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sábado, 19 de mayo de 2018

Convivencia positiva o disciplina (artículo de Pedro Uruñuela en eldiariodelaeducacion.com)

Artículo de Pedro Uruñuela en el blog Convivencia y educación en valores de eldiariodelaeducacion.com

¿Qué conductas ejemplifican y son muestra de la convivencia positiva? ¿qué competencias, habilidades y valores hacen posible la convivencia? ¿cómo potenciar y reforzar estas conductas? La respuesta a estas preguntas cambiará nuestro enfoque y nos centrará en lo que realmente nos importa.

Sobre el blog

Queremos que este blog sea un espacio de reflexión y de conocimiento alrededor de dos asuntos conectados y que pensamos que son de gran relevancia, para el sistema educativo, así como para la sociedad.

La convivencia en los centros es una de las preocupaciones más importantes del sistema. Cómo es reflejo de la convivencia fuera, en las casas, en los barrios y localidades, y cómo puede su mejora en colegios e institutos influir también más allá de sus muros.

“Si nos preocupa la convivencia escolar y queremos mejorarla, así como ayudar a que existan los menos problemas posibles, y que los que haya se solucionen de forma pacífica y no violenta, ¿por qué focalizamos nuestra atención sobre todo en las conductas que dificultan la convivencia y en cómo sancionarlas, y apenas nos fijamos en las conductas que la favorecen y en cómo fomentarlas?”. Esta era la pregunta que se hacía el profesor Sebastián Sánchez en el primer número de nuestra revista digital CONVIVES. A mi juicio, plantea un diagnóstico muy acertado de lo que está sucediendo en los centros educativos, señalando uno de sus principales problemas en relación con el trabajo de la convivencia.

La situación que se puede vivir en los centros preocupa al profesorado. El incremento de conductas disruptivas, las dificultades para dar clase, sobre todo en determinados cursos de primaria y secundaria, las faltas de respeto y los enfrentamientos con y entre el alumnado, son situaciones que dificultan la tarea docente, causando una gran insatisfacción profesional e incidiendo en los resultados académicos del alumnado. Son las denominadas “conductas violentas de baja intensidad”. Hay acuerdo en la necesidad de evitarlas y hacer que disminuyan lo más posible en su frecuencia.

Muchos profesores y profesoras, alarmados por la incidencia y consecuencias de estas conductas, exigen que se tomen medidas contra ellas, reforzando la autoridad del profesorado y estableciendo normas más duras con sanciones inmediatas y eficaces contra estos comportamientos. De esta forma, se exige y quiere poner en vigor un modelo de respuesta que podemos caracterizar como “modelo reactivo”, ya que ‘reacciona’ ante las conductas del alumnado y propone actuaciones sobre ellas una vez que han tenido lugar. Su objetivo principal es impedir las conductas negativas estableciendo un control del alumnado a través de normas estrictas y sanciones inmediatas para la corrección de los incumplimientos.

En este modelo es muy importante que esté establecido un buen reglamento que concrete las normas que deben seguir todos los alumnos y alumnas, así como las sanciones que se deben aplicar en caso de incumplimiento. Es el planteamiento previsto en el artículo 124 de la LOMCE que, tras sólo enumerar y pasar rápidamente sobre la necesidad de un plan de convivencia, se centra y desarrolla ampliamente las características de las normas, los tipos de conducta contrarias a la convivencia, las sanciones que se deben imponer y el refuerzo del poder del profesorado para ello, disfrazado de refuerzo de la autoridad.

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sábado, 20 de enero de 2018

¿Crisis de autoridad o crisis de poder? (Pedro Uruñuela en eldiariodelaeducacion.com)

Artículo de Pedro Uruñuela en eldiariodelaeducacion.com

Una mayor capacidad punitiva de los docentes no mejora la convivencia. Pero con más sanciones, lo que se consigue es enquistar los problemas. No aumenta la autoridad.

Al volver a clase después de las vacaciones de navidad nos hemos visto sorprendidos por un informe del sindicato CSIF, del que se han hecho eco casi todos los medios de comunicación. Los titulares señalaban que un 90% del profesorado ha convivido con algún tipo de violencia en su centro y un 75% reconoce que apenas tiene autoridad. También manifiestan que existe mucha violencia en las aulas (55%), que la disciplina que reina es insuficiente (un 32%) y que las relaciones con padres y madres son malas, no buenas o inexistentes (28%). Así, el 29% concluye que la vida en el centro es poco agradable.

Comparto con los autores/as del informe la preocupación por el clima de convivencia de los centros, por conocer aquellos factores que dificultan la buena relación y la preocupación por los recortes y medidas restrictivas que, sin duda, están detrás de determinadas situaciones conflictivas. Sin embargo, tras consultar la página web del sindicato, me preocupa la escasa base en la que asientan sus conclusiones y la posible repercusión en forma de alarma social que pueden tener sus afirmaciones.

Desde el sindicato quieren lanzar un programa de ayuda al profesorado, CSIFAYUDA profesorado 2018, y es una buena idea. Pero, como decía el clásico, de premisas falsas la conclusión es necesariamente falsa y, si no hemos realizado un buen análisis y diagnóstico de la situación, las medidas que se pongan en práctica serán poco eficaces.
Se echa en falta, en primer lugar, una información completa sobre el estudio realizado y sobre la base técnica que lo sustenta. Al menos en la página web no lo he encontrado. La lectura del resumen de las encuestas sobre violencia escolar muestra que las posibles contestaciones no están bien determinadas. Así, por ejemplo, las relaciones con las familias pueden ser “ninguna, malas, no buenas o buenas”, y la autoridad del profesorado “ningún, poca, misma que antes, cada vez más”. Un poco más de rigor hubiera sido necesario en estas y las demás preguntas.

Asimismo, hay resultados que no se corresponden con los titulares posteriores. Por ejemplo, si sumamos las respuestas “buenas” y “muy buenas” en las relaciones del profesorado con sus alumnos/as, vemos que claramente superan siempre el 82%, y lo mismo se podría decir de otras preguntas. ¿Por qué, entonces, ese interés en pintar una situación tan negativa como la que se ha transmitido?

Estudios sistemáticos, como el que llevó a cabo el Observatorio Estatal de la Convivencia publicado en 2010, muestran que el clima de convivencia y de relación entre el profesorado y el alumnado es bastante buena, limitándose al 1,5% del profesorado el haber recibido con frecuencia insultos o agresiones físicas (el 0,6%). Es cierto que hay trabajar por su completa erradicación, pero sabiendo adecuadamente las dimensiones del problema. Situaciones de violencia puede haberlas en todos los centros, pero éstas son esporádicas, no generalizadas, y no se puede alertar o alarmar sobre el clima de convivencia usando datos poco rigurosos. estudios posteriores, como el llamado “PISA social”, han ofrecido resultados muy parecidos a los del Observatorio.

Sin embargo, me preocupa sobre todo algunos planteamientos de fondo que subyacen en el informe y, sobre todo, la confusión que parece existir entre autoridad y poder. Llama la atención que en su documento de presentación de “CSIFAYUDA” dan tres definiciones: agresión, violencia y acoso escolar. Pero no concretan qué entienden por autoridad del profesorado. Sin embargo, continuamente aluden a la falta de autoridad como la causa principal de todos los problemas, demandando una acción más decidida por parte de la administración educativa, sin cuestionarse en ningún momento el papel que el propio profesorado puede estar jugando en relación con las situaciones que se denuncian.

La autoridad y el poder son dos elementos presentes siempre en toda relación, y ambos comparten un elemento común, buscar que la otra persona haga algo, o se comporte de determinada manera, aunque no le interese o no lo quiera. La diferencia fundamental entre ambos viene por las características de los medios a los que recurren para su objetivo. Desde el poder, el empleo de la fuerza física, legal, psicológica o social; algo ligado a la posición que se ocupa. Desde la autoridad, la capacidad de influencia basada en el prestigio moral, en el saber, en el respeto y la dedicación; algo que otorgan las propias personas con las que nos relacionamos, en nuestro caso, los alumnos y alumnas.

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Pedro Mª Uruñuela. Asociación CONVIVES