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viernes, 1 de febrero de 2019

Redecoración (Manuel Menor)

Como en un sueño, reiniciamos el tejer y destejer educativos

El Anteproyecto de reforma educativa reduce los componentes más virulentos de la LOMCE, pero no coarta asimetrías principales que dualizan el sistema

Cuenta Carmen Heredero, a propósito de Género y Coeducación –libro suyo reciente-, cómo desde los inicios del reciente movimiento feminista en España, ambas cuestiones no solo han sido motivo de reflexión y actuación de muchos docentes, sino que han dado vitalidad a organizaciones que han pretendido representar sus reivindicaciones.

8 de marzo

Se acerca otro 8 de marzo y, si se echa la vista atrás, T.E.(Trabajadores de la Enseñanza), la revista en que han quedado reflejadas las preocupaciones de los enseñantes afiliados a CCOO, se puede advertir esta presencia desde hace mas de cuarenta años. En su último número, el 369, esta inquietud viene justificada por la continuidad de noticias lastimosas y desigualdades que –por razón de sexo- siguen impregnando la vida laboral y social.

El riesgo de que, después de tantos años, la procura de esta sensibilidad igualadora parezca una repetición inútil es grande. Y más cuando en el discurso político han eclosionado grupos, medios y actitudes que pretenden explotar el tradicionalismo patriarcal como fuente de votos contando, además, con la complicidad de muchas instancias que lo llevan incrustado en su ADN constitutivo.

La urdimbre 

Esta tendencia a cansarse de tener que seguir empezando, sin cesar –como exigía Lars Gustafsson en La muerte de un apicultor- es tentadora también en lo concerniente a las políticas educativas, cuando se está tratando –una vez más- de destejer la última trama o contrahilo del tejido que trazó la LOMCE. En esta operación tienden a reiterarse actuaciones del pasado. Este Ministerio procede como si fuera suficiente con retirar los hilos que más distorsionaron la LOE. Parece que refundirá los cambios en un texto nuevo tratando de derogar sus artículos más gravosos y, de paso, intentará un reequilibrio de los dos ingredientes principales del art. 27CE: la libertad y el derecho universal a la educación. Con este método, el PSOE estaría tratando de cumplir con cuantos en estos años han pugnado por que la ley vigente desde 2013 tuviera el menor recorrido posible. No obstante, al no entrar en el fondo de la cuestión y dejar fuera de foco hilos esenciales de la urdimbre, esta seguirá casi intacta; muy erosionada en estos últimos años, pero desequilibrada en cuanto a elementos principales que, de origen, la LODE (1985) y la propia LOGSE (1990) intentaron corregir.

Al publicitar este Anteproyecto como “lo posible” frente a los partidarios de la intangibilidad de la “mejora de la calidad” educativa del PP, este reformismo del PSOE, independientemente de su entidad, se convierte en instrumento relevante de la campaña electoral que ya está en marcha. El conmigo o contra mí se hace a cuenta del gran poder simbólico de la educación acentuando de nuevo el síndrome de Penélope sin avanzar en la confección de una tela consistente de todos y para todos.

Con tal provisionalidad, esta es otra ocasión perdida para atender a las raíces de problemas centrales del sistema en su configuración actual. Las apariencias del marketing se imponen a la realidad. En todo caso, recurrir a las supuestas falsedades que se están vertiendo contra este Anteproyecto -que va a entrar en el Congreso en cuestión de días- no debiera ser una distractora manera de ocultar lo que no se va hacer. Los ciudadanos merecen razonada explicación sobre lo que “no toca”.

El sueño de “lo que toca” 

No hacer esta “pedagogía” será contraproducente: nadie suele fiarse de promesas a largo plazo y menos en política. El riesgo que corre el PSOE es que crezca la indiferencia, la abstención y su falta de credibilidad. Si en esta restauración de la LOE asumen las limitaciones que tuvo esta ley para fortalecer de diversos modos la escuela pública, le restan valor a ambas. Si la laicidad no es aceptada para garantizar la igualdad del alumnado, el crucial derecho universal a la educación sigue quedando mediatizado. Si los recursos disponibles para las atenciones educativas de los ciudadanos no son distribuidos con las exigencias de la justicia conmutativa social, la financiación de la escuela pública no solo será endeble sino discriminatoria de origen. El centro del problema seguirá, así, donde estaba cuando, con Méndez de Vigo, quedaban fuera de aquel “pacto” las mismas cuestiones.

Por otro lado, las legislaturas anteriores del PSOE, de 1982 a 1996 y de 2004 a 2011, fortalecieron la tradición de sus restrictivas posiciones respecto, por ejemplo, a lo que había sido la “Alternativa para la Enseñanza” (Colegio de Doctores y Licenciados, 1975-76), matriz de su programa electoral antes de tocar poder. Un ministro suyo ha contado cómo los obispos habían intentado que prosiguiera la costumbre de firmar los decretos que ellos habían preparado; los condicionantes del cargo han proseguido y, a día de hoy, ese nudo gordiano del sistema educativo español sigue siendo competencia de Moncloa y no del Ministerio: una inexplicada razón de Estado le continúa imponiendo barreras a sus preocupaciones democratizadoras en igualdad.

Como en cuestiones de género y coeducación, este Anteproyecto sigue, pues, en el viejo tejer y destejer que –como estudió Yvonne Turin en 1967- ya contaminó en el siglo XIX la libertad y el derecho universal a la educación, cuando en la Ley Moyano (1857) tuvo prevalencia lo acordado en el Concordato (1851) y la historia de la ILE (Institución Libre de Enseñanza) ejemplificó su alcance. Insistir, por tanto, en 2019 en que hay que contentarse con una mediatizada proactividad reformista hace que, en perspectiva, sea ficción este incesante afán por redecorar el telar educativo. Mircea Cartarescu diría de este empeño lo que afirmó de su propia escritura: “Únicamente el sueño me refleja de manera realista” (Nostalgia, 2012, p.16).

Manuel Menor Currás
Madrid, 30.01.2019

jueves, 24 de enero de 2019

Frágiles (Manuel Menor)


La igualdad del derecho a la educación vuelve a quedar frágil

En el Anteproyecto de Reforma educativa, la reversión de la LOMCE, teóricamente valiosa, es ambigua en demasiados aspectos.

La ONU aconseja, por primera vez, celebrar hoy, día 24, el Día Internacional de la Educación, cuando está vigente una constante de la historia, la división entre ricos y pobres. Variopinta en su configuración, si en la perspectiva internacional la desigualdad educativa no cesa, ni la reconquista, ni las dudosas invenciones nacionalistas, ni siquiera fragmentaciones como las de algunos círculos políticos,  debieran distraernos de esta brecha creciente.

El reto de la igualdad continúa vivo. Ahí están los informes de Save the Children señalando la posición débil de España en la atención a los niños en riesgo de exclusión. O el de Oxfam-Intermón respecto al reparto de recursos en los últimos años. El crónico diferencial de renta que puede haber –dentro de una misma ciudad- entre unos y otros barrios se ha agudizado. No solo en condiciones de alimentación, consumo y sanidad, sino también en cuanto a  capital cultural, educación, y  la propia esperanza de vida, con  once años de distancia.

La ocultación
Históricamente, la pobreza ha tenido muchos modos de ser mirada, paliada o soslayada. Ha habido incluso muchas formas de negarla. Tantos o más que los que ha tenido para ser tolerada, prohibida y utilizada. De todos esos hábitos se ha nutrido su atención o desatención mediante el evergetismo, la caridad, la beneficencia y filantropía, el Estado social y el Estado de Bienestar en su corto periplo -desde 1945- hasta hoy, en que fundaciones y ONGs diversas tratan de paliar con eclécticas invocaciones de variado rigor moral e incluso religioso los agujeros que, desde noviembre de 1989, se han infligido a la cobertura social. En todo caso, el afianzamiento de la igualdad de todos los ciudadanos -pregonado en 1789-  nunca ha estado tras estas iniciativas.  Notorio es, como señaló Caro Baroja, el utilitarismo que han tenido y siguen teniendo las atenciones a la pobreza, sea cual sea el concepto que las pretexte. Entre el siglo IV y el XVIII, predominó el logro de la felicidad eterna; hoy, cuando las empresas hacen gala de perfil “social”, siempre muestran su presunta bondad para que compremos. El problema es que, de raíz, el de la educación es un derecho fundamental, primordial para que todos los ciudadanos puedan desarrollar sus capacidades, y no debe ser usado como instrumento diferenciador; y menos, mediante el uso de bienes del erario público.

“Lo social”
Pese a ello, las distinciones entre partidos políticos suelen sustentarse en torno a lo “social” –la parte de atención que corresponde a los segmentos sociales menos favorecidos-, con notoria variabilidad en sus programas educativos. Todos parten de la máxima evangélica: “siempre tendréis a los pobres con vosotros” (Juan, 12: 8), pero unos u otros presupuestos generales del Estado (PGE) se distinguen por la atención social mientras las partidas sustantivas son intocables. Las variaciones, más notorias desde 2008, han incluido, además, desatenciones explícitas, recortes, privatizaciones y más inclusión de intereses privados dentro del espacio común.

Revertir tiempos y atenciones perdidas en estos años, si se pretende, ha de tener presente que la brecha social ha crecido y sus actores están posicionados más asimétricamente. Al revés de lo que suele suceder en la valoración, el supuesto despegue en que hayamos entrado -cuantificada en torno a los grandes números del PIB- oculta la micro óptica de los excluidos y desempleados, recortados en sus derechos y libertades.

La ambigüedad
La distinción entre los más “sociales” de nuestros políticos y los más “neoliberales” reside en lo cerca o lejos que les caigan los pobres. Esta denominación nunca suelen usarla ni unos ni otros: en pura ambivalencia semántica, contar esto sería “populismo” demagógico. Consagrada está, en cambio, una gramática de la ambigüedad calculada para no mancharse, que se propaga  opportune et importune. Y así, el adjetivo “radical”, por ejemplo, sirve para calificar lo aborrecible por incómodo. Ahora, en el lenguaje hegemónico -displicente y edulcorado-, radicales serían quienes  pidan claridad a la Iglesia en la ocultación de la pederastia de aproximadamente un 2% de clérigos –un problema no solo eclesiástico, que, según Save the Children, ha sufrido entre el 10 y el 20% de la población en su infancia.  O quienes reclaman que esos ojos eclesiásticos que no quieren ver clarifiquen su posición respecto al posible traslado de los restos de Franco…

¡Menuda historia a lo divino!  Más terrenalmente, la apuesta por la ambigüedad persiste también en  educación, ese sensor formidable de lo que pasa y de lo que pesa para que no cambie casi nada. Pronto entrará en el Congreso el Anteproyecto de Reforma de la LOMCE, que, tal como parece ir, dudosamente recoge los compromisos que los opositores a esta ley orgánica –el PSOE entre ellos- habían trenzado en 2013. Si este proyecto de ahora se lee desde la óptica de la pobreza/riqueza, no es mucho lo que pretende reformar. Deja teóricamente más equilibrados de nuevo los dos ingredientes del “pacto” que supuso el artículo 27CE.1: la libertad y la universalidad, pero al no atar en corto la inversión económica ni los demás apartados de este artículo, el fortalecimiento práctico de lo segundo vuelve a quedar frágil y, con el, la anhelada igualdad. Y aun así, este destejer de ahora no parará los proyectos de los aguirristas y compañeros de faenas, cuyas falsedades ya denuncia Martínez Seijo.

Los examinadores de la OCDE ya dijeron en 1986, cuatro años antes de que fuera aprobada la LOGSE: “Es posible que los niños de las escuelas privadas, fuertemente subvencionadas por el Estado”, tengan más recursos que los alumnos de la pública. ¿Es que, después de 33 años, todavía no los hay para una igualdad real de todos los niños y niñas españoles? ¿Qué impide que –como antes de 1978- para un 40% una cosa sea ir a la escuela y otra estudiar? Como si siempre hubiera algún imperativo inexplicado, en la España de 2019 vuelve a no ser el momento oportuno para que en nuestro sistema sea posible a todos los ciudadanos superar la mera escolarización. “Sin educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos –aseguran desde la ONU-, no se lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja rezagados a millones de personas”. La cuestión, por tanto, es si esta reforma que ahora se proyecta en España es una apuesta seria por la escuela pública –la “social”- o si es tan timorata que vaya a dejar casi intactos los mecanismos para acelerar su privatización a la primera de cambio. Todo inclina a pensar que el reformismo que pronto se debatirá en el Congreso solo aspire a restaurar la LOE, de 2006, pero sin volver siquiera a las exigencias que planteaba la LODE en 1985.  En Galicia, ante situaciones similares, suele decirse ¡Pobres dos pobres!

Manuel Menor Currás
Madrid, 24.01.2019

domingo, 13 de enero de 2019

Nominalismos (Manuel Menor)


El nominalismo político enturbia la realidad sin cambiarla

Las organizaciones nombran la creciente fragmentación con palabras volátiles, adaptadas al sentimentalismo emocional de clientelas mutantes.

En Europa, sus organizadores centrales se están transformando sin que se sepa a dónde aspiren a ir: Macron sigue preguntándose qué quieren sus ciudadanos, reclamantes continuados en la calle; y la Alemania de después de Merkel está indecisa, propicia a la regresión y al miedo. Mientras, el Brexit inglés es una incógnita de contornos que favorecen las dudas, y en el resto de países las posiciones más conservadoras ganan terreno, incluso en los países que fueron modelo de apertura social. Además, a Trump parece que no todo le va tan mal como se aventuraba –pese a su conservadurismo proteccionista-, mientras China y Rusia tratan de asentar posiciones geoestratégicas de futuro.

Nominalismos
En España, optamos por la redefinición de las palabras para atrincherarnos ante una incierta realidad económica y social. Trampeando con las emociones del tribalismo e individualismo soberanistas, nuestros líderes tratan de que los más fieles se mantengan unidos. La racionalidad reflexiva de lo compartido no parece importarles, mientras crece la fragmentación a cuenta de la mentira, la ignorancia e incluso el odio. Los nacionalismos periféricos están en ello, y también el central en muchos casos. A que los más devotos no se dispersen apunta la brújula que usan ahora en el PP, con más consistencia que en anteriores  etapas de su genealogía. Se ven como el centro de la derecha después de que VOX ha mostrado que muchos que les votaban prefieren otra marca. Ya contaban con CS, con puertas abiertas a sus más liberales seguidores, pero después de los pactos internos -homologadores del lenguaje- que esta tríada ha formalizado para llevar a uno de los suyos a la Presidencia de la Junta Andaluza el próximo día 16, el muy importante segmento derechista de la sensibilidad política confirma que ninguno de sus votantes se ha evaporado, pese a los rigores de la crisis y los vapores de la corrupción. Y ahí siguen todos, en habitaciones contiguas, apoyándose en lo que les importa.

Los y las líderes jóvenes del PP ejemplifican esta confluencia cuando, tratando de  renovar su posición con voz propia, echan mano de lo viejo bajo apariencia provocadora. Muy visible está siendo -entre muchos otros términos que, según para qué, dulcifican para que no parezca excesiva la regresión semántica-, lo que hacen con “feminismo”, “feminidad”, “género” y “doméstico” o “familiar”. Lo ha sintetizado modélicamente la recién proclamada candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cuya cuarentañera novedad ha consistido en proclamar que “para ser mujer no tengo que ser feminista”. Unos días antes, también “sin complejos” y algo más joven, Andrea Levy –vicesecretaria de Estudios y Proyectos de su partido-  había dicho: “Yo no soy feminista, soy femenina”. Ese rancio juego lingüístico, sin embargo, ya fue denunciado como patriarcalista e inmóvil por las primeras mujeres que hablaron de igualdad. Entre ellas, María Lejárraga, autora de muchas de las obras que firmó su marido Gregorio Martínez Sierra. Por ejemplo, El Sombrero de tres picos y El amor brujo, musicadas por Manuel de Falla; o Margot, drama lírico con partitura de Joaquín Turina. En distintos escritos feministas, pero sobre todo en La Mujer Moderna (Madrid, S. Calleja, 1920), la eminente maestra y escritora dejó plasmado cómo esa distinción  entre “feminismo” y “femenino”, era –hace casi cien años- el subterfugio para mantener la minoración social y política de todas las mujeres.

Voluntarismo
No muy distinta, aunque con otro campo semántico, es la actitud del PSOE desde el Gobierno. En parte, por su precariedad parlamentaria y -de no menos importancia- a causa de posicionamientos de sus líderes representativos, en una tradición de largos disensos internos. Ejemplo sintomático de indefinición lo ofrece su Ministerio de Educación, con hipotéticas posibilidades y frágiles concreciones prácticas. Confrontadas con lo gestionado desde el 02.06.2018, sus palabras –muy reiteradas estos días por mor de los PGE- no pasan, pese al plus de credibilidad que sugieren sobre el PP en progreso social, de un querer sin poder, demostrando, incluso, un no querer ni poder.  

Se ha confirmado con motivo de que el  Anteproyecto de Ley pasara por el Consejo Escolar del Estado y fuera presentado, después, a organizaciones sociales en Ferraz. La primera ocasión sirvió para que la triada conservadora y sus mentores explicitaran consignas –una “chapuza cósmica”, según el consejero de Educación de Castilla y León- provenientes de sus mitos: la libertad de elección, la calidad, la escuela concertada, la Religión en el currículum y similares. La segunda reveló que, pese al acuerdo en relevantes puntos genéricos-  el equipo de Educación de Celáa mantiene gran distancia con sus posibles socios. Bien podía haberles brindado, en el proyecto –y en decretos anteriores o posteriores, que puede hacer sin  nueva Ley orgánica-, la presteza  en cambiar las características más agrias de la LOMCE. Ese hiato no se llena solo con palabras, sino con gestos. Cuando el PSOE se retiró del plan de “pacto” de Méndez de Vigo por la corta inversión económica, ahora debería haber sido coherente. Tardo va, igualmente, en cuanto a lo que pregonaba respecto a la confesionalidad en horario escolar y al compromiso contraído con otras organizaciones para erradicar la LOMCE.

Mensaje/masaje
Si no quieren que avance la indiferencia, no pueden demandar solidaridad con un proyecto avalado por indeterminados propósitos de agenda. Los tácticos electoralistas -recentralizadores del PSOE- corren el riesgo de que sus posibles votantes se lo piensen de aquí a mayo y se repita lo de Andalucía; tal como va algo tan expresivo como la Educación, el panorama que quedaría para la siguiente Legislatura propiciará que los servicios públicos se desbaraten más y mejor, “sin complejos”.  Para muchos, la confusión entre lo que pasa y lo que ha pasado desde “la crisis” recrea, acentuada, la precariedad anterior; la realidad, tan distinta de lo que habían soñado desde antes de 1978, complica el sentido de sus vidas. Esa continuidad, alucinante, viene de tan atrás que las estrategias de comunicación no extirparán dudas si se reducen a masaje nominalista.

Manuel Menor Currás
Madrid, 13.01.2019

lunes, 17 de diciembre de 2018

Hacia el pasado (Manuel Menor)

El pasado que nos espera

Los problemas están vivos, entre las imposiciones de unos, la rigidez de muchos y una preocupante indiferencia de quienes debieran estar atentos.

¿Qué tienen en común amas/os de casa, desahuciados/as, desafectas/os, camioneros/as, limpiadores/as, trabajadores/as industriales, hosteleros/as, fontaneros/as y carpinteros/as, peones y profesionales de diverso rango, estudiantes, secretarias/os, profesoras/es, maestros/maestras, médicas/médicos y enfermeros/enfermeras, asistentes sociales…? ¿Y si son interinos/as o con plaza en propiedad, en expectativa de destino, autónomos o precarios, becarias/as o contratados/as como definitivos/as, pacíficos/as o violentos/as, pasotas o comprometidos/as, de derechas, izquierdas o centristas?

Chalecos amarillos
La variedad de todos/as ellos/as, coincide en una rabia larga y cansina. De ella se han nutrido las multitudinarias manifestaciones violentas de las últimas semanas en Francia, que han hecho recordar el MAYO-68. La posible subida de los carburantes –que han conseguido retrasar- sobreviene al deterioro de nivel de vida, sueños frustrados, y a precarias expectativas de mejorar. Es el resultado de que impuestos, presupuestos y recortes se hayan agregado a barbaridades de diverso alcance, de las que la más humillante es  que muchos políticos se hayan empeñado en que la semántica cambie una realidad abocada a que cada cual se apañe como pueda. Fragmentación y apariencia oportunista, que se ha puesto de manifiesto en Marraquech, con desmarques oportunistas, ese fondo mutante que arrastra la globalización. En París, el color lo ha puesto el leve recuerdo de la cohesión que exige el contrato social, aunque quienes probablemente acaben sacando más provecho de estos sábados protestones sean los afines a Rassemblement National (RN), de Marine Le Pen.

Voces
Las elecciones andaluzas han puesto aquí su propio colorido al lograr VOX 12 escaños. ¿De quiénes son los casi 400.000 votos que ha cosechado esta formación política que acaba de irrumpir en el panorama oficial de la política española?  Tampoco estaría mal saber dónde se escondía tanto votante, quiénes hayan facilitado ese ascenso a su sentido del voto; de qué va la diferencia de quienes en el PP y CS proclaman similar doctrina y, al tiempo, dudan de si contar con su apoyo explícito. ¿Es tan importante que, para allanarles el paso en las elecciones generales, ya Cañizares proclame -mientras la “aznarización” del PP crece- que estos chicos de VOX son de derechas, pero no de ultraderecha? ¿Cómo Dios manda, claro, no sea que algún creyente se confunda? ¿Qué estratega ha situado las voces de los nacionalismos exacerbados en medio, como un caballo de Troya, para que no nos aturdan quienes claman desde sus problemas inatendidos?

Pocos oídos deben quedar ya  a los que no alcance el ruido general de modo que puedan plantearse, ante un problema, respuestas que sobrepasen la teoría del mal menor. Pero han logrado interiorizarnos que el ser humano es el resultado de la ley del “minimax”: pocos costes y muchos beneficios, y ya se propone como novedad que desde niños se aprendan estos vericuetos para toda decisión reiterando viejas versiones del homo oeconomicus, autómata y acrítico, anterior a que existiera derecho social alguno. Esta recobrada obsesión por el individualismo indiferente explica carencias flagrantes de las que probablemente nos lamentemos pronto. El Obamacare, que hacía asequible la salud en EEUU, está en serio peligro. Las cuestiones de fronteras –de vallas físicas en algunos países, y de supervigilancia electrónica o rearme militar en casi todos-, han vuelto al escenario interno europeo. La sucesión de Merkel en Alemania no augura que, donde más líos de este carácter ha habido entre 1815 y 1945, no vuelvan a primer plano cuando, la desintegración que se ha iniciado con el Brexit no facilita el optimismo. Y, para que nada falte, el panorama del nordeste hispano no parece sino alimentar furias desatadas: la propuesta de vía eslovena para Cataluña, y lo que depare la convocatoria del Consejo de ministros en Barcelona el próximo día 21 después de iniciado el juicio de encausados por el procés  el día 18, complican la provisionalidad gestual del Gobierno español.

¿Qué joya de la corona?
En asuntos educativos también hay síntomas de que los problemas que denuncia Pazos en su libro, ¡No nos callarán!, son relevantes, sin que se sepa bien a quién nutren los descontentos más individualistas de este sector. Tómense en consideración las elecciones sindicales en centros escolares públicos el pasado día cuatro, en que se  dejaron oír mortecinas voces del profesorado, en teoría “la joya de la corona”. Si esta metáfora funcionara, otra cosa habría sucedido en Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-León, Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana, Extremadura,  Galicia, Madrid y Murcia. En números, estos resultados tienen su valor, aunque según quien los analice y la zona o tipo de centros de que se trate: la lectura de los comunicados de ANPE y CCOO es buen ejemplo. Sorprende, en todo caso, que, desde que se legalizaron los sindicatos el 01.04.1977, sigan existiendo -en la educación pública en este caso- tan grandes diferencias entre centros escolares centrales y periféricos –urbanos o rurales-, escuelas e institutos. De muy atrás viene que reproduzcan una vida interna casi ajena a la representatividad sindical; en demasiados, el número de votantes efectivos no alcanza a menudo ni al 33%, y sus preferencias se inclinan, además, hacia el gremialismo. A muchos docentes, como si no fuera con ellos, parece importarles poco la ideología gerencialista de la educación al estilo más empresarial. Es como si no quisieran enterarse del deterioro de su complejo trabajo, al hacerse  más burocrático y menos consistente.

No es indiferente, por tanto, haber oído este pasado día cuatro a profesores jóvenes -interinos por más señas- que ignoraban para qué se votaba y que, por supuesto, no pensaban votar. ¿Se despreocuparán, igualmente, de que el Anteproyecto de Reforma que va a ser informado en el Consejo Escolar del Estado salga de ahí de cualquier modo, o incluso malparado, antes de ser debatido en el Congreso de Diputados? ¿Prolongarán la ficción de que, para un trabajo tan sensible como el de profesores o maestros, se pueda exigir que –pese a lo que les manden enseñar, condiciones en que hacerlo y salarios a percibir- deban ser felices ante el alumnado que les toque en suerte? ¿Y les dará igual todo? En la viñeta de El Roto hoy, en El País, entre una multitudinaria reunión festiva, con muchas bengalas en la noche, uno dice muy contento: “Yo iba a hacer la revolución, pero me tropecé con un concierto”.

Manuel Menor Currás
Madrid, 15.12.2018

domingo, 2 de diciembre de 2018

De la LOE a la LOMCE, ¿y vuelta a empezar? (Javier Sánchez Serna en eldiario.es)

Artículo de Javier Sánchez Serna -Portavoz de Educación de Unidos Podemos- en eldiario.es

El Anteproyecto de Ley de Educación no presenta muchas novedades respecto a la LOE. Además no recoge muchas de las proposiciones aprobadas esta legislatura, como muchos de los consensos a los que llegó la comunidad educativa en el “Documento de Bases para una Ley de Educación”

La mayoría de expertos señalan la urgencia de establecer el objetivo de equiparación del gasto educativo público a la media europea; es decir, el 5% del PIB

Si el Gobierno mostrara algo más de determinación, se podría recuperar la fórmula de la LODE de 1985, que definía a la red de centros públicos como la red principal y a la concertada como una red subsidiaria, para comenzar a desprivatizar el modelo educativo

La Ministra Isabel Celaá ha anunciado su intención de derogar la LOMCE. Y esto, indudablemente, es una buena noticia. Sin embargo, parece que esta decisión no va a implicar la apertura de un tiempo nuevo, sino más bien una vuelta a lo de antes. A lo de 2006, para ser más exactos.

Efectivamente, el Anteproyecto de Ley de Educación que ha elaborado el Gobierno no presenta muchas novedades respecto a la LOE. Es una vuelta a lo ya conocido que apenas innova, que no incluye muchas de las proposiciones aprobadas esta legislatura y, sobre todo, que no recoge muchos de los consensos a los que llegó la comunidad educativa en el “Documento de Bases para una Ley de Educación”. Documento, por cierto, que entre otros muchos también firmó el propio PSOE.

Pero, ¿por qué decimos que resulta tan decepcionante esta reforma educativa?

En primer lugar, porque la financiación vuelve a ser la gran olvidada. A nadie se le escapa que con la inversión actual no es posible revertir todos los recortes del Partido Popular. Además, la mayoría de expertos señalan la urgencia de establecer el objetivo de equiparación del gasto educativo público a la media europea; es decir, el 5% del PIB. Fue la falta de compromiso presupuestario del anterior Gobierno lo que provocó que tanto Unidos Podemos como el PSOE nos levantáramos de la mesa del Pacto. Por eso, ahora que el PSOE podría cumplir sus propias exigencias, resulta tan incomprensible que este anteproyecto de ley no incorpore una memoria económica o una disposición adicional que fije los objetivos de inversión y plazos.

Una segunda cuestión fundamental que esta reforma no corrige, ni compensa, es la situación de abandono en la que se encuentra la Educación Pública. Aunque se elimina el artículo 109 de la LOMCE donde se establecía la programación educativa a “demanda social”, lo cierto es que se vuelve a la fórmula de la LOE de considerar a centros públicos y concertados como “redes complementarias”. En su momento esta formulación fue una cesión del PSOE a los sectores educativos más conservadores y supuso, en sí misma, desdibujar el papel vertebrador de la escuela pública.

Sin embargo, si el Gobierno mostrara algo más de determinación, se podría recuperar la fórmula de la LODE de 1985, que definía a la red de centros públicos como la red principal y a la concertada como una red subsidiaria. No por una cuestión meramente terminológica, sino para comenzar a desprivatizar el modelo educativo; limitando, por ejemplo, el régimen de conciertos a la enseñanza obligatoria y paralizando, en consecuencia, los nuevos conciertos en Bachillerato y Formación Profesional, que tanto promocionan los Gobiernos del PP.

El tercero de los escollos de este Anteproyecto de Ley es el de un tema tan sensible como la etapa educativa 0-6. A pesar de que el Gobierno siempre habla de universalizar esta etapa educativa, la realidad es que este anteproyecto de ley no crea las estructuras necesarias para ello. A nuestro juicio también en este punto se podría haber ido bastante más lejos: estableciendo el deber de las Administraciones de ampliar la oferta de plazas públicas para atender toda la demanda del primer ciclo, y garantizando la universalidad del segundo ciclo en la red pública. Pues sigue siendo de vital importancia que la Educación Infantil tenga el carácter estrictamente educativo que le asignó la LOGSE y se aleje definitivamente de una función asistencial encaminada únicamente a facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar.

En lo referente a la ordenación curricular, celebramos la supresión de los itinerarios tempranos que introdujo la LOMCE, pero, por lo mismo, lamentamos que el Ministerio haya decidido mantener precisamente la Formación Profesional Básica, que no es más que otro itinerario segregador dentro de la Educación Secundaria. La FPB, en efecto, encarrila a los estudiantes por un camino secundario de difícil retorno y, por tanto, rompe con los principios comprensivos, de calidad y equidad que deberían vertebrar esta etapa.

Por otra parte, y pese a la buena acogida la expectación que despertó la vuelta de la Filosofía a los planes de estudio, el Ministerio tampoco ha cumplido con la proposición de Unidos Podemos. Si bien, por un lado, se recupera la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato, por otro se elimina la Ética de 4ª de la ESO, ya que la asignatura de Valores Cívicos y Éticos no es una materia propiamente filosófica, sino que se asemejaría más a una Educación para la Ciudadanía “versión 2018”.

En cuanto a la religión seguimos un poco en lo mismo. La reforma elimina el carácter evaluable de la materia, pero la sigue considerando parte del currículum educativo. Y eso cuando no hace ni medio año que aprobamos una proposición con el PSOE, impulsada por Europa Laica, para derogar el Concordato y sacar la catequesis de las escuelas. Aunque la supresión de los privilegios del Vaticano excede el ámbito de una Ley educativa, lo cierto es que, dentro del marco vigente, se podía ir más allá; por ejemplo, dejando la religión fuera del horario escolar.

Por último, vemos con preocupación cómo este anteproyecto de ley no tiene la voluntad ni pone los instrumentos para abordar los problemas que tienen nuestros docentes.

De hecho, no hay una sola mención a la situación de interinidad de las plantillas docente ni a la degradación de sus condiciones laborales. En este sentido, pensamos que es urgente y prioritario habilitar, como disposición transitoria, un proceso extraordinario para la consolidación y estabilización de las plantillas docentes. Ésta no es una propuesta original, se trataría simplemente de cumplir una lo que aprobamos Unidos Podemos y el Grupo Socialista, en la Comisión de Educación del Congreso.

Estamos, por tanto, ante una Ley de mínimos, que cumple con la derogación de la LOMCE pero evita ir más allá, ya que el Gobierno parece estar más pendiente de las reacciones de la PP y C’s, que de los consensos y demandas de la comunidad educativa. El Gobierno se equivoca si piensa que volviendo a la LOE y evitando todas las cuestiones, va a calmar las aguas. Lo que le puede ocurrir, al contrario, es que se quede entre dos aguas.

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