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viernes, 16 de julio de 2021

Los otros estudiantes sobresalientes o cuando el mérito no solo está en la nota (Pau Rodríguez para ELDIARIO.ES)

 Reproducimos este artículo de ELDIARIO.ES


La excelencia académica, encarnada históricamente en los mejores alumnos de Selectividad, eclipsa otras trayectorias destacadas: desde los que se reenganchan tras abandonar a los que hacen posible la convivencia. Estas son sus historias

Durante años ha sido una suerte de ritual mediático. Salen las notas de las pruebas de acceso a la Universidad y las teles y periódicos corren a entrevistar a aquellos jóvenes que han sacado la mejor calificación de su comunidad, de su provincia… El 9,8, el 9,9. Desde que la Selectividad pasó a ser la EBAU, con su fase voluntaria y sus ponderaciones, la tradición ha perdido algo de fuerza, pero sigue vigente. Es el merecido momento de fama de los alumnos excelentes, el aplauso social a unas trayectorias que rozan la perfección. Pero, ¿son estas las únicas que merecen una portada?


¿Qué debería cotizar mejor en el mercado de los reconocimientos públicos? ¿Un alumno que saca un 10 en Bachillerato como lo viene haciendo desde que tiene conciencia académica o uno que obtiene un notable tras repetir curso, abandonar y luego reengancharse? ¿Tiene el mismo mérito sacar buena nota con o sin el apoyo de la familia? ¿O sin hablar bien el idioma? ¿Es mejor estudiante quien brilla en las calificaciones o quien logra ser referente para los que vienen detrás?



Una vez más, es el viejo –y sobre todo falso– dilema entre la excelencia y la equidad. Ambos perfiles son valiosos para un sistema educativo que sienta cada año a más de 200.000 alumnos frente a los exámenes de acceso a la universidad en toda España, pero que tiene en el abandono prematuro, la segregación o el acoso escolar sus principales asignaturas pendientes.

ElDiario.es ha charlado durante el mes de junio, antes y después de los exámenes, con seis jóvenes que son un ejemplo de estos méritos alternativos. Completaron el Bachillerato tras unos itinerarios formativos con más obstáculos que el resto. Han sido el orgullo de sus tutores. La mayoría son los primeros de su familia que se sentarán en un aula universitaria. Y coinciden también en otro denominador común: muchos han sufrido episodios recientes de ansiedad, algo cada vez más extendido en una generación que ya veía con inquietud su futuro incluso antes de que llegase la COVID-19.
Con los apuntes bajo el mostrador

En septiembre de 2019, cuando Andrea Lozano decidió probar suerte en Bachillerato tras haber abandonado los estudios años antes, el despertador empezó a sonar en su casa de Granollers a las 5.30 horas. A las 6.50 cogía el tren para llegar a tiempo el Instituto Pablo Ruiz Picasso, de Barcelona, donde cursaba la rama de Artístico. Hacía solo cinco horas de clase, no seis como el resto, porque tenía que volver a coger el ferrocarril para llegar a tiempo para su turno en la fábrica Bimbo, a las 15.00. Allí trabajaba hasta las 23.00. "Al menos me quedaba al lado de casa", explica. Al tener su puesto de empleo en el mostrador, aprovechaba cuando no había clientes para estudiar para los exámenes.

Andrea ha concluido el Bachillerato con un 6,44 y ha obtenido un 6,9 en la EBAU –solo se presentó a una de las asignaturas específicas–, lo que le valdrá para entrar en Filología Hispánica en la Universitat de Barcelona (UB). "Me esperaba peor nota, pero estoy contenta. Estoy satisfecha porque lo he hecho a pesar de que todos me dijeron que no podría", se desahogaba esta joven de 21 años, en referencia sobre todo a su antiguo instituto, sentada sobre uno de los pupitres de su aula del Pablo Ruiz Picasso. Aquí, añade, le pusieron "muchas más facilidades" para compaginar estudios y trabajo y sacarse el título.

A un verano de por medio de iniciar el curso universitario, Andrea explica que nunca fue una buena estudiante. No al menos según los cánones tradicionales. "Lo de memorizar y luego expulsarlo todo siempre me costó mucho", reconoce.

En tercero de la ESO, le hicieron repetir curso, una medida muy habitual en España –el 28% repite en algún momento, una tasa muy por encima de la media europea–. A ella, aquello la hundió. "Soy muy tímida y perder mi grupo de gente me generó mucha ansiedad. Desde entonces he sufrido agorafobia y ataques de pánico", lamenta. A partir de ese año, lo único que deseó fue acabar, marcharse del instituto. "Así que cuando me saqué la ESO con un cinco pelado, me fui", relata esta estudiante.

En los años sucesivos, Andrea trabajó en fábricas, de comercial, en tiendas… Y pasó sin demasiado interés por un grado de Formación Profesional (FP) de Peluquería. Tampoco ayudó que en casa –madre limpiadora de hospital jubilada, padre transportista– no sobrase el dinero. Había que trabajar sí o sí. Hasta que un día su novia, con una vida académica mucho más programada, la convenció para retomar los estudios. Optó por el Bachillerato Artístico porque siempre le apasionó dibujar, explica. Le permite plasmar en sus obras sus miedos.

En su primer trimestre de Bachillerato, que compaginó con el trabajo, suspendió media docena de asignaturas. Pero poco a poco logró mejorar. Ahora, echando la vista atrás, concluye: "Lo que te puedan decir los profesores, que son quienes te evalúan y a quien deberías admirar, genera muchas expectativas. Como te lo diría: para mí la repetición fue demasiado".
Problemas en casa de un futuro médico

Nicolás Moya, alumno del Instituto María Guerrero de Collado Villalba, en Madrid, tampoco pensó que pudiese sacarse el Bachillerato como ha hecho –y con un 8,6–, pero es que hubo un tiempo en que ni siquiera se veía con el título de la ESO. Nacido en Chile y crecido en una familia con muchos problemas, durante su etapa en Secundaria faltaba a clase varios días a la semana. "Llegué a acumular 150 ausencias en un año. Cuando iba a los exámenes aprobaba, pero suspendía por las faltas", explica. En Segundo de ESO repitió curso y ya entonces le recomendaron que optase por hacer una FP Básica.

"Pensé en mi futuro y me dije que era lo mejor, que no tenía opción", rememora este joven de 19 años. Pese a la indiferencia con la que entró en este itinerario, Nicolás tiene un buen recuerdo de la FP y de sus profesores. No quiere desmerecer un tipo de formación que precisamente necesita todavía un impulso en España. "Me fue bien. Y no es que no me gustara, pero empecé a darme cuenta de que lo que a mí me interesaba era la Física, y que por lo tanto tenía que intentar el Bachillerato”, explica. Antes de dar el salto le pidió libros y apuntes de Matemáticas y otras materias clave a una amiga suya y empezó a estudiar por su cuenta.

Así comenzó ya con buenas notas en Física y Química, pero con unos suspensos en Lengua en Primero que ha ido corrigiendo hasta alcanzar al final de la etapa el notable. "El salto ha sido bastante grande”, celebra.

Por el camino, decidió que lo que quería hacer era Medicina. Pero el destino le reservó todavía un último sobresalto antes de la EBAU. Debido a la desatención que sufrió durante años en casa, nunca tramitaron sus papeles de residencia, y se encontró en mayo con que no aceptaban su solicitud para hacer las pruebas. "Me desmotivé muchísimo, dejé de estudiar", recuerda. Pero con la ayuda de su tutora escribió una carta a la Administración y al final le dejaron presentarse a la espera de resolver su situación administrativa.

Ha sacado todo un 11,94. No le da para entrar en Medicina, por eso explica que buscará una FP vinculada a este ámbito y quizás lo vuelva a intentar más adelante.
Un referente para las más pequeñas

La vida escolar de Saray Díaz Jiménez y Maroua Hamaden, de 17 y 18 años respectivamente, tiene muchos puntos en común. No solo porque han cursado el Bachillerato en el instituto público Gran Vía de Alicante, sino porque pese a ser académicamente excelentes también sintieron en algún momento de su trayectoria que no iban a poder. Que no estarían a la altura. Pero acabadas las clases, a punto de dar el salto a la universidad, ahora también comparten haber charlado hace unas semanas con el conseller de Educación de la Comunidad Valenciana, Vicent Marzà, por haberse convertido en lo más parecido a un referente para los demás alumnos de su centro. Sobre todo las chicas que empiezan la ESO y que son gitanas, como Saray, o árabes, como Maroua.




"En el instituto hay chicas que van diciendo que quieren estudiar como yo o como Saray. La verdad es que es satisfactorio, pero resulta un poco extraño", reconoce Maroua, a la que se le intuye una sonrisa al otro lado del teléfono. Del global de Bachillerato ha obtenido un 9 y de la EBAU, un 10,62, con lo que si todo va bien –dice– podrá cursar el doble grado de Derecho y Administración y Dirección de Empresas (DADE) en la Universidad de Alicante.

Maoura llegó a los 13 años a España desde Argelia con su hermana, para juntarse con su padre y su madre, que habían emigrado antes para buscar trabajo. En su país cursaba Segundo, pero la bajaron a Primero de la ESO y estuvo inicialmente en el programa de acogida. "Yo era una buena estudiante, pero tenía mucho miedo de no estar a la altura. Saqué algunas malas notas, pero cuando vi que empezaba a rendir bien en Matemáticas, donde no se necesita tanto el idioma, me di cuenta de que era eso", explica.

A Saray, por su parte, perteneciente a ese 2% de jóvenes gitanos que va a la universidad, el bache le llegó más tarde. Fue por culpa de la pandemia. Se murieron dos familiares suyos y especialmente la muerte de una tía de su padre la afectó mucho. A mediados de marzo tuvo que ingresar en el hospital porque se le habían adormecido las piernas. "No me las sentía. Mis padres se asustaron mucho, pero ya en el hospital me dijeron que había sido una crisis de ansiedad", explica. "Supongo que lo tenía acumulado", añade.

Perdió una semana de clases y, explica, se llegó a plantear si debía acabar el curso. Pero tuvo la suerte de tener a una familia detrás que la apoyó, algo que no siempre pasa en un colectivo como el gitano, inmerso a menudo en contextos de pobreza que lo dificultan. En el caso de Saray, no es la primera de la familia que cursará estudios superiores. "En mi entorno nunca he visto a familias que les digan a sus hijos que no estudien, de estos casos ya quedan pocos, pero sí que es cierto que ves a muchos compañeros caer porque les falta el respaldo en casa", expone. Con un 11.06 de la EBAU, Saray cursará el grado Educación Infantil.
La mediadora del Instituto Vallvera

A Dounia Bounouh, de 18 años, también se la puede considerar un modelo a seguir. De hecho, lo ha sido literalmente con su participación en el Fòrum d’Estudiants de Salt (Girona), un foro de estudiantes que precisamente se dedica a dar charlas a alumnos sobre las posibilidades en la educación superior de los hijos e hijas de este municipio, uno de los más pobres y con más inmigración de la provincia.

Como estudiante, ella se define a si misma como una "hormiguita". La nota que le ha quedado tras la Selectividad es un 8. "Siempre he ido avanzando poco a poco hasta llegar a arriba del todo. No he destacado por mis notas, pero tampoco he sido mala estudiante", resume. No obstante, sus profesores destacan de ella un elemento que difícilmente puede aparecer en un expediente académico: ha sido una de las alumnas que durante más tiempo –cuatro años– ha integrado la unidad de mediación del instituto, clave para evitar conflictos en un centro con más de 1.000 alumnos.

"El gran objetivo de la mediación siempre era evitar esa frase del 'nos vemos fuera a las 15.00'", explica Dounia. El enunciado que anticipa las peleas callejeras desde hace décadas. En más de una ocasión tuvo que reconducir peleas físicas hacia espacios de diálogo. "Es complicado, por decirlo de alguna forma, pero lo principal era que no se repitiese el problema", describe. Esta joven tiene muy claro que sin un clima amable, que ahogue las hostilidades, de nada sirve a menudo tener grandes docentes o proyectos pedagógicos. "Un instituto puede llegar a ser un sitio insoportable; si pierdes el punto de partida, que es la convivencia, es imposible hablar, imposible aprender", argumenta.
El bloqueo frente a los exámenes

A Rubén Cortés, de 18 años, nunca le han ido mal los estudios. Más bien al contrario. De pequeño en Primaria, le diagnosticaron Trastorno del Espectro Autista (TEA), un síndrome que le dificulta la socialización con los compañeros, pero que no le ha impedido sacar excelentes a menudo. "Sobre todo en algunas materias, como por ejemplo Matemáticas, creo que incluso me ha beneficiado, porque tengo más capacidad analítica", contempla este estudiante.

Pero uno de los grandes inconvenientes que tiene es que se bloquea en los exámenes. Y en un sistema educativo en el que todavía hay que enfrentarse a decenas de ellos cada año, sobre todo a medida que uno se hace mayor, esto puede ser un problema importante. "Me colapso, no se por qué. Me cuesta concentrarme hasta el punto de que tengo que dejar de hacerlo", explica. Más de una vez ha tenido que aplazarlos de un día para otro debido a este motivo.

Días antes de la EBAU, sus profesores del Institut Can Mas, en Ripollet (Barcelona), comentaban: "Si logra no colapsarse, será un éxito". Y así lo vivió él. A los alumnos con TEA, de hecho, se les permiten 30 minutos más para finalizar. Y Rubén explicaba tras los exámenes que había estado "mucho más relajado que en los exámenes de Bachillerato". Pero la nota le ha dejado no ya descolocado, sino convencido de que ha habido un error. El día que salieron las calificaciones atendió a este diario por teléfono y explicó que estaba en el instituto convencido para pedir revisión. Le dieron un suspenso en todas las materias, con una nota máxima de 4,5, incluso en aquellas que son su talismán. "Alguien tiene que haberse equivocado", insistía, consciente de que una prueba puede ir peor de lo que uno se imagina, pero no tanto ni en todas las asignaturas. Ahora confía en que se resuelva.

martes, 22 de junio de 2021

Repetición de curso y brutalismo educativo (José Saturnino Martínez García para eldiario.es)

Artículo de José Saturnino Martínez García para eldiario.es

La repetición educativa nos aleja de los países de nuestro entorno y está viciada por la desigualdad social, además de cara y poco eficaz; si bien son pocas las personas dedicadas a la investigación educativa que la apoyan, goza de gran popularidad: ¿cómo explicar la disociación entre conocimiento experto y popular?

19 de junio de 2021 

Una de las particularidades de nuestro sistema educativo es la alta proporción de repetidores de curso. Sobre la repetición sabemos que no es tanto un problema legal como cultural. Países con legislaciones parecidas a la nuestra en esta cuestión, como Dinamarca, muestran tasas de repetición muy bajas. Lógico, si se tiene en cuenta que debe ser una medida extraordinaria. Por otro lado, sabemos que hay una distancia importante entre repetición y competencias. A pesar del lugar común sobre que estamos mal en PISA, lo cierto es que nuestro alumnado está en un promedio próximo a la OCDE. Si algo nos diferencia es la falta de excelencia, no el exceso de alumnado rezagado. Sin embargo, nuestras tasas de repetición son muy altas. Esto quiere decir que el alumnado que en los países de la OCDE no repite en España sí lo hace. El caso de Castilla y León es muy llamativo, dado que sus niveles de fracaso escolar y repetición se han mostrado altos, al tiempo que si fuese un país estaría entre los mejores de Europa. Además, somos uno de los países más desiguales en la repetición. A igualdad de competencias, el alumnado de orígenes populares repite tres veces más que los de origen social alto. Encima, la repetición no suele ser un camino para la mejora, sino el primer paso para el abandono del sistema. Sin olvidarnos de su alto coste. Por un lado, para el sistema educativo: debe impartirse todas las materias de nuevo, y no solo reforzar aquellas en las que hay dificultades. Y personalmente: el alumnado casi pierde un año de su vida, pues deberá cursar nuevamente parte de lo que ya demostró que sabe.

Por tanto, la repetición como medida educativa nos aleja de los países de nuestro entorno y está viciada por la desigualdad social, además de cara y poco eficaz. Si bien son pocas las personas dedicadas a la investigación educativa que la apoyan, goza de gran popularidad. ¿Cómo explicar la disociación entre conocimiento experto y popular? Podría ser que los expertos no se enteran, a pesar del apoyo de datos y evidencia comparada. Podría ser que lo que es bueno en otros países no se ajusta a España, dado nuestro ancestral espíritu carpetovetónico. O puede ser que al hablar de repetición no estemos hablando de medidas educativas efectivas, sino de otras cuestiones.Los defensores de la repetición ven en ella un sinónimo de la cultura del esfuerzo, pero ¿en qué consiste esa cultura? Es una mezcla de conductismo educativo y brutalismo social. Para los conductistas, podemos hacer lo que queramos con los seres humanos si diseñamos un buen sistema de premios y castigos. Así que si queremos que el alumnado estudie, establecemos el castigo de perder un año de vida, romper vínculos con amistades y ser estigmatizado. Un plan sin fisuras. Si no fuese porque el aprendizaje significativo, el que transforma y dura, no se lleva tan bien con el conductismo. La motivación intrínseca, el reconocimiento desde el sistema educativo a las necesidades e inquietudes, el apoyo educativo… en el largo plazo generan mejor aprendizaje que el castigo y la recompensa. Los defensores de la repetición son un rescoldo de que la letra con sangre entra.

En cuanto al brutalismo, exalta la competencia como orden social natural. No reconoce que los seres humanos somos animales que vivimos en comunidad y nos cuidamos, sino que se limita a ver nuestra dimensión de lobos para otros humanos. Así que los lobos más fuertes son los que tienen derecho a las recompensas, a apropiarse de una mayor porción del trabajo colectivo que producimos como sociedad. Por tanto, hay que anticipar este orden brutal en las aulas, diferenciando entre ''los hundidos y los salvados'', que diría Primo Levi, para que sepan qué les espera fuera. Así, la escuela, en vez de luchar contra el brutalismo, lo promueve, en nombre de la excelencia. Una excelencia brutal que nos llevó a dos guerras mundiales. Una excelencia que confunde el esfuerzo individual con las condiciones sociales y personales que hacen posible ese esfuerzo. Que lo más asociado al éxito educativo siga siendo el nivel cultural de las familias, que repitan más los de orígenes populares, no es ''cultura del esfuerzo'', es intentar colar las desigualdades sociales como si fueran responsabilidad individual, del ''orden de la naturaleza de los lobos''.

La educación no debe ser campo de lucha ideológica, como promueven los brutalistas. Debemos buscar nuevas medidas más efectivas, que reflejen con más sensibilidad lo que se sabe, en vez de dejarlo en un automatismo como el número de asignaturas aprobadas.

viernes, 19 de octubre de 2018

¿Cuál es la ‘meta’ de la carrera docente? (Rodrigo Juan García en El Diario de la Educación)

Artículo de Rodrigo Juan García en eldiariodelaeducacion.com

Existen muchas motivaciones profesionales que nos hacen sentirnos orgullosos de ser docentes, sin necesidad de asociarse siempre a las políticas de incentivos monetarios para unos pocos.

No hay viento favorable para el que no es consciente de a qué puerto se dirige (Séneca)

Cualquiera que transite entre aulas y pasillos de un centro escolar podrá observar el esfuerzo y la energía que despliega la mayor parte del profesorado. Particularmente, aquellos profesionales que se involucran en el desarrollo de proyectos colectivos de mejora de su práctica.

Este observador se sorprenderá de que las administraciones no reconozcan esta dedicación adicional; más bien, parece ‘incomodarles’. También se extrañará al comprobar que este trabajo no está apoyado con recursos, formación… y tampoco considerado como ‘mérito preferente’ en el dossier laboral del docente.

Nos encontramos instaurados en esta lógica, y sin embargo, de tanto en tanto, y últimamente con insistencia, se plantea la ‘apremiante’ necesidad de incentivar las buenas prácticas de enseñanza, demandándose en los medios de comunicación, por grupos políticos y expertos el impulso de la ‘mal’ llamada, a nuestro juicio, ‘carrera docente’. Nos tememos que esta premura, tal y como se formula, consigue que la opinión pública se olvide de la necesidad de reformas más estructurales, globales e inclusivas, de mejora de la inversión pública, racionalización de los recursos, otras concepciones del currículo básico y su enseñanza, reorganización de los centros como promotores de ambientes de aprendizaje… Obviando todo esto, se califica de ‘urgente’ la puesta en marcha de otra vertiginosa ‘carrera’, en este caso, la docente.

El término ‘carrera’ parece sancionar la ‘competición’ como ‘método idóneo’, como el mejor camino de mejora profesional. Para sus defensores, impulsar esta carrera incentiva la selección de los ‘mejores’ profesionales (los docentes más competitivos) en los que invertir ‘provechosamente’ formación y gratificaciones.

Los profesionales así ‘distinguidos’ (lógicamente pocos, en otro caso no sería necesaria dicha selección) alcanzarían la ‘excelencia’ y la correspondiente recompensa económica. El resto (otros muchos), que atendería a la mayor parte de la población estudiantil, quedaría relegado (‘¡no han ganado la carrera!’) a la categoría de ‘ordinarios’, del ‘montón’, los que ‘no se esfuerzan’…

Esta forma de entender la actualización permanente y la promoción del profesorado, sinceramente, no nos gusta. No parece la más adecuada, ni la más idónea para contribuir a una mejora real de las condiciones de enseñanza. No hay evidencias de que pretenda y consiga mejorar los aprendizajes, especialmente de los estudiantes con mayores dificultades. De hecho, los docentes ‘excelentes’, que resulten de este proceso selectivo, según sus valedores, habitualmente no impartirían docencia en las etapas educativas más profesionalizadoras y más sustanciales en el desarrollo madurativo de nuestros estudiantes (las primeras etapas del sistema educativo), sino que su mejor posicionamiento les haría candidatos para elegir vías alternativas de ejercicio de la docencia en otros tramos más prestigiados del sistema educativo, para el desempeño de funciones orgánicas mejor retribuidas y valoradas o de puestos técnicos en la administración, alejados de la enseñanza directa y del ejercicio de aquellas habilidades, que se supone que dominan en grado de ‘excelencia’… ¡Qué desperdicio y qué despropósito!

De todos es conocida, además, la burocrática fórmula que se ha venido utilizando para reconocer los méritos de esa carrera docente (número de horas de asistencia a cursos, títulos académicos y otras actividades de formación, asistencia a jornadas, años de antigüedad…) y su ineficacia para ‘garantizar’ una mejora real de la competencia profesional de un docente y de la labor global de un determinado centro en el servicio educativo que presta a los estudiantes. Si bien hay que reconocer su capacidad para mantener el statu-quo, el inmovilismo institucional y el poder habitual de determinadas élites profesionales y de gerencia.

Desde el análisis y la reflexión pedagógica se considera completamente desafortunada la formulación de planes de formación y cualificación docente reservados a determinados desempeños profesionales de ‘élite’, para excelentes, para minorías privilegiadas… Este tipo de ‘méritos’, tienen sentido en una sociedad que persiste en aumentar la brecha de la desigualdad. “Actualmente, se insiste constantemente en que ‘todos somos iguales ante las leyes’. Pero con algunas [propuestas] habría que decir ‘todos somos iguales ante leyes que establecen desigualdades económicas, sociales, políticas y culturales entre ciudadanos’ ” (José Domínguez, 2018; pendiente de publicación).

Preferiríamos, por tanto, eliminar la palabra ‘carrera’ y buscar, entre todos, otra denominación unida a un concepto más valioso de cualificación profesional. Por proponer algunas, quizá, aquellas que se mantienen con cierta tradición en la investigación educativa como ‘desarrollo’, ‘mejora’… (Bolívar y Bolívar-Ruano, 2016; Marcelo, 2011; Bolívar, 2003; Darling-Hammond, 2001…). En este caso, hablaríamos de ‘desarrollo profesional docente’, ‘mejora profesional’, ‘comunidades de profesionales de aprendizaje’… tareas consideradas necesarias, de responsabilidad y obligación en todo desempeño docente y que afectan a todo el profesorado; en ningún caso sería un recorrido diseñado para unos pocos, los más hábiles y motivados para la competición, los ‘mejores competidores’.

Pero no nos equivoquemos; lo importante no es ‘cambiar de nombre’ sino acordar, definir y establecer colectivamente un significado diferente de lo que supone el ejercicio ético, fundamentado y justo de la tarea docente y su perfeccionamiento continuo.

Conseguir que la denominación ‘desarrollo profesional docente’, por ejemplo, adquiera sentido y esté justificada exige disponer de más oportunidades para que los docentes puedan investigar sobre su práctica y reflexionar individual y colectivamente. El desarrollo de estas tareas debe formar parte de las expectativas profesionales de todo docente, sin que se asocie siempre a una ‘mal entendida promoción’, al cambio de etapa educativa o al dominante y casi exclusivo incentivo de mejor retribución para unos pocos, para los ‘ganadores’.

Los docentes ‘experimentados’ podrían, desde esta otra concepción, seguir ejerciendo la docencia en las etapas educativas en que se encuentran destinados. Aquellas, donde han demostrado su capacitación y se ajustan a sus habilidades e intereses profesionales. Podrían convertirse en referencia de profesores ‘noveles’, a los que tutorizarían en sus primeros pasos profesionales; colaborar con las universidades en la formación de futuros docentes, ejercer el liderazgo de actividades de ‘apoyo entre iguales’, mejores condiciones para dirigir proyectos de centro, promover el intercambio y el trabajo en red con otros centros, participar en la definición, desarrollo y evaluación de las políticas educativas… etc. En otros términos, disponer de más oportunidades para, junto a otros profesionales, construir una mejor educación, una mejor escuela, un mejor aprendizaje y una mejor cualificación profesional en continua revisión.

Estas tareas deberían estar acompañadas de tiempo disponible, dentro del horario escolar, para el desempeño de actuaciones que repercuten en la mejora del funcionamiento global del centro, aumentando, al mismo tiempo, el reconocimiento profesional y, como incentivo subsidiario, acompañadas de complementos económicos. Hoy sabemos que los cambios institucionales necesitan, además, la reconstrucción de ideas, creencias y rutinas profesionales, la mejora y cualificación de las habilidades y capacidades docentes, no sólo de forma individual, sino como resultado del trabajo en colaboración en ‘comunidades de aprendizaje profesionales’ en los propios centros escolares. Parafraseando a Ortega y Gasset, todos somos pocos… para hacer bien las cosas.

Existen muchas motivaciones profesionales que nos hacen sentirnos orgullosos de ser docentes, sin necesidad de asociarse siempre a las políticas de incentivos monetarios para unos pocos. Estas políticas, no dejan de ser una ‘coartada’ para la redistribución salarial y para afianzar un comportamiento profesional individualista del tipo… ‘sálvese quien pueda’. Sin embargo, el éxito de los aprendizajes es un elemento muy poderoso que mantiene interesado al profesorado en un trabajo intenso y de transformación de su práctica. De hecho la investigación apunta que la oportunidad para sentirse eficiente es el motivo más poderoso para entrar y permanecer en la enseñanza, así como para el compromiso y el esfuerzo.

Cuando el éxito de los estudiantes está unido a una mayor disponibilidad de recursos y apoyos estructurales que permiten el establecimiento de una relación más sincera y más auténtica de colaboración con las familias y los agentes sociales del barrio, el profesorado percibe recibir una doble recompensa por su trabajo, y adquiere cuerpo un compromiso radical por garantizar que ningún estudiante haga frente a las exigencias escolares y a su adolescencia desde la soledad.

El profesorado que se siente parte de un proyecto, que percibe el centro como un espacio propio, participa abiertamente en sus decisiones, se siente ‘escuchado’ por las administraciones en sus demandas de mejora profesional… considera el tiempo que dedica al centro, a la mejora de su tarea profesional… una inversión en sí mismo y es generoso en su dedicación una y otra vez. “Es similar a lo que siente el propietario de una bodega cuando asea los estantes y barre el suelo, por contraposición a lo que puede sentir el trabajador de McDonald’s” (Darling-Hammond, 2001: 230). Algo mucho más auténtico, eficaz y justo que la promoción de carreras de éxito individuales para unos pocos y cuya máxima aspiración es abandonar la docencia.

Rodrigo J. García. Blog ‘Escuelas en Red’ y ‘Por Otra Política Educativa (Foro de Sevilla)

domingo, 17 de junio de 2018

Un nieto de Tomás y Valiente tras recibir un premio académico de la Comunidad de Madrid: "Menos excelencia y más calidad educativa" (eldiario.es)

Artículo publicado en eldiario.es
  • "La calidad educativa no puede reducirse a la excelencia académica. La calidad educativa comporta otro elemento esencial, más allá de la excelencia académica, la equidad”, ha explicado el joven
Cada año, la Comunidad de Madrid premia a algunos de sus mejores estudiantes de Bachillerato y Secundaria con una serie de becas de excelencia con las les que les permiten financiar sus estudios universitarios. A acto han acudido el nuevo presidente madrileño, Ángel Garrido y el consejero de Educación, Rafael Van Grieken, para conceder las becas a los alumnos premiados por su gran rendimiento académico durante el curso 2017/2018. 


Lo que nadie se esperaba, tal y como recoge este lunes la Cadena Ser, es que uno de los alumnos premiados lograse enmudecer a todo el auditorio del Instituto Beatriz Galindo, donde se celebraba el acto. El responsable ha sido un estudiante del IES Ramiro de Maetzu, el joven de 19 años Francisco Tomás y Valiente -nieto del reconocido jurista y académico asesinado por ETA en 1996-  premiado por ser uno de los mejores estudiantes de Bachillerato de toda la comunidad en Filosofía y Políticas. Durante su discurso de entrega de uno de los premios, Tomás y Valiente ha aprovechado la oportunidad para mandar un contundente mensaje a la clase política española.
"Menos excelencia y más calidad educativa", ha emplazado el joven, que en apenas tres minutos ha logrado arrancar un imponente aplauso por parte de la audiencia presente en el acto. “La calidad educativa no puede reducirse a la excelencia académica. La calidad educativa comporta otro elemento esencial, más allá de la excelencia académica, la equidad”, ha explicado el joven. Durante el discurso, ha querido recordar que "no solo son excelentes aquellos que obtienen óptimos resultados, sino muy especialmente, quienes consiguen progresar desde circunstancias menos ventajosas, en ocasiones, con problemas familiares, aprietos económicos o dificultadas de aprendizaje. No podemos permitir que el olvido de nuestra suerte presida esta celebración”.
"La prioridad no podemos ser aquellos que obtenemos resultados considerados como excelentes. La prioridad que tienen que ser aquellos que tienen más dificultades”, ha concluido, tajante. Con el aplauso aún candente, el presidente madrileño ha tomado la palabra para anunciar la convocatoria de las nuevas becas de excelencia de la Comunidad de Madrid “para facilitar ese camino y también en esa búsqueda de la equidad”, en un intento por salvar la situación. 
La nueva convocatoria de becas universitaria para los mejores alumnos se aprobará este próximo martes en el Consejo de Gobierno. De cara al curso 2018-19, la Comunidad de Madrid congela la partida de los 6’7 millones de euros que ya destinó el año pasado. Con ese presupuesto se ayudará a 3.215 estudiantes, un total de 2.090 irán dirigidas a estudiantes ya matriculados en enseñanzas universitarias o artísticas superiores, mientras que otras 1.125 serán para alumnos de nuevo ingreso en la universidad o en enseñanzas artísticas superiores de la Comunidad.
Los estudiantes beneficiarios de estas becas de excelencia recibirán una dotación individual de 2.100 euros para costear su formación universitaria durante el curso 2018-19, según ha explicado el Gobierno regional en una nota de prensa.
Para poder solicitar una de estas ayudas se requiere una nota media mínima de 12,5 puntos para los alumnos de nuevo ingreso en la universidad y los que hayan cursado un ciclo formativo de grado superior o equivalente. Por su parte, en enseñanzas artísticas superiores se necesita una nota media de 12 puntos y para alumnos ya matriculados entre 8 y 9 puntos, dependiendo del tipo de estudios.

martes, 10 de octubre de 2017

Educación ningunea sus propios premios a la excelencia universitaria (por Daniel Sánchez Caballero en eldiario.es)

Artículo de Daniel Sánchez Caballero publicado en eldiario.es

  • Desde que varios premiados retiraron el saludo al ministro Wert en 2014, el Ministerio ha arrinconado la máxima distinción para estudiantes
  • La convocatoria de 2017 lleva cinco meses de retraso y la ceremonia de los últimos galardonados aún no se ha celebrado
  • Los premios se entregan con cuatro años de retraso respecto a las graduaciones lo que anula algunas ventajas como puntos extra a la hora de acceder a becas
Daniel Sánchez Caballero

Mayo de 2017. Los estudiantes ganadores del Premio Nacional de Fin de Carrera de Educación Universitaria esperan que el Ministerio de Educación, convocante de los galardones —el mayor reconocimiento a un licenciado universitario del país—, realice la gala anual de entrega de los premios, tradicionalmente en ese mes. A día de hoy, la ceremonia sigue sin celebrarse ni tiene visos de hacerlo. Los premios del año anterior los entregó el número dos de Educación en un gala semifurtiva (no hay rastro de ella en internet). Los aspirantes a premiados de la siguiente promoción siguen esperando que salga la convocatoria, que acumula cinco meses de retraso.
Desde que en 2014 un grupo de estudiantes galardonados con el Premio Nacional de Fin de Carrera de Educación Universitaria decidiera hacer visible su malestar con el Ministerio de Educación por sus políticas educativas retirando el saludo al exministro José Ignacio Wert en la gala de entrega de los premios, el Ministerio ha ido arrinconando sus propios galardones a la excelencia educativa, denuncian los premiados.
"Parece que el Ministerio no tiene ningún interés por nosotros ni por la excelencia. Cada vez lo pone más difícil. Seguimos esperando la convocatoria de los premios correspondientes al curso 2013-2014, lleva ya cuatro años de retraso y pone en peligro la continuación de este reconocimiento", explica Elena Camacho, una de las premiadas del curso 2012-2013.
El ninguneo se hace más patente cuando se observa el tratamiento que reciben otros galardones similares, pero de iniciativa privada, añaden. "Resulta chocante el retraso y desprecio de los Premios por parte del ministerio, la falta de compromiso del ministerio con la excelencia en la Universidad", valora Juan Margalef, presidente de La Facultad Invisible (LFI), asociación que reúne dos centenares de Premios Nacionales de todas las promociones.
La imagen contrasta con la del pasado 23 de mayo de este año. Entonces, los Reyes de España, el presidente de la Generalitat y la vicepresidenta del Gobierno acudieron, con toda la pompa que ello implica, a un acto por el que la Fundación La Caixa entregaba 120 becas a sus ganadores para que cursaran estudios de posgrado en el extranjero. El acto se publicitó antes y después.

Una y no más

En 2014, Wert tuvo que poner su mejor cara de póker cuando los premiados le dejaron con la mano extendida al aire en un acto abierto, con prensa y familiares de los premiados. Aprendió la lección.
[...]
Lee el artículo completo en eldiario.es

domingo, 25 de septiembre de 2016

"Reválidas reinútiles" (Raquel Pérez Ejerique)

Reproducimos este artículo publicado en ZONA CRÍTICA  de EL DIARIO.ES

El Gobierno sigue enfrascado en la huida hacia adelante y aprobó en julio el decreto para implantar las reválidas que nadie quiere, que no va a poder armar porque está en funciones y que se celebrarán supuestamente el próximo mes de junio. Mientras, la vida real sigue en las aulas a pesar del ministerio y sus incertidumbres. Las reválidas son un invento reinútil, contestado y protestado, e incide aún más en esa educación vieja, mediocre, plana, de acumular exámenes y títulos que luego el PP –y su pacto con Ciudadanos– critica en público para ponerse a defender una educación de calidad y de "excelencia".
Excelencia sería la educación personalizada que premia la creatividad y la participación. Esa cacareada calidad sería educar en valores y pensamiento crítico. En lugar de revalidar a los alumnos, revalorizar el sistema educativo y a sus profesores. Las reválidas solo significan poner más estrés, más memoria y más aros por los que hacer pasar. Eso lo saben ya hasta los religiosos jesuitas, que se han convertido en la vanguardia educativa de este país quitando pruebas, deberes y horarios. El PP va por detrás de la institución más vieja del mundo.
Cuando los países más punteros en educación vilipendian los exámenes, la cuadrícula y las asignaturas cerradas, el gobierno del PP –y Wert de cuerpo ausente– está mandando en contradirección a ocho millones de alumnos. Hay semáforos en rojo, señales de prohibido, luces deslumbrando de cara, pero la estrategia comunicativa del Gobierno insiste y consiste en cerrar los ojos y apretar los dientes.
Las reválidas de Wert no son más que un revival de las que se celebraban en la autárquica España de Franco. Inercia 10, imaginación 0. Tras el altisonante nombre se esconde un simple examen más -ahora, sí, el último, de verdad, nos juran- después de muchos otros exámenes durante muchos otros cursos. Si ese día sacas un 5, el Estado protector –que tiene el monopolio de dar títulos y certificar lo que uno sabe– te dará un papel que te acredite los años de estudio. Si no lo apruebas, retrocedes en la casilla, te vas a FP si eres de Bachillerato o, cansado te lo dejas y sales del sistema.
Con la incertidumbre de si se podrán llevar a cabo las reválidas, con la Lomce implantada en todos los cursos, el PP vende ahora un mayúsculo "Pacto por la Educación", un eufemismo, una expresión blanqueada para prometer no manosear el sistema educativo que es, junto a la tele pública, el principal botín ideológico para amolda

martes, 29 de julio de 2014

Aulas segregadas en nombre de la excelencia (Pablo Elorduy)

Gracias a @YoEPublica hemos conocido este artículo publicado en diagonalperiodico.net

La financiación de la Lomce saldrá de las comunidades autónomas hasta que lleguen los fondos europeos. Arrecian las críticas ante un sistema educativo de dos velocidades.

Tras el pasado otoño de huelgas, encierros, cortes de tráfico y manifestaciones, el próximo septiembre echa a andar la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), la primera reforma del sistema educativo que sale adelante con el apoyo de un solo partido, como recuerda Jurjo Torres Santomé, catedrático de la Faculdade de Ciencias da Educación de la Universidade da Coruña. A finales de junio, el Gobierno anunciaba que parte de la inversión para la puesta en marcha de la ley hasta 2018, más de un 60% del total de mil millones de euros, saldrá de las comunidades autónomas, que tendrán que computar como deuda el gasto hasta que lleguen los dineros prometidos por el Fondo Social Europeo.
La ley nace con otras incertidumbres y unas cuantas certezas, que vienen siendo denunciadas desde que el ministro Juan Ignacio Wert presentase, a finales de 2012, el borrador de la reforma. Como ha apuntado José Ramón Rodríguez Prada, autor del libro 'Conflicto y reforma en la educación': “El sistema educativo emana de la propia sociedad, no puede ser contradictorio con ella, ni mejor ni peor”.
Tras casi 20 años de Logse, la Lomce se presenta como la ley educativa de las próximas generaciones y se adecúa a un sistema en el que las clases medias −a las que privilegió la reforma de 1990− pierden fuelle respecto a la élite −favorecida por el sistema de conciertos a centros privados, que ya ocupa el 40% de la oferta− y en el que las clases populares compiten por ser tocadas con la varita mágica de la movilidad social en el segundo Estado con mayores desigualdades de la UE.
El veterano profesor Antonio Aramayona, quien desde hace un año mantiene una protesta diaria frente al domicilio de la consejera de Educación de Aragón, insiste en que la Lomce crea dos vías, la de la “excelencia”, para quien puede acceder a ella, y otra que busca que “personas con o sin formación vayan a estar contentas con un empleo precario”.

Funcionamiento piramidal


Según el plan del ministerio, en la cúspide de la pirámide se situarán a partir de ahora las direcciones de los centros. Como explica Carmen Rodríguez, exdirectora general de Ordenación y Evaluación Educativa en la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, sobre éstos pasan a depender las decisiones del centro. A partir del próximo curso se desvanecen los Consejos Escolares, que pasan a ocupar un papel meramente consultivo; la dirección decidirá la programación del curso y sobre la admisión del alumnado.
El profesorado asumirá una nueva rebaja de sus condiciones laborales: hasta el 50% de las contrataciones dependerá de las decisiones de la dirección del centro. Y serán menos: según datos del propio ministerio, en el curso 2012-2013 se perdieron 18.000 plazas de maestro en los centros públicos, mientras en la privada-concertada y la privada se producía un aumento de mil profesores.
Pese a que el Gobierno ha presentado cifras que sitúan a España por encima de la media europea en cuanto al número medio de profesores por alumno, desde la plataforma Soy Pública denuncian el aumento “sin precedentes” del número de alumnos por aula y la pérdida de poder adquisitivo del profesorado, al tiempo que subrayan la heterogeneidad del alumnado en España, un motivo, a decir de los expertos, para reducir las cifras de alumnos por aula.
Como explica Jurjo Torres, el contexto es fundamental para entender la necesidad o no de ratios más bajos: “La ratio no importa cuando tienes 40 estudiantes de clase media acomodada y del Opus Dei: son igualitos; ahora, si tienes 15 y uno no sabe hablar castellano, el otro tiene una familia desestructurada, en ese caso es donde se necesitan apoyos, recursos y cosas por el estilo”.
“Aunque la ley no habla expresamente de los profesores, lo que se está vendiendo es laprecarización”, explica Carmen Rodríguez. Una devaluación del trabajo del profesorado cuyo golpe más duro fue la aplicación del Real Decreto 14/2012, que aumentó las horas lectivas que tienen que dar los docentes y que ha supuesto el despido de miles de personas en situación de interinidad.

Mejor que los demás


En la retórica oficial del texto, “todos los alumnos y las alumnas tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento”. Pero la realidad es que la ley se centra en distinguir los “talentos” de aquellos alumnos “cuyo nivel formativo esté muy por debajo de los estándares de calidad internacionales”.
Para Lola Saldaña, del Movimiento Social por la Escuela Pública Asturias, el propósito de la normativa es eliminar la cooperación e instaurar la competencia total: “Wert explicaba que los lentos dificultan el avance de los rápidos, y que es necesario separarlos pronto para alcanzar, con algunos, la excelencia”.
El artículo 121 de la Lomce introduce el concepto de “especialización curricular”, lo que supone que los centros guiarán a niños y niñas desde los 12 años, en itinerarios orientados “a las enseñanzas académicas” y otros que impartan el itinerario “orientado a las enseñanzas aplicadas”, al gusto del mercado laboral.
Para Jurjo Torres se deben seguir planteando las resistencias a la ley, entre otras cosas porque la ofensiva por parte del ministerio no ha cesado. “Están construyendo una imagen de que el sistema educativo es desastroso para hacer trabajo de demolición y construir no se sabe bien qué”. Con ese propósito funciona como una herramienta de valor extraordinario el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, más conocido como informe Pisa, una evaluación de tres capacidades: habilidad lectora, matemáticas y ciencias, que se realiza a los 15 años y que puede marcar el futuro del alumnado que baje la media.
En opinión de Jurjo Torres y Carmen Rodríguez, Pisa funciona como pretexto para deslegitimar el sistema público y especialmente a quienes lo sostienen, alumnos y docentes. “Estas evaluaciones están dirigiendo las propias reformas”, explica Rodríguez, para quien otro efecto de Pisa es crear un modelo de aprendizaje más memorístico y uniformizado, con asignaturas “fuertes” que desplazan a las enseñanzas humanistas y artísticas. “Los alumnos se aburren con estos sistemas que tratan de ser competitivos y reducir la creatividad”, sentencia esta catedrática de la Universidad de Málaga.
Según Jurjo Torres, la construcción social que se hace en torno al éxito y el fracaso escolar, llamado desde hace años abandono escolar, convierte éste por arte de birlibirloque en una disposición del ánimo o incluso genética: “Da sensación de que se trata de un juego de lotería, que todos tenemos la misma posibilidad de que nos toque el gordo, pero eso no es así”, explica Torres, “el 30% de abandono escolar siempre le toca a los mismos”.
Por su parte, Carmen Rodríguez indica que “la Lomce, más que evitar el abandono escolar, va a acrecentarlo”. La competición entre centros por conseguir “a los mejores alumnos y los mejores profesores” se traducirá en más financiación para los que presenten mejores resultados, mientras los perdedores del ranking se convertirán en centros-gueto.
Disparidad de los resultados, mismo criterio
La propaganda de los resultados del informe Pisa, que sitúa al Estado español por debajo de la media de la OCDE, ejerce como una palanca para la reforma educativa planteada por el Gobierno. Pero, como señala el profesor Jurjo Torres, en lugar de intervenir en las zonas con peores resultados, la reforma se extiende a comunidades con resultados superiores a la media, como País Vasco o Navarra.
De la Logse del PSOE a la Lomce del PP
Cuando en 1990 nacía la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (Logse), ésta pretendía incidir sobre el de­sempleo juvenil --que batió un record en 1994 que no iba a ser superado hasta 2012-- y el llamado fracaso escolar: España era segunda de la UE en número de jóvenes expulsados por el sistema educativo. Las octavillas distribuidas en las manifes­ta­cio­nes contra la Logse ya denunciaban el clasismo y la segregación como el problemas endémico del sistema educativo.

lunes, 20 de enero de 2014

El hermano de Wert suma su firma a un manifiesto de docentes que rechazan la LOMCE

DIARIO DE CÁDIZ.ES: Con Wert (Juan Pablo) a la cabeza


El manifiesto realizado por un grupo de antiguos profesores del Instituto Columela rechazando la LOMCE ha contado con la firma de un mediático docente que durante ocho años trabajó en este centro. Tan mediático que dio una clase en plena calle para protestar por los recortes del Gobierno en los campus universitarios siendo... el hermano de José Ignacio Wert, ministro responsable de tan discutidas políticas educativas. Así es. Juan Pablo Wert, que dio clases de Geografía e Historia entre 1979 y 1987 en el Columela y es ahora profesor universitario de Historia del Arte en la Universidad de Castilla-La Mancha, es uno de los docentes que además de respaldar el rechazo a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa agradece en el mismo manifiesto haber formado parte de la historia del instituto gaditano, que celebra estos días su 150 aniversario. Ayer por la tarde, algunos ex profesores leyeron en la Casa de Iberoamérica este manifiesto recordando sus pasos por el histórico centro.

No pudo estar Juan Pablo Wert en el acto, pero a través del teléfono explicaba a Diario de Cádiz que ser hermano del ministro de Educación "no significa que no pueda tener mi propia opinión sobre ciertas asuntos. Tenemos opiniones diferentes y no hay problema alguno". El profesor universitario añadía que "un problema sería lo contrario, que dos hermanos tuvieran que opinar lo mismo por el hecho de ser familiares. Eso nos retrotraería a épocas pretéritas". Juan Pablo Wert admitía guardar "excelentes recuerdos del Columela y, por supuesto, de Cádiz, el lugar más bonito del mundo".

Los antiguos docentes manifestaron su "agradecimiento y satisfacción" por haber formado parte "de ese numerosísimo colectivo que, generación tras generación, ha trabajado con empeño y profesionalidad a favor de los jóvenes de esta ciudad, inculcándoles valores cívicos y conocimientos académicos con los que poder, de la mejor manera posible, afrontar su inserción social, su futuro laboral y su felicidad personal". Y recordaron que desde hace 150 años han tenido que desarrollar su labor docente "en muy diferentes circunstancias (condiciones materiales, contextos ideológicos, reconocimientos sociales, leyes de educación, planes de estudio, etc.), que unas veces facilitaron sus tareas y otras las entorpecieron y dificultaron".

De ahí que el manifiesto, que reproducimos más abajo, enlace con la "nueva circunstancia" a la que se enfrenta el Columela: la LOMCE. Los profesores hablan de una Ley que "con supuestas medidas para mejorar la calidad de la enseñanza, como la "elección de centro" o "los centros de excelencia", encubre importantes recortes presupuestarios y la consiguiente degradación de las enseñanzas públicas frente a las privadas y concertadas".

El programa conmemorativo del 150 aniversario del IES Columela continúa hoy con un acto, a las 12 horas, en el que el Ayuntamiento de Cádiz entregará al Instituto un mural-placa que la ciudad de Cádiz le concede en reconocimiento a su labor docente.

martes, 14 de enero de 2014

"El nuevo currículum: Qué y cómo van a enseñar los profes a nuestros chicos y chicas con la LOMCE" (Manuel Menor)

Reproducimos este artículo que nos envía Manuel Menor:

 

Aprovechando el final de trimestre y las propias vacaciones navideñas, el equipo de Wert ha puesto en circulación el proceso de desarrollo curricular de la LOMCE.

 

 La metodología a seguir para el Real Decreto correspondiente parece que será la misma con que se elaboró la Ley Orgánica: rapidez y sordera ante propuestas discrepantes, aunque el plazo para hacer aportaciones haya estado abierto hasta el día tres de enero de este nuevo año y añadan que, durante el trámite de este desarrollo normativo, todavía admitirán sugerencias: calidadeducacion@mecd.es Descripción: http://www.mecd.gob.es/docroot/fckeditor/images/smiley/educacion-ico/ico-mail.gif. El proyecto pueden verlo en estos enlaces: Texto del proyecto Descripción: http://www.mecd.gob.es/docroot/fckeditor/images/smiley/educacion-ico/ico-pdf.gif Anexo I. Materias troncales Descripción: http://www.mecd.gob.es/docroot/fckeditor/images/smiley/educacion-ico/ico-pdf.gif Anexo II. Materias específicas Descripción: http://www.mecd.gob.es/docroot/fckeditor/images/smiley/educacion-ico/ico-pdf.gifAnexo III. Continuidad entre materias de Bachillerato Descripción: http://www.mecd.gob.es/docroot/fckeditor/images/smiley/educacion-ico/ico-pdf.gif En correspondencia con la LOMCE, el texto modifica la organización y elementos curriculares  de las enseñanzas de Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato.  Las asignaturas se agrupan en tres bloques: troncales, específicas, y de libre configuración autonómica, ahora disminuida.  Se persigue, además, la secuenciación conjunta de las mismas, de forma que exista una continuidad en las que se imparten a lo largo de las tres etapas. Bajo estas formalidades han de tenerse en cuenta, sin embargo, las asignaturas que aparecen o desaparecen sin justificación suficiente, con las que se configura la hegemónica cosmogonía particular cuyo aprendizaje es relevante para el legislador. El refuerzo de la Religión o, en su lugar, la presencia de otros “Valores éticos”, la obsesión por el “emprendimiento” como asignatura  desde edades tempranas (BOE, 05/03/2011), o la supresión de la Educación para la Ciudanía a contracorriente de lo que sucede en los países de nuestro entorno, son piezas significativas en este entramado. Aunque parezca muy técnico el cambio, también es relevante que desaparezcan las “Ciencias Sociales”, para llamarse estrictamente: “Geografía e Historia”. Es un cambio de enfoque muy diferente.

Las “competencias” son el centro de atención, pese a las “asignaturas”. Es importante no perder de vista el recurso sistémico a ellas como elemento director interno. No es una novedad, pero es importante esa persistencia de la perspectiva pragmática, en gran medida para atenerse al lenguaje internacional del Espacio Europeo de Educación –no sólo preceptivo para los estudios Superiores- desde 2002, y coincidente, además, con el de los Informes PISA de la OCDE a que tanto gusta aludir a Wert, aunque sea de manera sesgada. Repercute de inmediato en los enfoques del aprendizaje deseable y  de su posterior evaluación prescriptiva, al centrarse ésta en lo que el alumno asimile y sea capaz de hacer. Por otro lado, obedeciendo a las mismas normas internacionales, este Proyecto curricular prioriza las que entiende como competencias básicas: comunicación lingüística y competencias STEM (acrónimo de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que se consideran prioritarias de cara al desarrollo de los alumnos y a su capacidad de desenvolverse en el mundo del conocimiento y la tecnología, lo que, inevitablemente, dejará en segundo plano de atención –o hará desaparecer- áreas de saber más complejas y menos utilitaristas.
Los contenidos mínimos tienen atención especial  en el currículo básico de aquellas asignaturas que deben ser comunes a todos los alumnos, las que se incluyen en el bloque de asignaturas troncales –justo las que directamente centran la atención de las evaluaciones internacionales. Las específicas permiten mayor autonomía a los centros a la hora de fijar el currículo y conformar su particular oferta “de calidad”. Y las  de libre configuración autonómica, por su parte, precisan el nivel de autonomía que las Administraciones educativas y los centros pueden ofrecer como diseño propio, pero también quedan en segundo plano.  Esta estructura obedece a la redistribución de competencias entre el Estado y las Comunidades que ha impuesto la LOMCE. Pero en el conjunto, estas dos clases de saberes quedan disminuidos de manera poderosa en la preocupación de la escuela, al tiempo que, en general, se reducirá ampliamente la riqueza  de proyectos didácticos que los profesores deben saber desarrollar, ya que no podrán arriesgarse a perder de vista las evaluaciones externas que supervisarán su labor docente de manera periódica y, sobre todo, en los cambios de etapa educativa.
Aviso para profesores: este Real Decreto condicionará mucho el trabajo profesional con sus alumnos incluso en las áreas troncales. Las posibilidades de innovación, adaptación y personalización que pueda y desee hacer se reducirán de manera muy considerable. Lo mismo cabe decir de los programas de flexibilización curricular y las metodologías cooperativas que pudiera ser necesario practicar para el tratamiento de temas transversales o, simplemente, para una mejor implementación de procesos de enseñanza-aprendizaje en situaciones de mayor dificultad, para prestar atención a la diversidad. Téngase en cuenta que quien acabará organizando el qué y el cómo enseñar –de manera explícita y de manera oculta-  son las evaluaciones externas al final de la Primaria, de la ESO y del Bachillerato, lo que contaminará indefectiblemente las urgencias de cada profesor, y más cuando él mismo será medido por los resultados de las evaluaciones de sus alumnos. Indirectamente, servirán para mostrar a la ciudadanía -de manera fácilmente manipulable- el aparente nivel de “mejora” que haya aportado la LOMCE al sistema. La “excelencia”, según esta Ley, es ante todo la atención al rendimiento de los selectos. Cae lejos de sus pretensiones qué pase con los demás,  derivados más rápidamente que antes hacia  “otras competencias” de menor demostración social.
Las academias convencionales, son el mejor espejo de lo que vendrá a ser el trabajo de nuestros maestros y profesores en los Institutos. Lo que cuenta en ellas son los aprobados en la oposición correspondiente. Los chicos y los profesores van a estar, similarmente, en permanente vigilia ante la validación o no de la superación de etapa, a la espera de que un evaluador externo dé o no el placet al test correspondiente, siempre muy aleatorio. Esta práctica, con derivaciones inmediatas para el centro, el profesor y los alumnos, es sobradamente conocida en EEUU desde finales de los setenta, y muy contestada por cómo desvirtúa un trabajo seriamente educativo. En España, en la medida en que la Prueba de Selectividad ha tenido relevancia, ha condicionado totalmente el 2º de Bachillerato y, anteriormente, las pretensiones de lo que quiso ser el COU. Todo esto, por otra parte, conlleva una nueva jerarquización explícita de los saberes de “las asignaturas”, que se traducirá de inmediato en valoraciones muy diferenciadoras, de profesores y alumnos, sobre su quehacer mutuo en las aulas: qué merece la pena estudiar y qué no, qué tiene valor –cuantificable- y qué no sirve para nada, como las viejas “marías”.
La estrategia del buzón que con motivo de este proyecto curricular se ha activado, es previsible que haya hecho llegar al Ministerio sugerencias de todo tipo. Harían bien los encargados de tramitarlas en no pensar que les toca lidiar con twiters incómodos o desvergonzados. Hay un malestar más profundo de mucha gente. Por ello, debieran hacer caso a lo que muchos Profesores de Filosofía –discriminados en este asunto-, están diciendo.  Y para que no perdamos tanto tiempo en tejer y destejer programas y vidas de nuestros adolescentes, estaría bien que leyeran con cuidado lo que acaba de decir Rubalcaba en la revista ESCUELA este pasado día nueve, a propósito del currículum educativo. No parece que vayan de farol ni él ni cuantos han puesto serios reparos a este conjunto legislativo wertiano, exclusivamente amparado en  una mayoría absoluta, silenciosa a la hora de votar en  el Congreso de Diputados. El BOCG y el BOE tan sólo parecen servir ya más que para jugar  al ping-pong legislativo.
Para alegar que se ha dialogado no basta con decir que se envíen sugerencias a un buzón. Lo que está en juego con este Real Decreto va más allá de las asignaturas y sus competencias: es una manera más de alimentar la confrontación o la armonía social.  De cara a la configuración profesional de los docentes que se está queriendo gestar en este momento, también es relevante. No sólo han de atenerse a un nuevo y particularísimo dibujo –no consensuado- de lo que se pretende con el sistema educativo sino que, además, el estilo y características de sus competencias en el ejercicio de su trabajo como enseñantes se verá obligada, de manera principal, hacia un tipo de docencia eminentemente transmisiva. Lo  que se quiere primar no va mucho más allá de las fórmulas cognitivas que implica el corta y pega y, además, no tiene en cuenta qué se haya investigado en otras modalidades más ricas de construir los procesos de enseñanza-aprendizaje. Y para colmo, el profesor de la LOMCE ha de vivir en permanente desconfianza. Con la omnipresente evaluación externa le devuelve a la vigencia de El Panóptico, de Jeremy Bentham (1791); no propiciará profesionales autónomos y reflexivos, atentos a las exigencias que le plantea una docencia con alumnos de variadas necesidades y capacidades..
La prisa no es buena consejera en estas cosas, aunque pueda aparentar eficiencia. Peor si se hacen como a escondidas, sin transparencia y, que se sepa, sin consultar a expertos reconocidos: la redacción del Proyecto es confusa a veces, como ya sucedió con los borradores que precedieron a la LOMCE. Así, el mensaje es que todo vale con tal que salga el boceto principal de lo que se quiere imponer. Por eso –entre otras claridades-,  es tan meridiana la preocupación por introducir en partes sensibles del currículum una versión casera de neoliberalismo, una cuidada selección de Valores éticos o que la Religión -¿no era asignatura “fundamental”?- aparezca con un currículum único para todos los cursos. Puede que, a diferencia de la obligada secuenciación de las demás, haya de entenderse como un mantra a reiterar cíclicamente. O puede que, con las prisas, se sobreentienda que Dios proveerá.

http://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/dms/mecd/servicios-al-ciudadano-mecd/participacion-publica/curriculo-basico/RD-curr-culo-LOMCE-PR-ESO-BACH-V1-10-12-13.pdf


jueves, 5 de diciembre de 2013

"¿Fósiles?" (Miguel Riera Montesinos)

REBELIÓN.ORG: ¿Fósiles?
La Ley Wert empuja hacia la consolidación del negocio educativo


El Viejo Topo


Puesto el sistema educativo en el ojo del huracán por la ley Wert, numerosos opinadores mediáticos y profesionales de la educación se han pronunciado vehementemente en contra del proyecto ministerial. Muchos menos lo hicieron en su día contra las reformas socialistas, y eso que iban ya en la misma dirección, siendo Ernest Maragall la punta de lanza de los cambios reclamados por una institución solidaria y democrática como pocas: el Banco Mundial (confío en que el lector captará la ironía y no creerá a pies juntillas esta última afirmación).

Dejando al margen el tema ideológico-lingüístico, uno de los mayores reproches que se le hace a la desdichada ley Wert es haber avanzado en una dirección que empuja a la consolidación de la educación como un negocio privado, relegando a la escuela pública a cumplir un papel secundario dirigido a las clases inferiores.

Se argumenta, con razón, que la enorme masa monetaria generada en los últimos años busca ansiosamente dónde reproducirse, cómo mantener o aumentar la tasa de ganancia, y tal como están los tiempos, los sectores públicos parecen haberse convertido en un suculento objetivo, como estamos viendo de manera transparente en las privatizaciones acontecidas –o en marcha– en el campo de la sanidad.

Pero se pone poco énfasis, a mi entender, en otro aspecto de la cuestión, tan o más grave que el anterior, porque afecta al desarrollo de la sociedad, a las posibilidades de ascenso social de las clases menos privilegiadas: el intento de fosilización de los diversos estratos sociales, de modo que las clases subalternas permanezcan mayoritariamente en su lugar, proporcionando fuerza de trabajo de escasa cualificación, sobre la que se situarían personas procedentes de las clases media o media-baja, destinadas a tener formación técnica para desarrollar sus oficios (ya sean estos los de mecánico tornero o profesor de filosofía), para eternizar sobre todos ellos una elite destinada a dirigir los intereses económicos, sociales y políticos de la totalidad de la población. Una elite oligárquica de “buena familia” que haya podido satisfacer los caros master universitarios que no están al alcance de la mayoría. Una forma inteligentemente perversa de perpetuar el vigente sistema.

Para consolidar esa fosilización es obvio que hay que degradar la calidad de la escuela y la universidad públicas, masificando las clases, rebajando los niveles de exigencia, adelgazando los programas, recortando presupuestos, en fin, laminando poco a poco todo el sistema educativo con excepción de los ámbitos destinados a la excelencia, y que por supuesto serán de pago. Algo que se viene haciendo, lenta pero constantemente, desde hace bastantes años.

Rebelarse contra ese objetivo debería ser asunto prioritario para los movimientos sociales y los partidos políticos no implicados en ese siniestro camino, pero en verdad estos últimos no parecen ser completamente conscientes de la gravedad del camino que se ha emprendido.

Y tal vez, para cuando se den cuenta del todo, sea ya tarde para remediar el desastre.