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lunes, 28 de mayo de 2018

Terrorismo en el aula (Enrique Díez en eldiariodelaeducacion.com)

Artículo de Enrique Díez en eldiariodelaeducacion.com

Necesitamos repensar los contenidos escolares de forma crítica a partir de los principios y valores consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No introducir nuevas formas de adoctrinamiento partidista.

El gobierno del Partido Popular pretende que el alumnado de 15 años de 4º de la ESO de todo el Estado, estudie desde el próximo curso, dentro de la asignatura Geografía e Historia, el terrorismo y su evolución en España, a través de una unidad educativa, elaborada por el Ministerio de Educación, el Ministerio del Interior y la Fundación Víctimas del Terrorismo, y editada por el Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa.

Esta unidad didáctica parte de la definición de terrorismo como “herramienta para imponer por la fuerza un determinado proyecto político, para lo que se trata de infundir miedo en los oponentes”. Pero se centra única y sesgadamente en el que denomina “terrorismo de ideología nacionalista radical”, “yihadista”, “extrema izquierda” (no olvidemos que así es como califica el gobierno y el partido popular a todos los colectivos y organizaciones a la izquierda del PSOE, desde Podemos a las plataformas contra los desahucios) y “utraderecha”.

Un enfoque que olvida deliberadamente no solo el análisis de las causas de los diferentes tipos de terrorismo, sino que obvia abordar otros tipos de terrorismos que siguen produciendo víctimas diarias, como el terrorismo machista, el terrorismo económico o incluso el terrorismo político y de Estado.

Sorprende además que la historia del terrorismo se haya convertido en una prioridad como materia de estudio para el gobierno, cuando el Partido Popular se ha negado de forma reiterada a condenar el terrorismo ejercido por la dictadura fascista del general Franco, a pesar de las reclamaciones de la sociedad civil democrática y de tantas asociaciones por la recuperación de la memoria histórica. De hecho, solo se hace alusión a la dictadura franquista por su “falta de libertades”.

Si, como aseguran algunos de sus portavoces “era necesaria una ley para el reconocimiento a las víctimas, para que no se sientan olvidadas”, cómo es posible que hayan dejado durante años en la cuneta y en el olvido a los miles de víctimas del terrorismo fascista de una dictadura que se niegan una y otra vez a condenar. ¿O es que hay víctimas de primera y víctimas de segunda? ¿O es que para el gobierno éstas no son víctimas porque defendían la libertad y la democracia legalmente elegida de la II República?

A esto hay que añadir el nuevo temario que el Gobierno prepara para incluir la defensa de España como materia educativa. Incluye la inmigración irregular como “una de las 12 principales amenazas para la seguridad de España”, entre las armas de destrucción masiva y el crimen organizado. De esta forma, el Partido Popular introduce en las aulas una educación que criminaliza “al otro”, al “inmigrante irregular”, ligándolo al terrorismo, presentando los ‘flujos migratorios irregulares’ como un peligro para nuestros valores y que tienen implicaciones para la política de seguridad.

Está claro que los contenidos que el Partido Popular intenta introducir en las aulas no parecen destinado a analizar las causas y consecuencias de todos los terrorismos y a honrar a todas las víctimas, sino a un determinado terrorismo definido como tal por quien detenta y maneja el poder político, económico y cultural. ¿Se incluirá también la historia, evolución y consecuencias del “terrorismo” de España y la UE con su política migratoria que provoca miles de víctimas inocentes en las profundas aguas del mediterráneo, relacionada con su política de expolio de los países del sur y de rearme de los conflictos que generan millones de refugiados? ¿Se analizarán los “terrorismos” de estado también, que promueven y financian intervenciones militares criminales en otros países, sea al servicio de los intereses imperiales de Estados Unidos o en el marco de la OTAN? ¿Se abordará la inacción política actual ante las víctimas del terrorismo machista por violencia de género? ¿Quizá no se tendría que honrar también a todos los periodistas (Couso, por ejemplo) que han sido víctimas de estos terrorismos por informar verazmente o a miembros de ONGs y movimientos sociales, quienes dieron su vida por causas y derechos humanos de forma consciente y comprometida? ¿Incluso, no habría que honrar también a los sindicalistas y trabajadores, víctimas del terrorismo del poder económico, que perdieron la vida luchando por los derechos laborales y las libertades de toda la clase obrera e incluir su historia, las causas de su lucha y las consecuencias de su generosidad y compromiso?

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Lee el artículo completo en en eldiariodelaeducacion.com

viernes, 25 de agosto de 2017

La lista de clase (de Marcelo Soto en Cuarto Poder)

Artículo de Marcelo Soto en Cuarto Poder

Muchos llevamos ya dos días peleando contra la falsa atribución del atentado a todos los musulmanes, cuando son ellos realmente las principales víctimas del terrorismo a nivel mundial y no son los verdugos. Llevamos dos días poniendo a los racistas en su sitio. Bien hecho. No demos más tiempo a quienes exhiben su racismo contra emigrantes y extranjeros enmascarándolo de indignación por los atentados. Muchos hablabais ayer y anteayer de no permitirlo, de bloquear a la primera, o de ignorar esos comentarios. Bien hecho. No dejemos tampoco que las ideologías yihadistas de odio se oculten tras la mayoría musulmana silenciosa y pacífica. Empecemos a discernir. Es hora de que la izquierda de la calle empiece a mirar donde tiene que mirar con ese discernimiento necesario, sin odio y sin buenismo, con la mirada justa, nec metum nec spes (sin esperanza, sin miedo), que dirían los latinos. Ahora toca que apartemos distracciones y miremos al fondo del abismo: a las fotos de los culpables.
Todos los profesores nos hemos dado cuenta de algo que quizá el resto de la población no ha detectado. A ver, me explico. Yo llevo años enseñando literatura y teatro en las aulas de la pública y dedicando todo el entusiasmo que puedo a mi profesión, con un alumnado pobre, rico, de clase media, y payo, y gitano y europeo comunitario, y españolito y rumano y guineano y ecuatoriano y dominicano, chino, iraní y, por supuesto, marroquí. He hecho mi trabajo con todos ellos lo mejor que he podido. He triunfado muchas veces. Me vuelvo loco de alegría cuando una alumna musulmana supera con éxito el curso y más todavía cuando la dejo con su selectividad aprobada en las universidades. Sé de la valentía y del coraje y de los obstáculos de todas y cada una de ellas. Y digo ellas, porque todos estos días me he estado acordando de ellas –que no son pocas–  precisamente por su benéfica ausencia ¿Es polémico decir que no había ninguna mujer conduciendo las furgonetas? ¿Es polémico decir que aunque he tenido en la pública alumnos musulmanes de una amabilidad y una inteligencia excepcionales, no tengo memoria de haber dejado aún a ninguno de ellos en la universidad? En fin, como siempre llega el género y sus polémicas, pero vienen más. Viene lo que más nos asusta mirar.
¿Es polémico decir que cada tanto tiempo puedo identificar, tras esa mayoría musulmana amable y especialmente dulce, algún alumno radical, algún alumno que sé que está coqueteando con el borde del abismo ideológico y que vive en un entorno que obviamente lo apoya y lo exalta? Me ha pasado unas tres o cuatro veces, por eso estoy casi seguro de que los profesores del Institut Abat Oliba de Ripoll vieron en los cuatro futuros terroristas, hoy ya abatidos a tiros, lo mismo que yo veo cada tanto tiempo.
No se trata de racismo ni de buenismo. Yo soy profesor. Blanquito y europeo pero profesor. Detecto la bondad intrínseca de los menores. Detecto los peligros. Y pienso sin parar en los otros profesores, en los otros perros pastores del Institut Abat Oliba. Yo sé mejor que nadie que a veces el perro pastor no puede cuidar a las ovejas si las ovejas viven de espaldas al rebaño, si pasan las horas comunes escindidos del resto, dormidos, disidentes del contacto de otros, disidentes de la palabra hablada y de la palabra escrita, o si las familias apoyan esa doble vida imposible. Pero puedo asegurar que muchos de esos profesores lo vieron. Es evidente: Moussa Oukabir acababa de abandonar las aulas. Aventuro que dejo el instituto el año pasado, a los 16, y solo un curso después, a los 17, él y sus compañeros han matado sin freno como los lobos y luego han muerto a tiros en la calle.
Sospecho lo que ha debido de suceder en el Institut Abat Oliba estos cursos. Podría jurar que sus profesores se han pasado los años de crisis buscando en las aulas la mirada esquiva de los cuatro y que se encontraron con las mismas circunstancias de todos: sin apenas recursos para las aulas de enlace, ni para las clases de apoyo, ni para los desdobles, ni para los profesores de pedagogía terapéutica, con los alumnos desintegrados en una clase de treinta y seis donde probablemente se les leía en Literatura el fragmento del Cid invocando a Santiago Matamoros o matando musulmanes, y encima sin relación con la familia, o teniendo que usar el periodo entre clase y clase para avisar de algo grave por un teléfono inexistente a unos padres que solo hablan árabe y que solo han pasado por el centro una vez para gritarle improperios a un profe que, al explicar la argumentación, le pidió a toda la clase que escribieran un texto con razones a favor y en contra del matrimonio igualitario.
Yo no pido la paz mundial. Pido que nuestro trabajo pueda desarrollar su pequeña labor de cambio del mundo para que esta se sume a otra labor y otra labor. Pido, o no, mejor exijo lo importante: recursos no ya para educar, sino para detener el horror, porque igual no hay forma de detener el horror, pero si hay alguna es la cultura, es el conocimiento, es la educación, es la empatía, y lo exijo sobre todo porque, como todos los profesores habrán advertido en una revelación que los ha partido por la mitad, las fotos de los cuatro terroristas que todos los medios han difundido son –terrible metáfora– las de la lista de clase.