repetición inútil es grande. Y más cuando en el discurso político han eclosionado grupos, medios y actitudes que pretenden explotar el tradicionalismo patriarcal como fuente de votos contando, además, con la complicidad de muchas instancias que lo llevan incrustado en su ADN constitutivo.

    La urdimbre 

    Esta tendencia a cansarse de tener que seguir empezando, sin cesar –como exigía Lars Gustafsson en La muerte de un apicultor- es tentadora también en lo concerniente a las políticas educativas, cuando se está tratando –una vez más- de destejer la última trama o contrahilo del tejido que trazó la LOMCE. En esta operación tienden a reiterarse actuaciones del pasado. Este Ministerio procede como si fuera suficiente con retirar los hilos que más distorsionaron la LOE. Parece que refundirá los cambios en un texto nuevo tratando de derogar sus artículos más gravosos y, de paso, intentará un reequilibrio de los dos ingredientes principales del art. 27CE: la libertad y el derecho universal a la educación. Con este método, el PSOE estaría tratando de cumplir con cuantos en estos años han pugnado por que la ley vigente desde 2013 tuviera el menor recorrido posible. No obstante, al no entrar en el fondo de la cuestión y dejar fuera de foco hilos esenciales de la urdimbre, esta seguirá casi intacta; muy erosionada en estos últimos años, pero desequilibrada en cuanto a elementos principales que, de origen, la LODE (1985) y la propia LOGSE (1990) intentaron corregir.

    Al publicitar este Anteproyecto como “lo posible” frente a los partidarios de la intangibilidad de la “mejora de la calidad” educativa del PP, este reformismo del PSOE, independientemente de su entidad, se convierte en instrumento relevante de la campaña electoral que ya está en marcha. El conmigo o contra mí se hace a cuenta del gran poder simbólico de la educación acentuando de nuevo el síndrome de Penélope sin avanzar en la confección de una tela consistente de todos y para todos.

    Con tal provisionalidad, esta es otra ocasión perdida para atender a las raíces de problemas centrales del sistema en su configuración actual. Las apariencias del marketing se imponen a la realidad. En todo caso, recurrir a las supuestas falsedades que se están vertiendo contra este Anteproyecto -que va a entrar en el Congreso en cuestión de días- no debiera ser una distractora manera de ocultar lo que no se va hacer. Los ciudadanos merecen razonada explicación sobre lo que “no toca”.

    El sueño de “lo que toca” 

    No hacer esta “pedagogía” será contraproducente: nadie suele fiarse de promesas a largo plazo y menos en política. El riesgo que corre el PSOE es que crezca la indiferencia, la abstención y su falta de credibilidad. Si en esta restauración de la LOE asumen las limitaciones que tuvo esta ley para fortalecer de diversos modos la escuela pública, le restan valor a ambas. Si la laicidad no es aceptada para garantizar la igualdad del alumnado, el crucial derecho universal a la educación sigue quedando mediatizado. Si los recursos disponibles para las atenciones educativas de los ciudadanos no son distribuidos con las exigencias de la justicia conmutativa social, la financiación de la escuela pública no solo será endeble sino discriminatoria de origen. El centro del problema seguirá, así, donde estaba cuando, con Méndez de Vigo, quedaban fuera de aquel “pacto” las mismas cuestiones.

    Por otro lado, las legislaturas anteriores del PSOE, de 1982 a 1996 y de 2004 a 2011, fortalecieron la tradición de sus restrictivas posiciones respecto, por ejemplo, a lo que había sido la “Alternativa para la Enseñanza” (Colegio de Doctores y Licenciados, 1975-76), matriz de su programa electoral antes de tocar poder. Un ministro suyo ha contado cómo los obispos habían intentado que prosiguiera la costumbre de firmar los decretos que ellos habían preparado; los condicionantes del cargo han proseguido y, a día de hoy, ese nudo gordiano del sistema educativo español sigue siendo competencia de Moncloa y no del Ministerio: una inexplicada razón de Estado le continúa imponiendo barreras a sus preocupaciones democratizadoras en igualdad.

    Como en cuestiones de género y coeducación, este Anteproyecto sigue, pues, en el viejo tejer y destejer que –como estudió Yvonne Turin en 1967- ya contaminó en el siglo XIX la libertad y el derecho universal a la educación, cuando en la Ley Moyano (1857) tuvo prevalencia lo acordado en el Concordato (1851) y la historia de la ILE (Institución Libre de Enseñanza) ejemplificó su alcance. Insistir, por tanto, en 2019 en que hay que contentarse con una mediatizada proactividad reformista hace que, en perspectiva, sea ficción este incesante afán por redecorar el telar educativo. Mircea Cartarescu diría de este empeño lo que afirmó de su propia escritura: “Únicamente el sueño me refleja de manera realista” (Nostalgia, 2012, p.16).

    Manuel Menor Currás
    Madrid, 30.01.2019

    jueves, 24 de enero de 2019

    Frágiles (Manuel Menor)


    La igualdad del derecho a la educación vuelve a quedar frágil

    En el Anteproyecto de Reforma educativa, la reversión de la LOMCE, teóricamente valiosa, es ambigua en demasiados aspectos.

    La ONU aconseja, por primera vez, celebrar hoy, día 24, el Día Internacional de la Educación, cuando está vigente una constante de la historia, la división entre ricos y pobres. Variopinta en su configuración, si en la perspectiva internacional la desigualdad educativa no cesa, ni la reconquista, ni las dudosas invenciones nacionalistas, ni siquiera fragmentaciones como las de algunos círculos políticos,  debieran distraernos de esta brecha creciente.

    El reto de la igualdad continúa vivo. Ahí están los informes de Save the Children señalando la posición débil de España en la atención a los niños en riesgo de exclusión. O el de Oxfam-Intermón respecto al reparto de recursos en los últimos años. El crónico diferencial de renta que puede haber –dentro de una misma ciudad- entre unos y otros barrios se ha agudizado. No solo en condiciones de alimentación, consumo y sanidad, sino también en cuanto a  capital cultural, educación, y  la propia esperanza de vida, con  once años de distancia.

    La ocultación
    Históricamente, la pobreza ha tenido muchos modos de ser mirada, paliada o soslayada. Ha habido incluso muchas formas de negarla. Tantos o más que los que ha tenido para ser tolerada, prohibida y utilizada. De todos esos hábitos se ha nutrido su atención o desatención mediante el evergetismo, la caridad, la beneficencia y filantropía, el Estado social y el Estado de Bienestar en su corto periplo -desde 1945- hasta hoy, en que fundaciones y ONGs diversas tratan de paliar con eclécticas invocaciones de variado rigor moral e incluso religioso los agujeros que, desde noviembre de 1989, se han infligido a la cobertura social. En todo caso, el afianzamiento de la igualdad de todos los ciudadanos -pregonado en 1789-  nunca ha estado tras estas iniciativas.  Notorio es, como señaló Caro Baroja, el utilitarismo que han tenido y siguen teniendo las atenciones a la pobreza, sea cual sea el concepto que las pretexte. Entre el siglo IV y el XVIII, predominó el logro de la felicidad eterna; hoy, cuando las empresas hacen gala de perfil “social”, siempre muestran su presunta bondad para que compremos. El problema es que, de raíz, el de la educación es un derecho fundamental, primordial para que todos los ciudadanos puedan desarrollar sus capacidades, y no debe ser usado como instrumento diferenciador; y menos, mediante el uso de bienes del erario público.

    “Lo social”
    Pese a ello, las distinciones entre partidos políticos suelen sustentarse en torno a lo “social” –la parte de atención que corresponde a los segmentos sociales menos favorecidos-, con notoria variabilidad en sus programas educativos. Todos parten de la máxima evangélica: “siempre tendréis a los pobres con vosotros” (Juan, 12: 8), pero unos u otros presupuestos generales del Estado (PGE) se distinguen por la atención social mientras las partidas sustantivas son intocables. Las variaciones, más notorias desde 2008, han incluido, además, desatenciones explícitas, recortes, privatizaciones y más inclusión de intereses privados dentro del espacio común.

    Revertir tiempos y atenciones perdidas en estos años, si se pretende, ha de tener presente que la brecha social ha crecido y sus actores están posicionados más asimétricamente. Al revés de lo que suele suceder en la valoración, el supuesto despegue en que hayamos entrado -cuantificada en torno a los grandes números del PIB- oculta la micro óptica de los excluidos y desempleados, recortados en sus derechos y libertades.

    La ambigüedad
    La distinción entre los más “sociales” de nuestros políticos y los más “neoliberales” reside en lo cerca o lejos que les caigan los pobres. Esta denominación nunca suelen usarla ni unos ni otros: en pura ambivalencia semántica, contar esto sería “populismo” demagógico. Consagrada está, en cambio, una gramática de la ambigüedad calculada para no mancharse, que se propaga  opportune et importune. Y así, el adjetivo “radical”, por ejemplo, sirve para calificar lo aborrecible por incómodo. Ahora, en el lenguaje hegemónico -displicente y edulcorado-, radicales serían quienes  pidan claridad a la Iglesia en la ocultación de la pederastia de aproximadamente un 2% de clérigos –un problema no solo eclesiástico, que, según Save the Children, ha sufrido entre el 10 y el 20% de la población en su infancia.  O quienes reclaman que esos ojos eclesiásticos que no quieren ver clarifiquen su posición respecto al posible traslado de los restos de Franco…

    ¡Menuda historia a lo divino!  Más terrenalmente, la apuesta por la ambigüedad persiste también en  educación, ese sensor formidable de lo que pasa y de lo que pesa para que no cambie casi nada. Pronto entrará en el Congreso el Anteproyecto de Reforma de la LOMCE, que, tal como parece ir, dudosamente recoge los compromisos que los opositores a esta ley orgánica –el PSOE entre ellos- habían trenzado en 2013. Si este proyecto de ahora se lee desde la óptica de la pobreza/riqueza, no es mucho lo que pretende reformar. Deja teóricamente más equilibrados de nuevo los dos ingredientes del “pacto” que supuso el artículo 27CE.1: la libertad y la universalidad, pero al no atar en corto la inversión económica ni los demás apartados de este artículo, el fortalecimiento práctico de lo segundo vuelve a quedar frágil y, con el, la anhelada igualdad. Y aun así, este destejer de ahora no parará los proyectos de los aguirristas y compañeros de faenas, cuyas falsedades ya denuncia Martínez Seijo.

    Los examinadores de la OCDE ya dijeron en 1986, cuatro años antes de que fuera aprobada la LOGSE: “Es posible que los niños de las escuelas privadas, fuertemente subvencionadas por el Estado”, tengan más recursos que los alumnos de la pública. ¿Es que, después de 33 años, todavía no los hay para una igualdad real de todos los niños y niñas españoles? ¿Qué impide que –como antes de 1978- para un 40% una cosa sea ir a la escuela y otra estudiar? Como si siempre hubiera algún imperativo inexplicado, en la España de 2019 vuelve a no ser el momento oportuno para que en nuestro sistema sea posible a todos los ciudadanos superar la mera escolarización. “Sin educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos –aseguran desde la ONU-, no se lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja rezagados a millones de personas”. La cuestión, por tanto, es si esta reforma que ahora se proyecta en España es una apuesta seria por la escuela pública –la “social”- o si es tan timorata que vaya a dejar casi intactos los mecanismos para acelerar su privatización a la primera de cambio. Todo inclina a pensar que el reformismo que pronto se debatirá en el Congreso solo aspire a restaurar la LOE, de 2006, pero sin volver siquiera a las exigencias que planteaba la LODE en 1985.  En Galicia, ante situaciones similares, suele decirse ¡Pobres dos pobres!

    Manuel Menor Currás
    Madrid, 24.01.2019

    miércoles, 2 de enero de 2019

    El Gobierno deja sin blindar la financiación educativa en su reforma para derogar la Lomce (Laura Galaup en eldiario.es)

    Artículo de Laura Galaup en eldiario.es
    • Mientras estaba en la oposición, el PSOE abandonó las negociaciones del pacto educativo ante la negativa del PP a aumentar la inversión al 5% del PIB
    • En el anteproyecto que ha elaborado el Ministerio de Educación no hay ninguna alusión a este compromiso económico
    • La Comisión Permanente del Consejo de Escolar propone al Ministerio que incluya "un compromiso explícito" y que se elabore una ley de financiación
    Durante sus últimos meses en la oposición, el PSOE reivindicó en las negociaciones del pacto educativo que su línea roja era la financiación educativa. Pedro Sánchez lideró esta postura y llegó a lanzar "un ultimátum al Gobierno [de Mariano Rajoy]" para que pusiesen "encima de la mesa una propuesta de inversión de la educación pública conforme a lo que pasa en otros países, que es situarla en el 5% del PIB". Esta propuesta no llegó y los socialistas se marcharon del pacto, unas negociaciones con las que los grupos políticos del Congreso pretendían sentar las bases de una nueva ley que sustituyese a la Lomce. Actualmente, la inversión educativa de España se sitúa escasamente en el 4% del PIB.

    Tras la moción de censura y ya con el PSOE en el Ejecutivo, desde la comunidad educativa critican que el equipo de Sánchez haya desaprovechado la oportunidad y no haya incluido en el anteproyecto elaborado para derogar la Lomce un blindaje de la financiación educativa que regule un aumento progresivo en la inversión de los próximos años. Preguntadas sobre esta cuestión, fuentes del Ministerio aseguran que "no se van a pronunciar" sobre este asunto.


    El PSOE reivindicaba llegar al  5% del PIB en 2025 

    Durante las negociaciones del pacto, la propuesta socialista relativa a la financiación era muy concreta: apostaban por "modificar el Plan de Estabilidad con un incremento de 1.500 millones de euros anuales que permita: alcanzar una inversión pública antes de 2025 el suelo de un 5% PIB en gasto educativo y el incremento hasta el 6% en el 2033".
    El diputado de Unidos Podemos Javier Sánchez, que estuvo presente en estas negociaciones,  lamentaba en una tribuna abierta publicada recientemente en eldiario.es que los socialistas no cumpliesen con "sus propias exigencias" y consideraba "incomprensible que el anteproyecto con el que pretenden derogar la Lomce no incorpore una memoria económica o una disposición adicional que fije los objetivos de inversión y plazos".
    La  comisión permanente del Consejo Escolar del Estado –un órgano consultivo en el que hay representación de sindicatos, asociaciones de familias de estudiantes, colectivos de alumnos y miembros del Ministerio– ha incluido una propuesta parecida en el informe que han redactado analizando la normativa elaborada por el departamento de Isabel Celaá.
    Por un lado, esta comisión considera que el texto debería "incluir un compromiso explícito de incremento del gasto público en educación" que sea coherente con "el coste de impartición de enseñanzas de calidad". Para conseguirlo abogan por elaborar durante "esta legislatura una Ley de Financiación del Sistema Educativo Español" y que en ella se contemple "el compromiso de financiación de al menos, el 5,5% del PIB, al finalizar su proceso de implantación".

    Informe preceptivo

    Asimismo, lamentan que no les hayan facilitado la memoria económica que tendrá que acompañar a este texto cuando llegue al Congreso. Por ahora, este informe es un borrador a falta de que el próximo 8 de enero se reúna el pleno del Consejo Escolar y se pronuncie sobre él. Aunque, hay que tener en cuenta que si finalmente ratifican esta propuesta de inversión, el documento solo es preceptivo, no es vinculante y no obliga al Ministerio a tenerlo en cuenta.
    Desde el sindicato CCOO, el secretario general de la Federación de Enseñanza, Francisco García, reseña que para "reformular las políticas de atención a la diversidad, recuperar la atención a alumnos con asignaturas pendientes que el PP como consecuencia de los recortes erosionó y los desdobles en las asignaturas fundamentales como lengua y matemáticas" es necesario que "haya un compromiso de financiarlas".
    Por su parte, Leticia Cardenal, presidenta de la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) incide en que la "apuesta por la escuela pública" necesita este compromiso. "Vemos que la reivindicación del PSOE por la que se levantó en aquella mesa de negociación no está reflejada ahora [en el articulado redactado para derogar la Lomce]", responde Cardenal.

    Financiación autonómica

    "El anteproyecto de ley recupera medidas en favor de la equidad, en favor de la escuela rural, entendemos que eso necesita compromiso de financiación", apunta Maribel Loranca, secretaria federal de Enseñanza de UGT, que incide en las dificultades que tiene el Gobierno de determinar ese compromiso porque "solo gestiona el 5% del presupuesto del sistema educativo", el resto es responsabilidad de las comunidades autónomas.
    El  investigador del Proyecto Atlántida especializado en temas educativos Lucas Gortázar también incide en este asunto. "Esto no depende solo del Ministerio de Educación. Depende del Ministerio de Hacienda, de las comunidades y de la Comisión Europea. Hay muchas instituciones implicadas como para resolverlo en una ley en el Congreso que como mucho va a tener 180 apoyos", reseña. Asimismo, considera que "la financiación tiene que ser parte de un debate mucho más amplio que lo que se está produciendo, como el que se pudo dar en la subcomisión [del pacto educativo]".
    Para que ese incremento sea equitativo en todas las regiones, desde el sindicato STEC apuestan por que el aumento se realice a través de "transferencias de los presupuestos generales del Estado a las comunidades", incide su responsable de política educativa, Jesús Aguayo. Sobre el blindaje de la inversión, la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE) señala que es "un mecanismo interesante". Aunque su portavoz, Carles López, destaca las dificultades que puede tener el Gobierno para negociar este porcentaje en el Congreso. "Vimos en el pacto que el primer punto de desacuerdo es la financiación", añade. Aún así reivindica que sin inversión las normativas no tienen "estabilidad".

    Acuerdo con Unidos Podemos
    Sobre financiación educativa, por ahora y de cara al curso próximo, siempre que haya acuerdo sobre los presupuestos del 2019, Unidos Podemos y Pedro Sánchez pactaron un incremento de 536 millones en las becas, así como una dotación de 50 millones de euros a la partida para material escolar gratuito en las etapas obligatorias. También abogaron por impulsar el primer ciclo de enseñanza infantil en los próximos presupuestos, pero a través de ayuntamientos, que son las entidades que mantienen las competencias.
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