Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de mayo de 2026

La Plataforma Laboral de Educación Infantil 03 dice: ¡Basta! (Alicia Alonso para El Diario de la Educación). 8-5-2026

 Artículo de Alicia Alonso para El Diario de la Educación

8-5-2026
¿De dónde surge el problema?

De la disonancia entre las aportaciones del conjunto de las ciencias sobre qué es la infancia, y la jurisprudencia para asegurar su cumplimiento, con la realidad que vivimos en el primer ciclo de educación infantil.

El concepto tradicional de infancia, minusvalorada respecto al mundo adulto porque se entendía como proyectos de personas, fue evolucionando a lo largo del siglo XX hasta que, en 1989, la Convención de los Derechos del Niño le dio su valor real. Declaró que era el bien más preciado que la sociedad tenía, que esa infancia era, además, sujeto de derechos inalienables e interactivos desde el comienzo de la vida; no es posible satisfacer un derecho, por ejemplo a la educación en casa y/o en una institución, si no hay políticas laborales (salarios adecuados y bajas materno-parentales), sanitarias (cuidado del desarrollo y prevención y trato de enfermedades) o sociales (solución habitacional y ayudas suficientes) que confluyan. Por ello declara que su interés superior ha de estar por encima de cualquier otro, haciendo responsables a las personas adultas de posibilitar que ejerzan esos derechos, y empieza por los estados firmantes que, legislando en consonancia, están obligados a velar por que quienes cuidan a esa infancia (familias, instituciones, …) puedan facilitar que realice sus derechos, tanto en la familia como en las instituciones.

La jurisprudencia derivada, prescriptiva igualmente para los estados firmantes, añade que la primera infancia, hasta los ocho años, es el primer periodo, y esencial para la realización de esos derechos “porque este tiempo es la base de la salud mental y psíquica y del desarrollo de aptitudes”, lo que requiere una protección especial. Su personalidad, cuerpo y sistema nervioso se están conformando en este primer eslabón y el nivel óptimo de suspotencialidades, las que tiene derecho a desarrollar, dependerá del tipo de interacción con las demás personas y con el medio que les ofrecemos. Se resalta, especialmente, que “los bebés y los niños muy pequeños tienen los mismos derechos que los demás niños a que se atienda a su interés superior” (Artículo 44, O.G. nº14 del Comité de los derechos del niño). Pero, dada su mayor vulnerabilidad y dependencia que no incapacidad, necesitan construir vínculos de calidad que requieren una alta disponibilidad adulta, lo que es imprescindible para que descubran el mundo y se abran a él desde la seguridad necesaria, con curiosidad, desenvoltura y bienestar.


Parecía que leyes como la Ley General de Ordenación del Sistema Educativo, la LOGSE de 1990, iba a determinar la realización de derechos infantiles, en el sentido pedido por la Convención, al incorporar el derecho a la educación institucional, también desde el comienzo de la vida. Nacía así, incluida en el Sistema general, la etapa de Educación Infantil, única pero dividida en dos ciclos, hasta los tres años el primero y desde ahí a los seis el segundo.

Fue muy importante, pero faltaba mucho por lograr, en especial en el primer ciclo, precisamente el más vulnerable. Estas edades estaban enormemente dispersas en diferentes tipos de centros, reglados y sin reglar, dependientes de administraciones varias, con un rosario de titulaciones profesionales interviniendo, con un abanico de diferentes derechos laborales, todos muy precarios, o su inexistencia.

Tras 16 años y en lugar de mejorar, con la LOE de 2006 se institucionalizó el abandono de este primer ciclo por parte del estado, que dejó su regulación absoluta en manos de las Comunidades (18 territorios). Esto lo discriminaba, junto a la Formación Profesional, al no darles unos mínimos comunes de enseñanzas y requisitos de centros, como si ocurría con el resto de etapas.

El malestar a que dio lugar en su sector profesional fue reforzado por las lesivas condiciones en que una gran parte de las Comunidades legislaron sus propios y diversos requisitos mínimos: con currículos, o incluso sin ellos, con ratios demasiado elevadas y diferenciadas, exigencias de espacios y titulación diversas, igual ocurría con las condiciones laborales que, en todo caso, eran malas. Profesionales de la educación infantil empezamos a movilizarnos reivindicando la reincorporación del primer ciclo al sistema educativo general en 2006. En 2007 constituimos la Plataforma de Educación Infantil Estatal 06, que siguió luchado por esta y otras peticiones para que se tratara a la etapa, al menos, con el mismo respeto que al resto.

Fruto de la lucha en estos años, logramos que en 2020 una nueva ley de educación, la LOMLOE, integrara de nuevo a este primer ciclo en el Sistema Educativo General, lo que incluía la definición estatal de mínimos comunes de enseñanzas y de centros. También se explicitó que todos los centros que acogiesen a niños y niñas de estas edades hubiesen de cumplir estos requisitos comunes para ser autorizados, y que dependiesen exclusivamente de administraciones educativas (modificación del Art. 14.2, 14.5y 14.7 de LOE).

El Real Decreto 95 de “Enseñanzas”, que desarrollaba este aspecto, llegó en 2022. Pero aún estamos esperando, casi seis años después, el de “Requisitos de Centros” en relación con titulaciones exigidas, apoyos, espacios y ratios, imprescindible para proteger con mínimos comunes a todo el estado. Mínimo supone la base que ninguna comunidad puede empeorar, pero que sí puede mejorar.


¿Cómo está hoy el problema?

Al no haber regulación estatal, se mantiene en vigor una enorme variabilidad de Decretos autonómicos, con una realidad muy precaria de sus profesionales y muy lesiva para los derechos de las criaturas y sus familias.

Voy a centrarme en aspectos inasumibles que se mantienen:

Primero, unas ratios inhumanas que hacen muy difícil la atención educativa individualizada, la que requieren momentos como el cambio de pañal, la comida, el seguimiento sostenedor del juego o una labor preventiva e inclusiva con las criaturas y con las familias. Es decir, dificulta extraordinariamente la construcción de ese vínculo seguro que, aunque secundario respecto al familiar, es también imprescindible porque, en ausencia del primero en la escuela, uno nuevo ha de llenar ese espacio.

Y es que las ratios, con sus diferencias territoriales, siguena años luz de lo recomendado por el Consejo de Europa. Sufrimos una media de entre 6 a 8 bebés por profesional, Europa establece 4; de 12 a 14 criaturas entre 1 y 2 años, Europa fija 6; de 16 a 20 criaturas de 2 a 3 años, Europa fija 8. Y ello por no contar la enorme diversidad en las aulas mixtas, figura organizadora recurrente en las zonas menos pobladas. A esto se suma un número de apoyos de personal en las aulas altamente insuficiente y muy variado según comunidades, sin reducciones por la incorporación de alumnado con necesidades educativas especiales en muchos territorios y con la escasa ayuda posible de una atención temprana también desbordada, que no puede llegar a realizar muchas de sus funciones por insuficiencia dotacional humana y material. La necesaria pareja educativa es casi inexistente, cuando no está tergiversada.

En segundo lugar, se suman espacios inadecuados junto a horarios extenuantes para muchas criaturas que pasan más de 8 horas en los centros, más que un horario laboral estándar adulto diario, sin descanso en julio como sí tiene el segundo ciclo, y sin aire acondicionado en los centros para que puedan soportarse las altas temperaturas de los meses de verano.

En tercer lugar, es obsceno el mal trato continuado administrativo a sus profesionales. Con una alta variación de apoyos según comunidades, condiciones laborales y titulaciones que intervienen, también inferiores a la de Técnico en Educación Infantil. Sus profesionales no se consideran docentes, incluso en las escuelas de gestión directa son personal administrativo cuando, sin embargo, se les exige la misma gran carga burocrática que al resto de etapas, sin que se contemplen tiempos dentro de su horario laboral para realizarla.

Los salarios son sangrantes a cambio de una tarea de hiper-responsabilidad. Hay quienes cobran menos del salario mínimo interprofesional gracias a triquiñuelas varias; la mayor parte del personal apenas supera los 1200 a 1500 euros brutos, con una media de entre 1090 a 1100 netos, que aprobó la patronal con los sindicatos mayoritarios FSIE, UGT y USO en el vergonzoso XIII Convenio Estatal de la privada el 5 de marzo de 2025. CCOO rehusó firmar por considerar que perpetuaba la precariedad laboral del sector.


El personal de escuelas públicas de gestión directa, aunque con mejor status, es cada vez menor porque la privatización de la gestión avanza espectacularmente; por ejemplo, de las 393 Escuelas infantiles públicas de Madrid, solo 57 son de gestión directa, y de ellas solo 2 corresponden al ayuntamiento de Madrid. Su salario oscila entre los 1300 y 1800 euros brutos según comunidades, igualmente muy inferior al del resto de docentes; a pesar de que también es discriminatorio, la petición de reversión hacia la gestión pública de los centros de titularidad privada ha sido un lema reivindicativo constante porque sus condiciones laborales son notoriamente mejores.

Así no puede darse un cuidado educativo individualizado cálido y de calidad, como lo definen las compañeras asturianas, el que requiere poner en el centro el interés superior del menor.


El primer ciclo se ha desvirtuado sistemáticamente al seguir siendo discriminado del resto con todas estas actuaciones. De ellas deriva, en la práctica, el malentendido concepto de conciliación, que viene de la mano encubierta del de “guardería”, vinculado a la antigua concepción de la infancia que solo precisaba “guarda y custodia”, tan obsoleto como el de asilo para las personas mayores, pero sin que se haya erradicado como este.

Es preciso recordar que conciliar la vida laboral y familiar, aunque es un tema altamente necesario, es un concepto empresarial que requiere para su realización políticas sociales y laborales que la faciliten, no un horario abrumador para criaturas institucionalizadas que tienen derecho y necesidad de construir una relación suficiente y segura con su entorno familiar. No se da a los cachorros humanos lo que hoy en día se reconoce para otros mamíferos: su necesidad primera de construir un vínculo de apego seguro.

¿Qué se está haciendo para resolver?

En esta situación desde hace casi cuatro años, y en especial durante la negociación de ese aciago XIII Convenio, se va gestando la Plataforma Laboral de Educación Infantil (PLEI); un nuevo movimiento reivindicativo de educadoras y educadores infantiles que, harto de que les impidan realizar su trabajo con la calidad que requiere, intentan revertir la precarización del cuidado educativo que despliegan cada día con niños y niñas de cero a tres años, nuestro bien más preciado.


P.L.E.I., mayoritariamente femenina porque es la situación del sector con un 97’4% de mujeres, ha sabido aunar las necesidades directas de la infancia con las laborales que revierten sobre ella. Por ello ha arraigado con fuerza entre las y los profesionales del sector. La plataforma agradece los posibles apoyos de sindicatos mayoritarios, pero mantiene su independencia y organización asamblearia y busca la unidad con otros movimientos educativos y de base para lograr sus fines. Ha conseguido el acuerdo de toda la comunidad escolar con sus demandas, así como el de muchos otros sectores que entienden su situación límite.


P.L.E.I. ha dicho “basta” al maltrato institucional que supone las ratios inasumibles, los salarios y condiciones laborales humillantes y discriminatorias. Pero también denuncian el desconocimiento y falta de valoración social de su trabajo, así como el sobre-esfuerzo mental y físico que se les ha venido exigiendo.


Así emprendieron un camino de lucha difícil y muy trabajosa a la que han incorporado a las familias al saber explicarles que con sus reivindicaciones defienden el bienestar de sus hijos e hijas.


El movimiento fue precedido por la huelga de 2 meses de las educadoras de escuelas infantiles navarras en 2022, cuyas peticiones eran semejantes. En la primavera de 2025, cuando nace P.L.E.I., están en huelga las compañeras de Baleares durante 2 meses también y Asturias hace una huelga de tres días en noviembre de 2025.


P.L.E.I. hace concentraciones y se va sumando, en el año de su fundación, a las huelgas por la escuela pública que denuncian la situación y empiezan a divulgarla en prensa y en redes, de modo que una marea amarilla está llenando todo. Realizan, en diciembre, jornadas educativas en el Congreso de los diputados en defensa de los derechos de la infancia y de unas condiciones laborales dignas para dar al primer ciclo. Se entrevistan con todos los partidos políticos y administraciones educativas, sociales y laborales que quieren recibirlas para exponerles sus reivindicaciones y llevan a la Asamblea de Madrid en febrero de este año 2026, a través de Sumar y PSOE, una Propuesta No de Ley con la petición de bajada de ratios y mejora de condiciones laborales.


Cuando las compañeras de Asturias hacen de nuevo una huelga en febrero de este año 2026, P.L.E.I., con una enorme valentía, empieza a gestar en Madrid la actual huelga indefinida que, respaldada por CGT, comienza el 7 de abril y aún está en vigor con un seguimiento y apoyo masivo que muestra la fuerza del movimiento.


Hacen un “manifiesto” en la creencia de que “otra educación es posible y empieza antes de dar los primeros pasos” … puntualizando que “No se trata solo de cuidados, ni de guardar a la más tierna infancia: hablamos de vínculos, aprendizajes, bienestar y derechos”.

Piden

  • Bajada de ratios, pareja educativa y aumento de apoyos en una red pública y de gestión directa que revierta su privatización.
  • Menos burocracia administrativa, pero con tiempo dentro de la jornada laboral para construir buenos proyectos educativos en Escuelas Infantiles Públicas, de titularidad y gestión, que puedan dar servicio universal y gratuito al ciclo, con recursos y en espacios adecuados; sin meter el ciclo “a cajón” en colegios de infantil y primaria que no están preparados para acoger a la infancia de estas edades, a sus profesionales y a sus familias.
  • Subidas salariales dignas y sensibilización social de la importancia de su trabajo en el presente de la infancia.
  • Equipos profesionales estables, garantizados por condiciones laborales que lo permitan y posibiliten el adecuado sostén y acompañamiento “a las criaturas y familias en el proceso de aprendizaje, desarrollo y crianza respetuosa”.
  • Ampliación de la red de atención temprana para que pueda apoyar, con la eficacia necesaria, el desarrollo integral de todas las criaturas que lo precisen por cualquiera de sus condiciones vinculadas a necesidades específicas de apoyo educativo, Para que también pueda apoyar a las familias y al equipo profesional de la escuela

Su última propuesta, además de mantener la huelga indefinida hasta el logro de sus aspiraciones, es la convocatoria de una huelga del primer ciclo de la Educación Infantil en toda España este 7 de mayo, huelga que recibe un masivo apoyo social.


Afirman que es por todo lo anteriormente expuesto que “reivindicamos y exigimos a las administraciones públicas que se hagan cargo de los derechos de la infancia y de las familias, siguiendo las directrices de la Unión Europea y que creen más plazas públicas que garanticen el acceso y el sano desarrollo del menor. Pero no a costa de la precariedad laboral de sus trabajadoras y de sus familias. La solución no consiste en la privatización del servicio, pasa por una mayor inversión que ponga en valor la importancia de este ciclo educativo y le dote de los recursos tanto materiales como humanos” a los que tiene derecho según la Convención de los Derechos del Niño, la que España tiene el deber de cumplir desde sus diversas administraciones territoriales estatales, autonómicas y municipales.


Apoyo y deseo éxito a PLEI, cuyas componentes cuidan educando lo más precioso que tenemos, ese primer ciclo de niños y niñas. Y es que tienen derecho absoluto a iniciar su recorrido vital con la calidad y calidez necesarias, la base imprescindible para una buena vida futura según todo el conocimiento científico y jurídico que tenemos.


Esto obliga a las administraciones y pasa, además, por la drástica mejora de las condiciones laborales de sus profesionales para que deje de ser realidad la declaración que Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, hizo hace ya más de 25 años:

La primera infancia, de 0 a 3 años, debe ser la prioridad absoluta de los gobiernos responsables, plasmada en leyes, programas y recursos. No obstante, estos son los años en los cuales reciben menos atención y es una tragedia para los menores y los países. La inversión en esta fase garantiza un desarrollo integral y equidad. (2001: Informe de UNICEF).


Psicopedagoga, maestra y formadora de educación infantil y primaria

Entrada relacionada:
Entradas destacadas:

sábado, 17 de mayo de 2025

A vueltas con los cónclaves, silencios y olvidos (Manuel Menor)

 Manuel Menor nos envía su último artículo:

Tergiversan y entorpecen la historia cultural de los avances y retrocesos de la convivencia democrática.

La mención del “cónclave” ha llegado al Congreso de Diputados de la mano del jefe de la oposición en este momento, y la ha prolongado la bancada azul alegando que, en la fórmula electoral vaticanista, se puede entrar como papa y salir como cardenal. Como recurso para llamar la atención de los más adormilados con los rifirrafes de la vida política actual, bebe de los métodos que ya recomendaban los retóricos romanos para que el discurso conectara con la realidad. Ni que decir tiene que las transmisiones televisivas de lo recientemente acontecido entre los muros de la Capilla Sixtina han dejado un poso virtual apto para el uso de la analogía en los asuntos temporales de la vida ciudadana, si bien  la lección real que ha dejado su empleo es la de una gran banalidad, como mucho de lo que en el espacio parlamentario se habla, contrariando su valor democrático.

El argot con que se adobó la metáfora –cocinado con el robado de mensajes privados entre políticos- no es precisamente ejemplar para la sana convivencia. Los muñidores del supuesto beneficio de esta sintaxis, aparte de descortesía y “mala educación” –que solía decirse-, enseñan a todos, mayores y adolescentes, su profunda hipocresía cuando por fines cortoplacistas pretenden aleccionar. Sus chapuceros medios, diciendo que todo vale –como cuando el rey francés Enrique de Borbón decía, después de abjurar del calvinismo, que “París bien vale una misa”-, olvidan lo que suelen hacer a diario junto a eximios colegas de facción. Sobrada documentación tienen los periodistas –y las hemerotecas- de  malos usos de principios morales, tan poco considerados por practicismo coyuntural, que muchas veces terminan en lodazales diversos. Las falsas manías de ejemplaridad, de las que El rey desnudo de Andersen quiso mostrar sus costuras en 1837, beben de relatos como el del “Infierno” del Dante en La Divina Comedia (siglo XIV), y han dejado motivos  suficientes para inspirar el Divino sainete (Curros Enríquez, 1888)  o, más cerca, los esperpentos a que, como género literario,  hicieron maestro a Valle Inclán. En lo que llevamos de siglo XXI, estas prácticas vuelven a proporcionar material sobrado, incluso para instaurar nuevas conmemoraciones. Como supuesta novedad de vergüenzas,  debería haber una dedicada a los abusos  de los móviles, en que se celebraría, al modo del “día de inocentes” del siglo pasado, se celebraría a cuenta de la percepción de bulos, mentiras, bulling y demás hábitos tecnificados de acoso. En tal fiesta, cabría una sesión de opinadores avezados en no dialogar, y diestros en exigir “buena educación”: buena ocasión para descubrir apaños de falsa moralidad.

La utopía de una enseñanza democratizadora

Estos debates, como los de sesiones parlamentarias donde supuestamente se pregunta al Gobierno sobre su gestión,  suelen ser ocasión para combativas divisiones de opinión. Para muchos todo va peor que nunca y, según otros -más escépticos que pesimistas- casi siempre es ocasión para imitar al protagonista de Lars Gustaffson en La muerte de un apicultor (1978) y “volver a empezar”. Dan por supuesto que nunca nada está terminado: siempre falta mucho para cumplir la mejor utopía, como repetía, incansable, el recién fallecido Pepe Mújica. En estas divergencias tiene mucho que ver la memoria, esa facultad que cuantos han tenido cerca el Alzheimer aprecian por los quebraderos de cabeza y dificultades que genera el olvido. En lo colectivo, esta atrofia neuronal entre lo que se hizo o no se ha hecho  -y lo que se debe hacer- también existe y, aparte de retardar decisiones necesarias, limita el provecho de los cambios oportunos a su debido tiempo.

En Educación, ha habido este retardamiento y pérdida de memoria, y en importantes asuntos es enfermedad estructural. Síntoma suyo es el largo recorrido de muchos de ellos desde 1857, en que sube a la Gazeta de Madrid la primera ley general: la Ley Moyano. Prosiguen otros en leyes bien recientes, como indica el que La Ley 20/2022 -de 19 de octubre: Ley de Memoria democrática- promueva iniciativas didácticas en los centros escolares, más allá de lo que decía la Ley de Memoria histórica -ley 52/2007, de 26 de diciembre-, y que le facilite desarrollos apropiados la LOMLOE (de 29.12.2020) en las enseñanzas mínimas que prescribe desde 2022-23. Notorio es, sin embargo, que Comunidades como Madrid las obstaculizan. Ejercitando sus competencias curriculares, en segundo de Bachillerato, por ejemplo, el diseño de Historia de España -de obligada atención en la EVAU de 2025- sigue siendo el de 2002 –posterior al torticero debate sobre “las Humanidades”- e impide un digno tratamiento de las cuestiones que emanan de dos leyes importantes en el desarrollo de la CE78. Después de casi cincuenta años de la muerte del dictador, plantear los asuntos centrales de “memoria democrática” todavía resulta exótico; en demasiadas ocasiones pesa mucho el tiempo anterior a la Constitución de 1978: la puerta abierta hace 47 años para democratizar su conocimiento y una praxis acorde parece haber servido de poco.

De todos modos, el alzheimer educativo no se reduce estrictamente a los asuntos que suscita la memoria “histórica” o “democrática”, y tardará mucho en curarse si gestionarla se circunscribe a los decretos del BOE. Para que llegue de verdad a todas las aulas es imprescindible su arropamiento coherente en muchas otras acciones que afectan profundamente a la vida escolar. La organización interna de los centros, la formación lógica de sus educadores y, de fondo, el respetuoso respeto a la libertad de conciencia y  la atención a las características de los educandos, son determinantes. Por otro lado, nulo favor se hace a “la memoria democrática” en el sistema educativo olvidando a cuantos docentes enseñaron democracia a remolque de una “cultura escolar” reticente u hostil. Antes y después de 1978, su ruptura con los libros de texto al uso, y sus innovaciones en la enseñanza de la Historia Actual con documentación de archivo, exposiciones y debates sobre cuestiones contrarias a los derechos humanos y la paz -o huellas residuales a veces de aquella Guerra antidemocrática-, dignificaron la educación de muchas generaciones. Sus honrados proyectos abrieron un duro camino en la conexión de escuela y vida real, y no son los causantes de adolescencias reacias  a conocer –sin  manipulaciones-  lo ocurrido en España desde los años veinte.

En Educación, todas las manos son pocas para normalizar la Constitución en el sistema escolar, y que todos los ciudadanos tengan una educación apropiada. Alimentando la desmemoria se pierde el futuro, y  para el tiempo actual es estéril seguir haciéndolo.

Manuel Menor Currás

16/05/25

Entradas relacionadas:

lunes, 16 de septiembre de 2024

Comienzo de curso (Manuel Menor)

La imprecisión con que se inicia el otoño propicia el oficio de difuminar la necesidad de pactos educativos coherentes.

Los datos estadísticos dicen cosas que las opiniones más frecuentes suelen expresar rozando de modo impreciso la realidad de lo que acontece. Lo correcto, justo y necesario sería que hubiera coherencia entre lo uno y lo otro, y puede que así fuera si los hablantes no tuvieran vivencias, intereses y afectos condicionantes de sus afirmaciones y negaciones.

EDUCAFAKES

Repasar qué dicen las webs oficiales de Moncloa y de las Comunidades autónomas sobre educación tampoco es muy alentador; suelen insistir en la cuantitatividad de centros, profesores y alumnos por etapas y ciclos formativos. Para tranquilizar a los votantes, suelen hablar de récords, rankings superados, hipotéticamente expresivos de mejoras ocurridas respecto a un pasado igualmente indefinido, impreciso en datos históricos y contextuales. Igual que los discursos oficiales, para generar placidez no siembran dudas sobre la gestión y difunden la idea de estar en un proyecto inmejorable. Desde que Sócrates padeció el uso mentiroso de los sofismas, son incontables los ciudadanos que han sufrido campañas bien orquestadas de medias verdades y puras falsedades, presentadas como verdad, pura verdad e, incluso, verdad absoluta. La cantidad de engañados sigue creciendo, dada la gran facilidad que ofrecen las redes sociales para esparcir bulos interesados, y el gran número de los dispuestos a difundirlos negando evidencias palmarias.

En lo que atañe a la educación española, basta con repasar los prólogos de todas las leyes proclamadas en la Gazeta de Madrid en el siglo XIX, o en el BOE a partir de 1936, para observar las repeticiones de incumplimientos. Después de varias constituciones -desde 1812 a 1978-, y de miles de leyes, órdenes, decretos y resoluciones para llevar a efecto reformas y contrarreformas, sigue habiendo grandes lagunas en el sistema educativo que, a veces, ni se mencionan, pero que en las aulas reales restringen su eficiencia. La gran habilidad de los gestores del sistema, y de buena parte de sus guionistas, ha consistido en lograr que los problemas serios –siempre intocados- quedaran ocultos, mientras se promovían debates en torno a palabras de gran elasticidad semántica. Hablar de “esfuerzo”, de “igualdad de oportunidades”, de “libertad educativa” y de “nivel”, de “currículum actualizado”, de “evaluación”, y hasta de “integración” e “igualdad”, de metodologías de uno u otro tipo, de IA y digitalización, es entretenido mientras no se baja a los detalles de la sociología real de los centros y a su diferencialidad profunda, insondable a veces, y persistente en todo el recorrido histórico.

CONTRADICCIONES LATENTES

El primer día de cada curso, por ejemplo, cuando un maestro o profesor entra en coloquio con el alumnado que le haya caído en suerte, sabe que, según el distrito y calle en que vivan, el trabajo y el nivel de estudios de sus padres o el tipo de aficiones lectoras y culturales de la familia, varían sensiblemente las posibilidades de unos y otras para que ese curso represente o no un paso relevante en el desarrollo de sus capacidades para moverse en la sociedad. El docente, sin embargo, poco puede hacer. Las encuestas, informes como los de la OCDE desde 1965 -o de PISA desde 2001- y estudios bien contrastados, no cesan de reiterar que las diferencias de clase se reproducen en el sistema educativo. Hoy, la práctica totalidad de los adolescentes inferiores a 16 años está escolarizada, pero la igualdad de trato sigue siendo muy dispar. De entrada, por ejemplo, sigue no siendo lo mismo “ir a la escuela” o al “colegio” y, como sucedía después de la Guerra –en que muchos no tenían puesto escolar-, el actual sistema educativo español sigue mostrando un nivel de “fracaso” de los más altos de la UE. Se ha resuelto la escolarización, pero no la educación digna de todos. La eficiencia del sistema vigente, crecientemente diferencial, depende, cada vez más, de los recursos de que disponga cada familia desde antes de que un niño o niña vaya por primera vez a un aula escolar.

Los datos estadísticos corroboran que, paulatinamente primero, y aceleradamente en los últimos cincuenta años, ha crecido la opción por los centros privados –subvencionados antes de 1985 y concertados después muchos de ellos-, evidenciando que “estudiar” cumple objetivos sociales ajenos al saber y al logro de condiciones socializadoras similares para todos. Que un tercio del alumnado evidencie diversos tipos de problemas como abandono temprano, repeticiones de curso y un difícil logro de “competencias” básicas para “leer” el alfabeto de este mundo tan cambiante, no parece que sea el estímulo más apropiado para decir, sin mentir, que hayamos logrado “el mejor” de los momentos educativos. Y menos cuando, adicionalmente, se advierte que se trata de limitar el fracaso sistémico mediante el aumento de ayudas -con dinero público-, a la enseñanza privada y concertada, o se alaba y bendice la bajada de impuestos como panacea de bienestar social. La relación de ambas cuestiones nunca se aclara de modo convincente para una ciudadanía democrática, y ahí sigue, como si obedeciera a un voto sagrado. El contraído en tiempos de máximo fervor por la unidad político-religiosa nacional -con acuerdos concordatarios en 1851 y 1953-, no ha sido desmentido por los Acuerdos con la Santa Sede, en enero de.1979. Tampoco se ha moderado en los últimos años: cumplir las prácticas religiosas ha cambiado drásticamente, pero la red privada-concertada –de propiedad confesional en gran medida- sigue extendiéndose como oligopolio empresarial. En paralelo, el aprecio por la enseñanza de todos, con rutinas erosivas complementarias, sigue generando noticias como esta: “Los institutos habilitan aulas en bibliotecas, laboratorios y cuartos de baño para reducir ratios.

Para tratar de atajar tanta contradicción, Jesús Rogero y Daniel Turienzo acaban de publicar: Educafakes. ¡Ojalá que la prestancia cualitativa de la educación no se siguiera fiando a la voluntariedad “vocacional” de los trabajadores a quienes está confiada! ¿Ya no habrá manifestaciones ni huelgas por razones tan graves como las que se vienen protagonizando desde que los vecinos de Palomeras Bajas diseñaron la camiseta verde en marzo de 2007 para denunciar incesantes recortes de recursos a la enseñanza pública? ¿No se racaneará más con la formación que los docentes deban tener antes, en y durante los tiempos de su carrera profesional? ¡Mucha suerte a todos con el nuevo curso!

Manuel Menor Currás
9/9/2024

miércoles, 20 de septiembre de 2023

¿Qué igualdad? (Manuel Menor)

¿Qué igualdad?

La ansiedad política se presta al abuso de palabras tan poderosas como las que fueron lema principal de la modernidad política.

 

Los líderes suelen emplearlas sin pensar mucho,presionados por la urgencia de conquistar el favor de sus oyentes. En vísperas de una investidura, de la que todo indica que será fallida, este hábito tiende a ser más hiperbólico. La euforia partidista les hace confundir las palabras y las cosas, como se ha podido ver en el último mitin de Feijóo en Santiago; similares juegos de palabras de Sánchez se habían oído poco antes en Ourense 

 

Desigualdad lingüistica

 

La proclama del líder del PP: “Vamos a defender la igualdad aunque nos cueste la Presidencia de España”,ligada a otro núcleo semántico como “Libertad”, en un acto que llevaba el lema: ”Por la igualdad de los españoles”, es todo un paradigma, tan polivalente como insignificante. El empleo altisonante de términos políticos tan valiosos equivale a verle ventaja a dejar las cosas a medio hacer, cansina manía que denunciaba Larra hacia 1836: “Hágalo usted todo de una vez, el día primero del año, por ejemplo. ¿Y los trescientos sesenta y cuatro restantes, qué hace usted? Holgar. Dios nos libre, la ociosidad es madre de todos los vicios”.

 

La lectura de las noticias diarias da múltiples indicios de que, o muchas ganas tiene el líder del PP de modernizar España o, por el contrario, su alegato por la igualdad no pasa de un tópico que, pronunciado en un contexto tan extraño como el de estas vísperas de investidura, no pasa de clamor banal. Un buen contraste del valor real lo proporciona el uso que, de las lenguas cooficiales, acaba de escenificarse en el Congreso de Diputados. Tan tardía novedad es –según el círculo más cercano al líder- “hacer el canelo”, una pérdida de tiempo. Es decir, que siguen,más bien, con su tradicional minusvaloración de cuanto no sea “en castellano”. No les importa que, en la idea de igualdad idiomática impuesta durante tantos años, brillara la prepotencia. Por cómo hablan de este asunto, menos les importa que en la vida escolar de las generaciones que vivieron la educación de posguerra, esa barrera de la lengua fuera para muchos alumnos y alumnas causa de minusvaloración ante otros colegas; tampoco reconocerán que, fuera de la escuela, no fuera infrecuente que, cuando muchas personas tenían que realizar algúntrámite, al acobardamiento por hablar solamente su lengua materna, fueran objeto de burla para algún funcionario chusquero. Hay testigos sufridores de cómoaquella igualdad lingüistica fue ocasión para que, en muchos centros escolares (de las llamadas  autonomías históricas), los docentes menos preocupados por su alumnado, ejercitaran con ellos castigos absurdos. Aquel rastro han vuelto a mostrar estos días los contrarios a esta iniciativa igualadora, tan pagados de luchar “por la igualdad de los españoles” y su unidad. 

 

Desigualdades no sólo educativas

 

Hay muchas otras cuestiones en la vida pública, que deberían ser tratadas con más finura por cuantos invocanestos términos. No debiera ser en  vano recordar cómo el fútbol femenino sigue siendo objeto de prepotencia de muchos dirigentes deportivos, y más doloroso es constatar cómo la violencia “de género” ya suma 47 muertes este año. Aunque haya quienes nieguen este sesgo en los comportamientos violentos, cada día que pasa también crece el empleo desquiciado de la IA (inteligencia artificial): hasta los críos la usan para hacer bulling en suentorno. Por todas partes bulle ese afán desnortado de dominio y superioridad, empeñado en someter, humillar y controlar al otro -y, sobre todo, a la otra-, lo que indica que la educación en la igualdad es un trabajo largo, lento y duro, al que no ayuda nada tratarlo con tópicospublicitarios.

 

La labor de las familias, y la que corresponde al sistema escolar, es imprescindible para la convivencia democrática. Muchos responsables políticos, sin embargo, no son sensibles a que sea equitativo el acceso de todos a una educación profundamente democratizadora. La CE78 dice en su artc. 27, que ha de ser universal y gratuita, pero en la práctica -cuando vamos por la 9ª ley orgánica de su desarrollo-, las medias tintas en el desarrollo legislativo de ese mandato, sumadas a una alternancia ejecutiva que reproduce una interpretaciónopuesta y gritona de ambos términos, hacen que el ciudadano perciba que la igualdad –tanto la educativa, como la social- seguirá siendo pura utopía. Conste queson los políticos  del ala conservadora los que controlan en torno al 80% del presupuesto del sistema escolar; soncompetencia de las Autonomías y en cómo lo distribuyen  queda patente su descarada inclinación hacia los centros privados, mientras dejan la red publica más inestable, aunque sea la única a que tiene acceso la mayoría de los hijos de asalariados. 

 

Esa desigualdad, congénita al sistema escolar desde 1857, la vienen mostrando los sucesivos informes de la OCDE; para 1970, en que ayudó a formular la reforma  de la LGE, planteaba que deberían crearse 2.700.000 plazas escolares que no había. Hace unos días, el último Informe de esta organización recordaba que el 27,7% de los españoles que tienen entre 25 y 35 años sólo puede acreditar la ESO, cualificación insuficiente para el modelo productivo actual. Y explica, además, algo que -al menos desde 2010- repite: los indicadores de abandono escolar, antes de terminar la ESO y después, hablan de la desigualdad profunda del sistema: el consiguiente “fracaso” de la escuela lo padecen sobre todo los hijos e hijas de personas trabajadoras,  y casi dobla al de quienes se han criado en ambientes de mayor nivel sociocultural.

 

No es natural, por tanto, la diferencia de resultados escolares, como tampoco lo son las expectativas que genera en unos u otros chicos y chicas lo que se hace a diario en la escuela. La gestión política de la escuela pública es en buena medida responsable de las variaciones cualitativas de la educación que tenemos. En lugares significativos  como Madrid, la discriminación gestora existente la acaba de confirmar CCOOconstatando cómo la disminución general  de alumnado –por la crisis de natalidad- apenas ha afectado a las unidades escolares de la enseñanza privada, mientras ha recaído en gran medida en el cierre selectivo de las de lared pública. En síntesis, el cuidado de estos centros desde Infantil y Primaria -y la disminución de privilegios a los concertados, en gran parte confesionales- sería el mejor modo de que cualquier político demostrara que, cuando habla de equidad, no habla por hablar. Lo que están haciendo con la educación de todos a cuenta del dinero de todos es profundamente injusto.  Condorcet –el gran promotor de la escuela pública en 1792- lo confirmaría.

 

MMC (19.09.2023)