Mostrando entradas con la etiqueta Ética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ética. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de enero de 2022

¿Vale todo? (Manuel Menor)

En lo que hacemos y decimos no todo vale 

La ética colectiva, el sentido social de la propiedad o la protección de los menores no pueden ser cuestionados sin oscurecer la convivencia. 

Los ruidos del año que acaba de empezar parecen ir en la línea de que no se pierda la tradición bien asentada de repetir lo mismo de siempre, con más intención de que se conserve, que con ansia de enmendar algo en las desgracias de este presente. En lo que atañe a lo que en público ocupa a los medios, lo que traslucen muchos asuntos que nos atañen a todos, y que afectan al sentido de la convivencia, es una voluntad reiterada. 

El fin y los medios 

Se ha podido ver a propósito del protagonismo del tenis en los días previos al torneo de Australia. Hemos podido hacernos una idea del desajuste que puede haber entre tener gran popularidad, fama y dinero, con los comportamientos que corresponde observar al común de los mortales. En general, salvo los muy forofos del raro patriotismo de este chico servio de nacimiento, y monegasco para lo que le conviene, a la gente de a pie le ha gustado la reacción del Gobierno australiano disponiendo que estaba obligado, como cualquiera que quisiera moverse libremente por el país, a cumplir las normas protectoras frente al coronavirus. Lo curioso, llamativo y provocador vino a continuación a cuenta del alcalde de Madrid quien, aprovechando el boom suscitado en la prensa por el servio-monegasco, ha intentado llevar el agua a su molino sin objeción moral alguna; a fin de hacer crecer la “libertad a la madrileña”, le vendría bien la presencia de este tenista en un evento abrileño para atraer la atención mundial. Desde la Edad Media, era vox populi, a partir del comportamiento de algunos frailes con sus campesinos a la hora de cobrar las rentas del feudo, que “todo era bueno para el convento”. Esta consigna es la que, igualmente, parecen haber adoptado algunos irresponsables al cuestionar, partidistamente, cómo se esté gestionando la protección de menores al margen de si se hace bien o mal. 

En otro lance no menos glorioso, ya no con motivo de las granjas y sus tamaños, producciones y problemas ambientales –que todavía nos hará ver más fotografías de prometedores representantes públicos ante una vaca-, sino tras otra cuestión de importancia como la vivienda, se ha vuelto a ver, después del informe supuestamente “neutral” del Consejo General del Poder Judicial, como algunos de estos políticos volvieron a mencionar que se atentaba contra la propiedad privada. Invocar el “sesgo ideológico” para referirse como un absoluto sacralizado a la privacidad de los bienes, es regresar directamente al siglo XIX, a antes de la primera ley de expropiación, primer gran atentado de los tiempos contemporáneos contra la intangibilidad que entonces revestía este constructo,  como preceptuaba la Economía clásica. Da la impresión, al oírlo o leerlo –sin meterse en los intríngulis de la semántica que en estos asuntos suelen esgrimir algunos ilustres representantes del ámbito judicial-, que les gustaría retrotraer hacia la primera mitad de ese siglo la evolución democrática; no les importaría dejar atrás las primeras leyes e instituciones sociales –las que dieron fuerza al Estado Social-, como garantía y motor de estas políticas cívicas; tampoco las de más tarde, después de 1945, que configuraron en Europa el  Estado de Bienestar, que tanta protección proporcionó a las clases asalariadas en general. Es decir, cuando sentencian y tratan de sentar doctrina, pastorean a un amplio sector de votantes para que presione a sus representantes  en el Congreso de Diputados y traten de imponer un criterio contrario a lo que ha sido el avance social de los europeos, y de los españoles en particular. Parece que les encante tener un Estado disminuido como no sea para extraer de él jugosas ganancias. 

Función social de la propiedad 

Ni siquiera en la Edad Media, en pleno siglo XIII, tendrían cabida algunos de estos eminentes instigadores de la vida política. Ni Santo Tomás de Aquino se lo hubiera tolerado; en su tesis sobre el “uso de las cosas” (Summa Theologiae. IIª. IIae,. Q. 32, a.6) decía que “a nadie se manda socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que él mismo necesita “, pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra…, son estos deberes de justicia”. 

Para enmendar su afán, debieran rememorar que, cuando el káiser Guillermo I anunció el 17 de noviembre de 1881 el pionero programa alemán “de seguridad social” –que enseguida tuvo eco en los demás países europeos- se trataba de grantizar no solamente “el bien positivo de los obreros”, sino, ante todo, el orden social colectivo”; no era una cuestión estrictamente de clase, sino provechosa para todos, que el Estado se implicara –en detrimento de la absolutización de las  ganancias privadas- en la asistencia sanitaria, accidentes laborales, innvalidez y pensiones: la paz y “seguridad social” iba en ello. Este proteccionismo frente a los peligros del mercado autorregulador, incluso tuvo eco  en Cánovas del Castillo ideológicamente más avanzado  que muchos de los que, proclamándose herederos suyos, hablan alto en instituciones actuales. Alguna vez más ha aparecido en esta columna esto que dijo en la inauguración del curso 1890-91, del Ateneo madrileño: “El sentimiento de la caridad y sus similares no son ya suficientes por sí solos para atender las exigencias del día. Necesítase, por lo menos, una organización supletoria de la iniciativa individual que emane de los grandes poderes sociales”.  Cánovas venía a consensuar la necesidad de que la Política económica estuviera atenta a lo que hay más allá de la propiedad individual ayudando a generarla. 

Quienes hayan leído el Informe FOESSA-22, recién publicado, tienen a mano una acreditada encuesta realizada entre siete mil familias con necesidades, muy bien conocidas por el trato que con ellas tienen los asistentes sociales de Cáritas. Una lectura cuidadosa hará ver ver hasta qué punto estas voces ruidosas que exaltan el egoísmo individual tienen algo meritorio que decir para que cuidemos el imprescindible egoísmo colectivo. De cómo seamos capaces de atender a los que más lo necesitan, más dependerá que merezca la pena el supuesto pacto común que representa la CE78, la cual tiene, por cierto, entre sus derechos ciudadanos los propios de un Estado Social, y en el art. 33.2 dejó establecido que atendiéramos “la función social” del derecho de propiedad.  

Madrid, 19.01.2022

Manolo Menor

viernes, 4 de diciembre de 2020

Aspectos importantes que faltan en la ‘ley Celaá’ y que omite la campaña de la derecha (María F. Sánchez para cuartopoder.es)

Artículo de María F. Sánchez para cuartopoder.es
  • “En general la ley es decepcionante. Es una reforma de la reforma”, explica Ignacio Casado (Marea Verde)
  • “La propuesta seguirá siendo confesional y segregará, por motivos de conciencia, porque mantiene la religión en el currículo y en el horario lectivo obligatorio" (Europa Laica)
29 de noviembre de 2020

El rechazo de la derecha en el Congreso de los Diputados la nueva LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de Ley Orgánica de Educación) ha ido acompañado de una intensa campaña en su contra. Entre los aspectos que más han trascendido estos días contra la conocida como 'ley Celaá', se encuentra la supresión del concepto del castellano como lengua vehicular, algo que introdujo por primera vez el PP con la LOMCE o ley Wert. También se ha disparado la alarma porque la norma conllevaría supuestamente el cierre de los centros de educación especial, a pesar de que la propia ministra de Educación, Isabel Celaá, haya salido a desmentirlo.

Las Mareas por la Educación Pública de todo el país han expresado su “absoluta disconformidad” con “los ataques realizados por los sectores representantes de la enseñanza privada-concertada y los partidos que la apoyan ante la aprobación de la LOMLOE o Ley Celáa”. Les parece especialmente lesivo que se utilice el concepto de “libertad” para la promoción de estos intereses. “La libertad es que cualquier ciudadano tenga la posibilidad de elegir entre una educación privada o pública, pero no que su elección sea subvencionada por el Estado”, manifiesta Chus Martín, profesora e integrante de la Marea Verde de Madrid.

Además, con estos “falsos debates” quedan relegados algunas críticas a la nueva norma que para la comunidad educativa en defensa de la Pública sí son importantes. “En general la ley es decepcionante. Es una reforma de la reforma. Utiliza la LOMCE, que era una reforma de la LOE (la ley socialista de 2006)”, explica Ignacio Casado, integrante de la Marea Verde de Cádiz. Estos son algunos de los aspectos relevantes que, en opinión del movimiento por la Educación Pública flaquean o no aparecen en la nueva ley.

Las ratios

Esta es una demanda de todo el profesorado, aunque la realidad haya sido modificada por la pandemia. La bajada de ratios no aparece mencionada en la Ley Celáa. Ha quedado fuera de las enmiendas la intención de Unidas Podemos de disminuir la ratios actualmente vigentes en ley Wert: 25 alumnos por aula en Primaria, 30 en Secundaria y 35 en Bachillerato.

La ética

La recuperación de la asignatura de Ética en 4º de la ESO había sido consensuada en la Comisión de Educación del Congreso. Sin embargo, no está dentro de la 'ley Celaá', algo que ya advirtió la Red Española de Filosofía en septiembre. La ley prevé una asignatura de valores cívicos y éticos que se impartirá en un curso de primaria y en otro de secundaria, aunque debe ser transversal en todas las materias.

Educación concertada o privada

En cuanto a la educación concertada, la ley prioriza la educación pública al eliminar el concepto de “demanda social” de la ley Wert, que escondía que había que financiar la escuela concertada a las familias, si así lo decidían. Ahora se establece por ley que corresponde a las administraciones crear las suficientes plazas públicas para los alumnos. Esta modificación tan criticada por la privada-concertada, no es suficiente para los defensores de la Pública. “No acaban de concretar cómo lo van a hacer. La impresión que nos da es que no toca el mantenimiento esencial de las concertadas. En ningún momento se plantea romper el status quo. En el mejor de los casos se quedaría tal y como está”, señala Casado. “Deberíamos estar hablando de la progresiva incorporación de los centros privados-concertados a una red única de titularidad y gestión pública”, han señalado desde las Mareas.

Otro aspecto que se queda fuera es la Formación Profesional, que en comunidades como la de Madrid se ha privatizado tras los recortes educativos de la anterior crisis. “El alumno que más sufre el fracaso escolar y con más problemas socioeconómicos se encuentra con la formación privatizada”, ha denunciado Martín.

La religión

A pesar de la polémica, la religión se mantiene en el currículo. Aunque desde el sector educativo celebran que con la LOMLOE deje de contar para nota y se suspenda la asignatura alternativa, los cambios no son suficientes para los sectores laicistas. “La propuesta, de no rectificar, seguirá siendo confesional y segregará, por motivos de conciencia, porque mantiene la religión en el currículo y en el horario lectivo obligatorio", consideran desde Europa Laica. Así atropellaría "los derechos más elementales de la infancia, al segregar al alumnado en función de las creencias e ideologías particulares de sus familias, incluso desde los tres años”, añaden.

Los suspensos

La ley Celáa que el equipo docente es el que finalmente deberá decidir en cada centro si el alumnado pasa de curso, incluso si ha suspendido alguna asignatura. Esta iniciativa que ha sido defendida como una metodología alternativa a la repetición, tiene oposición también entre los profesores de la Pública. “Elimina la importancia de los contenidos. Va en la línea neoliberal de que se formen estudiantes que puedan ser trabajadores flexibles que puedan ir cambiando según las necesidades del mercado. Sin embargo, esto es peligroso para la mayor parte de los estudiantes de clase obrera porque el único sitio donde pueden acceder a los contenidos educativos es en la escuela”, reflexiona Casado.

La financiación

Para el movimiento por la Educación Pública la ley no hace una gran apuesta por el aumento de financiación que llevan años demandando. Esta es una de las reivindicaciones principales desde la etapa de los recortes de la crisis anterior. Únicamente, al final, en la disposición octava de la 'ley Celaá' se recoge que se contemplará el incremento del gasto público hasta un mínimo del 5% del P.I.B. Actualmente es del 4,3%, mientras la media europea se encuentra en el 6%.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Escuela concertada, Religión, el castellano o las repeticiones: estas son las principales novedades que trae la ley Celaá

 Artículo de Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es

  • La aprobación definitiva por el Congreso de la LOMLOE pone a la que será la octava ley de la democracia a un mes aproximado de su publicación en el BOE y entrada en vigor
19 de noviembre de 2020

La ley Celaá (Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica de Educación, Lomloe) ya ha sido aprobada por un Congreso dividido en la que será su versión definitiva, o casi. La nueva norma, que será la octava de la democracia para el sector, viene a sustituir a la Lomce de José Ignacio Wert, aprobada en solitario por el PP haciendo uso de su mayoría absoluta en 2013. El texto aún tiene que viajar al Senado, donde puede ser enmendado aunque la mayoría del PSOE en la Cámara Alta lleva a intuir que sufrirá pocos cambios, antes de su aprobación definitiva. El Gobierno espera que en aproximadamente un mes esté el nuevo texto publicado en el BOE y por tanto vigente, de manera que las partes organizativas y de gestión de la ley entren en vigor ya el próximo curso. Para los cambios curriculares habrá que esperar al desarrollo reglamentario por lo menos otro curso más.

El Congreso aprueba la ley Celaá con el apoyo de ERC y el PNV y la amenaza de la derecha de llevarla al Constitucional SABER MÁS


La Lomloe trae novedades en muchos ámbitos. Reorganiza los estudios y modifica asignaturas, como la Religión o la Ética, cambia el reparto de asignaturas entre el Gobierno central y los autonómicos, elimina la referencia al castellano como lengua vehicular de la enseñanza, limita la expansión de la escuela con conciertos (privada sostenida con fondos públicos) y rebaja su peso en el sistema dando un papel preponderante a la escuela pública, intenta repartir mejor al alumnado entre las dos redes para reducir la segregación, incorpora medidas para reducir la repetición, recupera un papel más fuerte de los Consejos Escolares e impulsa el primer ciclo de Educación Infantil, entre otras novedades. Además, introduce elementos de manera transversal a toda la educación, como la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres.

Además de estas novedades –y muchos otros cambios que ellos meterían– el profesorado echa en falta una rebaja por ley de las ratios de alumnos por clase, probablemente una de las principales reivindicaciones, si no la principal, de los docentes. Unidas Podemos intentó enmendar la ley en este sentido, pero lo hizo sin el apoyo del PSOE y la idea no salió adelante. Todo sigue igual en este aspecto: las ratios se mantendrán en un máximo de 25 alumnos por clase en Primaria, 30 en Secundaria y 35 en Bachillerato (ampliables todas un 10% en situaciones excepcionales que a veces no lo son tanto). El Ministerio de Educación y el PSOE aducen que las cifras son un máximo y que en manos de las comunidades autónomas está bajarlas, si es su deseo.

Rebajar la repetición

La norma pretende abordar el problema que tiene España con la repetición de curso. Aproximadamente un tercio del alumnado de 15 años no está en el curso que por edad le correspondería, según datos oficiales, y además la repetición ejerce de elemento segregador: no todo el alumnado tiene las mismas posibilidades de repetir ni siquiera en condiciones de igualdad de competencias. La Lomloe establece que la repetición será un recurso "excepcional" y lo limita a lo largo del ciclo educativo: será posible como máximo una vez en Primaria y dos en el ciclo obligatorio (hasta 4º de la ESO). La repetición ya no estará sujeta necesariamente, como hasta ahora, a un número máximo de suspensos: el claustro decidirá de manera colegiada si el alumno está preparado o no para seguir avanzando por el sistema. "Los alumnos y alumnas promocionarán de curso cuando el equipo docente considere que la naturaleza de las materias no superadas le permita seguir con éxito el curso siguiente y se estime que tiene expectativas favorables de recuperación", reza el texto.

Promoción de curso y titulación

El Gobierno pretende rebajar también el fracaso escolar y que haya más titulados al menos de Secundaria Obligatoria. Para ello, permitirá titular con algún suspenso, de nuevo bajo la premisa de que "obtendrán el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria los alumnos y alumnas que al terminar la educación secundaria obligatoria hayan adquirido las competencias establecidas y alcanzado los objetivos de la etapa", sin más mención al límite de suspensos en 4º de la ESO que los referidos a la promoción de curso, y vuelve sobre la decisión "colegiada" del profesorado. La Lomloe también otorgará el título de la ESO a todos los alumnos que concluyan la Formación Profesionales Básica (hasta ahora se le otorgaba este título solo a algunos de estos alumnos).

En Bachillerato, se permite pasar de 1º a 2º con hasta dos materias suspendidas, que tendrán que ser cursadas en el siguiente curso. Los alumnos de Bachillerato podrán graduarse de manera excepcional con una asignatura suspendida "siempre que en ella no se haya producido una inasistencia continuada y no justificada y se considere que ha alcanzado los objetivos y competencias vinculados a ese título". También aparece como novedad que quien tenga el título en Técnico en Formación Profesional y Técnico en Artes Plásticas y Diseño podrá obtener el título de Bachillerato si superan las materias necesarias para alcanzar los objetivos de la etapa.

Vuelven los programas de diversificación curricular en la ESO

La Lomloe recupera los llamados Programas de diversificación curricular (de momento se mantiene el nombre), que la Lomce eliminó. En la LOE, estos programas estaban destinados al alumnado que no fuera capaz de pasar de 2º de la ESO a 3º, tenían muy buena acogida en la comunidad educativa y la Lomloe ahora los recupera. "En este supuesto, los objetivos de la etapa y las competencias correspondientes se alcanzarán con una metodología específica a través de una organización del currículo en ámbitos de conocimiento, actividades prácticas y, en su caso, materias, diferente a la establecida con carácter general", explica la ley. Se trata de una vía diferente a la general para lograr que el alumnado con necesidades de apoyo educativo no deja los estudios y logre titular en Secundaria Obligatoria.

El castellano deja de ser vehicular

Es a la vez una de las modificaciones que más ruido ha provocado y que menos efectos reales va a tener a priori en las aulas. Una enmienda pactada por el PSOE, UP y ERC elimina la referencia a que el castellano sea lengua vehicular de la Educación (expresión que se inventó José Ignacio Wert, antes de su Lomce, en 2013, no existía). El nuevo texto reza: "Las Administraciones educativas garantizarán el derecho de los alumnos y las alumnas a recibir enseñanzas en castellano y en las demás lenguas cooficiales en sus respectivos territorios, de conformidad con la Constitución Española, los Estatutos de Autonomía y la normativa aplicable", junto al compromiso, no especificado en la forma, de que el alumnado dominará ambas lenguas donde las haya y si no, se tomarán medidas correctoras. Los conocedores del sistema de inmersión lingüístico catalán (modelo en el que se estaba pensando cuando se incluyó este cambio) destacan que esto ya funcionaba así de facto y que en cualquier caso los tribunales ya han establecido que las familias que así lo pidan tienen derecho a recibir un 25% de sus clases en castellano. Apenas un centenar de ellas lo solicita al año en toda Catalunya.

Religión y Cultura de las religiones

Otro de los elementos ruidosos pero que parece generar más debate a nivel social que en los propios colegios. La Lomloe mantiene la asignatura como de oferta obligatoria para los centros, pero optativa para el alumnado. La norma le resta peso en el sistema a la materia: no contará para la nota media final, como había introducido la ley Wert, y no tendrá asignatura alternativa como hasta ahora, lo que promete causar quebraderos de cabeza la dirección de los centros, que se verán forzados básicamente a ponerla al principio o final de la jornada escolar porque no puede haber alumnos sin clase en mitad del horario escolar.

Además, una enmienda de PSOE y ERC establece que "en el marco de la regulación de las enseñanzas de Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria, se podrá establecer la enseñanza no confesional de cultura de las religiones". No hay más información en la ley, y fuentes socialistas aclaran que se regulará posteriormente, que no será obligatoria ni tampoco ejercerá de alternativa a Religión.

Ética y filosofía

Descontados los cambios en Religión, la Ética es la materia de la que más se ha hablado en la última semana. El PSOE ha roto en la Lomloe el consenso que alcanzó el Congreso para recuperar el ciclo de formación filosófica (una sucesión de asignaturas en cursos consecutivos con un sentido conjunto) que rompió la Lomce, según denuncia la Red Española de Filosofía, que agrupa a profesionales de todo tipo relacionados con la Filosofía. La redacción de la nueva ley no prevé ninguna asignatura con estos contenidos en la Secundaria Obligatoria –las comunidades autónomas podrán incluir alguna optativa dentro de su margen de actuación–, pero sí una materia de Educación en Valores Cívicos y Éticos, "que prestará especial atención a la reflexión ética y se incluirán contenidos referidos a la Constitución española, al conocimiento y respeto de los Derechos Humanos y de la Infancia, a la educación para el desarrollo sostenible", etc. La materia tiene, a falta del desarrollo del currículo, un aire a la extinta Educación para la Ciudadanía y amenaza con provocar los mismos desencuentros que aquella, que la derecha tachó de ideologizante y adoctrinadora. La REF sostiene que, diga lo que diga el Gobierno, no es la materia de Ética que ellos piden.

La Lomloe sí recupera la obligatoriedad de dos asignaturas de Filosofía en Bachillerato, una en 1º y otra en 2º, que laminó Wert.

Agrupación de asignaturas por ámbitos

Otra de las novedades más puramente educativas que trae la Lomloe es que permitirá la agrupación de las asignaturas por ámbitos de conocimiento, de manera que no haya que impartir necesariamente una materia de Biología y otra de Física y Química, podrán ir juntas. "Los centros educativos podrán establecer organizaciones didácticas que impliquen impartir conjuntamente diferentes materias de un mismo ámbito, de acuerdo con su proyecto educativo", explicita la ley. Esto supone darle carácter normativo a algo que se venía haciendo en ciertos lugares. Queda exento de esta práctica el 4º curso de la ESO.

Límites a la escuela concertada

La Lomloe incluye varias novedades respecto a la situación, extensión y rol de la escuela concertada en el sistema educativo. Algunas de ellas se han realizado pensando exclusivamente en ciertas prácticas que se han venido desarrollando en la Comunidad de Madrid por los centros privados sostenidos con fondos públicos, según explican fuentes socialistas y del Gobierno. Dos de las que más demandaban los defensores de la pública son la prohibición de ceder suelo público para la construcción de centros concertados y la prohibición de concertar centros que segreguen a su alumnado por sexo. La ley Celaá incluye ambas medidas, que había introducido la ley Wert. La plataforma Más plurales no ha dado la batalla especialmente con estos dos asuntos.

Además, el Gobierno quiere poner fin a esa práctica irregular pero asumida de que la escuela concertada cobre cuotas a las familias de manera más o menos transparente. Para ello, la Lomloe prohíbe introducir actividades complementarias dentro del horario lectivo (se cobran aparte y pone a las familias en el brete de pagarlas o ver cómo su hijo es excluido, a veces en mitad de la jornada escolar) y obliga a las administraciones educativas a controlar que no se paguen cuotas.

Reparto de alumnado, "demanda social" y segregación

El Gobierno también pretende reducir la segregación de alumnado en el sistema con varias medidas que también afectan a la escuela concertada agrupadas en dos ámbitos: la gestión de la oferta de plazas y el proceso de admisión y reparto del alumnado por los centros para evitar que los más favorecidos se junten en la escuela privada sostenida con fondos públicos y los más humildes se matriculen en las públicas. En cuanto a la oferta, la Lomloe retira de su articulado la expresión "demanda social", que se inventó la Lomce. José Ignacio Wert incluyó esta fórmula en su ley para determinar qué tipo de plazas debían ofrecerse a la población para garantizar el derecho a la educación que garantiza la Constitución, apelando a que si las familias querían escuela concertada habría que darles escuela concertada. El problema que encuentra el Gobierno es que esta fórmula al revés no funcionaba según dónde (de nuevo, con un ojo en Madrid). Las plazas en centros públicos no estaban garantizadas.

El Gobierno quiere potenciar la escuela pública en la Lomloe. Para ello, ha introducido varios cambios en el articulado. Además de retirar la expresión "demanda social" –una de las medidas más criticadas por los defensores de la concertada, que acusan al Gobierno de restringir la libertad de elección de centro y han realizado una campaña contra la norma que incluye el uso de menores–, se establece por ley que la garantía de que exista una oferta de plazas suficientes corresponde a la escuela pública, mediante fórmulas como que esa garantía se articulará "mediante una oferta suficiente de plazas públicas" o que "las administraciones educativas programarán la oferta de modo que garanticen la existencia de plazas públicas", además de promover "un incremento progresivo de puestos escolares en la red de centros de titularidad pública".

La otra pata de las políticas para reducir la segregación es el reparto del alumnado por los centros. Los cambios fundamentales en este sentido, para deshacer los que introdujo la Lomce, son primar en la admisión la cercanía del colegio al domicilio o la renta per cápita, elementos que también recogía la ley Wert, pero no priorizaba: "Tendrán preferencia en el área o zona de escolarización que corresponda al domicilio o al lugar de trabajo, indistintamente, de alguno de sus padres, madres o tutores legales aquellos alumnos y alumnas cuya escolarización en centros públicos o privados concertados venga motivada por traslado de la unidad familiar debido a la movilidad forzosa de cualquiera de los padres, madres o tutores legales", dice la Lomloe. La otra medida es establecer "áreas de influencia" de los centros para hacer efectiva la aplicación de los criterios de proximidad y dar a las Comisiones de garantía de escolarización, encargadas de dirimir disputas cuando hay más demanda que oferta de plazas en un centro, el mandato de "evitar la segregación del alumnado por motivos socioeconómicos o de cualquier otra naturaleza".

Cambios en la educación especial

Otro de los aspectos que más ruido ha hecho, bajo acusaciones al Gobierno de que "los centros de educación especial van a desaparecer". La polémica se centra en torno a la disposición adicional cuarta de la Lomloe. Este apartado fija la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, firmada por España en 2008, como marco de referencia (al ser una convención internacional ratificada por el país es obligatorio, en el rango jerárquico está solo por debajo de la Constitución) y establece que todos los niños tienen derecho a una educación inclusiva en un centro ordinario.

La disposición cuestionada no llega a tanto. Establece que "el Gobierno, en colaboración con las Administraciones educativas, desarrollará un plan para que, en el plazo de diez años [aquí va la referencia a la Convención] los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad". Esta es la parte que desde la patronal se entiende como una amenaza a su existencia. Más adelante, en referencia a los centros de Educación Especial, la ley añade: "Las Administraciones educativas continuarán prestando el apoyo necesario a los centros de educación especial para que estos, además de escolarizar a los alumnos y alumnas que requieran una atención muy especializada, desempeñen la función de centros de referencia y apoyo para los centros ordinarios". Además, el articulado de la ley establece que se escuchará a las familias a la hora de matricular al alumnado con necesidades educativas especiales en unos centros u otros, con el fin de evitar situaciones como las que se dan de que las administraciones educativas deciden unilateralmente y luego la justicia corrige la decisión, pero varios años después. El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional han establecido que los menores con discapacidad tienen derecho a ser escolarizados en centros ordinarios.

El reparto competencial

La Lomloe modifica también el reparto entre Gobierno y comunidades autónomas sobre el currículum educativo y sustituye el método que instauró Wert (por el que el Gobierno central decretaba un número de asignaturas comunes para toda España y daba a las autonomías capacidad de introducir unas pocas optativas) por uno de porcentajes. Así, tras enmendar el texto original, el Ministerio de Educación se ocupará del 60% del currículo, porcentaje que caerá al 50% en las comunidades con lengua cooficial. También se añade en la ley que los centros educativos "desarrollarán y completarán, en su caso, el currículo de las diferentes etapas en uso de su autonomía". Algo más de libertad para los centros.

Colegios e institutos también ganarán algo de autonomía respecto a la Lomce. El articulado de la Lomloe recupera el papel de los Consejos Escolares, disminuidos en la ley Wert en favor de la dirección de los centros. La nueva norma establece que "la comunidad educativa participará en el gobierno de los centros a través de su Consejo Escolar".

Impulso a la Formación Profesional

No es exclusivo de la Lomloe porque vendrá con una ley propia, pero también vienen cambios en la FP. Ya se ha mencionado que titular en la etapa básica, para alumnos de 15 años que tienen problemas para seguir el ritmo en Secundaria, otorgará directamente el título de la ESO para que este alumnado pueda seguir progresando por el sistema o al menos tenga una titulación obligatoria. También habrá una especie de másteres de la FP, para la especialización al modo de los universitarios, y se flexibilizan los estudios para que no tengan que durar necesariamente todos lo mismo, como sucede ahora.

Más plazas públicas en la etapa 0-3

El Gobierno quiere impulsar la Educación Infantil, que no es obligatoria pero sí prácticamente universal en el segundo ciclo (3-6 años) aunque flojea en el primero (0-3 años), con una oferta de plazas "pública, suficiente y asequible". El objetivo que se quiere alcanzar, expone la ley, es "atender todas las solicitudes de escolarización" en la etapa inicial. También se recupera parte del carácter educativo de la etapa, que la Lomce laminó por otro más asistencial.

El profesorado podrá ser apartado

La Lomloe incluye una disposición adicional nueva, la cuadragésima octava, que no ha gustado mucho a los sindicatos porque entienden que corresponde al ámbito del Estatuto docente, aún pendiente de negociar. Es de carácter disciplinar sobre el "cambio de las funciones del personal docente", y dice así: "Los funcionarios docentes que muestren una manifiesta falta de condiciones para ocupar un puesto docente o una notoria falta de rendimiento que no comporte inhibición, podrán ser removidos de su puesto de trabajo y realizar otras tareas que no requieran atención directa con el alumnado. La remoción ha de ser consecuencia de un expediente contradictorio que finalice con una evaluación negativa realizada por la inspección educativa".

sábado, 14 de noviembre de 2020

El PSOE rechaza en solitario una enmienda para introducir la Ética en 4º de la ESO (Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es)

Artículo de Daniel Sánchez Caballero para eldiario.es

El PSOE se ha quedado solo en su rechazo a que haya una asignatura de Ética en 4º de la ESO. La Comisión de Educación del Congreso ha tumbado durante el último debate antes de llevar la ley al Pleno del Congreso una enmienda de Unidas Podemos que pretendía reintroducir una asignatura de Ética en el último curso de la Secundaria Obligatoria. Solo el PSOE ha votado en contra, pero sus 16 votos han prevalecido sobre los 10 que han sumado a favor Podemos, el Grupo Plural y Vox. Ciudadanos y el PP, 11 votos en total, se han abstenido.

Esta materia específica de Ética y concretamente en 4º de la ESO es una reivindicación del sector para formar un ciclo completo con las dos obligatorias sobre Filosofía que sí contempla la LOMLOE en 1º y 2º de Bachillerato. La ley, que será previsiblemente aprobada en el Pleno de la semana que viene de camino al Senado, aún puede ser modificada. Si no lo hace, lamenta la Red Española de Filosofía, no habrá ninguna materia filosófica en toda la etapa educativa obligatoria.

Entradas relacionadas:

viernes, 13 de noviembre de 2020

¿Por qué la Filosofía y la Ética? (Carlos Fernández Liria para CUARTOPODER.ES)

 CUARTOPODER.ES publica este artículo

  • "Tenemos ahora la posibilidad de restituir a las asignaturas de Filosofía del bachillerato y a la de Ética de 4º de la ESO lo que Wert les arrebató"
  • "Es una cuenta pendiente que ya había sido objeto de un pacto del que la ministra Isabel Celaá se ha descolgado ahora inexplicablemente"
  • "Sin filosofía, la ciudadanía deja de entender la razón profunda de nuestras instituciones democráticas y corre el riesgo, así, de dejar de valorarlas"

Carlos Fernández Liria acaba de estrenar 'La filosofía en Canal' en Youtube. Puedes verlo pinchando aquí

Tenemos ahora la posibilidad de restituir a las asignaturas de Filosofía del bachillerato y a la de Ética de 4º de la ESO lo que el ministro Wert, el peor ministro de educación de la historia de la democracia, les arrebató hace ya tantos años. Es una cuenta pendiente que ya había sido objeto de un pacto muy aplaudido y del que la ministra Isabel Celaá se ha descolgado ahora inexplicablemente. La única esperanza es que el PSOE recapacite y decida cumplir con lo pactado cuando la cosa se presente en el Senado.

Puede que el problema sea que no siempre se entiende bien el sentido de tales asignaturas. Su importancia se centra en el hecho de que la arquitectura misma de la sociedad en la que habitamos tan orgullosamente bajo la forma de un orden constitucional y de una democracia parlamentaria, fue concebida por filósofos y sólo se puede entender de verdad desde la filosofía. Se dice muy a menudo, en defensa de las asignaturas de la Filosofía, que hay que potenciar el sentido crítico de nuestros alumnos, y eso, siendo verdad, suena un poco voluntarista y buenrollista. Pero es que la cosa es aún más grave: sin filosofía la ciudadanía se queda ciega, sin filosofía, deja de entender la razón profunda de nuestras instituciones democráticas y corre el riesgo, así, de dejar de valorarlasNo hay de verdad ciudadanía más que cuando el pueblo se sostiene en un horizonte de viejos dilemas que se plantearon, desde el principio, en la historia de la filosofía. Si llegamos a perder de vista ese horizonte, el sentido de nuestras instituciones políticas se apagará, y entonces, todo pasará a venderse y comprarse en el mercado, desde la enseñanza a la justicia, desde los diagnósticos médicos a las sentencias judiciales, la protección ciudadana o la presunción de inocencia, quién sabe si un día también los sufragios o los pasaportes: los derechos humanos mismos serán entonces consumidos mercantilmente.

Cuando Platón nos habla de los delitos más graves que se pueden cometer contra la ciudad, menciona, especialmente dos que merecen la pena capital. En primer lugar, la profanación de los templos. El segundo de ellos es especialmente interesante para nosotros: “Quien esclavice a las leyes, entregándolas al poder de los hombres, debe ser considerado el enemigo más peligroso de la ciudad”. Quien “se ponga en el lugar de leyes”, sometiendo la ciudad a su voluntad o a la de una “camarilla”, quien pretenda que su palabra sea ella misma la ley, debe ser condenado, nos dice, a la pena de muerte. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, recogió esta idea platónica de forma prácticamente literal: “Que todo individuo que usurpe la soberanía sea de inmediato muerto a manos de los hombres libres”. En verdad, el impulso platónico se materializa en el lema jacobino por antonomasia, que, por otra parte, es la esencia misma de lo que llamamos “imperio de la ley” o “estado de derecho”: “Que no gobiernen los hombres, que gobiernen las leyes”. En efecto, decimos que una sociedad está en “estado de derecho” (o bajo “el imperio de la ley”) cuando no hay nadie que pueda pretender estar por encima de la ley. Alguien que, como dice Platón, “esclaviza las leyes” o “las somete al poder de los hombres” lo que está haciendo es lo que hoy llamaríamos “dar un golpe de Estado”, usurpar el lugar de la soberanía y ponerse a él o a una pandilla de la misma calaña, en su lugar.

Cosas de filósofos que nos han terminado afectando muy profundamente, y sin las cuales, dejamos de entender cuál es la meta política más irrenunciable: una república en la que los que obedecen la ley son al mismo tiempo colegisladores, de modo que obedeciendo la ley no se obedecen más que a sí mismos y son, así pues, libres. Por ejemplo, pensemos en un tema de mucha actualidad (no dejó de plantearse respecto al tema de Cataluña). No ya una mayoría, ni siquiera el pueblo en su conjunto tendría derecho a ocupar el lugar de la ley. Es obvio que si el pueblo en su conjunto decidiera algo contrario a la ley (como por ejemplo, un linchamiento), cada uno de los ciudadanos que partiparan en ello tendrían que ser acusados de un crimen. Pero la cosa es más grave aún: si el pueblo argumentara entonces que “él es la ley” y que, por lo tanto, puede obedecerla o no según convenga a sus caprichos, ya no se trataría de un mero crimen, sino de algo mucho más grave, de algo así como un golpe de Estado fascista, una usurpación, en todo caso, del lugar de la soberanía por una masa ilegal.

En efecto, el pueblo tiene perfecto derecho a cambiar las leyes, pero tiene que hacerlo con arreglo a la legalidad. Las leyes hay que cambiarlas “legalmente”, lo que no es más que un reconocimiento de que, como quería Platón, las leyes queden siempre “más allá de los hombres”, sin que estos puedan “esclavizarlas” y “someterlas a su poder” (respecto al asunto catalán ya discutí el problema en otro artículo, hace ya tiempo).

Y, sin embargo, en una república democrática, es el pueblo quien hace las leyes, normalmente a través de sus representantes parlamentarios. ¿Cómo se logra entonces que las leyes “no caigan en poder de los hombres” si son los hombres (en el sentido neutro, claro, de hombres y mujeres), inevitablemente, quienes tienen que hacer las leyes? A no ser que vivamos en una dictadura teocrática, en la que se suponga que Dios mismo es el soberano, son los seres humanos, y nada más que los seres humanos quienes tienen que dictar las leyes. Y sin embargo, para que esas leyes sean leyes (y no las órdenes de un tirano o de una camarilla de tiranos) tienen que quedar siempre por encima de ellos, por encima incluso de la totalidad del pueblo (y no digamos ya de la mayoría).

¿Cómo se logra entonces? ¿Qué significa entonces esta aparentemente paradójica pretensión platónica que pone a las leyes por encima de los hombres, al mismo tiempo que reconoce que son ellos quienes las hacen y promulgan? ¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros y nuestra realidad política? Esa paradoja nos atraviesa de parte a parte en nuestra condición de ciudadanos. De hecho, así se definió la ciudadanía desde el corazón mismo del pensamiento de la Ilustración. Ciudadano es el que obedeciendo la ley es libre. Naturalmente para eso hace falta que, como hemos dicho, el ciudadano haya sido colegislador de la ley a la que obedece, de tal forma que al obedecerla no está haciendo otra cosa que obedecerse a sí mismo, es decir, realizando su libertad. ¿Y cómo hay que plasmar políticamente esta paradoja, en qué consiste realizarla, convertirla en realidad?

Son muchas preguntas. Y son preguntas importantes, que afectan a la comprensión que, como ciudadanos debemos tener de lo que es nuestro hogar político, nuestro edificio jurídico, nuestro patriotismo constitucional. Esto no se resuelve aprendiendo unas “destrezas” o unas “habilidades o competencias” para moverte en el mercado laboral y saber hacer entrevistas de trabajo y negociar con las empresas. Una cosa es formar técnicos, profesionales y emprendedores y otra muy distinta formar ciudadanos que entiendan en qué sentido son sujetos de derechos y colegisladores activos de las leyes que tendrán que obedecer. Para esto último hace falta responder a muchas preguntas difíciles. O, por lo menos, hace falta habértelas planteado alguna vez.

¿Alguien me puede decir en qué asignaturas podrían planteárselas los alumnos de secundaria y bachillerato si no es, precisamente, en las asignaturas de Ética, Filosofía e Historia de la Filosofía? Cuando el ministro Wert decidió convertir la Ética y la Historia de la Filosofía en asignaturas optativas, estaba hiriendo de muerte el hilo conductor en el que la filosofía podía optar seriamente por la formación de ciudadanos.

Eso que en su momento pretendió conseguir el PSOE, con su obsesión por la “educación de la ciudadanía” no era otra cosa, en realidad, que el cometido mismo de las asignaturas de Ética y Filosofía. Porque fueron los filósofos los que inventaron eso de la “ciudadanía”. Cuando por fin se dictó la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano, Hegel, por ejemplo, declaró que habían triunfado los filósofos: “Desde que el sol está en el firmamento y los planetas giran en torno a él, no se había visto que el hombre se apoyase sobre su cabeza, esto es, sobre el pensamiento, y edificase la realidad conforme a la razón”, nos dice en referencia a la revolución francesa, que considera, nos dice, “obra de la filosofía”. Por fin, continúa diciendo, tiene razón Anaxágoras: la razón está destinada ahora a regir el mundo. Sea como sea, fueron los filósofos, en una línea que va de Sócrates y Platón a la Ilustración, los que se encargaron de pensar y profundizar en todas esas paradojas que antes hemos apuntado. Y no fracasaron en su intento, ni mucho menos. Todo lo contrario, gracias a ellos fue posible conformar la arquitectura del Estado Moderno (de eso que ahora llamamos Estado social de Derecho, Democracia Parlamentaria, Orden constitucional o, simplemente, República), esa prodigiosa maquinaria que, se diga lo que se diga, está asombrosamente bien pensada. Desde luego, no se puede decir que nadie haya tenido una idea mejor. Otra cosa es que, como algunos no hemos parado de insistir, esa gran idea, bajo las condiciones capitalistas en las que ha tenido siempre que materializarse, haya resultado bastante impracticable. La división de poderes, por ejemplo, es la mejor idea del mundo, si el poder político es realmente un poder soberano, y no una mera mascarada al servicio de los poderes económicos, de los “dueños del poder real”, como los he llamado en otro artículo reciente. En todo caso, aquí el problema no estaría en la división de poderes, sino en el capitalismo que la convierte en una mascarada. Contra lo que dicen algunos “marxistas”, el Estado Moderno estaba muy bien pensado y era una gran idea, la mejor idea que ha tenido la humanidad, aunque, según creemos también algunos “marxistas”, no estaba preparado para funcionar bajo una dictadura económica capitalista.

¡Todo esto es muy discutible! Por eso mismo hay que sentar las bases para que se pueda discutir. ¿Y qué imaginan nuestros ministros de educación que podría ser más importante para discutir y para pensar? ¿Quizás sea más importante, como algunas autoridades del PP sugirieron en alguna ocasión, enseñar a los alumnos a pensar dónde y cómo conviene mejor invertir en bolsa para triunfar como emprendedor en este mundo de mierda? Se llegó a plantear, incluso, una asignatura de Formación del Espíritu Empresarial. Y no es que no pudiera ser muy oportuna, habida cuenta de cómo va el mundo. Pero lo que no se puede hacer es perder la perspectiva y no reconocer ya las cosas más esenciales. Que el mundo sea una canallada no implica que uno tenga que pensar como un canalla.

Hagamos un experimento. Retomemos un momento el dilema que hemos dejado abierto más arriba: ¿cómo puede ser que las leyes “no caigan en poder de los hombres” si son ellos irremediablemente los que las hacen? ¿Se trata entonces de una vana pretensión platónica? Pues resulta que no. Toda la maquinaria de nuestros órdenes constitucionales, si se la entiende en profundidad, consiste en resolver a diario esa paradoja. Y la cosa se resuelve bastante bien. Entre otras cosas porque Sócrates ya resolvió el problema hace veinticinco siglos, y lo sufrió, además, en su propio pellejo. Muy en resumen, recordemos el caso del juicio a los generales, al que alude Sócrates en su apología frente al tribunal que le condenará a muerte. Tras una batalla naval, los generales regresaron a Atenas victoriosos. Pero una tempestad les había impedido recoger a los muertos y llevarlos, como mandaba la ley, hasta su suelo natal. La Asamblea decidió juzgarles y condenarles, pidiendo para ellos la pena de muerte. Pero hubo una voz discordante, la de Sócrates, que planteó que, según la ley, esos generales tenían que ser juzgados uno por uno y no en bloque, como se estaba haciendo. La Asamblea respondió que ahí estaba reunido el pueblo entero y que todos estaban de acuerdo en juzgarles en bloque para ahorrar tiempo. Sócrates se empeñó en que ni siquiera el pueblo mismo podía ir contra la ley. ¿Y quién si no el demos, quién si no nosotros, ha hecho esas leyes?, le respondieron. ¿Quién le puede decir al pueblo lo que es legal? ¿Qué respondió Sócrates? Pues lo que hoy día respondería cualquier catedrático de Derecho Constitucional.

¿Queréis cambiar la ley? Pues cambiarla. Sois el demos, tenéis perfecto derecho a hacerlo, pero no por eso podéis actuar contra la ley ahora. Iniciar un Proyecto de Reforma de la Ley y cambiarla. Lo más divertido es que eso no os permitirá juzgar a los generales en bloque, porque la ley no puede tener carácter retroactivo. Eso sí, pobres tontos de remate, en adelante, cuando haya que juzgaros a vosotros, se os juzgará en bloque, como así lo habéis querido. Pero a los generales, los juzgáis uno por uno, como manda la ley.

¿Qué significa esta terrible anécdota (que enemistó a Sócrates con toda la ciudad)? Pues que el pueblo tiene derecho a hacer la ley, pero que la tiene que hacer siendo coherente con lo que él mismo hace. O lo que es lo mismo, que el pueblo tiene derecho a cambiar cualquier ley, pero que lo tiene que hacer legalmente, con arreglo a la ley. De este modo, por ese imperativo socrático de coherencia, la ley siempre queda por encima del pueblo, aunque sea el pueblo quien hace las leyes.

Esta fórmula “cambiar la ley con arreglo a la ley”, algo así como el imperativo que tiene el pueblo de “volverse coherente”, no es fácil de llevar a la práctica. Hubo que pensar y que trabajar mucho para crear las instituciones capaces de hacer esto posible. A esto se llamó Ilustración. Una buena idea (que, en efecto, inventaron los filósofos) fue la separación de poderes. Impedir que el gobernante haga las leyes y a los que hacen las leyes, impedirles gobernar. Y que sea otro poder distinto el que juzgue si las cosas se ajustan a la legalidad, es decir, en último término, quien juzgue si lo que el pueblo decide en cada caso a través de su Parlamento, es coherente o no con lo que el pueblo mismo decidió al votar la Constitución. En este juego de espejos, se logra que nadie pueda apoderarse de la ley y, como decía Platón, “esclavizarla”. Aunque para que los espejos funcionen hacen falta algunos requisitos institucionales, como la libertad de expresión, la libertad de asociación y reunión, la instrucción pública, etc. ¿Quiénes piensan las autoridades de educación del PSOE que inventaron todas estas complejas maquinarias institucionales? Todo esto se fraguó en el interior de la historia de la filosofía y de la ética. Algunos filósofos, desde los tiempos de Sócrates, perdieron su vida por ello. ¿Será prudente para nuestra sociedad olvidarlo? ¿No estaremos precipitándonos en un abismo muy peligroso si comenzamos a olvidar lo que la Humanidad misma debe a la filosofía? ¿No tendremos que lamentarlo después? La decisión que se tome con las asignaturas de Filosofía y de Ética me parece que tiene una gran trascendencia. Espero que no tengamos que pagarlo muy caro en el futuro. Porque, al final, acabaremos teniendo la sociedad que nos merecemos.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Mientras dure el silencio (Guadalupe Jover en eldiariodelaeducacion.com)

Artículo de Guadalupe Jover en eldiariodelaeducacion.com

“Cine de altura y sin sectarismo”. “Evita juicios de valor”. “Una película valiente y nada maniqueísta”. ¿Imaginan que cualquiera de estas frases fuera pronunciada como elogio a una película sobre el nazismo, la dictadura militar argentina o el golpe de Estado de Pinochet?

“Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que au dessus de la mêlée”, escribió Antonio Machado durante la guerra civil en sus Notas y recuerdos de Juan de Mairena. Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que por encima de la refriega. O del bien y del mal, que decimos en castellano.
No dejaba de pensar en estas palabras de Machado durante la proyección de Mientras dure la guerra, película en la que Alejandro Amenábar recrea la entrada del ejército sublevado en Salamanca en julio de 1936, adonde se traslada el cuartel general de los golpistas. Tres son los protagonistas de la película. De un lado, el general Franco en su meteórico ascenso desde su campaña africana hasta su designación como Jefe de Estado y Generalísimo de todos los ejércitos, y José Millán Astray, fundador de la Legión y su principal valedor. De otro, el escritor Miguel de Unamuno, en su giro desde el inicial apoyo al golpe de Estado hasta su doble enfrentamiento tanto con Franco -más contenido- como con Millán Astray, mucho más bronco, en el acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de ese mismo año. La película se cierra con la salida -el rescate- del ilustre rector de la mano de Carmen Polo, esposa del General Franco, en un plano detalle insistentemente subrayado.
El tratamiento de los tres protagonistas descoloca: el espectador parece invitado a mirarlos desde arriba, como se mira a una marioneta o un fantoche -“persona grotesca y desdeñable” (DRAE)-. Unamuno es ridiculizado. Ante Franco o Millán Astray el espectador no se siente pequeño sino crecido, no amedrentado sino divertido. “Si le damos el cargo, este no lo suelta hasta que se muera”, se dice en un momento de la película. Y el público estalla en carcajadas.
Pero lo que más me desconcertó de la película fue el quiebro cómico que Amenábar imprime -con un chiste, una frase, un gesto- a algunos de sus momentos más dramáticos, y que disuelven la solemnidad de la escena en un episodio de farsa o comedia bufa. Así en la conversación entre Franco y Unamuno, en que la alusión a cómo los sublevados permiten a sus víctimas confesarse antes de fusilarlos cosecha más sonrisas que náuseas. Así incluso en el acto final del Paraninfo, en que el reiterado “¡quiero hablar, quiero hablar!” de un histriónico Millán Astray provoca más risas que enmudecido silencio. Han de venir los rótulos que recuerdan la duración de la guerra y de la infinita posguerra -cuarenta años de dictadura- para que la gravedad vuelva a los rostros y el sobrecogimiento se imponga.
Cuando un director -o una novelista- recrea un hecho histórico, es inevitable que nos preguntemos por los motivos de ese viaje al pasado, por el porqué de su elección. ¿Por qué Amenábar elige a Unamuno como hilo narrativo de su relato? La respuesta se me antoja diáfana: porque le permite dar por buenas, por igualmente válidas, las razones de unos y otros.
Mientras dure la guerra se vale de Unamuno para absolver el golpe de Estado aduciendo, por ejemplo, la quema de conventos -pero sin explicar en absoluto a qué respondía esa animadversión de gran parte del pueblo español a la Iglesia institucional-. De Unamuno se vale también para denunciar la represión de los sublevados en la ciudad de Salamanca y los cadáveres en las cunetas, apenas insinuados. A eso se refiere tal vez el director cuando insiste en su afán de ser ecuánime. Ecuanimidad: “Igualdad y constancia de ánimo”. “Imparcialidad de juicio” (DRAE). ¿Puede una película sobre la guerra civil española renunciar a un emplazamiento ético y político? ¿Es posible -deseable- mantener la imparcialidad de juicio sobre vencedores y vencidos?
Miguel de Unamuno parece el recurso perfecto para esa pretendida ecuanimidad. Pero una cosa es mostrar sus dudas, sus contradicciones, su inmensa ceguera en ocasiones, y otra despojar al escritor de su hondura intelectual. En Mientras dure la guerra Unamuno queda reducido a un pobre hombre, a un anciano que no parece tener idea de en qué mundo vive y que solo se siente concernido por lo más inmediato.
En este entorno inmediato, dos personajes se le enfrentan: su hija María y su antiguo alumno Salvador Vila, joven catedrático de Literatura. Amenábar busca, como ya buscara Manuel Menchón en La Isla del viento, un contrapunto femenino a la figura del insigne rector. Y si Menchón recurre a Cala, una estudiante a la que Don Miguel conociera de niña en Fuerteventura, Amenábar recurre a María, hija de Unamuno. Me costaba encajar el enfrentamiento entre padre e hija en los códigos familiares de la época: no me resultaban creíbles y sí muy forzados.
Ecos también de la película de Menchón vemos en la escena que simboliza el cainismo español. En La isla del viento este enfrentamiento fratricida está protagonizado por los hermanos Castañeyra, y ahí no tenemos dudas de en qué lado se sitúa Menchón. En Mientras dure la guerra la discusión la encarnan Miguel de Unamuno y Salvador Vila, republicano convencido. Pero aquí, y a diferencia del director malagueño, Amenábar renuncia a un posicionamiento ideológico con respecto a las razones de unos y otros. La cámara se aleja, la música sube, y director y espectadores se sitúan, una vez más, “au dessus de la mêlée”.
«Con esta película he intentado no ofender y no cargar las tintas en aquello que pudiera generar controversia«. Leí esta entrevista con Amenábar cuando ya había visto la película, y ahí encontré la respuesta a gran parte de mi desasosiego. Porque si había ido a verla pensando que podía ser una oportunidad de acercar a los más jóvenes a la guerra civil española, una y otra vez me había llevado las manos a la cabeza. Imaginaba a los jóvenes simpatizantes de Vox enardecidos en muchas de sus escenas. Identificados con el Millán Astray que discute con Unamuno a propósito de la vieja querella entre las armas y las letras y al que la película saca con luz favorecedora. Identificados con los legionarios a los que Millán Astray arenga cuando van “al encuentro de la muerte”. Identificados con los sublevados en la escena del himno y la bandera. Si hasta Francisco Franco se nos presenta más como un bobalicón que como el ser sanguinario y cruel que fue, ya desde la guerra de África.
“Cine de altura y sin sectarismo”. “Evita juicios de valor”. “Una película valiente y nada maniqueísta”. ¿Imaginan que cualquiera de estas frases fuera pronunciada como elogio a una película sobre el nazismo, la dictadura militar argentina o el golpe de Estado de Pinochet?
Salí del cine revuelta, pero por razones diferentes a las que se han vertido en tantas críticas elogiosas a la película de Amenábar. Me preocupa que este pueda ser el discurso hegemónico sobre la guerra civil española también en las escuelas: la denuncia aséptica del horror y la barbarie, sin ir más allá (ni más acá). Y ya sabemos a dónde nos conduce tanto silencio.
Por eso, y desde mi compromiso de no hacer de la guerra civil esa sempiterna elipsis en que la ha convertido nuestro sistema educativo, invitaré a mis estudiantes a leer a Arturo Barea y a Ramón J. Sender, capaces de denunciar la crueldad en “los suyos” y de reconocer la nobleza y la bondad en “los otros” sin renunciar, en modo alguno, a la contextualización de aquella formidable barbarie; sin renunciar, tampoco, a un emplazamiento político y moral inequívoco.
Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria.

domingo, 19 de mayo de 2019

Rubalcaba (Manuel Menor)


Moral, ética, escolaridad e ironías de la Historia


En Francia, están juzgando la persecución moral que alimentó la estrategia para expulsar a 20.000 trabajadores/as de la recién privatizada France Telecom. La rentabilidad de la nueva empresa pasaba por esta flexibilización, pautada, sin embargo, para obviar conflictos con la  cotización bursátil. La serie de suicidios que en tan duro trance se produjo, ha motivado que la judicatura trate de poner en claro que no todo vale como motor capitalista. La noticia es de interés en los asuntos educativos, pues cuando a educandos y profesorado se les coarta a las obediencias que impone el fordismo estandarizador, se cierra la perspectiva enriquecedora de lo humano y puede decirse que “la evaluación mata”. Esa mentalidad contable propia de una economía egoísta e individual ahí sigue, como prueba la existencia de la LOMCE. Las tensiones que vive el comercio internacional nos van a reiterar ocasiones de ver su prevalencia.

Moral
También en el Vaticano están indecisos. Poderosa, la doctrina agustiniana del pecado original ha estado muy presente en los estilos de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Después de la reunión en que se afrontó la interminable secuencia de pederastas en el clero, el Papa Bergoglio acaba de publicar nuevas reglas, por las que se implanta la obligación de denunciar a cuantos incurran en este delito. Parece, sin embargo, que todo seguirá básicamente entre los muros del derecho canónico sin que las quejas lleguen a los tribunales civiles.

Las denuncias por la cortedad de esta medida, más aparente que relevante, pronto han empezado a producirse, aunque esta “lacra” ya no podrá ocultarse como sucedió con Maciel, el fundador de Los Legionarios de Cristo, durante 63 años. Sigue pesando sobre muchos supervivientes la dificultad de sentirse libres para contar qué les haya acontecido en la infancia, pero se conocerán cada vez más historias, como la de Almodóvar, testigo directo de lo que ocurría en su colegio, o como el escándalo de otro seguidor de Maciel  con destino en España entre 1993 y 2016. En adelante, mientras de Polonia y otros países ya es crecida la información, es muy probable que nuevas noticias permitan establecer la amplitud que haya tenido esta ciénaga en España, donde los pocos casos que han saltado a la luz hacen que solo un 0,2% de los 18.000 curas hoy existentes tengan condena judicial.

Si se tiene en cuenta que el presidente de la CEE, Blázquez, admitió que alcanzaba a un 3% -proporción que otros elevan al siete, como mínimo-, y se echa cuenta de la cantidad de clérigos, frailes, monjes y monjas que había en los años sesenta, queda mucho por saber. Para percatarse  de las posibles proporciones reales, son valiosos  los datos que el agustinismo político exhibía en las Guías eclesiásticas de 1955 a 1964. Las ordenaciones sacerdotales fueron 1.033 en 1956, 1024 en 1960, y bajaron a 801 en 1964.  El número total de sacerdotes –religiosos y seculares- era de 30.657 en 1955, y alcanzó a ser de 34.474 en 1963; el de seminaristas mayores pasó en las mismas fechas de 7.890 (1955) a 8.233 (1964); el de religiosos profesos, de 18.221 a 23.832; y el de religiosas creció de 73.978 hasta 79.171. Por otro lado, en estas Guías se mostraba que el número de alumnos que tenía la Iglesia en sus colegios era, en 1955, de 742.915, mientras que en 1964 había crecido hasta 963.591. Y también que, en los centros de “beneficencia” eclesiástica, el número de “asistidos” variaba, de 233.627 en 1959, a 122.629 en 1961.

Más cotidiano, el poder directo de los eclesiásticos se extendía al invisible número de personas –en general, mujeres- que servían en las casas de los curas y demás centros eclesiásticos. Su perfil ancilar había motivado la atención –después de Trento- de los concilios y sínodos diocesanos por su potencial “peligro” para la disciplina sacerdotal, mientras la literatura y canciones populares se hacían eco de la  inconsistente medida canónica de exigir que la criada del cura tuviera edad provecta y probidad garantizada. Más alejadas de la atención pública, las congregaciones de última generación han reglado su jerarquizada organización,  similarmente a las antiguas órdenes religiosas, con legos y legas en funciones de servicio. En buena medida siguen vivas, según denunciaba hace poco la revista vaticana L´Osservatore Romano hablando  de monjas explotadas como sirvientas.

Alguna razón –estadística- tiene Blázquez al afirmar que la gran mayoría de casos de abuso sexual sobre niños y niñas ocurre fuera del ámbito eclesiástico. Pero también debiera añadir que las denuncias han contado, entre otros tropiezos, con la tradición del artc. XVI del  Concordato de 1953 y la interpretación laxa que haya podido hacerse del artc. 2.3 del Acuerdo entre España y el Vaticano de 28.07.1976  respecto a que “en ningún caso los clérigos y los religiosos podrán ser requeridos por los jueces u otras autoridades” a propósito de personas o materias de que hayan tenido conocimiento por su ministerio. Por otro lado, la información hoy disponible sobre estos delitos ha de agradecerse a investigaciones externas a la CEE sobre algunos internados, a relatos autobiográficos y, sobre todo, a diversas asociaciones de supervivientes de abusos como ECA (Ending Clergy Abuse) Global Justice Project. Para cortar la escandalera desvergonzada, no basta, en todo caso, sentir “vergüenza”, como decía el Papa el 20.08.2018. Si los clérigos han de ser lux mundi (la luz del mundo), como proclama el documento en que prescribe la obligación interna de  denunciar estas “atrocidades”, es necesario asumir un laico protocolo ético  en que obispos y clérigos estén sometidos a la jurisdicción civil, como reclaman los afectados de todo el mundo católico.

Obediencias
Ahora que están en el foco de atención esta pedofilia, adquieren contexto a su vez muchos otros abusos, de índole física, psicológica y religiosa, que han tenido lugar en espacios que estuvieron al cuidado de esas u otras personas –eclesiásticas o laicas- sin que los daños del maltrato moral ocasionados pudieran ser reclamados. En especial, los ocurridos en centros educativos como colegios privados, seminarios, centros de formación, residencias e internados de diversa titularidad que, en aquella España pobre, dieron a muchos niños y niñas la posibilidad de estudiar lejos de sus pueblos a condición de someterse a la obediencia de reglamentos inspirados en supuestos mandatos divinos de los que, como rectores, prefectos u otras formas de ejercer como “superiores”,  eran intérpretes únicos.

La Vida de insectos que, según una magnífica novela de Luis Mateo, imponían muchos de estos dómines y maestrillos a infantes y adolescentes que habían de serles obedientes, cobra particular importancia cuando la Conferencia Episcopal acaba de lanzar una campaña para captar seminaristas dispuestos a dedicar su vida al sacerdocio. Constata ahora en público que son pocos los que entran y más los que envejecen. El contraste de datos que aflora esta campaña es muy fuerte respecto a los años sesenta, cuando irrumpieron en la escena los grandes abandonos de religiosos, curas y seminaristas. Tantos que, en algunas diócesis, la media de edad de sus curas es hoy de 74 años, de modo que el 35% de parroquias existentes no lo tienen propio; han disminuido las “vocaciones”, y, sobre todo, la asistencia asidua al culto –el 62,5% casi nunca- . Pese a lo cual, son ya más de un 30% los clientes de sus distintivos colegios en comunidades como Madrid, mientras solo un 19,5%  se casa por la Iglesia y se reduce el número de conventos y seminarios.

Estas ironías de la “pastoral religiosa” contrastan  con aquella masiva inculturación de “cristiandad” que impusieron los obispos después de “la victoria”, cuando controlaban el Ministerio de Educación por personas interpuestas para imponer una moral única, en colaboración estrecha con asociaciones de padres dispuestas –como mostró Enrique Berzal en el análisis de lo acontecido en Valladolid-  a la “reconquista cristiana” contra “la escuela laica”, que reclamaba Isidro Gomá. Con todo, aunque el confesionalismo católico estuvo vigilante en todas las escuelas y colegios, con el desarrollismo secularizador pronto fueron historia aquellas casas de formación y seminarios, llenos a rebosar de una infancia, sobre todo rural, porque a comienzos del los años sesenta sus escuelas -cuando las había- seguían siendo tan pobres como las descritas por Luis Bello antes de 1931.

Y ética
Fue aquella una escolarización lenta y desigual. Para el cuatrienio 1972-75 el III Plan de Desarrollo propuso crear un millón de puestos escolares,  y los Pactos de la Moncloa repitieron en 1977 que se crearían 400.000 plazas de EGB, 200.000 de Preescolar y 100.000 de BUP. Además, hasta casi 20 años más tarde, con la LOGSE de 1990, el Estado no asumió escolarizar a todos los menores de 16 años. Sería después de pactar en la LODE de 1985 que los colegios privados, de matriz católica en su mayoría, pudieran ser  “concertados”. Y todo bajo anuencia de los Acuerdos con el Vaticano, de 1977-1979.

Tras estos últimos 29 años, la secularización y la pugna por una educación igual  para todos prosiguen, en un proceso inconcluso y transversal. En él tuvo parte relevante Alfredo Pérez Rubalcaba, que acaba de fallecer entre alabanzas de casi todos, incluso de los obispos, aunque se había confesado –al menos para Escuela (nº 4.006, del 09.01.2013, pg. 33)- a favor de un Estado laico que empezara por sacar del horario escolar la Religión. Había vivido en directo los sinuosos desarrollos del artc. 27CE, no aceptaba el neoconservadurismo de la LOMCE que gestaba Wert y quería una ética escolar abierta a la pluralidad de propuestas cívicas…

La última ironía ha venido en ese intervalo único para las autocensuras que la muerte suele imponer a conocidos y allegados; propició la extraña unanimidad de que le consideraran “un rival admirable” y “hombre de Estado”.  Al depender la veracidad de las elegías post mortem de la sintonía ética –más que de la estrictamente política-, estas hubieran ganado mucho si las hubieran pronunciado después de haber encontrado el cauce para que la aconfesionalidad real del Estado no tuviera que seguir esperando ad kalendas graecas. Para el Rubalcaba que había elegido volver a ser profesor de Química, habría sido el gran homenaje. ¡Que la tierra le haya sido leve!

Manuel Menor Currás
Madrid, 15.05.2019