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viernes, 24 de octubre de 2025
Marea Palestina: la Educación contra el genocidio (enlaces)
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sábado, 4 de noviembre de 2023
Por los Derechos Humanos y la Paz -> 5-11-2023: Manifestación “Vallekas con Palestina. Alto al genocidio (12:00 h., Metro Buenos Aires - Junta Municipal de Puente de Vallecas). Convoca:
La Plataforma de Vallekas por la Escuela Pública nos envía este correo:
La Plataforma de Vallekas por la Escuela Pública se suma a las entidades y personas de nuestros distritos, que preocupados/as y alarmadas/os por la situación en Palestina, Gaza y Cisjordania; creemos que hay que tomar medidas contundentes para evitar el genocidio.
Se ha constituído la ASAMBLEA VALLEKANA por PALESTINA, y desde aquí se convoca una MANIFESTACIÓN el próximo 5 de noviembre, a las 12h, desde el metro de Buenos Aires hasta la Junta Municipal de Puente de Vallecas.
Saludos
Plataforma por la Escuela Pública de Vallecas
Twiter: @EscPublicaVK
Instagram: @escpublicavk
Entradas relacionadas:
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miércoles, 9 de diciembre de 2020
19 y 20-12-2020: Recogida solidaria de juguetes y material escolar (de 10 a 13h y de 16 a 19h., en C/Almansa 22).
La Plataforma Tetuán por la Educación Pública nos envía este correo:
Buenos días
En estas dos semanas que quedan vamos a ver si podemos darle una buena difusión para recoger dinero, juguetes y material escolar.
Buenos días
En estas dos semanas que quedan vamos a ver si podemos darle una buena difusión para recoger dinero, juguetes y material escolar.
Aportaciones económicas: hasta el 20 de diciembre en
Nº de cuenta (Open Bank): IBAN ES92 0073 0100 5306 1896 6813
A nombre de ANGEL LUIS BARON CRESPO.
Indicar nombre y motivo de la transferencia: Material escolar
Información en nuestra web:
Tetuán por la Educación Pública
miércoles, 20 de mayo de 2020
Proyectos solidarios en Tetuán. Grupo de apoyo a los centros educativos de Tetuán (Plataforma Tetuán por la Educación Pública)
En la labor de apoyo a los centros educativos en los que participamos varias personas de nuestra plataforma, ofrecemos dos tipos de ayudas: entrega y recogida de tareas escolares y préstamo/donación de dispositivos electrónicos.
Si conocéis alguna familia cuya hija/hijo se haya quedado descolgada, por favor que se ponga en contacto con su colegio o escriba directamente a apoyoeducativotetuan@gmail. com
Por otra parte se adjunta información para su difusión y ayuda del Proyecto "Despensa Solidaria " de nuestro distrito y enlace al cartel.
Plataforma Tetuán por la Educación Pública
domingo, 26 de abril de 2020
"Educación lenta: menos, es más" (Enrique Díez para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)
Reproducimos este artículo de ELDIARIODELAEDUCACION.COM
En este tiempo de coronavirus y encierro, en donde a veces parece como si “perder clases”, en estos meses de estado de alarma, implicara que nos estamos jugando el futuro educativo de las próximas generaciones, quizás sea el momento para retomar y replantearnos un modelo de “educación lenta”.
Entroncada con la filosofía del decrecimiento se plantea la slow education (1). Una filosofía de la educación donde se prima el proceso de aprendizaje, se centra el esfuerzo en facilitar las estrategias para la reflexión crítica, el análisis en profundidad y se tienen en cuenta los distintos ritmos de maduración; frente al modelo tradicional de primar los resultados, memorizar para continuos exámenes y avanzar en el temario acumulando contenidos.
La educación es un proceso a largo plazo. Los autores de Elogio de la educación lenta (Joan Doménech) o La pedagogía del caracol (Gianfranco Zavalloni), nos recuerdan la imperiosa necesidad de parar los pies a las prisas y la intensificación del trabajo, a las presiones y el estrés, que son contraproducentes para cualquier proceso de aprendizaje en profundidad. Nos piden recuperar el tiempo de aprender con profundidad y con sentido, retomar un ritmo más pausado de aprendizaje. Sobre todo, en un momento de crisis como éste, donde el alumnado quizá necesita mucho más del acompañamiento y el cuidado, y la posibilidad de reflexionar sobre la experiencia que están viviendo, cómo le ha impactado a cada uno, a sus familias, a su entorno y a su barrio o su pueblo. Y los adultos debemos aprender a “perder el tiempo” en escucharles y acompañarles.
Más contenidos no es sinónimo de mejor educación. Por eso debemos cuestionar la intensificación del trabajo escolar. Desocupar el tiempo de tantos deberes (las investigaciones señalan que hacer más deberes no necesariamente mejora el rendimiento académico) y actividades a veces repetitivas, en bastantes casos ligadas a contenidos y conocimientos desvinculados y fragmentados, que provocan aprendizajes efímeros. Replantear el currículum sobrecargado de temas y contenidos, para centrarse en lo realmente sustantivo, los aprendizajes comunes y básicos que realmente deben ser comprendidos y adquiridos por todo el alumnado. Haciendo una propuesta con sentido común, frente a esta ola, cada vez más acuciante, de teaching for test, que exige centrar la docencia en la preparación y “entrenamiento” para superar reválidas, exámenes y evaluaciones estandarizadas y obtener resultados que sitúen al centro en lo alto de los rankings escolares.
Quizás, entonces, se podría tener tiempo para trabajar más reposadamente, más profundamente, destinando tiempo a la reflexión, a la lectura, a la contemplación, al disfrute, a la relación. Para organizar el proceso de enseñanza-aprendizaje adecuado a los ritmos de un alumnado diverso, pudiendo llevar a cabo una auténtica “educación lenta y serena”, que cuestione la cultura de la cantidad y de la acumulación. Disfrutar de un tiempo pausado y sensible en el que más que aprendan muchas cosas, las aprendan bien.
También para reconquistar el tiempo personal, y poder dedicarlo a otras actividades, que implican no solo aprendizajes valiosos sino que nos ayudan a realizarnos: la solidaridad con los vecinos y vecinas que no pueden salir de casa, el desarrollo del lenguaje y la comunicación con quienes viven el confinamiento solos, recuperar los espacios del hogar como áreas de experimentación “científica” (cocina, plancha, lavadora) y compartir las tareas de forma igualitaria, analizar la realidad que están viviendo y las noticias que ven, el desarrollo de actividades culturales (estos días a distancia), el compromiso con los movimientos sociales (en las redes durante este confinamiento), o incluso simplemente “mirar por la ventana y ver las nubes en el cielo”, como dice Zavalloni.
Menos, es más, nos dice la educación lenta. Por eso, para poder llevar a cabo una educación lenta, más reposada, más inclusiva, donde se pueda personalizar más el proceso de aprendizaje, garantizando un currículo común, y sea posible atender más a la diversidad de forma inclusiva, es necesaria menos ratio, menos número de alumnado por profesor. Tras una larga etapa de recortes de profesorado y de sus condiciones laborales y profesionales, es el momento para apostar de forma decidida por un modelo de educación pública inclusiva y lenta, con los recursos suficientes para que éste modelo se pueda llevar a cabo.
Debemos aprender de este tiempo de crisis. No solo aprender que hemos de educar y apostar socialmente por el apoyo mutuo, el valor de lo común, de la solidaridad y los cuidados, frente al dogma neoliberal del capitalismo. Ciertamente es crucial aprender que el capitalismo neoliberal es la pandemia subyacente que hemos de superar, como explican los filósofos Slavoj Zizek, Byung-Chul Han o el pedagogo Henry Giroux, analizando su ideología virulenta de competitividad extrema y egoísmo irracional. Pero, si realmente no queremos que nadie quede atrás, también en educación, debemos aprender también de la experiencia educativa que hemos vivido en esta crisis del coronavirus.
Franco «Bifo» Berardi, en su Crónica de la psicodeflación, constata que “podríamos salir de esta situación imaginando una posibilidad que hasta ayer parecía impensable: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma del crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, en educación, en salud”. En nuestras manos está.
(1) Maurice Holt fue el principal impulsor de la slow education en Europa, a partir de la publicación, en 2002, de su artículo-manifiesto titulado: It’s Time to Start the Slow School Movement, en la revista Phi Delta Kappan.
Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, miembro del Foro de Sevilla y de Uni-Digna.
En este tiempo de coronavirus y encierro, en donde a veces parece como si “perder clases”, en estos meses de estado de alarma, implicara que nos estamos jugando el futuro educativo de las próximas generaciones, quizás sea el momento para retomar y replantearnos un modelo de “educación lenta”.
Entroncada con la filosofía del decrecimiento se plantea la slow education (1). Una filosofía de la educación donde se prima el proceso de aprendizaje, se centra el esfuerzo en facilitar las estrategias para la reflexión crítica, el análisis en profundidad y se tienen en cuenta los distintos ritmos de maduración; frente al modelo tradicional de primar los resultados, memorizar para continuos exámenes y avanzar en el temario acumulando contenidos.
La educación es un proceso a largo plazo. Los autores de Elogio de la educación lenta (Joan Doménech) o La pedagogía del caracol (Gianfranco Zavalloni), nos recuerdan la imperiosa necesidad de parar los pies a las prisas y la intensificación del trabajo, a las presiones y el estrés, que son contraproducentes para cualquier proceso de aprendizaje en profundidad. Nos piden recuperar el tiempo de aprender con profundidad y con sentido, retomar un ritmo más pausado de aprendizaje. Sobre todo, en un momento de crisis como éste, donde el alumnado quizá necesita mucho más del acompañamiento y el cuidado, y la posibilidad de reflexionar sobre la experiencia que están viviendo, cómo le ha impactado a cada uno, a sus familias, a su entorno y a su barrio o su pueblo. Y los adultos debemos aprender a “perder el tiempo” en escucharles y acompañarles.
Más contenidos no es sinónimo de mejor educación. Por eso debemos cuestionar la intensificación del trabajo escolar. Desocupar el tiempo de tantos deberes (las investigaciones señalan que hacer más deberes no necesariamente mejora el rendimiento académico) y actividades a veces repetitivas, en bastantes casos ligadas a contenidos y conocimientos desvinculados y fragmentados, que provocan aprendizajes efímeros. Replantear el currículum sobrecargado de temas y contenidos, para centrarse en lo realmente sustantivo, los aprendizajes comunes y básicos que realmente deben ser comprendidos y adquiridos por todo el alumnado. Haciendo una propuesta con sentido común, frente a esta ola, cada vez más acuciante, de teaching for test, que exige centrar la docencia en la preparación y “entrenamiento” para superar reválidas, exámenes y evaluaciones estandarizadas y obtener resultados que sitúen al centro en lo alto de los rankings escolares.
Quizás, entonces, se podría tener tiempo para trabajar más reposadamente, más profundamente, destinando tiempo a la reflexión, a la lectura, a la contemplación, al disfrute, a la relación. Para organizar el proceso de enseñanza-aprendizaje adecuado a los ritmos de un alumnado diverso, pudiendo llevar a cabo una auténtica “educación lenta y serena”, que cuestione la cultura de la cantidad y de la acumulación. Disfrutar de un tiempo pausado y sensible en el que más que aprendan muchas cosas, las aprendan bien.
También para reconquistar el tiempo personal, y poder dedicarlo a otras actividades, que implican no solo aprendizajes valiosos sino que nos ayudan a realizarnos: la solidaridad con los vecinos y vecinas que no pueden salir de casa, el desarrollo del lenguaje y la comunicación con quienes viven el confinamiento solos, recuperar los espacios del hogar como áreas de experimentación “científica” (cocina, plancha, lavadora) y compartir las tareas de forma igualitaria, analizar la realidad que están viviendo y las noticias que ven, el desarrollo de actividades culturales (estos días a distancia), el compromiso con los movimientos sociales (en las redes durante este confinamiento), o incluso simplemente “mirar por la ventana y ver las nubes en el cielo”, como dice Zavalloni.
Menos, es más, nos dice la educación lenta. Por eso, para poder llevar a cabo una educación lenta, más reposada, más inclusiva, donde se pueda personalizar más el proceso de aprendizaje, garantizando un currículo común, y sea posible atender más a la diversidad de forma inclusiva, es necesaria menos ratio, menos número de alumnado por profesor. Tras una larga etapa de recortes de profesorado y de sus condiciones laborales y profesionales, es el momento para apostar de forma decidida por un modelo de educación pública inclusiva y lenta, con los recursos suficientes para que éste modelo se pueda llevar a cabo.
Debemos aprender de este tiempo de crisis. No solo aprender que hemos de educar y apostar socialmente por el apoyo mutuo, el valor de lo común, de la solidaridad y los cuidados, frente al dogma neoliberal del capitalismo. Ciertamente es crucial aprender que el capitalismo neoliberal es la pandemia subyacente que hemos de superar, como explican los filósofos Slavoj Zizek, Byung-Chul Han o el pedagogo Henry Giroux, analizando su ideología virulenta de competitividad extrema y egoísmo irracional. Pero, si realmente no queremos que nadie quede atrás, también en educación, debemos aprender también de la experiencia educativa que hemos vivido en esta crisis del coronavirus.
Franco «Bifo» Berardi, en su Crónica de la psicodeflación, constata que “podríamos salir de esta situación imaginando una posibilidad que hasta ayer parecía impensable: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma del crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, en educación, en salud”. En nuestras manos está.
(1) Maurice Holt fue el principal impulsor de la slow education en Europa, a partir de la publicación, en 2002, de su artículo-manifiesto titulado: It’s Time to Start the Slow School Movement, en la revista Phi Delta Kappan.
Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, miembro del Foro de Sevilla y de Uni-Digna.
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jueves, 9 de abril de 2020
"¿Aprenderemos algo? Reflexiones para después de la pandemia" (Agustín Moreno para Cuarto Poder)
Artículo de Agustín Moreno para cuartopoder.es
- "La gran cuestión es si volveremos o no al mismo tipo de vida, al mismo modelo productivo y mercado de trabajo precario, al mismo modelo de sociedad desigual"
- "Si no somos capaces de sacar algunas enseñanzas básicas de esta crisis donde se ha evidenciado que lo importante es la vida y la salud, no tenemos arreglo como especie"
- "La principal lección de la crisis es que hay que cambiar las prioridades a partir de la respuesta objetiva a la pregunta ¿qué es lo realmente importante para la Humanidad?"
8-4-2020
“La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no pasa y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan. Nuestros conciudadanos continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas”.
La peste, de Albert Camus
Cuando todo esto acabe… Una de las preguntas más repetidas es ¿volveremos a las andadas o seremos capaces de aprender algo? Está claro que nos costará superar la crisis del coronavirus. Pero lo lograremos, aunque con un alto coste en muchos terrenos: vidas, empleos, pérdidas económicas, retrocesos en bienestar social, y toneladas de angustia y miedo. La gran cuestión es si volveremos o no al mismo tipo de vida, al mismo modelo productivo y a un mercado de trabajo precario, al mismo modelo de sociedad desigual, al ruido y a las prisas para encaminarnos hacia el abismo medioambiental.
A un consumismo demencial y antiecológico, a la superficialidad de las relaciones humanas, al embrutecimiento personal en trabajos alienantes. Los clásicos del movimiento obrero ya planteaban el dilema ”Socialismo o barbarie”, que sigue siendo válido, pero que hoy se traduce también, como diría Murray Bookchin, en Ecología o catástrofe (Virus, 2017) (NOTA 1). Porque si no somos capaces de sacar algunas enseñanzas básicas de esta crisis donde se ha evidenciado que lo importante es la vida y la salud, es que no tenemos arreglo como especie. Voy a señalar algunas de ellas.
- Lo realmente importante es la vida y la salud. Por ello ha sido repugnante la actitud de los conspicuos neoliberales Trump, Johnson y Bolsonaros que han antepuesto economía a vida. Estamos viendo cómo se pierden vidas a chorro cada día, sin que seamos capaces de evitarlo, con una sanidad y unos profesionales desbordados y con la investigación reducida al mínimo cuando más se la necesita por aquello de que “sin ciencia no hay futuro”. Todas las vidas son igual de valiosas y, en ese sentido, no lo son menos las de las personas mayores a las que, desde una lógica productivista, parecería que se las da por amortizadas. Más bien al contrario, ellas que han sido las principales víctimas, son la memoria y la experiencia acumulada de nuestras sociedades, los referentes en cada familia, en las comunidades. El mejor tributo hacia ellos es que la dependencia sea un derecho subjetivo y que la atención a nuestros mayores se haga desde el sector público. Solo la apuesta por el bien común, la ciencia y la investigación, y la planificación pública puede asegurar soluciones para las situaciones de emergencia con más salud pública y una mayor equidad social.
- Los servicios públicos son esenciales para la comunidad. Esta crisis ha demostrado lo imprescindible que es la sanidad pública y sus trabajadores. Los sanitarios se han enfrentado a la pandemia del COVID-19 haciendo mucho más de lo que les correspondía, sin medios suficientes, arriesgando con ello su vida, intentando suplir con su esfuerzo y entrega los recortes que ha sufrido la sanidad pública; olvidando generosamente la precariedad en la que muchos realizan su labor y que ha llevado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea a recriminar a España (NOTA 2). La epidemia ha retratado a nuestro sistema sanitario, que no es tan maravilloso como creíamos, después de los recortes y privatizaciones aplicados, y así lo expresa el bajo dato de camas (y de camas UCI) frente a las de Alemania o el estar a la cola de la UE en gasto sanitario público (NOTA 3). Por ello la conclusión es evidente: la Sanidad tiene que ser Pública y no debe estar sometida a recortes, a privatizaciones y sus trabajadores a la precariedad. Y habrá que tener en cuenta, a la hora de votar, qué partidos políticos se han dedicado a mutilar la sanidad pública y la han puesto contra las cuerdas.
Es necesario un potente Estado de Bienestar y una política fiscal que asegure progresividad y suficiencia para su financiación y un reconocimiento social de la Función Pública. Hay que agradecer su contribución a los servicios sociales, a los trabajadores de las residencias de mayores, a las fuerzas de seguridad del Estado, al personal de las tiendas de alimentación, de las farmacias, de los transportes, a los agricultores… a todos los que garantizan que siga la vida y son imprescindibles para la comunidad.
- La educación es un bien mayor a proteger. La reclusión de 8 millones de niños y niñas en su casa ha puesto a prueba las relaciones familiares y ha producido que se valorara más la función de la educación. “No entiendo por qué pagan tan poco al profesorado”, decía una madre. Algunos padres también se han agobiado y darían lo que fuera por poderles sacar fuera de casa. Menos mal que la capacidad de adaptación de los niños, el buen trabajo de los progenitores y consejos como los que daba el pedagogo Francesco Tonucci (NOTA 4) han ayudado en el confinamiento y son absolutamente validos en todo momento y circunstancia. También se ha puesto a prueba la posibilidad de seguir enseñando online. El profesorado y los centros han hecho un esfuerzo enorme para intentar asegurarlo; aunque sea un parche, porque la educación requiere de contacto, relación directa y afecto, ya que sin ellos es más difícil que se produzca el aprendizaje. Esta situación ha puesto de manifiesto la brecha digital que hay en los hogares españoles y que refleja la desigualdad social.
- Se puede vivir mejor con menos. En estas semanas de confinamiento hemos sido capaces de prescindir de muchas cosas, la mayoría superfluas, y hemos aprendido otras más importantes. Que se puede pasar el día intentando resolver aquello que dejamos a medias, cumpliendo deseos eternamente aplazados, leer y disfrutar de la cultura hasta lograr romper los estrechos marcos de nuestras casas para transportarnos lejos, muy lejos. Que el placer de compartir conversación, sinceridad, emociones nos enriquece. Que se puede comer bien y de manera saludable y más barata echándole imaginación y cooperando en los fogones. Muchas personas han podido constatar que no echan de menos muchas rutinas consumistas y aditivas que se practican a diario y, en este sentido, un buen ejercicio es hacer una lista de cosas prescindibles. Quizá el decrecimiento es algo así, y no tan difícil. Decía Pascal que “todas las desgracias del hombre se derivan de no saber estar tranquilamente sentado y solo en una habitación”. Quizá ese es el aprendizaje principal que hay que hacer construyendo otro orden de valores éticos, culturales, productivos y de consumo; consiguiendo derechos de ciudadanía como una renta básica universal (NOTA 5), otro modelo de trabajo y un red de cobertura social que proteja a la población.
- El valor de lo común, de la solidaridad y los cuidados mutuos. Las situaciones límite sacan lo mejor y lo peor del ser humano. De lo peor ha habido una serie de actuaciones como la desleal oposición de una (ultra)derecha que si no está en el poder considera unos intrusos a los que gobiernan; la especulación, el egoísmo individualista y la estupidez. Pero han sido muchos los hechos donde ha prevalecido la generosidad, la entrega, la profesionalidad, etc. Ya hemos hablado de una serie de colectivos que han tenido una labor encomiable. Quería por ello resaltar las pequeñas acciones que pasan más desapercibidas pero que son la base de los cuidados de unos a los otros. Por citar un solo ejemplo de los que ha habido: en el madrileño barrio de Vallecas ha funcionado una red vecinal de apoyo a toda persona que lo necesitase durante la crisis del coronavirus; sus objetivos se definían en su nombre: Somos Tribu, Plataforma de Solidaridad y Apoyo Mutuo. Ha habido muchas otras (NOTA 6) y habrá que consolidar las respuestas comunitarias.
La solidaridad debe darse entre personas y entre países e instituciones. Si, por ejemplo, la Unión Europea no es capaz de estar a la altura de las circunstancias con unos coronabonos sin condiciones de austeridad, es muy probable que entre en crisis como proyecto colectivo; o si no se aplican medidas de carácter socialista para hacer frente a la crisis económica y proteger a la gente. Quizá esta es la lección más convincente: la toma de conciencia de la fragilidad y la interdependencia de los seres humanos, que los unos sin los otros no somos nada y porque solo cuando Kropotkin se impone a Darwin está nuestra supervivencia asegurada.
- Aplicar estas lecciones ante la emergencia climática. Porque no hace falta que veamos a la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena de la playa para saber que el mundo que conocíamos se ha acabado. El principal punto del orden del día es la lucha por toda la vida sobre el planeta. Hemos visto que, como consecuencia de los confinamientos, ha mejorado la situación medioambiental en aspectos como la reducción de la contaminación de las ciudades y a la fauna salvaje paseándose por sus calles. Ello demuestra que si se le quita el pie del cuello a la naturaleza ésta vuelve por sus fueros y que somos parte importante del problema y también de la solución, siempre que queramos serlo.
Sin embargo, podemos intuir que los globalizadores neoliberales están maquinando cómo aprovechar la crisis del coronavirus. Naomi Klein nos advierte de un nuevo tratamiento con la doctrina del shock cuando dice: “las élites entienden que los momentos de crisis son su oportunidad de impulsar su lista de deseos” (NOTA 7). Por ello, es el momento de vincular la respuesta a la crisis del coronavirus con la que hay que poner en marcha para evitar el colapso climático, reduciendo el uso de combustibles fósiles y los desplazamientos, potenciando el teletrabajo, no rescatando a empresas contaminantes si no se reconvierten y recuperando el control público de bienes y servicios esenciales. Como dice Bruno Latour, “si todo se detiene, todo puede ser cuestionado”; añade: “lo último que necesitamos hacer es retomar de manera idéntica lo que hacíamos antes” (NOTA 8) y nos propone un útil ejercicio individual y colectivo de reflexión.
La principal lección de la crisis del coronavirus es que hay que cambiar las prioridades a partir de la respuesta objetiva a la pregunta ¿qué es lo realmente importante para la Humanidad? No podemos volver de forma empeorada a lo mismo que antes, a la crisis económica y social gestionada por los adoradores de Milton Friedman, a la emergencia climática, a la absoluta incertidumbre en la que vivimos. Debe producirse un cambio de paradigma para que el mundo cambie de base y se organice, no al servicio del lucro de unas élites, sino del bien común, de un planeta sano y de la protección y bienestar del ser humano.
NOTAS:
- Murray Bookchin https://www.ecologiapolitica.info/?p=10278 Virus, 2017
- Unión Europea https://www.lavanguardia.com/economia/20200319/474258165017/interinos-fijos-tjue-indemnizacion-plazas-sanidad-funcionarios-justicia.html
- España a la cola en gasto sanitario público http://postdigital.es/nacional/espana-es-el-pais-de-la-union-europea-que-menos-invierte-en-sanidad-post45107/
- Francesco Tonucci https://www.facebook.com/100002607057686/posts/2904900449606828/?sfnsn=scwspwa&extid=TJCzenAr17c9EchV
- Sin Permiso Una renta básica universal https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/03/23/remedios-de-masas-para-enfermedades-de-masas-una-renta-basica-de-urgencia-para-toda-la-poblacion/
- María Fernández Sánchez Cuarto Poder https://www.cuartopoder.es/sociedad/2020/03/26/necesitas-ayuda-o-quieres-ofrecerla-crecen-las-redes-vecinales-ante-la-crisis-del-coronavirus/
- Naomi Klein https://contrainformacion.es/naomi-klein-las-elites-entienden-que-los-momentos-de-crisis-son-su-oportunidad-de-impulsar-su-lista-de-deseos/
- Bruno Latour, artículo original publicado el 30/03/20 en la revista AOC https://aoc.media/opinion/2020/03/29/imaginer-les-gestes-barrieres-contre-le-retour-a-la-production-davant-crise/ Traducción en castellano: http://www.bruno-latour.fr/sites/default/files/downloads/P-202-AOC-ESPAGNOL.pdf
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domingo, 5 de abril de 2020
Libera tu wifi: iniciativas para que todo el alumnado pueda ‘ir’ a la escuela online (Sara Plaza Casares para elsaltodiario.com)
Artículo de Sara Plaza Casares para elsaltodiario.com
En un tiempo en el que la escolarización se ha transformado vertiginosamente, estas entidades no quieren que ningún escolar se quede atrás a causa de la brecha tecnológica. Desde esta red, que aglutina a 52 organizaciones, explican que esta necesidad nació tras una amplia consulta. “Con la pandemia lanzamos un formulario interno para detectar qué problemáticas estaban encontrando nuestras entidades y las familias a las que atienden. Nos dimos cuenta de que una de las principales problemáticas era la falta de conexión a internet. Poder acceder a internet era fundamental, tanto para las personas mayores para poder informarse de la situación, entrar en chats y realizar videollamadas, como para la infancia y la juventud para poder proseguir las clases de manera telemática, poder hacer deberes, mandar emails o hablar con los profes”, explica Adrián Serrano, coordinador de la secretaría de la red.
“Es una brecha digital que ya existía antes de la crisis sanitaria y que ahora aumenta. Como las clases no paran, esto provoca un desfase curricular“
“Es una brecha digital que ya existía antes de la crisis sanitaria y que ahora aumenta. Como las clases no paran, esto provoca un desfase curricular. Si ya de por sí se encontraban con dificultades, el desfase curricular cuando vuelvan al cole va a ser mayor”, destaca Serrano mientras procede a explicar la propuesta ‘Liberad a Wifi’, una iniciativa que arraiga en el apoyo mutuo y la cooperación entre el vecindario.
“La propuesta es crear una red segura de wifi. En tu conexión de wifi haces una partición y tú te quedas con la grande. La otra parte pones un usuario y una contraseña diferente para que pueda acceder otra persona. Es como si tuvieras una barra de pan y partes un trozo para compartir”, explica Serrano, quien incide en la importancia de la seguridad y propone que las personas que intervengan en este proceso procedan a contactar previamente para pasarse el nombre de la red y la contraseña.
“Nos pasamos una semana investigando para que se hiciese de una forma segura y responsable, y huir de los hackers. Tenemos una guía para crear la red segura. Cuando la gente se quiere sumar a esta iniciativa se la enviamos, aunque hay muchos tutoriales por internet para hacerlo”, propone Serrano, mientras añade un correo para cualquier tipo de duda: info@redaragonesa.org
La iniciativa, que “ha cuajado bastante” y donde ya participa “un número incontable de personas” --de nuevo, cosas de la viralidad--, ha llegado hasta la web frenalacurva.net. Allí, Rocío Saavedra, desde el barrio de Tetuán, ofrece wifi gratis y deja su correo electrónico para que contacten con ella. Esta vecina de Madrid cuenta que los locutorios de su barrio estaban siempre “a rebosar”, lo que quiere decir que mucha gente no dispone de internet en casa. “Trabajo en el tercer sector y sé que hay muchas familias que no tienen internet. Hay niños y niñas que no están pudiendo seguir las clases”, explica a El Salto. Y esta es la estrategia que utiliza: “He cambiado el nombre a mi wifi y he puesto ‘Comparto Wifi’ y mi número de teléfono. Si alguien la necesita, que me llame y lo gestionamos. También comparto mi correo electrónico en la web de frenarlacurva.net para que puedan contactar conmigo”, relata. Sin embargo, asegura que aún no han contactado con ella. “Aún no me han llamado ni me han escrito por email. Estoy pensando en poner un cartel al lado de los contenedores porque no sé hasta que punto hay gente que se está enterando”.
La ministra de Educación, Isabel Celaá, reconocía que entre un 10 y un 12% de los alumnos no se estaban conectando con el profesorado a distancia ni participaban en el aprendizaje online
La propia ministra de Educación, Isabel Celáa, reconocía el 26 de marzo que entre un 10 y un 12% de los alumnos no se estaban conectando con el profesorado a distancia ni participaban en el aprendizaje online. Revelaba además que había dado órdenes a todas las comunidades para que detectaran a estos alumnos y alumnas y sus necesidades. “Tras haber identificado a estos alumnos tenemos que actuar. Todo el mundo tiene móvil, es hoy por hoy la herramienta más democrática que existe”, relataba en Onda Cero.
“Isabel Celaá anunció que iba a repetir 20.000 tarjetas con datos dirigidas a Bachillerato y a la FP de Grado Medio y Superior. No se habló de otros niveles educativos. Este martes tuvimos comisión permanente del Consejo Escolar del Estado. El martes que viene se volverá a reunir. Ningún menor debe ser afectado de manera negativa por esta situación. No puede ser doblemente castigado. Tenemos muy claro que, si no hay equidad e igualdad de oportunidades en el 100% del alumnado, las cosas que se hagan online no deben ser evaluables”, explica a El Salto María del Carmen Morillas, portavoz de CEAPA.
Del lado de las comunidades, ya ha comenzado el goteo de iniciativas. Desde la Generalitat Valenciana, el presidente Ximo Puig ha anunciado el reparto de 10.000 tablets con conexión a internet integrada para alumnos de Secundaria, Bachillerato, FP, y otras 4.000 para primaria, gracias a un acuerdo formalizado con Telefónica y Huawei. Mientras, el Departamento de Educación de Euskadi anunciaba el 2 de abril que había iniciado una consulta entre 140 colegios vascos con alto porcentaje de alumnos de entornos desfavorecidos.
Morillas se detiene en el caso de Madrid, donde la Consejería de Educación ha propuesto el reparto de 1.000 tablets y 2.000 tarjetas SIM con internet, en colaboración con el Ministerio de Educación y Telefónica. La comunidad empezará por 300 alumnos de segundo de Bachillerato y seguirá por más de 500 alumnos de 4º de la ESO. El resto se irían distribuyendo entre el resto de cursos. Para Morillas, de CEAPA, la cifra es insuficiente. Y aporta unos datos para comparar: existen 91.500 alumnos que reciben la beca de comedor y, de estos, 11.500 proceden de familias perceptoras de la Renta Básica de Inserción (RMI). “A la vista de estos datos, a mí me parecen pocas”, alerta la representante de CEAPA mientras denuncia que los institutos han tenido un día para recabar la información de todas las familias que pudieran necesitar este recurso. “Y además tenemos que atender a la situación actual que estamos viviendo: hay familias que se han quedado en paro. Va a aumentar esa brecha”, avisa la representante de CEAPA.
Las clases no han parado durante la pandemia y entre el 10 y el 12% de los y las estudiantes no acceden a las plataformas. Iniciativas ciudadanas como ‘Liberad a Wifi’ luchan por alcanzar un acceso universal a la red. Mientras, las comunidades ofrecen dispositivos, en algunos casos insuficientes, como denuncian las organizaciones.
5-4-2020
Un cartel con una ballena como protagonista navega por la península durante este confinamiento. Es la propuesta ‘Liberad a Wifi’, impulsada desde la Red Aragonesa de entidades sociales para la inclusión, pero que muchos y muchas secundan sin saber muy bien su origen. Cosas de la viralidad, que puede conseguir que una iniciativa como esta permita tener acceso a internet a muchas familias que hoy carecen de este recurso. Según los datos que ha hecho públicos la ministra de Educación, Isabel Celaá, entre el 10 y el 12% del alumnado no está accediendo a las plataformas.En un tiempo en el que la escolarización se ha transformado vertiginosamente, estas entidades no quieren que ningún escolar se quede atrás a causa de la brecha tecnológica. Desde esta red, que aglutina a 52 organizaciones, explican que esta necesidad nació tras una amplia consulta. “Con la pandemia lanzamos un formulario interno para detectar qué problemáticas estaban encontrando nuestras entidades y las familias a las que atienden. Nos dimos cuenta de que una de las principales problemáticas era la falta de conexión a internet. Poder acceder a internet era fundamental, tanto para las personas mayores para poder informarse de la situación, entrar en chats y realizar videollamadas, como para la infancia y la juventud para poder proseguir las clases de manera telemática, poder hacer deberes, mandar emails o hablar con los profes”, explica Adrián Serrano, coordinador de la secretaría de la red.
“Es una brecha digital que ya existía antes de la crisis sanitaria y que ahora aumenta. Como las clases no paran, esto provoca un desfase curricular“
“Es una brecha digital que ya existía antes de la crisis sanitaria y que ahora aumenta. Como las clases no paran, esto provoca un desfase curricular. Si ya de por sí se encontraban con dificultades, el desfase curricular cuando vuelvan al cole va a ser mayor”, destaca Serrano mientras procede a explicar la propuesta ‘Liberad a Wifi’, una iniciativa que arraiga en el apoyo mutuo y la cooperación entre el vecindario.
“La propuesta es crear una red segura de wifi. En tu conexión de wifi haces una partición y tú te quedas con la grande. La otra parte pones un usuario y una contraseña diferente para que pueda acceder otra persona. Es como si tuvieras una barra de pan y partes un trozo para compartir”, explica Serrano, quien incide en la importancia de la seguridad y propone que las personas que intervengan en este proceso procedan a contactar previamente para pasarse el nombre de la red y la contraseña.
“Nos pasamos una semana investigando para que se hiciese de una forma segura y responsable, y huir de los hackers. Tenemos una guía para crear la red segura. Cuando la gente se quiere sumar a esta iniciativa se la enviamos, aunque hay muchos tutoriales por internet para hacerlo”, propone Serrano, mientras añade un correo para cualquier tipo de duda: info@redaragonesa.org
La iniciativa, que “ha cuajado bastante” y donde ya participa “un número incontable de personas” --de nuevo, cosas de la viralidad--, ha llegado hasta la web frenalacurva.net. Allí, Rocío Saavedra, desde el barrio de Tetuán, ofrece wifi gratis y deja su correo electrónico para que contacten con ella. Esta vecina de Madrid cuenta que los locutorios de su barrio estaban siempre “a rebosar”, lo que quiere decir que mucha gente no dispone de internet en casa. “Trabajo en el tercer sector y sé que hay muchas familias que no tienen internet. Hay niños y niñas que no están pudiendo seguir las clases”, explica a El Salto. Y esta es la estrategia que utiliza: “He cambiado el nombre a mi wifi y he puesto ‘Comparto Wifi’ y mi número de teléfono. Si alguien la necesita, que me llame y lo gestionamos. También comparto mi correo electrónico en la web de frenarlacurva.net para que puedan contactar conmigo”, relata. Sin embargo, asegura que aún no han contactado con ella. “Aún no me han llamado ni me han escrito por email. Estoy pensando en poner un cartel al lado de los contenedores porque no sé hasta que punto hay gente que se está enterando”.
EXIGENCIAS A LAS ADMINISTRACIONES
Mientras, la comunidad educativa demanda más medidas a las administraciones para acabar con la brecha digital desde arriba y que este periodo no sea evaluable. Desde la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado (CEAPA) piden “dosificar las tareas, en su mayoría de casos excesivas” y exigen “que no sean evaluables ante la brecha digital que sufren muchos hogares y la diversidad y heterogeneidad de las actividades docentes que se están desarrollando, tanto cualitativa como cuantitativamente”.
Mientras, la comunidad educativa demanda más medidas a las administraciones para acabar con la brecha digital desde arriba y que este periodo no sea evaluable. Desde la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado (CEAPA) piden “dosificar las tareas, en su mayoría de casos excesivas” y exigen “que no sean evaluables ante la brecha digital que sufren muchos hogares y la diversidad y heterogeneidad de las actividades docentes que se están desarrollando, tanto cualitativa como cuantitativamente”.
La ministra de Educación, Isabel Celaá, reconocía que entre un 10 y un 12% de los alumnos no se estaban conectando con el profesorado a distancia ni participaban en el aprendizaje online
La propia ministra de Educación, Isabel Celáa, reconocía el 26 de marzo que entre un 10 y un 12% de los alumnos no se estaban conectando con el profesorado a distancia ni participaban en el aprendizaje online. Revelaba además que había dado órdenes a todas las comunidades para que detectaran a estos alumnos y alumnas y sus necesidades. “Tras haber identificado a estos alumnos tenemos que actuar. Todo el mundo tiene móvil, es hoy por hoy la herramienta más democrática que existe”, relataba en Onda Cero.
“Isabel Celaá anunció que iba a repetir 20.000 tarjetas con datos dirigidas a Bachillerato y a la FP de Grado Medio y Superior. No se habló de otros niveles educativos. Este martes tuvimos comisión permanente del Consejo Escolar del Estado. El martes que viene se volverá a reunir. Ningún menor debe ser afectado de manera negativa por esta situación. No puede ser doblemente castigado. Tenemos muy claro que, si no hay equidad e igualdad de oportunidades en el 100% del alumnado, las cosas que se hagan online no deben ser evaluables”, explica a El Salto María del Carmen Morillas, portavoz de CEAPA.
Del lado de las comunidades, ya ha comenzado el goteo de iniciativas. Desde la Generalitat Valenciana, el presidente Ximo Puig ha anunciado el reparto de 10.000 tablets con conexión a internet integrada para alumnos de Secundaria, Bachillerato, FP, y otras 4.000 para primaria, gracias a un acuerdo formalizado con Telefónica y Huawei. Mientras, el Departamento de Educación de Euskadi anunciaba el 2 de abril que había iniciado una consulta entre 140 colegios vascos con alto porcentaje de alumnos de entornos desfavorecidos.
Morillas se detiene en el caso de Madrid, donde la Consejería de Educación ha propuesto el reparto de 1.000 tablets y 2.000 tarjetas SIM con internet, en colaboración con el Ministerio de Educación y Telefónica. La comunidad empezará por 300 alumnos de segundo de Bachillerato y seguirá por más de 500 alumnos de 4º de la ESO. El resto se irían distribuyendo entre el resto de cursos. Para Morillas, de CEAPA, la cifra es insuficiente. Y aporta unos datos para comparar: existen 91.500 alumnos que reciben la beca de comedor y, de estos, 11.500 proceden de familias perceptoras de la Renta Básica de Inserción (RMI). “A la vista de estos datos, a mí me parecen pocas”, alerta la representante de CEAPA mientras denuncia que los institutos han tenido un día para recabar la información de todas las familias que pudieran necesitar este recurso. “Y además tenemos que atender a la situación actual que estamos viviendo: hay familias que se han quedado en paro. Va a aumentar esa brecha”, avisa la representante de CEAPA.
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miércoles, 1 de abril de 2020
sábado, 28 de marzo de 2020
Y cuando vuelvan a clase ¿qué? (Jaume Carbonell para eldiariodelaeducacion.com)
Artículo de Jaume Carbonell para eldiariodelaeducacion.com
En este regreso habría que considerar medidas excepcionales, como las promociones automáticas de curso, el aprobado general en la universidad -no sería la primera vez que pasaba- o la supresión de las pruebas de selectividad, dando por buena la nota media del bachillerato.
Escuela en casa
Me acuerdo, de ello hace ya un par de décadas, que tuve ocasión de hacer un par de reportajes a fondo sobre esta modalidad educativa, muy minoritaria en nuestro país, pero bastante extendida en otros lugares como Estados Unidos. La visita suscitó enormes debates sobre la legalidad de esta iniciativa: sobre si se garantiza el derecho no a la escolarización, por supuesto, pero si a la educación. Otro interrogante que se planteaba en el reportaje era el de hasta qué punto estos niños y niñas compensaban este encierro solitario con otras formas de socialización en el tiempo extraescolar y de ocio.
Pero no es esto lo que hoy me viene a la memoria sino quiénes eran estos educadores y cómo organizaban el proceso de enseñanza. La tipología de estas y otras familias respondía a un perfil muy definido: personas de clase media, con estudios y un apreciable nivel cultural, que ya entonces ejercían el teletrabajo o se dedicaban a tareas relacionadas con el ámbito artístico y artesanal. Vaya, que la pareja podía combinar perfectamente su trabajo con el acompañamiento educativo intensivo. Además, disponían de amplios y amables espacios tanto interiores como exteriores. Me sorprendió el ambiente relajado, cómo estos niños podían trabajar con autonomía, la cantidad de recursos de que disponían y cómo se movían por distintos espacios: ahora tomaban un libro de la biblioteca y se ponían a leer, en otro momento comentaban un documental sobre la naturaleza, hacían ciencia en la cocina u observaban las temperaturas y los cambios del tiempo e, incluso, colaboraban en algún trabajo artesanal del padre o de la madre.
¿Sería posible esta educación en hogares de cuarenta o cincuenta metros cuadrados, donde apenas penetran los rayos de luz y sin ningún espacio exterior, y donde a veces conviven tres generaciones o donde niños o adolescentes están a cargo de un solo miembro familiar? En viviendas sin conectividad ni con un solo libro. Y con madres y padres sin apenas estudios, que durante el curso las pasan canutas para ayudar a sus hijos en los deberes y tareas escolares, sin capacidad ni recursos, con dificultades insalvables para ejercer el teletrabajo, cuando disponen de esta posibilidad, o que son despedidos temporalmente con la ansiedad e incerteza que los vuelvan a contratar cuando termine esta pandemia.
Pienso estos días en esta amplia diversidad de familias: en cómo las pertenecientes a las clases medias -donde pesa tanto o más el nivel cultural que la posición económica- se reinventan creativamente con esta extraordinaria lluvia de ofertas culturales y escolares tecnológicas virtuales -muchas de gran calidad- a las que ya están acostumbrados, aunque ahora se disparen exponencialmente y con carácter gratuito. Y pienso en las familias trabajadoras, sobre todo en las que padecen la pobreza y la exclusión social o la bordean, para quienes el coronavirus no hace sino visibilizar e intensificar aún más sus habituales situaciones de sufrimiento, vulnerabilidad y desigualdad: esta depende con frecuencia del código postal. Si, la desigualdad va por barrios y se acrecienta en épocas de crisis, epidemias y otras desgracias colectivas. Llueve sobre mojado.
Hay dos libros que, a tenor del confinamiento, he releído parcialmente, porque me parecen extraordinariamente oportunos, ahora más que nunca: Elogio de la lentitud de Carl Honoré, y Elogio de la educación lenta de Joan Domènech. Dos obras hermosas y complementarias que ponen el foco en la tensión entre el cronos -la obsesión por la celeridad, la medición y la urgencia- y el kairós, otro modelo de vida que apuesta por la pausa, la reflexión y la vivencia intensa del presente, que trata de resistir a la presión que ejerce ya desde la primera infancia el consumo veloz y precoz de una oferta sobrecargada de estímulos, contenidos, oportunidades y bienes de todo tipo. Es el movimiento slow que logra liberar el tiempo secuestrado y que nos recuerda, por ejemplo, que en educación, menos es más, que hay que devolver tiempo a la infancia o que tenemos que repensar el tiempo de las relaciones entre las personas adultas y la infancia y adolescencia.
Reforzar el Estado del Bienestar, las redes de solidaridad y la cohesión del profesorado
Me viene también a la memoria el espléndido documental de Ken Loach El espíritu del 45, que cuenta cómo en Gran Bretaña, tras la emergencia generada al término de la II Guerra Mundial, el Partido Laborista puso todo su empeño para salir de la pobreza y alumbrar una sociedad más justa y fraternal. Fue el nacimiento del Estado del Bienestar, con la nacionalización de algunos servicios públicos básicos. Otros países europeos, sobre todo los nórdicos, bajo la estela de la socialdemocracia, siguieron por esta senda. Eran años en que el capitalismo keynesiano de rostro humano priorizaba la acción del Estado y amortiguaba las embestidas del mercado. En la década de los 80 este sistema empieza a agrietarse, de modo más brusco o ralentizado, con la irrupción del neoliberalismo que campa a sus anchas con una consigna inequívoca: más mercado y menos Estado.
En España, donde todo llega tarde y con menos energía, también disfrutamos de las mieles del Estado del Bienestar con una sanidad pública más que digna, pero todo se vino abajo con la cadena de privatizaciones que empezaron a imponerse en algunas comunidades autónomas a modo experimental y que fueron permeando el conjunto del Estado, con procesos de privatización incontrolados y vergonzantes en sanidad, educación y servicios sociales. La estocada final la dieron los recortes en estos ámbitos, que aún no se han revertido. Por eso, la sanidad no puede atender a tantos enfermos y, ya antes del coronavirus, las listas de espera se eternizaban, por no hablar de una salud mental colapsada: lo estuvo tras la crisis y a buen seguro que volverá a estarlo tras la pandemia. Por eso muchos servicios sociales autonómicos y municipales, carentes de personal, están saturados. Y por eso se acrecientan en la educación los procesos de segregación y exclusión social, sin recursos para atender la tan cacareada atención a la diversidad y la educación inclusiva, y con una enseñanza universitaria encarecida que pone en serias dificultades a los estudiantes más precarios para proseguir sus estudios. Hace ya tiempo que la movilidad y el ascensor social se han detenido.
No estamos ni salimos de una guerra como en el caso de Gran Bretaña, pero sí de una situación de emergencia en la que esta pandemia nos ha mostrado la fragilidad del actual sistema capitalista. Sí, claro está, se arbitrarán medidas de choque social, más o menos adecuadas y de menor o mayor magnitud, pero puede que estas medidas coyunturales sean, a la larga, del todo insuficientes. Porque son las estructuras del Estado las que hay que cambiar, con un creciente protagonismo y mayor intervención sobre el sector privado -incluidas algunas nacionalizaciones- para que la brecha de la desigualdad no se acreciente, para no consolidar esta nueva clase social del precariado y, en definitiva, para poder atender con recursos y solidez, los derechos sociales de toda la ciudadanía, en tiempos excepcionales o no. Porque el COVID-19 puede ser solo la chispa de una crisis económica estructural largamente anunciada.
Pero a la necesaria soberanía democrática del Estado cabe añadir la no menos imprescindible fortaleza de la sociedad civil y de los movimientos sociales a través de las redes de fraternidad y solidaridad. Ya existen en muchas ciudades, barrios y pueblos. Luchan por la emancipación de la mujer, contra el cambio climático, para enriquecer el capital cultural de toda la población, para atender a los colectivos más vulnerables, para abrir nuevos espacios de participación y empoderamiento social y para mejorar las condiciones de vida de cada persona y de su entorno cotidiano.
Durante estos días se suceden nuevas muestras de solidaridad, homenajeando al personal sanitario desde los balcones, convertidos en el espacio más emblemático de comunicación, fiesta, música y resistencia; creando redes de apoyo para las personas más aisladas y necesitadas; activando la creatividad para confeccionar mascarillas o emprender múltiples iniciativas, con pequeños detalles como el de algunas floristerías que, para evitar que las flores se marchiten hacen ramos de flores y los dejan a la entrada de las casas. Los pequeños detalles también son poderosos. Sería bueno que este poso solidario trascendiera tras la pandemia y generara nuevas redes de solidaridad estables o alimentara a las ya existentes.
¿Y qué decir de la educación? ¿Qué lecciones estamos aprendiendo estos días? ¿Cómo vivirá el profesorado el coronavirus y la pospandemia? Puede que también la situación les ayude a estrechar sus relaciones, a cuidarse y a cohesionarse como colectivo. Una cohesión necesaria para afrontar nuevos y viejos retos, como el de garantizar el derecho a la educación -no el de la mera escolarización- a toda la población, comprometiendo tanto los poderes públicos como a los diversos agentes educativos y sociales para que las actividades extraescolares, el acceso al mundo de la cultura y del ocio más creativo y humanizado estén al alcance de todas las infancias y adolescencias. Para que, en situaciones cotidianas habituales y excepcionales, todos y todas puedan disfrutar de las mismas oportunidades.
Un deseo final: que el árbol del coronavirus, de raíces profundas y ramas que se extienden hasta el infinito, no nos impida ver el bosque donde habitan tantos seres humanos ignorados, discriminados y sometidos a todo tipo de privaciones: Inmigrantes y refugiados, mujeres amenazadas y maltratadas, el creciente precariado, las personas mayores desatendidas en sus hogares, la infancia excluida de la pobreza o la juventud sin futuro.
23 marzo, 2020
En este regreso habría que considerar medidas excepcionales, como las promociones automáticas de curso, el aprobado general en la universidad -no sería la primera vez que pasaba- o la supresión de las pruebas de selectividad, dando por buena la nota media del bachillerato.
Escuela en casa
Me acuerdo, de ello hace ya un par de décadas, que tuve ocasión de hacer un par de reportajes a fondo sobre esta modalidad educativa, muy minoritaria en nuestro país, pero bastante extendida en otros lugares como Estados Unidos. La visita suscitó enormes debates sobre la legalidad de esta iniciativa: sobre si se garantiza el derecho no a la escolarización, por supuesto, pero si a la educación. Otro interrogante que se planteaba en el reportaje era el de hasta qué punto estos niños y niñas compensaban este encierro solitario con otras formas de socialización en el tiempo extraescolar y de ocio.
Pero no es esto lo que hoy me viene a la memoria sino quiénes eran estos educadores y cómo organizaban el proceso de enseñanza. La tipología de estas y otras familias respondía a un perfil muy definido: personas de clase media, con estudios y un apreciable nivel cultural, que ya entonces ejercían el teletrabajo o se dedicaban a tareas relacionadas con el ámbito artístico y artesanal. Vaya, que la pareja podía combinar perfectamente su trabajo con el acompañamiento educativo intensivo. Además, disponían de amplios y amables espacios tanto interiores como exteriores. Me sorprendió el ambiente relajado, cómo estos niños podían trabajar con autonomía, la cantidad de recursos de que disponían y cómo se movían por distintos espacios: ahora tomaban un libro de la biblioteca y se ponían a leer, en otro momento comentaban un documental sobre la naturaleza, hacían ciencia en la cocina u observaban las temperaturas y los cambios del tiempo e, incluso, colaboraban en algún trabajo artesanal del padre o de la madre.
¿Sería posible esta educación en hogares de cuarenta o cincuenta metros cuadrados, donde apenas penetran los rayos de luz y sin ningún espacio exterior, y donde a veces conviven tres generaciones o donde niños o adolescentes están a cargo de un solo miembro familiar? En viviendas sin conectividad ni con un solo libro. Y con madres y padres sin apenas estudios, que durante el curso las pasan canutas para ayudar a sus hijos en los deberes y tareas escolares, sin capacidad ni recursos, con dificultades insalvables para ejercer el teletrabajo, cuando disponen de esta posibilidad, o que son despedidos temporalmente con la ansiedad e incerteza que los vuelvan a contratar cuando termine esta pandemia.
Pienso estos días en esta amplia diversidad de familias: en cómo las pertenecientes a las clases medias -donde pesa tanto o más el nivel cultural que la posición económica- se reinventan creativamente con esta extraordinaria lluvia de ofertas culturales y escolares tecnológicas virtuales -muchas de gran calidad- a las que ya están acostumbrados, aunque ahora se disparen exponencialmente y con carácter gratuito. Y pienso en las familias trabajadoras, sobre todo en las que padecen la pobreza y la exclusión social o la bordean, para quienes el coronavirus no hace sino visibilizar e intensificar aún más sus habituales situaciones de sufrimiento, vulnerabilidad y desigualdad: esta depende con frecuencia del código postal. Si, la desigualdad va por barrios y se acrecienta en épocas de crisis, epidemias y otras desgracias colectivas. Llueve sobre mojado.
Un retorno a las aulas lento y distinto
Algunos estudios muestran que la brecha en el rendimiento educativo crece durante las vacaciones de verano, debido a que las niñas y niños de clase media y alta participan en actividades culturales y lúdicas más estimulantes que la infancia de la pobreza, con la pertinente intervención, acompañamiento y ayuda familiar. Muy probablemente también esto sucederá cuando el alumnado vuelva a sus centros.
¿Cuándo y cómo será este regreso? Mi ignorancia y la imprevisibilidad no me autoriza a decir nada al respecto. Pero sí pienso que es recomendable rebajar la presión sobre lo que conviene recuperar para compensar el tiempo perdido y sobre las evaluaciones. A las criaturas y jóvenes, y a sus madres y padres, se les han pedido muchos sacrificios, con bastante sufrimiento y con medidas excepcionales. También en este retorno cabría considerar medidas excepcionales, tales como las promociones automáticas de curso, el aprobado general en la universidad -no sería la primera vez que ocurre- o la supresión de las pruebas de selectividad, dando por buena la nota media del bachillerato. La lista de propuestas es larga y se presta a todo tipo de adaptaciones e interpretaciones. En cualquier caso, no es el momento de volver a las rutinas convencionales en situaciones normales, porque la normalidad se ha roto por los cuatro costados.
¿Qué se me antoja como prioritario? Atender con la máxima ternura y eficiencia tres de las funciones que, históricamente y en la actualidad, cumplen las mejores escuelas renovadoras para atender al alumnado tras acontecimientos especialmente dolorosos: el cuidado, la conversación y la solidaridad. Lo primero es la acogida del alumnado, un acto de celebración acompañada de abrazos y de aproximaciones demasiado tiempo reprimidas, mediante un: ¿Cómo os encontráis? colectivo, y un “¿Cómo estás”, individual, porque las vivencias han sido distintas. Y, tras la acogida, la conversación, en círculo, abierta, libre y espontánea, con mucha escucha, respetando los silencios. Dentro del aula, y si puede ser en el patio o dando un paseo o en pleno bosque, tanto mejor. Es el momento de expresar y compartir miedos, angustias, estados de ánimo, tensiones, incertidumbres, sus momentos felices y los más duros. Y un montón de experiencias vividas. De que cada persona cuente su tiempo subjetivado. De generar empatía y estrechar vínculos.
Y, claro está, es el momento de las preguntas, de interrogarse, siempre en función de cada tramo educativo, qué ha ocurrido, por qué ha ocurrido, si las medidas que se han tomado eran las más adecuadas, qué consecuencias ha tenido, cómo han actuado tanto las administraciones como la ciudadanía, cuáles son las necesidades básicas y cuáles las prescindibles respecto al consumo, cómo se han gestionado los conflictos, qué hemos aprendido en todos los sentidos, y qué horizontes de futuro se abren. Especialmente interesante, más allá de las estadísticas del dolor, es visualizar las iniciativas solidarias y de ayuda mutua que han surgido durante estos días, poniendo el foco en aquellas nuevas que puedan promoverse como colectividad, en las que el alumnado puede participar, activando la colaboración y ayuda mutua.
Los nuevos hábitos obligados del confinamiento han creado nuevas formas de vida, con cotidianidades familiares más próximas, saludables, ralentizadas y humanizadas -no siempre, porque ya he dicho que las situaciones son variopintas y algunas quizá se han convertido en un infierno-, con una disminución extrema de la contaminación.
Algunos estudios muestran que la brecha en el rendimiento educativo crece durante las vacaciones de verano, debido a que las niñas y niños de clase media y alta participan en actividades culturales y lúdicas más estimulantes que la infancia de la pobreza, con la pertinente intervención, acompañamiento y ayuda familiar. Muy probablemente también esto sucederá cuando el alumnado vuelva a sus centros.
¿Cuándo y cómo será este regreso? Mi ignorancia y la imprevisibilidad no me autoriza a decir nada al respecto. Pero sí pienso que es recomendable rebajar la presión sobre lo que conviene recuperar para compensar el tiempo perdido y sobre las evaluaciones. A las criaturas y jóvenes, y a sus madres y padres, se les han pedido muchos sacrificios, con bastante sufrimiento y con medidas excepcionales. También en este retorno cabría considerar medidas excepcionales, tales como las promociones automáticas de curso, el aprobado general en la universidad -no sería la primera vez que ocurre- o la supresión de las pruebas de selectividad, dando por buena la nota media del bachillerato. La lista de propuestas es larga y se presta a todo tipo de adaptaciones e interpretaciones. En cualquier caso, no es el momento de volver a las rutinas convencionales en situaciones normales, porque la normalidad se ha roto por los cuatro costados.
¿Qué se me antoja como prioritario? Atender con la máxima ternura y eficiencia tres de las funciones que, históricamente y en la actualidad, cumplen las mejores escuelas renovadoras para atender al alumnado tras acontecimientos especialmente dolorosos: el cuidado, la conversación y la solidaridad. Lo primero es la acogida del alumnado, un acto de celebración acompañada de abrazos y de aproximaciones demasiado tiempo reprimidas, mediante un: ¿Cómo os encontráis? colectivo, y un “¿Cómo estás”, individual, porque las vivencias han sido distintas. Y, tras la acogida, la conversación, en círculo, abierta, libre y espontánea, con mucha escucha, respetando los silencios. Dentro del aula, y si puede ser en el patio o dando un paseo o en pleno bosque, tanto mejor. Es el momento de expresar y compartir miedos, angustias, estados de ánimo, tensiones, incertidumbres, sus momentos felices y los más duros. Y un montón de experiencias vividas. De que cada persona cuente su tiempo subjetivado. De generar empatía y estrechar vínculos.
Y, claro está, es el momento de las preguntas, de interrogarse, siempre en función de cada tramo educativo, qué ha ocurrido, por qué ha ocurrido, si las medidas que se han tomado eran las más adecuadas, qué consecuencias ha tenido, cómo han actuado tanto las administraciones como la ciudadanía, cuáles son las necesidades básicas y cuáles las prescindibles respecto al consumo, cómo se han gestionado los conflictos, qué hemos aprendido en todos los sentidos, y qué horizontes de futuro se abren. Especialmente interesante, más allá de las estadísticas del dolor, es visualizar las iniciativas solidarias y de ayuda mutua que han surgido durante estos días, poniendo el foco en aquellas nuevas que puedan promoverse como colectividad, en las que el alumnado puede participar, activando la colaboración y ayuda mutua.
Los nuevos hábitos obligados del confinamiento han creado nuevas formas de vida, con cotidianidades familiares más próximas, saludables, ralentizadas y humanizadas -no siempre, porque ya he dicho que las situaciones son variopintas y algunas quizá se han convertido en un infierno-, con una disminución extrema de la contaminación.
Hay dos libros que, a tenor del confinamiento, he releído parcialmente, porque me parecen extraordinariamente oportunos, ahora más que nunca: Elogio de la lentitud de Carl Honoré, y Elogio de la educación lenta de Joan Domènech. Dos obras hermosas y complementarias que ponen el foco en la tensión entre el cronos -la obsesión por la celeridad, la medición y la urgencia- y el kairós, otro modelo de vida que apuesta por la pausa, la reflexión y la vivencia intensa del presente, que trata de resistir a la presión que ejerce ya desde la primera infancia el consumo veloz y precoz de una oferta sobrecargada de estímulos, contenidos, oportunidades y bienes de todo tipo. Es el movimiento slow que logra liberar el tiempo secuestrado y que nos recuerda, por ejemplo, que en educación, menos es más, que hay que devolver tiempo a la infancia o que tenemos que repensar el tiempo de las relaciones entre las personas adultas y la infancia y adolescencia.
Reforzar el Estado del Bienestar, las redes de solidaridad y la cohesión del profesorado
Me viene también a la memoria el espléndido documental de Ken Loach El espíritu del 45, que cuenta cómo en Gran Bretaña, tras la emergencia generada al término de la II Guerra Mundial, el Partido Laborista puso todo su empeño para salir de la pobreza y alumbrar una sociedad más justa y fraternal. Fue el nacimiento del Estado del Bienestar, con la nacionalización de algunos servicios públicos básicos. Otros países europeos, sobre todo los nórdicos, bajo la estela de la socialdemocracia, siguieron por esta senda. Eran años en que el capitalismo keynesiano de rostro humano priorizaba la acción del Estado y amortiguaba las embestidas del mercado. En la década de los 80 este sistema empieza a agrietarse, de modo más brusco o ralentizado, con la irrupción del neoliberalismo que campa a sus anchas con una consigna inequívoca: más mercado y menos Estado.
En España, donde todo llega tarde y con menos energía, también disfrutamos de las mieles del Estado del Bienestar con una sanidad pública más que digna, pero todo se vino abajo con la cadena de privatizaciones que empezaron a imponerse en algunas comunidades autónomas a modo experimental y que fueron permeando el conjunto del Estado, con procesos de privatización incontrolados y vergonzantes en sanidad, educación y servicios sociales. La estocada final la dieron los recortes en estos ámbitos, que aún no se han revertido. Por eso, la sanidad no puede atender a tantos enfermos y, ya antes del coronavirus, las listas de espera se eternizaban, por no hablar de una salud mental colapsada: lo estuvo tras la crisis y a buen seguro que volverá a estarlo tras la pandemia. Por eso muchos servicios sociales autonómicos y municipales, carentes de personal, están saturados. Y por eso se acrecientan en la educación los procesos de segregación y exclusión social, sin recursos para atender la tan cacareada atención a la diversidad y la educación inclusiva, y con una enseñanza universitaria encarecida que pone en serias dificultades a los estudiantes más precarios para proseguir sus estudios. Hace ya tiempo que la movilidad y el ascensor social se han detenido.
No estamos ni salimos de una guerra como en el caso de Gran Bretaña, pero sí de una situación de emergencia en la que esta pandemia nos ha mostrado la fragilidad del actual sistema capitalista. Sí, claro está, se arbitrarán medidas de choque social, más o menos adecuadas y de menor o mayor magnitud, pero puede que estas medidas coyunturales sean, a la larga, del todo insuficientes. Porque son las estructuras del Estado las que hay que cambiar, con un creciente protagonismo y mayor intervención sobre el sector privado -incluidas algunas nacionalizaciones- para que la brecha de la desigualdad no se acreciente, para no consolidar esta nueva clase social del precariado y, en definitiva, para poder atender con recursos y solidez, los derechos sociales de toda la ciudadanía, en tiempos excepcionales o no. Porque el COVID-19 puede ser solo la chispa de una crisis económica estructural largamente anunciada.
Pero a la necesaria soberanía democrática del Estado cabe añadir la no menos imprescindible fortaleza de la sociedad civil y de los movimientos sociales a través de las redes de fraternidad y solidaridad. Ya existen en muchas ciudades, barrios y pueblos. Luchan por la emancipación de la mujer, contra el cambio climático, para enriquecer el capital cultural de toda la población, para atender a los colectivos más vulnerables, para abrir nuevos espacios de participación y empoderamiento social y para mejorar las condiciones de vida de cada persona y de su entorno cotidiano.
Durante estos días se suceden nuevas muestras de solidaridad, homenajeando al personal sanitario desde los balcones, convertidos en el espacio más emblemático de comunicación, fiesta, música y resistencia; creando redes de apoyo para las personas más aisladas y necesitadas; activando la creatividad para confeccionar mascarillas o emprender múltiples iniciativas, con pequeños detalles como el de algunas floristerías que, para evitar que las flores se marchiten hacen ramos de flores y los dejan a la entrada de las casas. Los pequeños detalles también son poderosos. Sería bueno que este poso solidario trascendiera tras la pandemia y generara nuevas redes de solidaridad estables o alimentara a las ya existentes.
¿Y qué decir de la educación? ¿Qué lecciones estamos aprendiendo estos días? ¿Cómo vivirá el profesorado el coronavirus y la pospandemia? Puede que también la situación les ayude a estrechar sus relaciones, a cuidarse y a cohesionarse como colectivo. Una cohesión necesaria para afrontar nuevos y viejos retos, como el de garantizar el derecho a la educación -no el de la mera escolarización- a toda la población, comprometiendo tanto los poderes públicos como a los diversos agentes educativos y sociales para que las actividades extraescolares, el acceso al mundo de la cultura y del ocio más creativo y humanizado estén al alcance de todas las infancias y adolescencias. Para que, en situaciones cotidianas habituales y excepcionales, todos y todas puedan disfrutar de las mismas oportunidades.
Un deseo final: que el árbol del coronavirus, de raíces profundas y ramas que se extienden hasta el infinito, no nos impida ver el bosque donde habitan tantos seres humanos ignorados, discriminados y sometidos a todo tipo de privaciones: Inmigrantes y refugiados, mujeres amenazadas y maltratadas, el creciente precariado, las personas mayores desatendidas en sus hogares, la infancia excluida de la pobreza o la juventud sin futuro.
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miércoles, 12 de junio de 2019
Calendario de acciones Marea Verde Madrid para la semana del 10 al 16 de junio de 2019 y próximas convocatorias
Del 23 de marzo al 1 de septiembre de 2019: Madrid, ciudad educadora. Memoria de la Escuela Pública 1898-1938 (Museo de Historia de Madrid)
Lunes 10
Martes 11
Miércoles 12 Día de la camiseta
Jueves 13
Viernes 14
Domingo 16
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Próximas convocatorias
Próximas convocatorias
Puedes enviarnos información de las acciones de tu centro o zona a accionesmareaverde@gmail.com

domingo, 2 de junio de 2019
15-6-2019: III Jornada solidaria "Del Olvido a la Acción” (9:00 h, Carrera solidaria, bicicletada, actividades..., en la zona de Matadero)
Os escribo desde el área de comunicación del proyecto solidario “Del Olvido a la Acción” formado por un grupo de AMPAS (Asociaciones de Padres y Madres) de colegios e institutos públicos de Arganzuela y Centro que el próximo 15 de junio celebra su tercera jornada festiva y solidaria a favor de las personas refugiadas.
El evento, que tendrá lugar en la zona de Matadero Madrid (Nave de Terneras, Auditorio de la Casa del Reloj, El Puente...) comenzará a las 9 de la mañana con una carrera popular a la que seguirá una bicicletada y cerca de 100 actividades para todos los públicos: talleres, conciertos, cuentacuentos, batucada, actividades deportivas... Habrá tres escenarios con actuaciones musicales y de baile. Música y conciertos hasta la madrugada.
En las dos pasadas ediciones participaron más de 10.000 personas y todo lo recaudado fue destinado a varias organizaciones que están trabajando con refugiados y con proyectos educativos en el tercer mundo. Este año colaboramos con dos ONG: la Asociación para la Integración Lingüística
del Inmigrante en Madrid Asilim y la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG.
Nos gustaría pediros ayuda en la difusión del evento.
Os envío toda la información.
1. Dossier de presentación
El evento, que tendrá lugar en la zona de Matadero Madrid (Nave de Terneras, Auditorio de la Casa del Reloj, El Puente...) comenzará a las 9 de la mañana con una carrera popular a la que seguirá una bicicletada y cerca de 100 actividades para todos los públicos: talleres, conciertos, cuentacuentos, batucada, actividades deportivas... Habrá tres escenarios con actuaciones musicales y de baile. Música y conciertos hasta la madrugada.
En las dos pasadas ediciones participaron más de 10.000 personas y todo lo recaudado fue destinado a varias organizaciones que están trabajando con refugiados y con proyectos educativos en el tercer mundo. Este año colaboramos con dos ONG: la Asociación para la Integración Lingüística
del Inmigrante en Madrid Asilim y la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG.
Nos gustaría pediros ayuda en la difusión del evento.
Os envío toda la información.
1. Dossier de presentación
2. Cartel carrera solidaria y nota de prensa
3. Nota de prensa del evento
domingo, 30 de diciembre de 2018
Desde CEAR te deseamos unas Felices Fiestas
Querida amiga, querido amigo
Ha sido un periodo intenso de trabajo, de crecimiento acelerado, de proyectos compartidos, de aciertos y errores, pero sobre todo de lucha infatigable por seguir defendiendo los derechos de aquellas personas que han huido dejando todo atrás para poner su vida a salvo.
Enfrentarnos juntas y juntos al desafío que tenemos por delante, en un momento en el que los vientos del odio soplan cada vez más cerca, nos hará más fuertes.
Desde CEAR sabemos que es nuestra responsabilidad de seguir construyendo un muro infranqueable ante el discurso del odio y ante aquellos que criminalizan a las personas refugiadas y a la solidaridad, defendiendo el derecho de asilo.
No pretendemos ser héroes ni heroínas, solo ciudadanas y ciudadanos responsables con un proyecto común por el que seguiremos luchando para defender la cohesión social, la convivencia y el derecho a tener derechos de las personas refugiadas.
¡Felices Fiestas!
Un abrazo,
Estrella Galán
Directora General
jueves, 26 de abril de 2018
5-5-18: II Jornada Solidaria Del olvido a la acción, organizada por AMPAS de colegios públicos de Madrid en favor de proyectos educativos en Senegal, India y Camerún (09:00 h, inicio de las actividades en la zona del Matadero de Madrid)
Hemos recibido esta petición de difusión desde el área de comunicación del proyecto Del Olvido a la Acción.
#yonolvido es un proyecto solidario, liderado por un grupo de AMPAS (Asociaciones de Padres y Madres) de colegios públicos de Arganzuela y Centro y que el próximo 5 de mayo celebra una jornada festiva y solidaria.
#yonolvido es un proyecto solidario, liderado por un grupo de AMPAS (Asociaciones de Padres y Madres) de colegios públicos de Arganzuela y Centro y que el próximo 5 de mayo celebra una jornada festiva y solidaria.
El 5 de mayo organizamos en la zona del Matadero de Madrid (Nave de Terneras, Casa del Reloj, El Puente...) una jornada que comenzará a las 9 de la mañana con una carrera popular, a la que le seguirá una bicicletada y nada más y nada menos que 100 actividades (talleres, conciertos, teatro, charlas, exposiciones...) hasta la madrugada (habrá tres escenarios con actuaciones musicales y de baile).
En 2017 participaron más de 12.000 personas y recaudamos 26000 euros, que fueron destinados a varias organizaciones que están trabajando en los campos de refugiados de Lesbos. Este año colaboramos con 4 ONG que están desarrollando proyectos educativos en Senegal, Camerún, India y por supuesto no nos olvidamos de los refugiados de Lesbos.
Nos gustaría pediros ayuda en la difusión del evento.
Puedes ver aquí el DOSSIER DE PRENSA
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