Mostrando entradas con la etiqueta In memoriam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta In memoriam. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de mayo de 2020

Julio Anguita y sus combates por la Historia (Agustín Moreno para cuartopoder.es)

Agustín nos envía este artículo publicado en cuartopoder.es:
  • "Julio era una máquina de pensar, analizar y proponer estrategias, alternativas, programas concretos, sin ninguna concesión a la galería"
  • "Cada carta que escribía era una batalla política, estuvieran dirigidas al obispo de Córdoba, a Felipe González o a José María Aznar"
  • "Su grandeza política y moral era insoportable para el sistema y por ello sufrió sistemáticas operaciones de desprestigio por los poderes establecidos"
16-5-2020

Ha muerto Julio Anguita. Consternado por la noticia escribo estas notas. Julio Anguita lo ha sido todo. Alcalde de Córdoba, Secretario General del PCE, Coordinador de Izquierda Unida, diputado en Cortes... Y, no se nos olvide, sobre todo maestro, profesión a la que regresó después de dejar la política voluntariamente. Esa fue otra lección de modos que nos dio, así como la de renunciar a la pensión máxima del Congreso y cobrar sólo la de profesor. Le tenemos que agradecer muchas cosas, una de las primeras, aquella frase que nos hizo entender que estábamos en democracia: “Usted no es mi obispo, pero yo sí soy su alcalde”. Julio, te has ido, pero nos dejas tu ejemplo de dignidad y compromiso.

Julio era una máquina de pensar, analizar y proponer estrategias, alternativas, programas concretos, sin ninguna concesión a la galería. Le gustaba escribir y, sobre todo, tenía cosas que decir. Por eso, sus libros eran una especie de prontuario para los militantes de izquierdas. En ellos, abundaba con naturalidad en los principios esenciales, reivindicaba la lucidez, el conocimiento, la responsabilidad de formarse, de saber tanto como los poderosos para poder transformar el mundo en el que vivimos. Planteaba, siempre, la necesidad de la reflexión y del debate sereno y libre, el análisis de la realidad, y  la apuesta por los hechos (praxis marxista) más que por las palabras. Nos enseñaba cómo vacunarnos de los halagos y sus peligros, cómo atravesar el desierto sin sufrir el desaliento.
Cada carta que escribía era una batalla política, estuvieran dirigidas al obispo de Córdoba, a Felipe González o a José María Aznar. Cada discurso era un programa, sus intervenciones parlamentarias eran brillantes y contundentes. Conocía el valor de la propuesta, y que un pensamiento, cuando la gente lo hace suyo, se convierte en una fuerza irresistible de cambio. De ahí que insistiera tanto en el “programa-programa”. Tenía una visión positiva de la política porque, como él mismo venía a decir, ni la historia se acaba ni el mundo se para, ni los disparates permanecen mucho tiempo sin que nadie los cuestione y se enfrente a ellos.
Le gustaba mucho la Historia y lo mismo citaba a Teodorico, que a la Córdoba califal, a Galileo, a la Santa Alianza del Congreso de Viena, la crisis de 98 y, por supuesto, la Segunda República. Y tenía otra visión de la Historia, entendida como la historia de la gente común, de cuanta más gente mejor que decía Gramsci, de aquellos (la clase trabajadora) que hacen que funcione el mundo porque crean todo lo bello y útil como decía Marcelino Camacho, de los que sufren y son explotados, e intentan cambiar y se organizan para ello. No creía en la historia hecha por los prohombres, sino la que recoge el ruido de las lágrimas, los sudores y anhelos del pueblo. De ahí, que parafraseando a Lucien Febvre y sus Combates por la Historia, llamó a uno de sus libros (que tuve el honor de presentar en el Ateneo de Madrid): Combates de este tiempo (NOTA 1)
Julio era una especie de Casandra, por su gran capacidad de anticiparse a proyecciones del futuro político. Cuántas veces le hemos tenido que dar la razón sobre el modelo de Unión Europea diseñado en Maastricht, sobre los riesgos de fiarse de la socialdemocracia devenida en social liberalismo o la necesidad de la jornada de 35 horas para repartir el trabajo. Sorprendía el acierto y la vigencia de sus reflexiones y pensamientos. Un ejemplo, su famoso artículo “Son los nuestros”, cuando se posicionó ante el movimiento del 15-M. O la última entrevista que leí de él sobre la actualidad (NOTA 2). Cómo le vamos a echar de menos en estos tiempos.
En Julio Anguita todo estaba muy relacionado y es difícil distinguir entre el hombre, sus ideas y el mito.
1. La persona.  Muchos recordarán a Julio como ese político de mirada decidida y esa voz  rotunda que defendía sus ideas con argumentos sólidos. Ese era sólo el hombre político. Por dentro era una persona que amaba la vida con pasión. Es decir, que amaba la amistad, la familia, las comidas de charla larga, el sentido del humor, el arte, el baile y la literatura.  Aunque su compromiso lo marcaba todo y, para él, es lo que daba sentido a una vida que no se resigna ante el desorden y la injusticia del capitalismo. Ha sido una persona de una pieza, es decir, sólida, sin dobleces, con un discurso transformador, con mucha claridad sobre dónde está uno, cuáles son sus objetivos, cuáles su amigos y compañeros y quiénes los adversarios. Y un hombre de principios, porque  sabía que es lo que nos queda cuando todo se derrumba. Siempre intentó hacer bueno aquello de predicar y dar trigo, por pura repugnancia hacia la demagogia. Y defendía la ética porque tenía claro que, como decía Manuel Sacristán, la política sin ética no es más que puro politiqueo.
2. Las ideas. En Julio Anguita aparece con nitidez la apuesta por los trabajadores, por los de abajo, sin equivocarse nunca. Creía en la necesidad de la transformación social. Defendía la alternativa frente a la alternancia, y rechazaba el discurso político como espectáculo. Creía que el intelectual orgánico es el partido y en el trabajo en equipo. Pero desconfiaba de las burocracias, del apalancamiento en los cargos que conduce a que se corrompan los mejores proyectos;  de ahí su valiente planteamiento de renovación radical de los órganos de dirección y la limitación de mandatos, cuando se debatía la refundación de Izquierda Unida. Hacía bandera de la austeridad, y frente a la resignación apostaba por la rebeldía.
3. El mito. Anguita, a su pesar, se convirtió en un icono para la izquierda. Porque llevó a la izquierda real (anterior a Unidas Podemos) a los mayores niveles de presencia y representación política del período democrático, después de haberse hundido en 1982. Era brillante y didáctico en la defensa de sus posiciones, ello hacía que otros rivales políticos, como Felipe González se negara a participar en ningún en cara a cara con él (campaña de 1996). Cuando hablaba de mirar de igual a igual al PSOE y de dejarse de complejos, no era una posibilidad irreal si no se hubiera organizado una de las campañas políticas y mediáticas más sucias contra un representante político: “la pinza”, “el profeta iluminado”, etc. Pero, sobre todo, fue y sigue siendo un referente de honradez personal y honestidad intelectual, en un panorama político donde no abundan estos valores éticos. Con ello, destrozaba la interesada afirmación de que todos los políticos son iguales.
Julio pagó un alto tributo. Su grandeza política y moral era insoportable para el sistema y por ello sufrió sistemáticas operaciones de desprestigio por los poderes establecidos. Ahora, cuando llega la maldita hora de los halagos, algunos tendrían que pedir perdón. Perdió a su hijo Julio en aquella demencial guerra de Irak, sufriendo el dolor más tremendo que puede sufrir un padre: enterrar a un hijo, un periodista valiente que grababa el horror; “Malditas sean las guerras y los que las alientan” –volvió a recordarnos en aquella ocasión. Su generosa entrega a los demás más allá de lo prudente y razonable –en su afán por hacer la revolución-, le pasó factura en a su salud. El rayo que actúa sobre los corazones apasionados, cayó sobre Julio y sin llegar (afortunadamente) a lo de Berlinguer, nos dejó a la izquierda huérfanos de su presencia en la travesía de un azaroso tercer milenio.
Acabo diciendo que para mí ha sido un placer conocerle de cerca, con su sencillez, su presencia, su serena determinación de poner en pie un proyecto para la emancipación de los hombres y las mujeres en este planeta que debemos defender. Siempre tuvimos una relación de cariño mutuo y coincidencia política. Tanto que, aunque no me arrepiento, me costó mucho decirle no a una propuesta que me hizo en 2008 y que no acepté por no renunciar a mis clases en el instituto (NOTA 3).
Ahora, las callejuelas de la judería de Córdoba echarán de menos su sombra paseando a cualquier hora de la noche, solo y reflexivo, o acompañado por algún amigo o camarada que disfrutaba de su fuente inagotable de conocimientos y de su amable humanidad. Devolvía los saludos de gentes de todas las ideologías que le reconocían porque le querían y confiaban en él. Siempre sembrando honestidad y coherencia, siempre regalando magisterio.
NOTAS:
  1. Combates de estos tiempos, Julio Anguita, editorial Paramo 2012
  2. https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/04/04/entrevista-julio-anguita-reedicion-pactos-moncloa-mal-pasar-trabajadores/
  3.  https://www.diariocritico.com/noticia/105357/exclusivo/Octubre/2008/
Nota de la comisión de información y acciones de Asamblea Marea Verde Madrid:

¡Hasta siempre, MAESTRO!

Que la tierra te sea leve

martes, 23 de diciembre de 2014

IN MEMORIAM JAVIER SORIA, un amigo, un hermano (Agustín Moreno)

Ha muerto Javier Soria y estamos todos consternados y nos cuesta asumir el hecho No importa que supiéramos de su grave enfermedad, del inevitable desenlace: la muerte siempre sorprende y golpea. Nos deja rabiosos y desolados. Con mucha rabia porque los dioses se llevan primero a los mejores, y a los más necesarios. Solo los buenos son capaces de reunir a tantas y tan diversas personas en el momento de su despedida. Su familia, sus alumnos y alumnas, sus amigas y amigos de tantos sitios (del barrio, del instituto, de la universidad…), sus compañeros de luchas y de esperanzas.

Compartí con él ocho años en el mismo centro y doy fe de que Javier era un profesor extraordinario.No hay más que leer las cosas que escriben sus alumnos del IES Salvador Allende en el cuaderno que le han escrito. De sólida formación intelectual, gran lector y riguroso en los contenidos científicos, era sobre todo muy rompedor en los métodos: iconoclasta, atrevido, innovador, siempre pensando en cómo motivar y encontrar la forma de que sus alumnos se interesasen por la historia, la geografía, el mundo, la política, la vida.

Creía mucho en los chavales, en su participación y protagonismo directo, consciente de que solo así aprenderían a pensar por sí mismos y las clases se convertirían en una escuela de democracia.Participando en los proyectos de innovación pedagógica como el Turkana. Mejorando en la escuelay reivindicando en la calle, como tiene que ser.
Tenía muy claro que había que cambiar la escuela para mejorar la sociedad. Y para ello había que defenderla y participó todo lo que pudo en la Marea Verde y fue quizá el primero que llamó con este nombre al movimiento en defensa de la escuela pública. Porque tenía muy claro que un país que destruye su Escuela Pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la Educación, las Artes o las Culturas, está ya gobernado por aquellos que solo tienen algo que perder con la difusión del saber. Y es evidente que cuando no hay educación, cuando el saber no se socializa, no hay manera de romper el círculo vicioso de la sumisión.
Javier tenía una humanidad que le llevaba a empatizar con los demás y a comprometerse en tantas buenas causas. Era un activista que participaba en la lucha en defensa de la escuela pública, del profesorado interino -recuerdo las huelgas y cortes de la calle Alcalá en 2004-, con el 15-M, con la Tuerka en sus orígenes, con el movimiento zapatista… Siempre con la ilusión del cambio político y progresista en España. Implicado en los movimientos sociales y siempre partidario de la participación horizontal y asamblearia,  sensato y asertivo en la defensa de sus ideas. Su compromiso y sus aportaciones e ideas se pueden visitar en sus blogs Impensando: http://impensando.wordpress.com/ y Estación claridad vamos llegando: https://javiersoriaj.wordpress.com/estacion-claridad-vamos-llegando/ donde afirmaba su lema de que “Sólo hay dos sueños que merecen la pena, los posibles y los imposibles”.

Pero sobre todo, Javier era una inmensa persona. Recordaremos su amabilidad y su interés por los demás. Pocas personas he conocido tan leales con sus amigos como él. Y si las personas se ponen a prueba en las situaciones difíciles: qué grande y qué digno ante la enfermedad, qué generoso con todos, qué incansable en su lucha para vencerla. Y qué valiente ante la maldita muerte. Antes decía que no deja desolados, porque su ausencia es un agujero sin bordes que va a costar trabajo llenar. Pero hay que conjurarse para hacerlo.Para demostrarle a la muerte que no ha vencido, porque siempre permanecerá en nuestra memoriapor su bonhomía, por su integridad moral, por tantas y tantas cosas.Y porque, como dice un proverbio africano: “las huellas de las personas que caminaron juntas, nunca se borran”.




En la foto de una manifestación de la Marea Verde de octubre de 2011, asomando la cabeza con su barba y su coleta negra y agachándose para disimular su gran humanidad, por detrás de la barrera de camisetas verdes

martes, 9 de diciembre de 2014

Ladislao Martínez, el luchador incansable (Agustín Moreno)

Agustín Moreno nos envía el artículo In memoriam de Ladis que le han publicado hoy en Cuarto Poder:

“Es como un pelotari incansable,que por mal que venga la bola trata de devolverla.Que cuando sale perdiendo inicia otra partida,Que permanece en la pista siempre, habituado a los golpes.Por mucho que le abuchee un público hostil,enloquecido por la fiebre posesiva,es un pelotari infatigable que nunca,nunca, deja de jugar –por mal dadas que vengan.”Juan Ramón CapellaGrandes esperanzas

Ha muerto Ladislao Martínez y sus amigos y compañeros estamos conmocionados y nos cuesta asumir el hecho. Tenía 56 años y desde hace unos meses arrastraba una enfermedad que le suponía una importante limitación a alguien de fuerte personalidad y poder intelectual. Como reflejo de su trayectoria, su despedida nos juntó a muchas personas de muy diversa procedencia: familiares, alumnos, ecologistas, militantes de la izquierda, profesores, ciudadanos en general. Me gustaría glosar algunos aspectos  muy significativos de su vida y de su compromiso.

Ladislao era un activista todoterreno, con una gran capacidad de trabajo y entusiasmo. Comprometido siempre con todo tipo de causas: la ecología, el cambio social, la defensa de lo público, del agua y de la escuela. Tenía una sólida formación científica –había estudiado Química- sus principales aportaciones fueron en el campo de la ecología. Fundador de las primeras organizaciones ecologistas en los años ochenta, como Aepden, que luego seríaAedenat y que cristalizaría en Ecologistas en Acción. Gran crítico de la energía nuclear y experto en energías renovables, contribuyó a la creación de conciencia ecosocialista en España. Además participó en el movimiento pacifista (Comisión Anti OTAN) y fue impulsor de iniciativas como La ciudad sin coches o la Marea Azul contra la privatización del Canal de Isabel II, consiguiendo la victoria de su paralización. La manera más segura de encontrarse con él era en la calle, en una manifestación por una buena causa.

Empezó en política en el movimiento autónomo anarquista en la universidad. Evolucionó hacia el ecologismo social y político, porque consideraba que había que defender la naturaleza influyendo en la izquierda y con medidas políticas medioambientales. Por eso estuvo en Izquierda Unida y en Espacio Alternativo, luego en Izquierda Anticapitalista. Recientemente estaba vinculado aPodemos (Círculo de Economía, Ecología y Energía), y le desazonaba que su enfermedad no le permitiera estar aportando todo su conocimiento y experiencia en unos momentos de gran expectativa de cambio.

Agustín_Moreno_Ladislao_Martínez
Agustín Moreno y Ladislao Martínez, en el patio del IES de Vallecas. / A. M.
Su participación en política siempre se hizo desde la toma de tierra de su implicación en los movimientos sociales, de los que era firme defensor. Nada sectario, partidario de las decisiones horizontales y poco amigo de las burocracias. Muy leal con sus compañeros de proyecto y amigos. Y muy noble en el debate político: siempre iba de frente, con una gran capacidad dialéctica. Ladis nunca se resignó a la miseria sin esperanza que ofrecía el sistema como única alternativa. Tenía claro que había que cambiar el sistema y, de algo aún más importante, que era posible hacerlo. Últimamente estaba ilusionado por las posibilidades de avance, aunque inquieto por los tiempos difíciles que corrían para las posiciones unitarias.

De tradición familiar docente, Ladis era un profesor extraordinario y nunca dejó de serlo. Su rigor científico y gran capacidad didáctica (la misma que podía poner a la hora de explicar la complejísima tarifa eléctrica, para que lo entendiera todo el mundo), hacía que sus alumnos se entusiasmaran por la Física y Química. Muy exigente consigo mismo, desde que comenzó el curso todo su objetivo era conseguir ir dando las clases día a día, sin que le anulara la enfermedad. Esta pelea por hacer bien su trabajo le generaba gran angustia. De hecho, las clases fueron su última trinchera para seguir viviendo, lo último que quiso seguir haciendo bien hasta la última semana.

También fue muy activo en la Marea Verde. Le gustaba moderar las asambleas habituales de nuestro instituto en Vallecas, un reducto de compromiso con la escuela pública y de resistencia a los recortes. Siempre reivindicando en la calle y mejorando en la escuela. Fue un lujo contar con Ladis en el instituto y una suerte personal haber trabajado codo con codo con él. Cuánto voy a echar de menos esas guardias de recreo, paseándonos en pareja, hablando con los chicos y, entre nosotros, de política y educación.

Como persona, lo que mejor define a Ladislao era su generosidad. Un hombre bueno, en el sentido ‘machadiano’. Aunque a simple vista parecía tener el aspecto de un tipo duro, era una persona muy sensible. Su gran humanidad le llevaba a comprometerse en tantas causas y a empatizar con los demás. Uno no se mete a revolucionario si no es por razones de ética y de estética, de conciencia y de sensibilidad. Y si es cierto aquello de que las personas se ponen a prueba en las situaciones difíciles: qué grande, qué entero y qué digno ante la enfermedad. Y qué generoso en el trato con sus amigos y compañeros, siempre pendiente de los nuevos que llegaban al centro. Lo fue hasta su última hora y decisión. Tuve la suerte de darle un abrazo horas antes de su muerte sin saber que era una despedida. Me cuesta creer su muerte, como a todos, y habrá preguntas que no tengan respuesta. 

Solo me cabe intentar asumir la situación desde el respeto a una persona a la que la enfermedad le suponía pérdida de facultades para la enseñanza y limitaciones en su activismo militante, algo que le cerraba su horizonte vital.

En Ladis los hechos hablan más alto que las palabras. Recordaremos su amabilidad y su interés por los demás, su vida de militancia y compromiso, sus aportaciones e ideas, aunque se prodigara poco escribiéndolas. Perdurará en la memoria de los compañeros y de las gentes que le han conocido por su legado de lucha contra el desorden del sistema capitalista. Generosidad, valentía y dignidad ante la muerte. Fue un luchador incansable que quiso vencer a la enfermedad antes de que ésta le derrotara, aunque nos dejase desolados. Las lágrimas de sus familiares, alumnos, amigos y compañeros son las mejores flores que le hemos podido dedicar. Hasta siempre, querido amigo. Nos vemos allá arriba. Ahora nos toca seguir tu lucha, que es la de todos.

Entrada relacionada:

¡Hasta siempre, Ladis, compañero!