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viernes, 3 de septiembre de 2021

El campo semántico de los desacuerdos en educación sigue vivo (Manuel Menor)

Publicamos este nuevo artículo de nuestro compañero Manuel Menor

 

El discurso de “la calidad educativa” ha vuelto; sin vacaciones y con la COVID-19 de fondo, está donde ha estado desde los años noventa.

 

Con el pretexto de los borradores de enseñanzas mínimas de Educación Primaria, la oposición gubernamental ha decidido que, al derogarse las propuestas que habían hecho en el R.D. 126/2014, tenía un pretexto para invalidar la LOMLOE. Al urgir que desde todas las áreas de conocimiento (art. 6.3) –incluidas las matemáticas-, se aproveche la actividad educadora para el desarrollo de los valores cívicos (art. 8.2), creen haber encontrado un argumento demostrativo de un presunto  afán adoctrinante, extraño a lo que deba ser la educación de todos. Ni a pensar se han parado en lo que han sido siempre sus propuestas, ni menos tampoco qué signifique llevar la Constitución al quehacer diario del aula; no reparan en la “Ley Wert” ni en sus contribuciones  precedentes, visibles en los libros de lecturas o de Historia que nos impusieron e, incluso, en los ejercicios de Aritmética con que inundaban las mentes infantiles con mezclas de líquidos y áridos en que siempre salía bien parado el tendero, a fin de que su rudimentario “emprendimiento” se inclinara por la codicia en el balance de caja.

 

Coincidentes desacuerdos

 

Coincide este falso debate con otros de mayor enjundia significativa como el precio de la energía eléctrica en máximos desconocidos desde antes de las sucesivas privatizaciones del principal sistema energético de las familias, otro asunto en que las colisiones entre “lo social” y la libertad absoluta del mercado andan tan a la greña que, en declaraciones del 10 de agosto, a la portavoz del PP, Ana Pastor, se le vino pronto a la boca la recriminación a estos gobernantes de la Moncloa por dejar atrás a los más necesitados; proseguía el tirar la piedra y esconder la mano con que tantas lecciones continuadas han dado como responsables de la normativa en que se basan estos precios, y culpables de los continuados recortes a las prestaciones de los más débiles donde quiera que gobiernan. Sabido es, por ejemplo, que en Galicia –repitiendo actuaciones en Madrid y en otras Comunidades-, Feijóo ha cerrado 138 centros educativos públicos (aproximadamente uno de cada diez), mientras incrementó la presencia de la enseñanza concertada y privada, aumentándose este año 16 respecto a años anteriores, en perjuicio, sobre todo, de las zonas del rural, como ha sido el caso de Begonte (en Lugo).

 

No es menos relevante que, en este fin de verano, el nuevo curso se inicie bajo dos situaciones coyunturales altamente inquietantes. Por un lado, que la quinta ola no haya acabado resolviéndose de manera acorde con las expectativas depositadas en su evolución: ni está claro qué pase con la cobertura real de las vacunas, ni menos qué pueda suceder con las mutaciones de la Covid-19; termina el verano y, si bien el sector del turismo parece haberse recuperado bastante no alcanza plena satisfacción ni augura que, al reanudarse la presencia de alumnos en los centros educativos, hayan desaparecido los riesgos, especialmente donde se hayan activado recortes de docentes. Por otro lado, los acontecimientos últimos de Afganistán, por muy jaleados que hayan sido los servicios humanitarios de nuestros militares, dejan abierto el clamor por veinte años de presencia no deseada en un área tan diferente a la de nuestras burbujas occidentales; en el aire ha quedado la sensación de que hay intereses superiores a los que llevaron a los socios implicados en tan prolongada operación geopolítica, que han aconsejado su retirada sin que la zona sea ahora más segura, ni Occidente  esté exento de percances como el que sirvió de pretexto.

 

El BOE reformador

 

En ese contexto, la nueva ministra Pilar Alegría parece querer rebajar algo más las medidas de la LOMLOE. Los partidarios de pactos que no son tales le estarán agradecidos, pero ganaría credibilidad si repasara errores e incongruencias del pasado para que, al menos, no se degradara más este servicio público fundamental. Desde que los reformismos educativos proliferaron tanto que unos y otros gobiernos de la restaurada democracia los adoptaron como símbolo de cambios señeros, no hemos cesado de entonar himnos alternativos sin que mejorara el sistema en asuntos relevantes, que siguen ahí. Es muy recomendable, por ello, releer los irónicos, rigurosos y sistemáticos análisis que al respecto fue haciendo José Gimeno-Sacristán desde los años ochenta, que ahora se reeditan bajo el título Ideas que perviven. Aquellos artículos suyos en Cuadernos de Pedagogía siguen actuales y vamos camino de repetir por octava vez después de la CE78 la vieja creencia de que con la publicación de los currícula de la LOMLOE en el BOE cambiará en firme la realidad educativa en las aulas. Las disposiciones derogatorias de normas anteriores que suelen incluir estas leyes orgánicas ignoran que existen “culturas escolares” muy asentadas de tiempo atrás, contrarias a ir más allá de nuevas formalidades, pero inconsistentes para superar los desajustes continuados que en las aulas viven docentes y alumnado.

 

En aras de la verdad -como se ve también con la Covid-19-, sigue siendo excesiva la confianza que tales disposiciones muestran en que los neolenguajes que proponen para referirse a la docencia en las aulas sean suficientes. Y más que sospechoso es que sus grandes criterios orientadores se cifren en  las “competencias” que, desde hace años, deban perseguir los trabajadores de la enseñanza, mientras no se ve similar persistencia de las Administraciones en ocuparse de las condiciones reales de las aulas y los centros, las ratios de alumnado o la cualificación profesional de un profesorado, cansado de que gran parte de la eficiencia de su quehacer dependa de la estricta voluntariedad de su empeño personal. A menudo, sin embargo, el de muchos expertos y responsables de las políticas educativas, una vez  hechos estos documentos para sus boletines oficiales, parece ser el descanso: no les preocupa lo que pase a continuación, ni las desigualdades de trato que –como repite esta nueva ley- sostenga el sistema entre unos y otros alumnos. 

 

A estas alturas de la secuencia pandémica, incierta en tantos aspectos, lo que se avecina para el comienzo de curso inmediato es que, pese a tanta ley educativa como hemos subido al BOE, una parte destemplada de la ciudadanía seguirá con sus liberales twits pro domo sua, mientras otra más amplia volverá a demandar la básica  calidad democrática para un sistema educativo de todos; para empezar, este día cuatro de septiembre  reclamará en Madrid “una vuelta segura a las aulas” y un “Plan de rescate para la Educación Pública”.

 

 

Manuel Menor Currás

27.08.2021

 


jueves, 22 de julio de 2021

Corsarios neoliberales: capitalismo EdTech en la educación pública (Enrique Díez para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

Reproducimos este artículo publicado en ELDIARIODELAEDUCACION.ORG 





“¡Solo queda un mes y ya somos más de 15.000 asistentes! Batiendo récords de inscripciones”. Así me llegó por correo electrónico el anuncio de la convocatoria para el encuentro “Virtual Educa Connect” denominado “Reset Educativo: Ecosistemas Digitales para el Desarrollo Humano”. Encuentro virtual con sesiones sobre Edtech centradas en “innovación en educación”, “nuevos contextos y demandas educativas”, “iniciativas de impacto”, etc. y destinado a los “educadores del siglo XXI” tras el coronavirus, con el fin de “revolucionar” la educación.

Los títulos de las conferencias eran significativos: “El modelo Flipped Learning como base para el sistema educativo mixto pospandemia”, del ministro de Educación de la Provincia de Misiones, Argentina; “Be TalentSTEAM” del director General de la Fundación Altran para la Innovación; “Soft Skills, habilidades y competencias para afrontar la Cuarta Revolución Industrial (4RI)”, de la vicerrectora Académica Nacional de Areandina; “O-City.org: Impulsando la Economía Naranja a través de la Educación”, del director de la Cátedra de la Innovación de la UPV o “El papel de las aceleradoras en la innovación digital de ámbito educativo: como apoyar e impulsar las startups”, del director de SEK Lab Edtech Accelerator.

En este encuentro, explican, se aborda cómo aplicar al ámbito educativo la Inteligencia artificial (AI) y Big Data, el Internet de las Cosas (IoT), las Cadena de bloques (Block Chain) o la computación en la Nube (Cloud Computing). Está auspiciado por Microsoft, Pearson, Intel, IE Business School, el Banco Mundial, la OCDE y muchos de los grandes del partenariado corporativo en el ámbito educativo.

Este puede ser uno de los múltiples ejemplos que florecen como los campos en primavera, en estos tiempos de pandemia y confinamiento. La educación digital se vende como la “nueva salvación” por los gurús de la EdTech a raíz de la COVID-19. El Big Data, la Inteligencia Artificial, las plataformas digitales y la nube nos traerán la modernización de una educación anclada en el siglo pasado, proclaman en este reeditado “relato salvador” del solucionismo tecnológico como panacea para la educación. Los grandes patrocinadores de la EdTech¹ están impulsando así su asalto definitivo a la educación, impulsando una gobernanza híbrida que proclama la imperiosa necesidad de la colaboración público-privada para gestionar la educación del futuro.

Vemos así cómo los datos digitales, el código y los algoritmos del software se mezclan con determinadas agendas políticas relacionadas con la gobernanza educativa, intereses comerciales de grandes conglomerados, ambiciones empresariales de fondos de capital riesgo y objetivos de negocios con marketing filantrópico, que destinan ingentes cantidades de inversión económica para crear nuevas formas de entender e imaginar la educación e intervenir en ella, como si fuera un nuevo nicho de mercado y de expansión del capitalismo (Fleming, 2016; Haddad & Reckhow, 2018). Si en sus manos están ya los medios informales de construcción del pensamiento colectivo (Netflix, Walt Disney, Fox, MTV, etc.) se trata de controlar también los medios formales de socialización de las futuras generaciones y explotar un gran negocio que mueve muchos miles de millones de dólares anuales².

El nuevo eslogan neoliberal en la gestión educativa reza así: “La nueva política sigue la innovación privada en la gestión de lo público”. Privatización vestida de innovación. Es la reedición del clásico partenariado o gestión conjunta pública-privada, donde el sector público se acaba convirtiendo en nicho de extracción y obtención de beneficio del sector privado. Pero que ahora, en este relato postmoderno reeditado, se le remoza y se le da una capa de barniz, planteando que de lo que se trata es de tomar las decisiones “conjuntamente”, orientar las políticas y decisiones de lo público desde los “principios innovadores de lo privado”, con la participación directa de los adalides “cualificados” de la sociedad civil, los nuevos filántropos del capitalismo (mecenas, bancos, fundaciones, fondos de capital riesgo…) que ya probaron su valía triunfando en la gestión del capitalismo y ahora quieren y exigen aplicar sus recetas en lo público y orientar su gestión adecuadamente.

Lo hemos comprobado incluso en la nueva ley educativa, la Lomloe. El artículo 122 promulga que los centros públicos podrán “obtener recursos complementarios”. Este punto supone la posibilidad de captación de fondos privados “complementarios” para la educación pública, dando por supuesto la infrafinanciación pública de los centros educativos. Abre así la puerta a los patrocinios, el partenariado, los sponsors, la “colaboración público-privada”, para convertir la educación en un espacio de negocio de una nueva gestión híbrida público-privada bajo el control de una supuesta “innovadora” tecnología digital educativa controlada por la Big Tech.

De hecho, la Ley Celaá consigna lo que ya ocurre de facto, mediante acuerdos de colaboración, con La Caixa, la Fundación Bofill o, recientemente, Amazon. Es más, no contempla en ningún momento mecanismos para frenar a la Big Tech o GAFAM, los gigantes tecnológicos norteamericanos, como Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft que han invadido con sus plataformas todo el espacio público educativo. Se está dejando en manos de estas plataformas hegemónicas la información del alumnado, la extracción masiva de sus datos (el oro blanco del siglo XXI). Dejando morir las plataformas de código abierto y públicas construidas por el profesorado y las comunidades educativas como Guadalinex o la de Extremadura.


Para “asaltar los cielos” habría que empezar por socializar la nube y desarrollar infraestructuras digitales públicas

El capitalismo digital quiere el control y el dominio de las últimas fronteras de lo público que le quedan por conquistar: nuestra información en forma de datos para predecir comportamientos, un bien común y esencial. Datos que extraen y venden las Big Tech, terratenientes neofeudales de la nueva economía digital que siguen con la centenaria lógica extractivista, capitalista y colonial de extraer y acumular el oro del siglo XXI (nuestra información) y que se están haciendo con el control de nuestra soberanía digital.

El negocio somos nosotros: extraer información del alumnado, con el fin de convertir los colegios en una fábrica de datos e información comercializable sobre unos clientes presentes y futuros a los que se quiere fidelizar. La era digital se ha convertido así en otro capítulo más de la historia del capitalismo, que ha mercantilizado con afán de lucro la experiencia humana traduciendo los comportamientos a datos para, a partir de ellos, realizar predicciones que se compran y se venden.

Por eso, para “asaltar los cielos” habría que empezar por socializar la nube y desarrollar infraestructuras digitales públicas, es decir, poner en manos del común los nuevos medios de producción digital, que diría el viejo Marx, para avanzar hacia la “socialización de los datos” como bien público y hacia la democracia digital. Si Internet es esencial para muchas cosas en nuestras vidas, como lo es claramente, ¿no debería tratarse como un bien común de utilidad pública sin fines de lucro? Es decir, debemos avanzar hacia el postcapitalismo o socialismo digital que proponen Mason o Morozov. Y la educación tiene un papel crucial en ello.

Este es un extracto del artículo recientemente publicado en la Revista Foro de Educación al que se puede acceder libremente en este enlace: Gobernanza híbrida digital y Capitalismo EdTech: la crisis del COVID-19 como amenaza (2021).
Notas

¹ EdTech UK fue impulsado por Boris Johnson, entonces alcalde de Londres y actual primer ministro Británico, con la ayuda del Ministerio de Economía y una coalición privada de empresas del sector tecnológico, para “contribuir a acelerar el crecimiento del sector de la tecnología educativa del Reino Unido” asegura extraordinarios beneficios en un “mercado amplio y rentable”. Fue constituido por la Education Foundation, think thank que colabora con el Departamento de Educación y la Secretaría de Estado de Educación, y desarrolla una red de asociaciones corporativas con Facebook, IBM, Pearson, HP, Randstad Education, Cambridge University Press, McKinsey, Skype, Sony, Google y Samsung.

² El sector «edTech» alcanzará los 10 billones de euros en 2030. En 2018, ya marcó un récord: 8.200 millones, en comparación con los 1.400 millones invertidos en 2014, según un informe de Barclays sobre la EdTech (García, 2019).

jueves, 1 de abril de 2021

"Tabúes" (Manuel Menor)

 Publicamos el nuevo artículo de nuestro compañero Manuel Menor


Ni “los buenos” son todos buenos, ni “los malos” tampoco.

 

Un signo de modernidad social y política es admitir que la realidad no es tan maniquea como algunas versiones quieren establecer estos días. 

 

Es difícil moverse con optimismo realista cuando en nuestro entorno cultural se promueven tabúes profundos, incrustados en nuestra vida con sistémicos métodos de educación retrógrada, y referencias constantes de los medios a supuestos valores sagrados.

 

Tabúes

Qué sean los tabúes y cómo pesen en nuestras vidas lo ha recordado recientemente Juan Soto Ivars, a partir del recuerdo de una definición de Wundt, en que lo sagrado y lo impuro están íntimamente unidos; esta coincidencia limita nuestra capacidad de razonamiento, nos coarta y autocensura, y nos lleva a decisiones frecuentemente irracionales. El miedo y la consiguiente parálisis de la libertad casi siempre andan por medio y nos enredan en un juego en que siempre perdemos en nuestra capacidad de autonomía.

 

El recurso al tabú siempre ha andado suelto en la historia de la humanidad, pero en los tiempos que corren, tan aptos para las perspectivas apocalípticas que suelen acompañar a todos los miedos –como estudió Delumeau-, corremos el riesgo de que se acentúe la parálisis que esta pandemia ha traído consigo. Ciñéndonos estrictamente a lo que las elecciones a la Comunidad de Madrid están propagando en un momento tan enigmático, es sorprendente que nadie en el entorno de la candidata del PP se oponga a ese eslogan viejuno que pretende que quienes tengan la facultad de votar  elijan entre “libertad o socialismo”.

 

El publicista de esta mujer pretende que la veamos como una especie de Juana de Arco o Agustina de Aragón dispuesta a defender y ampliar ese preciado bien, mientras sus oponentes, socialistas y gentes de izquierdas, serían sus redomados enemigos, capaces de destruirlo o vilipendiarlo todo. Desde la revolución parisina de 1830, en que Delacroix pintó la Libertad guiando al pueblo, ha pasado un tiempo; pero en este relato que ha empezado a prodigarse desde el mismo anuncio del anticipo electoral, la realidad de lo que acontece parece no importar nada. Les sobra con que la gente que se guía por los medios se crea el cuento, mientras  ponen en marcha los sutiles caminos propagandísticos de otrora, de más de ochenta años de existencia, en que los republicanos de entonces eran presentados como unos vendepatrias, encomendados al taimado complot judeomasónico para deshacer las sagradas esencias de la patria, anteriores incluso a la reina castellana Isabel la Católica, que erigieron además, en sostén y modelo de feminidad a punto de llegar a los altares, como consta en el archivo catedralicio de Valladolid.

 

Los nuestros

En la pelea dialéctica actual, la España de “los nuestros” y “los otros” sigue viva; sigue implícito en el relato neoconservador que los demás no parecen desear para la colectividad ningún bien sino el mal, mientras que lo poco o mucho que se haya enriquecido en el transcurso de los años se debe exclusivamente a “los nuestros”, incluida la propia “libertad democrática”; en esta historieta, ni las peleas antifranquistas han existido, ni las transacciones y pactos de la Transición. “Los nuestros”, herederos de la Victoria proclamada el 04.04.1939, son los únicos detentadores del bien y la verdad e, independientemente de las tergiversaciones, engaños y zorrerías zafias en  que puedan haber andado, siguen siendo los buenos; “Los otros”, por naturaleza, son siempre los malos.

 

Los madrileños se encuentran ahora con un gran problema antes de decidir votar a esta hipotética heroína rediviva. Por un lado, tienen este soniquete de “los buenos”, recibido por herencia familiar o por el impacto de la partitura que entonan los beneficiados por el caprichoso uso de la libertad de mercado. Por otro, las alusiones que en la calle se pueden oír de continuo, acerca del trato lesivo  que los gestores de esta libertad agresiva han dado a la Sanidad, la Educación de los hijos o a la la tercera edad. Para reconsiderar la veracidad de estos otros relatos que, al parecer propagan “los malos”, todos los oyentes y opinantes  debieran considerar los datos que en esta Comunidad de Madrid se están generando, cuando andamos en los inicios de la cuarta ola, respecto a la gestión de la pandemia de la Covid-19. Para calibrar mejor la calidad de unos u otros relatos y no caer en esquizofrenia, basta repasar qué no han hecho estos “buenos” de ahora y cómo, pese a ello, piden responsabilidades a otros para que suplan lo que no han hecho en el transcurso de este año pasado; por ejemplo, en el descontrol de la contención de movimientos de los ciudadanos mientras la muerte no era tenida en cuenta, como si de una variable independiente se tratara. Y, tampoco debieran obviarse los datos relativos al empleo que hayan hecho de la supuesta libertad para dañar los intereses comunes, ni torcerse la memoria sistemáticamente cuando los hechos reales indican poco aprecio por la democracia; por mucho que se quiera presumir de ella en exclusiva -sin acuerdos con los demás-, se sobrepasan sus frágiles líneas rojas.

 

Bailando con lobos

Se ha de recordar, en fin, que cuando no había libertad, los que iban a la cárcel o padecían en carne propia el autoritarismo franquista nunca tuvieron a gala presumir, en nombre de la libertad, de su esforzada oposición a quienes les impedían su ejercicio; su pelea les llevó a la carecer de ella mientras que quienes ahora presumen de lo que no había, les echan en cara aquel afán, tan duro y costoso. Sería de agradecer un mínimo respeto y veracidad en la pelea política por el poder, además de alguna consciencia de que jugar con las trampas de los tabúes acarrea amargas experiencias.

 

La versión publicitaria de Díaz Ayuso recuerda al Fraga enfadado vendiendo a los gallegos la posibilidad de que, si no le votaban a él, les quitarían la vaca… Aunque hayan pasado más de 40 años, la alta misión que se arrogan quienes estos días  dividen el mundo entre partidarios de la libertad y del socialismo, no puede ocultar que entre los que ellos llaman malos hay muchísima gente buena, ni que entre los que suponen buenos sucede exactamente lo contrario. Hasta en las películas del Oeste era perceptible la falsa divisoria cuando la película era de pacotilla; el guión de esta, ni de lejos se parece a Bailando con lobos, en que Kevin Costner se sentía más a gusto entre los indios sioux que entre los de su propia estirpe. Pues eso.

 


Manuel Menor Currás

Madrid, 27.03.2021


domingo, 15 de diciembre de 2019

domingo, 10 de febrero de 2019

Sofismas (Manuel Menor)

Censuras, soflamas y sofismas…

“Las palabras especiosas y engañosas pero opuestas a los derechos civiles de la comunidad”, alertaba Locke (1690), son muy peligrosas para todos.

La 33ª edición de los Goya acaba de premiar el documental Gaza, un corto en que se revisa la situación de los derechos fundamentales del pueblo palestino, pisoteados de continuo por el imperialismo sionista.

 Gaza
Nada que ver propiamente con judíos y musulmanes, sino con actitudes que aprovechan sus diferencias culturales para primar posiciones de poder hegemónico, dominio, fuerza y colonización, generadoras de sumisión, pobreza y esclavitud. Si quienes han tenido algo que ver –no solo por acción, sino también por dejación- hubieran construido en otra dirección, gran parte de los problemas geoestratégicos generados -sobre todo, desde 1947- en la zona que genéricamente se ha venido llamando Oriente Medio, no hubieran tenido lugar y, seguramente, el mundo habría sido más pacífico. La denuncia de Gaza no debiera sino facilitar que, al menos en el futuro, se pudiera rectificar la dirección de tanto esfuerzo estéril.

El cardenal Osoro, sin embargo, de haber estado en el jurado de los Goya, no habría votado que ese documental llegara a la fiesta de la Academia de Cine. Por decisión suya magisterial no pudo ser exhibido en la parroquia de San Carlos Borromeo (Entrevías, Madrid): no fueran a distraerse sus feligreses. La ambigüedad ha jugado en ello un papel supuestamente pastoral, de la misma sensibilidad que ha dado muestra en los últimos tiempos respecto al traslado de Franco a la catedral de la Almudena y que no es nueva. Hace 20 años, en los inicios de su carrera episcopal en Ourense, ya la apuntaba en sus maneras de cuidar con esmero su imagen. Las que se ejemplifican tras una fotografía suya junto a un enfermo, que debe corresponder al Jueves Santo de 1999. Una asociación piadosa que paseaba la caridad visitadora del joven obispo por la unidad cardiológica de la Residencia Sanitaria, le llevó ante un paciente  que rondaba los ochenta años; el fotógrafo de la comitiva captó la fugacidad de la escena fotogénica e hizo su trabajo. Aquel oportunismo no pasaría desapercibido: a los testigos ocasionales no se les escapó que, ni antes ni después del flash, nadie  hablara con aquel enfermo ni le pidiera permiso para que su efigie apareciera al día siguiente junto al joven prelado en los kioskos; alguien recordó en cambio que, según el Evangelio, la insípida escena debiera haber sido muy distinta. Podían, incluso, haber hablado mucho. Aquel anciano esperaba un marcapasos y le habría encantado, como creyente muy cabal que era, contar a Osoro, entre otras cosas, cómo había labrado la gran piedra granítica del altar mayor de su catedral (Cfr.: “Canteiros e penedos”, en: Farodevigourense, 17.06.2012).

Cazadores con red
No hace falta ir a un Museo para percibir cómo muchos artistas se han aplicado para moverse entre el realismo y la representación; tampoco es preciso recurrir al mimetismo ilusorio de la teatralidad. La información y sus maneras están más a mano. Obligados a distinguir entre la objetualidad de lo que acontece y los formalismos manieristas de redactores y opinadores,  la invención periodística no desmerece. El Brexit inglés, el triunfo de Trump en EEUU, o fenómenos posteriores en Europa y España, han puesto en primer plano estos métodos, con la complicidad operativa de las redes sociales: los quince años de Facebook están ahí. Quienes cazan en la red con “transgresoras” performances de estricta subjetividad ya tiene escuela. Las Fake news, los neolenguajes, las medio verdades y demás componendas discursivas de moda  para fidelizar lectores, consumidores y votantes a golpe de click, han crecido como setas pero no son algo nuevo. ¿Alguien recuerda cómo se trabajó aquello de las “armas de destrucción masiva”, en que tanto se implicó Aznar? ¿Verba volant?

La larga historia de trampantojos y poder siempre ha estado ahí, como ejemplifica bien la constante avidez de la jerarquía católica por adoctrinar, en exclusiva, en la Verdad (con mayúscula). Desde su “triunfo” sobre el “paganismo” clásico, impuesto en todo el Imperio Romano desde el año 370 d. C., nunca dejaron de contar, con más apologética autoreferencia que con razonable explicación histórica, las componendas de su doctrina con su propia terrenalidad. Desde entonces, no han variado mucho las tornas; de lo que hacen y dicen en el presente, tampoco es que el propio Vaticano -o sus obispos en España- hayan mejorado mucho sus ambiguos cálculos oportunistas. Sin quebrantar el segundo de los Diez Mandamientos, no parece, desde luego, que puedan arrogarse como palabra de Dios la información que emiten, especialmente desde algunos de sus medios.

 Si Zola viviera hoy, ese gran corpus de ambigüedad le hubiera proporcionado material sobrado para proseguir su trilogía: Lourdes, Roma, París. Sin más, con lo que hace poco dijo Blázquez acerca de que “solo un 3%” del clero puede ser calificado como pederasta, ya tendría para una novela o para un nuevo manifiesto del tipo J´accuse. ¡Qué magnífica escena no habría descrito  con lo que intercambiaron Monseñor Yanes, Maravall y otros testigos en vísperas de la LODE (1985), cuando sobrevoló la idea de que si no firmaban la posibilidad de los “conciertos educativos” –o no movían a sus asociaciones a que firmaran-, un crédito extraordinario del Estado crearía las plazas escolares que “subvencionaba”!

Y en la ambigüedad emocional y verbal seguimos, con todos los riesgos que comportan estos meandros. Tácticamente, a los vocacionados para la politiquería –que no para la política- les es propicia la mucha “gente” –palabra suficientemente ambigua para que todo espectador se sienta implicado- que sestea en su verdad particular, intolerante con cuanto le pueda privar de su “orden natural” inamovible. Da igual de qué se trate: de Venezuela, de taxis, de Cataluña o de España. No faltan quienes les alienten a  manejar el verbo y la pluma “sin complejos”, cada día con más vehemencia que credibilidad, en redes y  emisoras múltiples pero unívocas. Impregnados de la vieja cólera dogmática, tratan de que sus apuestas narcisistas muevan a los votantes. El resultado son los púlpitos actuales, en los que brilla la dialéctica  del micrófono siempre a punto para hisopar la última ocurrencia del dispuesto a parecer moderno aunque no tenga nada qué decir, salvo a  unas centradas “clases medias” encantadas de retuitearse.

Otros/as
En ese estatus social al que todo oyente suele apuntarse aunque esté colgado hasta las cejas, los otros, los asalariados y los que no tienen ni salario, solo existen como atrezzo; ni en bruto ni cocinados por el CIS suelen tener presencia política. Quienes han peleado estos años por la escuela pública flaco favor les harán a ellos y a sí mismos si se contentan con la operatividad de la “restricción mental” y no siguen pugnando por lograr, ahora, que sean explícitamente contemplados –sin ambigüedad mixtificadora-  en la propuesta de derogación de la LOMCE.  En qué consista su esencia está por ver todavía, cuando puede que ni llegue a Proyecto: la gran provisionalidad de este Gobierno se hace cada día más perentoria con o sin “relator” que medie en el uso del ábaco contable.

Es urgente: la ambigüedad, el pasteleo y el sofisma siempre han sido  mortíferos para la democracia. El año 399 a.C., Sócrates, acusado de no reconocer a los dioses en que creía su Polis, y de corromper a los jóvenes, fue condenado a muerte por un tribunal de 500 atenienses. De nada le valió “la conducta que había mantenido toda su vida y que, en su opinión, había estado al servicio de la verdad y de sus conciudadanos” (Platón. Diálogos: Fedón).

Manuel Menor Currás
Madrid, 07.02.2019

domingo, 23 de septiembre de 2018

Neolenguajes políticos (Manuel Menor)


Dudas y engaños con el lenguaje como formas de educación política

El desinhibido regreso de Aznar al liderazgo ideológico del PP es buen momento para repensar cómo el inestable debate político potencia la desigualdad.

A poco más cien días de Gobierno y a diez años de que Leman-Brothers iniciara la crisis que trajo tantos pretextos para recortar casi todo lo interesante, las dudas acerca de lo que sea “progreso” y “retroceso” no dejan de crecer. En lo que al lenguaje se refiere, siempre mutable, lo que se mantiene es el afán por controlar lo que aparece o desaparece en los medios.

Lenguajes educadores
No cabe extrañarse de que en el lenguaje político habitual la precisión no sea un bien. Suele, eso sí, pillar las palabras por los pelos y valerse de la repetición de tópicos como fórmula pedagógica. Decir, por ejemplo, que "Caudillo de España” es un término histórico, es confundir el presente en que se está hablando con un pasado en que esa denominación de Franco era obligatoria. No se subsana el lapsus arguyendo con la existencia de libros con ese título, sino respondiendo a las razones por las que deba ser o no exhumado del Valle de los Caídos, que es lo que se debatía. Por la senda en que se mueven estas excusas –entre la ignorancia y la imposición doctrinal-, no es descaminada la conclusión de Borrell: “En Estados Unidos y en Europa piensan que en España Franco sigue vivo”. Nadie debiera olvidar las insistente prédica en que se explayaba Aguirre con “la excelencia” y el “esfuerzo”, mientras el agua, el metro, la Sanidad, la Educación pública, la Ciudad de la Justicia o su campo de golf en terrenos públicos, han resultado impropias de una cazatalentos…

Tampoco puede decirse que los tribunales –esa especie de tercera Cámara de aleatoria composición doctrinal y lingüística- nos saquen de dudas en situaciones que debieran haberse substanciado fuera de los platós televisivos. En cuanto a la calidad intrínseca de másteres y tesis, o la del trabajo exigible al alumnado en correspondencia a la oferta educativa reglamentada en que se sustenten, no parece que sea el espacio más apropiado para resolverlo. Y en cuanto a dirimir cumplimientos reglamentarios, el trato diferencial que está transmitiendo el Supremo –o que la prensa traduce- es todavía más arduo admitir su criterio: las alumnas que acompañaron a Casado en su experiencia con la URJC parece que no son tratadas igual que él.

Disputado paisaje
Los casos de confusión de lenguaje y oportunismo no se le escaparon al filósofo alemán Schopenhauer, quien sintetizó las pautas habituales en estas lides. Su Arte de tener siempre razón enseña cómo, con decididos sofismas, se puede llevar el gato al agua frente a oponentes y discrepantes incautos. Cuando George Lakoff puso en entredicho los modos de argumentar de los demócratas en EEUU frente a los republicanos, su libro No pienses en un elefante (2007), volvió a poner en primer plano cómo las palabras no son inocentes, ya que tienen un campo semántico que conviene no perder de vista.

Los usos del lenguaje y su lógica –en los medios y en el Parlamento, sobre todo en algunas comparecencias- siguen siendo formas de manipular y ocultar, más que de esclarecer y concordar. Es lástima que González y Aznar no hablaran de cómo lo hacían ellos, en vez de lamentarse de quienes les suceden en el presente. En todo caso, no está al alcance de cualquier persona, que ella sola pueda darle la vuelta a esa tendencia instrumental. Sin entrar en una dinámica de “conspiranosis”, es de gran interés no perder de vista la tenacidad y cuidado que ponen algunas organizaciones en el control de la opinión pública. Algunas, con mucha historia detrás. Con menos recitados de laudationes (alabanzas), ya hubiéramos sabido cómo se las gastaron desde antiguo eclesiásticos muy eminentes en esto de convencer a quienes tenían poder decisorio haciéndoles ver que su organización y credo eran imprescindibles para que todo funcionara de maravilla.

Esa historia de siglos, afincada en Acuerdos supuestamente indispensables, sigue siendo base de votantes aunque la creencia se la haya comido el gato. Similar camino lleva la ultraderecha mundial en sus afanes populistas: Bannon & Company ya están aquí y hasta tienen un convento (sic) en Italia desde donde impartirán doctrina a sus prosélitos. Movimientos españoles afines pronto alardearán de estar en la onda mundial. Mientras, Garrido, el presidente de la Comunidad madrileña, cierra aulas públicas, habla del cheque para los bachilleres, y ha decidido –a raíz de los problemas detectados con másteres y tesis- que la Asamblea de Madrid investigue a las universidades publicas, pero no a las privadas (como la UCJC). Según estas políticas, el capital cultural con que se anhela que estén dotados los ciudadanos para entenderse entre sí y entender a sus líderes sociales en este siglo, no es el de palabras con significados compartidos. Les va mejor cultivar la desigualdad del divide y vencerás. ¡Atentos!
  
Manuel Menor Currás
Madrid, 23.09.2018

miércoles, 18 de julio de 2018

Pedagogía del egoísmo y neoliberalismo emocional -2/3- (Enrique Díez para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Reproducimos este artículo publicado en ELDIARIODELAEDUCACION.COM


Analizaba en el anterior artículo Pedagogía del egoísmo y neoliberalismo emocional la actual revolución individualista que “normaliza”, naturaliza e, incluso, exalta las posiciones ideológicas del “egoísmo” como una virtud y quiebra, además, la posibilidad misma de una matriz comunitaria de solidaridad social.

Este neoliberalismo emocional no busca sólo la conversión de los espíritus; pretende también la transformación de las conductas. Esta es, en lo esencial, la función de los dispositivos de aprendizaje, sumisión y disciplina, tanto económicos, como culturales y sociales, que orienta a las personas a “vivir y gobernarse” bajo la presión de la competición, de acuerdo con los principios del cálculo del máximo interés individual.

De este modo se ordena al sujeto que se someta interiormente, que vigile constantemente sobre sí mismo, que trabaje sobre sí mismo con el fin de transformarse permanentemente, de conseguir una mejora de sí, de volverse cada vez más eficaz en conseguir resultados y rendimientos. La economía se convierte en disciplina personal. El sometimiento del deseo exige e instituye el deseo por el sometimiento.

Surge el ‘doer’. Ser ‘doer’ se convierte en tendencia. El ‘doer’ es una persona luchadora que consigue lo que quiere y no le importa sacrificarse hasta límites insospechados porque su meta es lo primero. Es la actual figura heroica de la nueva “clase trabajadora”, porque aguanta sin dormir y a base de cafeína para trabajar como si fuera dueño de la empresa, pero cobrando como un becario, o incluso pagando por trabajar y adquirir experiencia laboral. Una nueva forma de convertir la explotación y la pobreza en una manera de ser emprendedor y superarse a sí mismo.

El coaching, al pensamiento positivo, la programación neurolingüística (PNL), el análisis transaccional y múltiples procedimientos vinculados a una escuela o un gurú, son las medicinas y técnicas neuroemocionales que ayudan al emprendedor, al ‘doer’, a conseguir un mejor dominio de sí mismo, de las propias emociones, del estrés, de las relaciones con clientes o colaboradores, jefes o subordinados. El objetivo, por tanto, de este neoliberalismo emocional, que algunos expertos denominan “neuroliberalismo”, es el refuerzo del yo, su mejor adaptación a la realidad competitiva. Saberes psicológicos, con un léxico especial, autores y autoras de referencia, métodos particulares, modos de argumentación de aspecto empírico y racional y un ingente negocio pseudoeducativo que se introduce en todos los campos de la educación.

La fuente de la eficacia está en el interior de uno mismo, asegura el “pensamiento positivo”. Los problemas, las dificultades, se convierten de este modo en una auto-exigencia, pero también en una auto-culpabilización, ya que somos los únicos responsables de lo que nos sucede. De hecho, las “crisis” se convierten en auténticas oportunidades de demostrar la valía personal y la capacidad de recuperación, como en los reality shows tipo “El jefe infiltrado” o “Pesadilla en la cocina”, o en los spots publicitarios. Nos envuelve y nos enseña a vivir la servidumbre como si fuera una actividad liberadora. La misión de la vida se convierte en tener “éxito” y demostrar constantemente que se ha triunfado; nada puede impedir conseguir los sueños; no hay excusas.

En un panorama laboral y social fragmentado y competitivo, con una precariedad que mantiene a la mayor parte de la población al borde del precipicio, la ideología de la automotivación, junto con el consumo de psicofármacos (su consumo se ha triplicado desde que comenzó la crisis), hace hoy la función de lo que ayer era el capataz que vigilaba el destajo en la fábrica. Hoy es el propio deseo, acoplado al deseo del capital, que, junto con el miedo a quedarse atrás y solo, coloniza la mente colectiva. Son “los juegos del hambre” revestidos con lenguaje de coaching.

Se busca así crear ciudadanía “liberada” de cualquier obligación moral vinculada al sentimiento de solidaridad colectiva. Como en las nuevas reformas laborales, donde es el trabajador o la trabajadora individualmente quien tiene que negociar con su empleador las condiciones de su contrato, eliminando el respaldo colectivo que se consiguió hace años a través de los sindicatos. Se trata de darles “opciones individuales” para que elijan. No se pretende pensar en el bien común, sino en la ventaja de la elección personal que se puede conseguir.

Bajo el pretexto de las “opciones en libertad”, el funcionamiento del sistema lo que tiende a generar es cálculo y egoísmo. Ya no se trata de mejorar lo colectivo con el esfuerzo común pensando en el bienestar de la comunidad, sino en la capacidad y el talento individual de elegir con acierto la mejor oportunidad para cada persona. Se ha impuesto socialmente así el principio ‘neodarwinista’ en esta competición a la que nos empujan constantemente para conseguir la mejor elección, donde “el ganador se lo lleva todo”.

Esta deriva neoliberal está corroyendo efectivamente los fundamentos del proyecto de educación pública entendida como un derecho básico y esencial desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida. Frente a la concepción de una educación pública como la garantía del derecho universal a la educación en condiciones de igualdad y democracia, dado que es la que más y mejor asegura la igualdad y la convivencia democrática de personas con distintas procedencias socio-culturales; y, por tanto, la que mejor contribuye a la equidad y la cohesión social. Se alza, ahora, un modelo educativo que, efectivamente, orienta a las personas a formarse bajo la presión de la competición, de acuerdo con los principios del cálculo del máximo interés individual: itinerarios, reválidas, rankings, selección, esfuerzo, excelencia, competitividad, rendimiento, etc., etc.

Así vemos, como un escaso contrato social, conseguido tras la segunda guerra mundial, con la lucha de la clase obrera, en una zona muy restringida de Europa, y durante un brevísimo período de tiempo, está siendo rescindido, sin siquiera preaviso. Están desapareciendo de forma fulgurante los mecanismos de protección colectiva, que denominamos Estado Social o de Bienestar, sin apenas alarma social o protestas colectivas significativas, dopados con el prozac y el fútbol televisado, asumiendo la precariedad y el saqueo como ritos habituales a los que hay que someterse para esperar un día quizá “prosperar” y enseñándonos de esta forma a asumir, incluso desear la servidumbre.

La corrosión del carácter se va instalando en nuestra conducta, al igual que se acomoda la impunidad en el imaginario colectivo, como línea inalterable de continuidad. Ya ni siquiera el horror del genocidio de los refugiados, o de la masacre continuada en Gaza, el Sáhara o Yemen, o la violación y asesinato constante de mujeres conmueven a una sociedad europea occidental, que vive para sí misma y sus deseos impulsados por la increíblemente lucrativa industria de la publicidad. Mientras la extrema derecha se asienta en los parlamentos de buena parte de la Unión Europea y se acuerda crear “guantánamos” como respuesta a la crisis de las personas refugiadas.

Para saber más: Díez Gutiérrez, E.J. (2018). Neoliberalismo Educativo. Barcelona: Octaedro.



Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, Coordinador del Área Federal de Educación de IU y miembro del Foro de Sevilla

martes, 17 de julio de 2018

Pedagogía del egoísmo y neoliberalismo emocional -1/3- (Enrique Díez para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Reproducimos este artículo publicado en ELDIARIODELAEDUCACION.COM

Un anuncio de la marca de tés Hornimans hace gala de anunciar un “nuevo movimiento: el yoismo”. Un movimiento sobre una supuesta fórmula de la felicidad que consistiría en “dejar de pensar tanto en todo, para pensar más en ti”. Es la reedición del también denominado “yoismo” de finales del XIX, antepasado de los actuales manuales de autoayuda, tan de moda en la época contemporánea, que procuran recetas para aprender a superar la crisis “cambiándote a ti mismo” y no las condiciones de explotación y alienación del entorno económico y social.

Este anuncio, como el de la conocida marca Ikea, “La República independiente de tu casa”, exaltan los valores esenciales del neoliberalismo emocional en el que nos están educando: “quiérete a ti mismo”, “practica el yoismo”, “cree en ti”, “no necesitas a nadie”, “estar solo es cool”, “vuela libre”. El contacto permanente y diario con slogans producidos por esta industria cultural neoliberal para justificar el actual capitalismo salvaje genera en el inconsciente colectivo el material suficiente que sirve de base y anclaje para la servidumbre voluntaria.

Se está produciendo así una suerte de revolución individualista que “normaliza”, naturaliza e incluso exalta las posiciones ideológicas del “egoísmo” como una virtud incluso. Entroniza el interés propio, la competitividad y el triunfo, como pasaporte al bienestar y la felicidad individual, en un contexto que define las relaciones humanas como jungla de lucha constante y selección darwinista. Toda posibilidad de proyecto comunitario, basado en los derechos humanos, la equidad y la justicia, queda desplazado o arrinconado en el imaginario de lo utópico o hipotético.

Está claro que no solo vivimos una guerra económica, donde el saqueo de los recursos colectivos se perpetra desde los cómodos despachos de Wall Street y el Ibex 35. Asistimos simultáneamente a una guerra ideológica, que impone imaginarios colectivos afines al pensamiento dominante. Y el papel de los sistemas educativos en la construcción de esta narrativa es determinante para el lobby neoliberal.

Han tardado años, han gastado miles de millones en promover su doctrina, pero cada céntimo ha valido la pena. Porque aplicaron la propuesta de Gramsci: si eran capaces de controlar la mente de la gente, su corazón y sus manos también serían suyos. De esta forma, el discurso neoliberal del egoísmo es visto actualmente como la condición natural y normal de la humanidad.

El neoliberalismo es, en esencia, un capitalismo sin contemplaciones. La expresión más reciente para describir la eterna lucha de clases de esa minoría que se ha enriquecido a costa de quienes mantienen constantemente sumidos en la pobreza hasta límites genocidas, con el agravante del “pillaje planetario” de las riquezas y los recursos de la naturaleza, del conocimiento compartido y del esfuerzo colectivo que son los “bienes comunes” de la humanidad.
Esta ideología se ha extendido como un virus por todos los rincones del planeta, imponiendo la adoración unánime de los valores de la sociedad neoliberal. Una monocultura que maneja las mismas informaciones y noticias en todas partes. Donde se ven las mismas películas, se conducen los mismos automóviles, se imponen las mismas modas, se escuchan las mismas canciones y se soportan los mismos anuncios publicitarios. En ellos se reflejan nuestros sueños y anhelos. Sus imágenes dominan los sueños, y los sueños determinan las acciones.

Pasado el tiempo de la conquista por la fuerza, llega la hora del control de las mentes y las esperanzas a través de la persuasión. La ‘McDonalización’ es más profunda y duradera en la medida en que el dominado es inconsciente de serlo. Razón por la cual, a largo plazo, para todo imperio que quiera perdurar, el gran desafío consiste en domesticar las almas.

La clase trabajadora nunca se hubiera “convertido” voluntariamente o espontáneamente al modelo neoliberal mediante la sola propaganda del modelo. Ha sido preciso pensar e instalar, “mediante una estrategia sin estrategias”, los mecanismos de educación del “espíritu”, de control del cuerpo, de organización del trabajo, de reposo y de ocio, basados en un nuevo ideal del ser humano.

El paso inicial consistió en inventar el “ser humano del cálculo” individualista, que busca el máximo interés individual, en un marco de relaciones interesadas y competitivas entre individuos, como base y normal esencial del modelo. Se asienta mediante un discurso que alega que la búsqueda del interés propio es la mejor forma mediante la que un individuo puede servir a la sociedad, donde el egoísmo es visto casi como una “norma y deber social” y las relaciones de competencia y mercado se naturalizan. La finalidad del ser humano se convierte en la voluntad de realizarse uno mismo frente a los demás. El efecto buscado en este nuevo sujeto es conseguir que cada persona considere que autorealizarse es intensificar su esfuerzo por ser lo más eficaz posible, como si ese afán fuera ordenado por el mandamiento imperioso de su propio deseo interior.

La empresa se convierte así, no sólo en un modelo general a imitar, sino que define una nueva ética neoliberal, cierto ethos emocional, que es preciso encarnar mediante un trabajo de vigilancia que se ejerce sobre uno mismo y que los procedimientos de evaluación se encargan de reforzar y verificar. De esta forma cada persona se ve compelida a concebirse a sí misma y a comportarse, en todas las dimensiones de su existencia, como portador de un talento-capital individual que debe saber revalorizar constantemente. El primer mandamiento de la ética del emprendedor es “ayúdate a ti mismo”. Y sus tablas de la ley se rigen por la competencia como el modo de conducta universal de toda persona, que debe buscar superar a los demás en el descubrimiento de nuevas oportunidades de ganancia y adelantarse a ellos. La gran innovación de la tecnología neoliberal consiste, precisamente, en la gubernamentalidad, vincular directamente la manera en que una persona “es gobernada” con la manera en que “se gobierna” a sí misma.

Elegir el centro educativo que más posibilidades le pueda ofrecer de “promocionar”; concebir la educación como una inversión que asegure un mejor futuro laboral y mejores puestos en la escala social; entender el aprendizaje como una constante competición por el éxito individual que marque la diferencia frente a los otros; cultivar el mito del éxito personal como resultado del talento-capital y el esfuerzo individual sin considerar las condiciones sociales y el entorno del que se parte ni el aprendizaje como un proceso compartido; exigir que se aparte y segregue cuanto antes a quienes se considera rivales y “perdedores” que dificultan el ascenso personal en esa competición constante; demandar rankings y clasificaciones que visibilicen quiénes son los ganadores y los perdedores de esta competición; etc., etc. Todo esto y mucho más son la plasmación de esa Pedagogía del egoísmo, eje emocional del neoliberalismo educativo.

Para saber más: Díez Gutiérrez, E.J. (2018). Neoliberalismo Educativo. Barcelona: Octaedro/El Diario de la Educación.

sábado, 17 de febrero de 2018

"Glosario para tiempos de posverdad educativa" (Julio Rogero y Jesús Rogero para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Hemos encontrado este artículo en ELDIARIODELAEDUCACION.COM

Cuando se atraviesa la superficie de algunos eslóganes y se analiza su verdadero significado, se hace patente hasta qué punto se están pervirtiendo ideas fundamentales.

En la actualidad proliferan políticas educativas que profundizan en la desigualdad, la segregación, la inequidad y la exclusión de buena parte del alumnado. Estas políticas vienen acompañadas de un discurso hegemónico tejido a base de eufemismos, posverdades y mentiras. Esta neolenguamonopoliza el debate educativo y domina el pensamiento para legitimar intereses que nada tienen que ver con el derecho a la educación. Este artículo pretende provocar la reflexión sobre esta amalgama de conceptos. Para ello, ofrecemos un glosario sobre qué esconden, desde nuestro punto de vista, algunos de estos eslóganes:

Autonomía de los centros. Conjunto de decisiones que la administración deja en manos de los directores. Lejos de dotar de autonomía a los centros, lo que verdaderamente se produce es la concentración del poder en la dirección, la eliminación de la participación del resto de la comunidad educativa, un excesivo papeleo y el sometimiento del proyecto educativo al control permanente por parte de la administración. Para nosotros, autonomía de centro es la que hace posible mantener un proyecto educativo y convivencial propio, democrático y adaptado a la realidad del alumnado.

Centro bilingüe en inglés. Centro educativo en el que algunas materias se imparten en inglés. Supone la falsa promesa de que el éxito escolar pasa, fundamentalmente, por conocer este idioma. En el actual modelo bilingüe de la Comunidad de Madrid se vulnera el derecho a la educación de parte del alumnado, pues solo sobrevive aquel que tiene un contexto familiar privilegiado y/o que puede pagarse apoyos extraescolares que le permitan no quedarse atrás. Además, conlleva la ruptura del principio de comprensividad, por el que la educación obligatoria debe fundamentarse en un programa unificado de aprendizaje. Desde nuestro punto de vista, urge apostar por modelos alternativos que permitan aprender idiomas a todo el alumnado, y que no sirvan como excusa para la exclusión ni como obstáculo para otros aprendizajes.

Centros de educación especial. Centros educativos que acogen al alumnado segregado de los centros ordinarios por su diversidad funcional. No confundir estos centros, como hizo el consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, con aquellos que desarrollan una educación inclusiva. La mayoría de los centros de educación especial realizan un excelente trabajo con su alumnado. Ello no es óbice para afirmar que su presencia refleja el fracaso del sistema educativo para garantizar el derecho de todo el alumnado a la educación inclusiva, un objetivo al que España se comprometió con su ratificación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en 2008.

Una verdadera educación inclusiva requiere que los centros y aulas acojan toda la diversidad del alumnado sin exclusión alguna y que cada niño/a cuente con los recursos necesarios para desarrollar al máximo sus capacidades.

Convivencia escolar. En la actualidad predomina un concepto reactivo de convivencia, que se centra en el acoso y que suele limitarse a la prescripción de sanciones. El discurso mayoritario no considera la convivencia como un objetivo educativo, sino como el mantenimiento del orden para hacer posible la excelencia de unos pocos. Se persigue, en última instancia, excluir a los que no se adaptan para que no perjudiquen a los que sí lo hacen.
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Generalmente, esta idea hegemónica de convivencia escolar se centra solo en un tipo de violencia y oculta aquella que implica someter al alumnado y al profesorado a los principios neoliberales de la competitividad, la obediencia y el éxito individual, y que naturaliza y legitima la exclusión del diferente, las desigualdades sociales, la precariedad, la inequidad educativa y la pasividad ante las injusticias.

Cultura del esfuerzo. Eslogan que promete que, si el alumno se esfuerza, tendrá éxito en la escuela y, después, en el mundo laboral; en cambio, si fracasa y no encuentra un trabajo a la altura de sus expectativas, el alumno será el único responsable porque no se habrá esforzado lo suficiente. Esta idea sirve como coartada para justificar los elevados e injustos niveles de repetición en nuestras escuelas e institutos, y también suele utilizarse como excusa para justificar metodologías docentes autoritarias y excluyentes. Estamos convencidos de que el esfuerzo, para que sea educativo, implica fomentar la responsabilidad, la exigencia y el rigor en los estudiantes, a partir de una cultura escolar que promueva la pasión por aprender y el disfrute por el conocimiento adquirido y por el desarrollo personal.

Emprendimiento. Idea que implica interiorizar que es necesario convertirse en empresarios de uno mismo, tomar iniciativas, proponer proyectos y ser creativos, con el único fin de mejorar la posición propia frente a la de los demás. Así se asume, íntimamente, que la trayectoria vital es responsabilidad exclusiva de uno mismo y que el triunfo en la vida pasa por el materialismo y por la competitividad. Es un concepto particularmente eficaz para ocultar que hay grandes desigualdades de partida y que, en un sistema competitivo, los más fuertes destruyen a los más débiles. No debe confundirse la idea del emprendimiento con fomentar la iniciativa, la auto-exigencia, la auto-crítica, la creatividad y la responsabilidad del alumno como valores fundamentales.

Excelencia. Eufemismo por el que se legitima que se otorguen más recursos educativos a los estudiantes que menos los necesitan. La palabra excelencia es utilizada con frecuencia para justificar políticas educativas de inequidad.

Innovación educativa. Cuando se habla de innovación educativa, en muchos casos se quiere decir que hay que adaptar la pedagogía a las demandas de los clientes-padres-empresas y no al servicio del derecho a una educación de calidad para toda la infancia. La innovación educativa sirve para referirse, indistintamente, a metodologías docentes novedosas y a metodologías que llevan aplicándose más de un siglo. Eso sí, todo aliñado con muchas TICs y mucho inglés. Desde nuestro punto de vista, transformar la educación requiere no sólo innovaciones técnicas y parciales, sino una revisión a fondo del modelo educativo y apostar en el sentido de los procesos emancipatorios de las personas. Ello exige incorporar metodologías verdaderamente inclusivas, que respeten los diferentes ritmos de aprendizaje y con dotación suficiente de medios para garantizar su eficacia.

Libertad de elección. Políticas educativas que potencian que los centros, públicos y privados, compitan por atraer como cliente al alumnado más favorecido socio-económicamente. Así es como los centros seleccionan y excluyen a parte del alumnado y/o como las familias “eligen” centro en función de sus recursos económicos, de su capital cultural, de la diversidad funcional de sus hijos o de su sexo. La libertad de elección implica dos falsas premisas: primero, que es positivo que las familias rivalicen para que sus hijos/as acudan a determinados colegios; y segundo, que todas las familias tienen las mismas oportunidades de elegir. Generalmente, la libertad de elección favorece la segregación, la exclusión educativa, la desigualdad, protege intereses privados (de las empresas y de la Iglesia) y empeora la calidad educativa. Este eslogan pervierte la idea de libertad. La verdadera libertad educativa implicaría que toda la infancia tuviera la posibilidad de acceder a un centro de la máxima calidad en su entorno.
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Pacto educativo. Proceso socio-político a través del cual se pretenden legitimar y apuntalar las políticas educativas más conservadoras: la privatización (una escuela pública subsidiaria respecto a la privada), la exclusión, el poder del empresariado y de la Iglesia en la educación, y una orientación obsesiva del sistema hacia el mercado y no hacia la construcción de una ciudadanía crítica, responsable y solidaria. Por el momento, el pacto educativo y el aparataje mediático que le rodea están sirviendo de manera eficaz para aparcar problemas acuciantes de la educación y para seguir desarrollando las políticas plasmadas en una ley que fue impuesta sin diálogo alguno. Un pacto social y educativo implica, entre otras cosas, voluntad política de diálogo, transparencia, apertura al debate, protagonismo de la sociedad, flexibilidad y medios para hacerlo efectivo.

Pruebas externas. Examen gestionado por agentes (frecuentemente, privados) desconocedores de la situación y progreso educativo del alumnado en un contexto determinado. Con frecuencia, los resultados de estas pruebas son utilizados para hacer rankings que, al ser conocidos solo por las familias con más capital cultural, potencian la segregación escolar, la exclusión educativa y estigmatizan a los centros. Las pruebas externas son, en la actualidad, un freno para la mejora educativa y un despilfarro de recursos; es necesario sustituirlas por evaluaciones de diagnóstico (rigurosas y sin la publicación de resultados por centro) que sirvan a la administración, a los investigadores y a los centros para identificar problemas, diseñar soluciones y distribuir los recursos bajo principios de equidad.

Rendición de cuentas. Procesos burocráticos propios del sector privado por los que se controla que los componentes del sistema educativo no se desvían de las pautas dictadas desde la administración. De manera llamativa, la idea derendición de cuentas se aplica exclusivamente a los centros educativos, pero no al sistema en su conjunto. Esta idea es particularmente eficaz para trasladar la responsabilidad de los problemas a los docentes y para soslayar la escasez e injusta distribución de recursos y las diferencias en la composición del alumnado de los centros. Una verdadera rendición de cuentas implicaría analizar en qué medida el sistema garantiza el derecho a una educación de calidad a todo el alumnado y contribuye a construir una sociedad más responsable, cívica, igualitaria y cohesionada.

Somos conscientes de que este glosario podría ser más amplio y es susceptible de discusión y matizaciones. En cualquier caso, cuando se atraviesa la superficie de algunos eslóganes y se analiza su verdadero significado, se hace patente hasta qué punto se están pervirtiendo ideas fundamentales. No nos están arrebatando solo la esencia del derecho a la educación, sino también el sentido de las palabras. Recuperémoslas.

sábado, 17 de junio de 2017

"Hay vida e innovación más allá del neoliberalismo" (Jaume Carbonell para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Reproducimos este artículo publicado en ELDIARIODELAEDUCACION.ES



No hay duda que el neoliberalismo penetra con fuerza en la educación. Los postulados de Hayek y Friedman -por citar a dos de sus principales teóricos- encontraron un sólido acomodo en las políticas de R.Reagan y M.Thatcher en la década de los 80. A partir de ahí fue extendiéndose como una mancha de aceite tanto en Europa como en Latinoamérica, fusionándose con el pensamiento conservador y penetrando en los programas y gobiernos socialdemócratas, bajo el amparo de la globalización y diversas instituciones internacionales. La premisa nuclear se repite en todas partes: menos Estado y más mercado, lo que supone desactivar las políticas e inversiones públicas en beneficio de la desregulación y de los diversos procesos directos y encubiertos de privatización. Así, el derecho a una educación de calidad para toda la población se convierte en un bien de consumo de acceso diferenciado en función de la clase social. De ese modo el sistema educativo, investida de una renovada conceptualización y fraseología tan atractiva como engañosa, se supedita unidimensionalmente a los intereses del mercado -para ser más precisos, a las necesidades de un sistema del nuevo capitalismo rentista cada vez más injusto y voraz- en prejuicio de la necesaria transformación social y del desarrollo integral de los seres humanos.

Los libros de P.Carrera y E.Luque “Nos quieren más tontos” (La escuela según la economía neoliberal, Madrid, El Viejo Topo, 2016); y de C.Fernández Liria, O.García Fernández y E.Galindo “Escuela o barbarie” (entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda (Madrid, Akal, 2017), explican con toda suerte de argumentos cómo opera el discurso neoliberal en el sistema educativo, con algunos elementos novedosos e incisivos y novedosos –sobre todo los relativos al lugar de los organismos internacionales y a la situación de la universidad- y otros ya muy manudos y mejor contados. Pero el motivo de elegir estas dos obras no es para comentar, matizar o dialogar en torno a las esencias del neoliberalismo, sino para poner de relieve su rechazo radical y delirante (eso sí lo es y no lo que le atribuyen a la izquierda como señala el subtítulo del segundo) a la pedagogía, y su discurso profundamente conservador en torno a la escuela: algo que reconoce sin tapujos el segundo: la escuela pública debe cambiar lo menos posible. “No cabe otra opción que la de estar contra el futuro, contra los retos, contra los desafíos”.

La tesis de estos autores es tan simplista como contundente: toda la innovación educativa está inspirada y controlada por el neoliberalismo. Y sostiene que el progresismo pedagógico y la izquierda le siguen el juego (también las trayectorias de los autores parten de posiciones políticas, que no educativas y pedagógicas, de izquierda. Los palos se los reparten, entre otros, A.Garzón y E.Díez, de Izquierda Unida, por su texto “La educación que necesitamos” y el Foro de Sevilla -un amplia plataforma de actores sociales y educativos comprometidos con la defensa de la escuela pública- por su “Documento de Bases para una nueva Ley de Educación”, porque estiman que, con sus apuestas metodológicas y democráticas, flirtean y caen en los tentáculos del Dios Mercado que todo lo engulle.

¿Cuáles son los demonios más temidos a combatir de esta innovación educativa? He aquí algunos de ellos tal como son formulados y que, con mayor o menor énfasis, están presentes en los dos libros. 1. El olvido de los contendidos y la degradación del conocimiento y la cultura que han dejado de considerarse útiles para pasar a ser “rarezas” minoritarias: “el saber y el conocimiento se han convertido en algo obsoleto”. Es lo que definen como la escuela de la ignorancia que no hace otra cosa que descender de manera imparable el nivel educativo. Recomiendo acudir al libro de C.Baudelot y R.Establet “El nivel educativo sube” (Madrid, Morata, 1998), y a un montón de investigaciones y evidencias actuales para refutar esta afirmación tan falsa como extendida. 2. La insistencia en negar la importancia que se le concede al método, como si éste no tuviera nada que ver con lo que se enseña y aprende para afianzar mejor la adquisición del conocimiento. Ambas obras són pródigas en disociaciones nada dialécticas. Y aquí la palma se lo lleva el Aprendizaje Basado en Proyectos. “Nuestra tesis es que el ABP no es un método más sino “el método” de la escuela neoliberal….. Es el aprendizaje-servicio, o la reconversión de la escuela en el supermercado de las empresas”. Y la colaboración y cooperación que ello conlleva no es más que un subterfugio (mecanismo) para el adiestramiento de destrezas y habilidades para llegar a ser más productivos en el mercado de trabajo en clave competitiva El segundo libro le dedica un capítulo entero). 3. El aprendizaje a lo largo de la vida. Es cierto que muchos organismos internacionales y empresas lo pregonan a bombo y platillo para ir recalificando la mano de obra ¡Y no es conveniente que así sea aunque bajo nuevos supuestos formativos! Además, esta formación permanente o aprendizaje ininterrumpido es también un derecho histórico por el que han luchado ininterrumpidamente las clases populares y una necesidad actual para el empoderamiento cultural y político de la ciudadanía. El reto es su grado de equidad para que llegue a toda la población. 4. La supeditación exclusiva al mercado. Es obvio que la educación adquiere una dimensión cultural, social y humanamente más amplia, pero aquí la pregunta pertinente es: ¿No hay que formar también para el trabajo, para empoderar a los futuros trabajadores en otras lógicas productivas ligadas a la economía social colaborativa y al desarrollo sostenible? El 15-M, precisamente, afianzó y propagó estas nuevas formas de trabajo más cooperativas y horizontales. ¿Y acaso no es lo que han planteado históricamente los socialistas utópicos, los anarquistas y los marxistas, ciertamente con fracasos llamativos pero también con algunas experiencias solidariamente exitosas y transformadoras, lamentablemente demasiado efímeras por circunstancias que ahora no vienen al caso? 5. La participación democrática de la comunidad. Se parte de una visión muy estatalista y centralizada, ignorando el peso determinante de los municipios y otros procesos comunitarios, de mayor proximidad, en la transformación social y política. Por eso se considera que los procesos de amplia participación democrática, con el concurso de diversos actores sociales, constituyen vías abiertas al modelo de gestión empresarial. Y 6. El desprecio absoluto hacia la pedagogía y, sobre todo, hacia los pedagogos, considerados los causantes de todos los males y desgracias educativas, como si todos ellos fueran clónicos, cortados por el mismo patrón. Porque, más allá del debate que se plantea acerca de su carácter científico, algún aporte teórico habrá que reconocerlos cuando hay sectores del profesorado que dicen alimentarse del saber de algunos pedagogos -aunque sean pocos- y reclaman una mayor relación teoría-práctica, a pesar de las Facultades de Educación que, en efecto, requieren una reconversión radical (aunque algunos de estos autores preferirían su extinción sin más).

Es evidente, tal como se critica desde los propios sectores innovadores que apuestan tanto por la renovación de métodos y contenidos como por una escuela pública más democrática y equitativa, que bajo el paraguas de la innovación se cobijan discursos y prácticas muy heterogéneas, algunas muy elitistas, de una gran banalidad o movidas por un activismo sin ton ni son. También lo es que el capitalismo, en sus distintas fases y versiones, siempre ha mostrado una gran capacidad a la hora de apropiarse, tergiversar y vaciar de contendido muchas conceptualizaciones y avances educativos y pedagógicos, algunos de carácter inequívocamente revolucionarios. Pero los autores de estas obras eluden, consciente o inconscientemente, los grandes relatos pedagógicos que han cuestionando el sentido, la función y la gramática de la escuela, y el qué y el cómo de lo que en ella se enseña, introduciendo un conocimiento más sólido, democrático, actualizado y emancipador. Relatos que no están pensando en el mercado sino en la vida, no en una masa de productores anónimos sino en la formación de sujetos libres y críticos. Pongamos que hablamos de los Freinet, Dewey -de quien se hace una lectura muy restrictiva-, Freire y Milani. De sus múltiples seguidores anónimos y de otros muchos maestros que, por caminos diversos, no solo resisten, descodifican, desmontan y neutralizan los embates del neoliberalismo, sino que construyen con muchísimo esfuerzo -sí, porque las pedagogías innovadoras lo requieren más que las tradicionales y conservadoras- una escuela pública, más pegada a la realidad y donde todo el alumnado sin exclusión aprenda más y mejor. En cierto modo, se conecta con la mejor tradición de la II República, algo que también se reivindica en el segundo libre, aunque se ignora que la firme apuesta por la educación pública, -como así lo atestiguan numerosos textos, experiencias y testimonios- fue siempre de la mano de la renovación pedagógica y de la formación del profesorado. Por ello se habla de la edad de oro de la pedagogía.

Hasta aquí algunas pinceladas, conscientes que por razones de espacio no abordamos otras cuestiones: algunas muy bien tratadas y otras igualmente simplistas. No obstante, sería conveniente que alguien que dispusiera de tiempo y humor -no es mi caso- pudiera responder con otro libro a la cantidad de simplificaciones, inexactitudes y delirios, con argumentos y evidencias contrastadas, más allá de las experiencias y anécdotas personales. Lo tendría fácil para rebatir el conjunto de argumentos tan endebles de esta otra izquierda que en el terreno educativo y pedagógico propone un discurso muy trasnochado y conservador.