Mostrando entradas con la etiqueta Crítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crítica. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de febrero de 2022

Escolarización del 0-3 en colegios de infantil y primaria: pros y contras (Pablo Gutiérrez de Álamo para El Diario de la Educación)

Artículo de Pablo Gutiérrez de Álamo para eldiariodelaeducacion.com
  • La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció que para el curso que viene habilitará 2.000 plazas del primer ciclo de infantil en colegios públicos. La patronal de centros privados, Acade, ha lanzado las primeras críticas por la competencia que esto supondrá. Por su parte, la Plataforma en Defensa del 0-6 también se muestra crítica y escéptica con los planes de Educación.
17/02/2022

En los últimos años, cada vez son más las comunidades autónomas que abren los CEIP a la posibilidad de escolarización criaturas del primer ciclo de educación infantil, aunque hasta ahora solo se había contemplado la posibilidad de que fueran quienes tienen 2 años. Así se ha hecho en Extremadura, Castilla-La Mancha o Comunidad Valenciana.

La Comunidad de Madrid ha dado un paso más, como suele pasar, con el anuncio de la «creación» de plazas públicas desde los 0 años en colegios públicos de infantil y primaria. Se han seleccionado 45 centros de diferentes poblaciones para las primeras 2.000 plazas que comenzarían el curso próximo.

La decisión, según la Comunidad de Madrid, se hace dentro del marco de la Estrategia de Protección a la Maternidad y Paternidad y de Fomento de la Natalidad y la Conciliación 2022-2026 y con fondos del Mecanismo de Recuperación y Resilencia para la construcción de cinco escuelas infantiles más.

En cualquier caso, estas plazas podrán computarse por parte del Gobierno madrileño como las acordadas con el Gobierno central dentro del marco de creación de 65.000 plazas públicas y gratuitas de 0-3 en los próximos años. Según confirman fuentes del Ministerio, efectivamente no se obligaba a las comunidades autónomas a la construcción de centros educativos de infantil, sino a la creación de las plazas.

Pros y contras

Uno de los pros para las administraciones educativas es que resulta más barato reformar espacios en colegios ya existentes que construir nuevas escuelas infantiles para escolarizar este primer ciclo de la etapa. Tal vez este haya sido el motivo que ha movido a la Comunidad de Madrid a anunciar esta posibilidad en el próximo periodo de matriculación.

Desde la Plataforma en Defensa del 0-6 critican, eso sí, que los colegios no son espacios adecuados para estas criaturas tan pequeñas. «¿En qué condiciones se hará esta escolarización?», se pregunta una portavoz de la plataforma. Asegura que, en cualquier caso, el 0-3 es una etapa muy diferente a cualquier otra. Entre ellas, que los bebés de estas edades precisan de tiempos de descanso y para ello, es necesaria una cierta tranquilidad. Los colegios de infantil y primaria no parecen el mejor de los escenarios.

Además, los bebés, dada su natural evolución, demandan una serie de cuidados que obligan a tener unas instalaciones muy definidas, empezando por zonas de aseo e higiene en donde puedan ser cambiados. Su alimentación, además de biberones, se compone de purés y papillas que, idealmente, deberían ser preparadas en el momento. No todos los centros disponen de cocinas, por lo que, presumiblemente, harían uso de las empresas de catering.

Empar Martell forma parte del MRP de Castellón y es maestra de infantil. «Nosotras defendemos el modelo 0-6», asegura. Y trabajan para que se reconozca como etapa educativa. Entiende que aunque se han hecho avances y en la Comunidad Valenciana, desde la administración, se están dando pasos para ser más respetuosos con las criaturas de estas edades, estas no deberían estar en centros de infantil y primaria.

Además del ahorro de costes, existen otras razones. En el caso de la Comunidad Valenciana se hizo con un objetivo claro: que hubiera una matrícula cautiva en centros públicos desde edades tempranas para que así no hubiera una «desbandada» hacia centros concertados. Si el 0-3 también se oferta en colegios, será gratuito, de manera que las familias podrán optar por esta modalidad, sobre todo las que menos capacidad adquisitiva tengan. Y así, habrá más posibilidades de que continúen su escolarización en la pública a partir del segundo ciclo o de primaria, asegurándose el acceso a las siguientes etapas educativas.

"Necesitamos escuelas que se diseñen para la infancia, no habilita​r espacios en centros que son un poco agresivos"

Martell explica que aunque en su comunidad solo han entrado en los colegios niñas y niños de dos años, esto ya representa problemas. En estas edades, la criaturas tienen unos ciertos requerimientos de espacios y de necesidad de movimiento que los colegios no pueden garantizar, empezando por unos patios que son de puro asfalto y siguiendo por una lógica y una organización que nada tienen que ver con ellas como personas. «En estas aulas se sigue la lógica de primaria, subordinando las necesidades de infantil -comenta-«. Y explica que la lógica de la etapa, «eso de vivir el día a día, de que experimenten, que jueguen y se respete su descanso» desaparece porque se parte sus jornadas.

«Necesitamos escuelas que se diseñen para la infancia, no habilita​r espacios en centros que son un poco agresivos”, zanja. Aunque entiende que, al menos en la Comunidad Valenciana, no hay dinero para construir los centros de 0-6 que serían necesarios. «Lo entiendo, pero habría que replantear las cosas para que escuelas sean más amables y sea una realidad el modelo de escuela infantil 0.6».

La central de centros privados (no concertados) Acade, ha dado la voz de alarma y reclamado a Madrid que no «nacionalice» este ciclo. El hecho de que los centros públicos abran sus puertas a las criaturas de estas edades pone en serio peligro la continuidad de muchas escuelas privadas, dicen, que ofrecen educación infantil. Su coste es elevado y las familias tendrán una opción al alcance de la mano para poder elegir.

Acade esgrime también otras razones que comparte con, por ejemplo, la Plataforma en Defensa del 0-6. A saber: que los colegios de infantil y primaria no han sido concebidos para dar cabida a criaturas tan pequeñas. Las aulas, los espacios comunes, los patios, los baños… están diseñados para personas más mayores y no para el 0-3. Mientras Acade señala que una manera de solucionar la situación pasaría por dar financiación directamente a las familias para que puedan utilizarla en centros privados, desde la Plataforma defienden que se construyan centros específicos de 0-6 que en los últimos años han ido desapareciendo en la Comunidad de Madrid.

Existen algunos otros problemas con el uso de los espacios de los centros de infantil y primaria y es el relativo a, por ejemplo que estas criaturas de 0-3 saldrán al patio en algún momento y en la Comunidad de Madrid, en la mayor parte de los CEIP no hay infraestructuras exteriores que lo favorezcan, como sombras, por ejemplo.

Entradas relacionadas:

lunes, 28 de septiembre de 2020

“No hay futuro para la escuela pública con estos parámetros neoliberales”. Entrevista a Olga García en cuartopoder.es

Miguel Muñoz entrevista a Olga García, profesora de Filosofía, escritora y compañera de Marea Verde Toledo, en cuartopoder.es

  • Conversación con la profesora Olga García, una de las autoras del libro ‘La escuela vaciada. La enseñanza en la época pospandémica’
27 de septiembre de 2020

La escuela vaciada. La enseñanza en la época pospandémica. Bajo ese título, la editorial Altamarea ha recopilado en forma de libro una serie de artículos que reflexionan sobre el camino que sigue la educación en la actualidad y en el futuro. Escriben los profesores italianos Federico Bertoni y Jacopo Rosatelli. También el catedrático Jordi Llovet. Y en un artículo conjunto los profesores Carlos Fernández Liria, colaborador de este medio, Enrique Galindo y Olga García. Con esta última, profesora de Filosofía en el IES Julio Verne de Bargas, Toledo e integrante de la Marea Verde de Castilla-La Mancha, hablamos en cuartopoder.

-En el libro escribís el artículo Pandemia, enseñanza y neoliberalismo: la escuela pública sin futuro
Es demoledor el título. ¿No hay futuro para la escuela pública?

-No hay futuro con los parámetros que llevamos siguiendo desde hace mucho tiempo, que son parámetros neoliberales. Debilitamiento de la enseñanza pública, falta de financiación, recortes de los que no nos hemos recuperado, falta de infraestructuras, falta de profesorado, etc. Bajo los planteamientos neoliberales de que todo lo que es público tiene que convertirse en un negocio, pues poco futuro le queda a la escuela pública y a sus alumnos y profesores.

-Habrá quien piense que sois unos exagerados.

-Nos pasó también con otro libro, a Carlos, Enrique y a mí, el de Escuela o barbarie (Akal, 2017). No nos hemos movido de esas tesis. Hay varios frentes abiertos. Está el frente de los que son neoliberales y por tanto dicen que hay que dar libertad de centro, de enseñanza. Y está el frente de la izquierda progresista que no se entera de nada, por decirlo de alguna manera. Cree que vaciar de presupuesto y conocimiento la escuela pública puede llevar a algún sitio, que esto es todo igualdad de oportunidades de cualquier manera. Esto no se consigue de cualquier manera. La pandemia ha venido a demostrar precisamente que no nos hemos equivocado en nada.

-La primera tesis que planteáis es que la pandemia les ha brindado la oportunidad que llevan décadas esperando para deshacerse de las resistencias que quedaban. ¿La pandemia está sirviendo de excusa para consolidar este modelo neoliberal de la educación?

-La pandemia es un caso de funcionamiento según la “doctrina del shock” de Naomi Klein. El neoliberalismo tiene planes, no es una conspiración nueva. Tiene sus planes para lo público y lleva mucho tiempo con ellos, casi desde la era Thatcher o Reagan y los Gobiernos de la tercera vía tipo Tony Blair que se han implantado en todas partes. Son planes programados que se han ido consolidando con el tiempo, con toda la documentación europea, etc. De alguna manera pueden ser planes que a alguna gente les pueden parecer sutiles y que nosotros estamos sacando de quicio. Pero lo que no está sacado de quicio precisamente es lo de operar utilizando eso que se llama las crisis como oportunidad. Es lo que dice Naomi Klein o el propio documento Europa 2020, que es el que viene a desarrollar los parámetros para poner la educación al servicio de la economía. Es simplemente que a todo hay que verle el lado positivo y que de una crisis saldrá una oportunidad. No, no, la oportunidad está siendo para aquellos que una vez por todas puedan desmantelar esto interviniéndolo para sus propios intereses.

-Habláis en el texto de un concepto que es el “delirio de la izquierda”. Explícame en qué consiste.

-El delirio de la izquierda consiste en que precisamente una de las instituciones que debería ser más republicana que ninguna, en el sentido de estar al servicio del pueblo, porque además la paga el pueblo con sus impuestos y se puede enseñar con los valores de libertad, igualdad y fraternidad -como queramos llamarlo- es la escuela. Es un lugar en el que precisamente por hacer de alguna manera el seguimiento a ciertos discursos buenrrollistas, a pedagogías que vienen desde el 68 y determinado tipo de sociologías. Han seguido el rollo en el sentido de que no es tan importante el conocimiento como pueden ser las emociones, el tratamiento del alumno en tanto que adolescente, etc. De alguna manera la izquierda ha vaciado la institución que viene a salvar a la clase obrera de sus penalidades, la institución que le da la posibilidad de, mediante el conocimiento, poder progresar. La ha ido vaciando de conocimiento. Cuando debería ser todo lo contrario. Eso no es proteger al alumno, es darle palmaditas a un adolescente en el día de hoy para que en el día de mañana no tenga recursos, que es el conocimiento, la formación.

-En este sentido habláis de otro concepto también, la “brecha del conocimiento”.

-Claro. En el artículo hemos insistido mucho en eso. Durante la pandemia se ha hablado mucho de la brecha tecnológica. Brecha tecnológica solo se da porque hay una brecha del conocimiento. Si no, cada uno se busca las estrategias. Más allá de que tengan la plataforma o los medios. Pero con lo que nos hemos encontrado los profesores de todos los niveles al intentar no dar clases online sino subsanar esa formación en tiempo récord, es que con los alumnos no tenían ni las armas cognitivas para responder y que les explicaras algo. Porque el poso cultural es cero. Y, desde luego, eso solo se agrava si no tienen acceso tecnológico al conocimiento. El conocimiento somos los profesores, entre otros. Es lo que se ha demostrado, que la es la escuela presencial la que rellena esa brecha. Los chavales saben utilizar Instagram o Whatsapp. Pero no saben utilizar un archivo y mucho menos qué hacer para contarte algo que te tengan que contar y que se llama contenido.

-Decís que se está demostrando que los estudiantes que luchaban contra el Plan Bolonia tenían razón.

-Todo el movimiento contra el Plan Bolonia, igual que el anterior, lo que venía era a alertar sobre lo que ya estaba pasando y que ahora se está consolidando. Solo hay que oír las declaraciones del ministro de Universidades, Manuel Castells, durante la pandemia y lo que sigue haciendo. En la universidad se ha visto demasiado claro, la mercantilización y colonización de espacios públicos por intereses empresariales. Eso en la universidad se ha visto claro, porque como es el salto hacia el trabajo, es lo primero que han colonizado. Esto es definitivo. Carlos Fernández Liria siempre habla de que se está volviendo a la Edad Media en la universidad. Es que claro, en los momentos en que solo financias proyectos de investigación que una empresa considera que son productivos, imagina a dónde van las Humanidades.

-Más allá del artículo del libro, ¿cómo crees que va a ser la enseñanza en la época pospandémica?

-Yo te puedo decir lo que está siendo, que es un auténtico caos. Sobre todo si hablamos de la escuela pública. En la privada no me meto y en la privada concertada, a la que están desviando el dinero de los españoles, tampoco. En la pública, ahora mismo, yo te hablo desde Castilla La Mancha pero sé que es así en todos los territorios, hay falta de profesorado, de infraestructuras. Nos encontramos con que no podemos hacer frente a lo que se nos ha venido encima porque nunca nos recuperamos de la falta de inversión de hace diez años. Pasa como en la sanidad. Tenemos una especie de planes de semipresencialidad sin las plataforma o recurso necesarios. Sin regulación, sin una legislación que regule los derechos colectivos de los trabajadores, porque qué es eso de trabajar en semipresencialidad. Tenemos alumnos y padres que pueden o no pueden venir si se detectan casos. Porque en este país parece ser que la educación es el lugar de la conciliación laboral, lo cual evidentemente no puede ser. No somos aparcaderos y sin embargo ahora mismo somos los únicos que pueden permitir a padres y madres ir al trabajo y dejar a sus hijos. Esto hay que tocarlo, el Ministerio de Trabajo estará muy encima de esto, imagino.

Lo que viene, en la etapa pospandémica es la realización de los años del capital, del neoliberalismo. Es la colonización por la formación online, el sálvese quien pueda y quien pueda llegará. Se pagará eso de aprendizaje a lo largo de toda la vida a base de másters. Y quien no pueda, no llegará. Y esta vez, definitivamente, porque no vamos a poder ayudarlos desde la presencialidad los profesores.

-¿Estamos a tiempo de que esto no pase?

-Yo soy una persona positiva, te lo puedo asegurar. Pero a base de realismo. Necesitaríamos de entrada que hay que saber a quién se le pide ayuda y a quién se le piden responsabilidades. Creo que para salvar la escuela pública hay que pedir responsabilidades a toda la sociedad en su conjunto. A mí me gustaría pedírselo a los movimientos de izquierdas, con los que puedo ser más afín. Pero creo que es una responsabilidad ciudadana de cualquier ideología crear ciudadanos críticos, responsables y bien formados. O lo vamos a pagar en un futuro. Se están equivocando si creen que ciudadanos mal formados pueden sacar adelante la economía. ¿Estamos a tiempo? Sí, si se atienden las reivindicaciones de las mareas verdes. Sí, si se hacen caso a las reivindicaciones de los profesores y no tanto a los consejos de sabios que no sabemos muy bien de dónde se los saca la ministra Celaá. Bueno, sí que lo sabemos, pero desde luego no somos los profesores a quienes pregunta. Sí, si no se siguen los consejos de la CEOE, que es un organismo económico o de la OCDE. En todos estos casos podremos salvar lo público a todos los niveles.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Mientras dure el silencio (Guadalupe Jover en eldiariodelaeducacion.com)

Artículo de Guadalupe Jover en eldiariodelaeducacion.com

“Cine de altura y sin sectarismo”. “Evita juicios de valor”. “Una película valiente y nada maniqueísta”. ¿Imaginan que cualquiera de estas frases fuera pronunciada como elogio a una película sobre el nazismo, la dictadura militar argentina o el golpe de Estado de Pinochet?

“Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que au dessus de la mêlée”, escribió Antonio Machado durante la guerra civil en sus Notas y recuerdos de Juan de Mairena. Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que por encima de la refriega. O del bien y del mal, que decimos en castellano.
No dejaba de pensar en estas palabras de Machado durante la proyección de Mientras dure la guerra, película en la que Alejandro Amenábar recrea la entrada del ejército sublevado en Salamanca en julio de 1936, adonde se traslada el cuartel general de los golpistas. Tres son los protagonistas de la película. De un lado, el general Franco en su meteórico ascenso desde su campaña africana hasta su designación como Jefe de Estado y Generalísimo de todos los ejércitos, y José Millán Astray, fundador de la Legión y su principal valedor. De otro, el escritor Miguel de Unamuno, en su giro desde el inicial apoyo al golpe de Estado hasta su doble enfrentamiento tanto con Franco -más contenido- como con Millán Astray, mucho más bronco, en el acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de ese mismo año. La película se cierra con la salida -el rescate- del ilustre rector de la mano de Carmen Polo, esposa del General Franco, en un plano detalle insistentemente subrayado.
El tratamiento de los tres protagonistas descoloca: el espectador parece invitado a mirarlos desde arriba, como se mira a una marioneta o un fantoche -“persona grotesca y desdeñable” (DRAE)-. Unamuno es ridiculizado. Ante Franco o Millán Astray el espectador no se siente pequeño sino crecido, no amedrentado sino divertido. “Si le damos el cargo, este no lo suelta hasta que se muera”, se dice en un momento de la película. Y el público estalla en carcajadas.
Pero lo que más me desconcertó de la película fue el quiebro cómico que Amenábar imprime -con un chiste, una frase, un gesto- a algunos de sus momentos más dramáticos, y que disuelven la solemnidad de la escena en un episodio de farsa o comedia bufa. Así en la conversación entre Franco y Unamuno, en que la alusión a cómo los sublevados permiten a sus víctimas confesarse antes de fusilarlos cosecha más sonrisas que náuseas. Así incluso en el acto final del Paraninfo, en que el reiterado “¡quiero hablar, quiero hablar!” de un histriónico Millán Astray provoca más risas que enmudecido silencio. Han de venir los rótulos que recuerdan la duración de la guerra y de la infinita posguerra -cuarenta años de dictadura- para que la gravedad vuelva a los rostros y el sobrecogimiento se imponga.
Cuando un director -o una novelista- recrea un hecho histórico, es inevitable que nos preguntemos por los motivos de ese viaje al pasado, por el porqué de su elección. ¿Por qué Amenábar elige a Unamuno como hilo narrativo de su relato? La respuesta se me antoja diáfana: porque le permite dar por buenas, por igualmente válidas, las razones de unos y otros.
Mientras dure la guerra se vale de Unamuno para absolver el golpe de Estado aduciendo, por ejemplo, la quema de conventos -pero sin explicar en absoluto a qué respondía esa animadversión de gran parte del pueblo español a la Iglesia institucional-. De Unamuno se vale también para denunciar la represión de los sublevados en la ciudad de Salamanca y los cadáveres en las cunetas, apenas insinuados. A eso se refiere tal vez el director cuando insiste en su afán de ser ecuánime. Ecuanimidad: “Igualdad y constancia de ánimo”. “Imparcialidad de juicio” (DRAE). ¿Puede una película sobre la guerra civil española renunciar a un emplazamiento ético y político? ¿Es posible -deseable- mantener la imparcialidad de juicio sobre vencedores y vencidos?
Miguel de Unamuno parece el recurso perfecto para esa pretendida ecuanimidad. Pero una cosa es mostrar sus dudas, sus contradicciones, su inmensa ceguera en ocasiones, y otra despojar al escritor de su hondura intelectual. En Mientras dure la guerra Unamuno queda reducido a un pobre hombre, a un anciano que no parece tener idea de en qué mundo vive y que solo se siente concernido por lo más inmediato.
En este entorno inmediato, dos personajes se le enfrentan: su hija María y su antiguo alumno Salvador Vila, joven catedrático de Literatura. Amenábar busca, como ya buscara Manuel Menchón en La Isla del viento, un contrapunto femenino a la figura del insigne rector. Y si Menchón recurre a Cala, una estudiante a la que Don Miguel conociera de niña en Fuerteventura, Amenábar recurre a María, hija de Unamuno. Me costaba encajar el enfrentamiento entre padre e hija en los códigos familiares de la época: no me resultaban creíbles y sí muy forzados.
Ecos también de la película de Menchón vemos en la escena que simboliza el cainismo español. En La isla del viento este enfrentamiento fratricida está protagonizado por los hermanos Castañeyra, y ahí no tenemos dudas de en qué lado se sitúa Menchón. En Mientras dure la guerra la discusión la encarnan Miguel de Unamuno y Salvador Vila, republicano convencido. Pero aquí, y a diferencia del director malagueño, Amenábar renuncia a un posicionamiento ideológico con respecto a las razones de unos y otros. La cámara se aleja, la música sube, y director y espectadores se sitúan, una vez más, “au dessus de la mêlée”.
«Con esta película he intentado no ofender y no cargar las tintas en aquello que pudiera generar controversia«. Leí esta entrevista con Amenábar cuando ya había visto la película, y ahí encontré la respuesta a gran parte de mi desasosiego. Porque si había ido a verla pensando que podía ser una oportunidad de acercar a los más jóvenes a la guerra civil española, una y otra vez me había llevado las manos a la cabeza. Imaginaba a los jóvenes simpatizantes de Vox enardecidos en muchas de sus escenas. Identificados con el Millán Astray que discute con Unamuno a propósito de la vieja querella entre las armas y las letras y al que la película saca con luz favorecedora. Identificados con los legionarios a los que Millán Astray arenga cuando van “al encuentro de la muerte”. Identificados con los sublevados en la escena del himno y la bandera. Si hasta Francisco Franco se nos presenta más como un bobalicón que como el ser sanguinario y cruel que fue, ya desde la guerra de África.
“Cine de altura y sin sectarismo”. “Evita juicios de valor”. “Una película valiente y nada maniqueísta”. ¿Imaginan que cualquiera de estas frases fuera pronunciada como elogio a una película sobre el nazismo, la dictadura militar argentina o el golpe de Estado de Pinochet?
Salí del cine revuelta, pero por razones diferentes a las que se han vertido en tantas críticas elogiosas a la película de Amenábar. Me preocupa que este pueda ser el discurso hegemónico sobre la guerra civil española también en las escuelas: la denuncia aséptica del horror y la barbarie, sin ir más allá (ni más acá). Y ya sabemos a dónde nos conduce tanto silencio.
Por eso, y desde mi compromiso de no hacer de la guerra civil esa sempiterna elipsis en que la ha convertido nuestro sistema educativo, invitaré a mis estudiantes a leer a Arturo Barea y a Ramón J. Sender, capaces de denunciar la crueldad en “los suyos” y de reconocer la nobleza y la bondad en “los otros” sin renunciar, en modo alguno, a la contextualización de aquella formidable barbarie; sin renunciar, tampoco, a un emplazamiento político y moral inequívoco.
Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria.