Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2020

Pese a todo (Manuel Menor)

 

Pese a todo, leer puede ser un consuelo y una alegría. 

El último libro de Fernando Álvarez-Uría sobre Literatura y Sociología es un buen remedio contra el pesimismo que empieza a rondar a muchos. 

Testigos de la vida, la vemos transcurrir estos días hasta dejarnos sin fe y hablando a solas. Se ha muerto Quino hace unos días y Mafalda se ha quedado estática en el recuerdo, pidiendo que la dejen apearse de la marcha de las cosas en la Tierra. Es verdad que se cruzan por nuestra vida personas irritantes que tratan de tapar a las que la han enriquecido; es momento, de todos modos, muy apto para agradecer reflexiones, trabajos y dedicación de cuantos nos hacen saber un poco más. 

Leer Literatura 

De estos últimos, es muy recomendable un libro que acaba de salir: Sociología y Literatura. Dos observatorios de la vida social (Morata, 2020), en el que Fernando Álvarez-Uría se adentra, muy bien pertrechado, en la capacidad de la Literatura para contarnos los entresijos de lo que sucede cuando la leemos mientras, al mismo tiempo –como complemento o fuente de buena educación- nos despierta la curiosidad por saber más y ayudarnos a construir un mundo que sea vivible porque la libertad, el conocimiento y la solidaridad se den la mano. 

Ahora que tanto se invoca la Ciencia para decisiones que afectan diariamente a nuestra movilidad, no está mal recordar que no todo tiene la misma intención constructiva; en nombre de lo científico y hasta de lo natural, nos ha tocado ver retrocesos y conflictos muy fuertes para la Humanidad; y en Sociología, como en otros campos del saber, tampoco todos los sociólogos reman en la dirección para la que en principio se construyó este campo científico: tratar de encontrar soluciones a los problemas sociales acuciantes. Bien conocidos son los sesgos predictivos de muchos observadores que, desde puestos incluso institucionalizados,  trabajan para un control social cada vez más preciso y paralizante; los poderes que quieren gente mansa y obediente no son cosa exclusiva de los guionistas de ficción. 

El interés de la Literatura o del arte en general como punto de encuentro de mentes sensibles con cuanto sucede alrededor y, por tanto, como buen observatorio para ver cómo va el transcurso de la Historia humana en su difícil construcción de un hábitat más justo y más libre para todos, no es nuevo. Son muchos los materiales bibliográficos que se pueden aportar en esta dirección, pero también se podrían aportar muchos otros en sentido contrario, de mentes  ocupadas en hacernos sentir un gran pesimismo o simplemente distraernos con naderías y pleitos diversos, muy aptos para dificultar cualquier voluntad de entendimiento. 

Saber mirar, saber leer 

El libro de Fernando reactiva la línea optimista de los que entienden que leer está bien si se desea aprender algo, y que está mejor cuando el conocimiento que descubre el que lee es de gran calado para aportar luz en cómo orientar la acción convivencial con los demás. Que en este momento de incertidumbre haya fijado su atención en la Literatura, supone, además, captar a los urgidos  de poco tiempo a inclinar su sensibilidad hacia la lectura. Igual que en otras ocasiones nos ha instruido en el mundo psiquiátrico, la percepción del arte, o en algo más abstracto como el difícil proceso de reconocimiento de la humanidad en los otros, en este libro, además de proporcionar una buena guía de lecturas relevantes sobre siete campos temáticos de relieve político y social, su forma de acercamiento a las que comenta o sitúa en un contexto preciso divulga una metodología de lectura, valiosa por sí misma para cuantos dudan si leer o no. Desde su mirada sociológica, con una actualidad propicia al desencanto, la precariedad y la discriminación, enriquecerá las miradas de cuantos aspiran a saber leer qué pasa en un mundo en que es urgente que los Derechos Humanos, además de una proclama, sean la norma de las relaciones entre unos y otros. 

 Leer Literatura, buena y mala, no es solo un modo de distracción, que puede serlo y muy divertido, sino una manera de aprender a mirar y que lo que hacemos o dejamos de hacer contribuya a disminuir las formas de violencia y sufrimiento gratuitos. Ya miremos el mundo del yo o el de los asuntos políticos comunes,  el de las pautas sociales colectivas, el de la moral social, las relaciones laborales  o el feminismo, los escritores han estado ahí como testigos conscientes; Sociologia y Literatura  es, en estos campos específicos, una mano amiga que acerca al lector a lo que acontece en más de 200 obras literarias que pueden servirnos de indicación para que conocimiento y sentimiento se aúnen esperanzadamente en la construcción de la textura apropiada que posibilite las mejores aspiraciones humanas.

En la conclusión de su libro, el autor trae a colación la propuesta de Camus en su discurso con motivo de la concesión del Nobel de Literatura de 1957, en que proponía “restaurar entre las naciones una paz que no sea  la de la servidumbre y reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura” en medio de un mundo amenazado. Porque enriquece nuestra mirada y porque contribuye a que sea verdad que la renovación de esta sociedad solo puede venir de la educación y de la cultura, al modo de mirar de Fernando puede aplicársele lo que el hispano-francés escribió enseguida al profesor que se había ocupado de él cuando era pequeño. Lo que Camus recordaba al Sr. Germain: “Su mano afectuosa…, su enseñanza y ejemplo sus esfuerzos, su trabajo generoso”,  continuará vivo en el lector.

Manuel Menor Currás

Madrid, 12.10.2020.

jueves, 21 de marzo de 2019

Luces largas para la literatura en la escuela (Lupe Jover en El Diario de la Educación)

Artículo de Lupe Jover en eldiariodelaeducacion.com

Si, como dice Romano Luperini, la literatura interesa cada vez menos por su sentido identitario y cada vez más como repertorio de situaciones humanas y éticas; si, como sostiene Ngũgĩ wa Thiong'o, es hora de “desplazar el centro” desde Occidente a otras esferas culturales; si, como afirma Marina Garcés, no podemos limitarnos a defender la presencia de las Humanidades, sino que es preciso dotarlas de toda su fuerza insubordinada y transformadora… habremos de replantearnos qué estamos haciendo con la literatura en la escuela.

“Deserción espectacular de lectores a partir de los 15 años”, rezaban los titulares relativos al último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2018 publicado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Del 70,8 % de niños y niñas de entre 10 y 14 años que leen libros en su tiempo libro de manera frecuente (al menos una vez a la semana), pasamos al 44,7 % en el tramo de 15 a 18 años.

Quizá no estaría de más que la escuela se preguntara por el margen de responsabilidad que le cabe en esa caída, por pequeña que esta sea. Pero quisiera invitar hoy a poner las luces largas en nuestra mirada. Es verdad que el grupo de lectores frecuentes sube ligeramente una vez superado el umbral de la mayoría de edad, una vez se deja atrás el instituto. Pero lo que no sabemos es qué incidencia tiene la educación literaria de los años de secundaria en los hábitos lectores de los jóvenes adultos. ¿Les hemos facilitado los mapas necesarios para iniciar su andadura en solitario y una brújula que les ayude a no perderse? ¿O los dejamos a la intemperie de los vientos del mercado?

Nuestra biblioteca individual, dice Italo Calvino, está formada por aquellos libros que ya hemos leído… y por aquellos libros que nos gustaría leer algún día. Es una biblioteca, por tanto, dinámica y abierta, pero condicionada por lo que Pierre Bayard denomina nuestro “libro interior”.

En su recomendable ensayo Cómo hablar de libros que no se han leído, Bayard acuña la expresión de “libro interior” para referirse a ese conjunto de representaciones sobre los libros y la lectura que constituye una suerte de filtro que actúa en nuestro deseo de leer, esto es, en la manera en que buscamos y, más tarde, leemos los libros.

Todos podemos apelar a nuestra propia experiencia para corroborarlo. Resulta inevitable, tras una conversación sobre libros, que solo algunos títulos pasen a engrosar nuestra lista personal de “lecturas pendientes”, mientras otros son desechados automáticamente. En estas decisiones, y entre otros factores, juega también un papel importante nuestro conocimiento de lo que el mismo Bayard llama “la biblioteca colectiva”, entendida como “el conjunto de los libros determinantes sobre los cuales descansa cierta cultura en un momento dado”. Ser culto, subraya Bayard, “no consiste en haber leído tal o cual libro, sino en saber orientarse en su conjunto, esto es, saber que forman un conjunto y estar en disposición de situar cada elemento en relación con el resto”.

¿Cuál es el papel de la escuela en la construcción de la biblioteca individual de los estudiantes? ¿Y cuál el perímetro de esa biblioteca colectiva cuyos mapas ofrecemos? ¿En qué medida les estamos capacitando para que en el futuro sean artífices de un itinerario construido sobre la base de un criterio propio?

Porque la escuela, tal vez, se está ocupando exclusivamente de esa mitad retrospectiva de nuestra biblioteca individual, esto es, la de aquellos libros que se considera esencial que un estudiante haya leído al término de su educación secundaria. Y, como en los últimos años al afán de transmitir un cierto legado cultural se ha sumado el de fomentar el hábito lector, entre las lecturas prescritas en la escuela se alternan los clásicos de la literatura nacional y algunos títulos de literatura juvenil contemporánea. Pero quizá nos estamos desentendiendo de esa otra parte imprescindible de la biblioteca individual de nuestros estudiantes: la de aquello que leerán una vez dejen atrás el instituto. La literatura juvenil se les habrá quedado ya pequeña -los libros de temática adolescente tienen su momento- y raro será que vuelvan los ojos al mester de Clerecía, Quevedo o Unamuno para elegir su próxima lectura (si es que esos títulos no actuaron como vacuna contra ella). Así las cosas, nos tememos, el único filtro que habrá de quedar activado es el que los dirige a los stands de superventas de los grandes almacenes, tal como hicieran en los años de su adolescencia con los best sellers de turno.

Chicas y chicos pueden acabar incluso el bachillerato desprovistos de los planos de esa gran biblioteca de la Humanidad que les permitiría conciliar el gusto por la lectura con la aproximación a todo un patrimonio cultural que consideramos valioso y que desborda, con mucho, unas precisas fronteras nacionales. Necesitan los conocimientos, destrezas y experiencias que les permitan la forja de un criterio propio, y no es seguro que se los estemos brindando. Insistiremos una vez más: no se trata de embutir en los estómagos adolescentes títulos excelsos que quedan fuera de su horizonte lector y biográfico, sino de elegir, entre ese inmenso firmamento de clásicos, aquellos títulos o aquellos fragmentos que les pueden proporcionar, simultáneamente, experiencias placenteras de lectura y desarrollo de sus habilidades de interpretación, al tiempo que les van proporcionando un cierto mapa de la cultura. A esos itinerarios trazados desde el emplazamiento del receptor y que renuncian, de entrada, a toda pretensión de exhaustividad es a lo que venimos llamando hace tiempo “constelaciones literarias”.

Si, como dice Romano Luperini, la literatura interesa cada vez menos por su sentido identitario y cada vez más como repertorio de situaciones humanas y éticas; si, como sostiene Ngũgĩ wa Thiong’o, es hora de “desplazar el centro” del lugar que se ha asumido como tal, Occidente, a una multiplicidad de esferas en todas las culturas del mundo; si, como afirma Marina Garcés, no podemos limitarnos a defender y preservar la presencia de las Humanidades, sino que es preciso dotarlas de toda su fuerza insubordinada y transformadora… habremos de replantearnos qué estamos haciendo con la literatura en la escuela.

¿Hay alternativas? Me consta que somos muchos los docentes que a pie de aula nos empeñamos en explorar nuevos caminos para la educación literaria de adolescentes y jóvenes. Desde la voluntad de contribuir a esa conversación que alguna vez habrá de desbordar los muros de colegios e institutos, ahí va una propuesta que trata de inscribirse en las coordenadas antes aludidas.

Constelaciones de literatura universal es un proyecto orientado al alumnado de bachillerato y desarrollado por el Grupo Guadarrama (Ángeles Bengoechea, Rosa Linares, Flora Rueda y yo misma, profesoras de Lengua y Literatura en diversos institutos de la madrileña Sierra de Guadarrama). Está integrado por un conjunto de itinerarios temáticos que vinculan obras de diferentes momentos históricos, diferentes espacios geográficos y diferentes moldes genéricos. De momento son tres los publicados en la red y accesibles de manera gratuita. Pero habrá más.

Encerradas ofrece un recorrido por textos ensayísticos, narrativos y teatrales que abordan la situación de clausura de las mujeres a lo largo del tiempo y en muy distantes geografías. Un encierro que les ha impedido el acceso a la condición de escritoras o que las ha confinado a unos modos de vida impuestos, no exentos a menudo de violencia física incluso. Un cuarto propio, de Virginia Woolf; Madame Bovary, de Flaubert; Casa de muñecas, de Henrik Ibsen; Oficio de tinieblas, de Rosario Castellanos; Grandes pechos, amplias caderas, de Mo Yan y El harén en Occidente, de Fatema Mernissi son los títulos en que nos detenemos.

Lee el artículo completo en eldiariodelaeducacion.com

viernes, 1 de marzo de 2019

"Identidades". Constelaciones de literatura universal

Hemos visto esta publicación en Twitter

La enseñanza de la literatura servía en los siglos XIX y XX servía para forjar una identidad nacional. ¿Aún hoy? Porque nuestras identidades son plurales, mestizas y diversas, presentamos "Identidades", una nueva para bachillerato


Constelaciones de literatura universal es un proyecto de educación literaria orientado al alumnado de bachillerato. Con él pretendemos abrir el currículo de la asignatura, exclusivamente centrado en la literatura occidental, a otras voces y otros entornos culturales, y dar cabida al fin también a la literatura escrita por mujeres. Al tiempo que proponemos una apertura de nuestra mirada al firmamento literario, renunciamos de entrada a toda ambición enciclopedista. Frente a ello, nos inclinamos por el diseño de un puñado de constelaciones o itinerarios de lectura trazados desde el horizonte lector de sus destinatarios -jóvenes entre los 16 y los 18 años- con el objetivo de conciliar el desarrollo de su hábito lector y su educación literaria. Nuestro deseo es que chicas y chicos puedan seguir siendo lectores autónomos, cultos y comprometidos más allá de los años de la escolarización obligatoria.

El título de cada una de las constelaciones -"Encerradas", "Frente al poder", "El arte del relato", "Identidades", "Carta al padre", "Alta tensión", etc.- hace referencia al hilo conductor escogido en cada caso. En los próximos meses iremos incorporando a esta página todos estos materiales.

viernes, 25 de enero de 2019

Constelaciones literarias: Rebelión en la granja (Yo estudié en la Pública)

YoEstudiéenlaPública (@YoEPublica) ha tuiteado:

A propósito de Rebelión en la granja:

"¿Qué tipo de sociedad estaría más preparada para frenar la implantación de una dictadura?
¿Con qué virtudes o condiciones tendría que contar esta sociedad para estar lejos de caer en sus manipulaciones?"

Tienes la propuesta en este enlace.

Constelaciones literarias: Rebelión en la granja:
publicado en