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lunes, 9 de marzo de 2026

Ante la agresión fascista en la Facultad de Sociología y Ciencias Políticas de la UCM: organización y respuesta feminista (Comunicado de CNT, CGT, CCOO, UGT y Punto Violeta UCM. 8-3-2026)

 


Entradas destacadas:

sábado, 14 de enero de 2023

31-1-2023: "Construir una pedagogía democrática y del bien común frente al auge del fascismo y la xenofobia" (19:00 h., en Ateneo. Sala Pérez Galdós, 3ª pl. C/ Prado 21)

 Colectivo Infancia nos envía esta convocatoria:

31 de enero de 2023 a las 7 de la tarde
CONSTRUIR UNA PEDAGOGÍA DEMOCRÁTICA Y DEL BIEN COMÚN FRENTE
AL AUGE DEL FASCISMO Y LA XENOFOBIA

Con la participación de:
D. Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Universidad de León.

Será un verdadero placer volver a encontrarnos



lunes, 12 de abril de 2021

Apagarle el micro a Vox (Antonio Maestre para eldiario.es)

 Artículo de Antonio Maestre para eldiario.es

Los mismos medios españoles que alabaron la actitud de la CNN y la Fox interrumpiendo los discursos de Trump cuando su derrota ya se había dado tienen que ser coherentes y ejercer ese hábito halagado con Vox
10-4-2021

José Castillejo Duarte fue uno de los grandes hombres de nuestra historia, por eso poca gente lo conoce. "Un gran español que murió en el exilio", dice su lápida en un cementerio Hendon Park Cementery Mill Hill de Londres, adonde huyó en 1936 por la persecución ideológica que se desató, una ignominia que en el caso de Castillejo fue cometida por la UGT y el fascismo y muestra lo que ocurre cuando el odio ya está desatado. Depurado por el franquismo en 1939, fue en palabras de Serrano Suñer "el hombre más terriblemente funesto que había visto nacer España" porque promulgó la enseñanza en libertad para crear una ciudadanía crítica que ejerciera su actividad política de forma comprometida a través de la Institución Libre de Enseñanza, enseñar antes que instruir, en definitiva. En 1943 en la BBC dejó una frase que define su pensamiento: "La voluntad del pueblo es soberana en una democracia, pero esa soberanía puede ser sensata o insensata y es insensata si cree que un pueblo puede vivir cada día de las reglas que se le dicten la víspera".

José Castillejo sería uno de esos hombres con los que yo no estaría de acuerdo en sus planteamientos políticos pero al que admiraría por su profundo conocimiento y por la búsqueda constante de la verdad desde sus posiciones liberales y en contra de las posiciones esencialistas. Era un defensor radical de la democracia y el respeto al diferente y sabía cuál era el enemigo contemporáneo de su época. Era considerado un miembro de esa entelequia llamada "Tercera España" que se instrumentaliza para intentar transmitir que en nuestro tiempo, hoy, el problema para la democracia viene de igual modo desde ambos polos ideológicos. No, en nuestro tiempo el único peligro que tienen las democracias liberales viene de los posfascismos, y cualquier defensor de los preceptos democráticos contemporáneos no puede establecer una dicotomía imaginaria entre ultraizquierda y ultraderecha para querer presentarse como un miembro de esa tercera España que hoy es solo propia de los tibios, colaboracionistas y cobardes. No hay peligro de revoluciones bolcheviques en Europa, si es lo que temen, no presenten peligros imaginarios para convencernos de que lo que son solo sus miedos burgueses son en realidad un pensamiento elevado de seres superiores.

En 'La caída de los dioses', la película de Luchino Visconti, un empresario liberal de la industria siderometalúrgica que tras el incendio del Reichstag es perseguido por los nazis da la clave: "La culpa es solo nuestra. De todos nosotros, incluso mía. No sirve levantar la voz cuando ya es demasiado tarde, ni basta con salvar las apariencias. Solo hemos dado a Alemania una democracia enferma. El miedo a una revolución proletaria que llevara al país a la izquierda era demasiado grande, y ahora no lo podemos defender más. El nazismo es nuestra creación. Nació en nuestras fábricas, se alimentó con nuestro dinero". El miedo a la izquierda es el mismo, pero ahora no hay peligro de una revolución proletaria, solo de que les suban los impuestos. Tan necios son. El único peligro contemporáneo para la democracia viene de los populismos de extrema derecha. Es hora de afrontarlo por parte de esos que dicen ser parte de la tercera España antes de que se den las condiciones para que tengan que huir como el empresario alemán de Visconti. O pueden ponerse ya el brazalete, que lo están deseando.

Apagarle el micrófono a Vox es una urgencia democrática por parte de todos aquellos medios y periodistas que crean en los valores fundamentales de la democracia y la Constitución. Los mismos medios españoles que alabaron la actitud de la CNN y la Fox interrumpiendo los discursos presidenciales de Donald Trump cuando su derrota ya se había dado tienen que ser coherentes y ejercer ese hábito halagado con Vox en vez de construir las condiciones para que lleguen al poder. El periodismo con perspectiva antifascista es imprescindible en democracia, del mismo modo que lo es el que tiene perspectiva de género y que tendría que estar en todos los libros de estilo de los medios de comunicación. Porque unas ideas que consideran que hay que deportar a un ciudadano español por ser negro merecen ser silenciadas y repudiadas. No hay espacio para la ambigüedad con una ideología del odio.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Cuarenta y dos años después, los jóvenes españoles sabrán "de dónde venimos" (Isaac Rosa para ELDIARIO.ES)

ELDIARIO.ES publica este artículo


Dice la vicepresidenta Calvo que la nueva ley de memoria democrática actualizará los contenidos de la ESO y el bachillerato, así como la formación del profesorado, para que "nuestros jóvenes sepan de dónde venimos".

No les veo muy asombrados con la noticia. A ver así: en el año 2020, 42 años después de aprobada la Constitución, la nueva ley de memoria democrática actualizará contenidos educativos para que "nuestros jóvenes sepan de dónde venimos". Nunca es tarde, ya sé, pero ahí queda el dato: llevamos 42 años sin que el Estado asegure que los jóvenes "sepan de dónde venimos", conozcan el pasado reciente, reconozcan a las víctimas de la represión y cuánto ha costado vivir en democracia.

Cuarenta y dos años dan para unas cuantas generaciones de jóvenes. Yo mismo fui uno de ellos: pasé por el bachillerato de finales de los 80 y principios de los 90 sin oír hablar ni una sola vez de la Guerra Civil, ni del Franquismo, ni de la Transición más allá de la versión edulcorada que te contaban cuando llegaba el Día de la Constitución. Como yo, millones de estudiantes. Por supuesto, muchos acabamos sabiendo "de dónde venimos", pero fue por otras vías, no gracias al sistema educativo.

Durante años creí que esa carencia era exclusiva de mi generación, la de los nacidos en la Transición, y confiaba en que las posteriores ya llegasen a la escuela en una democracia consolidada. Y resultó que no: seguían pasando los años, las promociones de estudiantes, pero el conocimiento del pasado reciente y la memoria de la lucha por la democracia continuaban siendo la eterna asignatura pendiente: la guerra y la dictadura estaban en el currículum, eran un capítulo del manual de Historia de España; pero se acababa el curso y nunca daba tiempo a llegar a ese tema, o se pasaba deprisa por el mismo memorizando un par de fechas y nombres sin más. Por no hablar de las versiones que daban algunos libros de texto, según decidiese el editor, o según soplase el viento en la autoridad educativa autonómica de turno. Salvo que tuvieran la suerte de cruzarse con un profesor con ganas de profundizar, miles de jóvenes seguían saliendo del instituto sin saber "de dónde venimos".

La ignorancia daba para echarse unas risas: recuerdo que en cada aniversario del comienzo o el final de la guerra, o de la muerte del dictador, no faltaba una encuesta de periódico o un reportero televisivo en la calle preguntando a los jóvenes quién era Franco, para que nos echásemos unas risas con las respuestas locas de los chavales: "un rey que hubo en España hace mucho tiempo", "un presidente de la república", "uno que era comunista o algo así". Qué risa.

Durante años he visitado institutos, en encuentros con jóvenes lectores. Y en varias ocasiones los he sometido a un acertijo tramposo: les he pedido que me digan el nombre de un país donde haya habido una dictadura con persecución política, asesinatos, desaparecidos, torturados, encarcelados, exiliados, presos políticos, censura… Las primeras respuestas solían ser Argentina, Chile o la Alemania Nazi. En pocos casos les venía a la mente España en primer lugar. Y no solo jóvenes: me ha pasado también con adultos a los que hice el mismo juego.

Uno pensaría que a estas alturas, después de 42 años de Constitución, los jóvenes españoles ya no ignoran nuestro pasado reciente. Pero las palabras de la vicepresidenta presentando la nueva ley reconocen ese fracaso de nuestra democracia: todavía hoy ese conocimiento y esos valores dependen de la Comunidad Autónoma en la que vivas o del gobierno de turno, o de la buena voluntad de los profesores –y los hay con muy buena voluntad, me consta-, o de que su centro participe en alguna actividad de las que desarrollan las asociaciones de víctimas, en ocasiones con gran escándalo y oposición de algunas familias.

Nunca es tarde, y ojalá la nueva ley tape ese agujero de cuatro décadas. Pero que sucesivas generaciones de españoles hayan pasado por las aulas sin recibir esa formación más que superficialmente, sin "saber de dónde venimos", desconociendo el sufrimiento de tantas mujeres y hombres que lucharon por la democracia, ignorando lo que ha supuesto el fascismo en nuestro país, y quedando por tanto a merced de lo que aprendan en casa, en su círculo social, en ciertos autores o directamente por bulos en redes sociales, dice mucho de nuestro país, y seguramente permite entender algunas disfunciones de nuestra democracia y de nuestra vida política.

sábado, 1 de agosto de 2020

Franco en las aulas: “Los alumnos saben más del nazismo que del franquismo” (Sara Montero para CUARTOPODER.ES)

Reproducimos esta noticia de CUARTOPODER.ES

De manera superficial, rápida y plagada de temas tabú. Así se estudia en España la dictadura franquista. Y eso, cuando se estudia. El Gobierno se plantea introducir la represión franquista en las aulas, una reivindicación que llevan años haciendo los memorialistas. A pesar de ser la historia más cercana en tiempo y lugar al alumnado, conocen poco sobre ella. "Los chicos saben más del nazismo que del franquismo", asegura Enrique Díez, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León.


Es probable que los jóvenes hayan visto más campos de exterminio alemanes que campos de concentración españoles. Hitler perdió la guerra mundial, Franco ganó la guerra civil y el fascismo tuvo 40 años para echar raíces económicas y políticas. Incluso en 2020 hay partidos en el Congreso que siguen sin condenar los crímenes del franquismo. Por tanto, los alumnos se enfrentan a esos retales que ven en la televisión y los periódicos sin haber adquirido un conocimiento sólido durante su formación para interpretarlos: "Hay una doble represión: la que sufrieron las víctimas a manos de sus verdugos y la que se produce al querer borrarlos de la memoria colectiva", explica el profesor. Díez defiende que, a diferencia de España, en países como Alemania, Inglaterra o Polonia hay más espacio para la memoria.
"En la ESO se toca el elemento de la Guerra Civil muy por encima. En 4º de la ESO se aterriza algo más, aunque con nociones vagas y genéricas.  Es en Bachillerato cuando se dedica más tiempo y espacio, pero no todos los alumnos llegan a ese curso porque ya forma parte de la educación no obligatoria", explica Díez, que a finales de agosto publicará el libro La asignatura pendiente. La memoria democrática en los libros de texto escolares (Plaza y Valdés, 2020).
El colegio es el único lugar por donde pasarán seguro todos los ciudadanos por un espacio largo de tiempo. Por tanto, los conocimientos que adquieran en estos centros formará después parte del imaginario colectivo. Fernando Hernández, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, coincide en que hay muchos jóvenes que salen sin nociones básicas de la historia reciente de España. "Una cosa es que figuren en la programación y otra que lleguen a verse en clase. Es una queja global del profesorado. Se dan pocas horas a la semana y el temario es largo. Las lecciones del franquismo no se llegan a dar o se da mal y de manera insuficiente".
Hernández también cree que hay "cierta aprensión" por parte de algunos profesores a profundizar en esos temas. Son polémicos, ya que no "están cerrados" ni académicamente ni políticamente. De hecho, el pin parental que intentó imponer el ultraderechista Vox en Murcia tampoco tranquiliza a los maestros.

Comprender el presente

Díez recuerda que "sin memoria no hay comprensión del presente". Sin un conocimiento más amplio de la historia reciente tampoco  se cumple un objetivo de la escuela pública: educar a una ciudadanía responsable y consciente: "Si no construyes memoria de la barbarie, repetirse", reflexiona sobre el auge de los grupos ultraderechistas que han proliferado en Europa en los últimos años.
El profesor Enrique Díez lleva desde 2009 estudiando esta cuestión. Ha hojeado libros de texto y sondeado la opinión de alumnos y profesores. Su primera conclusión es que los contenidos se extienden mucho en la Guerra Civil y en sus batallas, mientras la represión que ejerció Franco durante cuarenta años se depura en "breves párrafos". Además, se cuentan con "asepsia", a pesar de que existen documentos muy explícitos, como los discursos de Queipo de Llano. "Los paseos, las cunetas, las fosas y la represión sistemática de los sospechosos y sus familias están muy invisibilizados. No explican cómo ni por qué", concluye.

Hernández coincide en este diagnóstico. "La censura aparece en segundo plano. Se estudia más la censura moral, cinematográfica o el secuestro de una publicación que la cárcel, la persecución o las manifestaciones públicas. Parece que el franquismo hubiera evolucionado de una violenta represión a una dictadura benevolente". De hecho, el profesor de la UAM cree que la historia del franquismo se estudia en dos fases cuyo puente es el desarrolismo económico. Por un lado, los alumnos estudian a Franco reuniéndose con Hitler en Hendaya (1940) y por otro encontrándose con Eisenhower (1959), como si la dictadura se hubiera ido dulcificando.
Además, Díez advierte de que aún hay libros de texto donde se enseña con "equidistancia", es decir, presentando la Guerra Civil como un "enfrentamiento fraticida" entre dos bandos y no como un golpe de Estado que quebró la legalidad democrática. Aunque asegura que hay terminología que sí ha ido desapareciendo de los libros, como usar "alzamiento" en lugar de "Golpe de Estado" o "Generalísimo" en vez de "dictador", sí se mantienen expresiones como "Gobierno no democrático" para describir la dictadura.
El profesor también encontró en su análisis temas tabú. Los temas de los que no se habla son significativos: el papel de la Iglesia católica en la represión, el proceso de enriquecimiento de una oligarquía que hoy sigue ostentando el poder o la implicación de la sociedad civil en la represión franquista, son algunos de ellos.

Vivir la historia

En una de sus investigaciones, Enrique Díez hizo un experimento. Mientras estaba en el rodaje del documental Los campos del silencio, que se localiza en Fabero (León), fue a una clase a preguntar a los chicos sobre sus abuelosEn la zona hubo unos 250 presos republicanos trabajando y llevaron a los escolares al campo donde habían estado sus antepasados."Ninguno sabía que habían sido utilizados como mano de obra", reconoce sobre la conmoción que causó a los chicos descubrir lo que había ocurrido en el pueblo. "No es lo mismo conocer intelectualmente que emocionalmente". Por eso, recomienda unidades didácticas donde el alumnado tenga un papel activo y lea los diarios de los maquis, textos del General Mola donde daba instrucciones sobre cómo reprimir o que entrevisten a sus abuelos y abuelas con la cámara en mano.
Hace unas semanas, el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática abrió una consulta pública para que las asociaciones mandasen sus ideas de cara a una nueva ley de memoria democrática. Hernández, junto a un grupo de profesores universitarios, mandó un escrito en el que proponía incluir en la futura legislación la obligación de que el sistema educativo incluya "entre sus fines el conocimiento de la historia democrática española", realizando modificaciones en los cursos  y garantizando "la impartición de sus contenidos y la realización de actividades complementarias - visitas a lugares de memoria, trabajos de investigación escolar en el entorno con fuentes orales y primarias".
Además, en el documento también proponían que el Ministerio de Educación ponga en marcha la convocatoria anual de un concurso de trabajos escolares sobre memoria democrática, al estilo del impulsado por el Memorial Democràtic de Catalunya y el francés Concours National de la Résistance et la Déportation. 

miércoles, 16 de octubre de 2019

"Nuestra Historia reciente todavía tiene complejos pendientes" (Manuel Menor)

Publicamos este nuevo artículo del compañero Manuel Menor



Hay personas y grupos relevantes a los que los 40 años últimos no les han reducido el desamparo. Desmienten que haya existido Transición.

Es posible que haya cedido en sus pegas a lo que va a suceder, hacia el 21 de octubre en Cuelgamuros. Pero oír al prior de los benedictinos de aquella abadía y, sobre todo, a uno de sus monjes –supuestamente consecuente con lo que le hayan enseñado en su noviciado- es remontarnos a lo que era doctrina segura en tiempos oficiales del nacionalcatolicismo. Inmunes a cualquier atisbo de cambio que haya podido traer el paso del tiempo, perseveran en mirar al mundo y a las personas que en él habitan como antes del 20.11.1975 y se sienten desamparados.  

De sus admiradores y adeptos, podrá saberse más en el desenlace que una parte de las cuestiones de Cuelgamuros parece tener próximo. Complementariamente aclaratorias pueden ser las estadísticas sobre creencias y prácticas religiosas, como asimismo las relativas a perspectivas de voto de algunas formaciones políticas, indicadores estos que, de todos modos, no debieran hacer perder de vista que el miedo, la inseguridad y otros ingredientes, han condicionado siempre la volubilidad de las personas y grupos sociales respecto al fondo mutante de estas mezclas de lo político y lo supuestamente religioso.

Conversos
 Es muy antigua –diríase que de siempre- la tendencia gregaria a no desentonar y, a continuación, hacer lo que diga el mandamás de la tribu o del barrio. Lo confirman las supuestas “conversiones” en masa de grandes colectivos –de un amplio territorio a veces- de que hay documentación. De lo que puede leerse en el Museo Naval sobre la exposición conmemorativa del viaje de Juan Sebastián Elcano y Fernando de Magallanes alrededor del mundo, es relevante en este sentido que el cronista Francisco Albo menciona cómo, el domingo 14 de abril de 1521, “el rey y la reina de allí con mucha gente se hicieron cristianos con buena voluntad”, cambiaron sus nombres por los de Carlos y Juana, recibieron el regalo de una imagen que hoy es conocida como el Santo Niño de Cebú y, además, ayuda militar y consolidar, como aliados del rey de España, su poder sobre otros reyezuelos de la zona.

Abundan testimonios similares, algunos bastante más cercanos. Los relativos, por ejemplo, a las masivas procesiones de penitencia y misión o a las de la Virgen de Fátima, que, en la postguerra sobre todo, fueron de obligado cumplimiento para los supervivientes de aquella contienda. Está en múltiples relatos, como el de Paco Ignacio Taibo I a propósito de Oviedo: Para parar las aguas del olvido. Puede verse en lo grabado por NODO para emitir en todos los cines desde 1942 o, también, en la historia que escribió Enrique Berzal para Ámbito en 2002: Valladolid bajo palio. Iglesia y control social en el siglo XX.   Y si se comparan esos testimonios con otros más lejanos, como los que tenemos de lo acontecido en los siglos IV y V d. C. según se impuso el “triunfo de la Iglesia” sobre “los paganos”, se verá que, en el recorrido de tan acendrada tradición, no hay gran diferencia de actitudes, comportamientos y fidelidades.

La fluctuante duración de estas en el tiempo, su inflación y deflación hasta la irrelevancia, y hasta el cambio, en cuanto al universo de creencias –con sus procesos de secularización variopintos-, tienen su propia evolución, variable según períodos históricos e, incluso, según personas y grupos del mismo momento. En cada uno ha habido –y hay- determinados instrumentos para sostener la fidelidad y las alianzas con una posición determinada. Hace poco era noticia las averiguaciones de un investigador, en la Universidad de Granada, respecto a los manuales para confesores de los siglos XVI y XVII, un estudio con precedentes en lo que sabemos sobre la Inquisición, y que no es difícil de hacer para cuantos tengan acceso a los libros de teología moral vigentes hasta los años sesenta. Hay igualmente personas por medio –ministros, ministrillos y acólitos-, encargadas de mantener el estandarte enhiesto. Pese a lo cual –o en razón de ello, según se mire-, la erosión y transición de situaciones hegemónicas a otras en que los modos de ver y considerar cosas y personas han variado mucho, es inevitable el cambio y reformas de diverso calibre.

En estas variaciones y sus disputas, es importante no perder de vista que los términos y palabras que se emplean para hablar son –como en cualquier otro asunto- de especial relevancia. Sería muy confuso, por ejemplo, meter en un mismo paquete semántico las más de 3.000 referencias de primer nivel que pueden incluirse en el término “IGLESIA”. Muchas personas, y sobre todo las más interesadas en no aceptar crítica ni restricción alguna en este ámbito cultural, utilizarán todo tipo de estratagemas, incluidos insultos, para desprestigiar a quien ose meterse en el. Para esta, a menudo clérigos, el uso ad libitum del término “anticlerical”, en su aspecto más despectivo e ignominioso, ni a pecado venial les llega. Parten de que es sagrada obligación, emanada de alguna verdad absoluta de que se sienten partícipes e incluso emplearán para defenderse alguno de los aspectos más vistosos que –aunque pudiera estar muy alejado de sus comportamientos personales- les vengan mejor en su pelea dialéctica con  disidentes. Con el pretexto de que Dios está con ellos, difícil será que se apeen de su rudeza ética. El Deus lo vult es argumento de largo tradición, y más cuando al poder político y económico le ha venido bien para justificarse ante la gente del común, aquel Tercer Estado del Ancienne Rêgime anterior a la Revolución Francesa de 1789.

Cruzados
La extemporánea posición del abad de Cuelgamuros recuerda la que, según la laudatoria apologética de los mártires y sus gestas, ha pasado de los Martirologios a la Leyenda dorada y, por extensión, a las vidas de santos que, como “buenas lecturas”, se propagaban –especialmente en internados y colegios religiosos- para ejemplo de infantes y adolescentes. No se olvide, por otro lado, que el monumento y lo que contiene, el modo sacrificial con que fue construido y la secuencia de obligaciones que los monjes del convento adquirieron para ser beneficiarios de unos recursos públicos cuantiosos, tienen como referencia “los mártires por Dios y por la Patria”, una simbiosis de alto nivel simbólico como lo había sido la de Cruzada ya antes.

Tampoco se olvide que en ello han jugado muchísimo el currículo obligatorio de Historia desde el canon que, según precepto excluyente de Don Marcelino Menéndez y Pelayo con sus heterodoxos (1880-82), fue establecido por  José María Pemán (1938), el Instituto de España (1939) y muchos epígonos en sucesivos libros de texto para las escuelas, como por ejemplo, el de Demetrio Ramos, quien en los años setenta, en su cátedra de Historia de América, no había olvidado lo que había escrito en su Historia del Imperio (español, claro), que le publicara el Ministerio de Educación Nacional en 1942.

Y no se olviden, en fin, los instrumentos jurídicos que siguen amparando una presencia tan extraña como la que puedan suscitar los ahora destemplados criterios que exhiben este prior y su ínclito compañero. A través de los Acuerdos que se firmaron entre 1977 y 1979 con el Vaticano, ahí sigue vigente la cultura de privilegios eclesiásticos que, en 1851 y 1953, protegieron esos intereses.  El numantinismo de estos monjes no es nada comparado con lo que sucederá  cuando algún  Gobierno se atreva con ese núcleo de poder. Los complejos  que, sin complejo, se muestran estos días en torno a Cuelgamuros  serán un remedo de las sensibilidades que con este otro motivo se despertarán.


Manuel Menor Currás
Madrid, 13.10.2019



sábado, 14 de septiembre de 2019

"Presencia de Mariano Cuadrado, maestro y alcalde muerto en 1939 " (Manuel Menor)

Nuestro compañero Manuel Menor Currás nos envía su nuevo artículo

La Historia –no las historias- es vital para quienes quieren entender los cambiantes procesos en que, aunque no lo sepan, pueden estar involucrados.

El próximo 17 de septiembre, diversas asociaciones de Torrelodones, localidad madrileña casi serrana, conmemoran el 80º aniversario de la muerte del que fuera su maestro  desde 1931 y alcalde de su Ayuntamiento desde las elecciones de 1936.  Las tapias del cementerio de La Almudena, en Madrid, fueron testigos mudos de su muerte el 15.09.1939, como lo fueron de muchos otros fusilamientos en los años de la inmediata postguerra.

Pasado/Presente
Es de celebrar el reconocimiento que, especialmente desde 2014, viene suscitando públicamente en ese pueblo este maestro republicano. La democracia actual todavía no ha encontrado el modo de conciliarse con quienes no dudaron en defender los valores de que presume. Salvo en espacios muy concretos, no se ha normalizado la “memoria histórica”: grupos y personas hay que propalan como “infame” cuanto a ella concierna. Los historiadores y los docentes encargados de enseñar qué haya sido ese primer tercio del siglo XX no han logrado transmitir qué sea lo realmente acontecido,  qué haya cambiado o no desde entonces, y hasta qué punto tenga interés colectivo el conocimiento riguroso y fiable de todo ello. No son los que más twitean los más enterados al respecto, ni tampoco los revisionistas ocupados en aumentar el desconocimiento general. Con los riesgos que implica para la convivencia ignorancia consentida o promovida.

Lo ocurrido entre 1936 y 1945 –prorrogable en muchos casos hasta 1975- con los maestros, profesores, investigadores y especialistas en aunar la modernización del saber con el modo de comunicarlo, fue especialmente grave por el retraso que supuso. Todavía da pavor leer en el BOE de 10 de diciembre de 1936, las instrucciones que cursó José María Pemán para que actuaran las Comisiones de depuración dando ánimo a desprecio, delaciones y sufrimientos sin cuento, además de exilios indeseados. En la inauguración del curso 1940-41 -justo cuando asesinaron a Mariano Cuadrado-, el ministro de Educación, José Ibáñez Martín lo explicó diciendo:
            Era vital para nuestra cultura amputar con energía los miembros        corrompidos, segar con golpes certeros e implacables de guadaña la maleza,        limpiar y purificar los elementos nocivos. Si alguna depuración exige       minuciosidad y entereza para no doblegarse con generosos miramientos a             consideraciones falsamente humanas, era la del profesorado”

Presencias
Este luctuoso aniversario permite recordar que estamos EN PRESENCIA DE UNA AUSENCIA. Este oxímoron es el título de un libro de Mahmud Darwix, fruto  del éxodo palestino desde 1947. Igual que vale a este poeta para explicar su trayectoria literaria con ese peso, preguntando a los hombres de buena voluntad “si la tierra de los hombres es para todos los hombres”, es apropiado para quienes, por efecto de resoluciones como la que quitó la vida al maestro de Torrelodones, no tuvimos como docentes a quienes nos hubieran correspondido si hubiera sido otra la Historia de España y no hubiera sido entregado el Ministerio de Educación Nacional a personas muy alejadas de la calidad educativa, más interesadas en controlar, vigilar y castigar heterodoxias del nacionalcatolicismo, que en los menesteres del conocimiento y su disfrute.

Además, como sucede a Darwix con Galilea, le sigue pasando a muchos españoles con su sistema educativo. Más que algo sólido y consistente, solo les resulta un sistema de palabras, de “nombres escritos con vapor”, en que prima la bipolaridad ambigua e inconcreta: escuela/colegio, pública/privada,  educación/escolarización, libertad/coerción, conocimiento/dogmatismo, laicidad/confesionalismo, igualdad/segregación, etc.. El peso de lo segundo siempre se come el valor significante de lo primero, y la “mejora de la calidad” -gran obsesión neoliberal- se  encomienda siempre a la voluntariedad de las y los docentes y a los artefactos tecnológicos.  Algo más aparente que real, desestructurado y aleatorio.

Esta configuración dicotómica, que tiende a crecer cada vez más –y desmoraliza a cuantos han peleado por una escuela pública digna, exigente y bien valorada-, tiene historia. Estamos en PRESENCIA de un sistema que se ha fortalecido en estos 80 años, sobre lo que había sido la educación española desde antes de la Ley Moyano en 1857, como Yvonne Turin estudió tan bien. Consolidado desde que fuera fusilado Don Mariano Cuadrado, las modulaciones que ha tenido desde 1975 han sido leves y es muy reconocible qué queda de esa trayectoria.

Desde 1936, los golpistas trataron de erradicar el asentamiento de los derechos civiles y las realizaciones republicanas que los llevaran a efecto. Se apresuraron para que las generaciones que fueran a la escuela después de su “triunfo” no los echaran en falta. Depurados y amedrentados cuantos maestros, profesores y científicos pudieran defenderlos, la primera PRESENCIA que impusieron fue ralentizar la erradicación del analfabetismo.  Si se leen los Acuerdos de la Moncloa, de octubre de 1977, se constatarán las grandes carencias con que iniciamos la Transición. No se olvide que solo a finales de los ochenta –cincuenta años después de terminada la Guerra- pudo decirse que estaba escolarizado el 100 por 100 de los niños y niñas españoles menores de 14 años.

Ausencias
Por otro lado, la imposición en las aulas de   AUSENCIAS como la de Mariano Cuadrado supuso una quiebra potente en la modernización de saberes y en el crecimiento de los ritmos y valores democráticos desde la escuela. En su lugar, el miedo, el tradicionalismo y la cerrazón dogmática tuvieron amplia facilidad para imponerse. No es difícil  advertir cuánto han perdurado muchas  carencias en el sistema educativo, o cómo tratan de sostenerse más allá de la estricta escolarización afectando a la universalidad de una educación en igualdad. Recuérdense, en este sentido, las manifestaciones que siguieron a la LODE (1985) y a la LOGSE (1990) y quienes las promovieron enarbolando que significaban la “egebeización”, “bajada de nivel” y consignas similares. Obsérvense, en fin, los giros que impuso la LOMCE en 2013, y se podrá advertir cómo las formas de ralentización se han transmutado hacia cuanto implica  la universalización de la igualdad cualitativa de una educación homologable. Ese  sigue siendo el gran reto después de 80 años. Bastantes de las tensiones  que en este preciso instante cruzan por Ferraz no son ajenas a las discrepancias en este campo, mientras los eslóganes y prácticas del conservadurismo político agudizan la desigualdad. 

Al conmemorar la ausencia de Don Mariano Cuadrado, el sistema educativo español sigue estando en PRESENCIA de múltiples AUSENCIAS. Las generaciones escolares de estos 80 años han tenido que soportarlas y solo los esfuerzos adicionales de los docentes voluntariosos han dignificado una situación que, a veces, sigue siendo penosa. Las configuraciones sucesivas del Estado nunca se tomaron la educación de los españoles con el compromiso que lo hicieron los republicanos del primer bienio. Y es previsible que esa dejación tan arraigada prosiga –junto a muchas otras que coartan la generalización de una buena educación para todos y todas-  mientras desde las Consejerías de Educación y desde el Ministerio de Educación solo se ocupen de “la calidad” educativa como de un bien de consumo,     sin preocuparse de que la corrupción del lenguaje atrapa pronto a toda la sociedad. ¿Es de justicia revertir la situación de presencias y ausencias existente?

Manuel Menor Currás
Madrid, 10.09.2019

sábado, 26 de enero de 2019

Tomorrow belongs to me' (Sobre fascismo y escuela) (Jaume Martínez Bonafé en El Diario de la Educación)

Artículo de Jaume Martínez Bonafé en El Diario de la Educación

Desconozco el momento en que las estúpidas anécdotas dejan de serlo y un día te despiertas y en la plaza están cantando que el mañana que pertenece a unos pasa por la aniquilación de los otros.

Un grupo de adolescentes, en la clase de dibujo, montan un collage en el que alrededor de la foto de Hitler aparecen frases y fotografías exaltadoras del nazismo y del franquismo. Unas mesas más allá otro grupo de chicas al observar el contenido del trabajo les increpan y muestran su desacuerdo. Se produce una discusión con cruces de calificativos y alguna que otra amenaza. La profesora de la asignatura se da cuenta del barullo y les invita a calmarse y no montar tanto jaleo. Cada cual acude a su tarea y la clase continúa con aparente normalidad, hasta la salida del instituto, donde continúa el enfrentamiento.

Todos los años mostraba en mi clase de Educación Social lo que anunciaba como “una de las secuencias de terror más escalofriantes que he podido ver en el cine” y a continuación proyectaba en la pantalla del aula un fragmento de la película Cabaret que seguramente muchos de ustedes recordarán. Es una hermosa y soleada mañana y la plaza del pueblo está repleta de ciudadanos tomando amigablemente cerveza y charlando sentados en las mesas del casino o en los bancos del parque, donde juegan los niños y las niñas. De pronto se escucha una dulce y encantadora voz que inicia una hermosa canción a cappella: Tomorrow belongs to me Live. Se muestra en primer plano el rostro de satisfacción del bello joven rubio que la canta. La cámara recorre su cuerpo y muestra su uniforme de las juventudes nazis y el zoom le muestra finalmente entero, en posición de firmes, con la cruz gamada en su brazo izquierdo. La canción continúa y una chica se le suma y a continuación otros jóvenes y después diferentes personas de la plaza. Finalmente, todo el mundo está en pie cantando la canción con el brazo en alto, ante la mirada tristemente lúcida de un hombre de edad avanzada que adivina la que se le viene encima. La secuencia se cierra con la sonrisa, distante e incrédula, de un par de jóvenes burgueses y la pregunta de uno hacia el otro: “¿Todavía creéis que les parareis los pies?”.

No sé qué pensaría la profesora de Dibujo ante la situación que se produjo en aquella clase de un centro público de secundaria. Puede que pensara que ya vendría el profe de Educación para la Ciudadanía (¡ah! no, que el PP quitó esta materia!). Puede que pensara que eran cosas de niños y niñas, al fin y al cabo, lo eran. Puede que, estratégicamente, al mirar hacia otro lado estuviera protegiendo la pintura de su coche. Da igual, la cuestión es, más allá de este caso concreto, cuál es el proyecto educativo de una escuela pública, cómo se trabajan las disputas ideológicas y cómo se neutralizan las de la intolerancia y el terror. A mí me parece que bajo las palabras tolerancia, pluralismo o neutralidad se esconde a menudo un peligroso discurso desmovilizador de las conciencias críticas. Todo se resuelve en el plano de las opciones individuales y ahí tanto monta, monta tanto. La educación es un proyecto público y por tanto comunitario. La comunidad se dota de recursos para la construcción de una ciudadanía activa, crítica y responsable. Y ese es el mandato al funcionario, al servidor de la comunidad: la educación del ciudadano. Una educación que le provea de herramientas para pensar por sí mismo el mundo que está viviendo y le dote de procedimientos para la intervención responsable en ese mundo.

Es cierto que la actual estructura curricular en nada favorece este proyecto. Y en ocasiones, claramente lo impide. La fragmentación disciplinar y el academicismo son herencias pedagógicas demasiado antiguas para responder a las demandas actuales de la escuela. Creer que uno entra en el aula a “enseñar Biología y nada más” es un argumento social y pedagógico insostenible. Y creer que las insuficiencias cívicas que escupe cada época las resolvemos en la escuela con nuevas materias y más fragmentación es miope o perverso. O no vemos suficiente o estamos poniendo parches a la vieja rueda de un motor que hace tiempo que dejó de funcionar.

Los educadores y las educadoras tenemos una gran responsabilidad, y para ejercitarla necesitamos formación y condiciones de realización. Los mañanas, todos los mañanas, están por hacer y a todos y todas nos pertenecen vivos. Pero esos mañanas se construyen en el cotidiano de cada aula y de cada centro. Yo sé muy bien que poner la foto de Hitler en un trabajo de collage para la asignatura de Dibujo es una estúpida anécdota infantil sin mayor relevancia. Pero desconozco el momento en que las estúpidas anécdotas dejan de serlo y un día te despiertas y en la plaza están cantando que el mañana que pertenece a unos pasa por la aniquilación de los otros.

Y no me resisto a acabar el texto sin contarlo. Otra profesora de instituto desfilaba hace escasas semanas por la población de Bétera en una manifestación festiva en la que se reivindicaba reconocimiento y apoyo político a las diferentes expresiones de la cultura popular en la comarca. Hasta donde estaba este grupo de personas acudió un grupúsculo de jóvenes y no tan jóvenes con banderas españolas y diferente simbología nazi con gritos e insultos y cánticos falangistas. Entre los jóvenes del grupúsculo la profesora pudo identificar a un exalumno suyo, que bajando la cabeza continuaba el insulto. Con lágrimas en los ojos me lo contaba mientras yo recordaba aquella otra escalofriante secuencia de La lengua de las Mariposas.

Puedes ver la secuencia en eldiariodelaeducacion.com