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martes, 20 de octubre de 2020

La mayoría de la sociedad cree que las clases deben ser presenciales o mixtas (ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

Publicamos esta información de ELDIARIODELAEDUCACION.COM 


El CIS publica los resultados de su barómetro de octubre. En ellos, casi el 40% de la población asegura que la enseñanza debería ser presencial y, como segunda opción, una mezcla entre esta y online. Solo el 1,1% responde que debería ser «presencial con más profesores, grupos reducidos y turno».


Los datos del CIS lo dejan claro, la sociedad española cree que las enseñanzas deberían ser «presenciales en todo», con un porcentaje del 38,4%. De no ser así, deberían ser una mezcla entre la presencialidad y las clases online, con el 37,8% a favor de esta opción.

Muy por detrás consideran que la mejor manera de organizar la enseñanza este curso debería ser completamente online. Un 7,8% de los encuestados por el Centro de Investigaciones Sociológicas considera esta posibilidad como la más apropiada.

Entre las respuestas menos elegidas por quienes han respondido a la encuesta se encuentra la de que las clases sean presenciales pero contando con más profesorado, grupos reducidos y por turnos, con el 1,1% del total. Incluso por debajo de quienes piensan que no debería haber clase hasta que no termine la situación de pandemia (3%) o de quienes creen que la respuesta depende de las edades y cursos del alumnado (1,6%).

Son las mujeres las que creen en mayor medida que las clases deben ser presenciales en todo (41,3%) frente a los hombres (35,2%). En el caso de la mezcla entre presencial y online, el porcentaje es justo el contrario

domingo, 2 de junio de 2019

Cromos (Manuel Menor)


Intercambio de cromos en el patio del país  

Victorias ambiguas, sino tristes, es lo que parecen haber deparado las cuatro elecciones últimas. Los pactos que sigan fijarán las políticas educativas.

Algunas candidaturas no han demostrado sino ser irrelevantes, pese al ruido que han generado; casi ninguna ha llegado a donde pretendía aunque haya logrado éxitos parciales. Ahora viene el medir el alcance real de los resultados y tratar de paliar daños en el barco. Al tiempo, en aspectos cruciales para los ciudadanos lo fundamental sigue donde estaba antes.

Paisaje incierto
Mientras el CIS se interesa por los pactos “preferidos” por los ciudadanos, salir del atasco sigue exigiendo cambios relevantes a los políticos elegidos, si quieren ser útiles a la sociedad y no vivir enclaustrados en sus intereses de nomenklatura, ajenos al bien común. Lo primero sería plegar velas al lenguaje desorbitado, excluyente y descarado que algunos han exhibido sin pudor. De seguir así, todos tendrán “su” razón para decir a los demás lo que se les ocurra. Esa verborrea intolerante y descarnada induce al odio y deja un reguero de yesca lista para cualquier incendio. Es hora de pedir, al menos, respeto a las palabras y a la sintaxis para, a continuación, ver si se reduce el ruido. Se requiere el silencio como parte del juego armónico deseable para que suene esta orquesta.

En segundo lugar, habrían de invocar la paciencia. No es virtud con crédito entre personas inclinadas a forzar tiempos y formas de competitividad transgrediendo  maneras que dicen caducas, como si muchas de las más bellas hechuras de la Tierra -cantos rodados de ríos y playas, morfologías erosionadaas de rocas y penedos, o intrincadas meteorizaciones de los relieves kársticos- no derivaran de la actividad geológica de tiempo largo. La mayoría de las fuerzas políticas actuales son fruto de un tiempo corto, excesivamente breve para las prisas por ejercer poder. El espectáculo tecnocrático del retwiteo e Instagram, en que se apoyan, rechaza la lentitud que exige gran parte de cuanto merece la pena.

Y en tercer lugar, advertidos debieran estar de que solo si abandonan la abstracción retórica y se ocupan de la sociología de lo concreto -la educación, la sanidad, los servicios sociales a que por ley constitucional están obligadas las políticas democráticas-, merecerán la continuidad de la confianza de los votantes. Sobran políticos contagiados por la misión de definir, una vez más, la esencia de España, el patriotismo nacionalista e, incluso, la reconfiguración del territorio. Sin contemplar que, con esos mimbres, de gran interés para absolutismos varios, este es el gran riesgo actual. A algunos no les importa correrlo, aunque puedan derivar en lo que que Goya reflejó en sus Disparates y Desastres. Creyentes en lo que mueve en este momento a casi la mitad de Europa, no debieran ignorar que las recientes elecciones en Italia, Gran Bretaña, Polonia o Hungría, seguramente habrían sido el canto de sirena del que Homero habría advertido hoy a oyentes y lectores.

El paisaje de lo singular
Y para no caer en el bizantinismo, habrían de cuidarse de la vigencia de principios implícitos tan “naturales” que, por tales, deban ser dados por buenos e inamovibles. Esa supuesta bondad de la Naturaleza, que la Economía clásica imponía en la relación política de los humanos, pretende seguir siendo el regulador único de la oferta y la demanda. La consiguiente selección de unos pocos –producida por el darwinismo social- se seguirá justificando por sí misma, sin avergonzarse de que todos los demás sean asalariados precarios o esclavos. Es más, percibida una conexión inescrutable entre la Naturaleza y Dios, miel sobre hojuelas para que algunos monoteístas sigan felices haciendo descansar la fatalidad de vida de las mayorías en la sacrosanta voluntad divina, solo benevolente a través de voluntades caritativas o filantrópicas.

Este ciclo electoral  no ha indicado que esta mentalidad, esencialmente urbanita, no haya determinado –entre otros desarrollos- el alegre vaciado a que ha sido sometido el territorio rural, o que las políticas sociales –esenciales en los pactos que se acuerden- vayan a tener amplia acogida en un Estado reducido a mínimos en estos años.  Consejo no pedido, consejo no oído, pero tendría gracia que, después de más dos siglos de peleas por una justicia distributiva acorde con los derechos solemnemente proclamados desde 1789, volviéramos como ciegos a renovar los motivos de la pugna por conseguirlos. Líderes hay cuyas ambiguas victorias en esta serie de elecciones se harán valiosas en el trance de posibles pactos con agendas empeñadas en que regresemos a ese pasado de malestar social y  en tirar por la borda lo logrado. En el  paisaje moderno a que aspiran, cada cual se apañará con su “libertad”, “singular” por empleo precario, salario escaso, sanidad recortada y circuitos educativos diferenciados.

El tablero de ajedrez
Con los acuerdos y reparto de cromos que ya están en marcha, pronto se verá cómo hilan fino en lo que asignen a la educación pública. Apenas presente en los debates electorales -porque siempre tenían algo más importante de qué hablar-, llega la hora de las definiciones. Empeñarse en ganar o en tener razón son ambiciones plausibles, pero siempre derivan en opciones que es imposible simultanear en política: empeñarse en tener “siempre” razón es puro sofisma y nada vale el tancredismo. Pronto serán urgidos, una vez más, por criterios interesados en que la buena educación está siempre fuera de la escuela pública y en que el Estado ponga sus manos lo más lejos posible porque, entre otras cosas, “adoctrinaría” en algo que quieren exclusivo de las familias.

Sucumbir a esta tentación –sin mentar nunca el negocio de los colegios y su entorno añadido-  facilitará los posibles pactos que están en juego, y es muy probable que, más de un político, en su opción por “ganar y tener razón”, pronto repita que lo necesario se ha de llevar por delante lo principal. Pudiera resultar, pues, que el medio se imponga sobre el buen fin y que –por mucho que pueda decir a posteriori- no arriesgue su puesto para que la escuela pública tenga garantizada posición principal en la estructura del sistema educativo. Haber recitado en vísperas electorales salmodias distintas, no le impedirá loas a los particulares criterios de la concertada y, si sufre la igualdad, será que el guión de este juego de ajedrez da valor naturalmente asimétrico a  sus piezas. Comunidades habrá en que todo será  como en los últimos 13 años o peor. ¡Atentos!

Manuel Menor Currás
Madrid, 30.05.2019.

martes, 11 de abril de 2017

"Nos educan en el individualismo protector de nuestros intereses exclusivos" (Manuel Menor)

Reproducimos este artículo de Manuel Menor


Privatizar las prestaciones sociales contribuye al subjetivismo frente a la universalidad de los Derechos Humanos. Acrecienta la  indiferencia austericida hacia la suerte de los demás.

Ahora, ha sido Estocolmo Y mientras se estrecha el número de ciudades europeas en que la plaga del terrorismo encuentra ocasión de mostrarse, crece el miedo, la incertidumbre y, como en las epidemias del pasado, cunde el tosco individualismo del superviviente. El mismo que en 1722 pone Defoe en boca del protagonista de su Diario del año de la peste “Terrible peste Londres asoló/En mil seiscientos sesenta y cinco;/Cien mil almas se llevó,/¡Pero yo sobrevivo!”.

Presupuestos
 En Siria, Trump acaba de mostrar su bronco imperialismo ante un horror que no cesa  desde hace seis años. Ese área estratégica, donde todos tenemos metidas las manos, viene siendo un avispero desde Lawrence de Arabia en plena Gran Guerra. Aquí, nuestros operadores turísticos están contentos: todo aquel desastre, que la mal llamada “primavera árabe” no mejoró, ha revalorizado nuestra candidatura para que nos visiten: este año seguiremos batiendo marcas de visitantes, pues crecerá el número de los porteadores de traqueteantes maletas roller por nuestras aceras, y también la gentrificación del centro de nuestras principales ciudades.  Para que nada falte -y como el empleo es el empleo-  nuestras armas encontrarán en esos lugares bélicos de Yemen, Irak y proximidades un plácido mercado.

Todo sea por el crecimiento económico, manido eslogan que ahora sirve para vender bien el Proyecto de PGE (Presupuestos Generales del Estado) de 2017. Ya han pasado cuatro meses, sin que fueran aprobados en la Carrera de San Jerónimo, pero son el mejor retrato del Gobierno. Por eso es importante vender bien esta “autofoto” o selfie, de modo que parezca que hay más para todos cuando es patente una reducción  de inversiones, principalmente en lo que a prestaciones sociales se refiere. No sea que a alguien se le ocurra advertir, por ejemplo, un desbordado gozo de jubilados y dependientes: la ansiedad por entrar en ese territorio de inactivos puede desconcertar a votantes e inversores. Y si cundiera la idea de comparar las “subidas” de los distintos departamentos y capítulos de gasto, los  padres en búsqueda de colegio para sus vástagos debieran matricularlos en el lugar adecuado: entre los trabajos implícitos en Educación y Defensa no debiera caber duda. También tratan de disimular cómo trata la Administración a sus funcionarios públicos, esa especie que podría estar en fase de extinción. Si al maltrato salarial crónico se le agrega la inflación, sus “subidas” equivaldrán a lo que sucede ya en la España desertificada, en que por cada nacimiento hay tres defunciones. Pero, ahí está la satisfacción de haber firmado el acuerdo de que, en tres años, entren en las distintas administraciones públicas cerca de 300.000 empleados. El descompensado ritmo de salarios desde 2012 ya es un éxito de los gestores de esta larga crisis, que contratarán a la baja a quienes,  hasta ahora, les eran un estorbo en sus estadísticas.  En Educación, y concretamente en el ámbito universitario, pronto será paradigmática la eficiencia del programa decretado por Wert, experto en deteriorar el sistema público. Pero no por todo ello deja de ser este Proyecto de PGE demostración fehaciente de qué crece en esta España que crece, y a un ritmo modélico para quienes no sufren el ajuste que no cesa. Tal vez sólo lo crean Montoro y el Banco de España, pero cuentan con apoyos para que muchos lo vean laudable: alegan que no es creíble el capítulo de gastos y, en cuanto a prestaciones sociales, dicen que es “excesivamente alegre”

Sobre la peste
Colgados como estamos del Estado mínimo, deslegitimados ante la centralidad del mercado, lo que no es mercancía no existe y todos somos clientes. En atención a esta esencialidad que nos han ido imprimiendo, la crisis -según proclaman nuestros timoneles-  ya deja atrás las tormentas de años pasados y, desaparecidos los nubarrones, aventura un nuevo horizonte feliz. Daniel Defoe, de todos modos, está clamando por que alguien le imite reescribiendo, con cuanto está sucediendo, un dietario detallado de desgracias, precauciones y estratagemas, en que la supervivencia o la muerte –globalizadas- están en  danza. Y probablemente ande buscando alguien que, atento a las punitivas censuras de este presente, haya adquirido la competencia comprensiva de cuando había de leerse oblicuamente lo literalmente escrito.

En estos PGE –como en los delirios de Trump- el proteccionismo/neoliberalismo tiene destinatarios concretos: los abandonados en ese camino donde  subsistir les hacía antiestéticos, no consta que estén o se les espere. Como los “refugiados” de las pseudocruzadas medievales del Medio Oriente, muestran en tierra de nadie la desolación absoluta, mientras el telediario nos reconforta. Y si se lleva cuenta de lo que va sucediendo a diario, se puede llegar pronto al sinsentido repetitivo, absurdo e impredecible. Tal vez por ello desde la prensa, redes y medios diversos, procuren de continuo entretenernos con lo meramente casuístico y excepcional, para que destaque nuestra “normalidad”. Al nulo interés de lo colectivo, superponen constante el aparente valor de la subjetividad individual como árbitro del bien y del mal y, por supuesto, de que en la gran confusión solo importa sobrevivir como sea. Estamos volviendo al Homo homini lupus de Hobbes (1651), saltándonos, por estresante para nuestra emotividad, cuanto tenga que ver con una obligatoria legalidad a que los vulnerables estén protegidos de los poderosos. Y para ello se defiende al máximo el Estado mínimo, gobernado por  representantes adictos a esta perspectiva política austericida. Donde solo existe lo “natural”, no se puede elegir lo posible por deseable que sea; cada vez molesta más la universalidad de los Derechos Humanos. Crece el proteccionismo frente a una supuesta “envidia igualitaria” -que decía uno de nuestros próceres- y aumentan las sensibilidades en trance de indiferencia irresponsable ante la suerte de sus vecinos.

En esta sintonía nos están educando. De hecho, no nos molesta mucho, aunque lo detecte el CIS, ver cómo crece el número de los pillados en dudosas prácticas corruptas. Incluso nos parece un arte el modo en que, aunque todo se confabule, se pueda ir dimitiendo poco a poco y sin que, por otra parte, deban dejarse todos los puestos provisionados con recursos públicos. Artístico es, no menos, el modo en que, desde el Gobierno del Estado, se puede retirar de en medio –sin mancharse-  a quien pueda salpicar o poner en riesgo el traje de gobernar. Si, además, quienes han trabajado a las órdenes de un dirigente han sido pillados in fraganti, borda la excelencia que no parezca este responsable de nada, ni siquiera de vigilarles. Este arte, de todos modos, en los últimos tiempos se ha refinado en eficiencia. Ahí están, ejemplarizantes para todo emprendedor que se precie, cuantos en el territorio de la Educación, Sanidad  o Dependencia, han podido privatizar sin complicaciones jurídicas: el “servicio” es el servicio, y si lo pagan las arcas públicas, genial: puede quedar aparentemente más fino y ocasión para forrarse, sin que lo que debe ser  derecho a una prestación alcance a cumplirse debidamente.

Repásese qué pasó en Sanidad desde la Ley 15/1997, con sus “nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud” y se  tendrá el manual perfecto del buen privatizador que, además, cuenta con el beneplácito de varios partidos políticos y, por supuesto de la CEOE. Su ejemplificación más perfecta puede verse en el “Modelo Alzira”. Fuente de no menor credibilidad y garantía son las actuaciones de los implicados en Madrid o Valencia en los tejemanejes de la Gürtel y conspicuos personajes con cargo público. Las reconversiones de suelo, las disposiciones de bilingüismo barato, la imposición de directores de centros, las asignaciones de servicios estratégicos, las privatizaciones explícitas y sus destinatarios y, adicionalmente, las mordidas para que todo llegara a mejor puerto en tiempo rápido –y con buen crédito en las redes y medios sociales-, tampoco tienen desperdicio para quienes tengan “vocación” decidida por el emprendimiento, sin mala conciencia por el perjuicio que su trama pueda  producir.

¿Un espacio público?
Y como la moral –la colectiva se entiende, no la de los volubles “valores”- anda a la deriva de la autoprotegida subjetividad, siempre se puede contar con que algún jerarca católico eche una mano a todo “buen emprendedor” para que pase como “trabajo social” –al servicio de una selectiva “libertad de elección”- lo que no pasa de estupendo negocio protegido por los presupuestos del Estado. Por algo aparecen los emprendedores en la LOMCE y son, específicamente, uno de sus elementos curriculares; y se ha potenciado la Religión mientras desaparecía la Educación para la Ciudadanía que, siendo breve, podía recordar otros horizontes. Pronto veremos cómo Pearson y Elsevier  incrementan la alianza con la tradicional privacidad de muchos colegios para fragmentar más cuanto no esté al servicio de los mercados, cuando –también en Educación- urge reducir la desigualdad social.

Todo lo cual, sin embargo, poco ayuda a revertir, por ejemplo, la deteriorada situación diferencial de que han sido víctimas principales los jóvenes -los menores de 40 años-, junto a otros colectivos no pertenecientes a la parte selecta del sistema social. Desde luego, en estos PGE no se arreglará y, en el panorama de incertidumbres que abre el ultraconservador mundo de este momento, tampoco es predecible. Una situación similar, con motivo de aquella peste londinense, llevó a Defoe –el autor de Robinson Crusoe-  a que el protagonista de su Diario dijese: “Entonces comencé a pensar seriamente en mí mismo, sobre mi propio caso y sobre lo que debería hacer conmigo mismo; es decir, si debería decidir quedarme en Londres o bien cerrar mi casa y huir como muchos de mis vecinos…”



Manuel Menor Currás
Madrid, 08.04.2017



lunes, 27 de abril de 2015

"Pedagogías del Siglo XXI trata las mejores innovaciones de nuestros enseñantes" (Manuel Menor"

El compañero Manuel Menor nos envía este análisis del libro "Pedagogías del Siglo XXI"


Este libro de Jaume Carbonell, recién publicado por Editorial Octaedro, resulta de gran interés para distinguir lo obsoleto de cuanto merece la pena en la educación de nuestros hijos.

Es un libro  importante porque supone un esfuerzo por revisar y sintetizar las variadas tendencias que están teniendo, en este momento, un desarrollo innovador entre los profesionales de la enseñanza. De los muchos y variados caminos que están siguiendo los docentes más atentos a lo que propugnaron Dewey o Montessori, Giner de los Ríos o Freinet, Neil o Piaget, Freire o Stenhouse –entre otros-, Carbonell integra en torno a siete tendencias las iniciativas que, a su modo de ver, tienen principal predicamento. No es mérito menor la metodología de presentación de lo investigado por el autor. El lector se verá conducido desde la anécdota pertinente al meollo teórico-doctrinal central de cada una de las corrientes, para pasar luego a la consideración de un panorama de gran interés para conocer dónde y quiénes se están moviendo en esa línea y, al final,  encontrarse con dos conclusiones de enorme utilidad: las perspectivas de debate crítico que quepa advertir y, para terminar, una muy acertada selección bibliográfica para adentrarse personalmente en los entresijos de cada propuesta concreta.

De añadido,  este libro sirve de baremo para medir, evaluar y disponer de un mapa más claro de cómo se encuentra en la actualidad nuestro sistema educativo. Si un médico nos quisiera tratar con las maneras, criterios y medios de hace cien años, seguramente pondríamos el grito en el cielo. Si un ministro legisla medidas de hace más tiempo todavía o propone a estudio obligatorio asuntos trasnochados, no pasa nada: es su “libertad” ideológica la que prima, sin que merme demasiado su particular afán por “la mejora” del sistema. Y si un enseñante no ha tenido en cuenta con nuestros hijos lo que la investigación y las mejores prácticas han venido descubriendo, la mayoría de los españoles es posible que siga tan contenta e, incluso, que aplauda. Baste recordar al respecto que en el último baremo del CIS, en medio de los múltiples problemas actuales sólo a un 9% les  preocupaba la educación. Y tampoco es el mejor indicador en sentido contrario el adocenado y mostrenco debate que, en estos últimos años, ha presidido la política educativa, especialmente en torno a “la calidad”. O las intermitentes réplicas y contrarréplicas que ha generado el Informe PISA o, los más técnicos de la OCDE, casi nunca relacionados con la buena educación que necesitamos y siempre obsesionados por las perspectivas de los años escolares en el campo de la economía y sus libertades de mercado. Pedagogías del Siglo XXI hablan de lo más puntero en actividad docente y, comparativamente, cómo cuanto se está haciendo y legislando -la LOMCE puede meterse en el paquete- está más o menos lejos y más anticuado. El lector podrá por sí mismo juzgar qué prácticas y hábitos son válidos y cuáles no pasan de camelo y carecen ya de sentido.

A la luz de esta lectura cobran mayor fuerza, en paralelo, cuáles sean algunos de los grandes interrogantes sobre carencias principales del sistema educativo español que, a lo que se ve, tendrán todavía vigencia por algún tiempo. De gran importancia, por ejemplo, es –porque está en la raíz de muchos otros-  saber cuándo será obligado a quienes vayan a dedicarse a la docencia conocer, discernir y experimentar algunas de las mejores tendencias o prácticas pedagógicas de que habla Carbonell como algo normal y no como algo especialmente esforzado o “innovador”. Hasta ahora –y sin que los últimos másteres de formación del profesorado puedan ser considerados como paradigma generalizable de la mejor pedagogía-, siempre esto de la innovación y la cualificación profesional de los docentes o ha sido voluntarista o, lo que es peor, ha sido visto como algo peligroso y rechazable, contrario al directivismo todavía dominante del aprendizaje enciclopédico. Y en la práctica, esto se ha traducido hasta ahora en que, en demasiados claustros, hablar de pedagogía –el cómo, tan ligado al qué y para qué- o interesarse por introducir cambios frente a las rutinas burocráticas que en realidad aburren a la inmensa mayoría y coartan el sentido de la presencia del profesor, goce de poco o nulo crédito. Un obsoleto criterio que muchos políticos creen todavía de interés electoral para sus posibles votantes, como si el mero repetir los variados catecismos estandarizados del pasado fuera de vital importancia para los jóvenes  de este presente.

 Característica de estas Pedagogías del Siglo XXI, de que nos habla Carbonell, es que los estudiantes  y sus circunstancias particulares son el centro de atención, con preferencia sobre el currículum y el propio docente. De caminar decididamente hacia este paradigma relacional de la enseñanza y el aprendizaje, es muy probable que las evaluaciones que ahora propugnan PISA, Wert y su LOMCE, decayeran y pudiéramos evaluar -y corregir con más coherencia distributiva-  fallos importantes de nuestro sistema educativo. A pesar de que Gomendio se va para la OCDE –una oportuna puerta giratoria de futuro-, tal vez podríamos así saber, entre otros ejemplos, en qué medida es o no excluyente desde el principio de la escolarización; cómo y en qué medida da relevancia a las capacidades de los niños y adolescentes o, más bien, se esfuerza en ser homogeneizador y, por tanto, injusto con quienes se adaptan mal a modelos estandarizados; cómo las competencias naturales son coartadas en etapas  y niveles cada vez más selectivamente tempranos…. Cómo, en fin, los certificados de los diversos niveles educativos tienden a privilegiar una cobertura para la distinción social, independientemente de que tengan o no que ver con el conocimiento, el saber estar en el mundo y el ejercicio de la empatía con los demás.


Los mundos de la educación se están transformando a toda velocidad, independientemente de lo que las agendas de los distintos agentes sociales y políticos tengan previsto en sus agendas. En este momento, sería absurdo entender estos asuntos de la innovación y las nuevas pedagogías como un maniqueísmo más –parejo a los existentes o en perfecta hipóstasis con ellos-, en vez de aprovechar la ocasión actual para repensar a fondo el presente y futuro de nuestra inversión en capital humano de futuro. El libro de Jaume Carbonell viene, oportuno, a poner a prueba nuestra capacidad y consciencia del tiempo que nos toca vivir.

domingo, 31 de agosto de 2014

Un máster de provecho (Manuel Menor)

Manuel Menor nos envía su último artículo:

Breve máster de “recuperación firme e intensa”: oportunidad de inicios de curso

El final del verano vuelve a ser para recuperar. Reviven ya los cursos PPO de los setenta, para no perder las mil oportunidades de emprendimiento en este momento crucial.

No tienes por qué saber qué era el PPO, pero lo saben los mayores; de cuando aquella acelerada reconversión de la mano de obra disponible; indispensables entonces para una industrialización y urbanización masiva de quienes no habían tenido oportunidad de irse a la emigración o no habían pasado prácticamente por la escuela. Hoy, hemos evolucionado mucho: nos sobran parados de nuevo, pero nos interesan más que nunca la empresa pública, la escuela pública y la sanidad pública. De su marcha dependen los indicadores económicos que más nos placen, ahora que el emprender por confirmare que sesos queccionesres aspiraciones. Ver de siempre para que tus descendientes epiecen a posicionarse le da vidilla a casi todo como objetivo vital, sistema y valor en alza; y cuando existen en esas lindes cada vez más practicantes de esta fe entusiasta y rompedora, denostada por los eternos pesimistas. Déjate guiar por la prensa: dicen que tiene limitaciones, pero no cesa de mostrarnos cumplidos ejemplares, modelos  de tan elevado evangelio redentor que, no sólo pasan olímpicamente del vanitas vanitatis de que tan preocupado se sentía el Eclesiastés hacia el 300 a. C., sino que se desviven para que este afán penetre profundamente en cada elector.

Esperamos que el verano haya revitalizado nuestros cursos PP-O, rediseñados para estar donde corresponde. Es cuando suelen fraguarse algunos de los más prestigiados planes en el logrero escalamiento de los valores más cotizados. La Bolsa no descansa: no habrás pensado sólo en el bronceador; hay cosas más importantes, como esas reuniones familiares donde suele hablarse de todo un poco y que son muy aprovechables. Como al desgaire, los más inteligentes habrán aprovechado para planificar adecuadamente el futuro de sus vástagos. Ya debieras saber quemás del 50% de los primeros empleos que obtienen nuestros universitarios, tiene mucho más que ver con lo que dan de sí las relaciones familiares que con lo que realmente hayan estudiado. No creas que es así desde que Wert toma medidas para que este asunto sea más redundante: este hombre sólo está encargado de reforzar lo de siempre. Y tú debieras ser consecuente con esa arraigada tradición de aprovechar las fortuitos encuentros con los amigos –fíjate bien con quién andas, por favor- para que tus descendientes empiecen a posicionarse, y que más tarde puedan salir cooptados decentemente. Te juro que éste es el modo más perfecto de ver cumplidas tus mejores aspiraciones: si sigues esta regla rudimentaria, satisfarás esa necesidadque tienes de demostrarte privilegiado, en plan lowcost y sin el indispensable pedigrí de otros. Entendemos que crear e imaginar una empresa productiva y las maneras de que  lo producido traiga algún bienestar al entorno, es muy arduo. Mucho más accesible es estar preparado para conquistar algo que ya esté en marcha. No exige demasiado esfuerzo personal, imaginación o recursos materiales, pero hay que estar listo en el momento propicio. Ese es nuestro trabajo: ya nos ocuparemos de inculcar a estos cachorros las ventajas de una empresa de lo que sea. Le indicaremos que aprovechen el puesto que les demos para que creen alguna, independientemente de su utilidad; y si ya existe y cumple una bien demostrada necesidad e incluso es muy eficiente, mejor que mejor: le pondremos en el brete de que se quede con el santo y la peana por cualquier medio: alegal, legal o mediopensionista. Nuestros más destacados emprendedores actuales son de este cariz y no son pocos. Es el mejor chollo, como habrás visto que repiten una y otra vez los mejores periodistas y reporteros: estos que filtran muy bien lo que les decimos, porque saben que siempre decimos la verdad.

La información que circula por las redes sociales no siempre está acorde y siempre hay incontrolados. Lo sabemos muy bien y estamos en ello. Pero también entenderás que si hubiera unanimidad absoluta, todo sería demasiado increíble, y necesitamos la confianza de los demás. No obstante, para disgusto de incorregibles resentidos,  España va y hasta se recupera de las malas herencias, como nuestros más lúcidos portavoces no dejan de proclamar porque nuestros datos lo dicen. Tenemos una gran “salud institucional y lo bueno que es que haya certidumbres y seguridad”. Dicen otros que hay cohecho, malversación y, sobre todo, prevaricación, sin ver la ignorancia que nos corroe: cada vez más excelentes personas se reconocen en esta educación heredada. Pero ya el Informe PISA y la LOMCE están tratando de enmendar este desvarío. Son cosas que pasan, como digo, por la mala herencia que, en lo tocante a lo educativo, todos tenemos. Por tanto, eso no cuenta. Vamos hacia mejor: digan lo que digan,  estamos en las posiciones más altas de la encuesta del CIS de este pasado mes de julio, y es que, como nos habrás oído últimamente,no se trata de la tercera recesión, sino de que “la recuperación es firme y cada vez más intensa”.

Volviendo a lo que te decía, en estos nuevos cursos PPO pensamos en entornos profesionales muy atractivos por las oportunidades que, en este momento, se generan sin demasiado riesgo. Garantizamos competencias de alta cualificación y muy eficientes, incluso para situaciones complejas en que el código penal pudiera ponerse en duda. Somos expertos en dejar la deontología profesional a buen recaudo, aunque –como siempre-haya quien dude de lo no exigido para desempeñar trabajos en que lo más valorado es la confianza a toda prueba.  Cuando tan difícil es tener empleo, porque es un bien escaso –como tan bien refleja esta última encuesta del CIS-, lo cierto es que tanto en lo privado como en lo estrictamente público caben muchas posibilidades de actuación productivas a condición de que se preserve esa confianza.No sé si me sigues… Por ejemplo, en nombre de lo público en cualquiera de sus formas e instituciones –del ejercicio político más alto o del meramente funcionarial rudimentario-los más decididos tienen maneras de jugar al escondite con “la transparencia”. Eso de que todo, todo, esté a la vista, nadie lo cree: por pudor y por tradición judeo-cristiana, ¿no?

Lo de las “puertas giratorias” entre público y privado –con un antes y un después, ordenadamente secuenciado-, a partir de los valores reconocibles en muchas agendas de “servicio” en la cosa pública, ya está muy sobado. Tenemos, en cambio, vecindades más sutiles -que los radicales protestones no entienden-, pero con muchas oportunidades para succionar al máximo el dinero de los presupuestos. Poner en connivencia lo privado y lo público es relativamente fácil, a condición de estar bien asesorado y en eso somos muy buenos. Claro que es difícil hacerlo…, y que a veces se nos va la mano. Pero para esotenemos una amplia gama de recursos que muestren que no estábamos allí. Ahí, nuestros cursos son muy intensos porque, por mucho que prediques métodos adecuados para salvar la cara, siempre hay algún despistado que, en el momento delicado, se acongoja y da marcha atrás. Por eso, a los inteligentes les insistimos mucho en este punto: no sea que nos dejen tirados a la primera…

Todavía hay algo mejor que “las puertas giratorias” y que no está tan fiscalizado por los husmeadores. Nuestros más precavidos alumnos, cuando han llegado a lo más alto y adivinan que no hay más recorrido por razones aleatorias, deciden contravenir las leyes de la física y dedicarse al esoterismo. En una de las especialidades más demandada por los más selectos, les enseñamos a percibir las señales de agotamiento y caída de los cargos que puedan desempeñar; la ley de la gravedad, vamos, pero sin que olviden que, si con lo que suele ganarse trabajando no queda más remedio que ser virtuoso y aspiran a mayores rentas que las de la virtud, han de aprovechar el ejemplo del buen administrador del Evangelio: brujulear oportunamente para buscar donde situarse a buen resguardo durante un tiempo. Lo etéreo de este limbo exige una finura y elegancia espiritual que conviene desarrollar a tiempo. Hay quien nace con ello, pero muy pocos tienen oportunidad de alcanzar las mejores proyecciones de tan golosas iniciativas. Generadas para paliar el decimonónico pánico de las cesantías, suelen consistir en relajados puestos en niveles apartados del bullicio mediático, con mucha moqueta, presupuestos abultados e indeterminadas exigencias de eficiencia. Igual que algunas muy privadas iniciativas bien posicionadas, con posibilidades inmensas de nutrirse indefinidamente de lo público. Después de un tiempo vegetativo en tales criaderos, los elegidos más conspicuos pueden salir otra vez a exhibir sus cualidades imprescindibles para algún proyecto posterior –que no póstumo necesariamente- a tan sabia como nutritiva hibernación cíclica.

Casi todas las ciudades o ayuntamientos que se precien, diputaciones y autonomías –también el Estado central-, tienen a mano alguno de estos invernaderos para la flor y nata de eximios emprendedores, cuyo único mérito –recuérdalo bien- es haberse sabido incrustar de algún modo en un sistema amical que sólo en algunas minucias significativas, que no vienen al caso, contraviene el modelo estudiado fehacientemente por el Profesor José Varela Ortega a propósito de la Restauración borbónica del último tercio del XIX. En esta España en que nos ha tocado vivir –y sin que seamos una reserva endogámica de curiosidades evolutivas-, estos aparatos institucionales son la manera más frecuente para reproducirse en la élite para quien se haya dejado educar en la acertada obediencia a lo que se mande. No me digas que no te interesan estos cromos y que no quieres que tus preciados vástagos alcancen a beneficiarse de ellos.

Aquí te van algunos consejos más y que esto no se alargue más. Reconozcamos que es una ordinariez hablar de estos entresijos, pero como te digo una cosa te digo la otra. Y ante todo, si ves la ocasión de situar a tu hijo/a como promesa emprendedora, apta para estos circuitos, no lo dudes. Convéncele pronto, eso sí, de que no se le ocurra acercarse a cuanto suene a Ciencias Humanas y Sociales ya en este curso que empieza. Para nosotros es de mal fario: estos chicos son muy difíciles de enderezar y suelen entorpecer su proyecto deempleabilidad. Por eso, tendrás mucho futuro adelantado si has previsto desde su más tierna infancia que algo de esto podría suceder. Ya sabes lo mucho que hemos trabajando esta trinchera y habrás oído a nuestros contendientes y opositores que somos muy buenos en ello. Hace años que tratamos de cambiar de raíz este lío pedagógico de la igualdad,libertad y diversidad educativas. Con la LOMCE ya tenemos, incluso, expertos afinando, más profesionalmente, las maneras de erradicar las malas herencias. Un poco más al timón de lo que hay que hacer –“como Dios manda”-, y pronto tendremos un sistema educativo “excelente”, muy bonito, y perfectamente limpio –más barato, además, oye- para que tus mejores expectativas, también para tus nietos, se vean cumplidas. Sobran profesores y maestros en todos los tramos educativos y, en el afán de dejarlo todo brillante como debe ser, ya estamos quitando alumnos de en medio: ni la educación infantil, ni la ESO y esa educación profesional temprana de otros chavales -tan poco homologables a los de tu familia y los tuyos-, ni menos la universidad, serán obstáculo para que tu gente llegue, sin líos impredecibles, a posicionarse donde debe. Queremos tu satisfacción: pagas lo tuyo –que te rebajaremos- y los buenos chicos del MEC y las Autonomías cumplen ampliamente lo suyo. No me digas que no es para estar agradecido en una época de crisis como ésta. ¿No has visto que en Sanidad estamos dejando perfectamente niquelado lo que había? ¿Y en Justicia, y en tantas otras cosas…?

Si has decidido compartir nuestro afán, puedes sacar alguna ventaja añadida: experto en politología. No descansarás mucho, pero podrás analizar y catalogar los movimientos de algunos de nuestros mejores alumnos. Este final del verano es especialmente apto para aprender de sus jugadas posibles en un panorama incierto, pleno de intrigantes dimes y diretes ante las cifras del CIS y otros augures demoscópicos. Y es que en septiembre no sólo empezará otro curso académico más: también habrá elecciones en su momento más arduo, ¿no? Todos, no sólo ellos, estaremos ante una situación dubitativa existencial para la que  las precauciones del Eclesiastés –Cohélet para los judíos- sonarán a poco: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado… Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar…” (3,1-8).  Pues eso, sé previsor: no te indignes a destiempo.

                                                                                   Manuel Menor Currás
                                                                      
Madrid, 28/08/ 2014

miércoles, 6 de agosto de 2014

Wert, con un 1,37, continúa siendo el ministro peor valorado en el CIS de julio de 2014

Fuente: datos.cis.es


TE INTERESA.ES: Wert es el peor ministro de la democracia con un 1,37... y sigue bajando en su puntuación

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha sido el político con peor valoración de la democracia, según el CIS, con una nota de 1,37. En el anterior CIS, abril, su puntuación fue de 1,40. Por el contrario, el ministro mejor valorado es Soraya Sáenz de Santamaría que ya encadena dos CIS consecutivo siendo la mejor valorada con 2,75, a pesar de esto también baja su nota ya que en abril tenía un 2,87%.
En general bajan las notas de todos los ministros de Mariano Rajoy. Alberto Ruiz Gallardón es el que ha sufrido un mayor desgaste, su puntación ha bajado 0,19 puntos desde el pasado mes de abril. En concreto, ahora tiene un 1,87 cuando hace solo tres meses tenía unos 2,06 puntos.
El segundo ministro mejor valorado es José Manuel Garcia Margallo seguido por Luis de Guindos, con un 2,68 y un 2,57 respectivamente.




Entrada relacionada:
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domingo, 8 de junio de 2014

"¿Republicanismo cívico o monarquía democrática, claves de una mejor educación?" (Manuel Menor Currás)

Reproducimos este artículo del compañero Manuel Menor:


El “compromiso constitucional” ha sido definitorio estos días para la cuestión monárquica. No lo está siendo, sin embargo, en lo concerniente a mejorar servicios esenciales democráticos como la educación


Estos días son especialmente interesantes para los historiadores y genealogistas. Pueden ayudar a clarificar, por ejemplo, cuándo haya terminado la Transición, si el 23-F, como recuerdan algunos -después de la intervención de Juan Carlos I en TVE a la una y cuarto de la madrugada del siguiente día-, o si, como quieren otros, está terminando justo ahora, le suceda su hijo como Felipe VI. Ligada a esta disyuntiva, hay otra no menor, que Francisco Umbral aventuraba en su columna de aquel día 24 -en la edición especial de El País de la una de la madrugada (la 7ª)-, “Continuismo”, aspecto de gran relevancia en la construcción narrativa de lo que está pasando: “Como aquí somos tan niceanos (de Nicea, no de Niza), ya estamos otra vez con la controversia de cuántos ángeles continuistas pueden amogollonarse en la punta de un alfiler… O sea, que si esto que viene  es continuidad o continuismo. Yo creo –añadía Umbral- que es lo de toda la vida, desde Don Pelayo”.

Nada es igual, de todos modos. Decir que a la gente le da lo mismo, que es indiferente la forma de gobierno, a estas alturas es como decir que es idéntico ser hombre o mujer en Pakistán o en la península arábiga. Pudo verse en las principales plazas de España el pasado día dos en torno a las 20,30 hs., con una muy extendida floración festiva de banderas tricolores. A nadie le extrañó tampoco que, casi de inmediato, la inclinación de principales grupos de izquierda en este momento –IU, Podemos, Equo o CCOO- se mostrara claramente republicana. Independientemente de lo que las encuestas del CIS han venido mostrando en torno a la variable simpatía de la gente hacia la monarquía -dependiente en gran medida del nivel de estudios de los encuestados-, tampoco dejaron demasiada duda las espontáneas reclamaciones de muchos afiliados del PSOE. El diputado de Baleares, Guillem García, proclamaba que, con independencia del valor de la gestión de Don Juan Carlos, “la monarquía junto con el Concordato son una herencia de Franco” (Ver: www.publico.es/política/524835, del día 03/06/2014). Y otros destacados militantes de este partido enseguida llamaron la atención sobre su “tradición cultural y política republicana” y, para recordarlo, hicieron circular un pdf con el discurso de Luis Gómez Llorente el 11 de mayo de 1978, en representación de su Grupo Parlamentario, para mantener su voto particular al párrafo 3º del artículo 1º del anteproyecto de la Constitución actual, en que defendía la República como forma de Gobierno (Puede verse íntegro en: http://www.escoladeferrado.es/wp-content/uploads/2014/06/19780511).

Nadie ha podido evitar otras miradas. Nos han insistido en que el nuevo rey es un príncipe muy bien preparado y siempre respetuoso con la Constitución. Han contrapuesto -de manera extrañamente nerviosa, favorecedora del miedo útil-  esta monarquía constitucional como matriz de esta democracia, con la perspectiva de una República como posible foco perverso de inestabilidades y problemas diversos. Pero nadie ha podido acallar que muchos se cuestionen la larga continuidad de lo mismo, sin que se haya contado con ellos. Fernando Ramos, en consecuencia, se preguntaba  en este mismo periódico el pasado día dos: “¿Por qué muchos españoles reclaman el referéndum sobre la forma de Jefatura del Estado?” (http://www.mundiario.com/articulo/opinion/20140602180841018910.html). La fuerza con que ha saltado esta cuestión es un indicador relevante de que, no sólo en el PSOE, sino también entre muchos votantes del PP, hay un núcleo suficientemente importante de ciudadanos a los que el sistema de gobierno republicano les parece más democrático, más transparente y más cercano –al menos en teoría- a las necesidades de este momento. Seguramente por ello, en este contexto divergente, dos de las actuaciones políticas de estos días están resultando artificiosamente impostadas. La primera corresponde al “compromiso” oficial del PSOE  con esta “Constitución y sus previsiones”, lo que asegura en el Parlamento actual una disciplinada mayoría para que se cumpla la secuencia sucesoria. Ni con el deseo de “mejor futuro para nuestro país en los años que ahora iniciamos”, cabe presagiar que vaya a crecer su órbita de posibles simpatizantes: aunque Rajoy haya calificado esta decisión como “seria” y “responsable” (http://www.elmundo.es/espana/2014/06/04/538f379e268e3eb15a8b4581.html),  es posible que les cueste no pocas disidencias. La segunda la marca el pesado arrullo mediático que ha caído sobre los ciudadanos con esta secuencia, no sólo en el plano cuantitativo sino también en el cualitativo del relato. Lo que ahora nos dicen y reiteran -como si tan sólo fuéramos mudos y ciegos espectadores-  es uno de tantos modos interesados como se puede contar lo sucedido en España desde 1975 –y desde los celtíberos-, y carga las tintas excesivamente sobre las atribuciones de una institución que –en puridad literal- no tiene poder ejecutivo en esta inmóvil Constitución. No hace ningún favor a la monarquía –sino todo lo contrario- ese empeño en responsabilizarla de las mil bondades que hayamos podido tener en estos últimos años. Oculta maldades acaecidas en la cómplice opacidad de ese  mismo tiempo y suscita demasiadas preguntas cuando se sostiene en confundir el propter quem con el post quem -y viceversa-, en no distinguir una  “democracia” de un “régimen” y en una presunta fragilidad condescendiente de todas las memorias.

De momento, parece que el actual bipartidismo dominante ansía que vivamos bajo una “monarquía que apoya la democracia” o -como ha mixtificado algo más Rodríguez Zapatero-, en un “republicanismo cívico” (www.huffingtonpost.es, del 03/06/2014). Sea o no sea una mayoría monárquica la que puebla la actual mentalidad política de los ciudadanos  –Rajoy dice a ojo que lo es, a contracorriente de otros observadores-, la situación es muy provisional y, si algo está claro, es que el próximo Felipe VI tendrá que validar cada día sus facultades representativas, independientemente de que cortesanos arribistas y serviles de última generación le empalaguen con ventajas de tenerle al frente del Estado. Esta misma Constitución que le ampara sin referéndum -y que sólo en una interpretación onto-teo-lingüística admite una correspondencia estructural entre lo que decía en 1978 y lo que sucede en 2014-, tiene suficientes ingredientes que, en el atento sentir de muchos ciudadanos, servirán de modelo para falsar el nivel de competencia y compromiso regio. Más allá de algunos gestos de aparente preocupación –colocados para lucir el palmito ante las cámaras, al viejo estilo cortesano de la beneficencia-,  testarán de qué lado se inclina el ejercicio de la autoridad moral que le corresponde como rey democrático. Si quiere ganarse al republicanismo creciente –especialmente entre la gente menor de 24 años-, tendrá ocasión de empezar desde el primer día. Le será imprescindible bajarse del aislamiento palaciego, escuchar la calle y dar audiencia a las demandas de tanta gente como, en los últimos años -mientras le estábamos preparando tan bien- no ha tenido más remedio que gritar y protestar contra lo que entendían que conculcaba y recortaba sus derechos cívicos. En asuntos como la vivienda, la justicia, la libertad de expresión, la sanidad o la educación, tendrá muchas oportunidades de ejercer su poder arbitral –la auctoritas, que no la potestas- en pro de la justicia distributiva que debe regir en un Estado social de derecho como norma.

A mano tiene el príncipe Felipe, por ejemplo, el próximo día 19 –casi a la par de ser proclamado como Felipe VI-, una manifestación que circulará entre la Plaza de Neptuno y las cercanías de Sol. En ella se volverán a oír proclamas contra la imposición de la LOMCE, por el empleo, contra los recortes educativos, contra el cierre de escuelas e institutos públicos…, contra la privatización de la enseñanza, y  a favor la escuela pública de tod@s y para tod@s. Será una buena ocasión para “mancharse” y ser  el primero en fortalecer la soberanía popular en una cuestión tan primordial como esta, especialmente significativa por afectar decisivamente a la calidad de la convivencia democrática. En los años setenta, cuando en el entorno del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, se empezaba a construir una “alternativa” para una enseñanza pública de calidad -porque la que prestaba el Estado era claramente deficiente y escasa-, Gómez Llorente insistía en que había de ser “republicana”, esto es, heredera del proyecto de escuela pública que se había formulado en la Segunda República, y lo repitió el 31 de enero de 1989, cuando le impusieron la medalla de Carlos X  (Cfr. O´MALLEY, Pamela, La educación en la España de Franco, Madrid, Gens, 2008, pg. 220). Hoy que con la LOMCE estamos en trance de fuerte retroceso en lo logrado desde entonces, si la preocupación de Don Felipe no es tanto continuar a su padre, sino no continuar a Franco, pronto podrá validarse como un rey democrático de tod@s y para tod@s, como exigía el republicanismo cívico que tanto gustaba a Kant (KANT, E., La paz perpetua, 1795, II, 1). Si, en cambio, sus gestos se inclinan por un despotismo oligárquico a favor de los de arriba –no elegidos por nadie en la toma de decisiones que a todos afectan-, sólo acelerará la crítica provisionalidad de su continuismo. Lo más cierto es que difícil le será sostener “lo de toda la vida”, que decía Umbral.  


                                                                                                                   Manuel Menor Currás
                                                                                                                   Madrid, 07/06/2014




domingo, 4 de mayo de 2014

#GomendioMiente: "No es cierto que los sueldos hayan aumentado" y "el profesorado en España trabaja más horas que en el resto de Europa" dice Francisco García

YoEstudiéenlaPública (@YoEPublica) ha tuiteado el enlace a este vídeo:

lasexta.com: Francisco García: "Los sueldos de los profesores no han subido y hay 65.000 empleos menos"


El secretario de Educación pública no reglada de Comisiones Oberas, Francisco García, critica las palabras de Gomendio. "Sobre el profesorado hay muy buena opinión en las encuestas del CIS y parece que la Administración no es del mismo parecer", ha dicho. 

También ha añadido que "no es cierto que los sueldos hayan aumentado" y que "el profesorado en España trabaja más horas que en el resto de Europa".



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"La mayor parte de la inversión se ha desviado a reducir la ratio alumno-profesor y a mejorar el salario de los profesores" miente Gomendio

martes, 8 de abril de 2014

Wert y Gallardón, los ministros peor valorados

teinteresa.es: Una vez más, los españoles suspenden a todos los ministros

  • La valoración del presidente y sus ministros es, una vez más, negativa.La vicepresidenta del Gobierno es la mejor valorada, aunque un 60% desaprueban su gestión. 
  • Los ciudadanos son muy críticos, sobre todo, con los titulares de Educación y Justicia. 
(Sondeo de Metroscopia para El País)

Que los españoles suspendan al presidente del Gobierno y sus ministros es habitual en los sondeos. Y también en esta ocasión, todos los miembros del Ejecutivo reciben una rotunda desaprobación a su gestión. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, una habitual en "salvar los muebles" en cuanto a nota se refiere, sigue también en esta ocasión a la cabeza de puntuaciones, aunque sus cifras tampoco dan respiro: el 32% aprueba su gestión, pero el 60% la desaprueba. Eso sí, en el saldo entre ambos índices, es la que sale mejor parada.

Con ella, la ministra de Fomento, Ana Pastor,  y  el titular de Agricultura, Miguel Arias Cañete, el nombre que más suena para la lista de los populares a las europeas, son los mejor valorados. Por el contrario, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, el de Educación, José Ignacio Wert y el de Hacienda, Cristóbal Montoro, reciben una alta desaprobación.  La valoración es crítica también entre los propios votantes del partido, que coinciden con la opinión general. Desaprueban a Gallardón y Wert, y confían más en Sáenz de Santamaría.  Una vez más, también, el titular de Defensa, Pedro Morenés, es el que resulta "menos conocido" para los españoles. Apenas un 41% dicen tener conocimiento de su gestión. Gallardón, por el contrario, se coloca a la cabeza en cuanto a conocimiento. Su departamento es también el que más titulares ha ocupado en las últimas semanas.

Los resultados contrastan con el último sondeo de Metroscopia con datos de valoración de líderes, conocido el pasado febrero. En esa ocasión, el mejor valorado era el titular de Exteriores José María García-Margallo, seguido de la ministra de Fomento, Ana Pastor. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ocupaba la tercera posición. Y Gallardón era, en esta ocasión, el peor valorado, lastrado sin duda por el debate sobre la Ley del Aborto. 

La vicepresidenta, siempre entre las mejor valoradas. Wert y Gallardón, a la cola
La opinión que los españoles tienen de los miembros del Ejecutivo se mantiene fiel con independencia del sondeo: desaprueban su gestión, se mire como se mire. Así, también en la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, conocida a principios de año, todos los miembros del Ejecutivo recibían un rotundo suspenso de la ciudadanía. Sólo la vicepresidenta de Gobierno  y el titular de Agricultura, Arias Cañete eran los únicos que podían exhibir un relativo apoyo entre los encuestados. Relativo, porque ninguno de ellos llega al 5. Santamaría, con un 3'79 y Cañete, con un 3'52.

En el sondeo de El Mundo, era el ministro de Exteriores, José María García Margallo, el que ocupaba el tercer puesto entre los mejor valorados.  Y también en esa ocasión era el ministro de Educación, José Ignacio Wert, el que cosechaba la peor nota (un 2'4) lastrado por la polémica reforma educativa. Le seguía en la tabla de peor valorados, la titular de Sanidad, Ana Mato y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, ambas también por debajo del 3. 

La negativa valoración del presidente de Gobierno era también abrumadora. Los encuestados ponían a Rajoy una nota del 3'3. Además, un 68'4% decía sentirse decepcionado con su gestión como presidente, entre ellos, un 54'7% de votantes del partido. Un 46% decía ser partidario de convocar unas elecciones anticipadas. 

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"Vete, Wert" (Ignacio Escolar)

lunes, 10 de febrero de 2014

"Vete, Wert" (Ignacio Escolar)

Reproducimos este artículo de opinión publicado en EL PERIÓDICO.COM


En una de las excusas más patéticas que se recuerdan, el ministro de Educación y Cultura ha explicado que no acudirá a la noche de los Goya porque al día siguiente tiene que madrugar. José Ignacio Wert viaja el lunes a una reunión y se esconde tras un supuesto «problema de agenda» para no asistir a una gala, la más importante de su negociado, cuya fecha estaba fijada desde abril del 2013. Al parecer, nueve meses de antelación no son suficientes para la ocupadísima agenda del señor.
Wert es el ministro peor valorado de la democracia dentro del Gobierno con la peor imagen pública desde que la televisión es en color. No es una opinión, es el dato que da el CIS, donde Wert cae en cada barómetro; en el último suspendió con un 1,46 y marcó una nueva plusmarca nacional. Hasta que llegó Mariano Rajoy a la Moncloa, el ministro español peor valorado desde que existe el CIS había sido Carlos Solchaga, que sacó un 2,5 en 1992. Si en vez de un récord de impopularidad hablásemos de los cien metros lisos,Wert los habría corrido en 5,2 segundos. Un aplauso para él.
Wert es el peor valorado y probablemente el más abucheado, y eso explica que se quiera ahorrar el mal trago de una gala de los Goya que probablemente no le va a gustar. Pero el ministro no solo escapa de las críticas del cine español, también huye de su propia responsabilidad y de las consecuencias de su nefasta gestión. Si no le gusta su agenda, que renuncie también al sillón, a la cartera, al despacho y al coche oficial. Ser ministro incluye todo, también lo que le disgusta al señor Wert.
En cualquier otro país europeo, sería imposible un comportamiento como este. No sería imaginable en Francia, por ejemplo, que un ministro de Cultura boicotease los premios César; estas cosas solo pasan aquí. La derecha nunca ha perdonado al cine español lo que ocurrió en el 2003, en esa gala del 'No a la guerra' contra la locura bélica de Aznar. Desde entonces, estos patriotas, a los que tanto les gusta hablar de la marca España, no han dejado de atacar al cine español que, pese a las zancadillas, ha logrado un indudable reconocimiento internacional
Muchos de nuestros profesionales son profetas en Hollywood, mientras reciben calumnias, castigos y desprecios por parte de su Gobierno. Un día ponen en duda la calidad de su trabajo, al otro les acusan sin pruebas de defraudar, al siguiente les atizan el IVA más caro de Europa y al que viene boicotean sus premios. Ante esto, hay quien cree que los cineastas deberían poner buena cara y no meterse en política. Bajar la cabeza y no rechistar. Olvidan algo: que la personas del cine son ciudadanos con el mismo derecho a la libertad de expresión que los demás. Ni se callan ni se deben callar.

sábado, 8 de febrero de 2014

Wert sigue en caída libre, según el CIS de enero de 2014

lainformacion.com: Wert, el político peor valorado de la democracia
  • El Ministro de Educación saca un 1,42. Le sigue Montoro como ministro con peor calificación, 1,84.
  • Rubalcaba saca un 3 de nota. Rosa Díez sigue siendo la dirigente con mayor nota, aunque suspende con un 4,15.
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, sigue siendo el político con peor valoración de la democracia. Y, además, baja la nota: 1,42.

Wert, y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, son los miembros del Gobierno peor valorados por los ciudadanos, según el barómetro del CIS de enero de 2014.

En su barómetro de enero, el CIS da una nota de 1,42 a Wert y puntúa con un 1,84 a Montoro, en tanto que Cañete obtiene un 3,17, seguido del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, con un 2,82, y la responsable de Fomento, Ana Pastor, con un 2,80. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, es la cuarta mejor valorada, con un 2,75.

El titular de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, es uno de los que más bajan en la clasificación respeto al anterior barómetro y los ciudadanos le puntúan con un 2,05, en una encuesta realizada en enero, después de conocerse el anteproyecto de reforma de la ley del aborto.

Wert sigue en caída libre

La peor nota de la clase, un 1,42. Esa es la que ha sacado el ministro de Educación, José Ignacio Wert. En los antiguos tiempos, mucho antes de la LOMCE, cuando la EGB, el BUP y el COU, un 1,42 era un Muy Deficiente y no eran muchos los chicos del cole que se llevaban esa nota para casa. En la mayoría de los colegios, según los profesores, es casi imposible sacar de media un 1,41 porque hay asignaturas de las 'facilonas' como Educación Física, Música, Dibujo que suben esa media. Sacar un un 1,46 en un examen son muy pocos los alumnos que lo consiguen y en la Universidad la mayoría prefiere no presentarse antes de obtener una calificiación tan baja.

La cuestión es que el último barómetro del CIS correspondiente a octubre de 2013, pone al ministro Wert en el pozo del reconocimiento y la estima popular. Con ese 1,42 de calificación y vuelve a ser el ministro con mayor descrédito en el Gobierno de Mariano Rajoy, donde todos los ministros suspenden por debajo del 4.

Wert, que lleva a sus espaldas tres huelgas educativas, decenas de protestas de estudiantes en las calles y de marea verde y que ayer se vio forzado a dar un paso atrás en los recortes de Erasmus, es el represenante político que obtiene la peor nota en la valoración histórica que hace el CIS, desde los primeros años de la democracia. Por ejemplo, saca peor calificación que el expresidente del PNV Xabier Arzalluz, que en octubre de 2000 obtenía un 1,66; o que Josep Lluis Carod-Rovira, ex líder de ERC, que en enero de 2007 sacaba un 2,90.


Ocho ministros de Rajoy sacan peor nota que Sinde, la ministra con más suspensos de ZP

Wert, que cuando trabajaba como analista político escribía sobre la valoración de los presidentes del Gobierno, es sin duda el ministro de un Gobierno con peor nota. La exministra de Cultura Ángeles González Sinde fue la peor valorada en la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, con un 2,55 de suspenso.


El gabinete de Rajoy es el peor valorado de la historia. Líderes de grupos minoritarios logran mejor puntuación que el ministro Montoro o el de Economía, Luis de Guindos: por ejemplo, Mikel Errekondo, dirigente de Amaiur, saca un 2,83; y Joan Baldoví, de Compromis, un 2,52.

De la serie histórica, llama la atención que dirigentes con menos popularidad entre la población porque su actividad política está limitada a un territorio tienen mejor valoración: Josu Jon Imaz, dirigente del PNV, que sacaba un 2,92 en julio de 2004, o Paulino Rivero, presidente de Canarias, que obtenía un 3,74 esa misma fecha.

Un dirigente que formó parte de un Gobierno y que sufrió un desplome de popularidad fue Alfonso Guerra. El exvicepresidente con Felipe González inició los años 80 con una valoración del 4,15 y en 1994 obtenía un suspenso del 3,02.

El CIS de febrero de 2010 reveló que la clase política era el tercer problema para la sociedad. Desde entonces, el descrédito político ha aumentado, azuzado por los casos de corrupción que se investigan, desde los ERE de Andalucía, al Gürtel, las ITV de Catalunya o los papeles de Bárcenas.
Rosa Díez, con un 4,15, se mantiene como la dirigente con mejor calificación, aunque suspenda. Por detrás de la líder de UPyD se sitúa la diputada de Geroa Bai, Uxue Barkos, con un 3,83. El tercero es Alfred Bosch, de ERC, con un 3,77; seguido del coordinador de IU, Cayo Lara, con un 3,72 (tenía un 3,81), y Rubalcaba empatado con el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antonio Duran Lleida, ambos con un 3 (el secretario general del PSOE tenía antes un 3,13 y el dirigente nacionalista, un 3,03).

Quien menos nota obtiene es portavoz del PNV en la Cámara Baja, Aitor Esteban, con un 1,98 (tenía un 2,28 en octubre), y le acompañan por la cola el diputado de UPN Carlos Salvador, con un 2,02 (2,17 antes) y Rajoy, con el 2,22 (frente al 2,42 anterior), que se mantiene como el presidente que más suspende de la democracia.

Por orden de clasificación a partir del sexto lugar, están la portavoz del BNG, Olaia Fernández, con un 2,84; la de CC, Ana Oramas, con un 2,65; el de Amaiur, Mikel Errekondo, con un 2,48; el diputado del Foro Asturias, Enrique Álvarez Sostres, con un 2,36, y el parlamentario de Compromís,Joan Baldoví, con un 2,35.

De la serie histórica, llama la atención que dirigentes con menos popularidad entre la población porque su actividad política está limitada a un territorio tienen mejor valoración: Josu Jon Imaz, dirigente del PNV, que sacaba un 2,92 en julio de 2004, o Paulino Rivero, presidente de Canarias, que obtenía un 3,74 esa misma fecha.

Un dirigente que formó parte de un Gobierno y que sufrió un desplome de popularidad fue Alfonso Guerra. El exvicepresidente con Felipe González inició los años 80 con una valoración del 4,15 y en 1994 obtenía un suspenso del 3,02.

El CIS de febrero de 2010 reveló que la clase política era el tercer problema para la sociedad. Desde entonces, el descrédito político ha aumentado, azuzado por los casos de corrupción que se investigan, desde los ERE de Andalucía, al Gürtel, las ITV de Catalunya o los papeles de Bárcenas.

El CIS de febrero de 2010 reveló que la clase política era el tercer problema para la sociedad. Desde entonces, el descrédito político ha aumentado, azuzado por los casos de corrupción que se investigan, desde los ERE de Andalucía, al Gürtel, las ITV de Catalunya o los papeles de Bárcenas. En este barómetro, se sitúa como cuarto problema, por detrás del paro, la crisis y la corrupción.

Salvo Rosa Díez, líder de UPyD, todos los representantes de los partidos en el Congreso suspenden con una nota por debajo del 4. Es la representante que genera más confianza, sin embargo, nunca ha sacado un aprobado. Según el CIS, en enero de 2009 sacaba un 4,51 y obtuvo la mejor nota en octubre de 2011 (4,95), un mes antes de las elecciones generales del 20N.

Ni en la crisis de los 90 los políticos sacaban tan mala nota. En el sondeo de abril de 1994, aprobaba Julio Anguita con un 5,13, mientras que el entonces presidente Felipe González obtenía un 4,61 y José María Aznar un 4,58.

En abril de 1996 y a pesar de la crisis en el PSOE y la derrota electoral, Felipe González sacaba un 5,49 de nota, más que Aznar, que suspendía con un 4,95, mientras que Mariano Rajoy obtenía un 4,08. Hoy, el jefe del Ejecutivo es el presidente con peor nota de la democracia: un 2,22, su peor calificación desde que llegó a la Moncloa.