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lunes, 26 de abril de 2021

Héroes, batas y tiza: aulas hospitalarias frente al coronavirus (Fernando Rodríguez para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

 Reproducimos este artículo de ELDIARIODELAEDUCACION.COM


  • La pandemia ha dado un vuelco a la vida de millones de personas alrededor del mundo. Los más afectados han sido los colectivos especialmente vulnerables, entre los que se encuentran los niños y niñas hospitalizados. Con el objetivo de garantizar su derecho a la educación, las aulas hospitalarias han tratado de seguir adelante con su labor, aún en las condiciones más adversas

Aunque todos y cada uno de los niños y adolescentes puedan verse, en mayor o menor medida, afectados por las consecuencias educativas, sanitarias y sociales derivadas de la Covid-19, existen colectivos especialmente vulnerables. Son, entre otros, los alumnos con necesidades educativas especiales, discapacidad, enfermedades raras, víctimas de violencia familiar o aquellos que presentan problemas de conducta. La atención que requieren precisa, en muchos casos, de adaptaciones curriculares e intervenciones multidisciplinares que van más allá de lo meramente educativo.

Pero, ¿qué ocurre con aquellos alumnos y alumnas que, por problemas graves de salud, requieren de atención hospitalaria o, en el mejor de los casos, convalecencia domiciliaria? ¿Cómo se atiende a sus necesidades educativas? Y lo qué es aún más complejo, ¿qué ha ocurrido con todos ellos mientras la sociedad se encontraba confinada a cal y canto en sus viviendas, pendientes de sus televisores, radios u ordenadores, a la espera de que el número diario de contagios se redujese o apareciese una milagrosa vacuna que permitiese alcanzar la tantas veces mentada “nueva normalidad” en la que actualmente nos encontramos?
Maestros y maestras contra viento y marea

En la actualidad, miles de niños, niñas y jóvenes, desde la etapa de educación infantil hasta el bachillerato y los ciclos de formación profesional, disfrutan voluntariamente del servicio de aulas hospitalarias que ofrecen decenas de hospitales repartidos por todo el Estado, desde el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) hasta el Virgen del Rocío sevillano.

El desconcierto inicial ocasionado por la pandemia fue un obstáculo que dificultó e, incluso, impidió el normal desempeño de las aulas hospitalarias en los primeros compases de la crisis sanitaria. Esto obligó, como en el resto de las instituciones educativas, a la docencia telemática lo que abrió el melón de la brecha digital. No obstante, salvo contadas excepciones, como en el caso del Hospital Universitario Puerta del Hierro de Majadahonda (Madrid), la actividad se ha reanudado ya en la mayoría de los centros. Eso sí, con ciertas limitaciones y complicaciones propias del momento presente.

“El coronavirus ha alterado el funcionamiento habitual de las aulas hospitalarias”, reconoce Carmen Narciso, coordinadora de la Unidad Pedagógica del Hospital Universitario y Politécnico La Fe, en Valencia. Con el objetivo de evitar posibles contagios, la atención se ha individualizado más si cabe, llevándose a cabo, en la mayoría de los casos, en la propia habitación en la que se encuentre el alumno. Antes de la pandemia era posible reunir a varios estudiantes al mismo tiempo en una única clase, aunque tuviesen diferentes edades y, por ende, perteneciesen a cursos académicos dispares. Todo ello, claro, siguiendo siempre las indicaciones médicas. Esto, coronavirus mediante, no es posible. “Ahora apenas podemos sacar al alumnado a las aulas de las que disponemos, ya que el aforo es limitado. Además, no podemos realizar ninguna de las actividades complementarias en las que participaban las familias y acudían profesionales desinteresados para hacer talleres, magia, cuentacuentos…”, añade Narciso.

“El hecho de atender a los niños en la propia habitación es la principal dificultad a la que se enfrentan hoy en día las aulas hospitalarias, puesto que nuestra misión no es únicamente curricular, sino también socializadora”, destaca Francisco de Pedro, coordinador de las unidades pedagógicas de los hospitales de La Paz, Ramón y Cajal y 12 de Octubre, en Madrid. “Aunque se haya perdido este importantísimo componente socializador, tratamos de seguir compaginando los aspectos puramente académicos con lo emocional y lo lúdico”, matiza De Pedro con cierto optimismo.

Curro Gavira tiene tan solo seis años. Desde el pasado mes de septiembre, cuando sufrió un ictus a raíz de las complicaciones en una intervención quirúrgica, es alumno de la Unidad de Daño Cerebral Adquirido del Hospital Niño Jesús. Iria Romero, su madre, destaca el buen hacer y la estupenda coordinación de los distintos perfiles profesionales que trabajan de manera conjunta en las aulas hospitalarias. “La atención y la comunicación entre los trabajadores del hospital es excelente, tanto sanitarios como docentes. También con el colegio. Además, la relación que se crea con la familia y con el niño es muy especial. Hay mucho cariño. ¡Se desviven por ellos!”, explica Romero.

“Lo que intentamos aquí, asegura Miguel Pérez, director del aula hospitalaria del Niño Jesús, es que el alumno continúe con la mayor normalidad posible su proceso educativo, de forma que, cuando se recupere, pueda incorporarse al centro de procedencia al mismo nivel (tanto social como curricular) que el resto de sus compañeros”. Para conseguirlo, Pérez pone el foco en “motivar y conquistar a los alumnos proponiéndoles una alternativa a su delicada realidad cotidiana en el hospital, llena de médicos, pruebas, intervenciones y tratamientos. Así, pueden aprender, descubrir y ver más allá de las cuatro paredes de su habitación. Esta evasión, tal y como demuestra la experiencia, “trae consigo grandes beneficios para la salud física y emocional del niño”, apunta.

Iria Martín, de 12 años, permanece ingresada en el Niño Jesús después de que el pasado mes de enero le detectasen leucemia en un análisis rutinario. Pese a todas las dificultades que entraña la enfermedad, Iria continúa avanzando, sacando buenas notas e, incluso, ha podido mantener la modalidad de enseñanza bilingüe. Maheba Hernández, su madre, se muestra muy agradecida por los “titánicos esfuerzos” que realizan sanitarios y maestros, al tiempo que reclama “más recursos, tanto humanos como materiales, para desempeñar su labor en condiciones óptimas”.

Otro aspecto a tener en cuenta en plena pandemia es el miedo, el temor a un posible contagio por coronavirus al regresar a la escuela en una situación, de por sí, extremadamente delicada. Esto está provocando un fenómeno curioso: un importante incremento del número de familias que han solicitado el servicio educativo de atención domiciliaria en el presente curso. En ocasiones justificado, como es el caso de los pacientes inmunodeprimidos. Otras, quizás no tanto.
Un poco de historia

En 1984 el Parlamento Europeo aprueba la Carta de los Derechos de los y las Pacientes. Dos años más tarde, en 1986, conscientes de la imperiosa necesidad de concretar las necesidades específicas de los niños y niñas que, fruto de una enfermedad o cualquier otro contratiempo, se ven obligados a permanecer durante algún tiempo en el hospital, el mismo parlamento aprueba la Carta Europea de los Niños y las Niñas hospitalizados. Entre otros derechos, como son el de recibir un tratamiento adecuado, individualizado y gratuito, contar con información sobre su enfermedad o estar acompañados por sus progenitores, el documento recoge la opción de “seguir estudiando durante su permanencia en el hospital y contar con el material didáctico necesario que aporte su colegio, sobre todo si la hospitalización es larga”. Por otra parte, “el estudio no debe perjudicar el bienestar del niño o de la niña ni obstaculizar su tratamiento médico”. Además, también se incluye la posibilidad de “seguir estudiando cuando la hospitalización es parcial o la convalecencia se realiza en casa”.

No obstante, lo cierto es que el servicio de aulas hospitalarias, aunque de forma cuasi oficiosa, arranca mucho antes en España. Lo hace en 1947, en plena dictadura franquista, de la mano de los trabajadores del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, pionero en proveer a los escolares de la posibilidad de continuar sus estudios mientras permanecían ingresados. 74 años después, todo ha cambiado. La política, la sociedad y, por supuesto, los servicios públicos han evolucionado mucho desde entonces. También lo ha hecho la pedagogía y la docencia. Sin embargo, el espíritu de aquellos primeros maestros y maestras sigue vivo en nuestros días.

El objetivo de las aulas hospitalarias, aunque expuesto con mayor pomposidad desde las instituciones, es hoy idéntico: garantizar el apoyo pedagógico y seguimiento académico de los pacientes en edad escolar ingresados en el centro hospitalario y en el periodo de convalecencia prolongada en sus domicilios. Además, aspectos como el amor, la sensibilidad, la empatía y, por supuesto, el bienestar del niño, continúan primando sobre todas las cosas cuando se habla de aulas hospitalarias. Algo que ni siquiera la pandemia del coronavirus, con todos sus perjuicios y obstáculos, ha logrado borrar del mapa educativo.

martes, 13 de abril de 2021

Un colegio de Madrid se rebela contra las cocinas fantasma abiertas junto a su patio

 Artículo de Sofía Pérez Mendoza para eldiario.es

El Ayuntamiento de Madrid anunció que iba a suspender la concesión de licencias pero no ha puesto en marcha todavía la paralización. Las familias están preocupadas por la afluencia de motos en el entorno y las chimeneas
— Alzamiento vecinal en el distrito de Madrid con más cocinas fantasma

12 de abril de 2021

Las familias del colegio público Miguel de Unamuno, en el barrio madrileño de Delicias, no sabían qué era eso de las cocinas fantasma, unos locales ocultos para el reparto a domicilio con fogones industriales en espacios céntricos de la ciudad, hasta que se toparon con unas en el edificio que colinda con el patio del colegio de sus hijos. La emergencia de unas nuevas chimeneas –cuatro, concretamente, una detrás de otra– llamó la atención de las madres y los padres. La fachada sin letreros del bajo donde se van a instalar seis cocinas industriales no da ninguna pista de una actividad que traerá decenas de riders, motos, bicicletas y camiones de reparto a una calle residencial del distrito de Arganzuela (Madrid).

"El colegio está participando en las revueltas escolares para pedir menos humos y un entorno más saludable y nos encontramos que nos quieren imponer todo lo contrario. A nadie se le ocurre poner un colegio en un polígono, ¿no? Pues tampoco tener actividad industrial al lado de un colegio", dice Noelia, de la Asociación de Familias del CEIP Miguel de Unamuno y madre de dos alumnos de los 900 que tiene matriculados el centro. El Ayuntamiento de Madrid ha otorgado a la empresa responsable, Cokukin, la licencia de obras en un bajo de más de 500 metros cuadrados, aunque todavía la compañía no tiene permiso de funcionamiento. No hay fecha, de momento, para el inicio de la actividad.

El delegado de Urbanismo, Mariano Fuentes, anunció hace un mes que el Ayuntamiento suspendía la concesión de licencias mientras se modificara el plan general para "adecuar el uso industrial a las nuevas actividades que están surgiendo" en la ciudad. El Consistorio tomó la decisión tras una fuerte revuelta vecinal por la apertura de cocinas fantasma en el distrito de Tetuán y después de que Más Madrid solicitara una moratoria en el otorgamiento de permisos para frenar su multiplicación.

Sin embargo, una portavoz del área de Urbanismo, gestionada por Ciudadanos, explica a elDiario.es que esta paralización no se pondrá en marcha hasta que no "se avance" en los cambios del plan general. La corporación dirigida por José Luis Martínez-Almeida defiende que ha elevado las exigencias a estos negocios para "minimizar las incidencias en el entorno". "Hemos exigido que el local cuente en su interior con zona de carga y descarga y para aparcamiento de motos y bicis; y también medidas para aislar acústicamente".

Uno de los fundadores de Cokukin, Francisco Rey, lamenta la "mala fama" de estos negocios cuya implantación se ha acelerado con la pandemia. En conversación con elDiario.es, culpa de la situación a empresas de la competencia que han "velado más por la productividad" que por cualquier otra cosa y han "exagerado sus capacidades hasta límites controversiales". "No somos como ellos. Nosotros tenemos una visión del negocio diferente, queremos revolucionar la restauración que viene", asegura este argentino que junto a tres socios ha montado su primer cocina fantasma en Madrid tras abrir varias en Latinoamérica.

Su primera previsión era abrir una docena de cocinas aunque la controversia les ha obligado a reducir a seis el número. También están montando otra cocina central para envíos grandes transportados dos o tres veces por semana en camioneta. En su perfil de Linkedin, la compañía se define como "una nueva generación de cocinas y servicios brillantes al servicio del delivery", con un modelo de negocio "basado en la transparencia", y su web destaca que ofrecen lavabos y aseos a los riders.

180 motos al día

21 metros separan las campanas de extracción del patio del colegio, una distancia que cumple la normativa, según el fundador. "Nos piden 15 metros. No debería ser un inconveniente porque las chimeneas van filtradas", añade. La compañía calcula que podrían pasar por el entorno del colegio unas 180 motos al día. En la solicitud de la licencia al Ayuntamiento el impacto previsto era de más de 450 vehículos con un horario de 10 de la mañana a 23:30.

No es la primera vez que hay un alzamiento vecinal para frenar una cocina industrial, pero en este caso la cercanía al colegio ha movilizado a las familias de los alumnos y alumnas también. Llevan años reclamando mejoras en el acceso. Ya trasladaron la propuesta de cortes de tráfico en horas de entrada y salida que da sentido a la revuelta escolar a los presupuestos participativos y a mediados de marzo, la Junta del Distrito de Arganzuela aprobó una iniciativa redactada por la Asociación de Madres y Padres –presentada por Más Madrid en el Pleno– para crear accesos más seguros.

Los vecinos de la calle José Calvo, en Tetuán, se han unido en una plataforma tras constatar las molestias que ocasionan las cocinas fantasmas abiertas en los bajos del número 10. Los residentes notan la nueva actividad sobre todo por el trasiego constante de repartidores. A la empresa que lleva el negocio, Cocklane, el Ayuntamiento le ha concedido una reserva de aparcamiento para el estacionamiento de las motos y las bicicletas a la hora de recoger los pedidos.

Según las cifras recogidas por el PSOE, hay 27 instalaciones de este tipo en la almendra central de la ciudad. Algunas de ellas, "tienen hasta 38 cocinas", precisó la exconcejala –y ahora nueva delegada del Gobierno– Mercedes González, que alertó de que a finales de año la capital podría llegar a las 250. Más Madrid ha localizado 180 cocinas en total. Ambos grupos municipales van a llevar sendas mociones de urgencia al Pleno del distrito este miércoles para paralizar el funcionamiento de este negocio y para instar al Gobierno municipal a realizar una inspección pormenorizada.

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lunes, 12 de abril de 2021

Inscripción para formar parte del Grupo de apoyo de información y seguridad para la manifestación del 17 de abril de 2021 (Marea Verde Madrid)

Marea Verde Madrid hemos convocado para el 17 de abril la Manifestación "Vacunemos la Escuela Pública: menos ratio, más recursos, más centros".

Somos conscientes de la situación de la COVID en la Comunidad de Madrid y, por ello, pondremos en marcha las medidas sanitarias que sean necesarias para garantizar una movilización segura.

En la manifestación del 5 de septiembre de 2020 lo conseguimos, gracias a la concienciación de l@s manifestantes y a la colaboración y al trabajo del Grupo de apoyo de información y seguridad.

Para conseguirlo de nuevo necesitamos tu colaboración. ¡Puedes inscribirte en este formulario!:

    El Grupo de apoyo de información y seguridad se encargará de recorrer la manifestación de forma coordinada desde los laterales de la misma.

    Es esencial que en este grupo participen muchas personas para garantizar el buen funcionamiento de la manifestación, así como las medidas de seguridad e higiene relacionadas con la COVID recogidas en el

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    jueves, 1 de abril de 2021

    Una ‘Revuelta Escolar’ pide calles abiertas y seguras en los colegios (Ciudades Amigas de la Infancia - UNICEF)

     REPRODUCIMOS ESTE TEXTO DE CIUDADES AMIGAS DE LA INFANCIA


    • La iniciativa de las asociaciones de familias de alumnos y alumnas demanda el cierre al tráfico de calles colindantes a los colegios para garantizar entornos escolares seguros
    • La propuesta, que nació en Barcelona y ha recorrido numerosas ciudades, ya ha conseguido su primera victoria en Madrid

     

    Las calles que rodean los colegios son como las otras calles; sin embargo a determinadas horas, como las de inicio o final de las clases, sufren tanta o más congestión de tráfico que las demás. Cada vez más estudios demuestran que los niños y niñas son especialmente vulnerables a la contaminación por partículas en el aire y a la acústica, así como a la falta de seguridad vial. Por eso muchas voces piden que estas calles escolares estén cerradas al tráfico para proteger a los alumnos y sus familias de estos peligros y, a la vez, convertir estos espacios en zonas de juego, socialización, conversación, puntos de encuentro, etc.

    Ante la falta de medidas ha surgido el movimiento Revuelta Escolar: una iniciativa de protesta por la cual cada 15 días miembros de Asociaciones de Familias de Alumnos (AFA), entidades vecinales, profesorado y los propios niños y niñas están realizando cortes de tráfico a la salida de los colegios para pedir que esos cortes se conviertan en medidas permanentes. Su objetivo es una mayor seguridad en los entornos escolares con la reducción o corte de tráfico y obligar a las autoridades a reflexionar y reaccionar.

     

    El origen de la ‘revuelta’

     

    Frente a un modelo urbanístico que da absoluta prioridad a los coches, la pandemia ha dejado claro la gran necesidad de ciudades más inclusivas, saludables, verdes, centradas en las personas y que cuenten con espacios públicos al aire libre que los niños y niñas puedan disfrutar. Ejemplos como el de Pontevedra, ciudad de casi 85.000 habitantes y en la que antes de la pandemia el 80% de los niños y niñas iban andando solos al colegio, y la mitad sin que una persona adulta los acompañe, resultan inspiradores y muestran que un modelo que da prioridad al peatón es posible.

    En diciembre de 2020, unos padres y madres en Barcelona, preocupados por los datos de la polución en su ciudad, comenzaron a ofrecer charlas para sensibilizar sobre ese problema y crearon una web que informaba sobre los niveles de contaminación en los entornos escolares de la ciudad Condal. «Hicimos visible algo que no era visible: la polución. Las familias empezaron a cuestionarse: por qué la escuela está contaminada, cómo afecta a nuestra salud», explica Guille López, padre de dos niños, en un evento online sobre la iniciativa School Rebellion en el que participantes de varios países compartieron sus experiencias.

    Así empezaron las protestas los viernes tras el cierre de escuela, hasta que decidieron unificarlas en un mismo día y hora. Una veintena de colegios barceloneses celebraron una protesta el 11 de diciembre a las 4.30h. «Al siguiente viernes el número de escuelas se multiplicó y se expandió a otras ciudades. El sexto viernes hubo 67 cierres de calles», cuenta López. Por medio de una página web se organizan y explican los pasos a dar para unirse a la iniciativa (que incluye un primer paso de notificar a la policía sobre el cierre de las calles), así como pósters y materiales para comunicar la acción. Es importante, añade, hacer sentir a las asociaciones que son parte de un movimiento.

    Así, la Revuelta Escolar pasó de Barcelona a otras ciudades: Madrid, Bilbo, Girona, Sabadell, Badalona, Sant Cugat y Melilla. El pasado viernes 26 de febrero, en la sexta jornada consecutiva de protestas, fueron más de 75 centros movilizados en ocho ciudades. En Madrid, la ciudad europea con mayor mortalidad debido a la contaminación por tráfico, un total de quince centros escolares protagonizaron cortes de calles los pasados 25 y 26 de marzo.

     

    Revuelta Escolar

    Calle cerrada al tráfico junto al colegio Menéndez Pelayo, en Madrid. Diana Moreno

     

    Pero no se trata de un movimiento exclusivo de España: en muchas otras ciudades hace años que se llevan a cabo protestas similares, orientadas a pedir la pacificación de los entornos escolares.

    Un ejemplo es Bélgica donde, tras la publicación en 2018 de un estudio de Greenpeace sobre el efecto de la polución en los niños, un grupo de madres y padres hizo una reunión espontánea y decidió que había que hacer algo. «Dijimos, vamos a cerrar las calles, mandaremos una carta a todos los políticos para que acudan. No podemos aceptar esto», cuenta Anneka, una de las participantes. Entonces eran apenas 15 personas, pero al día siguiente hubo una manifestación masiva.

    Ahora realizan acciones-protesta cada viernes, al terminar el colegio. «Cerramos las calles, servimos café, invitamos a los políticos a un café y a que escuchen lo que queremos. Organizamos todo tipo de actividades con los niños para mostrar qué sucede cuando no hay coches y utilizas el espacio público de otra forma». Cada viernes intentan hacer acciones creativas: transformar una parada de autobús en bar, tocar música, hacer juegos con burbujas de jabón… Participa un total de 278 colegios en diferentes ciudades de Bélgica.

    En Londres, Jane Dutton, del colectivo Mums for Lungs, cuenta que ellas comenzaron con las acciones hace ya cuatro años, y que han tenido efecto: han logrado que se implanten medidas en 32 distritos de la capital británica, y un informe recientemente publicado por el Ayuntamiento de Londres ha demostrado que la iniciativa School Streets ha logrado una reducción del 23% del dióxido de nitrógeno durante el periodo escolar. “Creo que el COVID nos ha hecho un gran favor porque los distritos nunca se hubieran comprometido a hacer algo así antes», comenta Dutton.

     

    «No queremos cerrar las calles, sino abrirlas a la gente»

     

    Calle cerrada al tráfico junto al colegio Miguel de Unamuno, en Madrid. Diana Moreno

     

    En España, entre los centros que se ha sumado a esta iniciativa está el colegio Miguel de Unamuno, en Madrid: un centro al que asisten 900 alumnos y a cuyas puertas se reúnen cada mañana 1.300 personas entre niños, niñas y familiares. Las calles adyacentes tienen dos carriles que acogen cada mañana un volumen excesivo de tráfico: “Aunque las entradas están escalonadas hay mucha gente en aceras muy estrechas”, explican desde el colectivo Revuelta Escolar, con los riesgos que ello implica: hace una semana, cuentan desde la plataforma, una profesora resultó atropellada en un pie con un coche antes de empezar las clases. A eso se le suma, en tiempo de crisis sanitaria, la necesidad de mantener una distancia de seguridad, algo que puede resultar difícil.

    Desde la Plataforma Revuelta Escolar han propuesto medidas a largo plazo de calmado de tráfico, de mejora peatonal del entorno escolar, por un entorno escolar más saludable: “Que se reduzca la velocidad, que pueda haber menos aparcamiento y más espacio para las personas… Que se entienda que esto no es una calle cualquiera”, explica Mateus, de Revuelta Escolar y padre de un alumno de ese centro. También solicitaron que transformaran el carril para aparcar en acera para peatones.

    “El hecho de que no se pueda acceder en coche hasta la puerta también nos va a ayudar a evitar problemas de disciplina de las propias familias que terminan aparcando en doble fila, algo que genera congestión, problemas de ruido, humo… Se congestiona como si fuera una vía principal, y es una calle local”, añade Mateus.

     

    Calle cerrada al tráfico junto al colegio Miguel de Unamuno, en Madrid. Diana Moreno

     

    Son medidas que en este centro se comenzaron a reivindicar antes de verano para garantizar una vuelta al cole segura, pero sin obtener respuesta. Cuando la ciudad de Barcelona acogió la primera manifestación de la Revuelta Escolar, decidieron unir fuerzas y recuperar sus demandas. Ahora, están a la espera de que el Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad estudie sus propuestas.

    Aunque estas medidas son a largo plazo, de manera urgente han propuesto a la Junta Municipal un corte de tráfico de las dos calles adyacentes al centro durante los 40 minutos previos a las clases y los 40 minutos posteriores, con idea de que se convierta en una medida permanente. Mateus insiste en que no se trata de cerrar la calle: «Al revés, la abrimos: la calle está cerrada a las personas, solo abiertas para el tráfico motorizado. Reivindicamos abrirla para las familias”.

     

    Participación de los niños, niñas y familias

     

    Revuelta Escolar

    Calle cerrada al tráfico junto al colegio Menéndez Pelayo, en Madrid. Diana Moreno

     

    La celebración de estos cierres de tráfico quincenales a las puertas de los colegios tiene un aspecto festivo: calles que habitualmente tienen tráfico ahora están cerradas, convertidas en lugar de encuentro con las necesarias medidas de seguridad, repletas de música y de charlas. Y por supuesto de niños y niñas “invadiendo” las calles, llenando el asfalto de dibujos de tiza, jugando al fútbol o a la comba. “Es un paisaje muy distinto a lo que vemos todos los días, que serían filas de coches y los niños y niñas aquí apretados en la acera”, describe Mateus.

    Los eslóganes que llenan la calle en forma de pintada de tiza o carteles los han escrito los niños y niñas: “Queremos más zonas verdes”, “más bicis y menos coches”, “queremos jugar en la calle”, “menos contaminación”, etc. Es un hecho que las generaciones más jóvenes son las más afectadas y también las más concienciadas con los problemas medioambientales. Mateus reconoce que se ha tenido en cuenta a los alumnos en las reuniones quincenales, y que la iniciativa sirve además para reforzar las redes comunitarias: «La semana que no abrimos la calle estamos en el parque preparando el material, hacemos las pancartas, vamos hablando con las familias… Así también se va creando comunidad y cultura de barrio, y la gente del colegio se va conociendo”.

    En Madrid, las movilizaciones han cosechado su primera victoria: el Ayuntamiento ha accedido a ampliar las aceras frente a uno de los centros escolares participantes, el colegio Asunción Rincón, en Chamberí. Pero la revuelta por unos entornos escolares seguros sigue adelante.

    CNT-AIT prorroga huelga en la enseñanza no universitaria hasta el 30 de junio

    El Sindicato de Enseñanza e Intervención Social de CNT-AIT Madrid prorroga la huelga indefinida en los centros de enseñanzas no universitarias de la Comunidad de Madrid desde el 6 de abril hasta el 30 de junio.

    La nula aplicación de protocolos serios para el personal vulnerable ha expuesto a compañeras a situaciones de serio riesgo. En algunos casos con un final trágico como el de nuestra compañera del IES Felipe II, Marijose, que fue obligada a una exposición que le ha costado finalmente la vida:

    https://ensenanza.cntmadrid.org/cronica-de-una-tragedia-anunciada-en-el-ies-felipe-ii/

    Esta convocatoria no solo se dirige al personal vulnerable. Las personas con patologías previas siguen en situaciones de peligro, pero es una convocatoria que pueden secundar todos los trabajadores y trabajadoras de las enseñanzas no universitarias que así lo consideren, bien porque saben que los centros no son seguros (entre otras cosas por las deficiencias de la campaña de vacunación), bien porque quieren protestar por la dejadez de un gobierno regional que ya ha anunciado la vuelta a las clases abarratodas en el próximo curso.

    Os adjuntamos el documento con los servicios mínimos:

    Acta Servicios Mínimos Huelga del 6 de abril al 30 de junio

    Para terminar, recordaros que la administración suele avisar a los centros de esta convocatoria en el BOCM del día anterior al inicio de la convocatoria.

    La lucha es el único camino.


    https://xn--enseanza-g3a.cntmadrid.org/cnt-ait-prorroga-huelga-ensenanza-hasta-el-30-de-junio/




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    viernes, 26 de marzo de 2021

    El mapa del amianto en los colegios de Madrid: uno de cada cinco centros públicos convive con material tóxico (Sofía Pérez Mendoza / Raúl Sánchez para ELDIARIO.ES)

     ELDIARIO.ES publica esta noticia

    Hace una semana, el Tribunal Supremo condenaba a Uralita a pagar 2,3 millones de euros a los familiares de los trabajadores de una de sus fábricas de Barcelona. La sentencia también obligaba por primera vez a indemnizar a los vecinos que vivían cerca y cuya salud se vio afectada por el polvo de asbesto arrojado al entorno. Es la última muestra de una evidencia que ya es indiscutible: convivir con amianto, un material tóxico que se usó de forma generalizada en los años 60, 70 y 80, para construir tuberías y cubiertas por su bajo precio, ocasiona un mayor riesgo de padecer cáncer. En pleno 2021 uno de cada cinco colegios públicos de la ciudad de Madrid mantiene en sus estructuras este mineral, peligroso si se manipula y extiende al ambiente y especialmente perjudicial cuando finaliza su vida útil, cifrada entre 30 y 35 años, porque a partir de ahí puede empezar a liberar partículas.


    Son datos aportados por las Juntas de Distrito del Ayuntamiento a preguntas realizadas por el grupo municipal Más Madrid. El Gobierno liderado por José Luis Martínez-Almeida confirma que 56 centros públicos distribuidos en 17 distritos cuentan con elementos que contienen amianto. En el mapa se pueden consultar nombre a nombre. La presencia de cubiertas o bajantes con este material está aún por corroborarse en otros 42 colegios. Ni Moratalaz ni Hortaleza han aportado datos concretos a la espera de informes y Centro y Latina no han detectado ningún colegio afectado.

    La peor parte se la llevan los barrios más pobres: en Puente de Vallecas y en Ciudad Lineal la mitad de los colegios conviven con el amianto. En Chamartín la cifra es peor. Las inspecciones en seis de los ocho centros del distrito han encontrado en mayor o menor proporción este mineral tóxico, cuyo uso y comercialización está prohibido en España desde 2002. El recuento de centros también incluye dos de Educación Especial, una Escuela Infantil y un par de antiguos colegios a los que ahora se ha dado otro uso.

    "Tenemos personas con cáncer, ¿y si es por esto?"

    De todos los colegios el más afectado es el Meseta de Orcasitas, en Usera, con más de 2.000 metros cuadrados construidos con uralita. Prácticamente toda la cubrición del tejado rojo que los 500 alumnos y alumnas tienen sobre sus cabezas cinco días a la semana. "Somos un colectivo muy grande y muy expuesto. Tenemos personas con cáncer en el colegio y nos preguntamos: ¿y si es por esto? Se lo comentamos a la concejala del distrito cuando vino. Convivimos con esa espada de Damocles", cuenta la directora, María Copado, en conversación con elDiario.es. El centro se ubica en un barrio donde la mayor parte de las viviendas también sufren el mismo problema.

    En el colegio hay preocupación por este asunto pero también esperanza por que se resuelva pronto. El equipo directivo cuenta con que la obra se acometa el próximo verano, aprovechando las vacaciones de los menores. La retirada del fibrocemento es compleja: exige de la contratación de una empresa especializada y del aislamiento del entorno para evitar riesgos. Félix Rey, el concejal de Más Madrid de Orcasitas que ha hecho de esta batalla su leit motiv, pide celeridad en las actuaciones. "Como no se haga en julio y agosto supondrá un año más viviendo bajo el amianto. No tendríamos vergüenza si permitiéramos que esto siga así en las escuelas".

    La Comunidad de Madrid se comprometió en noviembre de 2018 a eliminar este material de los colegios públicos de la región. ¿Cuánto se ha avanzado desde entonces? En dos años y medio, la Consejería de Educación ha ejecutado 16 obras menores y otras tres de mayor envergadura para retirar amianto, además de otras "obras de reforma" cuyo número no concreta. Tiene programadas 18 intervenciones más ya redactadas aunque no sabe cuántas escuelas a día de hoy contienen fibrocemento. "No se puede facilitar una relación de centros en este momento", asegura un portavoz del departamento que dirige Enrique Ossorio, que puntualiza que "la presencia de materiales con amianto en los locales o espacios de los lugares de trabajo no indica directamente una situación de riesgo, dado que el amianto no es un gas, un vapor o una sustancia radiactiva y sus fibras no se desprenden de forma natural, sino que es necesario que se produzca una manipulación o alteración de dichos materiales para que tenga lugar la liberación y emisión de las fibras".

    Un plan de 2018 y otro para 2021

    El Ayuntamiento de Madrid también tiene una porción de la responsabilidad dentro del conflicto competencial para actuar: la administración local es competente para mantener los colegios aunque el Gobierno regional, en el caso de Madrid, es el responsable de las intervenciones. El Pleno del Palacio de Cibeles aprobó en octubre de 2020 con el apoyo de Más Madrid, PSOE y Vox un plan de retirada de amianto antes de 2030. PP y Ciudadanos, los partidos que forman el Gobierno y los encargados por tanto de ejecutarlo, se abstuvieron. Antes del próximo octubre deben presentar el proyecto detallado con especial atención a los colegios, como pidió Más Madrid.

    "Se ha avanzado en lo que se ha podido", apuntan desde el área de Vicalcaldía y Coordinación Territorial. Una portavoz asegura que la "competencia recae en la Comunidad de Madrid", pero advierte que la corporación "ha reservado en todo caso 200.000 euros para intervenir este año en aquellos aspectos en los que lo permita" su capacidad de actuación. "En tanto los elementos estén encapsulados, son seguros, según los técnicos". El Ayuntamiento, que dice tener identificados todos los centros con este material cancerígeno, se escuda en que la toma de decisiones requiere de un "plan estatal y de una ley que trasponga las directivas europeas que no existe a día de hoy" y critica que el anterior equipo de Gobierno, de Ahora Madrid, "no hizo nada en este asunto".

    La burocracia va muy lenta. Lo saben en el CEIP Patriarca Obispo Eijo Garay (Chamartín), donde tienen una caseta perpetua con amianto en sus instalaciones. La conocida como casa del conserje, utilizada en el pasado como almacén, está en estado de derrumbe y la dirección del centro lleva años peleándose para que la reformen. Las bajantes pluviales son de fibrocemento, según el análisis de la Junta de Distrito. "Es un gasto grande y no lo aprueban a pesar de que serviría para darle más espacio al colegio. De hecho, el año pasado se pidió que arreglaran la casita para poder tener ahí un aula y nada", cuenta una madre del centro.

    El amianto se expande por lugares variados según el centro. En el CEIP Menéndez Pelayo (Arganzuela) está en el sótano, una zona en desuso que hace las veces de almacén pero que antes acogió un gimnasio. Ahora ya no cumple las medidas de seguridad ni altura para que haya alumnos, explican desde el AMPA. Las madres y los padres que representan a las familias aseguran que no hay una gran alarma en el centro por este motivo porque existen otras obras que se conciben como más "urgentes" como la reforma de un torreón con riesgo de desprendimiento, apañado con una red de seguridad para evitar que se precipiten cascotes.

    jueves, 10 de diciembre de 2020

    La escuela logra controlar los contagios pero necesita más medios para afrontar el invierno (Marina Estévez Torreblanca para ELDIARIO.ES)

    Publicamos esta información de ELDIARIO.ES 

    El primer trimestre con clases presenciales en medio de la pandemia de coronavirus se da por aprobado por parte de centros, médicos, padres, sindicatos y responsables políticos en cuanto al relativo control que se ha conseguido de los contagios de coronavirus de alumnos y profesores. Todos han respirado aliviados al comprobar que la vuelta a las aulas no ha supuesto la explosión de la epidemia de COVID-19 que muchos pronosticaban y temían, pese a que los pediatras explicaban que no creían que los niños fueran a ser "supertransmisores" con la vuelta al cole.

    "En los días previos a la reapertura de las aulas había pánico escénico, se temía una catástrofe y que habría que volver a cerrar los colegios porque todos los niños estarían afectados", recuerda Quique Bassat, coordinador del Grupo de Trabajo de la Asociación Española de Pediatría (AEP) para la Reapertura de la Escolarización y epidemiólogo de ISGlobal. A su juicio, de momento la experiencia deja datos "muy positivos y esperanzadores".

    Esto no significa que los espacios educativos hayan quedado exentos de la epidemia, y ha habido aulas confinadas desde principio de curso debido a casos de COVID. El 1 de diciembre este era el caso de 3.289 grupos, un 0,77% del total, según datos proporcionados a este periódico por el Ministerio de Educación. Cuando todas las comunidades autónomas habían comenzado a dar clases presenciales en todos los niveles –aunque con carácter general en Secundaria en régimen de semipresencialidad–, el 29 de septiembre, las clases confinadas eran un 0,9% del total.

    A medida que la incidencia acumulada de contagios fue subiendo en el país, ocurrió lo mismo con los casos que se detectaban en los centros, y se alcanzó un pico del 1,7% de las 426.896 aulas/grupos que hay registrados en el país. Este máximo, que supuso el confinamiento de casi 7.000 clases al mismo tiempo, se produjo en la primera semana de noviembre. Esa semana (6 de noviembre) la incidencia acumulada de COVID en España (casos por 100.000 habitantes en catorce días) era de 525,74. En estos momentos, con datos del 3 de diciembre, ha caído a menos de la mitad: 240,89 casos. Actualmente hay 12 colegios cerrados por completo temporalmente por las autoridades autonómicas debido a un escenario de transmisión descontrolada.

    Estos datos le son proporcionados al departamento que dirige Isabel Celáa por las comunidades autónomas. La responsable del sector de enseñanza FeSP-UGT, Maribel Loranca, lamenta la falta de homogeneidad de la información sobre la afectación real de la COVID en las aulas, sin que por ejemplo se sepa a qué nivel educativo pertenecen. "En los sindicatos nos enteramos por la prensa, y no de todos los casos, así no podemos hacer un seguimiento real", incide.

    En los centros educativos también se producen brotes (cualquier agrupación de tres o más casos confirmados o probables con infección activa en los que se ha establecido un vínculo epidemiológico) y por ejemplo la última semana se notificaron 223 brotes con 1.293 casos. En general son de pequeña magnitud (una media de 5,8 casos por brote) y suponen alrededor del 1,6% de los casos notificados en este periodo, según los datos de Sanidad.

    Pero lo normal es que los casos no vayan más allá una vez detectados. Casi siempre se trata de alumnos o profesores que se infectan en otros ámbitos, y que no suelen contagiar en el centro educativo gracias a las medidas de prevención y al hecho de que al menos los niños más pequeños presentan una menor tasa de infectividad, contrariamente a lo que ocurre con otros coronavirus. Por ejemplo, en Catalunya el 87% de los casos en centros educativos no han generado otros secundarios. Esta es una de las pocas CCAA que hace pruebas PCR a todos los alumnos cuando se detecta un positivo en clase.

    "Desde el principio de la epidemia en China, se vio que este virus no se comportaba como los coronavirus ya conocidos. Los niños son susceptibles, pero se infectan menos, su enfermedad es más leve y la mortalidad en ellos es muy baja", recalca un documento del Colegio de Médicos de Madrid. Las estimaciones de que el caso primario en brotes familiares sea un niño están entre un 5% y un 10%.
    Mucho trabajo para profesores y directores y falta de medios

    La menor afectación de los niños por este virus, que se va incrementando a medida que cumplen años, no explica por sí sola que los casos no se hayan disparado en las aulas. Tras seis meses cerrados, desde que se desató la pandemia en marzo, los centros se han preparado con multitud de protocolos de prevención y actuación frente a casos de COVID. Se publicó una guía por parte del Ministerio de Sanidad, y las comunidades autónomas son las que han elaborado las normas. Se incluye la obligación de que los mayores de seis años porten mascarillas, controles de temperatura y reasignación de espacios, de manera que los llamados "grupos burbuja" de convivencia estable no se mezclen entre sí. Cuando se detecta un caso de COVID dentro de ellos, todo el grupo debe guardar una cuarentena preventiva de diez días.

    Para el Ministerio de Educación, "las administraciones educativas y, sobre todo, los equipos directivos de los centros y el profesorado en general, han hecho un gran trabajo antes y durante el curso para mantener la escuela abierta, que era el objetivo general. Hay que destacar también el comportamiento responsable de los alumnos y alumnas, incluso los más pequeños. A esto se suma la importante inversión que hizo el Gobierno con el fondo COVID".

    La organización de este atípico curso, con normas cuya aprobación se retrasó hasta casi el comienzo de las clases en algunas comunidades, ha supuesto una carga de trabajo y de esfuerzo extraordinario en los docentes y directores de los centros.

    "Ha sido muy caótico y ha faltado precisión y planificación. Llevamos una época buena pero hemos llegado a tener hasta cinco aulas confinadas a la vez", relata a este periódico el director de un centro madrileño que prefiere permanecer en el anonimato. "El inicio de curso fue un caos y faltó homogeneidad", coincide el responsable de Educación de CSIF, Mario Gutiérrez.

    El presidente del Consejo de Directores de Madrid y del colegio público Santo Domingo de Algete, Óscar Martín Centeno, recalca que la clave del éxito de la adaptación ha sido el propio comportamiento ejemplar de los alumnos, tanto de los más pequeños como de los adolescentes, aunque reconoce que en este último grupo ha habido un progresivo relajamiento de las medidas de precaución.

    En cuanto a los medios de los que se ha dotado a los centros, pide que se mantengan los profesores de refuerzo que se contrataron para este curso debido a las medidas especiales, y que la Comunidad de Madrid pretende ya despedir al final de este trimestre (es la única comunidad autónoma que lo va a hacer). Se quiere prescindir de estos profesores pese a que la pandemia continúa.

    Además, cuando se confina un aula los alumnos deben tomar clases por internet, al igual que en determinados cursos superiores, algo que en el caso de las familias con menos recursos se convierte en una misión casi imposible. Las comunidades autónomas están poniendo a disposición de los centros tablets y portátiles, pero en algunos casos es ahora cuando están llegando, y en otros no lo harán hasta enero, aunque hubieran sido necesarios desde principio de curso. Además, por ejemplo en el caso de la Comunidad de Madrid no se tiene en cuenta que también es necesario garantizar la conexión del alumno, para lo que no vale con una tarjeta prepago.

    "Es una buena noticia que los centros educativos se mantengan abiertos, el cierre tuvo un impacto social y emocional muy fuerte. Pero no se ha garantizado la presencialidad en todos los niveles y etapas educativas", incide la representante de UGT. La enseñanza presencial "más o menos viene funcionando hasta la Secundaria, pero a partir de ahí ha dependido de comunidades autónomas y de centros", subraya, mientras que la semipresenciliadad tampoco está funcionando de manera adecuada en todos los centros.
    La llegada del frío

    La propagación del virus en centros educativos hasta ahora ha sido menos importante que lo que se llegó a temer. Pero una de las claves para evitar contagios es la ventilación de los espacios cerrados, y la llegada del verdadero frío del invierno, que comienza el 21 de diciembre, supone un reto adicional.

    "Ahora que viene el frío hay que extremar las precauciones, los protocolos deben revisarse y pensar cómo se organizan los centros de cara al invierno", remarca Francisco García, responsable de Educación de CCOO.

    Este sindicato está elaborando una guía con recomendaciones de seguridad y salud frente a la COVID en centros educativos. De cara al invierno recomienda "sacrificar el confort térmico para salvar vidas" y siempre que las circunstancias lo permitan, realizar actividades académicas en el exterior. Para interiores, se aconseja el uso de medidores de CO2 para conocer el estado del aire, y en los casos en que sea necesario, apoyar la ventilación con elementos técnicos como purificadores.

    Además, exigen que se suministren medios adicionales de protección como mascarillas EPI (FPP, las de máxima eficacia) a los trabajadores que trabajen en educación infantil, enseñanzas artísticas o talleres de Formación Profesional. Estos y otros medios de prevención, recalcan, "deben ser suministrados por la empresa a los trabajadores y en su caso también al alumnado".