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lunes, 31 de agosto de 2020

Volver a la escuela en pandemia: los niños sufren las consecuencias del desborde emocional de la COVID-19 (Elena Couceiro para ELDIARIO.ES)

Reproducimos este artículo que publica ELDIARIO.ES

Cuando por fin se conoce el plan de la vuelta a las aulas, hablamos con expertos sobre el impacto que estas medidas (distancia social, mascarillas, restricción de contacto) pueden tener para una infancia ya tocada por el confinamiento y la angustia de una enfermedad amenazante


Estos seis largos meses sin clases, las familias hemos estado subidas en una montaña rusa emocional que jamás podríamos haber imaginado. La alegría de los niños el 12 de marzo por pensar que estaban de vacaciones, la rabia por no poder airearse en la calle, el agobio de los mayores por teletrabajar a tope mientras los niños reclamaban ayuda para su telecole, el miedo a contagiar a nuestros seres queridos vulnerables, la claustrofobia, la felicidad por poder salir a la calle el 26 de abril, el pánico a quedarse sin trabajo... Ahora se nos presenta un nuevo reto: la vuelta a las aulas.

A dos semanas de la fecha tradicional del inicio de curso, empieza a vislumbrarse, tras muchos rumores, cómo van nuestros hijos e hijas a volver a sus centros escolares. ¿Cómo se encuentra la infancia después de este confinamiento? Marina Criado, psicóloga especializada en el ámbito educativo y social y experta en planes de convivencia escolar, cuenta que "hemos vivido una experiencia colectiva de gran impacto emocional y los niños no son ajenos a ella. Han vivido un abanico emocional variado desde la inseguridad, el desconcierto o miedo, hasta el agrado que para muchos ha sido permanecer en sus hogares con sus familias de un modo continuado".

Rafa Guerrero, psicólogo y profesor de Magisterio, cuenta que "nos hemos encontrado con niños que se han vuelto mucho más miedosos y obsesivos, con situaciones de mucha frustración, niños que han vivido situaciones de mucha tristeza y duelo porque de repente el día que tenían montado de ir al colegio, de salir al parque y de jugar se ha venido abajo y nos hemos visto todos encerrados en casa".

Marisa Moya, directora de la Escuela Infantil Gran Vía y coautora de una Guía de acogida emocional en espacios educativos, considera que "los efectos se podrán ver a largo plazo" y lamenta que "tanto hacia las personas mayores como hacia la infancia ha habido una desconsideración que ha sido abrumadora". Los niños y las niñas "se han encontrado desasistidos, ignorados y ninguneados. Habrá progenitores que hayan podido atender adecuadamente y habrá otros muchísimos que no lo hayan podido hacer sin ninguna otra alternativa", lamenta. "Los niños necesitan de iguales y necesitan calle para poder desarrollarse de una manera adecuada", apunta Moya. Ha habido "mucha información que incluso los adultos no somos capaces de procesar y que no sabemos cómo van a integrar los niños".

La mochila de meses de preocupación y estrés
Heike Freire, pedagoga y autora de una carta abierta para reclamar una vuelta al cole cálida, cree que "lo que esos niños han vivido tendrá mucho que ver con lo que nosotros hemos vivido, porque son seres emocionalmente abiertos al otro y especialmente a las personas a las que quieren y con las que conviven". Evidentemente, las diferentes circunstancias de las familias han hecho que el confinamiento impacte más o menos en la infancia. "No es lo mismo una familia que vive en un piso de 60 metros que una familia que vive en una casa con jardín", resume Moya.

Según el estudio Infancia Confinada, de Enclave, un 36% de los niños y niñas participantes han experimentado durante el confinamiento con frecuencia preocupación, un 28% tristeza y un 16,2% miedo. Una de las participantes, de 13 años, confiesa: "Yo personalmente no sé por qué he estado un poco triste por las noches". Otra chica, de 14, cuenta: "Apenas duermo por las noches por la falta de moverme y me estreso mucho con los deberes". Otra niña de 10 años responde: "A veces me siento estresada y estoy preocupada porque mi abuelo está solo".

Los expertos coinciden en que lo vivido puede ser traumático para la infancia y es con esta mochila con la que niños y niñas llegarán al colegio en las próximas semanas, una vivencia que, resaltan, puede ser retraumatizante. ¿Qué se puede hacer para que este inicio de curso sea lo más cálido posible para la infancia? Rafa Guerrero lamenta no encontrar sustituto a la necesidad de contacto físico. "Hacer una acogida cálida ahora es imposible. Es como si en determinado planeta no hay oxígeno y nos planteamos cómo hacer para respirar oxígeno. Un niño de 3 años que llega nuevo al cole lo que necesita es que alguien con tranquilidad le abrace, que entienda su emoción y mediante el contacto físico se irá relajando. Si eso no lo podemos hacer estamos dejando al niño metafóricamente sin oxígeno", lamenta, "y no encuentro parches, aunque admiro la creatividad e implicación de maestros y maestras". Eso sí, Guerrero se muestra rotundo: "La parte académica tiene que quedar en un segundo o tercer plano, ahora es más importante el cubrir la parte emocional".
Una vuelta al cole "anti-infancia"
Marisa Moya se muestra muy crítica: "Las medidas que se están tomando para la vuelta al cole son anti infancia. Los niños se desarrollan de manera adecuada en conexión y jugando". Por eso, propone, "tenemos que buscar un equilibrio", para evitar los contagios y cuidar la salud global de los niños y niñas: "Somos seres holísticos. Si los niños sienten estrés, amenaza, tensión y temor esto va a influir en su sistema inmune". Propone, entre otras medidas, "más docentes y ratios más bajas, porque los grupos son excesivamente grandes para la situación que tenemos. Necesitamos también equipos de atención psicológica para los adultos y para los niños en los centros escolares. Todo esto es indispensable este año".

Marina Criado subraya que "en estos momentos al volver a la escuela, no debería ponerse el foco solo en la adquisición de contenidos, sino en atender a los aspectos emocionales. No se puede aprender si las necesidades emocionales no están cubiertas". Criado y Moya animan a docentes y familias a estar muy pendientes de las necesidades y emociones de niños y niñas, "porque no sabemos cómo lo vivido puede influir en los patrones o en las plantillas de vida que están conformando, en la creación de su autoconcepto y autoestima", dice Moya. Por eso, Marina Criado apuesta por "priorizar las necesidades de expresión emocional, mostrar una actitud tranquila, hacer elaboraciones colectivas sobre lo que hemos vivido, realizar asambleas, reorganizar el aula para que el grupo pueda verse las caras e interactuar, aunque sea a distancia...".

Heike Freire manifiesta que "la educación online no es educación" y que "los protocolos que se están vislumbrando se cargan los proyectos educativos y esto es nefasto para los niños y las niñas. Cuando ya se habían juntado las mesas para desarrollar el trabajo cooperativo se vuelve a las hileras, cuando se habían desarrollado todo tipo de metodologías innovadoras se vuelve a la clase magistral". Freire propone que "los epidemiólogos o personas especialistas en salud trabajen conjuntamente con los docentes y también con las familias para revisar los procesos educativos y ver qué tipo de medidas se pueden incluir para educar a la salud y cuidar la salud entendida como dice la OMS en su Constitución como bienestar físico, mental, social y espiritual".

Moya también cree importante "crear pautas, pero no como imposiciones a los niños sino como cocreación. Los niños van aportando en lluvia de ideas aquellas propuestas de pautas, porque tienen que tener este año la sensación de que tenemos recursos, de que no estamos solos y sin nada para salir de esta situación". Es muy importante, subraya, que la escuela sea más que nunca una comunidad. "En comunidad siempre se trabaja mejor", apunta.
¿Qué pueden hacer las familias?
Y en este tiempo de incertidumbre, de escenarios diferentes y de decisiones que vamos conociendo a cuentagotas pocos días antes de volver al cole, ¿qué podemos hacer las familias? Rafa Guerrero opina que "lo principal es la comunicación. Los niños son pequeños, pero no son tontos. Hay que explicarles las cosas como son, los escenarios que se van vislumbrando y las decisiones que se comuniquen independientemente de que las circunstancias que les vayamos a explicar les generen emociones desagradables. Es muy importante que hablemos con ellos, que les animemos a que expresen cómo se sienten".

Marisa Moya considera que "para que las familias acompañen mejor, el foco tiene que estar siempre en uno mismo. Hay muchos progenitores que piensan que para mejorar la situación hay que hacerles muchas cosas a los niños, pero considero que es el adulto el que tiene que revisar cómo se ha acoplado todo lo que hemos vivido, revisar sus emociones para abordarlas e integrarlas de una manera que no nos haga daño". Además, propone poner la lupa en nuestras fortalezas: "En esa situación tan compleja lo que necesitamos no es ponernos el foco que nos merma, necesitamos ponernos el foco que nos hace crecer y superarnos, acompañando nuestro miedo, nuestra rabia y nuestra tristeza. Es muy importante tomar las riendas de la parcela personal y tomar decisiones que nos hagan responsables de nuestra vida. Y es el momento de la cooperación".

Marina Criado recomienda a las familias "transmitir a niños y niñas un mensaje de calma y seguridad, invitándoles a colaborar en esta misión que todos tenemos y haciéndoles sentir importantes en esa tarea. Nos interesa que estén bien y eso va a depender mucho de nuestro apoyo en positivo".

Heike Freire reclama que no perdamos de vista que el centro educativo "debería ser la casa de los niños y las niñas, porque necesitan un espacio aparte de la familia y compartirlo con los iguales". Por eso, concluye, "no se lo podemos robar".

martes, 4 de febrero de 2020

Marta Martínez Muñoz: “Los niños no pertenecen a nadie pero son responsabilidad de todos” (Manuel Nogueras para elsaltodiario.com)

Entrevista de Manuel Nogueras para elsaltodiario.com

A propósito de las infancias hablamos con Marta Martínez Muñoz, socióloga con más de 20 años de experiencia como consultora, docente, evaluadora e investigadora en Europa, América Latina y el Caribe; años dedicados al estudio, difusión y promoción de las políticas y derechos de las niñas, niños y adolescentes. Sobrevolando la conversación estuvieron Greta Thunberg, el llamado PIN parental, las dialécticas entre norma, deseo y práctica política, la niñez como significante o como significado, el Sur, la explotación...

2-2-2020
Cuando sube la marea de los tópicos es el momento de refugiarse en la reflexión y el conocimiento almacenado en los márgenes, de preguntar a quien sabe y se sale de la inmediatez de medias verdades sustentadas a golpe de Twitter o de titular. Marta Martínez Muñoz es presidenta de la Asociación Enclave de Evaluación y Enfoque de Derechos, Coordinadora de Europa NATS (red de solidaridad con los movimientos de infancia trabajadora) e investigadora asociada del Centro de Estudios de Infancia y Adolescencia de la Universidad Politécnica Salesiana de Quito (Ecuador).

¿Qué es la niñez? ¿Hay una? ¿Hay una niñez universal?
Bueno, esa es una de las grandes preguntas de la sociología de la infancia. Para responderla hay que recurrir fundamentalmente a la historia, a la historia de la infancia. La niñez ha cambiado profundamente a lo largo de ésta porque el rol que ha tenido en la misma y las formas de relacionarse con ésta han variado. Así, hoy, lo que podemos afirmar es que hay muchas formas de ser niño niña. De hecho, en América Latina se utiliza mucho el término “niñeces”.

Ha habido una cultura eurocéntrica que ha impuesto patrones, acciones y visiones sobre la niñez, pero las formas de ser niño y de ser niña no solo han cambiado desde el punto de vista histórico —no es lo mismo tener 11 o 12 años en el siglo XXI que en el XI o XIX— sino que también cambian desde el punto de vista geográfico y cultural: no es lo mismo ser niño en el mundo rural que en el urbano, en una megalópolis latinoamericana que ser alcalde, con 13 años, en una comunidad quechua del mundo andino.

No podemos estudiar o entender los problemas que afectan a la niñez sin cruzarlos con otros sistemas de dominio como pueden ser el patriarcado, el capitalismo, las clases, desde luego que el racismo, y yo añadiría, siempre, el territorio
¿La niñez europea, la niñez del imaginario del Norte global? 
Del Norte global desarrollado y de sus clases pudientes, entonces... Porque el vector de clase también será definitivo en esa generación de distintas “niñeces”.

Bueno, efectivamente creo que ya te has respondido. De hecho, las primeras legislaciones que tienen que ver, en el caso español, sobre protección —y luego vamos a poner entre comillas esa protección— están relacionadas con la participación de los niños y niñas en el trabajo. Mientras unos niños, en plena época de desarrollo industrial, trabajaban, los niños de las clases burguesas estudiaban con institutrices en casa. Por tanto, no podemos estudiar o entender los problemas que afectan a la niñez sin cruzarlos con otros sistemas de dominio como pueden ser el patriarcado, el capitalismo, las clases, desde luego que el racismo, y yo añadiría, siempre, el territorio.
¿Cómo ha evolucionado el concepto de niñez históricamente? ¿Hay algunos hitos?
Hay varios hitos. En cualquier caso, hay una historia oficial de los derechos de la infancia y una historia no oficial más desconocida. El consenso habitual sobre esos hitos de los que hablamos es que el principal de todos tiene lugar cuando se empieza a fraguar la idea de que los niños y niñas tienen que tener derechos, y eso ocurre a lo largo del siglo XX, y no será hasta la Convención (de Derechos del Niño), en 1989, cuando se consideran sujetos. Para mí, habría dos hitos: el primero, a fines del XIX con la desmercantilizacion de la mano de obra infantil, y el segundo con el reconocimiento como sujeto de derechos. Pero esos son hitos, como bien has dicho, en el Norte global desarrollado, porque los hitos en la infancia del Sur global serían otros muy diferentes...

En todo caso, podemos hablar de menores de edad, pero hablar de los menores como colectivo tiene un componente adultocéntrico importante que se suele utilizar cuando los niños, las niñas, transgreden cualquier elemento del sistema 

¿Es la infancia un objeto a proteger? (y utilizo objeto intencionada y sesgadamente, aviso).
No, no es la infancia Un objeto proteger. Nunca, aunque lo ha sido hasta hace muy poco tiempo, y lo sigue siendo en muchas culturas. Y digo que la infancia es un sujeto que no hay que proteger nunca porque el término “protección” puede resultar absolutamente arbitrario. Lo que sí es la infancia es un sujeto al que hay que promover sus derechos en todas sus dimensiones. Cuando decimos que hay que proteger a los niños —que es la frase que se usa habitualmente—, ese concepto de protección que puede tener una persona de extrema derecha —lo hilo con debates actuales— puede ser totalmente diferente del concepto que puede tener una persona con cultura democrática. De hecho, uno de los argumentos del PIN parental es: “Yo, que quiero proteger a mis hijos, considero que no deben acceder a determinadas materias”. Por lo tanto, considero que los niños no hay que protegerlos nunca, hay que proteger sus derechos.

Observamos que en esa otra lógica de niñeces y vivencias múltiples hay muchos niños que con 10, 11, 12, 13 o 14 años tienen culturas democráticas y políticas muchísimo mayores que personas con mucha más edad
Dice Iván Rodríguez Pascual, sociólogo de la Universidad de Huelva: “No diga ‘menores’ o tentará al lado oscuro...”. ¿Compartes ese punto de vista?
Totalmente. La consideración de la infancia ha estado siempre asociada a culturas de dominio, de control, de subordinación, de inferioridad, y de hecho es muy curioso porque si buscas la definición de la palabra adulto en el diccionario encontrarás algo así como que es “la persona que ha alcanzado su mayor grado de perfección”. Entonces, la minoridad perpetúa culturas de control, de transición, y sobre todo culturas de entender, o de malentender, que los niños y niñas siempre son seres en preparación, en relación a otros. Menor, además, es un adjetivo que se sustantiviza... En todo caso, podemos hablar de menores de edad, pero hablar de los menores como colectivo tiene un componente adultocéntrico importante que se suele utilizar cuando los niños, las niñas, transgreden cualquier elemento del sistema.

Es básico, entonces, ese paso considerativo de “menor”, a niño, a niña.
Totalmente. Es fundamental. De hecho, para mí es un indicador claro de cómo están presentes los microadultocentrismos cotidianos. Igual que el feminismo habla de micromachismos, nosotros podríamos hablar de estos microadultocentrismos. En ese sentido, el lenguaje está cargado de mirada política sobre el mundo y, para mí, perpetúa lógicas de control hegemónicas. Mientras tanto, observamos que en esa otra lógica de niñeces y vivencias múltiples hay muchos niños —o menores, desde la mirada adultocéntrica— que con 10, 11, 12, 13 o 14 años tienen culturas democráticas y políticas muchísimo mayores que personas con mucha más edad. Utilizar el término de “minoridad” perpetua la desigualdad por edad.

Menor siempre es“el otro”, ¿verdad? Menor y menorizado, y me viene a la memoria inmediata Greta Thunberg. ¿Qué crees que había, que hay, detrás de esa permanente apelación a su minoría de edad? ¿No hay una negación consciente de la agencia y la autonomía de las personas menores de edad? ¿Qué esconde esa negación?
Bueno, en primer lugar yo creo que es una reacción que parte de la incapacidad de las personas adultas para entender que los niños y niñas pueden ser sujetos de movilización política, sujetos de acción colectiva, parte del no reconocer esas capacidades, ese es un identificador adultocéntrico. Esconde un miedo. Creo que asistimos ahora mismo a una generación de niños y niñas, de jóvenes y adolescentes que han empezado a entender que la promesa social de futuro —porque no se les reconoce el presente— que tienen preparado para ellos es una estafa y ante esa estafa en materia de educación, de vivienda, de Medio Ambiente, han reaccionado. A mí me parece que uno de los principales elementos de éxito de todo lo relativo a Greta —más allá de un montón de factores que ya se han señalado y que hemos conversado entre sociólogos de la infancia— es que tiene un alto componente existencial, y ese alto componente existencial creo que es la gran paradoja del éxito del movimiento. Mientras les decimos que tienen que esperar, ellos han identificado que esa espera es una estafa.

Hablaríamos entonces de niñas, de niños, productores de política...
Productores de política... A mí me gusta hablar, como un elemento clave que se ha convertido casi como un eslogan, de que los niños y niñas no son solo sujetos de derechos, sino sujetos productores de política y sujetos históricos.

Para mí una de las claves —aunque parezca intangible— es combatir las culturas adultocéntricas (por eso es tan importante identificar desde lo micro hasta lo macro) y buscar muchos más espacios de inclusión intergeneracional donde los niños y niñas participen

Considerando que son, los niños, los adolescentes, plenos sujetos de derechos políticos, ¿qué se podría hacer para sustanciar esos derechos, para generar su plena ciudadanía?
Aquí hay que considerar previamente que, de todos los derechos que se han reconocido a la infancia, los civiles y políticos son los que más resistencia han tenido en el mundo adulto porque impugnan el espacio político gobernado por dicho sujeto. Ocurre igual que con el movimiento feminista, con la diferencia de que las culturas de organización política de las mujeres tienen más visibilidad y posicionamiento.

¿Qué se puede hacer? Yo creo que, para empezar, para mí una de las claves —aunque parezca intangible— es combatir las culturas adultocéntricas —por eso es tan importante identificar desde lo micro hasta lo macro— y buscar muchos más espacios de inclusión intergeneracional donde los niños y niñas participen. Por ejemplo, durante mucho tiempo el binomio “infancia y política” ha sido muy incómodo, porque enseguida pensamos que estamos “adoctrinando”. Es un indicador evidente... Pero es que a las niñas y niños a lo mejor no se les puede adoctrinar, porque tienen una gran capacidad. Si partes de la idea de que los estás adoctrinando, igual en realidad lo que albergas es la idea de que son sujetos susceptibles de ser adoctrinados.

Por otra parte, es tan adoctrinable un adulto como un niño o una niña. Hay que promover muchos más espacios de participación sustantiva, protagónica, de participación que verdaderamente cambie de manera sustancial la agenda de los Derechos Humanos para que, de alguna manera, salgamos de esas acciones de retórica que, a la hora del ahora, no transforman de forma estructural las vidas que tienen muchos niños, especialmente en Sur global.

Triunfó la mirada hegemónica de la Declaración de los Derechos del Niño: al niño desprotegido se le cuidara, al niño hambriento se le alimentará, al enfermo se le atenderá... frente a la declaración de Moscú donde se considera que todos los niños y niñas tienen derecho a participar en la redacción de las normas que regulen sus vidas

¿Dónde se podría ubicar el mayor error de las izquierdas, o de los planteamientos pretendidamente transformadores, en la concepción de la niñez? ¿No está usando la izquierda un léxico compartido con la derecha en relación a la niñez, o como mínimo tremendamente parecido al hegemónico? ¿Cuántas veces hemos oído como reproche aquello del “infantilismo político”, planteamientos “infantiles”? ¿Ahí habita mucho veneno adultocentrista, no?
Te compro totalmente lo del veneno adultocentrista. Es muy impopular en las izquierdas tener un discurso impugnador en este terreno. Primero, creo que porque nunca se ha entendido que los derechos de la infancia son parte de los Derechos humanos. Ése un eje nuclear. Su consideración como derechos menos sustantivos, menos importantes, es un elemento clave. Un segundo elemento es que que creo que el sector de los derechos de la infancia es un sector muy feminizado, ubicado en el espacio de lo privado, de la familia...

Fuera de ese espacio los niños están, como dicen los ingleses out of place, y la izquierda tampoco ha “comprado ese place”. Y habría un tercer elemento que creo que es que ha habido poca visibilidad de autores marxistas, que los hay, que hayan trabajado el tema de los derechos del niño. Son poco conocidos y esto tiene relación con el hecho de que se hayan dedicado a un tema considerado de “menor entidad”.

Y es que habría dos historias paralelas en el tema de los derechos de la infancia. En 1918 se publica, muy vinculado a la Pedagogía de la Reforma y a la Revolución Rusa, el primer texto, que se llama la Declaración de Moscú, que recoge derechos de la infancia. Lo hace incluso antes de lo que se conoce como la Declaración sobre los Derechos del Niño de 1924, que luego ha venido a conocerse más. Ese texto, si lo leemos, es un texto muchísimo más revolucionario que la propia Convención sobre los Derechos del Niño de 1989. Su articulado es absolutamente espectacular. Cito de memoria un apartado: “Bajo ninguna circunstancia el niño deberá ser considerado propiedad de sus padres, ni de la sociedad, ni del Estado...”.

Sin embargo, en paralelo, lo que se ha venido a conocer es la historia “oficial” de los derechos del niño, construida a la par que la Sociedad de Naciones. Si comparamos lo que entonces decía la declaración del 24 con la declaración de Moscú nos encontramos universos absolutamente antitéticos. Triunfó la mirada hegemónica de la Declaración de los Derechos del Niño: al niño desprotegido se le cuidara, al niño hambriento se le alimentará, al enfermo se le atenderá... frente a la declaración de Moscú donde se considera que todos los niños y niñas tienen derecho a participar en la redacción de las normas —nada menos que de las normas— que regulen sus vidas.

¡Qué relato tan absolutamente antitético! Luego, en la gran historia de la Revolución Rusa, los movimientos de la educación libre quedaron en un archipiélago de invisibilidad. Claro reflejo evidente, todo, de como el gran discurso de la infancia ha sido un discurso colonial y europeo.

Observamos que hay países donde los niños y niñas ejercen representación política desde las más tempranas edades, otros que no, incluso estados donde no puedes votar hasta los 20 o los 21 años
Retrocedamos para significar algunas cosas en lo práctico. Háblanos del voto a los 16 años, entonces. Existe ya en Austria y en Malta, donde es hasta obligatorio.
Existe en muchos países el voto a los 16 años. En algunos se reconoció de manera gradual —por ejemplo en Nicaragua tras la Revolución Sandinista—, en otros casos es facultativo hasta los 18 —caso de Ecuador, donde el voto es obligatorio—... Para mí, más que de derecho al voto habría que hablar mejor de derecho al sufragio activo y pasivo, a elegir y ser elegidos, de la posibilidad de que los niños y niñas entren a la arena política. Esa resistencia del sujeto adulto es uno de los elementos más relacionado con el hecho de que la infancia es la historia de la eterna frontera.

En teoría, los niños y niñas están protegidos, desde el punto de vista de los derechos, hasta los 18 años, pero en realidad encontramos que hay un montón de fronteras que delimitan cuándo puedes votar, cuándo tener relaciones sexuales consentidas, emanciparte... Hablamos de un acuerdo social y no natural, igual que no es natural la edad cronológica, y es un indicador de cómo cada uno de los países ha construido la agenda pública para la infancia, lo que se puede y no se puede hacer, las puertas que se abren y las que se cierran. En ese sentido, observamos que hay países donde los niños y niñas ejercen representación política desde las más tempranas edades, otros que no, incluso estados donde no puedes votar hasta los 20 o los 21 años. De nuevo, el panorama que nos muestra que no hay una sola infancia, que hay que hablar de infancias, de niñeces.

Que Vox haya utilizado el PIN parental para condicionar la agenda política es la expresión clara de los cinco grandes elementos asociados a lo que la infancia ha sido considerada: los niños y niñas como propiedad, como futuro, como peligrosos, como exclusivos del ámbito privado y como incapaces

Tendremos que pasar, inevitablemente, por el PIN parental. Del que, igual, no estaríamos de acuerdo ni con el nombre. ¿De qué va eso del PIN parental? ¿de qué es expresión?

Para empezar, el nombre no puede ser más singular. El pin es una insignia, es una marca, un marchamo y, si me apuras, hasta un estigma. Para mí es una expresión de dominio y censura. No solo frente a los derechos sexuales y de diversidad, que es donde la mayoría ha puesto el foco. Es un paradigma claro de que los niños y niñas, para la ultraderecha, siguen siendo considerados propiedad de las familias y, por tanto, nada de lo publico puede ponerles la más mínima mácula.

La Convención sobre los Derechos del Niño —uno de los tratados más ampliamente ratificados en la historia— solo hay un país que no la ha ratificado y es Estados Unidos. Y lo más interesante, y que entiendo que tiene que ver con esto, es que el movimiento ultraconservador y ultraneoliberal considera que muchos de los artículos de la Convención sobre los Derechos del Niño atentan contra la patria potestad y son injerencias en la vida familiar.

Para mí, el hecho de que Vox haya utilizado el PIN parental cómo relato para condicionar la agenda política es la expresión clara de los cinco grandes elementos asociados a lo que la infancia ha sido considerada en la sociedad: los niños y niñas como propiedad, como futuro, como peligrosos, cómo exclusivos del ámbito privado y como incapaces. Ahí está, como elemento nuclear, el principio de que las políticas públicas no deben intervenir en el ámbito familiar, porque los niños y niñas pertenecen, son y deben seguir estando en el ámbito privado. Esto es lo que piensan los posicionamientos más conservadores y reaccionarios.

Los niños no pertenecen a nadie. En todo caso, en un sentido de pertenencia no mercantil, pertenecerían a su comunidad, pero ni siquiera les dejan pertenecer a su comunidad
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lunes, 11 de noviembre de 2019

#PorLaMigración "...alguno de ellos puede llegar a España y ser etiquetado como "menor extranjero no acompañado" (AMPA CEIP Maestro Padilla)

Ampa Ceip Maestro Padilla (@AmpaMaestro)
Y recuerda: alguno de ellos puede llegar a España y ser etiquetado como "menor extranjero no acompañado". Y recuerda: podrías haber sido tú, podría haber sido uno de tus hijos
#PorLaMigración



En el mundo hay 258 millones de migrantes, 50 millones de ellos son niños. Todos merecen vivir con seguridad y dignidad. 

El Pacto Mundial para la Migración ayudará a que la migración sea segura, ordenada y regulada.
unicef.org/es/ninos-desar Vía
#PorLaMigración