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miércoles, 21 de julio de 2021

Modernización y regresiones (Manuel Menor)

Publicamos este artículo del compañero Manuel Menor


Volvemos a donde solíamos

 

Esta forma de moverse no siempre garantiza seguridad, sino más bien inmovilismo, regresividad y miedo a otras posibilidades de convivencia.

 

Vuelven  los niveles estadísticos del mes de febrero en cuanto a contagios, incidencias hospitalarias y demás aspectos significativos de lo que ya es la quinta ola  de la Covid-19. Se renuevan, en el plano político, los pretextos de repulsa contra el nuevo Gobierno que estrena sus pasos mientras recibe los primeros recursos europeos para afrontar la recuperación económica; el Apocalipsis se queda corto en las invectivas que lanzan las tres derechas de la derecha, reduplicando la inquina en que se queda corto el manual que alguien reunió a cuenta de Schopenhauer como El arte de insultar. Y vuelve, a su vez, el cansancio de oyentes hartos de este pim-pam-pum banal que ni pretexto es de oposición; cuando en asuntos como el de Cuba, por ejemplo, se ve a todo el mundo con una santa inocencia que no se cree nadie, lo menos insensato es salirse de la reyerta nominalista a cuenta de la democracia/dictadura.

 

A Ulfe

 

En medio de tanta vuelta tonta, merece la pena recordar que se reedita A Ulfe, el libro en que Julia Varela analizaba en 2004 la eficiencia que la educación escolar tuvo en una zona rural de la Ribeira Sacra muy próxima a Chantada (Lugo). El título responde al topónimo de una pequeña aldea hoy deshabitada, vacía de gente -como ha dado en decirse de buena parte de España- y llena de zarzas, que en los años cincuenta y sesenta tenía mucha vida humana y una escuela con bastantes criaturas. Han crecido, y Julia, natural de esa aldea, tuvo la feliz idea de preguntarles por lo que aquel tiempo escolar significó para ellos, cómo eran sus maestros y maestras y en qué medida lo allí enseñado les ha servido para sus vidas después de haber visto tantos cambios en su ecosistema social y económico.

 

Haber nacido en esa aldea, conocer desde la infancia a los interlocutores-testigos, y haber experimentado muchas de sus mismas sensaciones ante lo acontecido no siempre es el mejor modo para mirar qué acontece; muchas veces, es el principal obstáculo para la disposición a descubrir y conocer mejor el entorno. En este caso, ha servido de pretexto, razón y condición principal para situarse en disposición abierta a la curiosidad y a las mejores preguntas y, también, a la expectativa de las mejores ideas para un posible cambio de actitud respecto al futuro de ese medio.

 

A Ulfe no es una guía turística para ver un paisaje bello y con buenos ejemplares monumentales del pasado, o para degustar algunos de los frutos afortunados del residual agro gallego, en un enclave privilegiado. No es, tampoco, uno de los libros de moda para lamentar melancólicamente un tiempo ido o para figurar entre quienes de  modo oportunista tratan ahora de paliar los problemas que tiene la España vacía. A Ulfe es un libro de sociología de ese mundo rural, en que se pueden ver en directo, en las voces de sus protagonistas, y escrito a modo de relato en que se trenzan muchas entrevistas, cómo eran sus hábitos de vida, la magnitud de las modificaciones a que han sido sometidos y, en medio, el papel que en ello  desempeñó su tiempo de paso por el espacio escolar. Esta perspectiva es la que más interesa a cuantos de algún modo tienen algo que ver con el mundo educativo, bien porque ya lo han pasado y les puede ayudar a entenderlo, bien porque están en trance de que les interese a fondo para sus propios hijos. El objeto principal de este análisis sociológico es el valor que haya tenido lo recibido, la escuela pública a que hayan tenido acceso y, en definitiva, la jerarquía del aprecio que tenga en la vida colectiva.

 

¿La casa de todos?

 

Este libro es especialmente recomendable para cuantos estiman que la escuela de aquellos años era sensiblemente mejor –de más “nivel”, suelen decir- que la que ha venido después de la CE78 (Constitución Española de 1978), con sus reformas y contrarreformas; que estas no nos gusten en bastantes de sus dimensiones, no es pretexto para que aquella vida escolar de entonces fuera mejor o simplemente buena; no la redime de las enormes deficiencias que tuvo para quienes la soportaron. No es un libro partidista –en el sentido estricto del término-, sino un libro crítico, muy apto también para cuantos desde el campo de las preocupaciones políticas traten de poner remedio a algunos de los problemas importantes que sigue teniendo el sistema educativo actual, después de casi ochenta años. Muchos de los aspectos que testimonia, idénticos a los que ya había descrito Luis Bello en los años veinte, estaban, por tanto, muy desfasados en el tiempo y en el trato a los chicos y chicas que acudían a las escuelas.

 

Sería una lástima que, en el momento actual, prosiguiera similar despropósito ahora que la escolarización es accesible a todos y todas, y que siguiera desaprovechándose un tiempo tan amplio como el que ahora alcanza, hasta los 16 años como mínimo. De la pobre rentabilidad de aquella escuela hay amplia información cualitativa en este libro; de su cuantificación, hay constancia sobrada, igualmente, en estudios de Xurxo Torres y José Antonio Caride. De cómo todo ello ha tenido repercusión en el tratamiento real del paisaje rural  y, en general, en los atrasos culturales que tenga esa área territorial y todo el país, también hay huellas abundantes en los Informes PIAAC, de la OCDE.

 

Nada es gratuito y todo se interrelaciona; la COVID-19, al desmantelar muchos de los convencionalismos en que nos movemos regresivamente pone en valor la consistencia de lo que hayamos construido. Por demás, ha traído al recuerdo al Benedetti de   La casa y el ladrillo (1976) citando al Brecht que había dicho: “Me parezco al que llevaba el ladrillo para mostrar al mundo cómo era su casa”; estaba en el exilio, era consciente de que le habían confiscado la palabra y el horizonte, y que no podía explicarse coherentemente nada de lo que realmente le importaba. Con tanta repetición de  vueltas a un pasado inane, hemos aprendido que en aquella escuela de ausencias estuvo el no saber cómo podía haber sido la casa educadora de todos; las rutinas que, según el análisis de Julia Varela, impusieron a varias generaciones de españoles, además de desbaratar esa posible experiencia, quieren hacernos creer que deben seguir estando ahí, para que aceptemos que lo mejor que puede pasarnos ahora debiera ser lo que entonces era.  ¡Atentos!

 

Manuel Menor Currás

Madrid, 14.07.2021


martes, 22 de junio de 2021

Repetición de curso y brutalismo educativo (José Saturnino Martínez García para eldiario.es)

Artículo de José Saturnino Martínez García para eldiario.es

La repetición educativa nos aleja de los países de nuestro entorno y está viciada por la desigualdad social, además de cara y poco eficaz; si bien son pocas las personas dedicadas a la investigación educativa que la apoyan, goza de gran popularidad: ¿cómo explicar la disociación entre conocimiento experto y popular?

19 de junio de 2021 

Una de las particularidades de nuestro sistema educativo es la alta proporción de repetidores de curso. Sobre la repetición sabemos que no es tanto un problema legal como cultural. Países con legislaciones parecidas a la nuestra en esta cuestión, como Dinamarca, muestran tasas de repetición muy bajas. Lógico, si se tiene en cuenta que debe ser una medida extraordinaria. Por otro lado, sabemos que hay una distancia importante entre repetición y competencias. A pesar del lugar común sobre que estamos mal en PISA, lo cierto es que nuestro alumnado está en un promedio próximo a la OCDE. Si algo nos diferencia es la falta de excelencia, no el exceso de alumnado rezagado. Sin embargo, nuestras tasas de repetición son muy altas. Esto quiere decir que el alumnado que en los países de la OCDE no repite en España sí lo hace. El caso de Castilla y León es muy llamativo, dado que sus niveles de fracaso escolar y repetición se han mostrado altos, al tiempo que si fuese un país estaría entre los mejores de Europa. Además, somos uno de los países más desiguales en la repetición. A igualdad de competencias, el alumnado de orígenes populares repite tres veces más que los de origen social alto. Encima, la repetición no suele ser un camino para la mejora, sino el primer paso para el abandono del sistema. Sin olvidarnos de su alto coste. Por un lado, para el sistema educativo: debe impartirse todas las materias de nuevo, y no solo reforzar aquellas en las que hay dificultades. Y personalmente: el alumnado casi pierde un año de su vida, pues deberá cursar nuevamente parte de lo que ya demostró que sabe.

Por tanto, la repetición como medida educativa nos aleja de los países de nuestro entorno y está viciada por la desigualdad social, además de cara y poco eficaz. Si bien son pocas las personas dedicadas a la investigación educativa que la apoyan, goza de gran popularidad. ¿Cómo explicar la disociación entre conocimiento experto y popular? Podría ser que los expertos no se enteran, a pesar del apoyo de datos y evidencia comparada. Podría ser que lo que es bueno en otros países no se ajusta a España, dado nuestro ancestral espíritu carpetovetónico. O puede ser que al hablar de repetición no estemos hablando de medidas educativas efectivas, sino de otras cuestiones.Los defensores de la repetición ven en ella un sinónimo de la cultura del esfuerzo, pero ¿en qué consiste esa cultura? Es una mezcla de conductismo educativo y brutalismo social. Para los conductistas, podemos hacer lo que queramos con los seres humanos si diseñamos un buen sistema de premios y castigos. Así que si queremos que el alumnado estudie, establecemos el castigo de perder un año de vida, romper vínculos con amistades y ser estigmatizado. Un plan sin fisuras. Si no fuese porque el aprendizaje significativo, el que transforma y dura, no se lleva tan bien con el conductismo. La motivación intrínseca, el reconocimiento desde el sistema educativo a las necesidades e inquietudes, el apoyo educativo… en el largo plazo generan mejor aprendizaje que el castigo y la recompensa. Los defensores de la repetición son un rescoldo de que la letra con sangre entra.

En cuanto al brutalismo, exalta la competencia como orden social natural. No reconoce que los seres humanos somos animales que vivimos en comunidad y nos cuidamos, sino que se limita a ver nuestra dimensión de lobos para otros humanos. Así que los lobos más fuertes son los que tienen derecho a las recompensas, a apropiarse de una mayor porción del trabajo colectivo que producimos como sociedad. Por tanto, hay que anticipar este orden brutal en las aulas, diferenciando entre ''los hundidos y los salvados'', que diría Primo Levi, para que sepan qué les espera fuera. Así, la escuela, en vez de luchar contra el brutalismo, lo promueve, en nombre de la excelencia. Una excelencia brutal que nos llevó a dos guerras mundiales. Una excelencia que confunde el esfuerzo individual con las condiciones sociales y personales que hacen posible ese esfuerzo. Que lo más asociado al éxito educativo siga siendo el nivel cultural de las familias, que repitan más los de orígenes populares, no es ''cultura del esfuerzo'', es intentar colar las desigualdades sociales como si fueran responsabilidad individual, del ''orden de la naturaleza de los lobos''.

La educación no debe ser campo de lucha ideológica, como promueven los brutalistas. Debemos buscar nuevas medidas más efectivas, que reflejen con más sensibilidad lo que se sabe, en vez de dejarlo en un automatismo como el número de asignaturas aprobadas.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Una historia de colonialismo cerebral (Diego Delgado para CTXT.ES)

 Reproducimos este artículo de CTXT.ES

Resulta devastador comprobar cómo el éxito rotundo de la estrategia neoliberal ha alejado el debate de las estructuras que apuntalan la invasión del interés económico en las aulas

La educación se ha convertido en un producto de consumo más, abandonando su lugar histórico dentro de un grupo de derechos fundamentales cada vez más hueco. Si bien parece que este cambio responde a las lógicas naturales de la sociedad humana occidental, la realidad es otra: tanto esa apariencia de inevitabilidad como los procesos que han impulsado el traspaso de la educación a manos privadas tienen su origen en los baluartes del capitalismo, cuyos intereses son también los más beneficiados por dicha transformación estructural.

Aclarar esto supone, por un lado, exponer los pasos que se han ido recorriendo en pos de la mercantilización de la esfera educativa, y, por el otro, evidenciar que otro sistema es posible, uno que arranque las aulas y el conocimiento de las garras del capital.

La ola neoliberal azota Occidente

Si el neoliberalismo ha logrado invadir hasta el último rincón de nuestras vidas ha sido, en gran parte, por su capacidad para autojustificar tanto su existencia como su expansión obsesiva. Gracias a esta trampa, es tremendamente complejo para cualquier individuo ser capaz de percibir los cambios que sus élites van impulsando en su incansable tarea de colonización a todos los niveles. Así, problemas gravísimos como la eliminación del derecho a la vivienda, la instalación de una precariedad laboral rayana en el esclavismo o, en este caso, la venta de la educación de las nuevas generaciones al mejor postor, pasan de crimen escandaloso contra la democracia a consecuencia ineludible –y, en muchos casos, deseable– derivada de una libertad de mercado a la que le han borrado el apellido. Como resultado, el 99% que sufre por no poder pagarse un techo, por la explotación en su empleo o por la frustración de no ser capaz de formarse como le gustaría, aplaude con fervor a ese 1% que ostenta las riendas del mercado; ese 1% que sí aprovecha una libertad que se parece demasiado a la tiranía.

Con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo se hace mucho más sencillo observar cómo las altas esferas del poder económico han ido colando sus artimañas, primero en el discurso hegemónico y, después, en forma de leyes que (des)regulan el ámbito educativo en España.

Ya en los años 90 se empezaron a construir las teorías que servirían como armazón ideológico para la transformación estructural que iba a convertir la educación en un bien de consumo en manos del capital privado. Como bien explica Daniel Sánchez Caballero en su reportaje en dos partes, ‘El negocio de la educación’, un potente lobby empresarial europeo redactó en 1989 un informe en el que apuntaba a la educación como una “inversión estratégica vital para el éxito futuro empresarial”.

Nueve años después, el entonces presidente de Coca-Cola, Glenn R. Jones, consolidó ese discurso con una afirmación tan categórica como terrorífica: “Los empresarios consideran que la enseñanza es un extenso mercado por conquistar”.


Relacionar directamente meras opiniones del mundo empresarial con una transformación tangible del ámbito educativo podría sonar a conspiranoia barata, por lo que se debe ir más allá en la exposición de pruebas argumentales. Quizá la más concluyente tiene que ver con la OCDE, organismo que actualmente cuenta con un peso enorme en la enseñanza a nivel europeo. En su ‘Cuaderno de política económica nº13’, fechado en 1996, Christian Morrison se atrevía a proponer, sin ambages, una estrategia para que los gobiernos estatales pudiesen reducir la calidad educativa con la sutileza necesaria para evitar revueltas ciudadanas: “Se pueden reducir los créditos para el funcionamiento de escuelas y universidades, pero sería peligroso restringir el número de alumnos matriculados. Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza, y la escuela puede, progresiva y puntualmente, obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad”.

El broche de oro a toda esta demencia lo coloca, en 2001, la Dirección General para la Educación de la Comisión Europea. En uno de sus documentos establece como objetivo principal “convertirse en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico duradero”. Las implicaciones de esta frase son un absoluto descaro, pues establecen una combinación férrea entre los dogmas neoliberales –economía por encima de todo, competitividad y obsesión por el crecimiento– y la educación, poniendo esta a los pies de los caballos del mercado.

FAES: libertad de mercado y desigualdad

Con una línea de acción tan clara, los Estados solo tenían que elegir una estrategia discursiva con la que inocular el virus de la privatización en un ámbito tan vital como la educación. Sin este paso previo sería imposible llevar a cabo los movimientos legislativos necesarios para poner en marcha la maquinaria; o, al menos, lograrlo sin recibir a cambio una contestación social difícil de prever.

Son diversos los métodos escogidos por las administraciones centrales de cada país, y existen estudios dedicados a desgranarlos con profundidad, pero el propósito de estas líneas no es ese. En el Estado español, un organismo brilló con luz propia durante esos últimos años del siglo XX y primeros del XXI en la creación de una predisposición en el sentir popular hacia la flexibilización de la educación: FAES.

Entre todas las cosas que podrían decirse sobre la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, hay una que evidencia por encima del resto la naturaleza reaccionaria de este think tank: su presidente es José María Aznar. De la mano de uno de los políticos más nefastos en la historia de nuestro país, con tendencias claramente ultraderechistas, dicho sea de paso, esta organización “que trabaja en el ámbito de las ideas” se dedicó en cuerpo y alma a torpedear el carácter público y universal de la educación en España.

Aprovechando el impulso privatizador que llegaba desde Europa, acrecentado exponencialmente por las políticas austericidas tras la crisis de 2007, FAES alcanzó un éxito rotundo con la presentación, en 2013, de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Decir que las ideas de la fundación de Aznar influyeron en dicha reforma es quedarse muy, pero que muy corto, puesto que esta es prácticamente una copia idéntica de los preceptos neoliberales que defendían con fervor los acólitos del expresidente. Si en 2010 FAES hablaba de la necesidad de “reforzar la autonomía en la gestión y la competencia entre centros educativos, de forma que puedan ofrecer currículos y proyectos educativos diversos”, el preámbulo de la LOMCE reza: “Los principios sobre los que pivota la reforma son, fundamentalmente, el aumento de la autonomía de los centros, el refuerzo de la capacidad de gestión de la dirección de los centros, las evaluaciones externas de fin de etapa, la racionalización de la oferta educativa y la flexibilización de las trayectorias”.

Autonomía en la gestión, competencia entre centros y flexibilización de los proyectos educativos son las tres peticiones que hacía FAES, todas ellas reflejadas con una exactitud impoluta entre los principios fundamentales de la LOMCE. Se trata de estrategias denominadas como endoprivatización, concepto que remite a un carácter privatizador no explícito, pero igual de efectivo. Quizá más.

Las ventajas de estos factores endógenos frente a otros mucho más evidentes, como podría ser la venta de una red de colegios a una empresa privada, tienen que ver con aquella advertencia lanzada desde la OCDE acerca del peligro de revueltas sociales por la corrupción de la calidad educativa. De esta forma, el veneno se coloca con sigilo dentro del sistema de enseñanza pública para que su letal expansión parezca algo independiente, una enfermedad desarrollada sin un origen claro.

La perversión del concepto de libertad opera como una de las principales herramientas a la hora de justificar toda esa serie de modificaciones del panorama educativo que van acercándolo hacia el precipicio

Como ya se ha mencionado, la perversión del concepto de libertad opera como una de las principales herramientas a la hora de justificar toda esa serie de modificaciones del panorama educativo que van acercándolo hacia el precipicio. Este no es un comportamiento específico, sino que se da en cualquier ámbito como síntoma inequívoco de estar cayendo en las garras del neoliberalismo más crudo. En España, Francisco López Rúperez es el máximo exponente de dicha estrategia dentro del sector de la educación. Presidente del Consejo Escolar del Estado entre 2012 y 2016, desarrolló durante las dos décadas previas a la LOMCE una tesis, adoptada con fervor por FAES, de la que habla Geo Saura en Think tanks y educación. Neoliberalismo de FAES en la LOMCE. El catedrático –que también pasó por la OCDE– establece una dicotomía excluyente entre libertad e igualdad, y asegura que las políticas que buscan la igualdad terminan sacrificando la libertad.

No hay que contar con nociones avanzadas en filosofía para ser consciente de que, al menos en el terreno de la enseñanza, sin igualdad de oportunidades no puede haber libertad. Sin embargo, la libertad que instrumentaliza y con la que se llena la boca el neoliberalismo es, en realidad, libertad de mercado. Libertad para que, quien puede permitírselo, sea capaz de comprar todo lo que quiera, sin límites: libremente. En este caso, el objetivo es que los hijos e hijas de familias privilegiadas tengan acceso a una educación restringida exclusivamente para quien ostente el poder adquisitivo suficiente. Una libertad que sí choca de forma frontal contra la igualdad como garante de la universalidad en la educación.

La combinación entre “reforzar la autonomía en la gestión y la competencia entre centros educativos” –es decir, desregular y someter la enseñanza a oferta y demanda pura– y “ofrecer proyectos diversos que se adapten a las demandas de los padres” deriva, irremediablemente, en que la calidad educativa se termina pagando. Como explica J. Torres en Educación en tiempos de neoliberalismo, “si los colegios se ven obligados a competir (…), entra dentro de esa lógica el tratar de eliminar de su comunidad educativa a aquellas personas que pueden rebajar los resultados en las pruebas de evaluación externa”. Pruebas que recomienda y realiza, en el caso del famoso Informe PISA, la OCDE. Se va cerrando el círculo.

Desnutrir el intelecto para mantener el orden

Una mayoría apabullante de las élites económico-políticas del Estado español han alcanzado un lugar tan privilegiado gracias a un sistema de organización social en el que factores aleatorios como el género o el apellido tienen un peso mucho mayor que los esfuerzos o las aptitudes. De esta forma, se lo deben todo a este régimen en el que la diferencia entre clases es casi feudal, con unos estamentos sólidamente marcados y difíciles de atravesar. Cuando alguien asegura que la escuela concertada o privada es sinónimo de calidad, está reproduciendo un discurso en el que la enseñanza de las clases altas se pone por encima de la educación de la gran mayoría. Y así lo demuestran los datos.

El propio Informe PISA dedicado al año 2018 es uno de los mejores ejemplos. Gracias al ISEC (Índice Social, Económico y Cultural), un factor corrector que tiene en cuenta la situación familiar de cada alumno o alumna, quedó patente que en España existe una segregación de clase que afecta directamente a la educación de las nuevas generaciones. Si bien los centros privados obtuvieron una ventaja de 27,62 puntos en las pruebas de matemáticas, esa diferencia torna en 2,5 puntos de desventaja en favor de los centros públicos cuando se aplica el ISEC. Es decir: la supuesta calidad de la enseñanza privada es, en realidad, fruto de la discriminación que deja fuera de estos centros al alumnado procedente de familias trabajadoras. Teniendo en cuenta que 40 puntos equivalen a un curso escolar completo, estamos hablando de un retraso de más de dos trimestres. En cifras concretas, esta situación se traduce en una proporción de alumnos y alumnas repetidores en la enseñanza pública que supera, por más del doble, a la de la privada: 37,7% frente a 17,1%, según un informe de la Fundación BBVA.

La supuesta calidad de la enseñanza privada es, en realidad, fruto de la discriminación que deja fuera de estos centros al alumnado procedente de familias trabajadoras

Con el paso del tiempo, la segregación escolar se traduce en que solo un 10,6% del alumnado universitario tiene un origen de clase baja, frente al escandaloso 54,7% que procede de familias acomodadas de clase alta, según un estudio de la Xarxa Vives d’Universitats.

Una vez se ha demostrado que de ninguna manera existe una diferencia en términos de calidad intelectual entre la escuela pública y la privada –una barbaridad digna de los períodos más oscuros de la historia de la humanidad–, merece la pena detenerse para entender qué ocurre entonces en las escuelas que ofrece el Estado de forma gratuita.

El informe Desigualdad 1-0 Igualdad de oportunidades, de Oxfam Intermón, habla de las diferentes “mochilas” con las que carga cada alumno o alumna a la hora de empezar su periplo educativo: “Algunas están llenas de piedras, inútiles para el logro educativo y muy pesadas, mientras que otras están repletas de recursos con los que labrarse un futuro prometedor”. En este último grupo se engloban factores como la educación de los progenitores, la capacidad de invertir recursos en clases particulares o sus expectativas educativas, entre otras cosas; mientras que las “piedras” aluden a la ausencia de padres y madres en casa por largos turnos de trabajo, la necesidad de cuidar a otros miembros de la familia, la falta de un lugar en el que estudiar cómodamente y un larguísimo –demasiado– etcétera. De esta forma, el informe concluye que, en España, “uno de cada dos hijos e hijas de padres y madres sin educación secundaria postobligatoria repetirán el nivel educativo de sus progenitores. Es una transmisión intergeneracional 10 puntos superior a la de Alemania y 23 puntos superior a la de Francia. En el otro extremo, 7 de cada 10 padres y madres universitarios tendrán hijos e hijas universitarios”. No hay lugar a dudas ni interpretaciones: el denominado ascensor social ha estallado en mil pedazos.

La lectura económica de este fenómeno es lo primero que viene a la cabeza, dada la claridad con la que se atisban las consecuencias materiales de ella. Además, vivimos una época de enorme sobrecualificación en la que, instigado por las reformas neoliberales de Wert, la titulación universitaria ha perdido toda su función en términos de validación intelectual y conversión de la misma en una recompensa salarial. Ya no solo se purga al alumnado pobre durante toda la educación obligatoria, sino que ahora también se invalida a quienes han logrado escalar hasta un grado universitario, pues lo realmente importante es tener un máster. Y cuanto más caro, mejor.

No obstante, existe otro enfoque, otra implicación ineludible cuyas consecuencias dan incluso más miedo que el hecho de estar condenado al nivel material de vida de la familia en la que se nace. Se trata de la desnutrición intelectual. Si el único escenario beneficioso para el sistema capitalista, una vez se ha destapado su naturaleza sanguinaria, es uno en el que no existe ninguna otra opción imaginable ni deseable de organización de la vida, la neutralización del pensamiento crítico torna en condición sine qua non para su éxito. Así lo sentía Milton Friedman, mítico paladín del neoliberalismo, cuando tildó de “oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo” el desastre del Katrina. Una reforma que, según cuenta Naomi Klein en La doctrina del shock, debía ser “permanente”.

La primacía de los resultados cuantitativos y la omnipresencia de la competitividad que FAES repitió como un mantra, hasta que se convirtieron en ley, no afectan solo a la gestión de los centros, sino que han permeado hasta lo más profundo de las aulas. Allí, se han unido a otros preceptos, como la sustitución del raciocinio por la memoria o el no cuestionamiento de la versión oficial, dando lugar a un ambiente en el que niños y niñas reciben una información que, sin procesar, alojan en un lugar no muy profundo, bien accesible para poder ser expulsada en el momento del examen sin que deje apenas mácula en su intelecto. El objetivo será, siempre, buscar la nota más alta; así que quien la obtenga con mayor asiduidad tendrá muchas papeletas de convertirse en el objetivo de la frustración del resto. El cerebrito, la friki.

Al final, la estampa llama la atención por el alto componente de individualismo que rebosa, opuesto a la naturaleza comunitaria del alumnado en cuanto que seres humanos. He aquí uno de los orígenes de la atomización, tan repetida como uno de los principales problemas de la sociedad actual desde campos como la sociología o la antropología. De pronto, el enemigo son los compañeros de clase de tu hijo, demasiado rebeldes como para atender correctamente en clase, o la niña que se sienta en la misma mesa que tu pequeña y nunca lleva las tareas hechas. Poco importa que uno de esos chavales viva con seis personas más en un piso de 50 metros cuadrados, o que esa niña tenga que cuidar de su hermana pequeña durante todo el día porque sus padres tienen turnos de 14 horas. Poco importa que, en realidad, compartas luchas, trabas y batallas cotidianas con esas familias a las que ahora culpas por lo que la precariedad ha hecho de ellas; por lo que la precariedad ha hecho de ti.

Si a todo ello se le suma el chaparrón de estímulos que dirigen toda la atención de los más jóvenes hacia la consecución de hitos materiales –principalmente monetarios–, y la personalización de la responsabilidad a la hora de lograr dichos éxitos, puesto que “si te esfuerzas, alcanzarás todos tus sueños”, el resultado es un cóctel de competición insana y sensación de fracaso continua que explica la epidemia de ansiedad y depresión que asola el Estado español. Una epidemia para la que no hay carrera por encontrar la cura.

Dicen “no te has esforzado suficiente” porque decir “el puesto que ansías lo está ocupando el hijo del dueño, que conoce al resto de homólogos porque son hijos de otros dueños y compartieron clase en la privada” supondría visibilizar las costuras de un sistema podrido.

Además, es necesario hacer mención al sesgo de género existente en el ámbito educativo en España. Por una parte, que todo el peso de las tareas reproductivas y de cuidados recaiga sobre la mitad femenina de la población hace que algunas jóvenes tengan que dejar sus estudios para encargarse de las labores del hogar, algo que afecta con preeminencia a aquellas que proceden de familias humildes. Por otro lado, y según expresa el informe de Oxfam Intermón, “son las mujeres las que más ascendieron socialmente gracias a la universidad, las que más títulos universitarios tienen y las que, dadas las desigualdades de género en el mercado laboral, sufren más la sobrecualificación” sobre la que se ha hablado previamente.

La historia sigue, y seguirá

Una vez han quedado expuestas las decisiones que nos han traído hasta el lugar en el que estamos, es momento de demostrar que el proceso aún no ha llegado a su cénit. Y es que esta historia de colonialismo cerebral tiene sus reflejos en la actualidad, máxime con el ascenso del neofascismo y la radicalización ultra de la derecha española.

Tras este repaso a las últimas décadas de privatización se entiende mejor qué pretende Isabel Díaz Ayuso cuando nombra director general de Educación Infantil y Primaria de la Comunidad de Madrid a José Ignacio Martín Blasco, un hombre cuya trayectoria laboral se ha desarrollado única y exclusivamente en centros privados y concertados, manteniendo siempre un vínculo estrecho con el Opus Dei.

También se puede hacer una relación mental sencilla entre la propuesta del veto parental de Vox y la obsesión de FAES, heredada del friedmanismo más fundamentalista, con que las familias cuenten con una libertad total a la hora de elegir la educación de sus hijos e hijas. De hecho, se trata de un intento más que evidente de profundizar en esa desnutrición intelectual de la que se habló unas líneas más arriba, con el agravante ideológico que entraña el enfoque desde el que la extrema derecha presentó su propuesta. Si la introducción de mecanismos puramente empresariales en las escuelas ha generado un problema de atomización social, secuestrar ciertos sectores del aprendizaje con criterios ideológicos derivaría en un incremento de la intolerancia y el odio a la diferencia. De hecho, en julio de 2019, elDiario publicó un reportaje en el que el periodista David Noriega recogía las experiencias de alumnos y alumnas de entre 16 y 20 años que habían asistido a uno de los talleres LGTBI que el partido ultra pretendía censurar. El adjetivo “necesario” fue el más repetido en dicho encuentro, referido de forma bidireccional a víctimas y verdugos de la intolerancia. Necesario para animar a los primeros a dar el paso, a dejar de esconderse, y necesario para abrir los ojos del segundo grupo, cambiando el odio y el miedo por comprensión.

Pero lo más desesperanzador es la actitud de la bancada supuestamente progresista. Su llegada al gobierno, con una coalición que se ha denominado de forma machacona como la más escorada a la izquierda de los últimos 80 años, colocó en el horizonte la promesa de derribar los colosales muros con los que el capitalismo ha ido aislando la educación en pos de su adoctrinamiento consumista, del “muera la inteligencia”. Tras el forzoso paréntesis abierto por la pandemia de coronavirus, la presentación de la Ley Celaá ha provocado la indignación de las trincheras diestras, que ya han perdido el poco pudor que les quedaba y se atreven, incluso, a acusar al Ejecutivo de intentar poner en marcha medidas que no solo tienen poco que ver con la reforma propuesta, sino que forman parte de su propio programa electoral. Tamaña exhibición de la miseria humana y política más ridícula podría parecer una respuesta desesperada ante lo que los sectores más conservadores sienten como un ataque a la línea de flotación de su proyecto antieducativo; es decir, el cumplimiento del programa electoral que llevó a PSOE y Unidas Podemos a la victoria en las urnas. Nada más lejos de la realidad: desde la concepción inicial de la ley, se forjó en su esencia el vasallaje a los criterios de la OCDE, organismo al que se alude explícitamente en más de una ocasión. “La escuela puede, progresiva y puntualmente, obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad”, ¿recordáis?

Resulta devastador comprobar cómo el éxito rotundo de la estrategia neoliberal ha alejado el debate de las estructuras que apuntalan la invasión del interés económico en las aulas. Quizá los encargados y las encargadas de ejercer el poder legislativo son víctimas del secuestro del razonamiento crítico. Quizá solo están cumpliendo, dóciles, su papel como secuaces de la tiranía que aparentan querer derrocar.

Estancamiento en los datos del informe TIMSS sobre ciencias y matemáticas (Pablo Gutiérrez del Álamo para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

 Reproducimos este artículo de ELDIARIODELAEDUCACION.COM


  • España puntúa en la media en el informe TIMSS sobre ciencias y matemáticas, es decir, al rededor de los 500 puntos, aunque con una ligera bajada con respecto a la anterior edición de 2015. Desde el Ministerio afirman que hay muchas variables que influyen y habrá que estudiarlas.

Cada cuatro años, la IEA realiza el estudio TIMSS sobre Ciencias y Matemáticas, para los cursos 4º de primaria y 2º de ESO. España participa solo en el de primaria desde hace tres ediciones. Los resultados son, prácticamente iguales a lo largo de la serie, con una pequeña bajada en esta última edición.

La media de España en matemáticas en 2019 es de 502 puntos (sobre 500) y de 511 para ciencias. En 2015, esas puntuaciones fueron de 505 y 518 respectivamente. Ha habido un frenazo y cierto descenso de los niveles que se anunciaba desde 2011, momento en el que la puntuación era de 482 para matemáticas y 505 para ciencias. Es una tendencia relativamente similar a la ocurrida en la media de la OCDE que también ha tenido un cierto estancamiento. Eso sí, el informe asegura que el descenso en matemáticas no es estadísticamente significativo. Sí lo es en ciencias.

En esta edición han participado también algunas comunidades autónomas con muestra ampliada: Cataluña, Madrid, La Rioja, Asturias y Castilla y León.

TIMSS estudia, por una parte, niveles de conocimiento adquiridos por el alumnado, así como cierto grado de competencia en el uso de esos conocimientos. Y como otras evaluaciones, establece hasta cuatro categorías de logro: baja, intermedia, alta y avanzada. La baja estaría por debajo de los 500 puntos. La avanzada, por encima de los 625. España se encuentra en la intermedia, aunque hay importantes diferencias por comunidades.

Si el rendimiento en España es de 502 para matemáticas, (OCDE: 527 y UE: 513), en Castilla y León obtienen 528; La Rioja, 527; Asturias, 520 y Madrid 518. Por debajo de la media, Cataluña, con 494 puntos. En ciencias ocurre algo parecido. España tiene 511 puntos (OCDE: 526 y UE: 514) frente a los 535 de Castilla y León; los 534 de Asturias; los 531 de La Rioja o los 523 de Madrid. Nuevamente, Cataluña queda por debajo de España con 504 puntos.

Desde el Instituto Nacional de Evaluación Educativa aseguran que en el caso de Cataluña, efectivamente, en las evaluaciones de primaria suele quedar por debajo de la media del resto del país, pero afirman también que cuando el alumnado llega a la secundaria, las puntuaciones cambian para mejor. «Corresponde a las administraciones educativas de esta comunidad analizar por qué ocurre esto y tomar las medidas de política educativa correspondientes», afirman.

Uno de los puntos donde España suele «pinchar» en este tipo de evaluaciones está en el porcentaje importante de alumnado que solo alcanza los niveles bajos de conocimiento o competencia. O ni si quiera. Es verdad que entre 2011 y 2019 ha habido una mejoría, que se ha visto frenada entre 2015 y 2019.

El porcentaje de alumnado con niveles bajos o muy bajos, en 2011, en matemáticas, era del 44%. Hoy, del 35%, nueve puntos porcentuales (en 2015 era del 33%). En ciencias, la variación ha sido menor, y ha pasado del 33% al 29.

Al otro lado de la tabla, el porcentaje de alumnado en el nivel alto de conocimiento. En matemáticas ha pasado del 17% en 2011 (27 en 2015) al 27 de esta edición. Para ciencias, el aumento también ha sido más discreto, del 28% al 30, aunque hay que tener en cuenta que en 2015 era del 34%.

Es complicado dar explicaciones sobre estas diferencias y el cambio de tendencia desde 2015 hasta ahora, pero los años de inversión podrían haber pasado factura al sistema educativo. Y, en medio, también estuvo la implantación de la Lomce.

En la gráfica se puede ver la distribución del alumnado, según el nivel de competencia demostrado en matemáticas en TIMSS 2019. En la tabla aparece Corea, el país con un nivel más alto en esta edición (y en las anteriores) muy por encima de España y de la media de la OCDE y de la UE. La composición de sus datos es la opuesta a la de España, sus comunidades y los organismos internacionales. Sin alumnado de rendimiento inferior al bajo y con un 37% de chicas y chicos en el nivel superior, el avanzado.

En ciencias ocurre algo muy similar a lo que se aprecia en matemáticas en cuento a la composición porcentual de los diferentes índices de resultados:

Los niveles de rendimiento utilizados para TIMSS se dividen en: muy bajo: por debajo de los 400 puntos; bajo: entre los 400 y los 475; intermedio, entre 475 y 550; alto: entre 550 y 626, y avanzado, por encima de los 625 puntos.

Razones para la diferencia

Como otros estudios, TIMSS hace una gran cantidad de preguntas tanto al alumnado, al profesorado, las familias y los equipos directivos para conocer lo máximo posible el contexto en el que se desarrolla el aprendizaje. También tiene en cuenta el factor género y origen a la hora de ver diferencias en la adquisición de conocimiento y en el desarrollo de competencias del alumnado.

De esta manera, entre la información que puede encontrarse en el informe, está la situación socioeconómica de las familias, si los centros educativos están en poblaciones grandes o pequeñas, en el medio rural o urbano; el nivel de estudios alcanzado por las familias; los años de escolarización en centros de infantil de 0-3 o las actividades de lectura y matemáticas previas a la etapa de primaria.

Unas más y unas menos, todas impactan de una forma u otra en los resultados de la evaluación en España.

Como en otras evaluaciones, aparecen diferencias significativas entre chicas y chicos, principalmente en matemáticas. En este caso, a favor de los chicos, que obtienen mejores puntuaciones que sus compañeras.

Otros motivos de diferencia se encuentran si el alumnado es nativo o de origen migrante (ambos progenitores tienen países de procedencia diferentes a España). En este caso, se observan diferencias que van desde los 11 puntos en matemáticas de Cataluña (con un 15% de alumnado migrante) hasta los 38 puntos de La Rioja, con un 18%. En este sentido, parece que en Cataluña las diferencias de origen quedan bastante igualadas frente al resto de comunidades con ampliación de muestra (Asturias también, aunque tiene un 5% de migración y esta obtiene 12 puntos menos).

En ciencias, la situación es similar. Asturias, con 3 puntos y Cataluña, con 10 puntos son las autonomías con menor impacto del origen geográfico del alumnado. De ahí, se salta a los 18 de Madrid y hasta los 28 de La Rioja.

A la situación de migración, habría que sumarle también la situación socioeconómica de esas familias, que suele ser peor que la de las nativas. Si se descuenta el ISEC en los resultados, las cosas cambian mucho, para mejor. Los resultados del alumnado de origen extranjero obtendría mejores resultados en todos los territorios a igualdad de condiciones de partida.

Otros impactos tienen que ver con el tamaño de los municipios de los centros educativos. Aunque no es una diferencia muy notable, es mayor la puntuación en centros de grandes poblaciones (por encima de los 100.000 habitantes) y en ambientes urbanos, frente a rurales.

La lengua es otro de los elementos estudiados por TIMSS. En España, las pruebas se realizaron en las cinco lenguas cooficiales. Se preguntó al alumnado si en casa se utiliza comúnmente el mismo idioma que en la prueba o no. En matemáticas, España tiene 16 puntos de diferencia entre quienes hablan la lengua de la prueba habitualmente en casa y quienes no la utilizan. Cabría destacar el caso de Cataluña, puesto que esta diferencia es de 8 puntos, la mitad. Teniendo en cuenta, además, de que solo el 37,4% del alumnado aseguró que utiliza en casa la misma lengua que en la prueba (el catalán). Eso sí, en ciencias no ocurre lo mismo. En este caso, la diferencia en esta comunidad asciende a 13 puntos (diferencia significativa según el informe), mientras que la de España es de 23 puntos.

Educación infantil

El impacto de la educación infantil, principalmente la de primer ciclo, es conocido desde hace años. Tanto en TIMSS como en el propio PISA se han hecho, desde hace tiempo, comparaciones entre los resultados que obtienen quienes han pasado por esta etapa y quienes no.

Dice el informe que en España el 75% de chicas y chicos de 4º de primaria pasaron por la educación infantil de primer ciclo, al menos, algún año. El impacto de esta asistencia en los resultados de matemáticas es de 26 puntos a favor, de 16 en el caso de ciencias.

Las diferencias autonómicas también se dejan notar aquí, aunque solo en los casos de Cataluña, La Rioja y Madrid, donde estas distancias sí son significativas: 26, 25 y 24 puntos en matemáticas, respectivamente, y de 24, 19 y 15 en ciencias.

Si a esta asistencia al 0-3 se añade el trabajo previo que hayan podido hacer las familias antes de la etapa de primaria, las diferencias son mucho mayores. De media hay 46 puntos de diferencia entre el alumnado que no ha asistido a infantil y no ha realizado actividades de lengua y matemáticas en casa y quienes han asistido y sí las han hecho (480 puntos los primeros, 526 los segundos). En ciencias, es algo menor, de 35 puntos entre ambos.

En cualquier caso, el informe internacional asegura que las actividades en lengua y matemáticas que se pueden haber hecho en casa antes de primaria pueden compensar el hecho de no haber acudido al primer ciclo de la educación infantil .



Consulta el informe aquí

TIMSS 2019 - INEE | Ministerio de Educación y Formación Profesional

https://www.educacionyfp.gob.es/inee/evaluaciones-internacionales/timss/timss-2019.html

jueves, 22 de octubre de 2020

La LOMLOE, ¿una oportunidad perdida? (Foro de Sevilla para eldiariodelaeducacion.com)

 Artículo del Foro de Sevilla para eldiariodelaeducacion.com

  • Sin menospreciar las derogaciones que se han realizado en esta nueva ley y que eran muy necesarias, la propuesta de la LOMLOE mantiene el modelo curricular característico de nuestro país, con currículos extensos y memorísticos, reforzados con evaluaciones externas que imponen lo que hay que enseñar y controlan las prácticas escolares quitando autonomía profesional a los y las docentes.
Coincidimos con personas pertenecientes a la comunidad escolar, sindicatos y organizaciones sociales, en que los gobiernos de izquierda no han articulado un proyecto educativo ilusionante para nuestro país, con un perfil diferenciado de la derecha. No hemos sido capaces de superar aquella etapa oscurantista, que dio forma a gran parte de nuestra cultura escolar, con la tergiversación de la historia, la condena del laicismo y de la coeducación y una concepción negativa de la infancia (la cultura del esfuerzo lo llaman ahora). Y no han logrado proponer leyes progresistas adaptadas al mundo actual. Su visión responde a una docencia anclada en el academicismo, con una idea descontextualizada del conocimiento, aprendizajes superficiales y memorísticos y la utilización de métodos simultáneos que enseñan a muchos como si fueran uno solo. Consiguen la domesticación del alumnado potenciando la exclusión, el abandono escolar y sirviendo a la acreditación y la meritocracia.

El sistema educativo público debe ser parte de un proyecto social donde se promueva la democracia, la convivencia y la cohesión social. Las medidas que se han promovido con la LOMLOE no afectan al fondo del problema educativo. Al conservadurismo con el que se fomenta el modelo arcaico del conocimiento, la disciplina, la cultura del esfuerzo y la segregación por sexos, culturas y niveles sociales, se añade una nueva cultura del éxito escolar donde prima la enseñanza del individualismo y la competitividad frente a la cooperación y el cuidado como base de la conducta humana.

Políticas que, como se está comprobando, lejos de ser democráticas y buscar la justicia social para todo el alumnado convierten a la escuela en pequeñas empresas, fomentan la competitividad, el “homo economicus”, y generan desigualdad en lugar de preocuparse por la formación de ciudadanos y ciudadanas en los que crezca la libertad de pensar y de ser con la adquisición de un conocimiento con sentido que los haga conscientes ante el mundo y capaces de transformar la sociedad.

En el mundo de hoy, con una sociedad altamente tecnologizada, no podemos seguir enseñando contenidos cerrados y preparados para su reproducción. El alumnado debe ser capaz de acceder, seleccionar y transformar la información para convertirnos en una sociedad del conocimiento justa y solidaria.

El derecho a la educación requiere un sistema educativo flexible con capacidad para incluir y atender las necesidades de todo el alumnado y asegurar sus derechos. Eso significa que, además de evitar los itinerarios y las clasificaciones del alumnado, propuestos por la LOMCE, se debe desterrar la evaluación como un mecanismo de sanción y de desafección del alumnado por lo estudios. Una educación en la que se realicen aprendizajes relevantes, que no se midan en función de las ganancias, sino con vista a promover un desarrollo personal y social. Con un conocimiento emancipador, laico y crítico con el que puedan comprender el mundo, cuestionándolo y proponiendo su transformación.

Son muchos los retos de la humanidad a los que la educación debe responder: la globalización económica, la degradación medioambiental, las desigualdades sociales, las dificultades económicas o financieras…

Los principios rectores de una democracia deben salvaguardarse, pero nos encontramos una vez más que la educación sirve para tiempos electorales con las promesas tantas veces escuchadas en inversión y en leyes, pero una vez más los pactos políticos utilizan a la educación como un instrumento para el intercambio político.

Sin menospreciar las derogaciones que se han realizado en esta nueva ley y que eran muy necesarias, la propuesta de la LOMLOE mantiene el modelo curricular característico de nuestro país, con currículos extensos y memorísticos, reforzados con evaluaciones externas que imponen lo que hay que enseñar y controlan las prácticas escolares quitando autonomía profesional a los y las docentes y proponiendo una enseñanza homogénea. A la vez, se mantiene alejada de una enseñanza laica propia de una educación democrática, no doctrinaria, y deja en manos de las comunidades autónomas el aumento de la privatización, la competitividad entre las escuelas y, como resultado, la segregación escolar, que nos ha puesto a la cola de la Unión Europea y de la OCDE en igualdad en muy pocos años. Es una ley que propone aquello que debería limitar, los suspensos, la inclusión, la selección del alumnado…, invitando al profesorado a ser el único responsable de los resultados académicos y del funcionamiento del sistema educativo.

Los nuevos tiempos se preocupan de una falsa autonomía, que viene a reforzar las políticas de elección de centro (porque no las impide), la imposición de los intereses espurios del mercado que desea una formación vocacional y especializada para el mundo del trabajo y para conseguir aumentar el PIB, cuestión por otro lado discutible. Una escuela que anticipa y reproduce las divisiones y jerarquías del mundo laboral y se especializa en saberes productivos que no cuestionan los marcos que los sustentan.

Una triste oportunidad perdida.

Carmen Rodríguez Martínez, Jordi Adell, Francisco Imbernón, José Gimeno Sacristán, Rodrigo J. García, Rocío Anguita y Javier Esteban Marrero. Pertenecen al Foro de Sevilla.

martes, 21 de abril de 2020

La segregación escolar: un modelo competitivo basado en la elección de centro (Por otra política educativa para eldiario.es)

Artículo de Carmen Rodríguez Martínez, Javier Esteban Marrero y Rodrigo Juan García para eldiariodelaeducacion.com/porotrapoliticaeducativa
20 abril, 2020
  • No se puede construir una ciudadanía democrática creando escuelas de ricos y de pobres, la educación debe estar comprometida con la cohesión social y con los derechos fundamentales de la igualdad. No existe el derecho fundamental a la educación con el desarrollo de políticas que van en contra de la educación pública y a favor de la segregación escolar.
Existen cuestiones tan contradictorias como las declaraciones de Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE y creador de PISA, cuando afirma que, “la segregación escolar no es el camino para mejorar la educación”, mientras extiende por el mundo el neocolonialismo que supone PISA contribuyendo a las clasificaciones de los sistemas educativos y aumentando la desigualdad.

Tan contradictoria como el interés de la OCDE junto al Banco Mundial en conseguir una educación en equidad, con metodologías instrumentales, que se apoyan en políticas basadas en datos evaluados para que conduzcan a una educación de calidad y eficiente, además de en modelos de financiación privada y en lo que se considera una inversión sostenible basada en los resultados, para satisfacer una ideología de mercado que reproduce las clases sociales y las jerarquías. Para ello son organizaciones económicas, para proteger al capitalismo y fomentar la iniciativa empresarial.

Un modelo competitivo para educación basado en el éxito
La nueva concepción de la educación como un elemento central para la transformación hacia una sociedad más competitiva y con una mayor producción crea un imaginario social hacia la mejora educativa basada en el éxito. Lo que antes eran mercados restringidos a las industrias del entretenimiento, el cine, deporte, arte… se aplican a abogados, médicos, bancos de inversión, escuelas, universidades… Con el objetivo de conseguir la sublimación permanente, hay que ser competitivo, compararse, medirse y optimizarse. De ahí que en los programas televisivos triunfe la elección de la mejor cantante, el mejor cocinero… costurera o famoso que deben demostrar un talento o algo adicional que suponga su “éxito”. Este modelo de mercado se traslada a todos los ámbitos sociales generando una situación de agravio para la mayoría de las personas; resignación de los que no acceden a una situación de vida cómoda porque se vulnera una convivencia justa y presión de los ganadores para mantenerse en la competición.

En educación la transferencia de las “buenas prácticas”, el “nobel de la educación” o el docente global (negocio para la empresa Varkey), las políticas de incentivos, etc… representan el triunfo del éxito, que solo sirve para destacar la crisis generalizada de la educación, para volver a reclamar los discursos elitistas ante el fracaso de la escuela. Y destacar que el profesorado es uno de los actores más relevantes que están sirviendo con sus malas praxis a unos resultados catastróficos. La responsabilidad recae solo en el profesorado, no en los niveles socioeconómicos del alumnado, ni en la calidad de la educación o en la falta de recursos personales o materiales. Todos estos discursos solo sirven para potenciar la escuela privada o modelos de escuelas con gestión privada que se basan en incentivos al profesorado y trasladan los modelos de la economía al sistema escolar.

La elección de centro: escuelas Charter, autónomas y concertadas
Cada vez hay una mayor tendencia a potenciar la elección de centro haciendo competir a las escuelas públicas entre ellas, y a las públicas con las privadas. Para poder elegir escuela éstas deben ser diferentes y para eso las acompañan de toda una serie de políticas educativas como son los vouchers, la ampliación del distrito, los proyectos educativos, los rankings, evaluaciones, o cualquier tipo de estrategia que potencie la competitividad entre las mismas.

Tanto las escuelas Charter (en EE. UU.), como las escuelas de Chile tienen como punto central de sus políticas el postulado neoliberal de la elección, que plantea que se puede acceder a todo lo que se desea, sin existir barreras y sin estar determinado por la clase social, etnia o género. En educación defenderá que las familias tienen derecho a escoger la escuela que prefieren para sus hijos e hijas, que se comportaran de la misma forma para pobres y ricos.

Los partidarios de los programas de elección escolar argumentan que estas políticas atraen a los estudiantes de un rango geográfico más amplio que las escuelas públicas, por lo que tendrían una mayor pluralidad de estudiantes. Pero las investigaciones realizadas en el Estado de Arizona ven incrementada la segregación por raza, status socioeconómico y hasta por capacidad. Las escuelas Charter buscan estudiantes dotados o con necesidades especiales. Permiten formal o informalmente que las escuelas seleccionen a estudiantes y excluyan a otros. Algunas buscan seleccionar problemas minoritarios y con desventajas económicas, pero la mayoría buscan a estudiantes de altas capacidades, con antecedentes favorables en las escuelas públicas para evitar aquellos que requieren más recursos (Gilblom y Sang, 2019). En tres ciudades con altas proporciones de escuelas autónomas, Detroit, Nueva Orleans y Washington DC., las escuelas mostraban patrones de exclusión para mejorar la posición en el mercado y aumentar la segregación racial y socioeconómica (Lubienski, Gulosino y Weitziel, 2009).

Además, las familias menos privilegiadas carecen de recursos (capital social, empleos flexibles, apoyo familiar, transporte) para participar en opciones de elección.

Lógicamente, solo tendrá sentido la elección de centros en sistemas educativos con una oferta diferenciada. La situación de España al respecto es propicia para su aplicación porque ya contamos con dos redes escolares, pública, y privada concertada (centros privados sostenidos con fondos públicos), esta última supone un 30% de la escolarización obligatoria, siendo mayoritariamente de instituciones religiosas católicas (64%)(1). Teniendo en cuenta que la privada y concertada acoge solo al 7,5% de los alumnos/as desfavorecidos y que un alumno de un entorno más pobre tiene 5,5 veces más probabilidades de repetir curso. En España cada vez hay una mayor tendencia a potenciar la elección de centro haciendo competir a las escuelas públicas entre ellas, y a las públicas con las privadas. La crisis de 2008 ha influido en el aumento de la segregación escolar, rompiendo la disminución que se estaba produciendo desde el año 2000. A ello ha contribuido la reducción de financiación pública en el sistema educativo, junto a las políticas educativas introducidas con la LOMCE (2013) que han conseguido que Madrid sea la segunda región de Europa en segregación escolar, con un 45% de escuelas privadas (Murillo y Martínez-Garrido, 2018). Y España será el sexto país con más segregación de la Unión Europea, con un índice del 31% y un aumento en los dos últimos años de un 14,5% (Save The Children España, 2016).

Actualmente el gobierno del Partido Popular y Ciudadanos, con el apoyo de Vox plantean en su Decreto de admisión el fomento de la privada y una reducción del nivel socioeconómico en la baremación, que tendrá como consecuencia un nuevo éxodo hacia la privatización de la región más poblada de España, con uno de los niveles socioeconómicos y culturales más bajos. La educación pública en Andalucía recoge un 77% de la población escolar, 9 puntos más que la media española, y 4 por debajo de la media europea. Con estas políticas pronto alcanzará a Madrid en segregación escolar.

La segregación escolar no solamente incide en el aprendizaje de los estudiantes, sino que empobrece la educación socializadora, la convivencia y la integración social. No se puede construir una ciudadanía democrática creando escuelas de ricos y de pobres, la educación debe estar comprometida con la cohesión social y con los derechos fundamentales de la igualdad. No existe el derecho fundamental a la educación con el desarrollo de políticas que van en contra de la educación pública y a favor de la segregación escolar.


jueves, 6 de febrero de 2020

35 años de leyes para privatizar las aulas: de la LODE a la LOMCE (Daniel Sánchez Caballero para www.eldiario.es)

Artículo de Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es
  • España no ha sido ajena a la mercantilización generalizada de la educación, pero lo ha hecho a partir de conceptos propios como "libertad de elección" y una regulación que ha atraído a grandes fondos de inversión
05/02/2020
Todo gira, básicamente, en torno a dos conceptos: "Libertad de elección" y, más recientemente, "evaluaciones estandarizadas". España no ha sido ajena a la corriente mercantilizadora que se vive en el mundo desde finales del S.XX, pero lo ha hecho a su estilo.

El traspaso de fondos públicos a instituciones privadas y el desembarco en la educación de una lógica de "cuasimercado" empezó en 1985, cuando el Gobierno de Felipe González creó la escuela concertada con la LODE y decidió pagar a centros privados para que se integraran en la red pública.

En su momento la medida se justificó porque se ampliaba la educación obligatoria desde los 14 a los 16 años y no había colegios suficientes para acoger a este nuevo estudiantado. Pero desde entonces esta partida no ha hecho más que crecer (se ha multiplicado al menos por dos desde 1992, teniendo en cuenta la inflación) y la normativa ha ido reforzando los conciertos hasta culminar con la LOMCE, la actual ley, que llegó a blindar el pago a centros que segregaran por sexo.

La todavía vigente LOMCE ha sido el intento más obvio de desarrollar esta apuesta por hacer negocio con la educación en España. Y para entender la LOMCE hay que mirar a un sector no tan activo en España, pero muy habitual en otras coordenadas: los lobbies, y en concreto FAES, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales del PP.

"El think tank FAES es el actor que está ejerciendo especial protagonismo en el diseño y la defensa de nuevas políticas neoliberales en el ámbito educativo", escribió Geo Saura, profesor de la Universidad de Barcelona, en el estudio Think tanks y educación. Neoliberalismo de FAES en la LOCME.

"Desde su comienzo, FAES ha ido generando narrativas para reformar el sistema educativo desde una vertiente ideológica y práctica del neoliberalismo", comenta Saura. "Los ejes centrales han sido la elaboración de discursos en los que se aboga por ofrecer libertad de elección de centro a las familias y modificar los roles que debe ocupar el Estado en el control de la educación".

Francisco López Rupérez, uno de sus más ilustres miembros en cuestiones educativas, escribió en 2003 que la educación estaba afectada por la "enfermedad de lo público". Enfermedad que se curaba con mecanismos de privatización. Pedro Schwartz, otro de los ideólogos de cabecera de FAES, definió en 2008 el sistema de distribución de alumnado como "soviético centralizador" y que no promovía la libertad de elección familiar.

Cinco años más tarde de las palabras de Schwartz teníamos la LOMCE, que ya en su artículo 1 cambiaba todo el corpus legal educativo histórico al cambiar la garantía de plazas escolares para todos: ahora podrían ser públicas, como siempre, o privadas concertadas, según decidieran los padres y reclamara la "demanda social", un término lo suficientemente ambiguo como para recoger muchas cosas.

La otra pata de la mercantilización educativa, previa a la LOMCE pero consolidada en esta, son las famosas evaluaciones estandarizadas. "Son el instrumento esencial para posibilitar las políticas de privatización encubierta de cuasimercados, rendición de cuentas y gestión de resultados", analiza Saura. Durante un tiempo se llegaron a publicar clasificaciones de colegios en la prensa. Los colegios competían entre sí y los padres elegían al mejor, en una maniobra que ahondó en la 

situación inversa: al final son los colegios privados-concertados los que eligen a sus alumnos mediante diferentes artimañas.

Un poco de historia
La LOMCE fue la culminación, pero tampoco surgió de la nada. La situación venía de atrás. Empieza con la LODE, en 1985, que asimila los privados en el sistema a través de los conciertos. "La LODE establece el inicio del cuasimercado educativo español distinguiendo entre colegios privados, privados-concertados y públicos para posibilitar la elección a las familias", explica Saura. Los colegios tenían que competir por el alumnado.

La LOGSE trae cosas positivas, cuenta Beatriz Quirós, catedrática de instituto jubilada que ha estudiado la materia y publicado diversos estudios al respecto. Pero también abrió la puerta al reglamentarismo y a las desigualdades académicas. En el 95 se pone en marcha la LOPEG, que dibuja el marco legal para la entrada de la privatización del sistema educativo y profesionaliza la dirección de los centros, quitando a los Consejos Escolares la capacidad de decisión que tenían en favor de los directores.

La LOCE del PP, en 2002, ya introduce el neoliberalismo sin ambages: "Cultura del esfuerzo", jerarquización de los centros escolares, que compiten entre sí... De esta norma los expertos destacan que se centró en la figura de la dirección de los centros, "otorgándole a la figura una toma de decisiones propias de planteamientos gerenciales", cuenta Saura. Nunca entró en vigor porque llegó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y aprobó la LOE, pero el camino ya estaba marcado.

"La LOE debería haber supuesto un freno a las políticas neoliberales, pero no lo hace. Se aplica la estrategia de Lisboa, no hay medidas para mantener el personal en los centros, se introducen las competencias básicas, las evaluaciones de diagnóstico, se filtran clasificaciones de colegios, empieza el gusanillo de PISA, hay que quedar bien colocado... Calan esas ideas y se pervierte la educación", explica Quirós.

En paralelo, y al calor de la crisis de 2008, en España empiezan a recortarse los presupuestos. La administración dedica hoy a la Educación exactamente el mismo dinero que invertía en 2007, unos 47.500 millones de euros en total. Pero la escuela privada concertada, en manos de la Iglesia en su mayoría, recibe un 25% de fondos públicos más que entonces.

Con este panorama, son las familias quienes compensan este estancamiento en el gasto público en busca del mejor futuro para sus hijos: su gasto educativo ha subido casi un 50% en esa misma dé
cada, pasando de 8.700 millones de euros al año en 2007 a 12.300 diez años después.

En el mundo se siguió una tendencia parecida. Por seguir con la misma referencia temporal, los países invertían de media el 4,41% de su PIB en Educación en 2007. Una década más tarde ese porcentaje era del 4,67% de su PIB en Educación, una subida del 5%. Pero el PIB ha subido en el 
mismo periodo cerca de un 30%, al pasar de unos 60.000 miles de millones de euros a unos 80.000.

La escuela que segrega
Esta mercantilización de la educación está modelando una escuela más sectaria, menos social y que poco a poco va perdiendo el papel de ascensor social que sí ha llegado a ejercer. Lo dicen los profesores, que lo ven, y lo dice la estadística.

En España, el 69% de los hijos de familias con estudios superiores irá a la universidad mientras que el 56% de los descendientes de familias que no pasaron de la secundaria obligatoria (16 años) se quedarán en el mismo punto, según datos de la OCDE. Más: los descendientes del 20% de las familias más pobres necesitarán cuatro generaciones enteras para alcanzar el nivel de vida medio en el país.

La segregación campa por las escuelas. Los ricos van a clase con los ricos a la escuela privada (concertada o no) y los pobres con los pobres a la pública. Lo dice la Fundación BBVA en el informe Diferencias educativas regionales 2000-2016, lo escribió el profesor de la UAM Javier Murillo en un detallado estudio que colocaba a España como el sexto país que más segrega de Europa y a Madrid –laboratorio educativo del PP durante todo el principio del siglo XXI– como la región puntera en este apartado en Europa.Esta distribución del alumnado tiene sus consecuencias: mejores colegios, mejores compañeros, mejores notas, mejores estudios, mejores trabajos. Esto es una cadena, está estudiado que funciona así (hablando de grandes grupos, los individuos se pueden salir de esta lógica). Si tus padres estudiaron y tienen libros en casa, más opciones tendrás tú de seguir su camino.


Y llegaron los másteres
La llegada de Bolonia supuso una especie de confirmación de estas tendencias. Fuera su intención o no, el desembarco del espacio superior de educación europeo en España (el conocido como plan Bolonia) en el curso 2008-2009 tuvo al menos un doble efecto: los másteres pasaron a ser parte fundamental de los estudios (cuestan el doble o triple que un grado) y como consecuencia las universidades se encontraron con una nueva entrada de ingresos privados. Bolonia cambió la estructura de los estudios universitarios para proponer, con carácter general, carreras más cortas (y más genéricas) que idealmente se completan con un máster para la formación específica.
Alumnos de máster en las universidades privadas.

Alumnos de máster en las universidades privadas.

El individualismo aspiracional con el que bombardea el capitalismo neoliberal lleva a una frenética carrera por llegar a los mejores empleos (o al menos los más remunerados). Estudiar se convierte en obligatorio por el mercado, de manera que ya se ofrecen más másteres (3.540 el último curso) que grados (2.854). Haz un máster. Haz otro. Y los hacemos: en diez años el número de alumnos de posgrados se ha cuadruplicado, multiplicando los 50.000 que hicieron uno el curso que se implantó Bolonia hasta los más de 200.000 del pasado año, según datos de Educación. Antes, uno de cada 25 estudiantes hacía un posgrado. Ahora es uno de cada seis y medio.

Y no son precisamente baratos. Además, la llegada de esta creciente fuente de ingresos para las universidades coincidió en el tiempo con el recorte a la financiación pública que impulsó Rajoy cuando empezó la crisis. Son las universidades privadas las que cada vez más están recogiendo ese pastel: han pasado de tener uno de cada seis alumnos de máster a uno de cada tres en diez años. Y subiendo.

Pero el mercado laboral dual que se está conformando (unos cuantos trabajos bien remunerados arriba, una mayoría de empleos que no requieren de demasiada formación) no es capaz de absorber a todos estos estudiantes formados y el resultado es que España el país de Europa con más universitarios en trabajos que no necesitan esa cualificación. Somos campeones en sobrecualificación: uno de cada tres empleados ha estudiado bastante más de lo que exige su puesto.

Por el camino, miles de euros gastados en una formación que quizá no se utilice nunca.

Compraventa de colegios y universidades
La evolución de estas ideas y del propio mercado ha llevado a la creación de un sector educativo de dimensiones a considerar. La Educación mueve mucho dinero. Pese a los recortes, las cifras siguen siendo golosas. Los países de la UE gastaron 716.000 millones de euros en Educación en 2015, a lo que habría que sumar el gasto privado, que solo en España fueron más de 12.000 millones de euros el pasado año. Y esta partida –la de las familias–, al contrario que las públicas, solo sube.

Porque todo el mundo quiere lo mejor para sus hijos. Los padres no escatiman, dentro de sus posibilidades. Los Gobiernos gastan en escuelas, en profesores, en equipamiento, tanto hardware como software. Las tecnológicas pelean por coger su trozo del pastel. Google, IBM, HP y muchos otros gigantes han saltado de lleno al sector ofreciendo recursos, en forma de maquinaria o programas, conocedores de que meter el pie en el sector solo puede traer buenas noticias. Las start-ups crecen como setas. Solo el pasado año el sector tecnológico movió unos 6.500 millones de euros en todo el mundo.

Ejemplos de este negocio en torno a la educación se pueden observar en España en todos los niveles educativos. En educación obligatoria sirva el ejemplo de los colegios Laude, un grupo compuesto por diez centros privados repartidos por el país. En 2006, los fondos Dinamia y N+1 compraron cinco colegios en una operación que se cerró por unos 18 millones de euros, según contaba la prensa entonces. El "tamaño" y el "crecimiento sólido del mercado" se citaban como puntales para una buena inversión.

El grupo fue creciendo con la compra de más centros hasta que en 2014, tras una inversión total de 35 millones, se vendió por entre 35 y 45 millones de euros al gigante International School Partnership (ISP), cuyo principal accionista es Partners Group, la firma de capital riesgo más grande de Suiza. A día de hoy, el grupo Colegios Laude SL es el segundo más grande del sector con una facturación anual de 46,8 millones de euros en 2017 y un resultado de explotación de 3,6 millones de euros.

En la universidad se pueden mencionar los casos de la Alfonso X El Sabio de Madrid o la Universidad Europea, dos centros privados adquiridos recientemente por unos 770 y 1.100 millones de euros, respectivamente, por sendos fondos de inversión. Las universidades dan dinero: el sector de la educación superior privada facturó 2.255 millones de euros en 2017, según la consultora DBK, con un crecimiento anual del 7%. Un total de 23 centros privados analizados por este diario ofrecieron ese año una rentabilidad media del 9,41%.

Al menos, siempre quedarán las competencias y la satisfacción de tener una escuela "eficiente" que dé "empleabilidad" a los jóvenes. Pero, se preguntan los expertos, ¿es la "empleabilidad" una garantía de empleo por sí misma?

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