La moción de censura ha
sido esclarecedora
En el contexto de la
Covid-19 y de las normas de prevención comunitaria que vayan a proponerse en el
Congreso, resulta muy educadora.
Que estrenemos cambio de hora, no quiere decir que cambiemos las
sinapsis neuronales; puede parecer que cambie mucho cambia cuando todo sigue
con el ritmo implacable del tiempo astrológico y, sobre todo, con el que el
paso del tiempo histórico deja en los comportamientos y actitudes que nutren
eso que los antropólogos (no los economistas y los políticos) suelen llamar
“cultura”, un puzzle característico de los humanos cuya sociabilidad se nutre
de componentes tan asentados que, a veces, nos resulta ya difícil distinguir lo
cultural de lo natural. Es
Moción constructiva
De lo acontecido estos días, hubo un momento propicio para que se
mezclaran y confundieran ambos planos de la realidad sociopolítica. La moción
de censura del pasado día 21 y 22 pretendía lograr, según el art. 113 de la CE78, una mayoría
parlamentaria absoluta que cambiara al Gobierno de coalición existente. Pronto
se pudo advertir, sin embargo, en la exposición de motivos de los demandantes
que ni había programa a proponer –como exige el art. 177.1 del Reglamento del
Congreso- y que lo que pretendían era aprovechar dos días de atención mediática
gratuita para echarle un pulso al liderazgo conservador.
Al Gobierno ni lo rozó el evento, y los votos recabados fueron
estrictamente los de la obediente agrupación de exaltados con palabras tan
cargadas de su inspiración particular como vacías del sentido actual que le da
el común; por otro lado, el líder del partido conservador hegemónico mostró más
destreza en manejar esta situación que durante los dos años últimos, en que
creyó encontraría en ese campo semántico su propia tierra prometida. Al
desmarcarse de la pretensión “constructiva” que sus socios le prestan en varias
autonomías y ayuntamientos, dejó descolocado a su competidor sin que, en
apariencia, pareciera importarle mucho esa vieja alianza que, desde la fundación
de AP existió con este sector político desde dentro del partido. Queda por ver
hasta dónde alcance –si por antinatural o por contracultural- la improbable
ruptura de relaciones de cooperación “constructiva” en adelante.
Moción educadora
De momento, el teatro de alianzas continúa, algo más tenso tal
vez, pero prosigue. Sirve de orientación para saberlo lo que acontece en
Madrid, territorio en que tanto se pilotan las iniciativas políticas del
conservadurismo para el resto de España. En detrimento de la Historia verídica
que debe enseñarse en los centros educativos, sin que resulte adoctrinante sino
sustentante de las decisiones pertinentes en políticas sociales, siguen ocupados en defender –de modo similar
a lo escuchado en el Congreso estos días- trincheras combativas de tiempos pasados y no
asumidos. Por tal motivo, el discurso de Casado parece meramente táctico, y
hace inquietante la posición de perfil que adoptan, tanto en el Ayuntamiento
como en la Comunidad, ante las exigencias de sus socios.
En el Ayuntamiento madrileño, con cesiones en asuntos de Historia
que, para mucha gente, están muy vivos, y más para quienes hayan leído análisis
razonados y bien documentados sin prejuicios de partida –más allá de lo que
contaba la Enciclopedia Álvarez-, transmiten ignorancia provocadora; Prieto,
Largo Caballero y, en los últimos días, Tierno Galván, además de poemas de
Miguel Hernández, entre otras minucias, han sido atropellados por el alcalde
parlante con unas justificaciones impresentables, causantes de rubor en responsables
de su propio partido menos antojadizos con lo que debe unir a todos sus
representados.
Desde la presidencia de la Comunidad, a su vez, la gesticulación al
estilo que se supone tuvieron los numantinos, busca resquicios defensivos de un
Madrid omnicomprensivo del ser español y casi bate el récord de despropósitos
al entrar en cómputos y cálculos para parar a la Covid-19; todo vale con tal de
que sea distinto de lo que otros tienen averiguado, aunque ponga en riesgo a
muchas más personas. Esta actitud, con ser grave, lo es más desde el punto de
vista ejemplarizante para estudiantes: la invocación continua a supuestos
científicos parece más a propósito para desvaríos pedantes que para dar
autoridad a cuantos profesores y
maestros indiquen como conocimiento científico, de modo que no pueda ser
objetado por cualquiera que, para jugar un rato, pida que haya de votarse
si es no científico lo que enseñan y
exigen saber.
A este paso, queriendo o sin querer, parece que estén adoctrinando
a los adolescentes y jóvenes para el futuro curricular que auspician los del
“Pin parental”. En las demostraciones de la presidencia de la Comunidad de
Madrid, cuadra bien que las escuelas y colegios, institutos y universidades que
dependan de ella pronto acrediten a los negacionistas en muchos campos del
saber, a terraplanistas y diversos conspiranoicos;
la ironía del “que inventen ellos”, que esgrimía Unamuno para exigir más
atención a la Ciencia, se queda vieja por lo dispar que sigue siendo la
dotación de la Ciencia y Educación públicas respecto a otros países de nuestro
entorno. Trazas tiene este asunto de que seguirá muy parecido a lo acontecido con la propia muerte del rector de
Salamanca que -según cuenta un reciente documental de Manuel Pachón- tan mal
nos han explicado,en gran parte porque su desencuentro con Millán Astray el
12.10.1936 fue por no querer confundir
la cultura y la fuerza.
Sentidiño
Los guiones de campaña electoral permanente aconsejan mal en lo
que a educación cívica corresponde; al continuar con la misma niebla de antaño
hacen que sea cada vez sea más difícil vivir sin que se le nuble a nadie lo que
propugnaba Aristóteles para el uso de la palabra; a medida que crecen los efectos
de la pandemia, se debería insistir en no confundirla con las voces
distorsionadoras de la racionalidad democrática. Independientemente de la
secuencia del pacto frentista de las derechas donde cogobiernan, si quienes
desde la representación política –la que sea- vocean y no hablan, la desconfianza
de muchos ciudadanos crecerá más; por
mucho que se proclame un largo “Estado de alarma”, lo comunitario pierde
sentido y lo muy privado gana adeptos.
Manuel Menor Currás
Madrid, 25.10.2020