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viernes, 11 de octubre de 2019

Retórica (Manuel Menor)


Tozudez manifiesta es empeñarse en sostener lo insostenible

Díaz-Ayuso había mostrado lo retórica que era la calidad educativa de sus mítines. Igualmente impropia es su alusión a los incendios de iglesias.

Las pautas de comportamiento de los neoconservadores son mejor conocidas  desde que Galbraith las mostró en La cultura de la satisfacción (1994); desde que Lakoff sintetizó sus estrategias semánticas en el uso de las metáforas conceptuales  en No pienses que es un elefante (2004); o desde el análisis de los métodos con que suelen actuar contra un Estado de Bienestar razonable, que Naomi Klein mostró en La doctrina del schock (2007). A veces, sus peones se pasan en fervor., sobre todo si están en tiempo de merecer.  

Calidades retóricas
Este capitalismo del desastre pronto fue dado a conocer por el PP a través de las conferencias y actividades de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), un Think-Tank permanente liderado por José María Aznar. El ensayo práctico de su neoliberalismo lo han ejercitado de manera preferente en la Comunidad de Madrid. Mientras en Sanidad iban haciendo una gestión de ese cariz, en la Consejería de Educación introdujeron esa ideología desde bastante antes de que Wert sacara adelante la LOMCE en 2013. José Luis Pazos, expresidente de la CEAPA Giner de los Ríos, reprodujo en No nos callarán la serie completa de todas las tropelías que en nombre de “la calidad”, “la excelencia” y la “libertad de elección de centro” pusieron en funcionamiento.

El último epígono en ese desarrollo es Isabel Díaz-Ayuso. Testigo de la continuidad de esta praxis son –entre otros asuntos- los paros que en el CEIP Montelindo, de Bustarviejo, ha  llevado a cabo su profesorado en este comienzo de curso. Este conflicto testimonia, por otra parte, cómo les ha sido indiferente la invocada crisis económica. Todo les vale de pretexto menos la Ley 4/2019, del 7 de marzo último (BOE del 07.03.2019), que proponía mejorar las condiciones de los centros después de que los decretos de recortes las hubieran rebajado en 2012. Dada la mejoría económica, debía afrontarse la reversión de aquellas medidas para que desarrollaran bien los derechos del alumnado. En Bustarviejo –y en el resto de centros públicos- esa Ley ha sido un mero brindis al sol. Las políticas neoliberales –como analiza Marta Moreno- siguen mostrando al alumnado de la Pública múltiples signos de desigualdad frente a sus homólogos de la Privada y Concertada. La inestabilidad política, y que cada Comunidad sea un reino de taifas, facilitan que el uso del dinero público alimente la retórica educativa de la nueva presidenta de la Comunidad madrileña, del mismo modo que financió la de su mentora, Esperanza Aguirre.

Donde más luce sus habilidades es en este momento twitero y no muy expectante de lo que ocurra el 10-N. Por ver de arañar escaños en su propio entorno político, su facundia se enreda entre el proselitismo y contentar a sus socios de Gobierno. Eso explica su última gran aportación cuidando de que la Sra. Monasterio, de Vox, se sintiera complacida al ver como relacionaba el episodio último de Cuelgamuros con una imprecisa quema de iglesias. Pero se le fue la sinapsis, el hablar sin pensar, y el despropósito fue tal que, desde su propio partido se han molestado, supuestamente los más leídos. Ella misma ha pretendido disculparse alegando que el haber dicho que podrían arder iglesias, había sido un “argumento retórico llevado al extremo” para criticar que se hablara tanto de la exhumación de Franco.

Disculpas y olvidos
Pero el remiendo no sirve de nada, porque el adjetivo “retórico” expresa, ante todo, lo muy cuestionable que fue aquella intervención ante la Asamblea madrileña. De las siete acepciones que le atribuye la RAE, la nº 3 le va bien a lo allí expresado, al hacerla equivaler a “vacuo, falto de contenido”. Mejor le va la nº 6, pues la Academia acepta el término como despectivo para señalar el “uso impropio e intempestivo de la retórica”. Y la nº 7 –si se usara en plural- también le vendría bien, pues señalaría coloquialmente ”sofisterías o razones que no son del caso”. Todas le cuadran bien a lo que dijo Díaz-Ayuso.

Las otras cuatro acepciones no son, sin embargo, pertinentes por tener que ver con los usos literarios. Si la retórica –según definición de la propia RAE en la acepción nº 4- es el “Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover”, ni acudiendo a la Institutio oratoria de Quintiliano –uno de los padres de esta disciplina- se puede conseguir que lo dicho por Díaz-Ayuso se le parezca. Diríase, más bien –y es confusión grave en una licenciada en Ciencias de la Información-, que haya sido pura Sofística, o como teorizó Schopenhauer, Erística, para referirse a ese conjunto de artificios -tan bien conocidos desde antes de Sócrates- para tratar de mostrar a los demás que se tiene siempre razón, aunque objetivamente no se tenga, y desacreditar, de paso, a los adversarios; si es preciso, mintiendo o, sin mentir del todo, tomando la parte por el todo u ocultándose bajo alguna estratagema. En eso consiste el juego -atribuible según el filósofo prusiano a tozudez y otras sinvergonzonerías- con que quienes tienen poco que decir alborotan tratando de engatusarnos. El tiempo dirá si, al vaciado de Retórica que muestra esta señora, se han de añadir los posibles rotos que bastantes noticias de prensa han detectado en su real CV.

Por olvidos menos relevantes, la DGT quita puntos. A los ciudadanos, en general, les hubiera gustado otro tipo de argumentos sin tanta confusión manifiesta. Pretende ocultar ahora que lo que dijo no lo dijo o que lo que dijo fue sin querer. Pero si tanto le preocupa el patrimonio gestionado por la Iglesia, bien pudo mentar los desmanes de todo tipo que ha sufrido en otras etapas de la Historia, y en particular en la postguerra. Por ejemplo, la venta, rapiña y descuido de los años que siguieron a los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II, en que imágenes y piezas de culto pasaron a ser “antigüedades” que desaparecieron de la vista de los fieles: Erik el Belga lo cuenta en sus memorias. También pudo mencionar –y no lo hizo- el amor mostrado al Museo del Prado en la Guerra, cuando la aviación franquista le arrojó bombas contra las precauciones de la República. Y, sobre todo, pudo referirse a cómo muchos objetos artísticos y pinturas que entonces se habían preservado siguen en paradero desconocido. En un congreso celebrado estos días en este museo, se acaba de explicar ampliamente. A Gaya Nuño le hubiera encantado poder añadir esa documentación a la mucha que investigó para esclarecer esa tendencia a hacer que parte de nuestro patrimonio cultural esté a mejor recaudo fuera de España. Con una memoria tan selectiva como la de Isabel Díaz-Ayuso, seguirá siendo factible. Tanta retórica sería para reírse si no fuera lamentable.

Manuel Menor Currás
Madrid, 08.10.2019

miércoles, 8 de agosto de 2018

Cuanto antes (Manuel Menor)


Lo de ANTES, o se arregla CUANTO ANTES o no se progresa

En septiembre se verá en qué quedan los primeros pasos de Educación por enmendar la retórica sobre lo importantísima que es para los españoles.

Que el de agosto sea un “mes inhábil”, según dicen en Moncloa respecto al destino de lo que hacer en Cuelgamuros, puede ser la constatación de un hecho de los que a Forges le encantaba dibujar o un pretexto para dilatar una decisión que ya debiera estar tomada hace años. Decir que se hará “cuanto antes” es fijar un plazo innominado, con la imprecisión adecuada para la retórica. Género muy frecuentado en política, tiene la pega de que los destinatarios pronto miran el gesto  con el escepticismo que aparece en el refranero.

Es tesis fácilmente constatable que este hábito locuaz también abunda entre los políticos de Educación. Puede, sin esfuerzo, coleccionarse un grueso volumen con sus citas –y mención especial a introducciones legislativas- sobre lo crucial que es la educación en un país, lo imprescindible que es el buen trabajo del profesorado para desarrollarla o –últimamente- lo relevante que es una buena formación profesional, y no digamos lo primordial de una educación de calidad, etc. Tan fácil es, si no más, recopilar otro dossier, más crecido, constatando el incumplimiento de todos estos significantes. Basta con reunir los comunicados y reivindicaciones de las prolíficas manifestaciones y huelgas, colectivos, plataformas y sindicatos implicados. Son el mejor testigo de incumplimientos de la retórica oficial al quedarse en lo que es: vacío semántico respecto a lo que sucede en muchas aulas.

Pese a la fragilidad del momento, sería una frustración que en Educación no se pasara de repetición de lo ya visto. La primera sospecha en ese sentido la proporcionó el anuncio del corto proyecto de Real decreto-ley para “revertir” el de los recortes de Wert, el 14/2012, de 20 de abril. La segunda se produjo en el contexto de la entrevista Casado-Sánchez, en que supuestamente se confrontaban  “asuntos de Estado": en los comunicados previos de uno y otro, no se mentó nada de lo que habían sido proyectos de “pacto educativo” desde mucho antes de Ángel Gabilondo a Méndez de Vigo, todo lo pendiente en la dignificación democrática del derecho universal a la educación. La referencia a esta acabó apareciendo en un repaso a la compleja “hoja de ruta” que hizo Sánchez este viernes, tres de agosto, aludiendo a que se proponía “blindar el Estado de Bienestar". Las “mejoras en la Educación” –“la causa de nuestros hijos, de los maestros y maestras que exigen blindar la educación pública”- quedaron inscritas junto a dependencia, pensiones, sanidad pública y pacto contra la violencia de género. Las decisiones ya tomadas sobre becas y atención a niños en riesgo de pobreza serían un adelanto de la búsqueda de “estabilidad social” desde este ámbito. Estaban, además, las implicaciones de la “estabilidad económica”, las territoriales y bastantes otras…

“Pobres dos pobres…” (refranero gallego)

Puede que los apóstoles de la privatización de lo público –y la ingente disponibilidad de medios propicios a que triunfe su ideario- se hayan inquietado algo al oír la confesión liberalsocialista de Sánchez. Antes de que en septiembre se encrespe el vocerío, el gesto de Compromís respecto a la Religión en el currículo es un adelanto de discrepancias. Y el dispositivo que el PP prepara, desde el otro polo político, en la Comunidad de Madrid para fortalecer el neoliberalismo educativo no le irá a la zaga.

De confirmarse como verídicos los indicios de levedad  del compromiso de Sánchez con la educación, lo que quede de legislatura reafirmará el vigor del núcleo de la estructura educativa. Aunque revierta algo de lo recortado en estos años, el antes y el después del estado de bienestar educativo de la población será imperceptible. En eldiario.es nos acaban de recordar lo que profesores y maestros viven –y más los que se criaron en los 40 años anteriores a estos últimos 40- que  las diferencias entre barrios pobres y ricos se traduce en las calificaciones; sobre todo, en las de selectividad. ¿No es esta una de las grandes cuestiones de antes que esperan solución cuanto antes? 

Manuel Menor Currás
Madrid, 04.08.2018