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viernes, 22 de abril de 2022

EL MANTENIMIENTO DE LOS PRIVILEGIOS ECLESIÁSTICOS AMENAZA EL FUTURO DE LA ESCUELA PÚBLICA (Nota de prensa de Europa Laica)

Difundimos esta nota de prensa de Europa Laica, dentro de su Campaña por una Escuela Pública y Laica 


El número de personas que se declaran creyentes cae cada año en España. Las personas que se declaran no creyentes superan en número, con creces, a aquellas que se declaran practicantes de alguna religión.


Allá donde las familias se ven menos condicionadas o coaccionadas a la hora de elegir (es decir, en los centros públicos), el número de alumnas y alumnos no matriculados en Religión ya es mayoría. Resulta muy significativo que este porcentaje se reduzca al 10% en lo que conocemos como escuela concertada, aún teniendo en cuenta que el 70% de estos centros pertenecen a la iglesia católica.


Las distintas leyes educativas (y la recientemente aprobada LOMLOE no es una excepción), llevan décadas apuntalando los privilegios de la jerarquía católica a través de la pervivencia de la catequesis en todos los centros educativos en horario lectivo y de la no menos grave extensión sin límites de la escuela privada subvencionada.


Las más de 40 organizaciones adheridas a la "Campaña por una Escuela Pública y Laica. Religión fuera de la Escuela", denunciamos la sumisión del Gobierno a los intereses de la jerarquía católica, que en su ansia por mantener una influencia que no se corresponde con el sentir mayoritario de la sociedad, se ha convertido en el principal obstáculo para que la escuela pública sea el eje vertebrador de nuestro sistema educativo, alejándonos de los países de nuestro entorno que apostando claramente por la escuela pública presentan mejores resultados académicos y menores tasas de segregación escolar.


Por todo ello, exigimos al Gobierno que cumpla sus compromisos y proceda a la revisión de los acuerdos con el Vaticano, como única forma de avanzar hacia una escuela laica propia de la sociedad avanzada que queremos.



ADEMÁS, PUEDES DESCARGAR EL MANIFIESTO AQUÍ


viernes, 4 de febrero de 2022

¿No puede ser de otra manera? (Manuel Menor)

 El reconocimiento por parte de la Conferencia Episcopal de un error en las inmatriculaciones que han hecho desde 1998 se queda corto. 

Desde los tiempos de Manuel Fraga, es decir desde la Ley 14/1966, de 18 de marzo de 1966 –con sus múltiples maneras de limitar la libertad de expresión- empezó a hacerse muletilla habitual de la supuesta normalidad en muchos asuntos, para no reconocer que la solución establecida era evidentemente corta. “-Como no puede ser de otra manera…”. casi siempre vino a querer decir que había sido más fácil dejarlo todo como estaba y dejarse ir con la rutina establecida. 

Acuerdos 

La reciente conversación, acuerdo o pacto entre el presidente del Gobierno y el de la Conferencia Episcopal, es de esos hechos mediáticos. Pero sus fotografías, subidas gráficamente a las redes sociales y difundidas en los medios convencionales, parecen destinadas a que le demos la vuelta a la reiterativa expresión de Fraga y preguntemos: ¿Es que no puede ser de otra manera? Y si no, ¿por qué no puede serlo? Esta es la cuestión que han dejado pendiente los dos jefes, en este momento, de dos instituciones principales. En lo que ha saltado a los medios, da la impresión de que, después del reconocimiento de un “error” –casi mil veces repetido- en la puesta a su nombre de propiedades que no le pertenecían, el asunto quedaba zanjado para la CEE, mientras el jefe de Gobierno se daba por enterado y estaba contento por la fluidez cooperadora entre ambas instituciones. En realidad, habría actuado como una especie de confesor laico decidido a no ser rigorista al haber advertido algún pesar en el penitente y se hubiera contentado con la devolución de unos bienes erróneamente puestos a nombre de la Iglesia. El gesto le daría fama e incluso puede que animara a algunos otros a  pasar por su confesionario en la Moncloa. 

Nada que objetar al respecto, salvo que esos bienes no son del presidente del Gobierno ni de su partido, quedan pendientes muchos otros y no hay información fiable de qué piense hacer al respecto como presidente y, por tanto, responsable de que este episodio tenga la consistencia que corresponde a un Estado democrático. En efecto, no basta con disculparse; la lesión del derecho de propiedad, la injuria in specie que conlleva la acción inmatriculadora indebida y la restitución propiamente tal no se saldan tan simplemente, al menos eso decía el libro de Teología Moral del P. Arregui in illo tempore, que no contradice el artículo 348 del Código de Derecho Civil. Por otra parte, la disculpa del “bien común”, a que se ha referido el presidente de la CEE, no pasa de excusa que llueve sobre mojado; las confesiones religiosas  la ponen siempre por medio para justificar sus actividades. Adicionalmente, en el caso de la Iglesia Católica, en los muchos siglos que lleva en esto ha dejado abundante documentación –desde la ´poca constantiniana, sobre todo- de la que se puede tirar con facilidad para mostrar exactamente lo contrario y que, ante un posible conflicto de intereses (confusamente temporales y espirituales), no ha dudado en defender, preferentemente, su interés particular en el lado más temporal, aunque el pretexto narrativo que haya empleado más tarde haya sido el de su noble misión espiritual o, incluso, “martirial”. La Historia de Europa, y la de España en particular, tienen múltiples acontecimientos –dramáticos muchos de ellos- en que se puede ver esta confrontación del “bien común”. Muchos “cristianos de base” han sido testigos, a menudo, de estas predilecciones, sobre todo desde mediados de los años sesenta. 

Presente-Pasado 

La relación de la Iglesia con el “bien común” suscita múltiples interrogantes. Cuantos creyentes tienen años suficientes para haber vivido los años anteriores a 1975, saben cómo era de  parcial y se movía hábilmente pro domo sua.  Metidos en aclarar la relación que tuvo en aquellos años, la jerarquía católica tal vez debiera poner en conocimiento de los ciudadanos lo jugosos que fueron diversos pactos y Convenios con aquel Estado Nuevo en 1941 y 1948 –años de mucha hambre en este país, en que se hicieron con un gran patrimonio de seminarios y templos, entre otros bienes-, o cómo el Concordato de 1953 repitió otro de 1851 en el que, entre tranquilidades con las desamortizaciones que venía teniendo desde Carlos III , quedó en manos de la Iglesia la “libertad de enseñanza” y condicionó la que iba a ser la primera ley general de enseñanza de los españoles, la Ley Moyano de 1857. Más cerca en ese largo pasado, desde la Ley Hipotecaria de 1948 tuvieron tiempo de inmatricular a su nombre otros cerca de 100.000 bienes que no han entrado en esta lista del  acuerdo de hace tres días. Queda pendiente, después de este gesto último, saber qué pasa con la Mezquita de Córdoba y otros bienes del Patrimonio cultural de todos –no reconocidos en ese “error” contable- , y si multitud de bienes que no son lugares de culto, por pertenecer a la Iglesia, seguirán sin pagar IBI. 

En este territorio de un pasado que sigue vivo en este presente, en esta conversación amistosa nada parece que se haya hablado tampoco de los bienes que afectan al sistema educativo. En todos los años que abarca la presencia oficial del nacionalcatolicismo, las sucesivas leyes educativas desde 1938, 1945, 1953, 1957, 1965 o 1970, recrecieron su patrimonio escolar mediante continuadas subvenciones a sus colegios; el pretexto de “su función social” los libraba de impuestos y les facilitaba créditos  de todo tipo. ¿Era por el “bien común” escolar?  ¿Qué patrimonio escolar –y urbano- extrajeron las diversas asociaciones, instituciones y agrupaciones religiosas dependientes de la jurisdicción eclesiástica de toda esa amplísima normativa monotemática y, en algunos momentos casi monopolística?  ¿Qué beneficio ha sacado con esa “función social” la enseñanza pública, la de todos? 

¿Y el futuro? 

Está muy bien que el presidente del Gobierno, “como no debe ser de otra manera”, se haya sentido a gusto en la sede de la CEE testimoniando unas “cordiales relaciones” con la Iglesia: nadie desea otra cosa. Pero debiera explicar con claridad la postura de su partido respecto a los Acuerdos con el Vaticano suscritos entre 1976 y 1979. Sin remitirnos a los cambios de postura que desde aquellas fechas ha sostenido,  y sin mencionar cómo la LODE, la LOGSE y la LOE los han confirmado, o cómo aumentaron sus beneficios con Zapatero a través del IRPF, desde 2013 viene dando un recital de adaptaciones semánticas respecto a estos Acuerdos, incluso con la LOMLOE no se entiende el apoyo de miles de millones de euros anuales a esos colegios, concertados desde 1985, y a la presencia “fundamental” de la Religión en el sistema escolar.  El “bien común” agradecería que la autoridad de un Gobierno -se dicente como mínimo socialdemócrata-, explicara por qué, en nombre de un supuesto “aconfesionalismo”, una confesión particular ha de nutrirse de los presupuestos de un Estado democrático, teniendo en cuenta que es habitual que su ética confesional discrepe de la de muchos ciudadanos, a los que limita su libertad de conciencia.  Todo indica, por demás, que esta institución, al reconocer una “pillería” con estas inmatriculaciones “erróneas” no muestra propósito de la enmienda, como exige una verdadera contricción, ni tampoco el viejo principio romano: res clamat domino suo. 

Manolo Menor

Madrid, 26.01.2022

jueves, 17 de junio de 2021

Ofensiva privatizadora contra la enseñanza pública (Fermín Rodríguez y Francisco Delgado - EUROPA LAICA)

 Reproducimos íntegro este artículo que publica y recomienda EUROPA LAICA


Tratando de desmontar falacias ideológicas

Por Fermín Rodríguez y Francisco Delgado, Grupo de Educación de Europa Laica.

La privatización de los servicios públicos bajo pretexto de su “liberalización” frente al “monopolio estatal”, así como la supuesta mejor gestión por entidades privadas en competencia con la “pesada y burocratizada” maquinaria de las administraciones públicas, viene de lejos. Ha sido y sigue siendo un leitmotiv de lo que llaman ofensiva “neoliberal” que abrazan sectores conservadores y, cada vez más, ámbitos progresistas, si cabe con mayor énfasis. Entre sus lugares comunes figuran la reversión de anteriores conquistas laborales y sociales, reducción del gasto social y privatización de sectores públicos (“Estado mínimo”), dejando a la “mano oculta” del mercado el papel de “agente regulador” del ámbito económico y social, a la vez que la máxima desregulación y circulación de capitales…

A estas alturas, desvelado el lenguaje mistificador con que se quiere revestir, sabemos que, en definitiva, no se trata sino de la búsqueda de beneficios económicos e ideológicos en sectores que, precisamente por tratarse de servicios públicos, acaparan buena parte de los presupuestos de las administraciones públicas, todavía obligadas por ley a garantizar el acceso general y gratuito -cada vez menos- para el conjunto de la ciudadanía. Es el caso, entre otros, de la sanidad, los servicios sociales comunitarios y la educación, ámbitos que hace tiempo aparecen como derechos fundamentales recogidos en la mayoría de textos constitucionales, fruto de largas luchas sociales.

Los cuantiosos fondos a ellos dedicados -acumulados durante décadas y alimentados por los impuestos públicos- constituyen un “apetitoso pastel” para la apropiación y el negocio privado, ya sea económico, ya sea ideológico, que en el caso de la enseñanza está muy claro, pues la mayor parte del “pastel” está en manos de corporaciones religiosas, en este caso, católicas.

Pero tan prosaicos propósitos necesitan su venta ideológica para generar una opinión pública (sobre la base de la insistente y sesgada “opinión publicada”) a favor de los mágicos efectos del producto. Así, en fechas recientes y a modo de ejemplo, se nos ha querido convencer de que ha sido “la colaboración de público/privado” lo que ha permitido hacer frente a la pandemia el Covid-19, cuando la realidad es que ha servido de excusa para derivar ingentes recursos públicos a la sanidad y farmacéuticas privadas -un negocio multimillonario en tiempo récord-, a la vez que se han proseguido y profundizado las precarias condiciones de una sanidad pública que ya venía sufriendo un grave deterioro.

En el caso de la Comunidad de Madrid y de otros territorios, el avance de los proyectos privatizadores -“sin complejos”- resulta paradigmático. La gestión privada y la derivación de servicios sanitarios a centros privados vienen avalados por la famosa Ley 15/97 sobre “Nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud”, consensuada en su día por los grupos parlamentarios mayoritarios y que había comenzado con indecentes escaramuzas en los años ochenta en diversas CCAA, incluso gobernadas por partidos progresistas.

Una vez aprobada la “ley Celaá” de educación (LOMLOE) que, pese a los reparos y “ruidos” de la oposición, mantiene todas las garantías para la privada concertada y la fragmentación (y desigualdad) del sistema educativo en tres redes diferentes, parece que las patronales del sector también ven el momento de hacer nuevos progresos y beneficiarse de los prometidos “fondos europeos”, en tanto uno de sus capítulos será el destinado a las reformas educativas y a la formación profesional.

No es de extrañar, por tanto, que el furor privatizador de lo público y el encomio de las ventajas de la “gestión privada” haga nuevo acto de presencia en el terreno de la enseñanza. Algo más chocante -tampoco sorpresivo- es que se levante esa bandera desde posiciones supuestamente progresistas y con argumentos basados en defensa de “lo público” y del “interés general”, sin faltar el aderezo de los innovadores motivos pedagógicos e, incluso, “filosóficos” en los que buscar fundamento.

La FUHEM y aledaños a la cabeza

Haciendo un poco de historia, la FUHEM (Fundación Hogar del Empleado, creada en su día por la HOAC –Hermandad Obrera de Acción Católica-) y sus colegios “de ideario no confesional y progresista” fue ya el recurrente ejemplo utilizado por el PSOE, como argumento -junto con la eventual insuficiencia de la red pública- para dar carta legal a los conciertos en la LODE de 1985, tratando de ocultar que, en los hechos, se prolongaba y reforzaba -con fondos públicos- la extensa red confesional de colegios religiosos, herederos de los privilegios y control ideológico adquiridos bajo el nacionalcatolicismo de la dictadura franquista. El recurso “eventual” no sólo se ha mantenido en el tiempo, sino que la red concertada se ha ido fortaleciendo -con diferencias territoriales, por cuestión de ruralidad o de grandes urbes- y percibiendo una porción mayor de los presupuestos destinados a Educación, en detrimento de la Red pública.

El pasado 7 de junio, el boletín laicismo.org de Europa Laica recogía un largo artículo que acababa de publicar la revista “Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global” (ediciones-HOAC) de la FUHEM, que en la actualidad tiene tres colegios en Madrid compartiendo un mismo proyecto educativo, cuyo carácter -dicen- integraría los distintivos de una verdadera escuela pública (¿?). Este nº 153, publicado el 6 de junio, está dedicado a “La Escuela: Educación Pública, Titularidad y Conciertos” y ya la Introducción apunta con claridad el objetivo pretendido: “El debate hurtado sobre la educación concertada”. El artículo de cabecera se titula “Teoría, política y práctica de la enseñanza concertada en España”, firmado por Yayo Herrero (conocida eco-feminista, directora durante de 2012 a 2018 de la FUHEM, profesora de la UNED…) y Ángel Martínez González-Tablas (catedrático de Economía Aplicada de la UCM…). La posición de la FUHEM se refuerza con otro artículo de su equipo económico: “La economía de la escuela”, en el que se propone revisar y actualizar los costes de la enseñanza financiada con fondos públicos, sea de titularidad pública o privada, con las transparencias y controles debidos (¿en continuidad con la experiencia de “transparencia y control” ya conocidos de quienes aducen su carácter de empresa privada cuando conviene?).

La revista incluye el artículo “Si caza ratones, es un buen gato” (aludiendo al conocido refrán “gato blanco, gato negro…”)del profesor de sociología de la Educación en la UCM, Mariano Fernández Enguita, ex-director del INAP y hoy asesor en Moncloa en materia de educación, (junto a expertas como Carmen Pellicer de la fundación religiosa TRILEMA o Ainara Zunillaga directora de la fundación neoliberal COTEC), en el que hace una encendida defensa de la enseñanza privada y concertada (y descrédito de la pública y de sus profesores “funcionarios”, rutinarios, acomodaticios…). El mismo autor -de larga y versátil trayectoria política-, acaba de publicar otro artículo titulado “Religión: no en la enseñanza, sí en la Escuela”, que merece comentario aparte. Este nº 153 de “Papeles” recoge, además, una entrevista sobre el tema central, con opiniones interesadas a favor de la concertada, pero también de su desaparición progresiva e integración en la red pública en el caso de Carmen Rodríguez (profesora de Didáctica de la Universidad de Málaga, miembro del Foro de Sevilla y coordinadora de Redes por Otra Política Educativa, surgida en oposición a la LOMCE) y de Enrique Javier Díez (profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León y ex coordinador de Educación de IU).

Ante todo, y aunque no tenga la exclusiva, la FUHEM, junto a otras entidades como Save The Children, ESADE, etc. etc., se pone a la cabeza de una verdadera ofensiva ideológica contra un modelo de escuela pública, única, democrática, laica y no segregadora -en su caso con argumentos pretendidamente “progresistas”- para defender la financiación pública de la enseñanza privada, que no otra cosa es la concertada. Si en el caso de la sanidad y otros servicios públicos se invoca el talismán prodigioso de la “colaboración público/privado”, en la enseñanza, más finos, se habla de la “colaboración público/sociedad civil” (o “iniciativa social”, como suele autodenominarse la patronal religiosa, desde los años ochenta). Pero aun llegan más lejos cuando sugieren -de forma velada- la privatización de la gestión de la actual escuela de titularidad pública.

El recurso a la metafísica

Ya la anterior LOE (de la que tanto la LOMCE del PP como la LOMLOE del gobierno de Sánchez se presentan como meras reformas), con el declarado propósito del ex-ministro Gabilondo de llegar a un consenso con el PP, la Conferencia Episcopal y la patronal privada, planteaba -a las claras- que el “servicio público” de la educación, financiado por los presupuestos del Estado, puede proporcionarse tanto por las administraciones públicas como por los centros privados concertados.

Aunque el consenso formal resultara finalmente imposible (por razones de oportunidad política), la LOE dejaba la puerta abierta a la consagración de lo que ya era un hecho: la progresión de las redes privadas de la enseñanza (desde la educación infantil hasta la universidad, con el codiciado pastel de la formación profesional), a costa del deterioro y regresión de la red pública.

Un proceso generalizado, pero con distinto ritmo y extensión según territorios (las zonas más pobres y despobladas no son terreno propicio para negocios rentables, sí las grandes urbes), que la LOMLOE no rectifica, sino más bien amplía, equiparándolas en derechos y deberes- con la promesa de mayores subvenciones a las patronales relacionadas con la educación infantil y, sobre todo, la Formación Profesional, pero también la equiparación de costos del servicio, para lo cual se ha creado una mesa específica en el Ministerio, que se extenderá a las CCAA, conforme se vaya desarrollando la LOMLOE.

Desde diferentes campos, el debate ideológico que ha acompañado la mercantilización de la enseñanza, dejaba de lado la titularidad de la institución responsable de garantizar la universalidad e igualdad de un derecho fundamental -como es la educación-, para desviarlo hacia la “calidad” y “eficiencia” de los sistemas educativos de cara a los patrones y rankings competitivos diseñados desde organismos internacionales como la OCDE (informes PISA) y que consagra el Tratado de Lisboa (2009).

El mercado educativo, como cualquier otro mercado, parte de la “diversidad” de oferta y demanda. De ahí el hincapié sobre la calidad, eficiencia, diversidad de ofertas y demandas sociales -unidas a la “diversidad” de talentos, esfuerzos y objetivos de alumnos y familias- que hace el discurso de las derechas más reaccionarias y segregadoras (LOCE, LOMCE…). La invocación a la “equidad” en la LOE y la LOMLOE no deja de ser un “brindis al Sol”, cuando permanece inalterable la desigualdad efectiva de un sistema educativo fragmentado en redes sobre la base de la selección económica y social del alumnado, recursos a disposición, distintos “proyectos educativos” … que determinan diferentes oportunidades educativas y expectativas de futuro.

Curiosamente, desde posiciones que se pretenden progresistas y un discurso aparentemente alternativo y democrático, se llega a confluir en la misma estación de llegada. A ese fin, hay que obviar la realidad y hacer un poco de “filosofía”, es decir, ideología disfrazada de racionalidad. Remontemos el vuelo hasta el “mundo de las ideas” de Platón: ¿Qué propiedades deben entrar en la definición y esencia de una “auténtica educación pública”, prescindiendo de su titularidad?

El artículo central de “Papeles” recoge los conceptos manidos (siempre sujetos a diferentes interpretaciones, contenidos y prácticas), para que tal modelo educativo pueda ser considerada como “público”: accesible para todos y todas, inclusiva, laica (pero “respetuosa con la libertad religiosa y de culto de alumnado y familias” -¿?-), transparente, democrática y participativa, de calidad “cumpliendo los estándares establecidos”, posibilidad de “desarrollar un proyecto educativo con rasgos propios”, con procedimientos de evaluación y control…;para finalmente aterrizar en dos preguntas claves: “¿Es la gestión directa por parte de las administraciones públicas condición necesaria para que una escuela pueda ser considerada pública?; y ¿… condición suficiente?”.

La respuesta es negativa para ambas. En su opinión, los rasgos que definen la esencia de la escuela pública pueden ser cumplidos satisfactoriamente por cualquier titular de la “sociedad civil”, que de otro modo sería expulsado del “ámbito público”, a la vez que la gestión pública no garantiza el cumplimiento de los “rasgos sustantivos” que definen a la escuela pública.

Esta última, una verdad de Perogrullo: un sistema público de educación (o de sanidad…) puede ser bueno, regular o malo; depende de la gestión política y de los recursos dirigidos al efecto. Pero hay una diferencia crucial que se obvia: un sistema público de enseñanza que responda a la satisfacción del derecho universal e igual a la educación es competencia y deber del Estado y sus instituciones, precisamente por su obligación de poner los medios para satisfacer ese derecho fundamental de la ciudadanía en términos de igualdad. De ahí que se le puedan plantear exigencias y responsabilidades políticas.  Una obligación y responsabilidad que no tiene ningún agente particular de la “sociedad civil”: por muy altos designios que se otorgue, sus intereses no pueden dejar de ser de parte, tal vez muy legítima, pero particulares y no representativos del “interés general” que, incluso en el marco de la democracia formal, se ha dotado de sus propios mecanismos e instrumentos.

Podríamos desgranar los reiterativos argumentos que insisten en la no adecuación entre titularidad estatal y carácter público de la educación, o tildan de “perezosa” la solución de quienes defienden la integración de la concertada en la pública, que eliminaría la bondad de la colaboración público/social y la “emulación/cooperación entre diferentes” …Pero basta con llegar a su conclusión: la necesidad de avanzar en un proyecto educativo en el que coexistan de forma coherente: a) escuelas públicas de calidad de gestión directa de las administraciones públicas, b) escuelas públicas de calidad de gestión indirecta de titularidad privada (eso sí, plenamente financiadas con fondos públicos, para no recurrir a la recarga de cuotas familiares); c)escuelas de titularidad y gestión privada. Esto es, mantener y desarrollar el actual sistema de tres redes educativas. ¡Para ese camino no se necesitaban alforjas!

Los intereses ideológicos y materiales de por medio

El problema de fondo es que no vivimos en el mundo ideal platónico. Aunque las reiteradas Declaraciones de Derechos Humanos, las cartas magnas y tratados internacionales reconozcan la educación como derecho universal y su implementación con la extensión de sistemas públicos de enseñanza, cada país tiene su propia historia, de avances y retrocesos, de conquistas que una y otra vez se ponen en cuestión y pueden ser revertidas, incluso del modelo “excepcional”, público, único y laico, que ha sido Francia y que ya no lo es desde la Ley Debré (1959)… que consagra la financiación del sector privado y que, si bien durante las primeras décadas fue muy escaso, en la que va de siglo XXI ha aumentado sensiblemente, aunque no llega todavía a los niveles de España, donde la educación privada concertada (financiada con fondos públicos directa o indirectamente) y la privada no concertada es la más alta de la OCDE y de la UE.

La precariedad histórica de la educación pública arrastrada durante siglos en España (que ninguna de las iniciativas privadas y progresistas como la ILE, la Escuela Moderna y otras resolvieron, por su alcance particular y limitado), el enorme peso y control de la Iglesia que -tras el paréntesis y esfuerzo educativo y laico de la Segunda República- la dictadura de Franco reforzó y dejó en herencia (hasta hoy mantenida)…, configuran una realidad educativa que no se puede soslayar con recursos conceptuales metafísicos.

Y esa realidad “a la española”, prolongada y asentada por las sucesivas reformas educativas (que tan siquiera han intentado deshacerse de las hipotecas de unos Acuerdos Vaticanos -1979- valedores del poder ideológico y material de la Iglesia), permite que la fragmentación de un sistema educativo en redes diferentes y desiguales, sirva de base y punto de apoyo para la progresión de nuevos embates en dirección a mayores niveles de privatización y mercantilización de la enseñanza. La propia pandemia ha puesto de relieve esas desigualdades educativas que abundan y repercuten en mayores brechas sociales. Sin embargo, los autores del artículo de referencia concluyen que, “en el orden actual de las cosas, … no se dan las condiciones para suprimir la red de conciertos, por sonora que sea la retórica de unos y otros. Por el momento, está para quedarse”, invitándonos a asumir (¿resignadamente?) ese “orden actual de las cosas”.

Las piruetas ideológicas para “mantenerla y no enmendarla” (la realidad educativa y el orden actual de las cosas), difícilmente pueden esconder los intereses nada públicos y generales, que están detrás de esta nueva ofensiva, que no se limita, sólo, a las confesiones religiosas, aunque todavía sean mayoritarias.

Por cierto, en el colmo del juego con las palabras y las ideas, Fernández Enguita, en el artículo mencionado (“Religión: en la enseñanza no, en la Escuela sí”) viene a alinearse con las posiciones más reaccionarias en presencia: algo así como un “pin parental” en positivo y general, que permite reintroducir por la puerta de atrás y en el marco escolar el adoctrinamiento religioso, a demanda de alumnos y familias. Defiende que, si bien la religión confesional no debe figurar en el currículo de la “enseñanza oficial” (en lo que estamos de acuerdo), nada impide que la Escuela, abierta a todas las demandas sociales “sin sectarismo”, admita el “derecho de los alumnos creyentes” a recibir dentro de ese marco educación en sus propias creencias religiosas (¿en horas complementarias y/o extraescolares?). Otra artimaña para eludir la laicidad que corresponde, de forma específica, al ámbito escolar común. Incluso, en un arrebato de libérrima interpretación, dice que los Acuerdos Vaticanos (que reclaman el trato de la Religión “similar al de las disciplinas fundamentales”), podrían verse respetados, entendiendo que ese trato igual se satisface con su presencia en las mismas aulas (¿qué diría al respecto la Conferencia Episcopal?)

Ignorar, disfrazar, idealizar una realidad educativa tozudamente divisora, discriminatoria y generadora de mayor desigualdad social, parece ser el propósito del nuevo (y viejo) debate acerca de la enseñanza privada concertada. Sin olvidar la perspectiva en que se inscribe el momento presente y que se ha hecho “viral” en todos los sectores empresariales: cómo apropiarse de la mayor porción posible de los fondos europeos y estatales que puedan librarse a cuenta de la presunta “recuperación económica” post-pandemia.

A este respecto el anteproyecto de Ley de Formación Profesional que, cuando pase diversos trámites, próximamente se debatirá en el Parlamento, hay guiños dinerarios para las patronales, tanto en la muy necesaria futura educación dual, como en el crecimiento de escuelas privadas religiosas y no religiosas, ya muy abundantes. Podríamos decir lo mismo de la enseñanza infantil 0-3, donde los centros privados (alimentados por cheques escolares a las familias) ganan terreno constante a los de titularidad pública, incluso una gran parte de éstas son gestionadas privadamente.

En suma, se detecta una ofensiva privatizadora, que actúa de forma cada vez más expresa contra la enseñanza de titularidad y gestión pública, que viene de lejos, pero que con la actual gobernanza progresista y tras la LOMLOE se está acrecentando, con el beneplácito de Moncloa.

jueves, 19 de noviembre de 2020

La LOMLOE también es una ley provisional (Manuel Menor)

 Publicamos este análisis de Manuel Menor


No ha sido todavía votada y ya ha sido sentenciada por los grupos conservadores del Congreso de Diputados.

 

La LOMLOE –nombre atrabiliario para una ley con pretensión de servir a una educación de todos- está a  punto de  pasar al BOE con la provisionalidad alternante de las anteriores.  Con ánimo de minusvalorarla, sus opositores han reiterado estos días que “justo, equitativo y de calidad” es lo que, para cuando vuelvan a gobernar, dicen tendrá “su” sistema educativo.

 

Se deduce, por tanto, que, a ojos de la oposición conservadora, esta nueva ley ni es justa, ni equitativa ni de calidad, supuestamente porque, al hacer desaparecer con la LOMCE algunos de los aspectos más denostados desde antes de que naciera en 2013, no quieren que olvidemos los ingredientes que, salvo ellos, nadie votó. Algunos querrían, también, que una gran mayoría ciudadana se uniera a quienes han demandado estos días, en la Carrera de San Gerónimo y en alguna web, seguir gozando de los privilegios que han tenido prácticamente siempre, muy reforzados en los años del nacionalcatolicismo franquista.

 

Todavía polarizados

 

La polarización en torno a la escuela y su cultura sigue viva, no tanto como en 2005 –en aquella manifestación histórica que arrastró a la calle a un puñado de obispos en demanda de que la ampliación de derechos civiles no llegara a buen término-, ni como en 1985, cuando Martínez Fuertes y Carmen Alvear ponían obstáculos a la LODE, una ley que daba cobertura oficial a sus anteriores subvenciones y les salvaguardaba de la mano aleatoria del libre mercado. Hoy, son las mismas organizaciones, con idénticas dependencias orgánicas detrás y algunos medios informativos más, las que siguen reclamando tan privilegiada situación, aunque la coyuntura no propicie el dramatismo de entonces para maximizar su nostalgia.

 

Se ha de reconocer, de todos modos, la pervivencia del apego a si es o no es verdad aquel modo de entender lo que es “justo, equitativo y de calidad” en el mundo educativo escolar. Algunos, al proclamar que tienen  de su lado, de siempre, el bien y la verdad, les cuesta aceptar el principio de realidad, objetivable estadísticamente con los datos relativos a recortes en la enseñanza pública y paralelo crecimiento de recursos en la privada que han reflejado los Presupuestos Generales de Educación  entre 2008 y 2018 –vigente todavía-, sin más justificación que predilecciones de quienes manejaron los dineros de Hacienda. Si a ello se suma el desafecto que, pese a las facilidades dadas por la LOMCE, ha tenido la clase de Religión, su sentido de equidad, justicia y calidad, que  vuelven a reivindicar, hace inexplicable el peculiar baremo  de “función social” que exigen a los repartos de recursos públicos.

 

Con un razonamiento tan particular como poco equilibrado con las necesidades reales de la mayoría de ciudadanos, el supuesto “pacto educativo” con que tentaron al hemiciclo del Congreso  en un pasado no tan antiguo  -la última vez fue con Méndez de Vigo-, seguirá en el alero  de las buenas intenciones, siempre aptas para no entenderse y seguir manteniendo vivo un espacio siempre a punto para peleas más que simbólicas, con todos los ingredientes disponibles para ser agitados cuando convenga.

 

En tono menor

Al común de los ciudadanos, sin embargo, especialmente a ese tercio de alumnado que, desde antes de nacer, está sentenciado al “abandono” o al “fracaso escolar”, este debate bizantino no le dice nada. Se siente abandonado por más que la palabra “equidad” y “justicia” sobrevuele ahora el combate mediático unida a “calidad”, el constructo que desde los años setenta, sobre todo, persigue a la educación española sin que alcancen a percibirla los que más la necesitan.

 

A los promotores de esta ley, por su parte, parece que no les inquiete mucho esa situación ni el avaricioso uso de las palabras con significados contrarios a los que en buena ley reclama su semántica originaria. Con salvar la cara por los tres años de legislatura que restan, se disponen a defender el progresismo de esta LOMLOE por haber logrado derogar parte de la anterior; verdad es que ha sido especialmente ominosa y –como decía Rubalcaba- técnicamente atroz, capaz de romper los consensos supuestos que encerraba el art. 27 de la CE78. No les asusta, sin embargo, dejar casi como estaba la divergencia que suponen los conciertos educativos; esta ley vuelve prácticamente a lo que decía la LOE en su art. 108.4; se veía venir, además, por decisiones anteriores de este Gobierno de coalición  y por los oportunismos de vascos y catalanes para tener  a mano más cotas de poder discrecional. Por su parte, el lado más conservador del PSOE ve con buenos ojos que esa divisoria del sistema se quede en una ambigüedad similar a la de siempre, acompañada por la que -por razones de supuesta pérdida de votos entre sus clases medias-, han auspiciado introducir en el currículo como alternativa a la clase de Religión –y dejando a esta en el currículo-  una redundante área sobre “valores de la cultura religiosa”.

 

Sobriedad

De salir adelante en el texto definitivo este aspecto normativo –que también interesa a la jerarquía católica-, los profesores de las áreas de Historia, Historia del Arte, Historia de la Filosofía e Historia de la Literatura, debieran alzarse contra esta intrusión tan alevosa en sus especialidades. Los primeros, los de las facultades universitarias y, a continuación, cuantos como docentes en otros niveles educativos, o como discentes y lectores, reclamen del tiempo escolar que se ocupe de lo que debe y no de lo que algunos expertos en la sofística quieran colar al común de los mortales como imprescindible para sus vidas. ¿Es hoy el día internacional de la Filosofía? ¡Qué raro!

 

Si la COVID-19 está reclamando sobriedad y precisión en las decisiones, no parece que en el ámbito oficial de Educación exista esa ejemplaridad. Se sigue estilando un paisaje propicio al barroquismo del horror vacui, sin ansia por clarificar el panorama y a conveniencia provisional. En un momento en que es importante no confundir lo urgente y lo importante, es lastimoso que, una vez más, los desvelos de un pasado ya ido determinen improvisaciones para un presente que se deshilacha por momentos.

 

Manuel Menor Currás

Madrid, 17.11.2020.

 

 


viernes, 30 de octubre de 2020

Vaticano actual (Manuel Menor)

La apertura del Vaticano actual es ambigua 

No está cercano lo que en Francia existe desde 1905, una separación nítida de los intereses del Estado y de la Iglesia. 

Cuando se menciona el Estado Vaticano, no prima la naturaleza de la Iglesia, sino el ser sede de la cúspide piramidal de la Iglesia. Consolidada en 1929, en trato con Mussolini, después de que, en 1871, hubiera perdido los Estados Pontificios,  consolidó la imagen del “Papa prisionero”; no son ahora Las sandalias del pescador (de que hablaba Morris West en 1968) lo que está en juego sino intereses terrenales enlazados con otros sedicentes espirituales; como en la corona de Augusto, pero con más años de peso en España que los de aquel imperio. 

Vaticanismo post 1871

En 1896, Émile Zola, después de documentarse bien, escribió Roma, segunda novela de una trilogía sobre un Papado muy ocupado en preservar la hegemonía perdida en las revoluciones burguesas; sus 806 páginas muestran la doble cara del lado más “social” del Vaticano en aquel fin de siglo. Los más cinéfilos la habrán visto en Roma de Fellini, por ejemplo, y su contraposición en Roma cittá aperta, de Rosselini. Su reflejo en la Democrazia Cristiana, aparece en una pequeña novela de Leonardo Sciascia, Todo modo, cuya edición española mostraba, en 1982, el escudo del partido italiano con la palabra LIBERTAS campeando sobre una cruz roja; en el centro de su nudo narrativo, el Padre Gaetano protagonizaba sentencias como esta: “Por favor, señores…, espero que no van a darme el disgusto de decirme que el Estado sigue existiendo… A mis años…, resultaría una revelación insoportable”. 

La presencia cultural vaticanista viene de cuando la jerarquía eclesiástica asentó su poder en el siglo IV d. C. tras el “triunfo” sobre el “paganismo”. Sería un error olvidarlo al oír al papa actual,  sensible como parece hacia personas de la LGTBIQ+, o expresándose en abierto como hizo con motivo de la audiencia al presidente del Gobierno español. Se ha hablado de su “apertura” -no de aggiornamento, como se decía de Juan XXIII- sin fijarse en que, cuando se refería al colectivo de orientación sexual no hegemónica, hablaba una posible legislación civil que les fuera propicia; algo es algo, pero ni marca tendencia a estas alturas ni dijo nada de lo que su Curia haría para darle cabida dentro de la Iglesia que dirige, con igual dignidad jurídica que al  resto de creyentes. Los lectores debieran estar advertidos, igualmente, de que la Iglesia Católica es tan diversa  que, sobre las más de 3.000 especificaciones que acoge su nombre, siempre hay unas “comunidades cristianas” -término genérico en que confluyen opciones supuestamente fieles al primer cristianismo- discrepantes de la “jerarquía católica” o funcionariado que dirige la sociedad eclesiástica desde el Vaticano y las sucursales diocesanas. 

En ese denso contexto ha de leerse lo que el papa Francisco dijo a Pedro Sánchez; su invocación al “diálogo”, la “caridad” y a la “ideología” da fe de  las ambigüedades del Vaticano actual, no tan diferentes de las de su genealogía. Deslizamientos semánticos de su historia son iluminadores; cuando León XIII decidió incluir “lo social” en su agenda de 1891, ya el movimiento obrero tenía una larga andadura y, en los ochenta del mismo siglo, se había abierto paso el “Estado Social” para atender –en derecho- cuestiones que causaban la pobreza más lacerante; el papa “social” no sobrepasó, sin embargo, las formulaciones caritativas, tan similares a las que propiciaba la burguesía con “beneficencia” y  ”filantropía”. 

Y la España de hoy

Aunque la aportación de segmentos de la Iglesia ha sido valiosa -como acreditan los Informes FOESSA desde mediados de los sesenta-, como corporación mediadora sigue siendo ambigua y nunca da oficialmente el paso a la reivindicación en justicia; J. Mª Castillo lo advirtió hace años respecto a su vinculación a la Declaración de Derechos Humanos. Se arroga, sin embargo, la suplencia al Estado en atenciones a través de Cáritas y otras ONGs, cuyos principales subsidios proceden del propio Estado sosteniendo, bajo ese paraguas “social”, poca transparencia para sus presencias en Sanidad, Educación, y ámbitos artísticos, mediáticos o sociales. A todas ellas  debería habérseles aplicado lo que el Papa dijo en la audiencia del día 24:“construcción de la patria por todos” sin “coartadas de modernidad”, “restauracionismo” e “ideologías” o  que -según aseguró- “las ideologías deconstruyen la patria”, palabras que han parecido  advertencias a un Gobierno que no encaja en el ámbito conservador. Aparte de que no indican que sea esa la “onda” de actuación de muchos delegados jerárquicos en España,  lo que traslucieron en público semejaron más la regañina de un “superior” –a aceptar en silencio por un “inferior”-  que un sentido aceptable de “diálogo”. 

Para que el mensaje no resulte más oscuro, del comportamiento de IGLESIA S.A. –como la llama Munárriz- está pendiente que muestre su propia capacidad de enmienda respecto a su historia en España desde los años treinta y en cuanto a  libertad de conciencia, asuntos a los que la educación pública es muy sensible. Los recursos que le asigna Hacienda, según lo firmado en los discutibles Acuerdos de 1977-79 -repetitivos de los Concordatos de 1953 y 1851-, pocas veces no han servido para propiciar las políticas más conservadoras de la vida española. En tiempos de Covid-19, con tales medios debiera haber más “sintonía” en las relaciones bilaterales; pero la supuesta apertura actual del Vaticano chirría si prosigue su uso por la senda por donde –servatis servandis- han solido ir desde las Cortes de Cádiz. Amparando, incluso, negocios muy privados, el primer desorientado es el “bien común” –común por ser bueno para todos, más que bueno por ser común-, que orientó la Summa Theologica de Tomás de Aquino. 

La ejemplaridad de Samuel Paty

A los creyentes españoles, partidarios a un tiempo de la creencia y de criterio autónomo en lo político y social, les sigue siendo difícil conjugar los intereses eclesiásticos con los democráticos de su país hasta en asuntos tan terrenales como los impuestos; probablemente para el propio papa Francisco lo sería igualmente si se pronunciara sin ambigüedades. Sin duda, habrá hablado algo con el presidente español en privado antes de la parte pública de esta audiencia, pero por lo oído, los españoles todavía no alcanzarán a ver lo que los franceses han tenido a mano desde 1905. Nuestro art. 27 de la CE78 ni se le parece, y un homenaje a profesores o maestros españoles, como el tributado a Samuel Paty el pasado día 21 en París, está pendiente en España desde hace ochenta años. 

Manuel Menor Currás
Madrid, 26.10.2020

lunes, 26 de octubre de 2020

Los obispos proponen a Educación crear una asignatura de Valores que aúne todas las confesiones para salvar Religión (eldiario.es)

Artículo de Jesús Bastante y Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es
  • El Episcopado, que vetó esta misma propuesta en su día, argumenta que "se respetaría la dignidad de la asignatura y sus contenidos"; el Ministerio de Educación, que le quita valor académico en su reforma educativa, evita valorarla

25 de octubre de 2020 

Los obispos se mueven. Una delegación de prelados ha propuesto al Ministerio de Educación la creación de una asignatura en Valores, que incluya la visión cristiana y de otras confesiones religiosas. Con esta propuesta, similar a la que en su día fue vetada por los obispos españoles, pretende la Iglesia acabar con la polémica sobre la vigencia y dignidad de una materia que va perdiendo alumnos progresivamente, aunque aún son más los que la cursan que los que no.

La propuesta, planteada por los obispos durante una reunión mantenida hace unas semanas con responsables gubernamentales, pasa por que los contenidos de la asignatura de Religión se integren en el ámbito de la educación en valores, donde estos –comunes para todos– puedan ser explicados desde distintas perspectivas, entre ellas, la católica. Y en estas se presenta en el Vaticano el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para hablar con el Papa Francisco este sábado.

"La ley prevé la existencia de ámbitos o áreas, nosotros pensamos en un área en la que se integre la filosofía, una educación cívica y una religiosa porque, si no, la tendencia es hacer de la religión una especie de gueto situado en horarios extremos, donde los alumnos que no van no hagan nada, y que se trate de una especie de favor que hay que hacer porque hay unos acuerdos firmados", ha explicado este viernes el secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello.

La propuesta de los obispos "no excluye una asignatura de valores cívicos", tal y como ha precisado el presidente de la Comisión Episcopal para la Educación, Alfonso Carrasco Rouco. "La idea efectivamente es que todos los alumnos tengan en su currículo un área referente a valores morales y creencias", apuntó.

Aunque el Gobierno aún no ha respondido a la propuesta, fuentes consultadas por elDiario.es valoran la iniciativa del Episcopado, que puede servir para "cerrar frentes de batalla" y que podría generar alguna contrapartida para la escuela concertada. Por el momento, ya se ha filtrado que el Gobierno no gravará con el 21% de IVA a la enseñanza concertada, y está por ver si hay algún tipo de tasa a los colegios.

Desde el ministerio se remiten básicamente a la ley tal y como está en estos momentos. La reforma educativa que prepara el Gobierno con la LOMLOE, que se tramita estos días en el Congreso, no toca mucho la materia respecto a su actual estatus. Hay dos cambios principales (si no hay modificaciones durante el debate de enmiendas, y todo apunta que no las habrá por este lado): Religión dejará de contar para la nota media, novedad que había reintroducido la LOMCE de José Ignacio Wert, y se elimina la asignatura alternativa (que viene siendo Valores), lo cual planteará previsiblemente problemas de organización a los centros.

Por lo demás, seguirá siendo de obligada oferta para los centros y voluntaria para los alumnos, como establecen los acuerdos con la Santa Sede de 1979, donde se fija el tratamiento de la Religión y que la nueva ley mantiene como referencia en el primer punto de la disposición adicional segunda. Por el camino parece haber quedado ahora la idea que tenía la ministra, Isabel Celaá, de sacarla fuera del horario escolar: son los centros educativos los que organizan su horario, explica una portavoz del ministerio. Aún así, es probable que acabe pasando finalmente por la fuerza de los hechos. Al no tener prevista asignatura espejo, los alumnos que no cursen Religión tendrán una hora libre en mitad de la jornada, pero la normativa no contempla esta posibilidad, por lo que tendría que situarse al final del día o incluso fuera de el horario lectivo, lo que a su vez plantearía el problema de tener que dejar el centro abierto fuera de sus horas establecidas.

"Se pretende avanzar e introducir otras religiones"

"La [nueva] ley no cambia nada", lamenta Antonio Gómez, presidente de Europa Laica, que tampoco es optimista con las enmiendas. Tan es así que han convocado una concentración frente al Congreso el día 28 de octubre para exigir una solución. De hecho, advierte, la situación empeora. "Lo que se pretende ahora es avanzar e introducir otras religiones, como ha hecho recientemente el Gobierno catalán [en alusión al plan piloto para impartir religión islámica en los colegios]. En vez de avanzar hacia la idea integradora que significa el laicismo, abundan en el confesionalismo escolar sobre la bandera del multiconfesionalismo", valora.

Desde el PSOE, preguntado por la cuestión, se limitan a comentar que no hay novedades. Su socio de Gobierno, Unidas Podemos, explica no han sido capaces de arrancar más de los socialistas. "Creemos que este acuerdo se queda a mitad de camino al hacer que la Religión no sea evaluable pero no salga del currículum", explica Joan Mena, diputado de la formación morada y portavoz en la Comisión de Educación del Congreso. "Ya es un avance importante respecto a la LOMCE, pero no hemos conseguido que saliera del horario escolar", admite, aunque añade que aún queda la negociación de las enmiendas. ¿El problema? El PSOE no parece muy dispuesto y sin ellos no hay cambio posible.

UP, ERC y Bildu sí solicitan que la Religión salga de la escuela como asignatura y así lo piden en el Congreso: "La enseñanza de la religión católica y de otras religiones no formará parte del currículo escolar, como corresponde a una escuela pública y laica, en un Estado constitucionalmente no confesional", se lee en la enmieda de Bildu. El problema, según admite la propia enmienda de los 'abertzales', son los acuerdos con la Santa Sede, que mientras sigan vigentes impiden dar este paso: "Hasta tanto no se denuncien y deroguen los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español de 1979 y los Acuerdos de cooperación celebrados por el Estado español con la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, la Federación de Comunidades Israelitas de España y la Comisión Islámica de España, se impartirán fuera del horario lectivo", sostiene el texto.

"Se respetaría la dignidad de la asignatura"

Religión sigue siendo una asignatura mayoritaria entre el alumnado, aunque cada año la cursan menos estudiantes. Según datos de la Conferencia Episcopal, el 61,99% de los alumnos la cursa. Por etapas, el 62,78% del alumnado de Infantil asiste a clase de Religión, porcentaje que aumenta hasta el 65,28% en Primaria pero que desciende hasta el 59,61 % en Secundaria y más aún en Bachillerato, donde este dato baja hasta menos de la mitad, el 47,31%. La asignatura ha perdido 255.283 fieles en los dos últimos dos cursos, según datos de la Iglesia.

Con la propuesta de los obispos, explican fuentes cercanas, "se respetaría la dignidad de la asignatura y sus contenidos, se ofrecería una educación en valores asumible y se daría libertad para enraizar esos valores, por ejemplo, en la identidad cristiana. Se trataría de proponer los conocimientos, capacidades, valores y actitudes que necesitan todas las personas para vivir una vida fructífera, fundamentar sus decisiones y asumir un papel activo para resolver los problemas comunes de todos los ciudadanos".

En concreto, los obispos sugieren la necesidad de un ámbito de "educación moral" en el colegio en el que se estudien "valores necesarios para la convivencia y el bien común", y que, "al estar fundamentados desde las diversas identidades de los alumnos, respetando la voluntad de los padres, pueden ser explicados desde la perspectiva católica".

La propuesta, además, busca poner de manifiesto "la importancia de este ámbito específico de la educación, reconocido generalmente por otras legislaciones y en los marcos normativos internacionales, permitiendo abordar valores compartidos por todos".

El proyecto planteado por los obispos es una puerta abierta a profesionalizar la clase de Religión, e incluirla dentro de un conjunto de materias que se antojan necesarias para todo alumno, sea o no creyente en una confesión. Además, salvaguardaría la esencia religiosa de la parte confesional de la materia, que seguiría bajo control de los obispos o los representantes de las confesiones con acuerdo con el Estado, tal y como establecen los acuerdos con la Santa Sede.

Crear una asignatura nueva, sin embargo, plantearía un problema para el profesorado de Religión. Estos docentes son propuestos por la Iglesia, pero pagados por el Estado en su conjunto (los 17.000 profesores le cuestan a las arcas públicas unos 800 millones al año, 100 de ellos solo al Ministerio, que paga a una parte). Pero no tienen por qué ser necesariamente profesores, ni cumplen los requisitos que se les exigen al resto de docentes para ejercer, la más evidente pasar una oposición o al menos un proceso selectivo, explican desde los sindicatos. En el momento en el que no dieran una asignatura de Religión podría entenderse que están usurpando una plaza que correspondería a un interino (o a un funcionario).

Desde los sectores más ultraconservadores de la Iglesia ya se comienza a acusar a los obispos de haberse "rendido" al "gobierno social-comunista", y advierten que la medida, de aprobarse, supondrá la desaparición de la Religión de la escuela.

viernes, 22 de noviembre de 2019

El PP y la Iglesia usan la educación concertada para inaugurar la oposición al nuevo Gobierno antes de que eche a andar (Iñigo Aduriz / Jesús Bastante / Daniel Sánchez Caballero para ELDIARIO.ES)

Reproducimosesta información que publica ELDIARIO.ES

La derecha ya ha desplegado su primer campo de batalla antes incluso de que arranque la legislatura. El partido de Pablo Casado ha convertido las declaraciones de Isabel Celaá sobre la libertad de elección de centro educativo en la primera gran ofensiva contra el preacuerdo alcanzado por PSOE y Unidas Podemos para formar Gobierno.
En tromba, todos los dirigentes populares han salido en público en los últimos días a defender sin ambages las subvenciones públicas que reciben los colegios concertados, sobre todo los católicos, bajo el argumento de que la ministra, con sus palabras, puso en cuestión "la libertad" de los padres para educar a sus hijos. La misma bandera enarbolan la patronal Escuelas Católicas –propietaria de la mayoría de los centros concertados de España–, la Iglesia católica y la prensa conservadora.

De momento, se prepara el terreno para agitar una causa que ya utilizó el PP en la oposición: durante aquellas multitudinarias manifestaciones que mezclaban banderas españolas y sotanas en defensa de la familia y la educación religiosa durante las legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero. Como entonces, un sector de la Iglesia ha decidido implicarse activamente. Este lunes la Conferencia Episcopal se ha referido de forma indirecta al tema, dado que para el presidente de los obispos españoles todavía Pedro Sánchez no es presidente y por lo tanto ni se le puede felicitar, ni valorar un futuro gobierno con Pablo Iglesias. 
Por su parte, la principal patronal de enseñanza concertada, Escuelas Católicas, aporta elementos a la "preocupación" por lo que pudiera pasar si se forma un gobierno progresista. Su secretario general, José María Alvira, cree que "las palabras de la ministra son una especie de advertencia de lo que puede ser una ley de Educación", a pesar de que la misma Celaá intentó el viernes, tras la rueda de prensa del Consejo de Ministros, rebajar una controversia que considera "exagerada y alimentada a nivel artificial". "Las familias pueden estar tranquilas", aseguró. 
Pero ese mismo día el PP anunció "una ofensiva parlamentaria", presentando "mociones en el Congreso, Senado, ayuntamientos y comunidades autónomas en defensa de la libertad educativa". "El compromiso del PP en la defensa de la libertad educativa es total. Es absolutamente intolerable que una ministra de España ataque a la educación concertada", afirmó entonces el vicesecretario de Comunicación, Pablo Montesinos, en rueda de prensa. Pablo Casado no solo ha decidido implicar al grupo parlamentario en un asunto sensible para su electorado, ahora en disputa con Vox. También desde las instituciones en manos del PP se pretende dar esa batalla contra el Gobierno central. 
"Nos tendrán en contra. En la calle si hace falta", escenificó Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, el Gobierno con más presupuesto de todos los que controla el PP y donde la financiación de la concertada se ha disparado en la última década en detrimento de la inversión en la educación pública.
Mientras, el secretario general de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, aseguraba a la prensa que esperaba que las palabras de la ministra hubieran sido "un lapsus". Y fuentes de la cúpula del clero español reconocían que les preocupa que estas palabras anticipen una ofensiva de un futuro Gobierno de PSOE y UP para laminar parte de los privilegios económicos, tributarios y educativos de la Iglesia

El tema de la semana para el PP

Tras la campaña que inundó las redes populares a lo largo del fin de semana, en la que prácticamente todos los cargos de responsabilidad del PP publicaron mensajes en sus cuentas de Twitter apelando a esa "libertad educativa", el propio Pablo Casado reservaba toda su agenda de este lunes a avivar la polémica.
El líder del partido ha reunido en Génova a todos los consejeros de Educación de los gobiernos en manos de los conservadores por la mañana, y ha dedicado parte de la tarde a un encuentro con entidades de la educación concertada. "Sánchez lleva años cuestionando la enseñanza concertada, pero nosotros vamos a defenderla como pilar esencial para millones de familias españolas", apuntaba después Casado en un tuit.

El presidente del PP, Pablo Casado, con ocho entidades de educación concertada.
El presidente del PP, Pablo Casado, con ocho entidades de educación concertada. FLICKR PP
Fuentes de la dirección del partido prefieren no entrar a valorar si esas apelaciones a la "libertad" se refieren a que el PP reivindica las ayudas públicas a los colegios religiosos. Se limitan a asegurar a eldiario.es que lo que defienden es "la libertad de educación contemplada en el artículo 27 de la Constitución". El mismo artículo que Celaá aseguró el jueves que no amparaba la libre elección de centro educativo, uno de los mantras de la derecha. En cuanto al régimen de concierto, añaden en el PP, "está contemplado en la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) aprobada por un gobierno socialista".

La preocupación de la patronal

José María Alvira es una de las personas que se reunieron con Casado en Génova. El secretario general de Escuelas Católicas explica que la reunión es parte de una serie de encuentros que quieren tener con todos los partidos de cara a la próxima tramitación de una nueva ley educativa. También con el Gobierno. Todavía le da un mínimo voto de confianza a Celaá: "Me fío de que haya dicho que las familias no deben temer nada y podrán elegir, pero vamos a ver en qué se concreta", explica a eldiario.es.
Con "concretar", Alvira se refiere a qué pasa finalmente con la nueva ley de Educación, que será probablemente una de las primeras que intentará tramitar el próximo gobierno, si se acaba materializando. A Escuelas Católicas le preocupa que ya en el anterior proyecto –que se aprobó en el Consejo de Ministros el mismo día que se disolvían las Cortes– se eliminara el concepto "demanda social" de la programación de construcción de nuevas escuelas que realiza la administración.


Esto podría afectar al crecimiento del tejido de escuelas de corte religioso, que se ha multiplicado en los últimos años: solo las de Escuelas Católicas –sin contar con las de otros grupos religiosos como los kikos– son más del 60% de las escuelas concertadas, en las que se educan 1,2 millones de alumnos, y que recibe por su labor 4.866 millones de euros cada año, según sus propios datos.
Entre las reivindicaciones de Escuelas Católicas destacan, precisamente, que se respete la libertad de creación de centros –"Esto no se va a tocar", confía Alvira– o que la ampliación de la oferta de plazas en Infantil no se realice solo mediante la red pública, sino también con centros privados con ayudas. "En la anterior legislatura hubo predisposición al diálogo, aunque no nos entendiéramos del todo", explica Alvira, que prefiere no romper todos los puentes.

Las "oscuras opiniones" que denuncian los obispos

Escuelas Católicas agradece la defensa del PP, pero también pasa sus facturas a los populares: le ha pedido a Casado que traslade a hechos allí donde gobiernan las promesas electorales que realizaron en su momento. Por ejemplo, concertar el Bachillerato o las ayudas para la etapa de Infantil, sea en forma de subvenciones o mediante el concierto –en un principio solo se conciertan las etapas obligatorias, aunque hay comunidades autónomas que ya tienen el Bachillerato concertado, como Catalunya o Murcia–.
En una comparecencia ante los medios, la vicesecretaria de Política Social de los populares, Cuca Gamarra, no descartaba ninguna acción por parte del PP para garantizar esa "libertad educativa" que se traduce en mantener los conciertos con los colegios religiosos. Sin embargo, más que de acciones, la batalla de momento es más bien discursiva. 

Ricardo Blázquez, a la cabeza de los obispos españoles, ha hablado este lunes en el discurso inaugural de la Plenaria de "oscuras opiniones" que dejan "perplejidad", y reivindicaciones "que crean sobresaltos" por parte de "personas con responsabilidades políticas". El tema de seguro formará parte de las discusiones de la reunión más importante del clero, que acaba el día 22, y no se descarta que se pronuncien más abiertamente en contra del Gobierno. 
De momento, Blázquez ha dejado clara la posición del clero frente a la discusión sobre la libertad de elección de centro educativo: "A los padres corresponde el derecho de determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a sus hijos, de acuerdo con sus propias convicciones". Y agregó: "El poder civil debe respetar este derecho y los educadores deben cumplirlo con dedicación y calidad". 
"La libertad religiosa no equivale a la tolerancia o a la evitación de persecuciones o exclusiones". La fe no se puede imponer ni impedir", zanjó Blázquez este lunes. Una afirmación que recuerda a las pancartas que levantaban en Cibeles contra la LOE el mismo Blázquez, Rouco Varela y los máximos exponentes de aquel PP de 2005: Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana o Ángel Acebes.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Celaá desmiente a la escuela concertada en su propio Congreso: "La Constitución no ampara la libre elección de centro" (Daniel Sánchez Caballero en eldiario.es)

Artículo de Daniel Sánchez Caballero en eldiario.es
  • La ministra de Educación causa polémica en la inauguración del XV Congreso de Escuelas Católicas, principal patronal de la escuela concertada, al decir delante de 2.000 delegados que la libertad de elección de los padres no es un derecho constitucional
  • Los asistentes han reaccionado con preocupación y beligerancia a esta afirmación que desmiente el principal argumento de la concertada: "Esperamos que haya sido un lapsus"
  • "Ha causado preocupación por si puede haber un giro en la política educativa del PSOE, restringiendo derechos de los padres", valora el secretario general adjunto de Escuelas Católicas
La ministra de Educación en funciones, Isabel Celaá, acudió este jueves a inaugurar el 15º congreso de la organización Escuelas Católicas, principal patronal de la enseñanza concertada de corte religioso. Llevaba diez minutos la ministra leyendo sus papeles sin haber dicho nada especialmente remarcable, cuando soltó, ante la estupefacción general: "De ninguna manera se puede decir que el derecho de los padres a escoger la enseñanza religiosa o elegir centro educativo podrían ser parte de la libertad de enseñanza que recoge el artículo 27 de la Constitución".

La frase ha ido directa a la línea de flotación del argumentario de la escuela concertada, que defiende que la Carta Magna "recoge el derecho de los padres a elegir centro educativo para sus hijos". El murmullo que recorrió la sala obligó a Celaá a elevar la voz para continuar y matizar su expresión anterior.

"No quiere decir que no haya libertad –intentó tranquilizar a la audiencia, compuesta por directivos y profesores de la escuela concertada católica– sino que no está dentro del artículo 27", explicó ya sin leer sus apuntes y poniendo una cara de incredulidad que expresaba algo parecido a "esto es muy obvio". Y por si no quedaba claro, añadió: "Esos hechos (elegir centro) formarán parte del haz de derechos que puedan tener los padres-madres en las condiciones legales que se determinen, pero no son emanación estricta de la libertad reconocida en el artículo 27". Las caras de asombro y reprobación se multiplicaron en la sala.

"Ha sido una sorpresa"
A Escuelas Católicas no le ha hecho ninguna gracia el discurso de la ministra. "Ha sido una sorpresa, no esperábamos estas declaraciones en un acto como este, delante de 2.000 congresistas", admite Luis Centeno, secretario general adjunto de Escuelas Católicas. "La visión que tiene el PSOE sobre la libertad de enseñanza, limitada exclusivamente a la libertad de cátedra o de creación de centro, no es acorde al artículo 27 de la Constitución ni a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional", sostienen. Esta patronal, que pertenece a la Iglesia Católica en España, tiene casi 6.000 colegios y educa a 1,2 millones de alumnos por toda España.

El artículo 27 de la Constitución establece en su punto tres que "los poderes públicos garantizar el derecho que asiste a los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones".

La ministra, sin embargo, ha defendido que "del concepto de libertad de enseñanza deber ser expulsados algunos contenidos que determinados autores han pretendido incluir", en alusión a este supuesto derecho constitucional. Pero también ha defendido que "la regulación que hemos venido haciendo del principio de libertad de enseñanza durante estas décadas ha sido equilibrada y consensuada, y de ello da muestra la larga vigencia del régimen de conciertos, tras algunas vacilaciones que en su momento manifestaron algunas fuerzas políticas", en lo que parecía una alusión a Podemos, que en sus inicios hizo gala de un rechazo absoluto por la escuela concertada que se ha ido diluyendo por el camino. Su actual programa solo recoge en el punto 235 la supresión de los conciertos y subvenciones a las escuelas que segreguen por sexo.

Estas últimas son las menos y pertenecen a lo que se vienen denominando "la nueva concertada", apenas hay centros así en Escuelas Católicas. Sin embargo, la escuela concertada en general sí que segrega al alumnado, sea de manera consciente o no. Lo dice alguien tan poco sospechoso como el BBVA, que en el estudio Diferencias Educativas Regionales 2000-2016 explicaba con cifras que los centros públicos asumen "casi en exclusiva" la formación de los alumnos que provienen de entornos socioeconómicos menos favorables, mientras los privados acogen a prácticamente todos los estudiantes con recursos, con todas las distorsiones que eso implica.
Preocupación por un "giro en la política educativa"
Parte de la sorpresa de Escuelas Católicas viene precisamente por esta aparente contradicción entre las políticas históricas del PSOE y el discurso de la ministra de este jueves. "La libertad de elección viene en leyes socialistas como la LODE y la LOE. Ha causado sorpresa y preocupación por si puede haber un giro en la política educativa del PSOE en un momento tan delicado políticamente como el actual, restringiendo este derecho de los padres y dejando en manos de la administración lo que sería la determinación de plazas escolares o la financiación de centros públicos o no públicos", valora Centeno.

El secretario general de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, ha defendido en la misma línea que espera que las palabras de la ministra sobre "la exclusión del derecho de los padres haya sido un lapsus. De no ser así, supondría un giro en la política educativa de extraordinaria gravedad para el derecho de los padres y la libertad de enseñanza en una sociedad tan plural que precisa unas bases educativas comunes y un desarrollo conforme a las convicciones de las familias y su iniciativa social".

La principal patronal de la escuela concertada ya ve nubarrones en el horizonte en forma de la reforma de la LOMCE, cuyo proyecto —que el Gobierno llegó a aprobar en el Consejo de Ministros el mismo día que disolvía el Congreso— ya recoge suprimir la "demanda social" de la programación de construcción de centros públicos y privados concertados.

"Sumamos preocupación. El proyecto de LOMLOE (el destinado a sustituir la LOMCE) era bastante negativo para la libertad de enseñanza y estas declaraciones ahondan en la preocupación. Es pronto y no hay que generar alarma social, pero hay que mirar con lupa los acuerdos que se puedan estar gestando por parte del PSOE para forma parte del Gobierno con Podemos y otros grupos, como ERC, que han considerado siempre la concertada como una anomalía histórica que tiene que desaparecer", reflexiona el secretario general adjunto de Escuelas Católicas.

A este respecto, la ministra ha explicado que espera "retomar en breve" los debates sobre la reforma educativa, que además de eliminar este concepto de la "demanda social" le resta a la asignatura de Religión el peso que le había otorgado la LOMCE, entre otras medidas.