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domingo, 28 de enero de 2024

1-2-2024: Concentración “Contra el acoso laboral y sexual de 6 mujeres en el CRA Lozoya” (17:30 h., en DAT Norte Av. de Valencia, s/n. San Sebastián de los Reyes). Convocan: CCOO, CGT, UGT y STEM

 

La FE CCOO de Madrid nos envía esta convocatoria:


Concentración en la DAT Norte🪧


🫸🏼#BastaYa de #ViolenciaMachista  #HartasDeViolencia 


No actuar es posicionarse:

¡Medidas cautelares contra el director, ya!

🛑Contra el acoso laboral y sexual de 6 mujeres en el CRA #Lozoya


🗓1 de febrero de 2024

🕥17:30 horas


📍DAT Norte

Av. de Valencia, s/n

#SanSebastiánDeLosReyes


⭕️⭕️PaseLoquePase  

#CCOOContigo 

#CCOOActúaContigo

#CCOOContraLaViolenciaMachista


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domingo, 2 de febrero de 2020

Cuando el alumnado educa en la diversidad de género (Evaristo González para ELDIARIODELAEDUCACION.COM)

ELDIARIODELAEDUCACION.COM publica este artículo


¿Qué efectos tiene en un centro educativo cuando el alumnado se compromete a educar en el feminismo, contra la violencia de género y a favor de la diversidad dentro de la normalidad?
Hay alumnas (también alumnos) adolescentes muy implicadas en que la realidad de la vida forme parte de la educación en las aulas. Son personas inquietas y concienciadas que promueven actuaciones, cambio de sensibilidades, adaptación a los lenguajes normalizados y, sobre todo, actualización de determinadas mentalidades y formas de ser, tanto entre el profesorado como entre sus compañeros y compañeras.

En este caso, estudian en un centro público que lleva años acogiendo a todo tipo de alumnado (frase que debería ser más evidente de lo que los documentos educativos recogen, no siempre fieles a estos principios, según las explicaciones de algunas personas que han estudiado en otros centros), con una atención especial para el alumnado LGTBIQ. En el día a día de la educación esta apreciación también debería sobrar por obvia pero se remarca aquí porque, después de años de atención prioritaria en el centro, “la antigüedad es un grado” y las realidades educativas son muy diversas.


La normalidad está llena de diferencias, en entornos educativos complejos dentro de una sociedad en la que determinados grupos quieren imponer censuras diversas, se llamen ahora pines parentales, supresión de contenidos o de asignaturas, o imposición de temas concretos para ser tratados de una forma determinada en las aulas, mientras aspectos fundamentales para la convivencia democrática exigen permisos familiares. Suelen ser los mismos que, después, publicitan acusaciones de adoctrinamiento del profesorado, con un fariseísmo que produce miedo.

Análisis

¿Analizamos periódicamente los entornos educativos y aquello que se está haciendo para favorecer cambios en temas de género, lenguajes, normalizaciones diversas y actitudes? De verdad, ¿estamos implicados al máximo? Los curriculums y las normativas necesitan plasmaciones en la vida del día a día. Por otra parte, aún hay muchas carencias en educación afectivo-sexual, en igualdad de género y en diversidad, si bien aumenta el número de profesorado que se forma en estos temas para llevarlos a las aulas.


Hemos de sumar esfuerzos también con el alumnado más comprometido para que, entre todos juntos, se generen líneas educativas y sinergias que refuercen comportamientos correctos. Las lacras de la violencia de género, los clichés machistas y tantas interpretaciones subliminales o esquemas comunicativos contra alguien se han de combatir desde muchos frentes: sociedad en general, medios de comunicación, publicidad, familia. La educación juega un papel fundamental.

Presencia

En septiembre de 2019 un colectivo de alumnas creó un comité feminista en el instituto. La finalidad era, por un lado, consolidar el trabajo y las actuaciones tradicionales del centro en esta formación y, por otro, fomentar actuaciones que ayuden a potenciar una cultura de respeto e integradora, contra la violencia de género y para conseguir una visión feminista.

Además de los tradicionales actos de días señalados: 25 de noviembre (día contra la violencia de género) y 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), tienen como objetivo llevar a cabo actuaciones en el patio y en las aulas, reflexionar con las delegaciones de alumnado de cada clase, mantener reuniones de seguimiento con la dirección del centro e implicarse al máximo en uno de los objetivos concretos de la Programación Anual del Centro para este curso: la utilización de lenguaje no sexista en las clases, en los documentos de centro y en las conversaciones habituales, incluida la interactividad en Internet, redes sociales y de mensajería.

Actuaciones

Después de una conversación en profundidad con el comité feminista y de efectuar una retrospectiva sobre actuaciones que se han llevado a cabo en el instituto, compartimos algunas líneas de trabajo y previsiones de este comité (que apoya las propuestas de la dirección) para conseguir cambios desde la práctica. Su difusión es con la finalidad de que puedan exportarse o adaptarse a otros centros u organizaciones:
  1. Impulso a actuaciones de grupos de alumnos y alumnas, muy concienciados, que participan en colectivos de la ciudad y que quieren incrementar la educación del centro educativo con propuestas importadas de los espacios en que colaboran. A menudo se desconoce el potencial real del alumnado adolescente, tanto en su proceso de aprendizaje no formal como informal. Aprovecharlo es fundamental para incrementar la calidad de la educación.
  2. La transversalidad de objetivos ha de ir acompañada con prácticas concretas y continuas, y con estrategias de vigilancia para conseguir una mayor efectividad. La teoría sin la acción pierde eficacia educativa.
  3. Las inquietudes del alumnado se han de tener en cuenta, y más cuando se comprometen a ser agentes de cambio educativo y social. En cierto modo, estamos ante la personalización del aprendizaje, impulsada también por los alumnos y las alumnas.
  4. En todos los centros educativos hay unos hechos diferenciales, que pueden ser el origen de cambios y que se han de aprovechar: en este caso, los bachilleratos artísticos: la potenciación de las artes plásticas, escénicas y musicales introducen “aire fresco” a las aulas. Otro factor diferencial, el uso intensivo de las TIC desde hace 26 cursos, permite el análisis de determinados discursos en Internet, seguir etiquetas y personas expertas que aportan ideas, fomentar la participación con argumentos de cambio, analizar textos y reflexionar sobre todo aquello que es tóxico para la educación feminista e inclusiva. A la vez, hay que predicar con el ejemplo y difundir mensajes positivos y educadores.
  5. Los grupos creados por el comité feminista en redes sociales con la finalidad de difundir e informar sobre el feminismo incrementan la libertad de expresión, el respeto y la mentalización a la hora de actuar: Whatsapp ha ayudado a centrar temas y a impulsar actuaciones. En este caso, uno es solo para el grupo impulsor y hay otro abierto, con un continuo incremento de personas que se quieren añadir.
  6. Los mensajes tratados por el comité necesitan de reuniones periódicas presenciales con delegaciones de clase y personas encargadas, para trasladar las ideas a las clases.
  7. Todas las personas han de estar en alerta para detectar lo que pueda atentar al respeto común y disponer de herramientas para provocar cambios.
  8. Cuando sea necesario, se pide colaboración de personas expertas, entidades y grupos del exterior para la contextualización y tratamiento de estas temáticas. Hace tres años vino a hablar con el alumnado Joana Biarnés (1935-2018), fotógrafa nacida en Terrassa, la primera mujer que ejerció como reportera gráfica en el Estado. Sus visitas a los campos de fútbol fueron muy hostiles, llenas de comentarios machistas por el hecho de ser mujer. Defendió el papel de la mujer con el ejemplo personal, en momentos históricos difíciles.
  9. El profesorado y el alumnado valoran muy positivamente el proceso de acogida de alumnos en las clases, para favorecer su integración y educación global en la normalidad afectiva y sexual.
  10. El lenguaje machista en conversaciones, clases o redes sociales exige un cambio profundo que ha de trasladarse al día a día, dentro y fuera del centro. Cada persona ha de predicar con el ejemplo para educar a la sociedad. Cuando sea conveniente deberían corregirse, en clase o fuera, lenguajes improcedentes que ya no tocan. Un ejercicio muy útil que se practica es construir un diccionario de palabras sexistas y su equivalente no sexista a lo largo del curso.
  11. El profesorado y el alumnado no pueden permitir en ningún momento comentarios, visualización de símbolos, frases en la ropa, dibujos, grafismos o lemas que inciten a comportamientos contrarios a la inclusión, la igualdad o al respeto de todos.
  12. Debe ser curricular todo contenido que mejore la sociedad, la democracia y el pensamiento crítico. Los temas de actualidad son auténticas asignaturas competenciales que se alimentan cada día, se reproduzcan en medios de comunicación o en redes sociales.

El potencial del alumnado adolescente es un gran aliado en el trabajo pedagógico de los centros educativos. Juegan un gran papel en el diseño de la educación. Ahora que tanto se habla de medidas represivas como el pin parental, es un buen momento para seguir ejerciendo el deber democrático de educar en todo aquello que ayude a consolidar una sociedad más justa, inclusiva e integradora. A pesar de una minoría

martes, 31 de diciembre de 2019

"Bárbaros, bárbaros, puede que haya más de los que parece" (Manuel Menor)

El compañero Manuel Menor nos envía este artículo:

Kavafis vio cómo todos esperaban su llegada y, también,  cómo al no valer ese recurso explicativo de los errores, cundía la decepción ciudadana.

Al parecer, los vándalos andan haciendo jugarretas al Belén que el alcalde de Ourense ha puesto en la Alameda para extrañeza de propios y extraños. Como a la Sra. Almeida, de la Comunidad de Madrid, al Sr. Jácome no le importa mucho que sea un horror su aportación belenística o que haya quienes se la desfiguren. Busca que hablen de él al margen de los asuntos para hacer ver si, con ese cebo, su gestión se redime de todo dislate.

La mención metafórica a los bárbaros alude a quienes dieron al traste en el 476 d. C. con el Imperio Romano -la organización administrativa más sólida de la antigüedad europea- después de muchos años de pactos. Aquellas  tribus eran  habitualmente considerados “barbari” desde una supuesta superioridad cultural, que les diferenciaba como extraños. No obstante, en sus orígenes nuestra propia cultura tiene componentes de todo tipo y, pese a ello, “bárbaro”, y sobre todo “vándalo”, expresan preferentemente comportamientos poco civilizados, ilegales incluso, aunque, como contraposición, “bárbaro” pueda significar también algo insospechado. Nuestro subjetivo modo de ver y el tono de voz  varían el sentido de esta palabra cuya elasticidad semántica puede percibirse, incluso, respecto a un mismo asunto. Estos días, por ejemplo, en lo tocante a lo que escribe una profesora malagueña. Su éxito editorial con la “leyenda negra” la ha llevado –con similar desenfado- al siglo de la Ilustración y, según qué periódico se lea, lo “bárbaro” indica si es detractor o partidario de ambos libros.

¿Avanzamos?
La Historia de España es empleada aquí para darse zurriagazos políticos, al margen de la calidad explicativa. Este fenómeno colateral, observado ya por Goya, es muy cansino cuando lo genera una gestión de la memoria al servicio del poder. Suele ser incapaz de distraer las urgencias del presente cuando persisten  comportamientos políticos indiferentes al paso de los años, con mínimas modificaciones formales que no impiden que los problemas sigan gravitando idénticos sobre los ciudadanos. Pero es visible a menudo, entre otras, tanto en negligentes políticas educativas, como en sesgos etnocéntricos asumidos como universalistas y dominantes, mientras el palabreo político trata de despistar.  

El valor del conocimiento histórico es apreciable entonces, no solo porque ayude a no repetir errores, sino porque desmienta el truco de supuestos “avances” del presente. La linealidad evolutiva de los acontecimientos no existe más allá de la estricta contabilidad de calendario. Que 2020 venga después de 2019 no indica, por sí mismo, una mejora cualitativa ni,  por supuesto, que vaya a ser provechoso para todos por igual. Sirva de ejemplo que el aniversario de la promulgación de la Ley de Violencia de Género, que debiera hacernos conscientes de cómo la barbarie sigue incrustada en el comportamiento social, con riesgo para las mujeres y, también para los menores.  El significado preciso de “avance” y “cambio” poco tiene que ver con el rutinario paso del tiempo y, si algún baremo puede exigirse para medirlo, debiera cifrarse en la mejora que pueda suponer en el cumplimiento de los derechos humanos. Igual vale decir de una Coalición de Gobierno que se autoproclame “progresista”, término también muy “complejo” y “diverso”, como se verá en el transcurso del nuevo año.

Desde la caída del Antiguo Régimen, los actores de la Historia –como destacó Bertolt Brecht preguntándose: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?”-,  no son las personas eminentes que los cronistas exaltaban sobre un resto que apenas era comparsa. Pero, desde que se empezó a hablar de derechos iguales para todos, ese sujeto colectivo -que se supone en la escena política- presenta internamente conflictivas diferencias de intereses.  No es raro, por tanto, que, en todo relato de algún acontecimiento se traten de apurar interpretaciones parciales, inclinadas a ocultar o exaltar a conveniencia.

Lealtad y honradez
Los calificativos de “buena” y “mala” prensa tuvieron, por tal motivo, mucho predicamento en los primeros años del siglo XX, parejos a los de “buenas lecturas” repetidoras de doctrinas establecidas. Los títeres de cachiporrra siempre  dieron carta de naturaleza lúdica al trato que en sesudos libros de Filosofía, Moral y Teología se daba a los “adversarii”, es decir, cuantos pudieran discrepar de la ortodoxia. Les secundaban revistas editadas para considerar como “bárbaro” –vándalo, incluso-  a todo presunto disidente de lo pautado. Cuando ya no había Inquisición -como si las certezas no tuvieran graves riesgos-, la propia ley Moyano creó, en su artc. 160, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Según su Estatuto, para  “que se conserven los principios eternos de orden y autoridad, sin los cuales la sociedad retrocedería a los siglos bárbaros” y prevenir, entre otros, “los errores desgraciadamente peligrosos” que estaban empezando a advertirse  en las reivindicaciones obreristas ante ”la cuestión social”, como se ratificaría en la sesión inaugural el 15.06.1879.

Las viejas actitudes con los barbari, poco propicias para lo diferente, siguen visibles también hoy en periódicos y digitales. Idénticas a las de quienes escriben de Historia en plan apologético, asociados a prefijadas líneas antropológicas que permitan –como antaño a la psicología- teorizar sobre un apócrifo homo hispanus, impasible ante los egoísmos del presente. De todos modos, en este amplio terreno de lo bárbaro o vandálico que se glosa y se calla entre pasado y futuro, no está de más una sentencia traída a la actualidad por Nuccio Ordine en su divulgación de clásicos para hoy. Es de Montaigne (1533-1592): “Requiere más esfuerzo interpretar las interpretaciones que interpretar las cosas, y hay más libros sobre libros que sobre cualquier otro asunto: no hacemos más que glosarnos los unos a los otros. Todo está lleno de comentarios; de autores, hay gran escasez”.

Por otro lado, en este final de 2019 en que fanatismos, odio e intolerancia contra la diversidad, antigitanismo, homofobia, disfobia, antisemitismo, xenofobia y racismo siguen volviendo a crecer a sus anchas –en la realidad y en las Redes-, nadie debiera olvidar lo que Baltasar Gracián decía en el siglo XVII: “En fe de su cultura pudo Grecia llamar bárbaro a todo el resto del universo”,  “es mui tosca la ignorancia” y “no hai cosa que más cultive que el saber”. Por mucho poder que alguien tenga, si no entiende que una buena educación para todos es el mejor antídoto, estará privilegiando  a la barbarie.

Manuel Menor Currás
Madrid, 31.12.2019

viernes, 27 de diciembre de 2019

Hacia el autoritarismo (Manuel Menor)


Los caminos del autoritarismo están abiertos

Crecen las maneras propicias para que la convivencia ciudadana se altere profund.amente. Aumentan las posibilidades de educar en la ignorancia.

El Ayuntamiento de Madrid ha decidido no reparar bien a las víctimas del franquismo diluyéndolas en un genérico recuerdo a quienes, entre 1936 y 1944, “sufrieron la violencia por razones políticas, ideológicas o por creencias religiosas”, dedicatoria a que han añadido una conocida invocación de Azaña casi al final de aquella guerra golpista: “Paz, piedad y perdón”. En el memorial que se había pensado antes de que Almeida llegara a la alcaldía madrileña figuraban los 2.937 nombres de las personas fusiladas por el franquismo después de que el ejército sublevado contra la legalidad republicana entrara en la ciudad el 28 de marzo de 1938. Ya no llevará esos nombres concretos ni la causa específica de su muerte.

Memoriales del olvido
Era excesivo suprimirlo todo, pero con este apaño se pretende que resulten absurdas y subjetivas tres de las palabras del párrafo anterior: “golpista”, “sublevado” y “legalidad republicana”.  El relato del supuesto monumento deja  intacto, sin embargo, lo que significaron términos que la larga historia franquista empleó en su propaganda: “Guerra de liberación”, “Victoria”, “Triunfo” y otras similares, que los libros de texto de “Historia de España”, “El Libro de España”, la “Historia del Imperio español” y similares –además de los que regían en las asignaturas “marías”- repitieron incesantes durante cuarenta años. La inspiración de Pemán, del Instituto de España y del CSIC –activo desde 1939 en sus revistas y folletos, como algunos de la serie “Temas españoles” que publicaba el Ministerio de Información y Turismo-, oficializaron las etapas históricas de la contemporaneidad española de modo equívoco, como si la Guerra Civil fuese consecuencia lógica de una supuestamente antinatural II República de la que el Franquismo posterior nos hubiera redimido. Qué se decía o no en los demás períodos históricos iba a conveniencia del mito y los símbolos que se querían exaltar. 

 El equipo de Almeida pretendiendo la asepsia, prefiere .como si no hubiera argumentación histórica sobradamente consistente-  distorsionar una vez más lo acontecido en aquellos infaustos años bajo una torpe equidistancia del pasado que no logra. Amén de otras incongruencias en la nueva inscripción, no ha querido dejar fuera de este recuerdo, por ejemplo, la connotación católica de algunas muertes –tan desgraciadas como las de los fusilados cuyos nombres ahora no se mencionan-, pero que ya han sido diferencialmente homenajeadas en otras conmemoraciones, monumentos, inscripciones, cruces y hasta canonizaciones generadas durante bastantes más años que los cuarenta del control cultural nacionalcatólico. Este modo de prevalencia simbólica sobre quienes murieron después de terminada la guerra, es un modo de falsear el incómodo pasado, contribuyendo a que el silencio y no la comprensión histórica sigan vivos, propensos al silencio y a la no reparación democrática.

No es raro que los alcaldes y demás autoridades –elegidas en las urnas- olviden que, con sus actos, hacen pedagogía. El problema es que, cuando se les va del pensamiento suelen generar desastres entre sus representados. Un desentendimiento ignorante, más peligroso cuando la enseñanza histórica en escuelas y colegios sigue siendo floja en demasiados casos.  Fernando Hernández, después de analizarlo en El bulldozer negro del General Franco (Crítica,2016), decía que muchos profesores tienen especiales dificultades para que asuntos como el de lo realmente acontecido en la Guerra y postguerra entren bien en sus clases de Historia, lo que indudablemente “repercute en la vida cívica”. Al parecer, muchos dijeron que podrían tener problemas con su alumnado y, sobre todo, con sus familias, mal informadas de lo que se deba estudiar en Ciencias Sociales. Por otro lado, como sobre todo el temario de segundo de Bachillerato, muy largo, era de obligado conocimiento para la prueba de selectividad, había quienes pasaban de puntillas sobre los últimos temas o proponían prepararlos en casa con el libro de texto. Sabido es, por otro lado, que el tratamiento de este material escolar –habitualmente controlado por empresas vinculadas a sectores conservadores- no destaca por su calidad historiográfica. Hay muchas investigaciones –accesibles desde Internet- al respecto, pero para hacerse una somera idea de este problema, lean:  “Estudiar a Franco: el miedo a enfrentar el pasado”, en este enlace: fe.ccoo.es

¿Silencio programado?

El alcalde de Madrid tiene en quienes le ayudan a sostener su bastón de mando un problema. Que puedan expresarse los concejales de VOX –y que voten lo que les place- no les confiere  dignidad democrática para avalar esta decisión. Contrarios a cuanto tenga que ver con la llamada “memoria histórica”, junto con Hazte Oír y similares ya actúan en las escuelas y colegios de Madrid y Andalucía como espacios de agitación propagandística. En Madrid, han hecho llegar a las AMPAS y direcciones de los centros distintos módulos publicitarios con quejas contra quienes lleven a las aulas estas cuestiones y las de violencia de género. Lo más reciente -aparte de haber intentado romper distintas manifestaciones-, es su actitud palmera ante la denuncia de una familia cordobesa contra un profesor. Este educador había visionado a su alumnado una grabación de 35 minutos en que una mujer con un largo calvario familiar –Ana Orantes- lo había contado en Canal Sur antes de que en 1997 hubiera sido asesinada por su marido. Concurría en la  grabación, que la conmoción por esta noticia había llevado a que, en 2004, saliera adelante la Ley de violencia de género, gracias a la cual -y pese a sus deficiencias- conocemos mejor la falta de civilización que padecemos, como prueban las muertas que, desde entonces, ha sido posible contabilizar, además de  los daños colaterales a menores.

Vox y sus adláteres –amigos de Almeida- no quieren que se hable de esta violencia, como no quieren que se mencione la memoria histórica. Como si invisivilizando ambos asuntos, desaparecieran del mapa, prefieren una legislación adaptada a sus gustos personales, apropiada a que un orden “natural” y sacralizado, ajeno a la cultura política de “la palabra” –y no de las voces” animalescas, que diferenciaba Aristóteles-, debiera regir la sociedad. Y, para no montar espectáculos de adictos, exigen a los gobiernos en que colaboran un peaje: que impongan su capricho a los demás ciudadanos. Puro dogmatismo autoritario que,  por mucho que se adorne, remite a los aires de la mona a que ya se refería Esopo en el siglo VII a. C. y que no han cesado nunca de existir de diversos modos, como repite el refranero español.

Con la publicidad que van a tener a mano desde el Parlamento, la escuela española va a tener que emplearse a fondo para contrarrestarlos. Salvo que lo que se prefiera sea una enseñanza de la ignorancia, para la que ya trabajan voces plenas de narcisismos desbordados en las redes sociales. O que se desarrolle en la sociedad española aquella somnolencia cobarde que, después de tanto patrioterismo pardo, hizo que el pastor protestante Martin Niemöller se lamentara en 1946 diciendo: “Vinieron a por mí… y no había nadie” para protestar.

Manuel Menor Currás
Madrid, 20.12.2019

viernes, 15 de noviembre de 2019

Una dirigente de Vox pierde los papeles por atacar al feminismo: "Yo pondría como asignatura obligatoria costura. Empodera mucho coser un botón" (eldiario.es)

Artículo publicado en eldiario.es
  • Alicia Rubio, diputada de la Comunidad de Madrid, ha respondido así en el Pleno a la iniciativa de Unidas Podemos para combatir los estereotipos sexistas en el aula
  • La intervención no se ha quedado ahí: ha asegurado que el feminismo "es cáncer" y ha dicho estar preocupada por el "lesboterrorismo" y el "pornofeminismo"
  • Premiada por HazteOír en 2017, es autora de Cuando os prohibieron ser mujeres....y os persiguieron por ser hombres, un libro que según la organización ultracatólica "denuncia las políticas de género"
A la diputada de Vox en la Asamblea de Madrid, Alicia Rubio, no le ha sentado bien la propuesta de Unidas Podemos de instar al Gobierno a que tome medidas para "combatir los estereotipos sexistas en la escuela". "Yo pondría como asignatura obligatoria, en vez de feminismo, costura (...) Empodera mucho coser un botón", ha dicho la también vicesecretaria de Movilización del partido de extrema derecha.
La intervención no se ha quedado ahí y ha añadido una retahíla de comentarios contrarios al feminismo, al que ha definido como un "cáncer" y ha dicho estar preocupada por el "lesboterrorismo" y el "pornofeminismo". Rubio, que fue premiada por HazteOír en 2017, se ha pronunciado así en el debate de la iniciativa, que ha sido rechazada con los votos del PP, Vox y Ciudadanos. La parlamentaria es autora del libro Cuando nos prohibieron ser mujeres...y os persiguieron por ser hombres, en el que, según señaló la asociación ultracatólica al entregarle el galardón, "denuncia las políticas de género".
La proposición debatida, transaccionada con el PSOE y Más Madrid, contemplaba la creación de una asignatura de Educación en Valores, la revisión de los libros de texto con perspectiva feminista, "garantizar la libertad de elección del alumnado de las prendas de sus uniformes" o implantar "patios escolares inclusivos", medidas que para la diputada son "tontadas" y "majaderías ideológicas".
Rubio se ha referido en tono jocoso a los datos que incluía la proposición sobre la violencia machista a escala mundial: "Es como si, si hay hambre en el mundo, se insta a la Comunidad de Madrid a repartir bocadillos a todos los madrileños", ha soltado. "Ya se ve que las mujeres estamos mucho peor que en Arabia Saudí, estamos horrorosamente mal". "Se mata por muchos motivos, vean ustedes películas de esas de crímenes", ha indicado para desacreditar los análisis sobre violencia de género.

lunes, 7 de enero de 2019

¿Nuevo año? (Manuel Menor)

Los cambios cualitativos no los mide bien la cronología anual

Para comparar si 2019 será más avanzado que el año pasado, habrá que sobreentender que ni los cambios ni los hábitos sociales son mecánicos.

A pocos días del comienzo de 2019, ya tenemos razones para pasar, del orden mágico que suponen los periódicos deseos de felicidad de fin de año, al orden más racional en que solemos analizar, sopesar y concluir respecto a lo que nos sucede. Da igual la posición en que se ponga el observador, bien como sujeto indiferente a los acontecimientos que se quieran analizar, bien como pensante que trate de ver cómo le pueda afectar lo que esté sucediendo. En uno u otro caso, será difícil  en qué esté siendo diferente 2019. Solo los hados sabrán qué vaya a ser de los propósitos, deseos y felicitaciones que hayamos difundido con buena intención.

Los historiadores hablan de tiempos largos o puramente evenemenciales, para apreciar mejor lentitudes y aceleraciones. La que no distingue es nuestra memoria, sujeta a imperativos diversos, de los que la propaganda no es el menor. A veces, la confusión entre lo acontecido y lo que está sucediendo, entre lo onírico y lo racionalizado,  es tal que todo parece un sueño que lleve camino de perpetuarse. Cuesta reconocer, sin embargo, que, no porque la cronología haya avanzado un año en el calendario -o porque tengamos disponible una aplicación electrónica más-, ya el mundo ha cambiado. La complejidad  de estratos que componen la supuesta realidad es tal que ni el esquematismo ideológico es suficiente para explicarla ni la consistencia de cuanto hemos construido para protegernos de la intemperie es tal que no podamos fragilizarla más. Una prueba de esta estúpida capacidad la dará el modo en que afrontemos las tensiones con que ha empezado 2019. Continúan las de 2018, pero tan significativas son que parecemos adheridos a ellas por costumbre, lo que hará más difícil la urgencia de cambiarlas.

De Granada
La historia de la “Toma de Granada”, tras la reiterada celebración del dos de enero, ya tiene connotaciones plenamente implicadas en este presente. Teñida de referentes actuales, se ha complejizado para dotar a los principales fautores del mismo -PP y VOX- de un hueco más amplio en un panorama en que la tergiversación a favor de un interesado presentismo tiene largo recorrido revisionista. La Historia de España como instrumento ideológico –que Don Marcelino Menéndez y Pelayo pregonó- tuvo fervientes seguidores y asiduos defensores en los libros de texto y lectura obligatorios durante más de 40 años. Y ahí siguen. Baste recordar que Isabel de Castilla fue en la etapa franquista símbolo  mitificado de un tradicionalismo reduccionista, como estudió Elena Maza en 2004. Su nombre fue impuesto a muchas instituciones docentes -escuelas e institutos, como el antiguo “Instituto-Escuela: Sección de Retiro”, en Madrid (BOE, 15.04.1939)- según avanzaba la guerra civil; la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera lo invocó reiteradamente –con el haz y las flechas de su escudo-; y en el listado homónimo de reconocimientos honoríficos de la época  puede advertirse el significado que se le atribuyó a esta reina castellana. En este festejo, igual sucede con otros ingredientes como “Musulmanes”, “España” o “Reconquista”, en agitado puzzle a conveniencia y la ciudadanía se queda, una vez más, sin saber qué sucedió en Granada en 1492. “La toma” de la calle por 4.000 banderas españolas y sus consignas ha predominado y, sobre todo, con qué mimbres partidistas se prefiere construir el imaginario de lo que se quiera sea la convivencia hoy. Aquí no es el re-conocimiento lo que progresa sino la vuelta a un pasado  de valores no necesariamente ejemplar e integrador.

De “Acuerdos”
Que la Historia presta una buena urdimbre en que hilvanar cualquier discurso es fácil de ver, después de 40 años de la firma de los Acuerdos –ratificados en el Vaticano el tres de enero de 1979-, desde la situación de la laicidad del Estado. Entre los muchos ingredientes de esta especie de Concordato, el elemento vertebral es que los pagos anuales a cuenta no han decaído pese a “la crisis”, pero sus implicaciones en las políticas educativas del Estado y sus autonomías es de lo más llamativo. El estudio del cumplimiento del art. 27 de la Constitución vigente no solo permite advertir la distancia que media entre nuestro panorama legislativo en educación y el de nuestros vecinos franceses desde 1905, sino además la cantidad de problemas de diversa índole que ha generado ese articulado constitucional. Entre otros, cómo la libertad de elección de centro y una presunta “demanda social”, amparadas en la diferencia religiosa pretenden ser prioritarias  frente a las urgencias de la escuela pública; o cómo la Religión, como catequesis, sigue teniendo privilegiado tratamiento educativo en la LOMCE. Qué sea la pretendida igualdad, legislativa, económica y organizativa del sistema educativo español –con la práctica diferencial que implica esto en unos u otros centros, en los currículos y  libros de texto, o en la dinámica de formación que deba preparar para el ejercicio profesional docente-, está lejos de acontecer todavía. Ineludible es, asimismo no ver estos días, tras la actitud del prior benedictino del Valle de los Caídos, la persistente ambigüedad de la jerarquía eclesiástica en un asunto de tanto relieve cívico como la exhumación de los restos de Franco.

De violencias
En vez de cambio histórico, naturalización de pautas establecidas es lo que parece volver a primar en 2019. Como si de una estructura antropológica se tratara, no solo cuesta cambiar, sino que se reivindica la perduración del dominio de unos respecto a otras. El despertar de VOX con opción de decidir en el panorama político –y no solo en Andalucía-, está sirviendo para mostrar que el patriarcalismo machista y sus derivaciones violentas es más amplio de lo que indican las cifras estadísticas. Al no concordante cómputo de fallecidas, se une un no menos interesado modo de mirar este trato violento y mortífero, no tanto como cuestión de género, cuanto como  diluido modo “doméstico”. Como si se quisiera  negar la realidad de odiosos tratos desiguales y vejatorios, a menudo soportados en una mala educación, en que a los chicos se les ha inculcado desde su infancia una supuesta superioridad en todo; tanta que, cuando los tiempos han dado un vuelco a esta percepción, ahí continúa empobreciendo las relaciones y haciendo difícil la concordia en muchos casos. Este año ha empezado apelando, otra vez, a la vieja costumbre de la brutalidad en este terreno… ¿Hasta cuándo? ¿El tacticismo del PP y de CS a dónde conducirá a que alguien como Damares Alves, del Brasil de Bolsonaro, festeje pronto aquí que los niños vistan de azul y las niñas de rosa?

La mezcla continuista de unos y otros costumbrismos está construyendo un archimboldesco 2019, con bobalicones residuos de otros tiempos, ensangrentados demasiadas veces, alucinados muchas otras, y perjudiciales siempre para los más abrumados/as por la vida. Atentos al guarismo cronológico de este año incierto.

TEMAS.: Historia y memoria. Revisionismo histórico. Acuerdos Estado y Vaticano. Violencia de género. Violencia doméstica.


Manuel Menor Currás
Madrid, 06.01.2019

miércoles, 1 de agosto de 2018

Violencias simbólicas (Manuel Menor)


La violencia –aunque solo sea simbólica- hace daño

En educación, puede estar presente de muchas maneras. El propio sistema educativo, como tal, suele mostrarla bajo represivas formas de desigualdad.


En democracia, además, el diálogo ha de contemplar la sabia racionalidad para atender –entre todos- a los problemas que afectan a todos. Un carácter que no tienen, sin embargo, las sugerencias y razonamientos basados en imposiciones ominosas del pasado, privilegiadas posiciones de prepotencia o elucubraciones a partir de universales solo sostenibles desde  prejuicios amparados en supuesta superioridad de género, de  grupo o de otra índole cultural, social o económica. Es indudable, pese a ello, que cualquiera de estas especies –o todas juntas a veces-  tiene gran número de fieles adeptos. En la historia humana siempre ha habido  amigos de no pensar por sí mismos, partidarios de tener siempre razón y devotos de que obediencia y pensamiento sean inseparables de cuanto ellos dictan a los demás.

¿Liberar?
Con esto tiene que ver la educación al tratar, en definitiva, de liberar las mentes y ayudar a que crezca la responsabilidad personal ante lo que acontece, o al querer, más bien, someter, controlar y reprimir cuanto no siga pautas preestablecidas. Y a eso remiten igualmente, de modo más o menos consciente, las organizaciones y partidos que -con diferencias notables- quieren influir en las decisiones que regulan las conductas comunes. Nada que objetar al respecto, salvo que no todas las posiciones tienen idéntica coherencia. Que, por ejemplo, al hablar de unas u otras asignaturas del currículo escolar y del peso que tengan en el cómputo de las evaluaciones de cada nivel educativo o que, al plantear las formas organizativas de las aulas, del propio sistema escolar y sus componentes actuales -privada, concertada y pública-, se suscite un revuelo, tiene su lógica. Pero también ha de entrar en la conversación lo desfasado y poco sensato que esté siendo frente a las urgencias cognitivas y actitudinales que debiera atender en el presente. Que se hubieran generado muchos beneficiados bajo el descuido oficial puede ser el motivo de que no se tenga en cuenta. Pero conocer los despropósitos y privilegios generados en ese caldo de cultivo hará más inteligible la retahíla de problemas contradictorios que genera en segmentos sociales muy amplios: desatención a la infancia, abandono escolar, fracaso…. ¿A quién perjudica una “ética de Estado”, que trate de erradicar tanta disfuncionalidad de gasto educativo y, de paso, la manipulación de la ignorancia?

¿Reprimir?
Igual sucede en cuestiones de género, cuando mencionar sus determinaciones en la vida de muchas mujeres –no digamos al hablar de LGTB-, suscita fuertes pugnas retardatarias. Bajo un tratamiento de “ideología” despectivo, pensar de modo contrario a los análisis del feminismo o la sociología crítica sería la santa verdad natural e inamovible. De nada vale en estos casos que, en la conflictiva realidad, los cómputos estadísticos sean tercos y llevemos este año 30 mujeres asesinadas violentamente a las que podrían sumarse otras 20 en la desgraciada lista. Añádanseles los miles de casos de odio que, desde 1992 en que se lleva registro, han venido aconteciendo y se verá mejor si, cuando se tocan estos asuntos –lo mismo que cuando de educar en valores cívicos compartidos por todos nuestros escolares-, se está hablando de algo secundariamente epidérmico o no debiéramos dejar de lado tanto prejuicio y parcialidad como se esgrime cuando se quiere estar en permanente rueda de prensa… En la convivencia humana –y más en tiempo vacacional- todo es más armonioso cuando cesa la violencia simbólica. Entre adultos, se corrompe gravemente con la mentira ocupada en agitar banderitas en vez de afrontar responsabilidades.
   
Manuel Menor Currás
Madrid, 29.07.2018

sábado, 5 de mayo de 2018

"Financiar la escuela que segrega por razón de sexo" (Pedro Uruñuela para EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN)

Reproducimos esta noticia publicada en EL DIARIO DE LA EDUCACIÓN



La violencia de género es un tema que crea gran preocupación en nuestra sociedad a todos los niveles. Recientemente, y con independencia de la valoración que nos merezca, se ha firmado un pacto entre partidos políticos para hacer frente a este tipo de violencia. Como educadores y educadoras, nos preocupa especialmente su incidencia y presencia en la escuela, así como las formas de abordar su prevención y erradicación. Por eso no acabamos de entender la reciente sentencia del Tribunal Constitucional declarando conforme con los mandatos de la Constitución la “enseñanza diferenciada” que separa a los chicos y a las chicas, reconociendo además su derecho a ser financiada por el Estado.

Son numerosos los estudios que analizan la incidencia de la violencia de género en la adolescencia, de los que sólo podemos recoger algunos datos. Llama la atención, en concreto, los casos de violencia de género en menores de 18 años investigados por la Fiscalía, apenas conocidos: en el año 2016, los casos de violencia de género investigados pasaron de 433 a 543, un 25% más, y los de agresiones y abusos sexuales de 1.081 a 1.271, un 17% de incremento. Todo esto sin contar los casos de ciberacoso, de amenazas y extorsiones sexuales a través de las nuevas tecnologías, exigiendo fotografías y amenazando con su exhibición cuando finalizan la relación. Un modo de violencia de la que muchas chicas no acaban de ser conscientes.

A su vez, es en la etapa de la adolescencia cuando se consolidan y arraigan determinados estereotipos de género, reflejo de las ideas y prejuicios presentes en la sociedad. Estas ideas simplificadas sobre las características y papeles sociales de los hombres y mujeres impregnan el tejido social, se concretan en mitos, valores y creencias, y apenas son visibles dada su normalización y universalización. Es una tarea educativa identificarlos, analizarlos críticamente, mostrar sus consecuencias y trabajar por su sustitución desde otras ideas, valores y creencias basadas en la igualdad hombre y mujer.

Los estereotipos y expectativas sobre los roles de género afectan a la vida afectiva, familiar, laboral, al ocio y a la participación en la vida social o política de cada persona. Los hombres y las mujeres que se alejan del estereotipo se ven obligados a superar la reprobación social. Desde el modelo estereotipado de masculinidad se insta a los chicos a dominar y/o proteger a las mujeres, a no sentir miedo, a ser “malotes”… Y, a la vez, se les insta a las chicas a obedecer, les exige ser sumisas y buenas hijas, buenas esposas, buenas madres, a cuidar del hogar, de las personas dependientes, y se espera de ellas que sean conciliadoras, pacíficas, delicadas y débiles.

De particular interés para la etapa adolescente resulta la aparición de los mitos románticos que dibujan a ambos sexos como complementarios, medias naranjas, seres incompletos que sólo lograrán su plenitud si encuentran “al amor de su vida”. Simultáneamente plantea el antagonismo entre los sexos, con una concepción dual jerarquizada de la realidad, hombres y mujeres no pueden entenderse puesto que son opuestos, son “enemigos” a la vez que dependientes para ser completos, haciéndose así muy difícil el establecimiento de relaciones igualitarias y el desarrollo de una convivencia pacífica. Los estereotipos determinan una desigual distribución de las relaciones de poder, una concepción dual y jerarquizada de la realidad social.

Como respuesta a estas situaciones, muchos pensamos que la educación puede y debe jugar un papel fundamental para la erradicación de actitudes sexistas y la adquisición de las competencias necesarias para mantener una relación de igualdad desde el respeto a la dignidad, la paz positiva y los derechos humanos. Por ello, es necesario situar en primer plano de la institución escolar el desarrollo de una convivencia positiva entre hombres y mujeres y la erradicación de toda forma de violencia de género. El plan de igualdad hombre-mujer, las acciones para la coeducación deben ocupar un lugar destacado en los planes de convivencia y en las acciones educativas diarias de los centros.

Sin embargo, la sentencia del Tribunal Constitucional justifica la legitimidad de la educación diferenciada, que separa a los chicos y a las chicas considerándola conforme y ajustada a la Constitución, reconociendo además su derecho a ser financiada por el Estado. Supone una vuelta atrás, a años y planteamientos que ya creíamos superados, y aporta unos argumentos que no acabamos de comprender.

Sin ser expertos en derecho, nos llama la atención que se apoye en una Convención de la UNESCO del 14/12/1960, relativa a las discriminaciones en la esfera de la enseñanza. Con posterioridad, en el año 1979 se aprobó la Convención sobre eliminación de la discriminación a la mujer, ratificada por España en el año 1984 (BOE de 21 de marzo), que, entre otras disposiciones, recoge las medidas apropiadas que deben poner en marcha los Estados, entre ellas “el estímulo de la educación mixta”, algo que, además de derogar la Convención de 1960, difícilmente casa con la aceptación de la enseñanza diferenciada.

Es lo que señalan los tres votos particulares que ponen de manifiesto que la enseñanza diferenciada vulnera de manera frontal el artículo 27.2 de la Constitución, ya que la segregación por sexo impide “educar a partir de una percepción democrática de los acusados conflictos de género que en nuestra sociedad aún se mantienen”, así como el papel de la escuela “como espacio de excelencia de socialización y convivencia en la igualdad desde la infancia más temprana”. La educación diferenciada “lesiona el ideario educativo constitucional en uno de sus pilares: el de la igualdad”, “vulnera la prohibición constitucional de la discriminación por razón de sexo e identidad sexual” y carece de justificación por “basarse en el tópico de la diferencia de talento y capacidades entre los sexos”. Y es que la educación diferenciada es algo más que una mera opción pedagógica, tal y como nos la presenta la sentencia.

Desde un punto de vista estrictamente educativo, no podemos olvidar el doble papel que juega la organización: es una manera de conseguir los objetivos y, a la vez, es una potente transmisora de determinados valores. ¿Qué valores transmite este modo de organizar de forma separada a los chicos de las chicas? ¿Qué objetivos quiere conseguir con esta forma de organización del alumnado?

Intentar separar a los chicos de las chicas supone ‘querer poner puertas al campo’. Lejos de prejuicios de todo tipo, religiosos o antropológicos, sólo desde la convivencia de ambos sexos es posible superar los graves problemas de violencia de género que afectan a nuestra sociedad. No existen argumentos técnicos que justifiquen la idoneidad de la educación diferenciada y sus argumentos son sólo una burda tapadera para ocultar la realidad.

Dos principios básicos conforman hoy los planteamientos educativos: la inclusión y la igualdad. Si en lugar de separar a los chicos y a las chicas, propusiéramos una separación del alumnado en función de su rendimiento o de su origen social o su nacionalidad, pondríamos el grito en el cielo, denunciando esa situación. ¿Por qué no sucede lo mismo ante la educación segregada? Son muchos los intereses de todo tipo que existen en estos casos, intereses que, lamentablemente, siguen condicionando nuestro sistema educativo.

Desde el punto de vista de la convivencia, consideramos que esta sentencia es un claro paso atrás, que no va a beneficiar el desarrollo de la igualdad entre hombres y mujeres y que, aunque sea inconscientemente, va a contribuir a la permanencia de las actitudes, estereotipos y comportamientos sexistas. Se acata, pero no se comparte. Y nos reafirma en la necesidad de seguir trabajando por conseguir la igualdad real entre hombres y mujeres y la desaparición de la violencia entre ambos sexos. Pero, para ello, es fundamental la coeducación en la escuela a lo largo de todo el proceso de escolarización, enseñando a convivir juntos a chicos y chicas.

Pedro Mª Uruñuela Nájera. Asociación CONVIVES

domingo, 4 de marzo de 2018

Lisístrata (Manuel Menor)

Manuel Menor nos envía su último artículo:

¡Ayve! Las políticas sociales: esa es otra

Las manifestaciones de los pensionistas y las huelgas de las mujeres el día ocho suspenden a este Gobierno. Los pactos que propone parecen cosa de señoritos, no muy bien criados


Los pactos supervisados por el PIB
            Tampoco es que los líderes sociales, religiosos o políticos sean fiables como guías. Contrastar lo que dicen y lo que hacen genera confusión. Y para prestar atención solamente a lo que dicen, más vale hacer caso a lo que Ivo Andric, premio Nóbel de Literatura en 1961, nos advirtió en una de sus mejores novelas, Un puente sobre el Drina: “A partir del momento en que un gobierno experimenta la necesidad de prometer a sus súbditos, por medio de anuncios, la paz y la prosperidad, hay que mantenerse alerta y esperar que suceda todo lo contrario”.

            En estos días, hay tres grandes pactos que publicita mucho el actual Gobierno ahora que, según su hoja de ruta hay que centrarse en “lo social”. Si para los problemas que arrastra Cataluña está quedando muy estrecha la limitación que impone el Código Penal, en esta tríada de anhelos de pacto puede que se quede tan corto como inalcanzable. Lo rutinario de ocuparse de estos asuntos para subir y bajar en la parrilla de los informativos parece obedecer, no a convencimiento de obligación, sino a motivos ajenos al significado más denotativo de la acepción “pacto”, propios de milongas de distracción alegórica.

            Da igual que se hable del pacto contra la violencia de género, como el pacto que se busca en asuntos educativos, del pacto de Toledo o de cualquier otro. La percepción siempre es de parche tardío y en momento inadecuado, en que el múltiple entrecruzamiento de desatenciones habidas  frente a ”lo social” produce que la atención real a la gente –especialmente a la más necesitada de la protección del Estado- pase a segundo plano y, casi siempre siga siendo escasa cuando no inexistente. Lo que plenamente cumple el hablar de supuestos “pactos” es que pretende acallar voces discrepantes que leyes como la de Seguridad Nacional de 2015 o el Código Penal no logran frenar.

            Lo cierto es que, mientras se habla de pactos –la creación de la Subcomisión parlamentaria por la educación ya lleva casi un año y cuarto “trabajando” desde el día uno de diciembre de 2016-, hay abundante materia publicitaria para mentar cuestiones más o menos pertinentes que vayan llevando el fondo de los litigios a irrelevancias epidérmicas que dejen su núcleo duro intacto. Mientras se sostiene la atención sobre alguna expectativa de arreglo, lo urgente se come a lo necesario. En esta Legislatura, la continua decisión mediática de poner en primer plano unos supuestos resultados macroeconómicos magníficamente destacados sobre la incuria y descontrol que –según nos ponen como referente paralelo- han llevado a cabo despilfarradores gobiernos, anteriores a 2011, nos está educando en la paciencia desmovilizadora. Ese trofeo del PIB ha sido el talismán para eludir, no sólo las acusaciones de malversación y marrullerías con los presupuestos públicos, sino también reclamaciones como la que estos días pasados han hecho los pensionistas de toda España: “no hemos crecido lo suficiente”, han proclamado.

 ¿Política económica o Economía política?
“Lo social” viene de lejos en nuestra historia de limitaciones. Para entender qué significa exactamente, baste recordar qué diferencias haya habido entre “vivienda social” y otras viviendas en que ese significado sea imposible. En esa larga secuencia destaca el momento en que se dejó de hablar de la pobreza, en general, a que pasara a primer plano la producida por unas relaciones laborales completamente desreguladas. Fue en 1901 cuando apareció una primera ley “social” en España, la que trató de proteger a accidentados laborales. Salarios, horarios, condiciones de trabajo, atención a la infancia, a los derechos femeninos, retiros y pensiones, Sanidad y Educación –y otras muchas prestaciones- fueron entrando con retraso en nuestro país y, a lo que se está viendo, tardaremos en ver que lo conseguido desde entonces, si no empeora, cubra los déficits de nuestra tardía adopción del gran pacto europeo por un Estado de Bienestar.

            El momento actual –con pactos y peor sin pactos- recuerda mucho aspectos anteriores a aquella primera ley “social” española. La continua referencia a un supuesto “crecimiento económico” inexcusable es una nueva versión de lo que hasta entonces era pretexto absolutamente dogmático: la Economía política y  su sacralizada atención a la propiedad privada; las políticas económicas no existían propiamente, las competencias de un “Estado mínimo” –atento casi exclusivamente al orden público- hacían que incluso la beneficencia, o modo de atender a los problemas habituales de la pobreza, dependiera del Ministerio del Interior o de Orden Público , como también fue llamado. Las erosiones que las erosiones a la atención de “lo social” no son de exclusiva responsabilidad de este Gobierno, pero sí es responsable de estarlas acelerando al tiempo que estimula privatizaciones de servicios y prestaciones. El prestigio de la subjetividad individual crece y, reducida la atención a “lo social” el campo está quedando plenamente abierto de nuevo a que cada ciudadano se apañe como pueda: evidentemente sin confundirse de lo que a cada cual corresponda según sus medios económicos y culturales.

¿Y Lisístrata?
            Es en este terreno precisamente donde adquiere relevancia la celebración, el próximo día ocho, del Día Internacional de la Mujer Trabajadora que la ONU estableció en 1975 y que, en esta ocasión, por haberse declarado aquí huelga de mujeres, hace recordar el juramento que la Lisístrata de Aristófanes exigió hacer a sus compañeras en el año 411 a. C. Este día ocho no llega a tanto, pero va de lo mismo, porque  esto de los “días de” -como lo de los “pactos” para una u otra cosa que propone este Gobierno- suele requerir nuestra atención hacia algo que no existe o que, de existir, tuviera una existencia corta de recorrido y vergonzante a la razón por haber olvidado el cuidado de los “derechos inherentes” a los seres humanos por haber nacido para ser dueños de sí mismos y no que la concentración de recursos en unos pocos ponga en riesgo la dignidad de vida de la gran mayoría. Eso que se proclamó ya en 1789 como precepto  y que las Constituciones democráticas suelen decir entre sus grandes principios rectores es lo que se trata de recordar como si los humanos –y en especial los varones- fuéramos mayoritariamente presos de Alzheimer.

            Este día ocho trata de recordar y exigir –y todo presagia que vaya a ser  más potente que otros años- que las mujeres trabajadoras existen desde siempre –desde que la cadera de Eva, como José Enrique Campillo, fue fundamental para la evolución humana-  y, por supuesto, desde antes de que las más burguesas y leídas empezaran a plantear, a finales del XIX, la urgencia de liberarse de los corsés físicos y de los que una educación paternalista las ceñía estrictamente a un papel social y político minorizado subsidiario de los hombres. Pero no solo es eso, también que en la lucha por los derechos sociales y políticos estuvieron codo con codo con ellos como cosa natural y sin que, muchas veces, ellos se lo tuvieran en cuenta. El éxito de tantas largas peleas inacabadas casi siempre ha sido peor para ellas. Incluso en los países donde se hace retórica política con que se les reconocen sus derechos, siguen existiendo serias distancias en múltiples campos, justificadas incluso con explicaciones tan peregrinas como las que había antes de que, sobre su ser y naturaleza, se proclamaban abiertamente desde púlpitos y cátedras.

            Es penoso que, en una sociedad en que su saber y cuidados son indispensables para ser más rica e inclusiva, falte tanto por sufrir y seguir clamando atención para que sus demandas de igualdad no sean concesiones graciosas sino derechos a dejar de exigir porque se cumplen.  Por citar una de tantas causas por las que el día ocho todavía Lisístrata reclamaría huelga, ahí está la LOMCE, con su separación de niños y niñas subvencionada, mientras el presidente de la CECE (Confederación Española de Centro de Enseñanza) sostenía, todavía no hace un año, que “es positivo que haya una pluralidad de modelos para elegir porque es algo que enriquece el panorama educativo y aporta pluralidad”.

            Si la LOMCE es la última aplicación de lo que manda el artículo 27 de la Constitución, más parece que este Gobierno, en vez de un pacto educativo que mejore el sistema educativo o los otros sistemas de prestaciones sociales, nos esté proponiendo acelerar el paso hacia los tiempos anteriores a 1789. Deben creer que ha habido algún desvarío de la humanidad desde entonces y que les corresponde la santa misión de hacernos regresar a tiempos de tal bonanza que ser mujer, si no se tuviera riqueza –y aún así- era causa de desconsideración manifiesta cuando no de desprecio. La diferencia biológica conllevaba segregación social ante la preeminencia de los varones, que, en caso  de la realeza sigue manteniendo nuestra Constitución actual. Y la LOMCE faculta a colegios –subvencionados con el erario público- que la misoginia de sus clientes se prolongue y extienda entre la gente bien. Alargan la prohibición que en los institutos públicos actualmente denominados de Secundaria había regido desde  1939 y que Pepe Segovia (q.e.p.d) desterrara en 1983.

            El género de sexo que nos da la naturaleza o no tener iguales creencias religiosas, color y rasgos muy aceptados por la tribu han sido razones que, si, además se era pobre -es decir, sin rentas para vivir- o asalariado dependiente de otros para subsistir, podían determinar que la vida fuera un calvario, un “valle de lágrimas”, como rezaba una de las más repetidas invocaciones piadosas desde el siglo XII. No había lugar para derechos humanos compartidos y menos a escala universal. ¿Qué hubiera pasado, pues, si nuestros antepasados –ellos y ellas- se hubieran callado y no hubieran protestado nunca? ¿De qué van quienes proponen pactos oportunistas y ralentizadores para acallar a quienes seguirán clamando por sus derechos? ¿Y si la la sentencia de Ivo Andric fuese cierta, qué consideración merecerán de los demás ciudadanos y ciudadanas estos chicos y chicas con sus palmeros?

Manuel Menor Currás

Madrid, 04.03.2018.