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martes, 27 de abril de 2021

Las sombras de la gestión de Ayuso en la educación digital (Carlos Benéitez e Irene Martínez para ELSALTODIARIO.COM)

Reproducimos este reportaje de ELSALTODIARIO.COM


Las plataformas educativas online han estallado al calor de la pandemia, los confinamientos y los alumnos en cuarentena. EducaMadrid es la plataforma pública de la Comunidad de Madrid que da soporte a las videoconferencias y a las comunicaciones centro-alumno, al tiempo que aloja aulas virtuales y contenidos educativos digitales de docentes y centros, entre otras cosas.

Según denuncian los docentes esta plataforma ha sido un erial por el abandono institucional al que ha sido sometida durante años. Caídas continuas del sistema por falta de potencia en los servidores, incidencias técnicas que no son resueltas por falta de personal, usabilidad contraintuitiva… pero la pandemia lo puso todo patas arriba llevando a EducaMadrid a ser la cuarta plataforma más usada en toda España.

Para algunos la solución pasa por un incremento de la inversión para disponer de una plataforma 100% pública, mientras que para otros la solución pasa por la privatización y delegar esta obligación del gobierno autonómico en empresas privadas como Microsoft, Google y el Grupo Planeta.
Aula Planeta y OdiloTid

Entre abril y junio de 2020 la Comunidad de Madrid anunció que dentro de los contenidos de EducaMadrid se había incluido Aula Planeta de forma gratuita. Hasta ahí todo correcto, afirma Enrique García, de la asociación de docentes por la educación pública —ADEPEM—, aunque muchos profesores no la utilizaron dado que “los contenidos eran páginas de libros estáticas y con algunas actividades embutidas, sin más”.

La sorpresa llegó el 25 agosto, pero se materializó el 16 septiembre cuando el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid firmó la adjudicación ‘a dedo’, mediante la figura de la “declaración de emergencia” y por valor de 14,54 millones de euros, un contrato con Editorial Planeta e Informática El Corte Inglés. Esta adquisición, que se encuentra recurrida ante el TSMJ por la Asociación de Editores de Libros y Material de Enseñanza —ANELE—, permite el uso de esta herramienta a través de EducaMadrid únicamente por un periodo de dos años y solamente para las asignaturas troncales entre quinto curso de educación primaria y segundo curso de bachillerato.
El 16 septiembre el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid firmó la adjudicación ‘a dedo’, mediante la figura de la “declaración de emergencia” y por valor de 14,54 millones de euros, de un contrato con Editorial Planeta e Informática El Corte Inglés


Según denuncia García, existe un retraso deliberado del contrato de emergencia, dado que para poder hacerlo por esta vía no puede hacerse con menos de un mes de antelación. Para E.C, funcionaria de educación de la Comunidad Autónoma de Madrid —CAM— esta adjudicación por la vía de emergencia no tiene ningún sentido, ya que Aula Planeta aterriza entre los meses de octubre y noviembre “cuando los alumnos ya tenían sus libros de texto y los docentes sus programaciones desarrolladas”.

También ADIMAD —Asociación de Directores de Institutos Públicos de Madrid— denunció este gasto, ya que a su juicio era innecesario y existen otras prioridades: “Con 15 millones da para contratar 394 maestros todo el curso o 374 profesores de secundaria o 427 enfermeros o 16.666 equipos informáticos incluyendo conexiones y licencias, o 19.700 becas de comedor”, manifestaban.

Al mismo tiempo que se concedía el contrato al Grupo Planeta e Informática El Corte Inglés se concedió otro segundo contrato, por la misma vía, a la empresa Odilo por el acceso a una biblioteca de libros digitales y con un coste de 2,55 millones de euros. Según denuncia García, MadRead supone no ya una duplicidad, sino una triplicidad, ya que existe un servicio muy similar en el Ministerio de Educación bajo el nombre de Ebiblio y en la propia Comunidad de Madrid bajo el nombre BiblioMad.

E.C. destaca que pese al incremento de inversión en la mejora de los servidores y el aula virtual de EducaMadrid el gasto en Aula Planeta y MadRead —Odilo Tid— sigue siendo injustificable y “podría haberse dedicado a mejorar un servicio aún deficitario”, máxime teniendo en cuenta que para dicha implementación los trabajadores de EducaMadrid deben crear e instalar los ‘Plugins’ y el mantenimiento ‘en caliente’ —es decir, durante los horarios lectivos o de uso—. También destaca la subdivisión en dos direcciones generales que ha sufrido EducaMadrid desde la llegada de Isabel Díaz Ayuso al gobierno autonómico; que ha pasado de depender de la ya extinta “Dirección general de becas y ayudas a la educación” a depender de la “Dirección general de infraestructuras” —para todo lo relacionado con servidores y desarrollo de programación— y de la “Dirección general de bilingüismo y calidad educativa” —para todo lo relacionado con los contenidos—.

Esta subdivisión, a juicio de E.C., es la que está provocando gran parte de los problemas; ya que a la DG de infraestructuras le falta presupuesto y las decisiones adoptadas por la DG de bilingüismo y calidad de enseñanza no tiene en cuenta los requisitos necesarios para su implantación en EducaMadrid ni las necesidades de los docentes “Educamadrid ha recibido en varias fases —en año y medio— unos 2 millones de euros, mientras que entre Aula Planeta, El Corte Inglés y Smile and Learn han recibido cerca de 20 millones de euros para cosas que no se están utilizando o se están utilizando muy poco”.
Microsoft Teams

Otro de los puntos calientes de la gestión del gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha sido el convenio establecido con Microsoft para el uso de su herramienta de videoconferencias Microsoft Teams.

Todo comenzó con el sobrevenido estado de alarma y el confinamiento total decretado el 14 de Marzo de 2020. El país entero se paralizó y las calles se vaciaron, pero en Madrid las aulas ya se encontraban vacías desde tres días antes. Empezó entonces una carrera contrarreloj en todos los niveles de la administración para recuperar la actividad lectiva en este panorama tan novedoso hasta entonces y, en cierto modo, apocalíptico.

A bombo y platillo el 20 de Marzo la Comunidad de Madrid, de la mano de sus máximos dirigentes y a través de redes sociales, anunció que se podía usar Microsoft para poder retomar el curso académico.


Un día antes de este anuncio todos los docentes y alumnos fueron dados de alta en la plataforma, sin más aviso previo que otro tweet de Isabel Díaz Ayuso en el que adelantaba el inicio de las negociaciones con la multinacional. Según explica Ofelia Tejerina Rodríguez —abogada especializada en protección de datos, doctora en Derecho Constitucional, presidenta de la asociación de internautas y profesora de Derecho en la Universidad Pontificia Comillas ICADE—, deben ser los propios usuarios los que consientan y autoricen expresamente la información que figurará en sus perfiles, siempre y cuando los términos y condiciones que deben aceptarse estén en un lenguaje correcto y accesible para menores. Además; hace distinción entre mayores de 14 años y menores de 14 años, siendo en este último caso los padres o quien ostente su patria potestad quienes deben aceptar dichos términos de uso.

Correo electrónico recibido el 19 de marzo de 2020 por un docente dándole de alta en Microsoft Teams

Esto no se hizo así, y fue la propia Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid quien les dio de alta y creó dichos perfiles sin el conocimiento previo de docentes y alumnos. Para esta abogada especializada en protección de datos esto supone un hecho de extrema gravedad y duda que el procedimiento empleado pueda acogerse a la figura legal de “interés legítimo” o pueda estar respaldado por el Estado de Alarma, aunque no se atreve a calificarlo como un ilícito.

Pero no terminan aquí los problemas para Microsoft y la Consejería, ya que ha pasado más de un año desde que se anunciara la colaboración de ambas partes, hasta que se ha plasmado en convenio con sus cláusulas y las condiciones se han hecho públicas.

Para Tejerina debería haberse hecho público muchísimo antes, ya que según establece la Ley de Contratos Públicos hay que cumplir con unos requisitos mínimos de transparencia, claridad y detalle; pero matiza que al no ser un contrato sino un convenio al menos sí se debe cumplir la ley de transparencia, especialmente en lo relativo a la protección de datos por tratarse de un derecho fundamental “y cuando hablamos de menores debería estar aún más claro”. Tejerina aclara que el hecho de que no se haya hecho público no implica que se hayan inclumplido las normas, pero “a diferencia de los ciudadanos, que pueden hacer todo lo que la ley no les prohíba explícitamente, las administraciones públicas sólo pueden hacer aquello que la ley les permita”.

Conocer los detalles de este convenio en materia de protección de datos fue uno de los objetivos de Enrique García, que a fecha 29 de mayo de 2020 registró una solicitud tanto para poder acceder al convenio entre la Comunidad de Madrid con Microsoft, como para conocer cuáles eran los datos que la Consejería había cedido a Microsoft para dicho fin.

Como cabía esperar, esta demanda no logró su objetivo, teniendo que recurrir al Consejo de Transparencia y Buen Gobierno de España —CTBG—, quien reconoció la obligación de la Consejería a facilitarle dicha información. Es entonces cuando por primera vez le es comunicado que se trata de “un acuerdo verbal” justificado por “la situación sanitaria excepcional” y dado el “carácter de emergencia” previsto en artículo 37 de la ley de contratos públicos. Junto a esta explicación se adjunta un enlace a los términos de uso generales de los “servicios en línea” de Microsoft.
El 30 de marzo de 2021 es publicado el convenio entre la CAM y Microsoft, un año y diez días después de lo que debería haberse realizado


Tras la firma escrita, como obliga RGPD, el 8 de marzo 2021, el 30 de marzo de 2021, es publicado el convenio entre la CAM y Microsoft, un año y diez días después de lo que debería haberse realizado. Según la abogada Ofelia Tejerina, dicho convenio debería haberse publicado ante la primera consulta y considera injustificable que se haya tardado más de un año en publicar.

Tampoco terminan en este punto las polémicas en torno a esta plataforma que se encuentra implantada en un amplio número de comunidades autónomas, pues una de las funcionalidades que permite Microsoft Teams es la búsqueda de cualquier alumno o docente de su comunidad autónoma independientemente del centro educativo al que pertenezcan. Al realizar búsquedas con nombres o apellidos aleatorios en la plataforma, hemos llegado a obtener más de cinco páginas de resultados para el apellido Martínez.

En estas búsquedas aparecen los perfiles diferenciando entre “profesorado” o “alumnado” junto a su nombre y apellidos completos, dirección de correo, el número de teléfono del centro al que pertenece y la posibilidad de chatear con ellos desde la plataforma o iniciar una videollamada con ellos.

Captura de pantalla de la información que aparece en una de las búsquedas realizadas por IK Press.

Tejerina explica que los datos de los alumnos deberían ser “compartimentos estancos por centros” para que no se pueda acceder a los datos de los menores y docentes desde cualquier punto de la comunidad autónoma “es algo que debería haber hecho Microsoft”. Asimismo; considera que se está vulnerando el principio de proporcionalidad, idoneidad y calidad “no es necesario que los datos de los niños estén compartidos entre centros” —y remarca que “para recibir ese servicio yo no necesito conocer los datos de terceros y terceros no tienen que conocer que yo estoy dada de alta ahí, me parece muy grave y debe ponerse en conocimiento de la Agencia de Protección de Datos”.

Tanto para E.C. como para Enrique García esto supone un hecho gravísimo por los mismos motivos que alega Tejerina, pero añaden que supone además un riesgo para la propia integridad tanto de menores como de docentes.

En primer lugar esto abre una nueva ventana al ciberacoso al permitir el acceso a las herramientas básicas de comunicación de los menores, pero también al abuso sexual de menores al permitir que adultos sin ningún tipo de relación con los mismos puedan localizarlos tan fácilmente e iniciar un chat con ellos.

En segundo lugar, E.C. explica que ya se han producido casos de acoso al personal docente por parte de padres o alumnos. Al tener estos acceso al correo electrónico de los docentes les han presionado para rectificar las calificaciones de sus hijos, llegando al extremo de producirse este acoso a docentes sin ninguna relación con dichos alumnos por la mera coincidencia del nombre de pila o algún apellido.

Y, nuevamente, este tampoco es el último problema con la aplicación de la multinacional estadounidense.

Desde un primer momento E.C. señala e insiste en que esta herramienta sólo puede ser empleada con carácter educativo y que bajo ningún concepto puede emplearse para labores de evaluación o enviar a través de ella calificaciones, notas de exámenes o actas de evaluación. Sin embargo E.C. tiene constancia de que así fue de abril a agosto de 2020, ya que cualquier usuario de la comunidad educativa madrileña introduciendo en el buscador la palabra “acta” podía acceder a todos aquellos documentos que se habían enviado internamente entre profesores, claustros… “si ponías en el buscador de Teams ‘acta’ te encontrabas actas de evaluación de alumnos, o el acta de un certificado de un alumno con necesidades educativas especiales, y eso está recogido en un informe que se llama Análisis de seguridad y privacidad de Microsoft Teams en la Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid: se creó una brecha de seguridad enorme. Microsoft no puede tener esa información”.

Para añadir más leña al fuego, y al margen del contrato por 14,5 millones con el Grupo Planeta, encontramos OneSpace. Se trata de una alianza fraguada en 2019 entre el Grupo Planeta y Microsoft para el lanzamiento de un plugin de la herramienta educativa de la editorial en Microsoft Teams. Todo parece normal hasta que una diapositiva en la página oficial de OneSpace —Aula Planeta— aparece en pantalla “Monitoriza el desarrollo de las competencias básicas de los alumnos”.

One space, la alianza entre Grupo Planeta y Microsoft.


Cuando le explicamos esta funcionalidad, que la propia plataforma promociona, a la abogada Ofelia Tejerina lo primero que comenta es “a mí la palabra monitorizar ya me escandaliza” y prosigue explicando que el reglamento de protección de datos tiene una prohibición expresa para la creación de perfiles y la toma de decisiones automatizada en base a dichos perfiles. Tejerina se cuestiona “¿Esa monitorización qué va a dar? ¿Datos anonimizados y perfiles estadísticos generales o una calificación de esos trabajos?” “¿Cómo lo va a utilizar Teams y cómo va a informar a los centros y docentes de qué se está utilizando, qué implicaciones legales tiene, hasta dónde se puede llegar...?” y lanza una advertencia a Microsoft “si yo fuera Teams me cuidaría ‘muy mucho’ de evitar que se convierta en un perfilado automatizado de menores para la toma de decisiones. Estamos hablando de datos muy sensibles, en mi opinión, contradice el reglamento de protección de datos”. Por último, explica que los datos personales y académicos de los alumnos deben estar en un servidor único y califica la posibilidad de que cualquiera de estos datos sean alojados en los servidores de Google o Microsoft como “una salvajada”.

Para E.C. se trata de un despropósito desde el primer momento, ya que todas las funcionalidades que aporta Teams; como el aula virtual, la nube, la posibilidad de gestionar páginas, el almacén del correo electrónico o las videoconferencias; ya existían en la plataforma de EducaMadrid sin necesidad de crear una duplicidad y darle los datos de alumnos y docentes a una multinacional estadounidense.
ODEC

Una de las novedades que el SARS-CoV2 nos ha traído es la necesidad de realizar evaluaciones online, y con ellas ha aflorado la picaresca. Con el objetivo de evitar el fraude y el ‘copieteo’ de los alumnos, la Comunidad de Madrid puso en marcha un concurso público para la creación de un sistema de evaluación online con medidas de protección antifraude.

La empresa adjudicataria de este concurso por valor de 824.736 euros —que ya han sido desembolsados pese a no estar implantado— fue ODEC (Centro de Cálculo y Aplicaciones Informáticas, S.A). Entre las numerosas especificaciones técnicas recogidas en el pliego de prescripciones del contrato destaca una sobre todas ellas: Los controles de seguridad. En el propio pliego se especifica que el sistema deberá contar con “Reconocimiento facial mediante técnicas de Inteligencia Artificial, detección de objetos extraños en la imagen del alumno y acciones de teclado sospechosas”.
Cuando le explicamos a la abogada Ofelia Tejerina estas especificaciones del programa enseguida se escandaliza y alarma, pareciendo no creer lo está escuchando. Comienza explicando que no es lo mismo la grabación que la identificación biométrica —en este caso identificación facial— y que este tipo de sistemas de identificación implica “ir un paso más allá”.

Esta abogada experta en protección de datos expone que ya solamente con la grabación de la imagen se puede acceder a datos personales especialmente sensibles, como la raza o la incluso la religión, y que por ello goza de especial protección tanto en la ley como en el reglamento de protección de datos, y enfatiza “en menores ni te cuento”. Tejerina considera que el uso de este tipo de mecanismos de autenticación es “desproporcionado y absolutamente innecesario” y cree que su uso en menores es ilegal.

Para su uso abre una única ventana, que es un consentimiento de los padres o tutores legales plenamente informado y libre, para el cual deben ofrecerse alternativas factibles que permitan que los alumnos se examinen por otros medios que no requieran dicho mecanismo, por lo que de existir dichas alternativas este sistema caería por su propio peso.

Tejerina califica estas condiciones recogidas en el pliego antes mencionado como “una barbaridad” que “debe ser puesto en manos de la Agencia Española de Protección de Datos”.

martes, 20 de octubre de 2020

Josep A. Planell: "La educación online no es solo que los profesores se graben mientras dan la clase" (Daniel Sánchez Caballero para ELDIARIO.ES)

 Publicamos esta entrevista que leemos en ELDIARIO.ES



Josep A. Planell es el rector de esa universidad peculiar que es la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que este miércoles ha cumplido 25 años. Impulsada desde la Generalitat, gestionada de manera privada pero con precios públicos, la UOC presume de ser "la primera universidad totalmente online del mundo" y cuenta con 77.549 estudiantes este curso. Con el bagaje que dan más de dos décadas de dedicación exclusiva a la formación a distancia en el centro, su rector alerta en esta entrevista de que la educación superior online, tan presente estos meses los campus, implica más que simplemente grabarse las clases; debe participar de ella –y estar formado– todo el personal de la universidad. También pone en valor la presencia física de los campus en las ciudades y alerta contra algunos centros "que solo buscan el beneficio" económico.

Partiendo de que hay tantas propuestas para pasar lo presencial a online como facultades o hasta profesores, si se quiere, ¿cómo ve la educación a distancia que están planteando las universidades normalmente presenciales?

Ellos han tenido que afrontar una emergencia, y las emergencias tienen un principio, pero deben tener un final porque si no, no serán emergencias. Han hecho lo que han podido y estaba en sus manos, yo aplaudo y creo que tiene mucho mérito lo que todas las universidades españolas han hecho. Pero en cuanto a lo que podemos considerar que es formación online o no ahí hay muchas variables. La primera y más importante para mí es que el online no depende solo del personal académico. Necesitas que el personal de gestión esté absolutamente sincronizado y trabajando codo con codo con los académicos. La tecnología tiene que ayudar a los académicos, facilitar procesos de evaluación. Hace falta que el personal que se conoce como PAS (personal de administración y servicios) tenga unas competencias adecuadas para pasar al online. No solo que los profesores se adapten a filmarse mientras dan la clase.

“Lo que se está haciendo en algunas universidades no es educación a distancia”, le he leído. ¿Qué sí lo es?

En el momento en el que las universidades presenciales hagan la apuesta por el online deberán escoger el modelo pedagógico que quieren y adaptar sus estructuras a este modelo. El vicepresidente primero del MIT ha publicado un libro en el que cuando analiza el futuro de la educación considera muy importante tener en cuenta los periodos de atención del cerebro. Un vídeo de una hora es insostenible. Él dice que la atención se mantiene durante 10-12 minutos. Si tu apuesta online es filmar clases, deberás personalizar al máximo. El online puede considerarse esto, la filmación de clases, que es el modelo igual que el presencial. Tienes un profesor que emite conocimiento, los estudiantes lo reciben, toman notas, etc.

El modelo UOC no es así. En nuestro modelo no hay clases, los profesores no dan clases. Se parece más a la flipped classroom, el estudiante aprende haciendo. Es un modelo distinto del presencial y del online, en el que el profesorado dicta un conocimiento. Al estudiante se le plantean una serie de retos que debe resolver a través de pruebas de evaluación continuadas y para ello se le proporcionan unos recursos de aprendizaje (para entendernos, podrían ser los apuntes, pero es mucho más complejo), se le coloca en un aula virtual con un profesor al frente que le va a convocar para seminarios, le propondrá trabajos y va a resolver las dudas que el estudiante tenga mientras trabaja o estudia y la propia aula es una red social en la que los estudiantes pueden estar en contacto, hacerse preguntas, resolver problemas conjuntos y trabajar en pares. Esto permite la tecnología: tener ocho mil aulas organizadas de la misma forma. Con su profesor que los tutorizará, sus recursos de aprendizaje y un conjunto de estudiantes en el aula con los que trabajar conjuntamente.

Pero para una universidad como la UOC es más fácil mantener enganchada a la gente, que se apunta sabiendo lo que hay. Los de las universidades 'presenciales' se han encontrado esto de manera sobrevenida, quizá no estaban preparados.

El estudiante que viene a la UOC sabe a lo que viene. Ahí hay un punto de discusión muy interesante: si la docencia va a pasar a ser híbrida online presencial para la mayoría de las universidades, en la descripción de derecho y deberes de estudiantes y profesores esto deberá ponerse de manifiesto, porque nadie te obliga a priori a tener un ordenador o una tableta. En otros países ha habido desmovilización de estudiantes en estas circunstancias.

¿Cómo puede afectar todo esto al sistema universitario español? Se dice que la idea es volver a la presencialidad absoluta cuanto antes, pero está por verse. ¿Cree que podría derivar la situación en algún tipo de reordenamiento de las universidades si lo online se extiende? Ya no haría falta tener tantas facultades en tantos lugares...

Esta pregunta me la hecho alguna vez y la hemos comentado con algún otro rector en la CRUE. Cuando Cambridge decidió pasar a online la respuesta que mostraba mayor perjuicio era del alcalde de Cambridge, porque esto significaba que los estudiantes ya no iban a ir allí. Significaría una pérdida para el municipio. En España la universidad dinamiza las ciudades. Se ve en Catalunya en Girona, Lleida... Pero imaginemos que Cambridge decidiese que los estudios costaran 5.000 libras (diez veces menos que ahora) a cambio de tener diez veces más alumnos. ¿No existiría la tentación de tener un título de Cambridge en vez del de la universidad de tu pueblo? ¿Cómo sería la relación entre las universidades grandes y pequeñas? El online está para quedarse. Todo lo que se hace en un aula es virtualizable, pero lo que haces fuera del aula no tiene por qué serlo. Cuando quieres ver células en un microscopio hay que hacerlo en un laboratorio. La pandemia ha acelerado esto y dudo que la educación online remita respecto de lo que era anteriormente. Luego habrá modelos y quién hace qué y para qué, porque en educación online estamos algunos haciendo un servicio público, pero luego hay modelos que solo buscan el beneficio.

¿Cree que hay universidades privadas de poca calidad?

Las titulaciones oficiales, reguladas por el Ministerio, deben estar sometidas a la verificación y acreditación por parte de las agencias, para eso las tenemos. En este sentido creo que tenemos la estructura para ofrecer una educación superior de calidad. Lo que ocurre es que en función del tipo de modelo de universidad que se establezca habrá otras cosas que se darán más o menos. Me refiero a que las universidades públicas ofrecen precios regulados por las comunidades autónomas. Pero luego hay universidades que salen a bolsa o están en manos de fondos de inversión, o empresas privadas que, con toda la legitimidad, establecen su política de precios y su tipo de organización. Esto establece diferencias relevantes. En el momento en el que la educación tiene una componente de negocio lucrativo las cosas no son iguales. Por eso hay universidades privadas sin ánimo de lucro y universidades privadas donde esto no es así. Sería interesante analizar el nivel de investigación que se hace en unas y otras. La investigación siempre es una inversión e invertir en investigación es algo que no aporta beneficio económico.

Ha mencionado que hay fondos de inversión comprando universidades, con todo lo que esto implica. ¿Sería partidario de poner límites a quién tiene una universidad?

No estoy en condiciones de decir quién sí y quién no. Creo que por el lado de la acreditación debería poder establecerse qué es una universidad. Se pueden hacer mejor o peor con cualquier estructura. Cuando piensas que la demanda de educación superior va a crecer en los próximos años (un informe de la OCDE decía que en 2009 había 100 millones de universitarios en el mundo y esperaban 400 millones para 2030) necesitas universidades para dar cabida a estos estudiantes. Si lo haces mediante universidades presenciales, tendríamos que estar construyendo dos universidades para 20.000 estudiantes cada día. Si tienes que dar contenido, tienes que formar profesores, y formar un doctor puede costar más de 25 años desde que nace. Esta es la gran oportunidad para el online porque es escalable. Con la presencialidad únicamente no darás abasto a dar respuesta a esta demanda creciente. Una gran demanda atrae al negocio y es lógico que haya una respuesta de fondos u otro tipo de estructuras que vean posibilidad de negocio.

La pandemia nos ha puesto de frente con la realidad de la brecha digital, que en tiempos de bonanza no preocupaba. Si las universidades están planteando una educación semipresencial (aunque técnicamente la llamen presencial), ¿deben facilitar los medios –ordenadores, conexión– a los estudiantes para seguir las clases online?


Primero quiero decir que tenemos que dar la capacitación digital a toda la ciudadanía, estamos tardando. Y debe empezar ya en las escuelas. Si la educación online está aquí para quedarse en el educación superior en España es imprescindible que internet sea accesible para todos. Internet es un derecho ciudadano como lo es el acceso al agua o la electricidad, y debe tener un precio asequible y una red neutra, que no favorezca por parte de los distribuidores cierto tipo de paquetes frente a los educativos o culturales.

Respecto a los medios: no sé si debe ser una universidad y cargárselo a su presupuesto o debe ser una cuestión del Gobierno. En el caso de las universidades públicas, en las becas el estudio habría que incluir los medios para estudiar online. Si las presenciales van a incorporar el online –y creo que deben hacerlo– y montar una formación híbrida, creo que es fundamental y lógico que se les suministren los medios para poder acceder a internet. Se acaba de aprobar una ley para el teletrabajo que dice que deben suministrarse al trabajador los medios para teletrabajar, estamos un poco en la misma situación. Una universidad no es una empresa, por tanto si hay que facilitarlo deberá recibir los fondos.

¿Qué opinión le merecen los cursos masivos online (MOOC)? Nacieron, se reprodujeron exitosamente hace unos años (se dijo que eran el futuro), pero no sé si se están muriendo ya.

Tal como se concibieron al principio se les ha pasado el momento. El problema es que no tenían seguimiento, nadie orientaba a los estudiantes. La gran función del profesor no es tanto lo que enseña como los errores que evitas que cometa el estudiante. El seguimiento del estudiante era un elemento a incorporar en los MOOC. Algunos lo están haciendo ya, pero yo creo que hay que tener claro para qué sirve un MOOC. Un MOOC puede ser un elemento de márketing importante. Va a exponer de manera breve y atractiva un elemento complejo, que puede servir para atraer estudiantes para grados, por ejemplo. Son recursos que se ponen gratis en el sistema: la universidad que los pone debe saber qué está dejando de ofrecer para hacer esto, qué le conviene para su propia sostenibilidad. El MIT, por ejemplo, habla de que para ellos los MOOC son para atraer talento. Siempre me ha interesado poco el tema, jamás los vi como el futuro de la educación superior. Y eso que nosotros tenemos unos cuantos, pero en ámbitos muy concretos para levantar interés en cuestiones que creo que pueden ser relevantes y que pueden tener una buena acogida, por ejemplo en Latinoamérica.

martes, 25 de agosto de 2020

La Comunidad de Madrid instalará 6.100 cámaras en las aulas para impartir clases "online" (Fátima Caballero para ELDIARIO.ES)

Reproducimos esta noticia de ELDIARIO.ES



La Comunidad de Madrid ha apostado por una vuelta al cole semipresencial. El Gobierno de Isabel Díaz renuncia así a una vuelta a las aulas con 100% de presencial dada la situación actual, con la región de nuevo a la cabeza de los contagios por coronavirus. El plan del Ejecutivo madrileño pasa por instalar 6.100 cámaras en las aulas para impartir clases "online" entre buena parte de los estudiantes, además de comprar 70.000 ordenadores para que profesores y estudiantes puedan conectarse por videoconferencia durante este curso escolar, confirman a elDiario.es fuentes del Gobierno regional.

La idea del Gobierno de Ayuso es que en Infantil y en Primaria acudan todos los niños a las aulas y que los de mayor edad combinen la asistencia con la enseñanza telemática. No queda aún claro cómo pretende el Ejecutivo madrileño que sea esa vuelta a las aulas para para los más pequeños. Fuentes del Gobierno regional apuntan a que se habilitarán más espacios pero emplazan a la rueda de prensa que ofrecerá este martes este martes la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, junto al consejero de Educación, Enrique Ossorio, y el de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, en la que facilitarán más detalles.

Los principales sindicatos anunciaron hace una semana movilizaciones para los primeros días del curso escolar. Los organismos sociales reclaman bajar las ratios de alumnos por aula y desdoblar grupos para cumplir las distancias de seguridad, aumentar las plantillas, recursos para hacer frente a la brecha digital, más personal de limpieza o que todos los centros cuenten con personal de enfermería.

sábado, 1 de agosto de 2020

"Las universidades empezarán el curso con el 50% del alumnado por videoconferencia; el sueño sería tener un segundo trimestre presencial"

Daniel Sánchez Caballero entrevista a José Carlos Gómez Villamando, presidente de la CRUE, para eldiario.es

El representante de los rectores admite que las universidades no estaban preparadas para la evaluación 'online', defiende que el objetivo es volver a la presencialidad directa en cuanto se pueda aunque no será así al inicio del curso y se pregunta por qué si hay 300 millones para inyectar en ciencia con carácter urgente no se hace de manera estructural
30 de julio de 2020 

Como rector de la Universidad de Córdoba y presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), José Carlos Gómez Villamando ha tenido que lidiar por partida doble con la situación insólita de tener que acabar el curso con todas las universidades cerradas. Cree que ha ido razonablemente bien, dadas las circunstancias. Pero también admite que ni los centros, ni los profesores ni los alumnos estaban preparados para esta circunstancia y que hay aspectos a mejorar, sobre todo en la evaluación. Quizá por eso, admite sin decirlo abiertamente, se ha levantado la mano: la Ebau (o Evau, la antigua Selectividad) ha tenido más aprobados que nunca y las matriculaciones de nuevos estudiantes han subido alrededor del 5%. Este catedrático de Histología y Anatomía Patológica Veterinarias explica que, de cara al próximo curso, las universidades empezarán con entre un 30% y un 50% del alumnado siguiendo las clases desde casa, pero con el deseo ("sería un sueño") de pasar a la presencialidad en el segundo cuatrimestre. Hablamos con el representante de las universidades sobre el año académico que viene y cuestiones de más largo alcance, como la reforma de los precios públicos, la negociación del nuevo Estatuto del Personal Docente e Investigador (PDI) o la precariedad docente en la Universidad.

Las universidades ya van presentando sus planes para el curso que viene. ¿La docencia online ha llegado para quedarse?

Hay quien habla de cambio de modelo. Yo creo que todo esto va a servir para mejorar mucho. La inmensa mayoría de universidades ha optado por una presencialidad al 100% en dos modalidades: presencialidad en aula compaginada con la modalidad de videoconferencia, que sigue siendo una docencia presencial. No es presencial directa, pero sí es presencial porque se puede interactuar. Junto a eso está la enseñanza online habitual de herramientas, plataformas, etc. Todas las universidades hemos puesto en marcha cursos para que el profesorado perfeccione esa metodología, pero como metodología complementaria a esa presencialidad que reclamamos como seña de identidad.

Pero entonces la mayoría de universidades sí va a introducir enseñanza a distancia, aunque la llamemos presencial no directa.
La videoconferencia no es enseñanza online, es presencial y así se considera. Pierde parte de las ventajas que tiene la presencialidad física, evidentemente. Pero es presencialidad e interacción directa en el momento.

Pero parte de la docencia se va a hacer a través de videoconferencias.

La mayoría tienen la idea –dependiendo también del tamaño del aula y otras variables– de que un 30% o 50% de los alumnos estén en el aula, el otro 50% por videoconferencia y que vayan rotando cada semana o mes, según cada una. Se trata de que el profesor y el estudiante puedan tener un lugar de contacto físico. Ojalá podamos hacer eso, porque la alternativa sería volver al confinamiento.

Este es el escenario bueno, entonces.
No el ideal, pero sí bueno dada la situación actual. Si empezáramos así el cuatrimestre y pudiéramos ir en el segundo hacia la presencialidad habitual sería lo ideal. Esto es lo que soñamos: acabar el primer cuatrimestre en esta bimodalidad y que el segundo sea presencial en aula al 100%.

¿Volver a la presencialidad en febrero no es excesivamente optimista?

Es más un deseo que otra cosa. Los cursos están diseñados para que sea todo el curso en esa enseñanza bimodal.

Entonces, que es donde quería llegar al principio, se va a quedar.

Estamos en el objetivo de volver a la presencialidad directa en cuanto se pueda. Somos universidades presenciales y el proceso de enseñanza–aprendizaje requiere mucho de ejemplo y de contacto. La vida universitaria no se entiende sin la vida en los campus, en las aulas...

Igual que este año se ha levantado un poco la mano con las notas, ¿se le va a dar continuidad el próximo curso o se acabó el, digamos, periodo de carencia?

Uno de los problemas que tenía el sistema online es que no estábamos preparados ni el alumno ni los profesores para evaluar online. De hecho, gran parte de los cursos que tenemos es sobre cómo evaluar online, qué herramientas se tienen que utilizar y desde luego ir a la evaluación continua. Esta evaluación continua sí podría ser una mejora para quedarse en el sistema. Si somos capaces de ir interiorizando la evaluación continua como algo normal y natural ganaríamos muchísimo estudiantes y profesores en todo el proceso de formación. De las muchas cosas donde Bolonia no ha terminado de cuajar ha sido en esto de la evaluación continua. Esta podría ser una de las grandes ventajas de esta situación.

¿Va a haber alguna medida especial para los estudiantes de primer curso, que van a tener el doble salto de aterrizar en la universidad y además hacerlo en esta bimodalidad educativa?

Nos preocupa muchísimo, y de hecho la tónica general es intentar que la presencialidad en aula de los chicos de 1º sea la máxima posible. Es lo que decía del contexto. Que acaben el Bachillerato y vuelvan a la universidad por vía online no creemos que sea adecuado. Por eso las aulas más grandes se están adecuando para que el alumno de 1º pueda tener si no el 100%, sí casi toda la docencia de forma presencial directa, en el aula, para esa convivencia que forma parte de cualquier formación.

¿Se va a compensar finalmente a los estudiantes de este curso que no han recibido el servicio por el que pagaron?

Pero es que el servicio lo han recibido. Han recibido su docencia, se han evaluado. La parte que más resentida se ha visto han podido ser las prácticas curriculares, cosa que han podido hacer en junio, julio, agosto o septiembre. La mayoría de las universidades hemos ampliado el periodo entrando en el segundo cuatrimestre para que puedan terminar sus prácticas, y en cualquier caso para aquellos alumnos que de forma justificada no han podido recibir aquello por lo que pagaron, hemos abierto periodos extraordinarios de anulación de matrículas en el cuatrimestre que acaba ahora. Ya no hay un escenario de compensar nada porque algo se ha hecho.

Voy a cambiar de tercio hacia cosas de más largo recorrido. El Ministerio de Universidades ha cambiado los precios públicos con un complejo sistema que se traducirá en que la mayoría de las comunidades tendrán que bajarlos, lo que significa menos dinero para las universidades. ¿Cómo lo ven? ¿Les van a compensar esta caída de fondos?

Nosotros siempre hemos dicho que había que disminuirlas (las tasas), sobre todo para que el sistema sea equitativo. No tenía sentido que el estudiante de una comunidad pagara el triple o el cuádruple que el de otra. Queríamos volver al sistema anterior de pequeñas variaciones de precios, pero nos preocupaba que las comunidades no compensaran esta pérdida de financiación. Por eso pedimos siempre que las comunidades se pronuncien. Se ha llegado a un acuerdo entre comunidades y ministerio sobre cómo hacer esta reducción de tasas (este año solo entra en la primera matrícula). Esperamos que las comunidades cumplan con esta financiación –no tenemos por qué dudar de ellas tampoco–.

El Ministerio trabaja también en un Estatuto del Personal Docente Universitario, una cuestión de la que están pendientes muchos docentes y aspirantes a serlo. ¿Qué les parece el borrador que se ha filtrado, aunque sea un estadio bastante inicial? ¿Va en la buena dirección para la CRUE?

España necesita un marco normativo nuevo. Necesitamos un nuevo estatuto del PDI que sea un marco normativo que nos dé flexibilidad, que respete la autonomía universitaria y que sea un estatuto no pensado para resolver los problemas de ahora, que podemos hacerlo por otra vía, sino pensado para proyectar la universidad hacia 10 o 15 años. Una ley orgánica de esta envergadura, como se quiere sacar, lo normal en el ámbito universitario es que dure años, entonces tiene que tener visión de futuro, flexibilidad para permitirnos desarrollar nuestro potencial (con toda la rendición de cuentas que se quiera). Hay otros agentes en el sistema, pero la visión de conjunto y de querer mejorar todo el conjunto del sistema probablemente nos toque tanto al ministerio como a CRUE.

Pregunto específicamente por la carrera laboral que propone el ministerio en la Universidad, paralela a la funcionarial.
Tiene una serie de dificultades técnicas. Hay un mínimo de personal funcionario que se debe respetar (un 51%), vamos a ver cómo evoluciona. Estamos en el minuto cero, empezando.

Recientemente, el Observatorio del Sistema Universitario de Catalunya publicó un informe que decía que la Universidad en su conjunto incumple la ley respecto a la relación de profesores temporales y a tiempo completo. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Uno de los perjuicios que tuvo la crisis de 2008 fue alterar mucho la estructura de las universidades. Hasta que la tasa de reposición no ha llegado a una situación que no es la que queremos, pero al menos podemos vivir con ella, no ha permitido ir recuperando tasa de funcionariado, aunque es verdad que en algunas universidades no se alcanza la tasa de funcionariado y es algo que hay que cambiar. También hay que tener en cuenta que cuando se analizan estos datos no hay que contabilizar el número de efectivos como trabajadores a tiempo completo.

Uno de los problemas de la universidad es la alta tasa de asociados, profesores en ocasiones muy precarios que están sosteniendo la docencia. ¿Cómo resolvería la CRUE esta situación si dependiera de ella?

Hemos planteado varias cuestiones, pero hay que entender alguna cosa antes: no hablamos de un colectivo homogéneo, es tremendamente heterogéneo. Hay personas de grandes carreras profesionales independientes y muy sólidas aparte de la universidad; tenemos otro perfil, que por desgracia no son la mayoría y ojalá lo fuera, que son doctores acreditados, para los que hemos planteado en varias ocasiones que vía Presupuestos Generales del Estado se nos permita darles la opción de estabilización mediante un concurso oposición y que no cuentan en la tasa de reposición. Le podríamos abrir la puerta del proceso de estabilización a estas personas sin que eso repercutiera negativamente en el resto de personas de la carrera académica. Y luego tenemos otro colectivo de personas que llevan muchos años en la docencia que no tienen el título de doctor o una acreditación, que necesitan otra solución. Habría que facilitarles que adquieran los méritos para que en un tiempo razonable puedan acceder a un concurso como los demás. Esto creemos que debe hacerse de urgencia y fuera del estatuto del PDI.

Otro tema recurrente es la endogamia universitaria, estos profesores que estudian la carrera en una universidad y se quedan ya toda la vida. El estatuto propone estancias obligatorias fuera para combatirla. ¿Cómo lo ve?

Creo que es fundamental que la gente salga fuera, vea otros sistemas, otra universidad y otra forma de hacer las cosas. Pero hay que ver cómo se financia y cómo se gestiona y se controla para que luego sea real. Pero volviendo al tema de la endogamia, siempre hago la misma pregunta: una persona que se forma en una universidad, saca el doctorado en esa universidad, se va 4-5 años fuera y luego vuelve a la universidad, ¿es endogamia? Porque eso es lo que se está contabilizando como endogamia, y eso es lo que se está haciendo. Eso no es endogamia, al menos yo no lo entiendo así, pero computa como tal por el análisis simple de dónde hizo la tesis y dónde está contratado, que deja en medio la trayectoria vital de ese personal. Y la mayoría de ese personal ha estado un año fuera como mínimo. Aparte de que la endogamia no es buena ni mala. Es decir, es mala si la universidad no está siendo competitiva, pero si esa endogamia hace que cojas a alguien, lo formes, vaya a otros centros, vea mundo, y luego lo reincorpores y eso hace que tu grupo o universidad mejore, no veo el problema.

Diría que buena parte de la crítica también está en esos concursos a los que a veces prácticamente le falta poner el DNI del candidato al que se le quiere dar la plaza.
Eso es una mala práctica que ha habido en el sistema, pero que se va diluyendo cada vez más. No digo que no exista, pero cada vez se hace menos. Más que la estancia fuera, creo que un gran acierto del estatuto del PDI es que los tribunales que han de evaluar cada plaza sean de una persona de la universidad y dos de fuera. Es igual que el sistema de habilitación que tuvimos, lo que pasa es que era muy complejo de realizar y muy caro. Pero este sistema de uno de la casa y dos de fuera me parece buena propuesta para combatir esto. Incluso deberíamos ir a más: ver de qué forma se podría intentar casi por ley incluso evitar ese perfilar tanto las plazas.

Hablemos de ciencia, que también es universidad. El sistema científico universitario está por los suelos. Grupos de investigación que desaparecen, laboratorios cerrados... ¿Es recuperable?

Nos preocupa enormemente. Aparte del dinero que necesitamos para las investigaciones que tanta gente de valía que tenemos no pueda incorporarse al sistema como predoctoral o como postdoctoral. España exporta talento e importa patentes. Si no exportáramos tanto talento y le diéramos oportunidades, posiblemente no tendríamos que importar luego tantas patentes que podríamos desarrollar aquí. Esto no es un problema de las universidades, es un problema de país. Siempre hemos creído que universidades y ciencia debían estar en el mismo ministerio, lo creemos fundamental, creemos que son caminos que deben ir juntos y nos preocupa que siendo dos ministerios sean divergentes y nunca convergentes. Que haya por ejemplo un estatuto del PDI y por otro lado se esté hablando de un estatuto de la ciencia para incorporar personal son dos estrategias que creemos que debería ser una, con una visión más global. Con un solo ministerio sería más fácil. Habría que tener un enfoque global de cómo queremos formar a nuestro personal investigador y cómo queremos formar a nuestro personal docente investigador, porque se dan la mano. Pero es la situación en la que estamos y CRUE insistirá en que cualquier estrategia de ciencia de este país tiene que contar con las universidades.

Ya que lo comenta, el presidente del Gobierno presentó hace dos semanas su plan de choque para la ciencia, dotado con 300 millones el primer año y 700 el segundo. ¿Es suficiente?

Cualquier dinero es bienvenido. Lo que uno se plantea es que si hay 300 millones que están disponibles para el sistema, ¿por qué no los dejamos de forma estructural y no que sea algo puntual? Nos parece estupendo, y también con una visión: no todo es COVID, hay muchas más cosas cercanas al COVID, desde las sociales, las humanidades, la ciencia o la tecnología, que es necesario atender para la COVID, pero también para otras cuestiones que suponen un desarrollo de país. Vemos importante que no se desatienda esta visión.

viernes, 3 de julio de 2020

Unicef pide limitar el uso de pantallas en la educación a distancia: no más de hora y media diaria hasta los 12 años (Daniel Sánchez Caballero para ELDIARIO.ES)

ELDIARIO.ES publica esta noticia



El confinamiento obligó a pasar de una educación presencial a un modelo a distancia que, bien que mal, se basó en el uso de tabletas y ordenadores (quien los tenía). Sin tiempo para preparar nada, en muchos casos los colegios trataron de replicar lo mejor que pudieron las clases en el aula a través de videoconferencias, propuestas de ejercicios o trabajos, generalmente gestionados a través de plataformas online.

Un informe reciente de Unicef alerta ahora contra esas prácticas. O, más específicamente, invita a ponerles límites. El texto COVID-19. Reimaginar la educación propone 10 claves que la organización ha detectado básicas para el debate educativo respecto a lo que ha sucedido y lo que viene, entre las que se encuentra limitar el uso de las pantallas para los más pequeños.

La organización explica que "las horas dedicadas a usos educativos se sumaron al resto del tiempo empleado delante de las pantallas, (por lo que) al emplear estos dispositivos en la educación se debe promover un uso responsable". Unicef hace suyas las recomendaciones de la Asociación Americana de Pediatría y propone evitar la exposición absoluta a las pantallas hasta los 18 meses; entre media hora y una hora de los 2 a los 5 años "siempre que sean contenidos de alta calidad"; entre los 5 y los 12 años se puede subir a hora y media al día bajo acompañamiento y supervisión; y por último en la adolescencia "la labor debe ser más la de guiarlos y educarlos en un uso responsable y saludable de las tecnologías".

Unicef engloba estas recomendaciones dentro del apartado 2 del texto, dedicado a "un inesperado cambio en el modelo pedagógico". Además de este, las otras nueve reflexiones/propuestas que propone la organización son: "No teníamos un plan": "Consulta, coordinación y comunicación"; "La reconstrucción educativa no es gratuita"; "La huella digital"; "La importancia de la acción tutorial"; "La higiene se demuestra"; "El desarrollo debe ser sostenible": "Rescatar la conciliación familiar"; y "Conviene no olvidar la experiencia".

"Nadie tenía un plan"
El informe comienza reconociendo lo evidente: nadie tenía un plan para lo que sucedió. Unicef recomienda a los centros, de cara a posibles futuras repeticiones del confinamiento, establecer canales de comunicación habituales con las familias e incluso con los medios de comunicación locales para divulgar las medidas que se tomen con facilidad. Y recuerda que, por poco probable que pareciera lo que ha sucedido, otros países como Nueva Zelanda sí tenían actuaciones previstas.

Continúa la organización repasando el "inesperado cambio de modelo pedagógico". El informe recomienda establecer planes mixtos (semipresenciales) de asistencia a los centros "porque como ha quedado demostrado no se puede pasar de un modelo pedagógico presencial a uno online automáticamente". No parece que sea esta la vía elegida por las comunidades autónomas para la vuelta al colegio en septiembre: la mayoría de las que han anunciado sus planes de regreso apuestan por la vía presencial si se puede mantener (por motivos sanitarios).

En este contexto, Unicef también destaca la labor del profesorado. "Muchos docentes se vieron superados por la ingente carga de trabajo que supuso la docencia durante el confinamiento, mostrando un enorme compromiso con el alumnado para garantizar la continuidad del aprendizaje", se lee, y solicita "establecer plantillas acordes a las necesidades reales de los centros en el contexto de la emergencia". Tampoco parece que vaya a tener éxito esta propuesta: el ritmo de contrataciones que van anunciado las regiones (y no todas aumentarán plantillas) no alcanzan para sumar un docente por centro.

De fondos y conciliación
La organización también dedica un apartado a la financiación del sistema, y señala que "ninguna administración debería subestimar la importancia de una adecuada dotación de recursos financieros (...) para garantizar el derecho a la educación". Recuerda Unicef que el Gobierno de momento ha dedicado una partida de 2.000 millones de euros que gestionarán las comunidades autónomas –cantidad que no valora–.

En este apartado, Unicef defiende que "independientemente de la titularidad del centro educativo, cada estudiante deberá tener asegurados todos sus derechos". En otras palabras: los centros concertados también deben recibir financiación extra, un debate que se está dando estos días en España. Aquí, una de cal y una de arena para la organización: los 2.000 millones mencionados no especifican que deban utilizarse en escuela de titularidad pública, por lo que las comunidades podrán destinar (algunas ya lo han anunciado) parte de esos fondos a la escuela concertada; pero el PSOE y Podemos, que conforman el Gobierno, pretenden que futuros nuevos fondos vinculados al fondo de reconstrucción del país con destino el sector Educativo sí sean exclusivos para la red pública.

Además, el informe de Unicef hace hincapié en un aspecto más olvidado estos meses, al menos en el debate público, pero que muchos profesores señalan como básico: la importancia de la acción tutorial y el diagnóstico temprano. "Tiene una importante función de mediación tanto ende las relaciones del centro educativo como con las familias y la comunidad", reza el texto, "los planes de acción tutorial tienen entre sus objetivos realizar un seguimiento personalizado del alumno con enfoque preventivo que evite la aparición de disfunciones", aunque reconoce que el factor tiempo –la falta de, en concreto– puede suponer un obstáculo.

sábado, 16 de mayo de 2020

URGENCIAS (Manuel Menor)

Nos movemos entre las urgencias y la libertad

Después de dos meses, las reacciones que suscita la desescalada son muy dispares. Tenemos dudas: casi todo es nuevo y aprender no es fácil.


Las expectativas son correlativamente idénticas: todo el mundo está estrenando un panorama que nunca había proyectado para su vida. Tenemos prisa para ir a ninguna parte y hay cuestiones con las que deberemos medir nuestras capacidades.

Las urgencias

- Si las deficiencias con que ha topado el COVID-19 son tantas que ha bastado su presencia para desmantelar buena parte de nuestra organización colectiva, o de ponerla en entredicho, algo habrá que hacer para fortalecer esos recursos, si no queremos que, en otra embestida, sea todavía peor.

- Varios soportes de lo que llamábamos Estado de Bienestar han mostrado deficiencias estructurales; en buena medida, porque en el transcurso de los últimos 17 años hemos -hay que decirlo en plural, porque fueron nuestros representantes quienes lo ejecutaron- cuarteado el sistema sanitario: los promedios recomendables de enfermeros y médicos son en algunos casos muy inferiores a los recomendables, bien es verdad que en cada Comunidad Autónoma el afán privatizador de la salud como negocio no ha sido idéntico, pero hay algunos casos sangrantes, que no se arreglan aplaudiendo a los que lo están pagando.

- También se ha hecho muy patente la gran debilidad de las residencias de mayores. Buena parte de quienes la han sufrido son quienes en los años sesenta contribuyeron a crear la España urbanizada actual. Estos hijos de la “España vacía”, urbanizados a prisa en tierra ajena, han pagado todos los cambios de este país y, ahora, que el último refugio de sus vidas sea uno de los mejores negocios de Europa por el nulo o bajo control de calidad que han tenido la mayoría de esos espacios de su “retiro”. Ha sido otro negocio a cuenta de la “libertad de elección de centro”, que pagan los más débiles.

- Y la economía ha demostrado ser otro gran flanco de debilidades: multitud de trabajos inconsistentes que, al mínimo soplo, se han evaporado; supuestos emprendedores con negocios montados en el aire; riadas de personas que, de pronto, han visto lo precarias que son sus existencias. Es un capitalismo raro: todos clamando por subvenciones que siempre serán escasas y limitadas en el tiempo. Efecto inmediato: las colas para comer están creciendo, mientras los que tienen recursos sobrados predican austeridad… Otros efectos están por venir.

La libertad

- La experiencia histórica con situaciones similares enseña, sin embargo, que los humanos somos muy lentos en aprender algo que merezca la pena. Pasado el riesgo, solemos tender a sentirnos autosuficientes por haber sobrevivido y volvemos a los viejos moldes. Según se han producido los primeros pasos de desescalada, en todas partes, no solo en España, las ganas de repetir las pautas que teníamos tan bien aprendidas, han hecho que las autoridades hayan tenido que recordar con aspereza qué sea lo primero a no olvidar.

- Entre nosotros –pero tampoco tenemos la exclusiva- quienes más ejemplo nos están dando en cómo no hacer bien las cosas son muchos de nuestros políticos. Son ejemplares en su interés por sacar adelante sus parcelillas de poder, para demostrar quién es más torpe. Parece que contaran con que, cuanto más bochornosas sean sus querellas, más probable es que tengan quienes sigan votando su aventurerismo particularista.

- Esta desescalada será difícil, más que el confinamiento. Cada individuo tratará de salir adelante como estime más conveniente para sí, sin tener en cuenta el panorama colectivo, ni menos que este mundo se está haciendo crecientemente complicado en casi todo. Será difícil reconocer que nadie se basta a sí mismo y se requerirán actitudes de mutua solidaridad sin las cuales la fragmentación individualista ofrecerá múltiples flancos a todo tipo de riesgos.

- Quien siga levemente las Redes podrá observar lo fácil que es, por ejemplo, contribuir a la corrosión del carácter democrático de la convivencia. Entre tanta falsedad como circula, ya hay mesías que tiene la solución mágica de todos nuestros problemas de libertad; vocaciones de telepredicadores ya hay muchas reclamando su llegada.

- La lectura de 1984, de Orwell, puede ser de interés estos días que faltan para salir de fase O o la que sea; puede curar preventivamente, frente a tanto espabilado que quiere ser el dueño del “Ministerio de la Verdad”. Y mejor si se acompaña de otro clásico: El miedo a la libertad, de Erich Fromm, porque no todos los que nos gritan libertad, quieren la libertad de todos. Fromm se preguntaba en 1941 por qué Hitler había llegado al poder democráticamente y, en 2020, corremos el riesgo de despistarnos con nosotros mismos: el miedo es mal consejero.

¿Y la educación?

- Están pasando cosas de rebote: la moda de la enseñanza On-line, qué va a pasar a principios de curso, o qué sucederá en el final de este cuando apenas queda un mes. En parte, podemos volver al principio, repasar insuficiencias programadas o consentidas; podemos enfadarnos muchísimo por no haber aprendido a hacer algo con los hijos, pendientes de nuestro hartazgo en casa; es una posibilidad desesperada. Pero mejor sería repensar qué no hayamos hecho bien, porque se está haciendo inaccesible, cada vez a más ciudadanos, lo que habíamos pactado –como en Sanidad- que era un derecho universal y no un momento estupendo para seleccionar mejor a los privilegiados.

- Respecto a la enseñanza On-line, se están viendo y oyendo cosas que son lo de siempre pero en plan sofisticado, de puro negocio con la informática. Nada se va a ganar si la enseñanza va a ser la misma, pero con un cacharro en la mesa del comedor para que los papás y las mamás espabilen. La brecha digital no se arregla simplemente con comprar un ordenador, que no todos pueden comprar y sostener; el capital cultural de las familias también es en este campo absolutamente diferencial y no se suplen las distancias con una compra ¿Es que, de repente, van a florecer los expertos en cada familia para acompañar a los críos en la aventura de descubrir saberes complejos de Matemáticas, de Historia, o de Ciencias Naturales? ¿Es que el oficio de enseñar en las etapas escolares lo puede desarrollar cualquiera? Ahora que la tecnología permite mejorar algunas carencias, sería un gravísimo error creer que es un mágico crecepelo.

- Hay dos libros recientes que no nacieron con el COVID-19, pero que vienen bien para afrontar con más criterio estos cambios, en particular los que sin duda sufrirá el campo educativo. Rafael Feito –sociólogo de la Complutense- se pregunta: ¿Qué hace la escuela en un siglo como este? (Madrid: Catarata). Y Carmen Rodríguez –desde la Universidad de Málaga- analiza cómo debieran ser las Políticas educativas en un mundo global (Barcelona: Octaedro). Ambos son muy recomendables. ¡Cuidense y tengan mucho ánimo!

Manuel Menor Currás
Madrid, 13.05.2020

viernes, 15 de mayo de 2020

La Universidad vaciada (Carlos Fernández Liria para cuartopoder.es)

Artículo de Carlos Fernández Liria para cuartopoder.es
  • "Los estudiantes anti-Bolonia, que lucharon durante diez años en las calles para defender su Universidad, tenían, como se ha demostrado, toda la razón"
  • "No tenemos ninguna prisa por llegar al infierno del futuro que se avecina. Que lo hagan las universidades privadas, que para eso están"
  • "A un ministro supuestamente de izquierdas lo que le pedimos es que haga lo posible porque el futuro nos deje en paz en la Universidad estatal"
15-5-2020

No recuerdo en muchos años haber sentido tanta impotencia, tanto hastío y tanto cansancio como después de leer la entrevista a Manuel Castells publicada el otro día en Público:  "La universidad híbrida es ya la regla. La aceptación de esa realidad es cuestión de tiempo. El aprendizaje a la fuerza que hemos tenido que hacer en esta pandemia nos permite un salto adelante en el nuevo modelo pedagógico". O sea: lo que nos ha traído este estado de excepción y esta tragedia es, en realidad, para la Universidad, una gran oportunidad para ponerse al día y modernizarse. De nuevo, se trata de un reto, de un desafío. Es la nueva normalidad que ya ha llegado por fin. Da mucha pereza recordar que hace ya dos décadas que, para la Universidad, esto de los “retos”, los “desafíos” y la “gran oportunidad” que nos brinda un futuro inevitable ha sido nuestra cotidiana normalidad.
Así llevamos desde el año 2000, encarando la urgente tarea de destruir el modelo “europeo y humboldtiano” de la Universidad estatal para metamorfosearla según el modelo “anglosajón” de la Universidad privada. Así expresaba el asunto el documento del Círculo de Empresarios “Una Universidad al servicio de la sociedad”, un documento de hace quince años. Por aquél entonces, había que implantar el Plan Bolonia, pese a que gran parte del profesorado y  el noventa por ciento de los estudiantes se oponían a ello. Ahora bien, no era un futuro posible, era un destino. Bolonia fue como una apisonadora, no dejaba opción. La cosa había sido diseñada en las conversaciones sobre educación de la OMC y no admitía réplica. Primero se nos dijo que si las Facultades no querían implantar másteres de postgrado, no pasaba nada, pero que nos quedaríamos sin postgrados. Luego, se nos dijo que nadie nos obligaba a implantar los grados, pero que si no lo hacíamos, nos quedaríamos sin grados (impartiendo alguna suerte de actividades extraescolares). De modo, que los postgrados y los grados se aprobaron con nuestro consentimiento, pese a la resistencia heroica del movimiento estudiantil, que fue reprimido, como siempre, a golpe de porra. Nada era obligatorio, pero todo era inevitable.
Lo más repugnante que tuvo todo este sarcástico chantaje vino por parte de los que, sobre todo desde la izquierda (la derecha no necesitaba disimular su consentimiento), decidieron que esta “revolución educativa” era, de todos modos, una “gran oportunidad”. Una gran ocasión para ponerse al día y modernizarse. Un reto y un desafío para transformar el modelo de Universidad.  El delirio de la izquierda superó todas las previsiones. Era la oportunidad, sobre todo, de superar el caduco imperio de la “lección magistral” y cambiar por entero “el modelo de aprendizaje”, implantando una nueva “cultura educativa” que pondría al estudiante en el centro de gravitación.  Las autoridades académicas del momento y un despliegue obsceno de propaganda mediática explicaron así cómo iba a ser el futuro. Menos teoría, más práctica. Al fin y al cabo, se repetía sin cesar, los contenidos ya están todos en Internet. Movilidad, mucha movilidad, los alumnos viajarían ahora por Europa, estudiando primero en Madrid, segundo en Varsovia y tercero en Roma o Berlín. Homologación de títulos automática. Clases reducidas: se decía, incluso, que habría que reconstruir las aulas para hacerlas más pequeñas e idóneas para pequeños grupos que aprenderían practicando, por ejemplo, la oceanografía (no es broma, así se explicó el Plan Bolonia en un Informe semanal: así será la nueva Universidad, se decía, mientras se mostraba a unos supuestos alumnos haciendo submarinismo en el Caribe). Al mismo tiempo, algunas empresas se preparaban para ayudar al dinosaurio de la universidad estatal a superar tantos nuevos retos y desafíos. Una empresa llamado Educlick aprovechó los telediarios para vender power points y mandos a distancia que podían perfectamente ahorrarnos el profesorado. Las tarimas serían sustituidas por mesas circulares para que los alumnos jugaran al corro de la patata mientras aprendían. Los viejos títulos universitarios serían sustituidos por una tarjeta que llevaría consignada en su banda magnética todos los cursillos, másteres, grados y gradillos que habría cursado el alumno. Así podría negociar sus “competencias” de tú a tú en cualquier entrevista de trabajo, sin las interferencias de los convenios colectivos y los corsés exigidos por los sindicatos y el derecho laboral. Todo en nombre de la libertad. Con los profesores lo mismo, por supuesto:  los rectores y los decanos podrían contratar de tú a tú, de forma individualizada, el contrato, el sueldo y la dedicación. Todo mucho más flexible, por tanto.
Lo de la flexibilidad sí salió bien, es verdad, pues la condición de funcionario (que es la base de la libertad de cátedra), salió muy debilitada según el plan previsto. Todo lo demás, lo de las mesas circulares, las clases pequeñas, las prácticas en el Caribe, la movilidad europea y la homologación de los títulos, de eso, no quedó nada de nada. Sencillamente se subieron las tasas universitarias, multiplicándolas por tres, por cuatro, por cinco o incluso por diez. Las clases de la Universidad estatal siguieron siendo igual de grandes y los profesores se precarizaron hasta la humillación. Había desde luego la manera de cumplir con el sueño de Bolonia en otra parte, pagando en la Universidad privada. Pero el mensaje había quedado bien claro: la sociedad no tiene por qué mantener una Universidad para todos y todas. Ese lujo y ese despilfarro habían llegado a su fin.
En resumen, y como siempre se repetía: la Universidad tiene que rendir cuentas a la sociedad, tiene que estar a su servicio. Esta barbaridad, sonaba incluso de izquierdas. Para nada se recordaba ya lo que en otros tiempos (tan “humboldtianos”) fue una evidencia: la sociedad tiene que estar orgullosa de su Universidad, tiene que estar orgullosa de que haya una institución al servicio de la Verdad, del mismo modo que tiene que estar orgullosa de que haya una institución al servicio de la Justicia (porque no es el Derecho el que tiene que estar al servicio de la sociedad, sino la sociedad la que tiene que estar “en estado de derecho”, como mandan la Constitución y la Declaración de los derechos humanos).
Los estudiantes anti-Bolonia, que lucharon durante diez años en las calles para defender su Universidad, tenían, como se ha demostrado, toda la razón: lo que se estaba jugando aquí no era una “revolución educativa” sino una reconversión económica de la Universidad estatal. Se trataba, sencillamente, de acabar con el despilfarro económico de una universidad de masas y reconducir el dinero público hacia el mundo empresarial. El procedimiento era tan sencillo como un chupete: condicionar toda asignación de dinero público a la previa obtención de alguna “fuente de financiación externa” (una casilla muy temida por los que solicitamos Proyectos de investigación), es decir, a alguna fuente de financiación privada. Si alguna empresa llega a mostrar interés por tu unidad docente e investigadora, el dinero público está asegurado, tendrás financiación y becarios. Es decir, un pequeño ejército que pagado por el Estado trabajará por los intereses de la empresa en cuestión. La Universidad estatal tendrá, por tanto, derecho a existir en la medida en que la empresa privada pueda utilizarla como un aspirador de  dinero público y obtener trabajadores a los que paguen otros trabajadores (es decir, becarios pagados con el dinero de los impuestos). Así pues, no solo las tarimas tenían que desaparecer. Había que acabar con las cátedras en tanto que unidades de docencia e investigación y también con los Departamentos, las Secciones y las Facultades, o por lo menos, dejarlos como cascarones vacíos destinados a extinguirse. En la práctica, ya han quedado casi inutilizados y han sido sustituidos por lo que se llaman Grupos de Investigación que sólo son financiados si obtienen, cada tres años, Proyectos de Investigación, que a su vez sólo son verdaderamente financiados si tienen “fuentes de financiación externas o privadas” (si no directamente, al menos a través de los think tanks europeos que administran la gobernanza neoliberal).
La pinza fatal ha cumplido su cometido. Como rezaba el subtítulo de un libro que publiqué hace unos años (junto con Enrique Galindo y Olga García), “entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda” ha llegado a su fin una de las más bellas y grandiosas conquistas que las clases trabajadoras brindaron a la historia de la humanidad: la enseñanza pública, en este caso, la Universidad estatal. De nada sirve lamentarse, es lo que tienen las derrotas, y los trabajadores hace ya muchas décadas que llevan perdiendo la batalla de la lucha de clases. Pero una cosa es ser derrotado y otra cosa es que además te tomen por tonto y te hagan pis encima. Este último papel es el que suele asumir lo que llamamos el “delirio de la izquierda”: no es una derrota, se dice, es una gran ocasión para afrontar los nuevos retos y desafíos.
Lo mismo ocurre en esta trágica ocasión. La crisis del coronavirus ha acelerado la llegada del siniestro futuro, y un ministro supuestamente de izquierdas aplaude. Tenemos que acostumbrarnos a una Universidad no presencial, pero ya no porque el coronavirus nos fuerce a ello, sino porque lo reclama un futuro deseable. Es la vuelta de tuerca que faltaba, suprimidos los alumnos y los profesores, se acabó la Universidad pública. Tenemos Youtube para aprender, ahí hay enseñanza online de sobra y a veces de muy buena calidad. Ya se está barajando, incluso, la posibilidad de bajar las tasas. Sin profesores, sin Departamentos, sin Facultades, sin alumnos presenciales, todo saldrá mucho más barato. Bastará con comprar más ordenadores a algunas empresas privadas que harán fortuna con ello.
¿Quiénes somos los que, ante este inminente futuro, nos morimos de pena? Los que recordamos que la Universidad presencial que conocimos representó quizás la única etapa de nuestra vida en la que fuimos capaces de descubrir y experimentar todo aquello que hacía a la vida digna de ser vivida. El único momento de tranquilidad que hemos conocido en este mundo vertiginoso del turbocapitalismo. Los artífices de esta revolución neoliberal no se empachan en reconocerlo; según el tecnócrata de la educación Malcolm Skilbeck “la universidad ya no es más un lugar tranquilo para enseñar, realizar el trabajo académico a un ritmo pausado y contemplar el universo como ocurría en siglos pasados. Ahora es un potente negocio, complejo y competitivo, que requiere inversiones continuas y de gran escala”. De nada sirve ya recordar que todo lo verdadero, todo lo justo y todo lo bello que ha experimentado el ser humano ha nacido de la tranquilidad, del ocio, incluso del aburrimiento. Cuando en su momento ingresamos en la Universidad, tuvimos la sensación de entrar en un paréntesis, en la epojé de los estudios superiores, donde, como decía Humboldt, “el profesor ya no se debe al alumno, sino que ambos dos, profesor y alumno, se deben a la verdad”. Un momento, además, en que nos encontramos en estado de libertad con toda una generación que estudiaba lo mismo que nosotros, con un empeño que, por aquél entonces, todavía se podía permitir el lujo de ser desinteresado. Porque todas las grandes conquistas teóricas de la humanidad, han nacido del desinterés, del amor por el saber, de la filosofía. En ese lugar “tranquilo”, algunos conocimos que era posible lo que más ha podido dar sentido a nuestras vidas: aprender de los profesores que sabían algo que nosotros no sabíamos y convivir con nuestros compañeros que querían saber por lo mismo que nosotros lo queríamos: por saber. A esto hay que llamarlo “presencialidad”. Ahora bien, no es una presencialidad cualquiera. Es una presencialidad que hace presente todo aquello por lo que merece la pena estar vivo, la verdad, la justicia y la belleza. Desligados online del lastre físico de la presencialidad, sin duda llegaremos muy lejos. Pero yo me pregunto para qué podría merecernos la pena. No es una buena idea llegar a la meta sin amigos y sin amor, sin nada que nos merezca un mínimo de respeto. ¿A dónde vamos tan deprisa? ¿Tanta prisa tenemos en llegar al abismo, por otra parte inevitable, que nos augura el agotamiento ecológico de este planeta? Para llegar a este fin, hemos sacrificado ya a media humanidad, escarnecido las más mínimas cotas de justicia social, hemos puesto, como decía Eduardo Galeano, todo “patas arriba”. Ahora, es necesario –a causa de una pandemia- que, además, lo hagamos online. ¿Pero tenemos encima que estar contentos de ello? ¿Tenemos de verdad que ver en ello una gran oportunidad para ponernos a la altura de los tiempos? No, ministro, no señor Manuel Castells, no lo queremos. En esas alturas no hay más que desolación y tristeza. Preferimos quedarnos aquí abajo, aprendiendo a tocar la guitarra en el jardín de alguna Facultad, bebiendo botellines y disfrutando del hecho de estar vivos, tener amigos presenciales y la convicción de que podemos aprender por el mero hecho de saber, por amor al saber, le venga bien o mal al mundo de los negocios que administra esta sociedad poseída por un sistema demente, absurdo y canalla.
Esta pandemia nos ha quitado todo eso. No nos empeñemos en estar felices y contentos por ello. No tenemos ninguna prisa por llegar al infierno del futuro que se avecina. Que lo hagan las universidades privadas, que para eso están. A un ministro supuestamente de izquierdas (al que se presupone estar a favor de lo público), lo que le pedimos es que haga lo posible porque el futuro nos deje en paz en la Universidad estatal, donde tenemos cosas mucho mejores que hacer que participar en esta carrera suicida hacia ninguna parte. Nosotros no necesitamos triunfar en los negocios, sino trabajar en la verdad, reflexionar sobre la justicia y agradecer que en este mundo haya poesía y belleza además de la urgencia de los compromisos mercantiles.
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El ministro Manuel Castells acaba de aplazar la discusión que había propuesto, en pleno estado de alarma, sobre el real decreto de Ordenación de las Titulaciones Universitarias. Este documento, que toma por base el que en su día propuso el PP y que tuvo que ser retirado a causa de las protestas sociales, es una nueva vuelta de tuerca en el Plan Bolonia: apuesta por el modelo 3+2 que el movimiento estudiantil logró impedir en su momento, propone estrechar los vínculos entre las universidades y las empresas, y como siempre, flexibilizar aún más el tejido universitario para amoldarlo a los retos y desafíos que las voces de los mercados dicten desde las alturas. Pero gracias al coronavirus, todo esto lo haremos online, a la altura de los tiempos.

lunes, 11 de mayo de 2020

Falta de medios, clases online que son un desastre y evaluación draconiana: la situación de los universitarios (Victor Rodríguez para eldiario.es)

Artículo de Victor Rodríguez para eldiario.es

  • En la peor pandemia en un siglo, no solo no se ponen medidas para paliar todas las consecuencias derivadas de la misma, sino al contrario, se vuelve todo aún más difícil, aumentando las posibilidades de segundas y sucesivas matrícula

11/05/2020 

Después de tantas semanas inmersos en la crisis del coronavirus me animo a plantear algo que desgraciadamente no está suficientemente en el foco como debería. Hablo de los estudiantes universitarios. No me parece importante dar mi nombre, baste con decir que estudio en una escuela de ingeniería en la Universidad Politécnica de Madrid y sufro, en primera persona y como otros miles de estudiantes, todas las consecuencias de la pésima gestión que se ha dado en el ámbito universitario.

Mucha demora en la reacción, falta de medios y/o recursos, dificultad intrínseca a la conversión de modalidad presencial-online —intentar convertir una clase presencial en una clase online sin los recursos o herramientas necesarios es un desastre—, la propia situación personal de cada uno en una circunstancia excepcional, muchos muy lejos de su lugar habitual de residencia y sin material que necesitan, otros directamente golpeados en su entorno por la pandemia.

Son solo algunos de los factores. ¿El asunto estrella? La evaluación. Al menos en el caso que me toca, se evalúa online con medidas draconianas que dificultan de forma artificial el examen y se reducen los tiempos, haciendo de algunas pruebas una verdadera carrera de obstáculos y una forma de evaluar bastante perjudicial para el alumnado en muchos casos, con la excusa de querer evitar que se copie.

En el caso de una ingeniería, parece mentira que muchos profesores parezcan ignorar a estas alturas que cualquier problema necesita una reflexión, un tiempo de pensar, y que no se puede pretender que los alumnos lo hagamos de forma automática, como si supiéramos de memoria la solución. Ni somos ordenadores, ni llevamos 30 años haciendo los mismos problemas. Visto lo visto, creo que era necesario hacer el apunte.

Todo esto lleva a que en la peor pandemia en un siglo, no solo no se pongan medidas para paliar todas las consecuencias derivadas de la misma, sino al contrario, se vuelva todo aún más difícil, aumentando las posibilidades de segundas y sucesivas matrículas, además de la complicada situación los becados, de los que ya se ha hablado en este espacio. Todo esto cuando las segundas y sucesivas matrículas tienen un precio auténticamente prohibitivo, en un contexto de fragilidad económica general.

Entiendo que la situación no es fácil para nadie, y que la búsqueda de soluciones óptimas sea igualmente compleja. Sin embargo, creo que hay bastante margen para que algunos actores dentro de este ámbito puedan ser conscientes de la situación de los estudiantes universitarios, agravada en muchos casos por nuestra situación familiar y económica. Vivimos con unos niveles de presión y ansiedad insostenibles, con la losa además de tener que fingir que hay cosas que pueden seguir igual que antes porque todavía vivíamos en una situación de normalidad, cuando ya hace semanas que la vimos marchar sin saber, ni siquiera, cuando volverá.

sábado, 9 de mayo de 2020

La brecha digital se ceba con la población gitana: cuando solo hay un móvil en casa, o trabaja el padre o estudia la hija (Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es)

Artículo de Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es
  • La brecha digital se ceba con la población gitana, que denuncia que sus niños se quedan atrás; mientras, Fali ayuda a sus hijos con la tarea de un centro bilingüe sin saber inglés y Emilio se salta el confinamiento para recoger material en el colegio
09/05/2020

En casa de Emilio Salazar o trabaja el padre o estudia la hija. Con un único teléfono móvil como todo el parque tecnológico del hogar, todo a la vez no puede suceder, explica este vecino del barrio de La Coma, en Paterna (Valencia), un entorno marginal y con mucha pobreza.

Salazar tuvo que romper el confinamiento durante las primeras semanas para acercarse al colegio de su hija a recoger material educativo para que la pequeña pudiera seguir –intentar seguir– con el curso escolar. "Me sentí como un delincuente", explica. Lo mismo le sucedió a decenas de sus convecinos, en peores condiciones aún que él. "Ni un móvil tienen". Todos tuvieron que ir furtivamente al colegio a por ejercicios y material.

Salazar, como muchos de sus vecinos, como Fali, en Madrid, como Teresa Hernández, en Sevilla, o como miles de familias por todo el territorio sufren la brecha digital, este concepto tan en boga estos días. "Brecha social", corregirán los expertos, bajo el argumento de que la falta de ordenadores o internet en el hogar no es más que el síntoma de una enfermedad peor.

Y estudiar en casa sin ordenador ni tablet, o sin internet, es entre complicado e imposible. "La brecha digital es muy importante porque la escuela pública es la única herramienta que tenemos para garantizar la igualdad de oportunidades, y ahora mismo esto está en serio riesgo porque hay niños que no pueden ejercer el derecho a la educación", cuenta Araceli Cañadas, de la ONG Camelamos, de apoyo al pueblo gitano.

Porque las familias gitanas son las que más están sufriendo la falta de acceso a los medios tecnológicos que permiten seguir las clases a distancia, o al menos intentarlo, explica Sandra Heredia, concejala de Adelante Andalucía en el Ayuntamiento de Sevilla, donde se localizan siete de los quince barrios más pobres de España, según explica.

"Nos hemos encontrado chicos y chicas que iban estupendamente bien durante el curso y ahora no están pudiendo seguir las clases. De hecho, hay colegios que han pedido a sus AMPA que se acerquen a las casas de algunos alumnos de los que no saben nada desde que empezó el confinamiento", comenta.

¿Y las tablets y ordenadores que dice haber repartido la administración? Todas las fuentes consultadas para este reportaje coinciden: entre pocas y ninguna. "Aquí han dado 30 tablets para tres colegios" en un barrio de 10.000 personas, explica Salazar.

89% de pobreza infantil

El confinamiento forzado por la COVID-19 y la consiguiente necesidad de equipos tecnológicos para estudiar y trabajar a distancia ha sacado a la superficie una realidad que se conocía, pero a la que quizá no se prestaba demasiada atención, según denuncian expertos y familias que la padecen.

"Vivimos en una sociedad muy desigual, ahora se visibilizó", valora Jurjo Torres, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de A Coruña. "Pensábamos que todo el mundo era clase media acomodada, con ordenador, tablet, conexión... Pero no. ¿Qué van a hacer los chicos de clases populares?". Y recuerda que la clase a distancia es más que la conjunción de profesor-internet-ordenador-alumno. "Hace falta una familia que esté, que sepa, que pueda ayudar, un espacio físico... Son todo un conjunto de habilidades".

La estadística dice que un 14% de los hogares con menores no tienen ordenador en casa, dato que sube hasta el 30% cuando se habla de familias con pocos recursos. Tengan o no menores, el 58% de los hogares más pobres tiene un PC o ninguno en casa, mientras que seis de cada diez familias con medios tienen tres o más.

Si se acota a la población gitana específicamente, un 79% de los hogares no tiene ordenador, según datos de la Fundación Secretariado Gitano. Con carácter general, este colectivo tiene una tasa de pobreza infantil del 89%.

Las familias se organizan como pueden, explica Cañadas. Teresa Hernández, activista en el barrio de Torreblanca, en Sevilla, ayuda a través de la asociación Solidaridad Torreblanca Ahora, que ella misma ha fundado. En su entorno, principalmente de población gitana, asegura que un 60% de las familias sufre la brecha digital.

"No podemos dejar atrás a nuestros niños, hacerles pagar esto", cuenta. En su asociación se dedican a imprimir material escolar para un centenar de familias que no tienen otra manera de acceder a recursos educativos. "Y no se trata solo de eso. En este barrio hay mucha diversidad de familias. La gente no sabe descargarse una aplicación, registrarse... Lo estamos sufriendo muy fuerte, nuestros niños se van a quedar atrás y es muy importante que vayan preparados al curso siguiente", afirma.

Dos adultos, tres pequeños, un móvil y 30 metros

Fali vive al sur de Madrid con su pareja y sus tres hijos en 30 metros cuadrados. Como Salazar, solo tienen un teléfono en el hogar. Hasta ahora, cuenta, les había sobrado. "Los niños iban al colegio de 9 a 16, luego extraescolares, deberes y estaba el día hecho. El móvil era para los adultos".

Pero la escuela cerró y la tarea empezó a llegar a través de internet. "No tenemos internet en casa, los emails no llegaban. Le pedí a la profesora que me contactara por Whatsapp aunque tengo los datos del móvil en prepago. Y así vamos", cuenta.

A la falta de recursos tecnológicos une la del material educativo que proporcionaba el colegio y las dificultades que tiene para ayudar a su hijo con los deberes en un colegio que, para más inri, es bilingüe. "Nos daban los libros cada trimestre, pero como ahora está cerrado el libro del tercer trimestre no lo tenemos. Nos dijeron que nos los mandaban virtual, que lo descargáramos, que ya tiene su aquel. Pero de todos modos, como son en inglés y yo no sé inglés, no puedo ayudar", se lamenta.

Y se preocupa. "Ves que otras madres comentan en el grupo de whatsapp que tienen tablet, impresoras... Y da mucha impotencia ver que tu hijo no, que se está quedando atrás. Te preguntas por qué la vida te ha golpeado a ti. Bueno, si fuera a mí aún, pero es a tus hijos pequeños", cuenta mientras se le corta la voz.
Una clase online es mucho más que un ordenador

"Es bastante grave que estos grupos de contextos más vulnerables vayan a salir seriamente desfavorecidos de esta situación", sostiene Antonio Bolívar, catedrático de Didáctica en la Universidad de Granada, quien mira a septiembre con preocupación. "Tener a la mitad de los niños en casa y la mitad en la escuela va a agravar aún más las desigualdades que la escuela quería corregir. Ese papel liberador, poder ir más allá del grupo social en el que se vive", explica.

Cañadas, de Camelamos, explica que el problema es que la enseñanza online se ha visto siempre como un complemento, no algo básico, por lo que no se ha considerado. "Ningún ministerio ha contemplado que el acceso a datos o a la red sea un derecho básico, pero ahora estamos viendo que igual sí debería plantearse como tal, porque si no tienes te quedas sin acceso, estás fuera", argumenta.

Y más todavía, tercia la concejal Heredia, cuando muchas de estas familias están peleando día a día por comer: "Tenemos mucha gente sin trabajo, que literalmente vivía al día con una economía de subsistencia. Ahora se pasan el día peleando por poner un plato en la mesa. Por mucha voluntad que tengan los padres o madres de estar pendientes... Si al menos tuvieran la herramienta".

Fali bien podría ejemplificar esta situación. "Estamos fatal. Mi pareja era autónomo y vivíamos de invertir y coger dinero cada día. Esto se ha acabado por completo, no quiero ni pensarlo", cuenta. El confinamiento ha provocado que donde antes comían tres –ella, su pareja y la hija pequeña, los otros dos hijos lo hacían en el colegio– ahora son cinco. Donde antes había que proveer una gran comida al día (la cena), ahora son dos.

Salazar sí conserva su empleo de organizador comunitario en la Comunidad Valenciana. Trabaja cuando puede, cuando su hija no necesita el móvil. "La realidad es el abandono institucional que sufre el barrio, y especialmente la población gitana. Esto ha sido un cubo de agua fría de realidad, nos hemos dado cuenta de que vivíamos en un sueño y ahora es la gente la que va a sufrir esto. Espero que al menos sirva para reivindicar lo que nos merecemos" reflexiona.

Mientras llega, o más bien no, la ayuda institucional, les quedan las redes vecinales. Hernández, de Sevilla, cuenta que tienen "el colegio más maravilloso, con un profesorado volcado. Está siendo una experiencia única cómo estamos trabajando todos juntos para que a ningún niño le falte de nada. Llevo 12 años en el activismo y siento un orgullo de cada vecino que se me caen las lágrimas. Mucho orgullo de barrio".