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viernes, 3 de septiembre de 2021

Las ratios, en el corazón del malestar de la comunidad educativa (Pablo Gutiérrez de Álamo para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

 Reproducimos este artículo de ELDIARIODELAEDUCACION.COM



  • La Plataforma Estatal en defensa de la Escuela Pública presenta un escrito en el registro del Ministerio de Educación para reclamar a las administraciones que den marcha atrás a las medidas que se aprobaron en la pasada Conferencia Sectorial.

Pilar Alegría, la nueva ministra de Educación y Formación Profesional, ha llegado en un momento bastante delicado. No en el peor, eso sí; la gestión de la pandemia en un primer momento ya la asumió Isabel Celaá. En cualquier caso ha llegado a Alcalá 32 para retomar la implantación de la Lomloe (y sus currículos), gestionar el nuevo curso con pandemia, aunque sin medidas especialmente extraordinarias, a retomar un diálogo con los sindicatos que, según dicen estos, se había visto muy dificultado en los últimos meses. También habrá de lidiar con una escuela pública que escucha con malestar sus declaraciones hacia la concertada.

La Plataforma Estatal por la Escuela Pública le hará llegar un escrito a través del registro del propio Ministerio sobre su descontento, principalmente, por las medidas acordadas en la Conferencia Sectorial de la semana pasada. La flexibilización y rebaja de las distancias de seguridad son uno de los puntos clave y, con ella, el aumento de las ratios en todo el país, también.

Francisco García, secretario general de la Federación de Enseñanza de CCOO (FECCOO), asegura que el restultado de la Conferencia fue «decepcionante» para la Plataforma. Y lo fue en dos sentidos. Por una parte, porque «el Ministerio no ejerce el liderazgo» que debería al ser la educación una política de Estado y, por otra parte, porque las comunidades autónomas están en una lógica de ahorro de costes, a pesar de haber recibido el año pasado 16.000 millones de euros y vayan a recibir otros 13.500 en los próximos meses. El hecho de que no sean fondos finalistas deja la puerta abierta a que no llegue nada a la educación, o no lo haga para mejorar las condiciones de trabajo del profesorado.

García, así como otras organizaciones de la Plataforma, integrada por sindicatos de docentes y estudiantes, los MRP y CEAPA, reclaman que las medidas de seguridad sanitaria de este septiembre sean las mismas que las de 2020 dada la contagiosidad del virus en esta quinta ola así como de su variante Delta.

Más profesorado

Sobre la mesa está el anuncio de diferentes comunidades autónomas que aseguran que van a contratar para este curso a unos 25.000 docentes. Para García esta cifra hay que mirarla con prudencia por el hecho de que no todo ese profesorado está destinado a labores directamente relacionadas con la Covid.

Según los cálculos de CCOO, el curso pasado, las comunidades autónomas contrataron a unos 39.000 docentes frente a los que había en 2019 para hacer frente a la reducción del alumnado en las aulas para mantener las medidas de seguridad. Para que la situación ahora fuera la idónea y se mantuviera la presencialidad en todos los cursos y etapas (también a partir de 3º de ESO y en Bachillerato), sería necesario que esa ampliación de personal llegara a cerca de los 72.000, casi tres veces más de lo anunciado por las autonomías.

Más allá de la lógica «pandémica» es donde quiere mirar Leticia Cardenal, presidenta de Ceapa. Segú ella, las ratios deben disminuir, pero no solo porque haya una pandemia global, sino porque con clases menos numerosas mejora la educación. En este sentido habla de la Comunidad de Cantabria, en la que reside. La posición del gobierno autonómico es mantener el profesorado de refuerzo Covid contratado hasta el mes de diciembre y en función de cómo evolucione la situación sanitaria, decidir si continúan o no. Algo parecido a lo que hizo la Comunidad de Madrid el curso pasado.

Para Cardenal, el mantenimiento y ampliación de estas contrataciones, más allá de para salvar las medidas sanitarias y evitar contagios, también es importante para ofrecer una educación más personalizada e individualizada que garantizase de alguna manera la permanencia y el éxito educativo de todas y todos los chavales que se han visto descolgados en los últimos 15 meses de pandemia.

Opina lo mismo José Ramón Merino, de los STEs. Para él no deben darse pasos atrás en la gestión de la seguridad sanitaria en los centros educativos. Y más allá de eso, la bajada de ratios puede suponer una mejora en la calidad de la enseñanza.

Para García, el de la bajada de ratios efectivamente ahora parece un problema coyuntural que la situación de crisis sanitaria ha sacado a la luz, pero es algo estructural que debe ser debatido. Máxime cuando la Lomloe hace una apuesta decidida por una mayor personalización del aprendizaje o por metodologías más activas y por las competencias clave. Es, en sus palabras, una cuestión «insoslayable».

Vicent Manyes, además de ser el presidente de la asociación de directoras y directores de centros de primaria, ejerce como director en la Comunidad Valenciana. En su colegio van a hacer todo lo posible por mantener las mismas restricciones que el curso pasado, aunque con algunas mejoras metodológicas. A partir de septiembre, los grupos burbuja estarán configurados por los cursos habituales, enteros, y no por grupos de 20 o menos alumnos. De esta manera van a poder retomar acciones como el trabajo por parejas o por grupos dentro de las aulas, o los proyectos que tuvieron que aparcar el curso pasado.

Se encuentran en una situación intermedia entre la vieja y la nueva normalidad, aunque han preferido, porque les era posible por la configuración de su centro, optar por ser lo más conservadores posibles con las medidas de seguridad. De esta manera, evitarán que el alumnado de los mismos cursos pero de clases diferentes tengan interacciones innecesarias con tal de evitar contagios. El objetivo, dice, es que se evite el confinamiento de las clases. Si un alumno tiene que hacer cuarentena porque alguno de sus padres ha dado positivo, no es lo mismo que si tuviera que enviar a todo el grupo a casa porque hay varios contagios en él.

En cualquier caso, Manyes también tiene claro que una bajada de ratios es algo importante. Y no solo por la situación sanitaria. Es una reivindicaicón de antiguo que no ha perdido vigencia. A pesar de que han solicitado que se mantuvieran las contrataciones por la pandemia para tener grupos más reducidos, como el curso pasado, por debajo de los 20 chavales por clase, este año no ha sido así. «Con menores ratios hay más calidad», asegura este maestro. Y, aunque «no es condición suficiente, sí es necesaria» para la mejora de la enseñanza.

Movilización

Esta es la otra pregunta del millón. Si las administraciones educativas hacen caso omiso de las peticiones que insistentemente se hacen desde la comunidad educativa, con mayor hincapié en los últimos 12 meses, ¿habrá movilizaciones sindicales? La respuesta es complicada, en primer lugar, por la descentralización de la educación. Las comunidades autónomas han tomado medidas realmente diferentes en fución de quién las gobierna. Por eso, además de aumentar la presión sobre el Ministerio de Educación para que legisle una bajada de ratios, las miradas de los sindicatos se trasladarán a los territorios en los que se haya sido, digamos, menos cuidadosos.

Francisco García lo tiene claro. Más allá de intentar que el Ministerio «asuma sus responsabilidades», habrá que incidir en los territorios en los que haya un menor esfuerzo para mejorar las condiciones de enseñanza, principalmente en Andalucía, Madrid y Murcia. De hecho, asegura, en Madrid ya hay movilizaciones anunciadas en este sentido.

Merino se muestra más cauto y, aunque asegura que las organizaciones de la Plataforma Estatal ya han hablado en sus reuniones de la posibilidad de convocar movilizaciones de presión, todavía no ha cristalizado y habrá que esperar a futuros encuentros.

Mientras tanto, ambos dirigentes sindicales esperan reunirse con Pilar Alegría para poder trasladarle estas y otras preocupaciones que tienen de cara al curso, a la implantación de la Lomloe, así como otras cuestiones relativas a la FP o la educación infantil 0-3.

También Cardenal espero que Ceapa pueda volver a reunirse con la ministra a la mayor brevedad, a pesar de que en la reunión que mantuvieron antes de las vacaciones de agosto ya se pusieron sobre la mesas estas preocupaciones relativas a las ratios y el inicio de curso.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Una historia de colonialismo cerebral (Diego Delgado para CTXT.ES)

 Reproducimos este artículo de CTXT.ES

Resulta devastador comprobar cómo el éxito rotundo de la estrategia neoliberal ha alejado el debate de las estructuras que apuntalan la invasión del interés económico en las aulas

La educación se ha convertido en un producto de consumo más, abandonando su lugar histórico dentro de un grupo de derechos fundamentales cada vez más hueco. Si bien parece que este cambio responde a las lógicas naturales de la sociedad humana occidental, la realidad es otra: tanto esa apariencia de inevitabilidad como los procesos que han impulsado el traspaso de la educación a manos privadas tienen su origen en los baluartes del capitalismo, cuyos intereses son también los más beneficiados por dicha transformación estructural.

Aclarar esto supone, por un lado, exponer los pasos que se han ido recorriendo en pos de la mercantilización de la esfera educativa, y, por el otro, evidenciar que otro sistema es posible, uno que arranque las aulas y el conocimiento de las garras del capital.

La ola neoliberal azota Occidente

Si el neoliberalismo ha logrado invadir hasta el último rincón de nuestras vidas ha sido, en gran parte, por su capacidad para autojustificar tanto su existencia como su expansión obsesiva. Gracias a esta trampa, es tremendamente complejo para cualquier individuo ser capaz de percibir los cambios que sus élites van impulsando en su incansable tarea de colonización a todos los niveles. Así, problemas gravísimos como la eliminación del derecho a la vivienda, la instalación de una precariedad laboral rayana en el esclavismo o, en este caso, la venta de la educación de las nuevas generaciones al mejor postor, pasan de crimen escandaloso contra la democracia a consecuencia ineludible –y, en muchos casos, deseable– derivada de una libertad de mercado a la que le han borrado el apellido. Como resultado, el 99% que sufre por no poder pagarse un techo, por la explotación en su empleo o por la frustración de no ser capaz de formarse como le gustaría, aplaude con fervor a ese 1% que ostenta las riendas del mercado; ese 1% que sí aprovecha una libertad que se parece demasiado a la tiranía.

Con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo se hace mucho más sencillo observar cómo las altas esferas del poder económico han ido colando sus artimañas, primero en el discurso hegemónico y, después, en forma de leyes que (des)regulan el ámbito educativo en España.

Ya en los años 90 se empezaron a construir las teorías que servirían como armazón ideológico para la transformación estructural que iba a convertir la educación en un bien de consumo en manos del capital privado. Como bien explica Daniel Sánchez Caballero en su reportaje en dos partes, ‘El negocio de la educación’, un potente lobby empresarial europeo redactó en 1989 un informe en el que apuntaba a la educación como una “inversión estratégica vital para el éxito futuro empresarial”.

Nueve años después, el entonces presidente de Coca-Cola, Glenn R. Jones, consolidó ese discurso con una afirmación tan categórica como terrorífica: “Los empresarios consideran que la enseñanza es un extenso mercado por conquistar”.


Relacionar directamente meras opiniones del mundo empresarial con una transformación tangible del ámbito educativo podría sonar a conspiranoia barata, por lo que se debe ir más allá en la exposición de pruebas argumentales. Quizá la más concluyente tiene que ver con la OCDE, organismo que actualmente cuenta con un peso enorme en la enseñanza a nivel europeo. En su ‘Cuaderno de política económica nº13’, fechado en 1996, Christian Morrison se atrevía a proponer, sin ambages, una estrategia para que los gobiernos estatales pudiesen reducir la calidad educativa con la sutileza necesaria para evitar revueltas ciudadanas: “Se pueden reducir los créditos para el funcionamiento de escuelas y universidades, pero sería peligroso restringir el número de alumnos matriculados. Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza, y la escuela puede, progresiva y puntualmente, obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad”.

El broche de oro a toda esta demencia lo coloca, en 2001, la Dirección General para la Educación de la Comisión Europea. En uno de sus documentos establece como objetivo principal “convertirse en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico duradero”. Las implicaciones de esta frase son un absoluto descaro, pues establecen una combinación férrea entre los dogmas neoliberales –economía por encima de todo, competitividad y obsesión por el crecimiento– y la educación, poniendo esta a los pies de los caballos del mercado.

FAES: libertad de mercado y desigualdad

Con una línea de acción tan clara, los Estados solo tenían que elegir una estrategia discursiva con la que inocular el virus de la privatización en un ámbito tan vital como la educación. Sin este paso previo sería imposible llevar a cabo los movimientos legislativos necesarios para poner en marcha la maquinaria; o, al menos, lograrlo sin recibir a cambio una contestación social difícil de prever.

Son diversos los métodos escogidos por las administraciones centrales de cada país, y existen estudios dedicados a desgranarlos con profundidad, pero el propósito de estas líneas no es ese. En el Estado español, un organismo brilló con luz propia durante esos últimos años del siglo XX y primeros del XXI en la creación de una predisposición en el sentir popular hacia la flexibilización de la educación: FAES.

Entre todas las cosas que podrían decirse sobre la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, hay una que evidencia por encima del resto la naturaleza reaccionaria de este think tank: su presidente es José María Aznar. De la mano de uno de los políticos más nefastos en la historia de nuestro país, con tendencias claramente ultraderechistas, dicho sea de paso, esta organización “que trabaja en el ámbito de las ideas” se dedicó en cuerpo y alma a torpedear el carácter público y universal de la educación en España.

Aprovechando el impulso privatizador que llegaba desde Europa, acrecentado exponencialmente por las políticas austericidas tras la crisis de 2007, FAES alcanzó un éxito rotundo con la presentación, en 2013, de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Decir que las ideas de la fundación de Aznar influyeron en dicha reforma es quedarse muy, pero que muy corto, puesto que esta es prácticamente una copia idéntica de los preceptos neoliberales que defendían con fervor los acólitos del expresidente. Si en 2010 FAES hablaba de la necesidad de “reforzar la autonomía en la gestión y la competencia entre centros educativos, de forma que puedan ofrecer currículos y proyectos educativos diversos”, el preámbulo de la LOMCE reza: “Los principios sobre los que pivota la reforma son, fundamentalmente, el aumento de la autonomía de los centros, el refuerzo de la capacidad de gestión de la dirección de los centros, las evaluaciones externas de fin de etapa, la racionalización de la oferta educativa y la flexibilización de las trayectorias”.

Autonomía en la gestión, competencia entre centros y flexibilización de los proyectos educativos son las tres peticiones que hacía FAES, todas ellas reflejadas con una exactitud impoluta entre los principios fundamentales de la LOMCE. Se trata de estrategias denominadas como endoprivatización, concepto que remite a un carácter privatizador no explícito, pero igual de efectivo. Quizá más.

Las ventajas de estos factores endógenos frente a otros mucho más evidentes, como podría ser la venta de una red de colegios a una empresa privada, tienen que ver con aquella advertencia lanzada desde la OCDE acerca del peligro de revueltas sociales por la corrupción de la calidad educativa. De esta forma, el veneno se coloca con sigilo dentro del sistema de enseñanza pública para que su letal expansión parezca algo independiente, una enfermedad desarrollada sin un origen claro.

La perversión del concepto de libertad opera como una de las principales herramientas a la hora de justificar toda esa serie de modificaciones del panorama educativo que van acercándolo hacia el precipicio

Como ya se ha mencionado, la perversión del concepto de libertad opera como una de las principales herramientas a la hora de justificar toda esa serie de modificaciones del panorama educativo que van acercándolo hacia el precipicio. Este no es un comportamiento específico, sino que se da en cualquier ámbito como síntoma inequívoco de estar cayendo en las garras del neoliberalismo más crudo. En España, Francisco López Rúperez es el máximo exponente de dicha estrategia dentro del sector de la educación. Presidente del Consejo Escolar del Estado entre 2012 y 2016, desarrolló durante las dos décadas previas a la LOMCE una tesis, adoptada con fervor por FAES, de la que habla Geo Saura en Think tanks y educación. Neoliberalismo de FAES en la LOMCE. El catedrático –que también pasó por la OCDE– establece una dicotomía excluyente entre libertad e igualdad, y asegura que las políticas que buscan la igualdad terminan sacrificando la libertad.

No hay que contar con nociones avanzadas en filosofía para ser consciente de que, al menos en el terreno de la enseñanza, sin igualdad de oportunidades no puede haber libertad. Sin embargo, la libertad que instrumentaliza y con la que se llena la boca el neoliberalismo es, en realidad, libertad de mercado. Libertad para que, quien puede permitírselo, sea capaz de comprar todo lo que quiera, sin límites: libremente. En este caso, el objetivo es que los hijos e hijas de familias privilegiadas tengan acceso a una educación restringida exclusivamente para quien ostente el poder adquisitivo suficiente. Una libertad que sí choca de forma frontal contra la igualdad como garante de la universalidad en la educación.

La combinación entre “reforzar la autonomía en la gestión y la competencia entre centros educativos” –es decir, desregular y someter la enseñanza a oferta y demanda pura– y “ofrecer proyectos diversos que se adapten a las demandas de los padres” deriva, irremediablemente, en que la calidad educativa se termina pagando. Como explica J. Torres en Educación en tiempos de neoliberalismo, “si los colegios se ven obligados a competir (…), entra dentro de esa lógica el tratar de eliminar de su comunidad educativa a aquellas personas que pueden rebajar los resultados en las pruebas de evaluación externa”. Pruebas que recomienda y realiza, en el caso del famoso Informe PISA, la OCDE. Se va cerrando el círculo.

Desnutrir el intelecto para mantener el orden

Una mayoría apabullante de las élites económico-políticas del Estado español han alcanzado un lugar tan privilegiado gracias a un sistema de organización social en el que factores aleatorios como el género o el apellido tienen un peso mucho mayor que los esfuerzos o las aptitudes. De esta forma, se lo deben todo a este régimen en el que la diferencia entre clases es casi feudal, con unos estamentos sólidamente marcados y difíciles de atravesar. Cuando alguien asegura que la escuela concertada o privada es sinónimo de calidad, está reproduciendo un discurso en el que la enseñanza de las clases altas se pone por encima de la educación de la gran mayoría. Y así lo demuestran los datos.

El propio Informe PISA dedicado al año 2018 es uno de los mejores ejemplos. Gracias al ISEC (Índice Social, Económico y Cultural), un factor corrector que tiene en cuenta la situación familiar de cada alumno o alumna, quedó patente que en España existe una segregación de clase que afecta directamente a la educación de las nuevas generaciones. Si bien los centros privados obtuvieron una ventaja de 27,62 puntos en las pruebas de matemáticas, esa diferencia torna en 2,5 puntos de desventaja en favor de los centros públicos cuando se aplica el ISEC. Es decir: la supuesta calidad de la enseñanza privada es, en realidad, fruto de la discriminación que deja fuera de estos centros al alumnado procedente de familias trabajadoras. Teniendo en cuenta que 40 puntos equivalen a un curso escolar completo, estamos hablando de un retraso de más de dos trimestres. En cifras concretas, esta situación se traduce en una proporción de alumnos y alumnas repetidores en la enseñanza pública que supera, por más del doble, a la de la privada: 37,7% frente a 17,1%, según un informe de la Fundación BBVA.

La supuesta calidad de la enseñanza privada es, en realidad, fruto de la discriminación que deja fuera de estos centros al alumnado procedente de familias trabajadoras

Con el paso del tiempo, la segregación escolar se traduce en que solo un 10,6% del alumnado universitario tiene un origen de clase baja, frente al escandaloso 54,7% que procede de familias acomodadas de clase alta, según un estudio de la Xarxa Vives d’Universitats.

Una vez se ha demostrado que de ninguna manera existe una diferencia en términos de calidad intelectual entre la escuela pública y la privada –una barbaridad digna de los períodos más oscuros de la historia de la humanidad–, merece la pena detenerse para entender qué ocurre entonces en las escuelas que ofrece el Estado de forma gratuita.

El informe Desigualdad 1-0 Igualdad de oportunidadesde Oxfam Intermón, habla de las diferentes “mochilas” con las que carga cada alumno o alumna a la hora de empezar su periplo educativo: “Algunas están llenas de piedras, inútiles para el logro educativo y muy pesadas, mientras que otras están repletas de recursos con los que labrarse un futuro prometedor”. En este último grupo se engloban factores como la educación de los progenitores, la capacidad de invertir recursos en clases particulares o sus expectativas educativas, entre otras cosas; mientras que las “piedras” aluden a la ausencia de padres y madres en casa por largos turnos de trabajo, la necesidad de cuidar a otros miembros de la familia, la falta de un lugar en el que estudiar cómodamente y un larguísimo –demasiado– etcétera. De esta forma, el informe concluye que, en España, “uno de cada dos hijos e hijas de padres y madres sin educación secundaria postobligatoria repetirán el nivel educativo de sus progenitores. Es una transmisión intergeneracional 10 puntos superior a la de Alemania y 23 puntos superior a la de Francia. En el otro extremo, 7 de cada 10 padres y madres universitarios tendrán hijos e hijas universitarios”. No hay lugar a dudas ni interpretaciones: el denominado ascensor social ha estallado en mil pedazos.

La lectura económica de este fenómeno es lo primero que viene a la cabeza, dada la claridad con la que se atisban las consecuencias materiales de ella. Además, vivimos una época de enorme sobrecualificación en la que, instigado por las reformas neoliberales de Wert, la titulación universitaria ha perdido toda su función en términos de validación intelectual y conversión de la misma en una recompensa salarial. Ya no solo se purga al alumnado pobre durante toda la educación obligatoria, sino que ahora también se invalida a quienes han logrado escalar hasta un grado universitario, pues lo realmente importante es tener un máster. Y cuanto más caro, mejor.

No obstante, existe otro enfoque, otra implicación ineludible cuyas consecuencias dan incluso más miedo que el hecho de estar condenado al nivel material de vida de la familia en la que se nace. Se trata de la desnutrición intelectual. Si el único escenario beneficioso para el sistema capitalista, una vez se ha destapado su naturaleza sanguinaria, es uno en el que no existe ninguna otra opción imaginable ni deseable de organización de la vida, la neutralización del pensamiento crítico torna en condición sine qua non para su éxito. Así lo sentía Milton Friedman, mítico paladín del neoliberalismo, cuando tildó de “oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo” el desastre del Katrina. Una reforma que, según cuenta Naomi Klein en La doctrina del shock, debía ser “permanente”.

La primacía de los resultados cuantitativos y la omnipresencia de la competitividad que FAES repitió como un mantra, hasta que se convirtieron en ley, no afectan solo a la gestión de los centros, sino que han permeado hasta lo más profundo de las aulas. Allí, se han unido a otros preceptos, como la sustitución del raciocinio por la memoria o el no cuestionamiento de la versión oficial, dando lugar a un ambiente en el que niños y niñas reciben una información que, sin procesar, alojan en un lugar no muy profundo, bien accesible para poder ser expulsada en el momento del examen sin que deje apenas mácula en su intelecto. El objetivo será, siempre, buscar la nota más alta; así que quien la obtenga con mayor asiduidad tendrá muchas papeletas de convertirse en el objetivo de la frustración del resto. El cerebrito, la friki.

Al final, la estampa llama la atención por el alto componente de individualismo que rebosa, opuesto a la naturaleza comunitaria del alumnado en cuanto que seres humanos. He aquí uno de los orígenes de la atomización, tan repetida como uno de los principales problemas de la sociedad actual desde campos como la sociología o la antropología. De pronto, el enemigo son los compañeros de clase de tu hijo, demasiado rebeldes como para atender correctamente en clase, o la niña que se sienta en la misma mesa que tu pequeña y nunca lleva las tareas hechas. Poco importa que uno de esos chavales viva con seis personas más en un piso de 50 metros cuadrados, o que esa niña tenga que cuidar de su hermana pequeña durante todo el día porque sus padres tienen turnos de 14 horas. Poco importa que, en realidad, compartas luchas, trabas y batallas cotidianas con esas familias a las que ahora culpas por lo que la precariedad ha hecho de ellas; por lo que la precariedad ha hecho de ti.

Si a todo ello se le suma el chaparrón de estímulos que dirigen toda la atención de los más jóvenes hacia la consecución de hitos materiales –principalmente monetarios–, y la personalización de la responsabilidad a la hora de lograr dichos éxitos, puesto que “si te esfuerzas, alcanzarás todos tus sueños”, el resultado es un cóctel de competición insana y sensación de fracaso continua que explica la epidemia de ansiedad y depresión que asola el Estado español. Una epidemia para la que no hay carrera por encontrar la cura.

Dicen “no te has esforzado suficiente” porque decir “el puesto que ansías lo está ocupando el hijo del dueño, que conoce al resto de homólogos porque son hijos de otros dueños y compartieron clase en la privada” supondría visibilizar las costuras de un sistema podrido.

Además, es necesario hacer mención al sesgo de género existente en el ámbito educativo en España. Por una parte, que todo el peso de las tareas reproductivas y de cuidados recaiga sobre la mitad femenina de la población hace que algunas jóvenes tengan que dejar sus estudios para encargarse de las labores del hogar, algo que afecta con preeminencia a aquellas que proceden de familias humildes. Por otro lado, y según expresa el informe de Oxfam Intermón, “son las mujeres las que más ascendieron socialmente gracias a la universidad, las que más títulos universitarios tienen y las que, dadas las desigualdades de género en el mercado laboral, sufren más la sobrecualificación” sobre la que se ha hablado previamente.

La historia sigue, y seguirá

Una vez han quedado expuestas las decisiones que nos han traído hasta el lugar en el que estamos, es momento de demostrar que el proceso aún no ha llegado a su cénit. Y es que esta historia de colonialismo cerebral tiene sus reflejos en la actualidad, máxime con el ascenso del neofascismo y la radicalización ultra de la derecha española.

Tras este repaso a las últimas décadas de privatización se entiende mejor qué pretende Isabel Díaz Ayuso cuando nombra director general de Educación Infantil y Primaria de la Comunidad de Madrid a José Ignacio Martín Blasco, un hombre cuya trayectoria laboral se ha desarrollado única y exclusivamente en centros privados y concertados, manteniendo siempre un vínculo estrecho con el Opus Dei.

También se puede hacer una relación mental sencilla entre la propuesta del veto parental de Vox y la obsesión de FAES, heredada del friedmanismo más fundamentalista, con que las familias cuenten con una libertad total a la hora de elegir la educación de sus hijos e hijas. De hecho, se trata de un intento más que evidente de profundizar en esa desnutrición intelectual de la que se habló unas líneas más arriba, con el agravante ideológico que entraña el enfoque desde el que la extrema derecha presentó su propuesta. Si la introducción de mecanismos puramente empresariales en las escuelas ha generado un problema de atomización social, secuestrar ciertos sectores del aprendizaje con criterios ideológicos derivaría en un incremento de la intolerancia y el odio a la diferencia. De hecho, en julio de 2019, elDiario publicó un reportaje en el que el periodista David Noriega recogía las experiencias de alumnos y alumnas de entre 16 y 20 años que habían asistido a uno de los talleres LGTBI que el partido ultra pretendía censurar. El adjetivo “necesario” fue el más repetido en dicho encuentro, referido de forma bidireccional a víctimas y verdugos de la intolerancia. Necesario para animar a los primeros a dar el paso, a dejar de esconderse, y necesario para abrir los ojos del segundo grupo, cambiando el odio y el miedo por comprensión.

Pero lo más desesperanzador es la actitud de la bancada supuestamente progresista. Su llegada al gobierno, con una coalición que se ha denominado de forma machacona como la más escorada a la izquierda de los últimos 80 años, colocó en el horizonte la promesa de derribar los colosales muros con los que el capitalismo ha ido aislando la educación en pos de su adoctrinamiento consumista, del “muera la inteligencia”. Tras el forzoso paréntesis abierto por la pandemia de coronavirus, la presentación de la Ley Celaá ha provocado la indignación de las trincheras diestras, que ya han perdido el poco pudor que les quedaba y se atreven, incluso, a acusar al Ejecutivo de intentar poner en marcha medidas que no solo tienen poco que ver con la reforma propuesta, sino que forman parte de su propio programa electoral. Tamaña exhibición de la miseria humana y política más ridícula podría parecer una respuesta desesperada ante lo que los sectores más conservadores sienten como un ataque a la línea de flotación de su proyecto antieducativo; es decir, el cumplimiento del programa electoral que llevó a PSOE y Unidas Podemos a la victoria en las urnas. Nada más lejos de la realidad: desde la concepción inicial de la ley, se forjó en su esencia el vasallaje a los criterios de la OCDE, organismo al que se alude explícitamente en más de una ocasión. “La escuela puede, progresiva y puntualmente, obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad”, ¿recordáis?

Resulta devastador comprobar cómo el éxito rotundo de la estrategia neoliberal ha alejado el debate de las estructuras que apuntalan la invasión del interés económico en las aulas. Quizá los encargados y las encargadas de ejercer el poder legislativo son víctimas del secuestro del razonamiento crítico. Quizá solo están cumpliendo, dóciles, su papel como secuaces de la tiranía que aparentan querer derrocar.

martes, 21 de julio de 2020

Firma para exigir una bajada en la ratio en Educación YA

CHANGE.ORG: Por una bajada de la ratio en Educación YA

Hechos objetivos científicamente comprobados desde un punto de vista sanitario: el riesgo de contagio aumenta en espacios cerrados donde además no se mantiene una distancia física de seguridad.

Hechos objetivos científicamente comprobados desde un punto de vista educativo: cualquier docente atiende mejor un grupo de alumnos/as más cercano a 20 que a 30 y el alumnado consecuentemente aprende más.

Medidas tomadas en cualquier negocio (bar, restaurante, peluquería, taller mecánico, supermercado, teatro, etc): reducir el aforo.

Medidas tomadas en centros educativos: mismo aforo (o sea, misma ratio o mismo número de alumnos/as por aula).

Por qué este trato diferencial? Si la excusa es que no hay dinero para invertir en Educación no es creíble porque se recortó y no se han revertido los recortes, pero si la excusa es que priman otros intereses por encima del bienestar de los niños/as y adolescentes no es presentable.

A la Educación no se le puede aplicar la lógica de los negocios y la mercantilización porque sus objetivos son distintos, pero es que se está aplicando una lógica peor, que embrutece e idiotiza.

La Educación es la mejor inversión que una sociedad puede hacer desde una lógica vitalista (su propósito fundamental), pero es que además también es la mejor inversión para cualquier negocio que pretenda perdurar a medio y largo plazo.

Si toleramos el maltrato a la Educación, siguiendo además una lógica mercantilista errónea y cortoplacista, estaremos vendidos y vendiendo el futuro de nuestros/as hijos/as.

La comunidad educativa al completo (profesorado, alumnado y Familias) y el resto de la sociedad (sin importar la opción por una educación pública, concertada o privada) debe movilizarse para concienciar a políticos de toda orientación.

Exigimos que se legisle una bajada definitiva de la ratio (como por otra parte se viene reivindicando desde hace años y como ocurre en los mejores sistemas educativos de otros países):
- En Educación Infantil 16 (máximo 18 y si se supera esta cifra obligación de desdoblar).
- En Educación Primaria 20 (máximo 22 y si se supera esta cifra obligación de desdoblar).
- En Educación Secundaria Obligatoria 24 (máximo 26 y si se supera esta cifra obligación de desdoblar).

FIRMA EN CHANGE.ORG

domingo, 12 de julio de 2020

"La ratio" (Pedro Polo)

Reproducimos este escrito:

La Marea Verde de Madrid ya ha convocado movilizaciones para el comienzo del curso 2020- 2021.

Concretamente han convocado una manifestación para el sábado 5 de septiembre, entre otras razones porque se considera "imprescindible para una vuelta segura a las aulas, además de las correspondientes medidas de seguridad e higiene en los centros educativos públicos, el descenso de las ratios, el aumento de cupos, la disminución de los períodos lectivos, la estabilidad y el aumento de las plantillas de los centros con la contratación de docentes y de otros profesionales en unas condiciones dignas".

El asunto de la bajada de la ratio es una reivindicación que venimos reclamando desde hace más de 20 años desde las Plataformas por la Escuela Pública, en las que tomé parte activa durante años.
Incluso llegué a tener una llamada de atención por parte del equipo directivo del colegio donde actualmente sigo ejerciendo, por expresar en un escrito, dirigido a las familias, mi rechazo por la masificación de las aulas.

Y, también recuerdo que, tras la amonestación y participación en la subsiguiente huelga, el equipo directivo me “recompensó” con una ampliación de ratio. Inicié el curso con 28 alumnas y alumnos en un aula de 3 años. Lo justificaron con que al pedir ampliación de ratio evitábamos que pudieran
matricularnos más alumnado a lo largo del curso. Supongo que si este escrito llega a manos (o a la vista u oídos) del actual equipo directivo, volveré a ser amonestado. Y les haré el mismo caso que les
hice entonces. O sea, reafirmarme en mis convicciones.

Al margen de las razones sanitarias, de la incidencia de la pandemia y el peligro de contagio, que, evidentemente, es mayor cuanta más masificada están las aulas, la reivindicación de la bajada de la ratio tiene principalmente razones puramente pedagógicas.

En un aula de 25 (o más) alumnado, se está vulnerando sistemáticamente el Derecho Fundamental a la Educación. Un derecho que algunos consideran que es exclusivo de las familias y otros consideran que es obligación del Estado, pero que, ante todo, es un Derecho de la Infancia.

Porque, con aulas masificadas, es imposible atender adecuadamente a la diversidad del alumnado.
Porque, con aulas masificadas, es imposible programar atendiendo adecuadamente a las inteligencias múltiples para que todo el alumnado tenga las mismas oportunidades de acceso al conocimiento.
Porque, con aulas masificadas, es imposible conformar una educación inclusiva, que atienda adecuadamente al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo.
Porque, con aulas masificadas, es imposible realizar una observación individualizada a todo el alumnado, para que el seguimiento sea global, continuo y formativo.
Porque, con aulas masificadas, es muy difícil detectar a tiempo posibles dificultades de aprendizaje, para tomar las medidas adecuadas para subsanarlas.
Porque, con aulas masificadas, se imposibilita que el profesorado pueda investigar y desarrollar mejoras metodológicas en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Porque, en definitiva, con aulas masificadas, es imposible prevenir y evitar el fracaso y el abandono escolar.

Y sí, por añadidura, en el actual contexto sanitario:
En las aulas masificadas es imposible mantener distancias de seguridad.
En las aulas masificadas es imposible mantener una adecuada higiene preventiva.
En las aulas masificadas es imposible generar una efectiva concienciación sanitaria.
En las aulas masificadas es imposible evitar contagios masivos.

Por eso, considero que la cuestión de la bajada de ratio, no debería dejarse al libre albedrío de los gobiernos autonómicos, sino que debería ser un requisito prescriptivo en una nueva Ley de Educación estatal, más paidocéntrica, más solidaria, más inclusiva, más preventiva, más segura.

Pedro Polo, maestro de Educación Infantil.

Enlace a la noticia de la convocatoria de manifestación:

https://www.madridiario.es/marea-verde-convoca-manifestacion-para-el-5-de-
septiembre

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lunes, 2 de marzo de 2020

Nota de prensa sobre la calidad democrática en los centros educativos (FAPA Francisco Giner de los Ríos)

La FAPA Francisco Giner de los Ríos nos envía esta nota de prensa:

Estimadas/os amigas/os:

Adjuntamos enlace a la nota de prensa con las conclusiones del estudio que hemos realizado sobre la calidad democrática en los centros educativos.


Enlace a la nota de prensa:
www.fapaginerdelosrios.org/documentos?EntryId=2196&Command=Core_Download


Recibid un cordial saludo
FAPA FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
twitter.com/FAPA_Giner_Rios
www.facebook.com/fapaginerdelosrios
www.youtube.com/user/FAPAGinerdelosRios

domingo, 16 de febrero de 2020

Una escuela para este siglo (Manuel Menor)

Una escuela para este siglo

El sociólogo Rafael Feito acaba de publicar ¿Qué hace una escuela como tú en un siglo como este? en un momento muy oportuno.

Podría haber sido en cualquier otro momento, pues preguntarse por el sentido, recursos y estilo de la educación que tenemos en este país siempre está bien. ¡Ojalá hubiera más ciudadanos –y más especialistas de reconocida valía- preocupados por el sistema educador que hemos construido en los 45 años últimos! Pero este momento es particular. Una vez más estamos en una encrucijada en que la limpieza crítica de esas voces es más necesaria. Pronto saldrá la que puede ser octava ley orgánica que reforme lo que Wert tocó y retocó en 2013, que había sido tocado y retocado en 2006. Una historia repetitiva de otras muchas anteriores, especialmente en lo concerniente a las etapas escolares, desde el principio. García Álix, el primer titular del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, solo duró en el cargo desde el 18 de abril de 1900 al 6 de marzo de 1901, pero emitió 308 normas reguladoras de lo que había legislado Claudio Moyano en 1857.

Reformar y contrarreformar En esta tradición de reformar y contrarreformar tan frondosa, es alentador que un buen conocedor del sistema educativo se pregunte –casi mimetizando la canción de Burning- qué tenga todavía merecedor de ser sostenido, y en qué contradice a la época en que estamos. El primer motivo de interés de este libro es la propia pregunta, pues sitúa al lector en la duda que siempre debe acompañar a toda reflexión coherente. De entrada, da a entender que puede haber muchos elementos que no se corresponden con lo que debiera aportar a la sociedad. Y a repasarlo va con calma, datos y referencias de autoridad, para sugerir por dónde encaminar los cambios que se necesitan y desechar los prejuicios establecidos que, con cada nueva ley alternante, se suelen tratar de afianzar y reforzar.

La segunda aportación reside en que no se trata de opinionitis gregaria ni de jeremíaco lamento, literatura muy al uso en asuntos educativos. Razona, por ejemplo, contra corriente cómo no es posible un “pacto educativo”. Después de 163 años de dejaciones, compadreos y guerras escolares –y de las otras-, es casi imposible ir mucho más allá de lo que dice el art. 27 CE78: la necesidad de combinar universalidad y libertad. Hacerlo con gran equilibrio y respetando el sentido auténtico de los dos términos debiera ser –en lealtad- la función del Congreso de Diputados y del Ejecutivo, y no el pugnar por desequilibrar la democracia del sistema cada vez un poco más. Este criterio puede ayudar a entender cómo tratar de revertir los grandes desequilibrios que estableció la LOMCE será un paso importante en la buena dirección, aunque no sea suficiente para equilibrar un funcionamiento justo y armónico de la pluralidad de redes del sistema. En todo caso, es estéril perseguir un pacto propiamente tal. Para Feito es más útil en todos los aspectos hacer acuerdos concretos. No satisfarán todas las ilusiones, pero posibilitan un campo de juego en igualdad para poder crecer y enriquecer conjuntamente la universalidad y la libertad. Si se eliminaran las contradicciones existentes, sería un gran avance.

En tercer lugar, el autor apuesta por la valentía en las decisiones y no por que lo que hay se mantenga porque sí, como si fuera inamovible y para siempre, de tan naturalizado que está. En este sentido, sus dudas van hacia el Bachillerato tal como está, como pretexto burocrático de lo que venga después si viene. ¿No está sobrando ese mamotreto cuya función principal es ser mera academia preparatoria de la prueba de selectividad? ¿No sería más eficiente que esos dos años sirvieran para fortalecer las destrezas, competencias y actitudes que la ciudadanía necesita para enfrentar este mundo tan acelerado?

Esta es la pregunta clave del libro: ¿No merece la pena aprovechar mejor el tiempo escolar y que sea interesante, atractivo y actual, además de promover de verdad las buenas prácticas que debe tener el sistema?

Hacia una escuela democrática atractivaLOMCE
Y, en cuarto lugar, por este libro discurren cuestiones y preguntas que ayudan a pensar -más allá de lo que hay- si no merecería la pena tratarlas en serio, y no como remiendo u oportunismo. Son asuntos muy pertinentes para la recalificación y renovación eficiente del sistema sus consideraciones sobre la relación de los centros educativos con la Universidad y viceversa, la de las redes Pública y Concertada, la formación de un profesorado acorde con este tiempo, la reorganización interna de los centros, la colaboración de las familias –superando el ser sujeto pasivo o mero objeto de manipulación-, el sentido de comunidad que debe desarrollar, qué se enseña y qué se debiera enseñar, cómo se enseña y cómo se debiera hacer, la nota de Religión, qué pasa con los tiempos escolares…. En fin, un abanico de materias y problemas que necesitan ser bien resueltas porque interesan a todos. De algún modo, Rafael Feito nos está diciendo que, de cómo cuidemos la educación, depende la calidad de nuestra convivencia colectiva. Es un punto de los más sensibles para observarnos a nosotros mismos: cómo nos queremos o cómo nos odiamos dando rienda suelta al primitivismo hobbesiano. Merece, por tanto, la pena que sea repensada con criterio y no al servicio de prejuicios mal aprendidos.

Este libro de Rafael Feito es, por otro lado, una buena síntesis de un largo y fructífero trabajo, no solo en la Universidad Complutense, sino en las continuas reflexiones y análisis sobre los problemas del día a día. Desde los noventa, ha estado pendiente de cuanto aqueja a la educación española. Su obsesión por “una escuela democrática” le ha llevado a pisar todos los charcos en otros libros, artículos, conferencias, debates y en rfeito.blogspot.com Ha experimentado, incluso, a implicarse en uno de los instrumentos que la Constitución dispuso para generar responsabilidad: las AMPAS. Sabe bien de qué habla y no es la primera vez que trata los asuntos.

Se esté o no de acuerdo con lo que dice, merece la pena atender a sus documentados argumentos, muy propios de quien está más por la resistencia que por la pasividad y que prefiere la innovación a la rutina burocrática. Porque no le gusta contar la historia tal como no fue, el autor se pregunta -y nos pregunta- por el sentido que debiera tener esta educación que tantos parecidos tiene, todavía, a la que hace muchos lustros nos dieron y que ampara, todavía, demasiada obsolescencia decimonónica.

Manuel Menor Currás
Madrid, 14.02.2020

martes, 17 de septiembre de 2019

La cara oculta de la innovación (Julio Rogero para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Reproducimos este artículo publicado en ELDIARIODELAEDUCACION.COM 

La renovación pedagógica y la transformación educativa son cuestiones éticas y de sentido. La mayoría de las innovaciones actuales no nos hacen más libres, más inteligentes, ni necesariamente mejores éticamente.

Hace pocas semanas, Jaume Carbonell escribía un interesante artículo en este mismo Diario titulado “¿Innovar o transformar?”, en el que denunciaba que la apuesta de muchos educadores y educadoras por una innovación transformadora está siendo fagocitada por un proyecto epistemológico y educativo que nada tiene que ver con el verdadero sentido de la educación. Este proceso se enmarca en una tendencia más amplia, que persigue orientar otros muchos campos del vivir y convivir humanos a las exigencias del actual capitalismo neoliberal. Podemos sintetizar lo que está ocurriendo con la innovación en tres procesos.

Uno es el impulsado por la Nueva Gestión Empresarial, desarrollado por los departamentos de recursos humanos de las grandes corporaciones, que persiguen impregnar el mundo educativo para que forme a las personas que necesitan sus empresas según sus intereses.


En segundo lugar, lo están haciendo también desde su penetración en la Nueva Gestión Pública, potenciando la alianza público-privado, tanto en la concertación de centros privados como poner en manos de corporaciones programas de todos tipo en centros públicos, en la que se va concretando progresivamente la ocupación y la invasión de lo público por los intereses económicos privados y privatizadores. Y el tercer proceso es el inmenso desarrollo de la Industria Educativa Global, desde la conciencia empresarial de que el nicho de negocio de la educación se sitúa hoy, según la Organización Mundial del Comercio, en torno a los 10 billones de euros.

Para esa penetración en el espacio público educativo, las grandes corporaciones (bancarias, tecnológicas, farmaceúticas, etc.) crean sus propias fundaciones, que se encargan de decirnos lo mal que funciona el sistema educativo, primero, y cuáles son las innovaciones de un sistema educativo puesto a su servicio, después, en lo que se ha denominado “filantrocapitalismo” (invito a leer a Geo Saura en sus investigaciones sobre este tema). El objetivo es colonizar los diferentes ámbitos educativos y, sobre todo, la escuela de titularidad pública, donde está la verdadera oportunidad de negocio. Son muchos los patrocinios interesados que nos invaden desde la educación infantil a la universidad, así como las cesiones a empresas privadas de proyectos educativos, de espacios, tiempos, contenidos, formación del profesorado y procesos de evaluación que conciben la educación como una prolongación de las propias empresas y de su espíritu mercantilista, para seguir controlando y manipulando la subjetividad humana y produciendo sujetos sujetados al individualismo y al consumismo.

De forma falaz, se presentan como la alternativa innovadora a un sistema educativo tradicional, que necesariamente hay que transformar, para no hacer ninguna transformación de fondo, sino de formas: modificación de espacios y tiempos, codocencias, utilización de las tecnologías más avanzadas, metodologías activas, nuevas técnicas pedagógicas, trabajo por proyectos, en equipo y colaborativo, etc. Todo con la pretensión de seguir produciendo la docilidad que el sistema productivo capitalista necesita y a las que hay que supeditar los sistemas educativos. Por eso no, los filantrocapitalistas no pueden permitir que la educación sea concebida como un derecho humano universal que los estados tienen la obligación de garantizar, sino que potencian su consideración como un bien que se compra y se vende en el mercado a los clientes que lo pueden pagar.

Por otro lado, si a la oferta educativa privada, concertada o no, que muchos consideran como la más innovadora dentro del sistema educativo, se le acompaña con la promesa de que así se garantiza una inserción laboral estable y de éxito, el negocio está asegurado. La conexión de este modelo de enseñanza con la Nueva Gestión Empresarial se asienta sobre la necesidad buscar de forma incesante cambios para ser más competitivos y rentables. Ello conlleva el desarrollo en sus trabajadores de la adaptación al cambio, la creatividad, la iniciativa individual, la autonomía, la justificación de la precariedad y la desigualdad, la falsa meritocracia, el desprecio del débil, el individualismo competitivo, el emprendimiento, el trabajo en equipo, la identificación afectiva con las metas de la empresa, el desprecio de la solidaridad y el cuidado del otro, desprecio del conocimiento “inútil” (filosofía, artes, humanidades, etc.) etc.

Esas son las competencias y valores que se han de desarrollar en la escuela para preparar a sus empleados, y ello requiere metodologías innovadoras que a su vez atraigan a esa gente culta capaz de entender que es la única forma de preservar su capital social y cultural. La formulación del proyecto educativo del capitalismo actual está siendo pensada y llevada a la práctica por las grandes corporaciones y sus fundaciones filantrópicas, y sus colaboradores (administración seducida o directamente comprada, y cierta intelectualidad educativa), convertidos en el caballo de Troya de sus intereses. La innovación hegemónica se sitúa hoy dentro del proyecto capitalista de control del conocimiento y los saberes puestos a su servicio. De ahí su creciente interés por la producción de un conocimiento colonizado, una educación manipulada y una cultura ignorante. Su proyecto lleva consigo la desactivación de la capacidad de pensar críticamente y la demolición de cualquier subjetividad libre e interconectada con los procesos emancipadores y con los deseos de un vivir colectivo emancipado.

La renovación pedagógica y la transformación educativa son cuestiones éticas y de sentido. La mayoría de las innovaciones actuales no nos hacen más libres, más inteligentes, ni necesariamente mejores éticamente. Hemos constatado que saber más y tener más información no nos humaniza precisamente. Por eso hemos de saber qué modelo educativo, de persona y de sociedad hay en ellas, qué ideología lo orienta, a qué intereses sirve, quién está detrás de esas propuestas, quién las paga, a quién benefician y, sobre todo, qué finalidad tienen; saber si su objetivo y sentido es el de construir una escuela pública que haga efectivo el derecho de todos a la educación, que eduque en la convivencia fraterna y el compromiso ético y político con una sociedad basada en el respeto a la dignidad y a los derechos humanos, o si su finalidad es la sumisión de la población.

La cuestión actual no es la relación de la educación con la innovación y con la renovación pedagógica, porque ambos conceptos están cargados de significados diferentes y hay intencionalidad de confundirlos.

En el amplio movimiento social de transformación de la educación en nuestro país se abren oportunidades cada día para poder repensar juntos este problema central, que hemos dejado, en el mejor de los casos, en un segundo plano de nuestra reflexión. Algunos lo creemos necesario para poner en cuestión muchas de la propuestas de innovación educativa que solo responden a la concepción más neoliberal del sistema educativo.

Es fundamental profundizar en la relación educación-emancipación, con el apoyo dinámico en el pensamiento crítico y complejo. Cómo hacer más presente hoy la perspectiva emancipadora en los debates educativos, en las investigaciones, en las propuestas renovadoras y en los proyectos educativos, en las metodologías vacías de finalidad y sentido, en la educación a tiempo completo más allá de la educación escolar. Cómo retomar el legado de los grandes pedagogos y pedagogas, de sus pedagogías transformadoras que proponían un sentido emancipador a toda acción educadora. Cuando la educación no es liberadora, cuando no responde a los intereses colectivos y comunes, a los derechos humanos y a la dignidad humana, será pura instrucción, academicismo, información, tecnificación, manipulación, adoctrinamiento o imposición, pero no será educación.

martes, 10 de septiembre de 2019

Púnica (Manuel Menor)

El sumario de “Púnica” ya enseña mucho

El pasado y el presente se entrelazan más profundamente de lo que nos han contado. Lo veremos si queremos enterarnos.

Algo se ha debido aprender estos años en el debate por una educación más democrática.  Los preludios y las secuelas de las decisiones legislativas son un contínuum dramático con intermedios zarzueleros, que siempre han mantenido algunas constantes de trágica división de clase, esa palabra que a nadie gusta pronunciar, pues para algo –dicen-  solo existen las clases medias.

Centrismos
Los grupos que –por unas u otras razones- tienen especial interés en este ámbito rehuyen la radical divergencia de situaciones y, por tanto, de perspectivas y posibilidades. Como si todo estuviera en concordia y no hubiera contradicciones, temen perder clientela votante si indican lo contrario o que, por descuido, se produzca publicidad negativa que pudiera hacerse viral; reniegan de que las Redes –en que lo que mejor funciona es el narcisismo- se les vuelvan en contra. De este modo, incluso quienes tienen alguna posibilidad de mover la realidad hacia el lado mas progresista favorecen más a los gobernantes que a los gobernados.

Todo parece destinado en este momento a mantener el statu quo, peleando más por la simbología de cada posición que por cambios significativos para lo público sin que nada se altere más allá de lo esperado, aunque lo más conservador no cese en avanzar. ¿El nuevo organigrama de la Consejería de la Comunidad de Madrid es absurdo? ¿El volumen de presupuesto que conlleva la nueva Dirección de la Enseñanza Concertada, por encima de los mil millones y creciendo, lo exige?¿Existiría otra posibilidad de seguir camuflando la demostrada burocracia ineficiente hacia la escuela pública, mientras se les van los dineros hacia las maneras más devotas de perseguir la calidad de los selectos, y cuando en el MEC los Acuerdos con el Vaticano les atan las manos? ¿No estamos ante la redefinición más utilitaria de entender la multilateral manera de tratar la igualdad en un asunto de derechos sociales?

Poco pueden corregir los proyectistas del MEC, pues quien administra los recursos principales de la educación española son las Autonomías. La medida adoptada en la de Madrid permitirá ahora observar sin tanto trampantojo el interés de nuestros representantes públicos por la escuela de todos. Tal ocupación siempre implicaba un esfuerzo añadido al tener que aguantar que vinieran a decir a los descontentos con lo que veían, que inventaban chismes y cuentos “ideológicos”. No. Ahora se podrá acompasar mejor el análisis con lo que, con todo tipo de pretextos y razonamientos ficcionales, vienen haciendo desde hace muchos años. Sobre todo, desde el “Tamayazo” de 2003.

El testigo
Lo que José Luis Pazos hizo en No nos callarán, su libro testimonial, al recoger casi día a día día a día lo que había sido la gestión de Esperanza Aguirre y sucesores en contra de las demandas de la CEAPA, y de cuantos como MAREA VERDE han peleado estos años por la educación pública, podrá ser ahora más inequívoco. Es mérito de Díaz-Ayuso haber recogido el testigo de los afanes privatizadores de sus antecesores y que, tomando la parte por el todo, haya innovado tanto esta parte de la gestión educativa madrileña que, sin más, ya se adivina cómo crecerá indefectiblemente la “calidad educativa” en esta nueva etapa legislativa. Como por arte de magia, se ha quitado de encima las dificultades que existen para educar sin discriminar con la escolarización. El apaño las arregla en falso, con mecanismos similares a los que han hecho crecer la Sanidad privada exponencialmente. Muy pronto no habrá nadie que no anhele que sus hijos transiten por el circuito prolijo pero selecto, aconfesional pero católico, simpáticamente demostrativo de la diferencia y de la demanda social de los nuevos ricos a que convoca la propaganda. Ya no habrá candidatos voluntarios a la pública, igual que no hay enfermos en las listas de espera, porque habrán convencido a sus votantes de que es más barato este sistema, aunque cueste cada año más a todos. Motivarán más con imaginarias bajadas de impuestos… y pocos dudarán de si deben votarles, agradecidos por lo que miman su economía egocéntrica.

Para los nuevos delegados de los negocios educativos privados es duro pelear por una organización escolar mejor, por un profesorado más preparado, por unos espacios y tiempos educativos en que reine la posibilidad de convivencia más democrática y donde el conocimiento sea patrimonio de todos. Comprando kits completos de servicios, se han acostumbrado a dejarse llevar al siglo XIX, a cuando no existía prácticamente derecho alguno o, como mucho, solo lo tenía una gran minoría censitaria. Les sería penoso ahora, después de haberse acostumbrado, no dejarse seducir por la unilateralidad dominante de los más fuertes. Como si nada hubiera pasado entre 1880 y la actualidad, toman decisiones que les sitúan en aquel pasado aristocratizante. Animados porque tienen quienes jaleen su añoranza y, con mucho troleo en redes y medios, logran que les voten. Quienes asesoran a Ayuso –experta en asesorar a “Pecas”- harán que la inversión en escuela pública se identifique con los chiringuitos inútiles: para complacer a sus socios, esta presidenta acaba de estrenarse creando 22 nuevos altos cargos…

La estructura
Algo tendrán que hacer profesores y maestros para que haya otro estilo, si no quieren verse arrollados por este tsunami neoliberal que, con tantos seguidores en EEUU y Europa, recobra insospechados bríos en Madrid pese a tantos años de estropicio y desmán en la Consejería de educación. No importan tanto los asuntos distractores como los grandes retos que están en juego; lo que se enseña y transmite con la organización de la Consejería -y lo que los centros expresen con su estructura y modelos para hacer comprensible el mundo-, es vital. Si es o no políticamente relevante que una Consejería autonómica haga o no visible lo que en realidad venía haciendo desde hace muchos años, se verá pronto. Lo contradictorio sería que a los docentes que lo soportan les resultara indiferente. No solo porque sus puestos de trabajo estén a expensas de la flexibilidad de este nuevo organigrama, sino porque altera y deforma el motivo principal por el que, en la Francia de 1789 –y en el Cádiz de la primera Constitución española-, se empezó a plantear como derecho universal la educación gratuita. La decisión de la Consejería madrileña explicita la voluntad discriminatoria para una población excedentaria a la que un Estado “mínimo” no quiere atender en igualdad.

Encadenados
Como muchas veces ha comentado el gran maestro Emilio Lledó, sería inconcebible que los institutos o las universidades alemanas del máximo prestigio solo estuvieran al alcance de quienes tuvieran  recursos. Y como acaba de comentar el profesor suizo Jacques Dubochet, Nóbel de Química en 1917,  “el conocimiento debe ser un bien público y no una cuestión de dinero y de poder”.

Si deja de ser preocupación fundamental de un Estado que se precie de democrático, no nos será difícil alcanzar el nivel americano: en EEUU, la deuda de los estudiantes supera ya el billón y medio de dólares. Lo que en España parece aspirarse es a tener encadenados a los más jóvenes por siempre a unas obligaciones contractuales que no tienen nada que ver con cuanto, como Estado Social y de Derecho, les reconoce la CE78. “Púnica” mostrará que han estado  empeñados/as en que -como en el gobierno de Fernando VII- repitamos contentos: “¡Vivan las cadenas!”. Y en ello siguen estos regeneradores.

Manuel Menor Currás
Madrid, 03.09.2019 

viernes, 6 de septiembre de 2019

De vuelta (Manuel Menor)


Ya de vuelta, la tozuda realidad sigue ahí

Todo sigue más o menos como lo dejamos, en lenta decadencia, mientras crecen los mecanismos y el vocerío de la distracción.

Volver de vacaciones casi siempre arrastra, como todo movimiento significativo, una nostalgia utópica y un mirar realista hacia lo inmediato. Con énfasis específico, la situación de cambio obliga a repensar, con el  retrovisor puesto, las condiciones que cursa el camino de la cotidianidad.

El movimiento inmóvil
La cuestión principal es qué echamos de menos. Nos fuimos en julio con unas postales de verano, que siguen tintando el horizonte con malos augurios, sin nada que auspicie placidez. De entrada, y a título de globalidad, la vida humana parece haber perdido valor: la Tierra y sus cuidados importan poco. Lo muestran los episodios repetidos de devastación en la Amazonía y en África, territorios a los que estos días se mencionan como el pulmón de este Planeta entre prioridades ajenas a su metástasis. Los datos disponibles, ignorados por el respeto al ecosistema humano, muestran que desde 1950 los episodios de calor extremo se han triplicado, mientras los de frío más duro se han reducido a la mitad. En este período, la temperatura media ha aumentado más de dos grados centígrados y crece aceleradamente. Y, por si fuera poco, la OMS (Organización Mundial de la Salud) ya advierte de la cantidad ingente de personas –especialmente ancianos- que en los próximos años morirán exclusivamente a causa de su exposición a temperaturas inconvenientes.

En similar escala global, en vez de pararse la pugna salvaje por el dominio estratégico del Planeta, no han cesado de aumentar los ocupados en desestabilizar  las circunstancias que favorezcan más su influencia. EEUU y China, si todavía no pelean al estilo bélico tradicional, arruinan la vida de mucha más gente bloqueando la normalidad económica en espacios significativos como Irán o Venezuela, además de guerrear con los aranceles sin tino, creando problemas en todo el mundo, incluida Europa. Un tablero en que algunas bazas dependerán de la posición definitiva de Inglaterra con su inminente Brexit a mediados de octubre. Pillados en medio, los españoles observan cómo sus lideres políticos se entretienen en insólitas parsimonias acerca de si alcanzarán los acuerdos necesarios para la investidura de Sánchez o en si la gobernabilidad se jugará de nuevo en otras elecciones.

El abuso de las palabras
En este intrincado panorama, nos haría falta un nuevo Sócrates que evidenciara lo hueco de las palabras de muchos que nos han tocado en suerte. Los sofistas siguen ahí y se crecen en las redes. Ajenos a si contribuyen a desestabilizar cuanto se había ideado para mejorar la convivencia colectiva, disminuir la necesidad o aumentar el desarrollo de lo justo y lo honesto, favorecen la ignorancia y acrecientan la corrupción. Expectantes de retorno en forma de voto o de aplauso peroran incesantes en los medios fidelizados, y su previsibilidad en todo tipo de eventos no cesa de manosear la inteligencia del oyente ni de adormecer a los más dispuestos.

El presente curso dará ocasión al hartazgo. En Ourense, por ejemplo, Pérez Jácome ya es antológico como alcalde, no solo por contradictorio con lo que decía antes de llegar al cargo, sino por las iniciativas que está tomando: la sala de arte Ángel Valente, el Museo municipal, la “cultura”, las fiestas populares o, como gran novedad, un proyecto de parque acuático termal. Decir y hacer incoherencias para provecho de la obsesionante turistificación, mientras los más jóvenes y prometedores abandonan la ciudad. Es toda una tradición, que incentivará quien dice que con el PP de Baltar puede “influir”.

En Madrid –donde se notará más la falsa retórica-, el tinglado ha vuelto a comenzar. Las fotos y palabras de Isabel Díaz-Ayuso en el Hospital del Guadarrama –inspirada por el ínclito Miguel Ángel Rodríguez y por Lasquetty- anticipan su disponibilidad a repetir el estilo y tendencias ultraliberales anteriores. Por incoherencias que no quede: unos se aprestan a soportarlas y los más afines a jalearlas con entusiasmo. Da rubor observar cómo algunos medios han comentado las consignas vacías y los gestos estereotipados de la nueva presidenta ocultando la creciente deficiencia de la sanidad pública que ha propiciado la Consejería de Sanidad madrileña.

Y para abuso de las palabras, no es menor el que en estos días de improbables coaliciones está sufriendo el concepto de “izquierdas”. Vicenc Navarro, buen conocedor de EEUU, lo ha puesto de manifiesto al referirse a quienes votaron a Trump y probablemente volverán a hacerlo en 2020: mantiene una altísima fidelidad del voto, incluso entre la “clase trabajadora” descontenta con las políticas neoliberales del Partido Demócrata. En España, no es imposible que vuelva con fuerza también esta inclinación, en la medida en que se evidencie más el difícil entendimiento de los partidos denominados de izquierdas. El empleo que se crea –ese mito al que se presenta excesiva atención y poco análisis-, cada vez más precario, se uberiza crecientemente y va camino de empobrecerse todavía más para la mayoría. Y el otro mito parejo, el del “crecimiento económico” en cuanto a los grandes números, poca traducción tiene en las medidas de empleo y contratación laboral. ¿Analiza alguien los datos que miden la desesperación y desencanto, pobreza infantil y demás lacras que no cesan de causar espanto a la hora del telediario? ¿Se toman decisiones coherentes o nos columpiamos en los conformistas bizantinismos tertulianos?

El déficit educativo
Como antes de vacaciones, todo incide y se simboliza en el sistema educativo. Y no parece sino que vayamos a repetir y reforzar situaciones que nos son bien conocidas de cursos anteriores. Basten dos noticias para confirmarlo. Por un lado, a escala mundial, la denuncia de ACNUR señalando que más de la mitad de los 7,1 millones de niños refugiados en el mundo no van a la escuela. Si este es uno de tantos signos de hipocresía respecto al supuesto cumplimiento de los Derechos Humanos por parte de los países democráticos, en la Comunidad de Madrid no se andan con remilgos. El organigrama de la Consejería de Educación crece en expresividad de la discriminación que patrocina. Como en Sanidad, también en este terreno  menudean las expresiones de gratuidad, cuidado, atención, igualdad y similares. No obstante, para que nadie se lleve a engaño sobre el significado real de tales términos, el nuevo Gobierno de trifásico conservadurismo acaba de realzar la atención administrativa a los colegios concertados y, además, al bilingüismo, las dos enseñas principales que, desde los gobiernos de Esperanza Aguirre, se han venido desarrollando en este territorio de tanta importancia política como indicadores eminentes de “calidad” en detrimento de la escuela pública, cuya gestión  pronto deberá denominarse: Dirección General del resto.

El Condorcet (1743-1794) ocupado en el estudio de “los progresos del espíritu humano” ya observó este modo de superioridad que una minoría pretende seguir sosteniendo a cuenta de la gran mayoría, por más que disfrace una supuesta “igualdad de la naturaleza humana mediante los artificios de la desigualdad” legal. Demasiados líderes son cómplices en que continúe habiendo una población excedente que no merece servicios básicos en igualdad. En vísperas de reiniciar trabajos y curso académico, solo si nos paramos algo y no nos dejamos llevar por el simplismo de las redes sociales y similares, apreciaremos mejor la situación de nuestras añoranzas postveraniegas y trataremos de remediarla.

Manuel Menor Currás
Madrid, 01.09.2019