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viernes, 18 de julio de 2014

Ahora van a por la Secundaria (Javier Uceda)

Javier nos envía este correo:

Hola,
Me gustaría compartir con vosotr@s un par de escritos sobre el proyecto de currículo básico de la LOMCE para la ESO y el Bachillerato. El primero se refiere al currículo en general, y el segundo, a la asignatura de Tecnología.

Muchas gracias. Saludos y buen verano.
Javier

Puedes descargar los siguientes documentos:

lunes, 2 de junio de 2014

Copago educativo, austeridad del profesorado y tradición: “mejoras” sustantivas de la LOMCE (Manuel Menor)

Manuel Menor nos envía su artículo de esta semana:


Copago educativo, austeridad del profesorado y tradición: “mejoras” sustantivas de la LOMCE

Las declaraciones de Wert en el Congreso apuestan por la austeridad creciente de las familias, como un signo más  de las “mejoras” que trae la LOMCE.

Sucedió el día 28. A una pregunta del diputado pontevedrés Guillermo Meijón, en el turno de control al Gobierno (Ver: http://www.escoladeferrado.es/?p=3441), Wert echó mano del COPAGO en servicios como la educación o la sanidad: se lograría así mayor eficiencia y justicia, dado que hay en la percepción de estas prestaciones públicas “un cierto beneficio privado”. La fórmula de pagar una parte del coste de las mismas –argumentó- es un “camino en el que el sistema fiscal español tiene todavía mucho recorrido” por hacer. Se trataría, por tanto, de dar otra vuelta de tuerca al  aumento contributivo de las familias para adelgazar un poco más el papel del Estado, justo ahora que sabemos que los salarios han bajado en el último año en torno a un 7%, y cuando el ministerio ya tiene experiencia en reducir becas y aumentar tasas universitarias.  Este COPAGO, además, no es nuevo en otros tramos del sistema educativo. Ya lo han exigido a las familias en educación infantil y FP, al mismo ritmo que les disminuían a ellas y profesores su participación en la gestión de los centros. Sólo quedarían, pues, los Bachilleratos para completar el COPAGO en todos los tramos educativos. Debiera añadirse, incluso, que las familias con hijos en la Pública son quienes más contribuyen a la peculiar gratuidad que tengan los colegios concertados y, también, a los desconcertantes descuentos fiscales que en algunas comunidades tienen quienes envían sus hijos a colegios estrictamente privados.

Coinciden las reflexiones de Wert, por otra parte, con las declaraciones recientes de Gomendio en Brasil -ya comentadas hace unos días- a propósito de los sueldos de los profesores. Sólo queda ya que un buen día hablen de lo bien que están yendo los niños españoles con tanta reducción y recorte como el que han hecho o planean. Será muy de agradecer ese invento de una mejor calidad del sistema educativo con becas disminuidas y aumento de tasas universitarias; con menos profesores, peor pagados y más estresados; más niños por aula y mayor diversidad aglomerada en cada clase sin que se le preste la debida atención. Tampoco propicia la indiferencia el afán por cumplir escrupulosamente con el FMI, nuestro vigilante supremo, cuya normativa moral hemos de seguir como intervenidos y que la Sra. Lagarde había preconizado un día antes, el 27 de mayo, para disciplinarnos (Ver: http://economia.elpais.com/economia/2014/05/27/actualidad/1401183051_707375.html).
Tanta obediencia a esta profetisa, nulo valor concederá a lo que la Comisión permanente del Consejo Escolar del Estado (CEE) recomendaría el día 29 a propósito de los libros de texto y material escolar,  en la línea de “garantizar la gratuidad total de la enseñanza básica, de manera que las familias no tengan que aportar cantidad alguna”. Y menos hará valer, sin duda, cuanto hayan venido denunciando diversas organizaciones de rango nacional e internacional preocupadas por la creciente desigualdad social del sistema educativo español, la presencia del hambre y otros graves problemas en edades escolares, o que los estudiantes del nivel superior del sistema hayan disminuido de manera sensible.

Para un Ministerio tan bien inspirado, omnisciente y dogmático, es extraño, no obstante, que los continuos comunicados de protesta de sindicatos y otras organizaciones sociales –incrementados estos días en sus webs respectivas-  sólo le suenen a música celestial.  Y del empíreo mismo debe ser que las recientes elecciones europeas del día 24 tan sólo les hayan dejado señales de un epidérmico “populismo programático”. Ni siquiera la sorpresa de PODEMOS –en medio de un gélido abstencionismo de votantes- y la consiguiente cosecha de nerviosos calificativos, les ha alterado el ceñudo autismo gubernativo, tan plácido para unos pocos. Prueba de ello es que aquí estamos, comentando las disquisiciones economicistas del ministro de Educación, a las que probablemente sigan, como tantas otras veces, normativas acordes con ese afán tan suyo de cooperar algo más a la “buena senda” por que transitamos sin enterarnos de lo que está pasando en la calle.

¿Es grave que no le creamos? Recuerda Clara Valverde -(Asaco, 2014)-  que Agustín García Calvo solía decir: “Con nuestra fe colaboramos para sostener la realidad. No hace falta creer. Hace falta no creer” a esta gente:  ni lo de la crisis ni lo de las medidas que en su nombre han impuesto y quieren aumentar. El modo de proceder de este Gobierno con la educación obedece a compulsiones de su inmutada tradición. Es fácil comprobar que son devotos de su propia historia, tan larga como alicorta, en esta España que siempre han creído suya. José Cadalso, refiriéndose a los valores que imponían gobiernos de monarquía absolutista, decía en 1775 que “no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre quien se entregue a las ciencias, exceptuadas las de pane lucrando, que son las únicas que dan de comer” Cartas Marruecas (M.Aguilar, 1944, p. 50). La desprotección de una educación para todos la detectó incluso Ramón Mesonero. En su Manual de Madrid, contó como gran novedad liberal de la Regente, Mª Cristina de Borbón, que en 1833 creó una “Secretaría de Estado y del Despacho del Fomento general del Reino”, una especie de ministerio con autoridad sobre  “la instrucción pública: las universidades, colegios, sociedades, academias y escuelas de primera enseñanza”. Pero la estima real por tales asuntos venía asociada a otras treinta competencias, tan variopintas como “las casas de monta y depósitos de caballos padres” o “los alistamientos, sorteos y levas para el ejército y Marina”. Este mismo totum revolutum –expresivo de la exquisita desatención que a la alfabetización de los españoles se prestaba-, se encontraría Claudio Moyano cuando, en 1857, legisló desde ese polivalente Ministerio de Fomento sobre el alcance de la educación. Por entonces, la política se movía entre liberales y conservadores de diversa casta: ni había sufragio universal ni cosa que se le pareciera. Ya en 1900, se creó por fin el Ministerio de Instrucción Pública y, en la primera etapa en él de Romanones (1901-1902), se normalizó un salario para los maestros a cuenta del presupuesto del Estado. Pero no se impidió que la atención al derecho a la educación de los españoles –y a quienes la impartían- siguiera siendo miserable, como denunciarían reiteradamente Costa en sus alegatos y, más claramente, Luis Bello en sus Viajes por las escuelas de España, entre 1926 y 1929, en plena Dictadura de Primo de Rivera: quienes regían el Estado poco aprecio siguieron mostrando por los asuntos educativos básicos y el consiguiente analfabetismo de la población. La IIª República, sin embargo, trató de enmendar –sobre todo, en 1931-1933- el desolador panorama de la educación pública, no sólo constitucionalmente –al plantear en el art. 48 que la de la cultura era “atribución esencial del Estado”, a través del “sistema de la escuela unificada”-, sino también con un presupuesto propicio para “facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los niveles de la enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación”. Fueron dos años muy intensos, pero poco más.

De la “calidad” de la educación que quisieron estos republicanos, quien mejor habla son los frustrantes decretos que siguieron a la guerra civil. Baste observar que, si antes de julio de 1936 se había llegado en España a 207 institutos -de los cuales a 7 de octubre de 1937 ya se suprimieron 54-, por Orden de 5 de agosto de 1939 serían reducidos a 77. En Madrid -por centrarnos en un territorio concreto-, de 11 institutos, quedaron seis; algunos, además, con nombre acorde con los ideales que propugnaba el “nuevo Estado”. Añadamos que –como han documentado Francisco Morente, Luis Otero o Jaume Claret- los aproximadamente dieciséis mil maestros sancionados, entre los 61.000 existentes, o los 306 profesores de universidad residuales de los 600 que había, expresan sobradamente qué profesorado no pudimos tener en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Y lo mismo sucede con la pedagogía de aquellos años, doctrinaria y memorística, con un montón de libros de imposible lectura en su momento. Una disposición de 17 de agosto de 1938 exigió su depuración de las bibliotecas: Luzuriaga, Krause, Dewey, Condorcet, Gabriel Miró , Unamuno, Bertrand Russell o Stendhal encabezaron las listas que los bibliotecarios debieron remitir a inquisidores como Pemán, Sáinz Rodríguez, José Pemartín o Ibáñez Martín, entre otros. (Alicia Alted Vigil nos contó detalladamente estas políticas educativas en 1984).

La austera fórmula de calidad de Wert para llevar adelante su LOMCE –y su nada creíble apuesta por una calidad educativa para todos-,  precedida de recortes sistemáticos para poder llegar a la suprema virtud austericida del 3,4% del PIB, y seguida ahora de estas alegaciones últimas en pro del COPAGO EDUCATIVO, en vez de propiciar un cambio de futuro nos retrotrae hacia aquella misma onda depuradora de “excesos democráticos” que tanto hacía suspirar –en 1941- a Enrique Herrera por “un  ministro de educación tan valiente que sea capaz de cortar de un tajo esta hidra de múltiples cabezas” (Historia de la educación española, Madrid, Veritas, 1941, p. 332). Kant decía –casi por las mismas fechas que José Cadalso- que somos lo que la educación hace de nosotros, un aserto que el ministro actual  traduce reforzando una España “excelente” para unos pocos, pero de segunda o tercera división para la inmensa mayoría. Aristóteles, por su parte, ya había explicado, hace 24 siglos, que la educación debe adaptarse a la constitución política de la Polis: “El carácter particular de cada régimen suele preservar su constitución política”.  De interpretar bien al fundador de la escuela peripatética, parece que Wert se inclina por acrisolar una constitución oligárquica. La autoridad de Aristóteles, en cambio, se decantó por la democrática y, por ello, defendió que si “el fin de toda ciudad es único, es evidente que será una y la misma la educación de todos, y que el cuidado por ella ha de ser común y no privado, a la manera como ahora cuida cada uno por su cuenta de sus propios hijos y les da la instrucción particular que le parece bien” (Política, VIII, 1)… Así se explica tanta palabrería  sobre las Humanidades: para mixtificar su valor y, sobre todo, reducir o suprimir su presencia curricular y, por supuesto, en los informes PISA. 

                                                                                                         Manuel Menor Currás

                                                   Madrid, 31/05/2014



martes, 20 de mayo de 2014

El Réquiem por la Educación Artística en imágenes y en los medios de comunicación (18M)

Nuestr@s compañer@s nos han tuiteado estas imágenes de la acción Réquiem por la Educación Artística:


Manifestación en Madrid a favor de las enseñanzas artísticas.











¿Réquiem por la educación artística? Defendiendo en el Prado una ed artística para todos


En el sepelio por las enseñanzas artísticas

ecodiario.eleconomista.esProfesores, padres y alumnos representan un réquiem por la Educación artística en España frente al Museo del Prado
Padres, alumnos, profesores y artistas participan este mediodía en una 'performance' frente al madrileño Museo del Prado (en la puerta de Goya), para denunciar “el proceso de desaparición de las enseñanzas artísticas” en España como consecuencia de la nueva Ley de Educación y de los recortes.

Bajo el lema 'Réquiem por la Educación Artística', el acto culminará con una representación alegórica de 'El entierro del señor de Orgaz', en referencia a la defunción de estas disciplinas en los nuevos currículos que configura la Lomce.

Este acto está organizado por EnterArte, un grupo de trabajo de Movimientos de Renovación Pedagógica (MPR), que de este modo aprovecha el Día Internacional de los Museos y la celebración del 4º centenario de la muerte de El Greco.

Con esta 'performance', padres, profesores y alumnos quieren reivindicar el derecho a una educación artística de calidad dentro del sistema educativo, ya que en la nueva ley tanto el Dibujo como la Música dejarán de ser asignaturas obligatorias y habrá alumnos que terminen sus estudios sin haber cursado ni lo más mínimo de estas materias.

A ello hay que agregar los recortes en el gasto educativo, que han hecho aumentar el número de alumnos por clase y reducir optativas y grupos en muchos centros, señalaron.

Según los organizadores, “la Lomce promueve el pensamiento formal y memorístico pero olvida que el futuro de una sociedad se nutre de otras formas de pensamiento: el deductivo, el inductivo, el crítico, el analítico, el divergente. Todos ellos se refuerzan cuando la música y la educación plástica o visual tienen el estatus académico que merecen”.
Entradas relacionadas:

18-5-14: Réquiem por la Educación Artística (12:00 h, Puerta de Goya / Museo del Prado)

Réquiem por la Educación Artística


viernes, 24 de enero de 2014

Larga vida a la filosofía

Después de haber trabajado más de 40 años en el sector financiero y jubilarme, estoy cursando ahora primer curso de Filosofía y Humanidades. Personalmente, la filosofía ha sido para mí y desde siempre una gran desconocida; si se me permite la liberalidad, lo más cercano que he estado de ella ha sido a través de libros de managmenty de autoayuda. Sé que es una disciplina actualmente cuestionada por las autoridades ministeriales; priorizan otras materias, aquellas —dicen— que tienen más salida en el mercado. Es su opción.
Mi realidad después de un cuatrimestre es otra. Estoy en el camino de pensar, de opinar argumentando, de probar aquello que expongo. En suma sé hablar mejor y como novedad he aprendido también a callar cuando no dispongo de razones. Aparte he podido conocer los textos mas relevantes de Camus, a Descartes en sus Meditaciones, laMetafísica de Aristóteles y materias como el escepticismo, la identidad personal, el determinismo y la libertad, entre otras. Apasionante.
Este corto y escaso bagaje filosófico me ha influido poderosamente en la manera de afrontar conflictos y de tomar decisiones. Por ello dudo, razonablemente, que nuestros dirigentes políticos sepan de filosofía, de filosofar. Porque así nos va.— Joan V. Llàcer Mont.

miércoles, 8 de enero de 2014

La Filosofía aprende a vivir como ‘maría’ (Juan Cruz)

Profesores y filósofos responden a estas preguntas: ¿a quién se le ocurre relegar el pensamiento en la enseñanza? ¿Qué repercursión tiene esta ausencia en el aprendizaje de la vida?

Profesores y filósofos responden a estas preguntas: ¿a quién se le ocurre relegar el pensamiento en la enseñanza? ¿Qué repercursión tiene esta ausencia en el aprendizaje de la vida?
Pero ¿a quién se le ocurre quitar la Filosofía de la primaria, de la secundaria, del bachillerato? Al Gobierno. Y, ¿por qué? Además, ¿a quién sirve que el pensamiento se relegue entre las materias que forman parte del aprendizaje de la vida? ¿Cómo han reaccionado los filósofos? ¿Y los que enseñan Filosofía? Pues con estupor, cómo van a reaccionar.
Fuimos con esas preguntas y otras a distintos representantes del primer argumento de la educación: la enseñanza. Respondió así Xavier Serra, profesor de Filosofía y Ética y responsable de Filosofía en el Instituto Salvador Espriu de Girona. ¿Qué supone este desmejoramiento de la Filosofía en la enseñanza?: “En realidad, hay que decir que la Filosofía en sí está en plena forma, que la gente —los ciudadanos reflexivos, sensibles a los valores, conscientes de su responsabilidad...— sigue pensando con profundidad filosófica. Lo que está muy mal es la clase política, que mete su zarpa en la capacidad crítica y la autonomía mental de los ciudadanos permitiendo, sin inmutarse, la telebasura y la pobreza mental en el ámbito público”.
Serra cree que “leyes ideológicas de educación como la que se acaba de aprobar pretenden eliminar —sencillamente, a un plazo no muy largo— un área docente de la enseñanza secundaria y, si pudieran, de la universitaria: la filosofía se enseña al menos desde la Academia de Platón hace 2.500 años, y una generación de personajes pendientes solo de los votos, de los resultados PISA y de moverse para seguir flotando, la pretenden aniquilar”.
Serra constata, con cierto regocijo melancólico, el acuerdo unánime del Parlament de Cataluña a favor de la enseñanza de filosofía y ética “en un currículum básico del alumnado”. “Es una proposición no de ley... Se pide al Gobierno catalán que comunique al Gobierno del Estado el error que está cometiendo en este punto. Pero lo importante no es solo la unanimidad, ni tan solo la claridad, sino la explícita aseveración de dar esa formación a nuestros jóvenes. ¿Quién podría oponerse? Nunca se respetará la dignidad humana, ni la pluralidad de opiniones, ni el deseo noble de buscar el bien común si se niega la filosofía: en eso están de acuerdo el 100% de los representantes electos de Cataluña”.
Y mucha más gente. Por ejemplo, el filósofo Ángel Gabilondo, que fue ministro de Educación en el último Gobierno socialista y que sigue siendo catedrático de Metafísica en la Universidad Autónoma. Él dice: “La filosofía es determinante para impulsar el camino hacia un pensamiento crítico, racional y razonable. Es indispensable conocer no solo la historia de las ideas, también la historia del pensamiento, la generación de determinados conceptos, la visión que procuran, sus efectos y su funcionamiento. Pensar no es una mera actividad mental, comporta todo un modo de hacer y de proceder. Y requiere conocimiento”.
¿Qué supone esta dejadez? Según el filósofo Gabilondo, “la filosofía es un modo de saber, necesario para comprender el seguimiento de las categorías que constituyen nuestro presente, que se cuestiona sobre el estado de cosas, lo problematiza y abre posibilidades de pensar de otra manera. En este sentido, no resulta cómoda para los amigos de lo convencional. Que se lo plantee no significa que no aporte respuestas, que siempre zanjan la pregunta, sino que a menudo la desplazan hacia posiciones menos cómodas y más ricas”. Para quienes consideran que el conocimiento ha de ser inmediatamente aplicable, añade Gabilondo, “y es únicamente interesante como medio o instrumento, semejante pensar les resulta infecundo”.
Por ahí va el argumento de Antonio Campillo, presidente de la Red Española de Filosofía. Él cree que la reducción drástica de los estudios de Filosofía en la LOMCE “responde a razones claramente ideológicas”. Y cita estas dos: “Por un lado, la Ética de Cuarto de la ESO (actualmente denominada Ético-Cívica) se suprime, al igual que la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos de Segundo de la ESO, para potenciar en su lugar la Religión, de modo que la Ética deja de ser una materia filosófica común para todo el alumnado y se convierte en una alternativa a la Religión bajo el nombre de Valores Éticos, devaluando su dimensión filosófica y eliminando su obligatoriedad”.
La segunda razón “ideológica”, según Campillo: “La Historia de la Filosofía de segundo de Bachillerato también deja de ser obligatoria para todo el alumnado (ni siquiera es obligatoria en el bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales), porque se trata de potenciar la Historia de España, reservándose el ministerio la fijación del 100% de los contenidos de esta última asignatura, para no dejar margen competencial alguno a las comunidades autónomas, especialmente Cataluña y el País Vasco”.
¿Esto es así tan solo, profesor Campillo, o es una tendencia europea? “No hay una norma común en toda Europa. Hay países que incluyen la formación filosófica incluso desde la educación primaria, como Francia o Finlandia, porque la entienden como una manera de aprender a pensar desde la infancia, y hay otros países que, por el contrario, prefieren potenciarla en la Universidad, incluyendo títulos mixtos de Economía y Filosofía, o Derecho y Filosofía, etcétera, como en el Reino Unido. No obstante, hay una preocupante tendencia a identificar la sociedad del conocimiento con la trinidad I+D+I, de modo que se está imponiendo una concepción cada vez más tecnocrática y mercantilista del conocimiento, con la consiguiente devaluación de los saberes artísticos y humanísticos...”.
Aporta Campillo un preocupante ejemplo: “Se está llevando a cabo una reforma educativa en las Escuelas Europeas, que dependen de la UE y tienen centros en varios países del continente, entre ellos, España: pues bien, en esa reforma se pretende suprimir la Filosofía en los cursos de Ciencias, mientras que los alumnos de Humanidades contarían solo con una optativa, de modo que sería perfectamente posible estudiar en las Escuelas Europeas, sea en la modalidad de Ciencias o en la de Humanidades, sin haber cursado ninguna materia de Filosofía; en resumen, la reforma prevista supondría la eliminación casi completa de la Filosofía en las Escuelas Europeas”.
José Luis Pardo, filósofo ejerciente, analiza así las consecuencias que este desentendimiento de la filosofía tendrá en la enseñanza. “Todas las políticas educativas que se han emprendido en los últimos tiempos (como el plan Bolonia en las Universidades) tendrán, en el plazo medio y largo, graves consecuencias. Por lo que hace a esta reforma, no creo que hagan a nuestros jóvenes más sabios en matemáticas (a pesar de que esta es una de sus principales coartadas), estoy seguro de que no los harán mejores en Lengua (porque para ser bueno en lengua hace falta la poesía, que tampoco da de comer —ni siquiera de merendar, decía José Hierro—), y aunque la otra gran coartada es que mejorará nuestro puesto en el informe PISA esta es una promesa de futuro que permanece aún en lo quimérico, mientras que los daños provocados por el ‘recorte intelectual’ que constituye la disminución del horario lectivo de la Filosofía y de la Ética son bien ciertos e irrefutables”.
¿Estos son los daños que produce la dejadez?: “Desde luego”, dice Pardo, “es cierto que la filosofía no da dinero ni poder, pero la cuestión es que ni los mercados ni los ministerios pueden evitar que los seres humanos no estemos hechos exclusivamente para la rentabilidad. Alguien puede tener la ilusión de que, con estos cambios neoliberales en la cultura educativa, nuestra sociedad volverá pronto a la prosperidad... Pero la cuestión es que —como la crisis económica nos ha enseñado—, esa presunta riqueza hoy tan añorada puede ser también una forma de pobreza que, aunque sea menos ostentosa que la de las hambrunas, no es ni menos grave, ni menos injusta ni menos inhumana”.
“Y para combatir esa otra miseria que asola los países dejando en los huesos su espíritu”, dice el catedrático de Corrientes Actuales de la Filosofía de la Complutense, “de nada sirven los discursos propagandístico-ideológicos ni los rankings internacionales. La filosofía, y en general las humanidades, son justamente lo único con lo que poder alimentar un hambre de la que parece que quieren quitarnos hasta el gusanillo, a ver si a fuerza de disimular nuestra indigencia cultural nos resignamos a ser pobres de espíritu, sumisos y tristes”.
Sumisos y tristes, dice Pardo. ¿Cómo le ve su colega Manuel Cruz, filósofo también, que imparte su cátedra en la Universidad de Barcelona? ¿A qué se debe este desdén?. “Creo que se trata, en efecto, más de un desdén que de una planificada campaña en contra de la filosofía. Parece claro que las más altas autoridades tienen una concepción del proceso educativo extremadamente técnico-instrumental. No les importa otra cosa que no sea la adecuación al mercado de trabajo por parte de programas de estudio en sus diferentes niveles. De hecho, el propio ministro José Ignacio Wert llegó a hacer recientemente unas declaraciones en las que consideraba motivos espurios para decidir a qué se quería uno dedicar en la vida (esto es, a la hora de elegir una carrera) cosas tales como la pasión por una disciplina, la vocación, el deseo de enriquecer la propia tradición o similares. Lo que debía primar, según él, eran “las necesidades de la sociedad (esto es, del sistema económico)”.
Dos testimonios más, una profesora ejerciente de instituto y una profesora ya jubilada. Esperanza Rodríguez insiste en motivos ideológicos: “Eliminar la Historia de la Filosofía de las troncales obligatorias en segundo de Bachillerato facilita la implantación de la Historia de España como asignatura obligatoria para la prueba de evaluación final. Igualmente ideológica es la decisión de eliminar la obligatoriedad de cualquier materia ética, ahora sólo será alternativa a la Religión... Me temo que nuestros políticos (algunos) son un poco ciegos y no saben ver la importancia propedéutica que para la lectura comprensiva y la argumentación tiene esta materia”.
Ana Hardisson, ¿qué repercusión tiene en la formación de los chicos esta ignorancia? “La carencia fundamental en la formación del alumnado que no estudia filosofía es la falta de pensamiento crítico. Además de la carencia cultural que implica ignorar la historia del pensamiento occidental. No conocer el pensamiento lleva a no entender adecuadamente los distintos momentos históricos y culturales. Por ejemplo, no se puede entender la Revolución Francesa y la Ilustración, sin conocer el pensamiento moderno racionalista y empírico. De igual modo, no entenderíamos el romanticismo sin conocer El idealismo de Kant y Hegel. Asimismo, no se entienden las revueltas europeas del XIX sin conocer a Marx. El resultado de todo esto será un alumnado más sumiso, menos culto, menos crítico, menos maduro intelectualmente hablando y más fácil de convencer con cualquier propaganda”.
Como diría Pardo, la ausencia de filosofía construirá un ciudadano más gris y más triste. Pobre filosofía, camino de ser una ‘maría’ más.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Divide et vinces

Muchas veces en la vida, en general, y en matemáticas, en particular, tenemos ante nosotros un problema que no sabemos atacar (entendiendo atacar como tratar de resolver). En ocasiones, los matemáticos usamos un paradigma heredado, hasta donde yo sé, de Julio César, conocido como Divide y vencerás; en latín, Divide et vinces (o Divide et imperaDivide ut regnes) y, en griego, creo que διαίρει καὶ βασίλευε.
Este método, en lenguaje coloquial, consiste en dividir el problema en trozos más pequeños, resolver esos trozos y luego pegar las soluciones para tener la solución del problema completo, al estilo que nos marcaba Descartes en su Discurso del método: dividir cada una de las dificultades que se examinase en tantas partes como fuera posible y cuantas requiriese su mejor solución.
Muy útil en diseño de algoritmos, por ejemplo, sí, y en estrategias políticas y en la guerra. Y Wert lo sabe. Como lo sabe Mas y tiene a su pueblo dividido entre independentistas y no independentistas, mientras él recorta a gusto aprovechando la contienda. Lo saben todos.
Y a eso es a lo que suena la última gracia del Ministerio de Educación que ha saltado a los medios de comunicación. Sí, como consecuencia de las enmiendas a la Ley de Mejora de la Calidad Educativa LOMCE 742 y 743 presentadas por el Partido Popular, se unifican los bachilleratos de Ciencias Sociales y Humanidades y, con ello, Latín será obligatorio en el nuevo bachillerato de Ciencias Sociales y Humanidades y se elimina de éste la obligatoriedad de cursar Matemáticas. No, no me miren así, que yo también me he asustao...
Han conseguido mosquear a matemáticos y economistas y contentar, supongo, a los de lenguas clásicas. Supongo, digo, porque no creo que eso sea suficiente para enmendar el ninguneo de las asignaturas de humanidades en su querida LOMCE. Esto parece más que un Ministerio de Educación una subasta de mercado a primeras horas de la mañana... Y no se trata de que nos dividamos en la eterna dicotomía de Ciencias y Letras mientras  el enemigo  sigue legislando sobre Educación a espaldas de la razón. Es mi opinión, claro.
No voy a polemizar sobre la necesidad o no de aprender latín; hay muchas razones para que las lenguas clásicas se sigan estudiando y estoy segura de que los expertos las expondrán mejor que yo. Pero de lo que no me cabe duda es de que las matemáticas son necesarias y fundamentales en todos los cursos de la formación de un estudiante, estudie lo que estudie. No se puede vivir sin matemáticas. Y punto.
Cuando a estos les interesa, sacan titulares sobre nuestros malos resultados en comprensión lectora y matemáticas para atacar (entendiendo por atacar, atacar) a sus predecesores en el cargo. Pero a la hora de la verdad, cuando reforman la ley que regula nuestro sistema educativo, ¿deciden potenciar el estudio de las lenguas clásicas sobre el de las matemáticas? Cui prodest?Aquí podría hacer un chiste, si estuviera de humor para ello. Si no entienden lo que leen en castellano, ¿van a entender lo que leen en latín? Pero, como he dicho, no está la cosa pa chistes.
Con la propuesta del Ministerio de José Ignacio, un alumno puede llegar a  Economía, Administración y Dirección de Empresas, Magisterio o Ciencias de la Información sin haber visto Matemáticas en Bachillerato. No pasa ... ¿Para qué quiere un economista saber matemáticas? Se las enseñarán en la Universidad, claro. Pero el escalón de nivel que tendrá que subir el alumno por sí mismo se convierte en infranqueable. Suspenderá y después algún técnico de Calidad de la Universidad de turno pegará un tirón de orejas al departamento encargado de impartir la docencia de Matemáticas en Economía, por ejemplo. Pero ¿qué traje se puede hacer uno con esta tela?
También los periodistas necesitan matemáticas; entre otras cosas, para entender las gráficas y los datos estadísticos que luego interpretan en su trabajo y nos lanzan como titulares. Y los abogados y los funcionarios de Administraciones Públicas para, por ejemplo, no incidir una y otra vez en sorteos injustos como estos.
Pero ¿y en Magisterio? Ya estamos con el eterno problema. Los maestros no pueden (o no deberían, en mi opinión) saber sólo las matemáticas que se imparten en primaria. Deben conocer más. Deben dominar la materia más allá del contenido de los libros de texto de sus alumnos, para tener una visión general y poder enseñar matemáticas con soltura, relacionando conceptos, aplicándolos a la vida cotidiana de sus alumnos y extrayendo de la actualidad, incluso, ejemplos para sus clases. Para hacer esta asignatura tan necesaria como saber leer, accesible y cercana para todos. Los futuros maestros deberían estudiar tantas matemáticas en el bachillerato como un futuro ingeniero aeroespacial. En mi opinión, 
Me da la sensación de que a esta gente del Gobierno le importa un bledo la formación de nuestros hijos. Con alegar después que sacan los peores resultados en los informes PISA es suficiente; total, es culpa de los de antes. Y, ojo, no estoy diciendo que la actual ley educativa esté bien respecto al asunto de las matemáticas. No. Es más, esta asignatura debiera ser obligatoria en todos los cursos, en todos, para Ciencias y para Letras. Lo que quiero decir es que habría que aprovechar esta reforma educativa para otorgar aún más presencia y obligatoriedad a las matemáticas, no para quitárselas. Seamos serios, señores.
Me repito y termino: las matemáticas son necesarias y fundamentales para todos, estudien lo que estudien. Salvo para los que se decanten por dedicar su futuro al servicio de Dios, claro está. Pero incluso a estos últimos les vendría bien un poco de Aritmética Modular para entender eso de la Trinidad y de que 3 es igual a 1 (3=1).
Artículo de Clara Grima publicado en eldiario.es

sábado, 24 de agosto de 2013

"No son gran cosa". Artículo de Fernando J. López sobre las asignaturas que barre la LOMCE

@Nando_J nos ha enviado el enlace a su artículo No son gran cosa publicado en blogcanaleducacion.es:


No sé por qué nos alteramos tanto cuando todos sabemos que las asignaturas que elimina y reduce la LOMCE no son gran cosa. A ver, enumeremos:

El latín y el griego solo son la base de nuestro idioma.
La filosofía solo nos incita a reflexionar y a formar nuestro sentido crítico.
La música solo nos permite conocer otro lenguaje y desarrollar nuestra sensibilidad.
La plástica solo nos fomenta la creatividad y la percepción compleja de nuestro entorno.
La educación para la ciudadanía solo contribuye a inculcar valores democráticos y a educar en la libertad y en la tolerancia.
Las ciencias para el mundo contemporáneo solo informan a los alumnos de las nuevas tendencias y disciplinas científicas, ampliando su visión de la realidad.
Las humanidades solo nos ofrecen el conocimiento de nosotros mismos y la posibilidad de madurar intelectual y emocionalmente.
Teniendo en cuenta lo accesorio de todo lo anteriormente enumerado, es lógico que la LOMCE persiga su desaparición. A fin de cuentas, quién quiere una generación de alumnos críticos cuando podemos fomentar su aprendizaje mecanicista. A quién le importa el desarrollo personal en una sociedad que solo aspira a individuos recortados y recortables, donde todo lo que no sea en pro de la riqueza de unos pocos habrá de ser amputado y cercenado con la guillotina de la desigualdad.
Para que no perdamos el tiempo en debates inútiles -y la educación, en su opinión, lo es-, prefieren imponernos su rodillo de medidas, con la convicción de que -gracias, Wert- veremos la luz y nos daremos cuenta de que cuanto hemos aprendido y transmitido hasta la fecha es del todo inútil. Que las bibliotecas son templos de un pasado que se debería incendiar -para qué abrir las puertas a los interrogantes- y los museos, testimonios de artes decadentes que nada aportan al eficaz sistema de producción en el que nuestros alumnos pasarán de ser estudiantes a convertirse en simples piezas, según afirma el texto introductorio de nuestra nueva ley.
Por supuesto, el sistema facilitará la eliminación de todas aquellas piezas que no encajen, porque los engranajes del sistema son tan delicados como para no asumir la diferencia y, a la vez, tan rígidos como para aplastarla. La sucesión de pruebas a modo de cribas necesarias y obligadas permitirá sesgar a unos de otros, relegando a quienes no lleguen al mínimo establecido a una educación deficiente e incompleta, para que conozcan -desde su más tierna infancia- su lugar en la cadena productiva.
Inspirada en las pesadillas de Orwell y Huxley,  la LOMCE anula cualquier atisbo de aliento democrático en nuestras aulas, proponiendo un sistema elitista y segregador que hace de la supervivencia del más fuerte su único eje. De esto, lógicamente, nuestros alumnos tampoco tendrán idea, pues Darwin forma parte de ese nutrido grupo de pensadores que ya no estudiarán, ya que, a fin de cuentas, no se trata más que de gente ociosa que se dedicó a cuestionarse la realidad como si no fuera suficiente con dejarse llevar por ella dócil y aborregadamente.
En el fondo, nada de lo que barre la LOMCE es realmente grave. Si somos objetivos, solo se trata de áreas, materias y conceptos que nos forman como personas y que constituyen la esencia de la educación en cualquier país que aspire a ser mínimamente civilizado.
Lo dicho, poca cosa.

lunes, 10 de junio de 2013

"¡Hombre, Sr. Wert, cuide la música!" (Matías Uribe)

Reproducimos este artículo de Matía Uribe publicado en el BLOG LA VOZ DE MI AMO (HERALDO.ES):

Una frase que me quedó grabada, al oírla en TVE, hace años: “La música es lo más importante”. La soltó categóricamente el hoy ministro de Justicia, y entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Confío en que el exedil siga manteniendo esta tesis y su confesa melomanía. Por el bien de la formación musical de las futuras generaciones.

Me llega al correo electrónico un escrito firmado por la Asociación de Profesores de Música de Aragón en el que denuncian la posible desaparición de la música en la nueva ley educativa del ministro Wert, o cuando menos que no llegue a todos los alumnos con la intensidad adecuada. Los profesores dicen sentir estupor ante el anteproyecto de esta ley educativa (la polémica LOMCE), toda vez que, según sus planteamientos, convierte la asignatura musical en optativa en el tramo de la Educación Secundaria, “con lo que puede producirse que un alumno o alumna termine su escolarización obligatoria sin haber estudiado la materia de Música en ningún curso”.

Añaden los profes que “no existe prácticamente ningún país de la OCDE en el que esta situación se produzca”, señalando que hay países, como Suiza, donde se ha introducido en su Constitución el derecho de todo ciudadano a la educación musical. Y por ello, solicitan que, en Educación Primaria, la música sea una materia troncal y que en Secundaria, de primero a tercero, sea obligatoria y de igual importancia que el resto de asignaturas. Como no puedo estar más de acuerdo con esta reivindicación, he firmado este texto de apoyo sin la más mínima resistencia. Hombre, Sr. Wert, no abra más agujeros con esta ley, que suficientes tiene ya, que parece una ley ‘gruyere’.

Uno, además de periodista, ha sido docente durante muchos años y sabe de los beneficios que la música reporta a los alumnos: forma el sentido estético, desarrolla la psicomotricidad, despierta la sensibilidad artística, abre las puertas de la Cultura… y, qué flautas, es una fuente de inmenso placer. A los chavales les encanta la música en el aula, bien si se les enseña a tocar un instrumento o se les induce a escuchar piezas tanto clásica como modernas, siempre que se elijan bien las piezas y los tiempos. Todavía hoy hay quien me recuerda y me da las gracias por llevarme a la clase mi viejo tocadiscos portátil y colocarles a los alumnos de quinto música de fondo -lo mismo mientras hacían ejercicios de matemáticas que cuando dibujaban- del más variado pelaje, desde Mozart a Pink Floyd o Los Beatles. Creaba un clima relajado y agradable, y no eran pocos los que incluso me pedían información sobre lo que sonaba. Gabriel Sopeña (un abrazo, amigo) era uno de ellos.

En tiempos pretéritos, pasábamos por el Bachillerato y la misma Universidad sin que nadie nos dijera quién era Mozart, no digamos Los Beatles. La música en todas sus variantes formativas, bien aprendiendo a interpretarla o bien a oírla o conocer su historia, estaba completamente borrada de eso tan hortera y absurdo que después, bajo la progresía sociata, vino en llamarse curriculo, cuando de toda la vida era ‘plan de estudios’ o programas.

Las cosas no han debido mejorar mucho y así va, con generaciones de numerosos jóvenes sin sensibilidad ni cultura musical, atados a los astros de plástico que les venden las radiofórmulas o a esa aberrante televisión musical que tenemos. “La música es lo más importante”. Hombre, Sr. Wert, aplíquese el cuento de su colega Gallardón. ¡Cuide la música!

viernes, 29 de marzo de 2013

El legado de Aristóteles, Descartes o Hegel no puede ser de aprendizaje optativo

PÚBLICO.ESFilosofía, relativismo y (des)educación


Diego S. Garrocho Salcedo
Profesor de Ética en la Universidad Autónoma de Madrid
La filosofía es y será una disciplina amenazada. Acaso su destino se encuentre terriblemente marcado por su origen cuando, allá en el siglo IV a.C., la democracia ateniense condenó a muerte al que por Platón conocemos como el hombre más justo de la ciudad: su maestro Sócrates. No cabe duda de que su singular lenguaje, la pluralidad de métodos que la han asistido y la radicalidad de sus planteamientos han favorecido un tradicional alejamiento entre el hombre común y la tarea del filósofo. La burla de aquella muchacha tracia que sonrió al ver a Tales de Mileto precipitarse dentro de un pozo mientras contemplaba los astros es una anécdota perfectamente equiparable a la extrañeza con la que tantas personas reaccionan hoy ante el discurso filosófico en nuestro país.
Ese extrañamiento, comprensible y en ocasiones casi simpático, adquiere un tinte mucho más trágico cuando desde el prejuicio y la ignorancia parece despreciarse el enorme rendimiento de una de las tareas más dignas, singulares y fecundas de nuestra tradición cultural. Este gesto es demasiado reconocible en esta España donde, desde hace algunos años —si no desde siempre—, la ignorancia se ha encumbrado a la categoría de virtud folclórica y donde, con sospechosa insistencia, la incultura y la falta de aptitud moral e intelectual se exhiben impúdicamente con un orgullo que no puede dejar de significarse como macabro. Estos y otros síntomas oportunamente cuantificados por informes nacionales e internacionales subrayan la urgencia y el cuidado con los que el Gobierno debe acometer la que será la séptima reforma educativa de nuestra Democracia.
En el año 1999 el filósofo francés Jacques Derrida, de origen judío y argelino, advertía con orgullo en una entrevista para Le Figaro Magazine que Francia era (es, y seguirá siéndolo) uno de los pocos países en los que la filosofía se enseña en los liceos. En aquel tiempo, hace ahora catorce años, España podía apropiarse con justicia las palabras del padre de la deconstrucción. También nosotros, también aquella España sabía interpretar que la filosofía es una disciplina insustituible capaz de dotar a los hombres de una serie de competencias que difícilmente podrían adquirirse a través del cultivo de otras materias. Aquel orgullo, como tantos otros, parece desvanecerse actualmente ante la previsión de que la nueva Ley Educativa promovida por el ministro José Ignacio Wert termine por ejecutar una amenaza latente en las sucesivas reformas educativas que ha padecido (no creo que haya palabra más justa) nuestro país durante la Democracia.
Según se expone en el último borrador de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad educativa (LOMCE), publicado el pasado 14 de febrero, la asignatura de Educación Ético-Cívica quedaría eliminada; en su lugar, la asignatura Valores Éticos se ofertaría como alternativa a la asignatura de Religión y la asignatura Filosofía pasaría a tener un carácter optativo. Un destino semejante le espera a la asignatura hoy obligatoria de Historia de la Filosofía, en  Segundo de Bachillerato, que pasaría a convertirse en una optativa más entre dieciséis o en optativa de modalidad para los Bachilleratos de Ciencias  y Humanidades, lo que convertiría a la Filosofía no en una herramienta transversal y vehicular de la formación de nuestros jóvenes sino en una mera disciplina optativa cuyo interés quedaría sujeto al arbitrio espontáneo de los estudiantes y a la oferta específica que quisieran o pudieran plantear las distintas Comunidades Autónomas y los Centros Educativos.
Por todo ello, no deja de resultar sorprendente que los encargados de diseñar el currículo educativo de los ciudadanos del futuro se demuestren dispuestos a sacrificar el riquísimo legado de pensadores como Aristóteles, Descartes o Hegel. La Filosofía ni puede ni debe interpretarse como una materia adjetiva dentro de un proyecto educativo por cuanto provee a nuestros estudiantes de una serie de herramientas conceptuales insustituibles y que muy difícilmente podrán adquirirse a través del estudio de otras materias. El rigor lógico en la argumentación, la solvencia en el manejo de conceptos abstractos y la capacidad para fundamentar razonamientos de índole moral son algunas de las muchas competencias específicas del saber filosófico que, desafortunadamente, parecen desatenderse en el borrador de la LOMCE. Además, la defensa de la filosofía nunca debería interpretarse como una vindicación meramente romántica ya que, año tras año, estadísticas como las que arrojan los resultados del GRE (examen de acceso a los estudios de posgrado en Estados Unidos) demuestran que los estudiantes graduados en filosofía son, por ejemplo, aquellos que gozan de mayor competencia analítica.
Más allá de las virtudes propias de la filosofía como disciplina y del variado conjunto de competencias específicas que nos brindan su estudio y su ejercicio, todos los indicios demuestran que será poco probable que nuestros alumnos puedan realizar un correcto aprovechamiento de otras materias sin antes haber interiorizado determinados métodos, críticos y analíticos, heredados de nuestra tradición filosófica. El tercer borrador de la LOMCE advierte en su exposición de motivos que “ el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”, términos todos ellos, absolutamente ininteligibles para quien, por ejemplo, no se haya formado mínimamente en la filosofía kantiana. Estos y otros defectos son debilidades a las que la nueva reforma educativa debería hacer frente en una tarea que exige una enorme responsabilidad histórica, una responsabilidad con respecto a la cual, por cierto, el pensamiento conservador se ha arrogado históricamente especial sensibilidad. Si verdaderamente existiera una preocupación social por la educación moral de nuestros jóvenes o si en justicia nos preocupara el relativismo imperante en nuestra sociedad no creo que ninguna disciplina pudiera ofrecer un rendimiento tan perfecto como el que brinda la filosofía. Desde una perspectiva progresista o desde una perspectiva conservadora parece indudable que cualquier reforma educativa  debe aspirar a la construcción de una ciudadanía libre e ilustrada.  Sacrificar este consenso tan mínimo como obvio entrañará un daño generacional irreparable y nos conducirá a que dentro de pocos años volvamos a enfrentarnos a la que será entonces nuestra octava reforma educativa. Eso sí, y no otra cosa, es un síntoma del peor relativismo.

jueves, 28 de febrero de 2013

La emoción de su primera reválida (Fernando Arribas)


Como padre, recibo con inmensa emoción la noticia de que mi hija de cinco añitos va a realizar su primera reválida, su primer “control de calidad”, así sabré el grado de utilidad que tendrá en esta sociedad y, en caso de no superar los estándares, confío en que con la nueva Ley Wert (LOMCE), sabrán derivarla rápido a algún programa de exclusión educativa, para que no suponga un coste excesivo al sistema. Así podrán orientarle hacia el nuevo modelo laboral tipo Eurovegas.
Wert
Mi hijo de ocho años parece más listo, aunque aún sin confirmar por ninguna reválida. Me alegro de que con la LOMCE ya no tenga que cursar Música, Plástica o Tecnología, que distraen, y pueda cursar Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial ya desde 1º de la ESOy pueda “competir con éxito en la arena internacional”, tal como reza la LOMCE. Así estará en el grupo selecto de los que trabajando poco cobran mucho, aunque una inmensa mayoría deba trabajar mucho y cobrar poco, tal como nos aconsejan los responsables de la patronal y nuestros gobernantes, puesto que el sistema no está para mantener enfermos, personas dependientes o alumnos con dificultades.
Artículo de Fernando Arribas Portugués publicado en blogs.20minutos.es

jueves, 7 de febrero de 2013

Andalucía advierte de que la Ley Wert podría suponer el despido de 4.800 profesores en todo el Estado y un recorte de 4.000 millones de euros

EL PAÍS.COM (Andalucía): Educación sostiene que la Ley Wert eliminará 1.051 profesores de bachillerato


La consejera de Educación, Mar Moreno, avanzó ayer que el Gobierno andaluz rechazará la memoria económica de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa, conocida como ley Wert, porque supondrá la eliminación paulatina de 1.051 profesores en la región y porque apuesta por la imposición de barreras y reválidas, además de por “sacar a los alumnos por la puerta de atrás de los institutos”. “Mejorar con menos profesores es totalmente imposible”, sentenció Moreno.

 La responsable andaluza de Educación se mostró dispuesta a trabajar para “minimizar el impacto” de los recortes impuestos por Madrid, entre los que destacó la eliminación de los programas de refuerzo, el Educa 3 para la creación de escuelas infantiles, los planes de lucha contra el absentismo y el abandono educativo temprano, el apoyo al aprendizaje de lenguas extranjeras o la promoción de la lectura, entre otros.

Moreno corrigió los cálculos del Ministerio de Educación, que estima que la implantación de la nueva ley costará 408 millones en los próximos tres años. Según las cuentas de la Junta, serán 257 millones, ya que el Gobierno ha “olvidado” cuantificar parte del recorte en profesorado de Bachillerato. En total, según datos del propio Ministerio supondría la salida de 4.800 profesores en todo el país. Medidas de la ley Wert, como que los alumnos escojan si quieren estudiar bachillerato o formación profesional en 4º de ESO, serán a costa del profesorado de Bachillerato.


La memoria económica del ministerio recoge que la compactación de materias —que implica la eliminación de asignaturas optativas— permitirá reducir la carga horaria equivalente a 2.534 profesores. Sindicatos como Comisiones Obreras y UGT han visto en esta decisión una “reducción encubierta de plantilla”. El texto de Wert matiza que esta rebaja de carga horaria “no supondrá una disminución de profesorado, sino una reestructuración de su distribución para cubrir las nuevas necesidades”. A pesar de ello, calculan que se obtendría una reducción del coste en 168 millones en tres años.

La propuesta de especialización de los centros, ya sea en ciencias, humanidades o ciencias sociales, también supondrá, según el ministerio de Educación, un ahorro económico de 151,2 millones en el mismo periodo. En este caso el texto habla abiertamente de que las necesidades de docentes “se podrían reducir en 2.281 profesores”. Moreno incidió en que esta última partida no figura en el cuadro resumen de costes de la ley.


El nuevo modelo parte con un tijeretazo “incontestable” de 4.000 millones de euros, dijo Moreno, por lo que, si se le restan los 257 millones de gasto, arrancaría con una cifra negativa de 3.743 millones. “Que no nos engañen, la Lomce —ley orgánica para la mejora de la calidad educativa— no cuesta dinero: al revés, la Lomce supone un recorte de casi 4.000 millones (...) No es otra cosa que la cobertura legal de los recortes”, ha concluido.

El jueves 7 de febrero, los responsables de Educación de las autonomías tienen otra cita para acudir a una mesa sectorial en Madrid. “Queremos que el ministro recapacite, retire la reforma y se siente a hablar con la comunidad educativa”, aseveró Moreno.

La consejera acusó al Gobierno del PP de querer “cambiar la talla de la escuela” y de pasar de una educación con recursos para todos, a una educación pública y barata de segunda, para la mayoría. “España necesita un modelo educativo donde quepan todos los niños, todos los jóvenes, frente a un modelo a la medida de las élites”, defendió Moreno.


lunes, 4 de febrero de 2013

"Sin filosofía, ¿qué aprenderán?" (Carta al director de EL PAÍS)


El proyecto de Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa elimina la obligatoriedad de enseñar Historia de la Filosofía en segundo de Bachillerato. Las consecuencias formativas serán graves. Sin esa asignatura, un bachiller desconocerá, por ejemplo, el significado de la democracia al no estudiar las aportaciones de Locke, Rousseau, Habermas; el fundamento de la justicia, al ignorar a Aristóteles, Stuart Mill, Rawls; el valor de la dignidad humana, al no estudiar a Kant y a la Escuela de Frankfurt. No podrá apreciar el arte del Renacimiento y el Barroco sin el neoplatonismo y Leibniz, respectivamente; la belleza de la poesía romántica, sin las teorías de Schiller y Hegel; el sentido de las vanguardias artísticas, sin Kierkegaard y Freud. Las literaturas española y europea contemporáneas serán incomprensibles porque Schopenhauer, Nietzsche y Sartre, serán solo nombres vacíos. Y sin Descartes, Comte o Popper, se verá incapaz de valorar el impacto social de la ciencia. Además ¿cómo entenderá la sociedad en que vive? Marx y Russell serán espectros, y Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y María Zambrano jamás habrán existido.
La Historia de la Filosofía es la llave formativa que da acceso, integra y culmina la comprensión del resto de áreas de conocimiento. El resto es silencio.— Miguel Ángel Martínez.

Puedes leerlo en EL PAÍS.COM

lunes, 21 de enero de 2013

Elogio de la Ética y la Filosofía en el Bachillerato. Crítica de la razón educativa de la LOMCE

Gracias a @YoEPublica hemos conocido este artículo publicado en lne.es:

El proyecto de implantación de la ley de Educación del Gobierno del Partido Popular (LOMCE) contempla en su último borrador la eliminación de la asignatura de Ética y el desplazamiento de la Filosofía a un segundo plano en el plan educativo de Bachillerato. Otras dos asignaturas, Latín y Griego, también ven recortadas su presencia en el programa educativo en la Secundaria. Tal vez sea en el ámbito de las Humanidades donde se aprecia la carga ideológica subyacente en la LOMCE, en su tendencia a infravalorar prácticamente todas sus disciplinas en beneficio de una educación constreñida sin eufemismos para el mercado. «La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país», reza la primera frase del anteproyecto de la LOMCE... En un alarde de extrema sinceridad, acaso de cinismo, afirma el ministro de Educación que la elección de la Religión como asignatura en el proceso educativo «es una opción política». E ideológica también, podemos afirmar. Excluir la asignatura de Ética y «sustituirla» por la Religión significa desenmascarar el poder que ejerce la institución religiosa católica en la España contemporánea destapando su anhelo, viejo ya, de evangelización a través de los poderes públicos en una sociedad regida por una Constitución libre y aconfesional.


Tal decisión está provocando una repulsa de todos los sectores que participan en el proceso educativo vigente, fundada en las raíces profundas de los valores, normas e historia de las cuales participan la Ética y la Filosofía, tanto en la Enseñanza Secundaria como en la Universitaria.
Sólo los hechos deciden de lo que hemos querido hacer, afirmamos sin ambages ni circunloquios. Esta aseveración nos sitúa en la apertura de un conflicto que la historia del pensamiento ha deseado elucidar desde los albores de la historia y que la LOMCE quiere borrar en el articulado de la ley. La ética, la moral y la política han permitido la creación de valores que permitieran la acción en el marco de la familia, la sociedad y la política. Los hechos, de esta suerte, suponen valores adquiridos, valores con los cuales el individuo, la persona, el grupo conviven de un determinado modo, de una forma de ser y, por tanto, un modo de actuar ante sí mismo, ante los demás y ante las instituciones creadas para garantizar el orden o, lo que es lo mismo, la convivencia de las personas en el marco de una cultura determinada.

Sin embargo, tales valores son adquiridos en el proceso de alcanzar el ser humano la categoría de persona. No es posible, pues, que la mera existencia del individuo garantice los valores, las normas. La salud, la libertad de expresión, el derecho a una estabilidad social, el derecho al trabajo, la fortaleza de la razón desplegada en el proceso histórico contribuyen a la estabilidad de la virtud. Estos valores son asumidos y ejercidos por la sociedad en el orden ético, en el orden moral y en el orden político y piden, como supuesto prioritario, una educación libre de la persona. No se nace persona, se llega a serlo, afirmamos también. Pero asimismo afirmamos que la Religión y la Ética no son análogas ni equivalentes, consecuentemente con el razonamiento que emprendimos.

Son justamente estos extremos señalados los que concitan suficientes críticas, normas y leyes enfrentadas según la concepción de los poderes sociales o políticos, laicos o no; según la carga política, religiosa o social que acompañe al proceso de educación de estas últimas décadas. Sin menoscabo de que la Ética conforma filosóficamente al hombre, dándole las herramientas propicias, las ideas, capaces de ejercer un proyecto crítico válido en su cotidiana actividad.

Para garantizar justamente el equilibrio y la libertad, la justicia y las leyes, impedir la desigualdad, el derecho a la vida, etcétera, la comunidad debe pedir, ejercer, y por razón de su necesidad, no la imposición arbitraria de las normas, los valores y las leyes, sino su argumentación, el despliegue histórico de su complejidad, el estudio de las teorías éticas y morales, y ello en el marco de un sistema educativo que garantice los derechos individuales y sociales y el conocimiento de los mismos. En suma, la persona debe ser capaz de discernir, no de modo relativo, sino absoluto, la permanencia de aquellos valores que en su ejercicio contribuyan a la armonía y a la estabilidad tanto del ciudadano como de la sociedad y del Estado. Es lo que con precisión se denomina ejercer el juicio crítico.

Éste es el reto al que se enfrentan aquellos sectores educativos protagonistas de la responsabilidad educativa: al autoritarismo y a la imposición arbitraria de leyes como la que proyecta el actual Gobierno. Y cuando concluimos que son consideradas injustas o discriminatorias afirmamos en consecuencia que no es el utilitarismo, ni el economicismo ni el mercantilismo la base exclusiva de los «valores» de un individuo, de su educación... Y a la vez afirmamos que la idea de justicia no siempre está incluida en la ley y se aplica en consecuencia; de ahí la rebelión ante la injusticia. Porque justamente es al revés: la educación en valores y en el ámbito de la razón libre es justa y es necesaria, porque sin estas premisas el edificio social, moral y ético, filosófico queda expuesto al totalitarismo y a la indefensión de la persona y sus derechos adquiridos.

MARIANO ARIAS (DOCTOR EN FILOSOFÍA)

Servilismo, barbarie y estupidización colectiva (Antonio Vargas)


Queridos amiguitos: en este mundo cabrón el paro, el hambre, la pobreza, la miseria moral, todo... se soluciona con las tres supergrágeas del tertuliano metido a ministro: Matemáticas, Lengua e Inglés. Veámoslo.

Cuando por aquí abajo, al calor del Mediterráneo, la gente estaba aburrida de ver ciudades, templos, acueductos, gimnasios, palestras, termas, teatros, foros, pórticos, ágoras, basílicas, bibliotecas, faros, calzadas interminables... en las cavernas del frío Norte la piel de reno comenzaba a desplazar poco a poco al incómodo uro en la confección de taparrabos unisex. ¡Todo un avance! que en la refinada lengua de aquellos pueblos indómitos del Septentrión se expresaba en términos muy parecidos a estos: “¡urg! güi mach progres”, cuya traducción aproximada viene a ser “¡urg! nosotros haber avanzado mucho”. De inteligentes es, pues, con la suficiente perspectiva que dan más de dos mil años de historia, rectificar: adoremos su lengua, imitemos los usos y costumbres, los modos y maneras de los descendientes de tan aguerridos pioneros, y enterremos para siempre los ecos del recuerdo de la ancestral incultura meridional: ¡a la hoguera con arquitectos, ingenieros, médicos, botánicos, astrónomos, músicos, geómetras, geógrafos, filósofos, rétores, jurisconsultos, poetas y filólogos clásicos!

Pero dejemos a un lado a los bárbaros y su bárbaro lenguaje y centrémonos en un instrumento de comunicación harto menos sofisticado cual es la lengua de aquí. Ante todo y sobre todo conviene dejar sentado y bien sentado que la lengua es un instrumento que sirve primordialmente para comunicarse; primordialmente, porque, aun concediendo que hoy en día la comunicación se ejerce casi en exclusiva de superior a inferior, en ésta, la comunicación, sigue consistiendo la razón de ser de la lengua. ¡Qué uso estético ni que ocho cuartos! ¡al cuerno con la literatura! Aquí no tenemos tiempo para “letras bellas”. Bastante hacemos ya, que nos ocupamos de la ortografía, la fonética y la fonología, la morfología, la sintaxis, la semántica, la pragmática, la semiótica, la prosodia (bueno, la prosodia no), la etimología... como para que, encima, tengamos que hacerle un hueco al teatro, a la novela, a la épica, a la lírica, a la oratoria… a la Retórica y a la Poética. ¡Aristóteles no, gracias!

Nos queda, en fin, la que podríamos considerar la panacea de todas las panaceas. Hablemos de las mates y sus especies. De las que no nacieron ayer, aritmética y geometría (logaritmos, trigonometría, ecuaciones y demás), claro que contamos con ellas; en cuanto a música y astronomía, la primera ahí está, aunque sea en plan testimonial; perdido su valor formativo, siempre podremos echar mano de ella (como dicen de un tal Horpheo) para amansar a la plebe, que anda un tanto indignada; y lo que pasa con el álgebra estelar es que, simplemente, en los niveles académicos en que nos manejamos nosotros no cabe. Como no cabe el cálculo infinitesimal, las derivadas etc. (la matemática pura y dura, vamos) como no sea en las etapas postobligatorias (y no en todas, claro). Para eso, en su día, los técnicos en psicopedagogía, de los que enseguida hablaremos, parieron (digo engendraron) las matemáticas de primera y de segunda.

O sea, y resumiendo: a partir de ahora, el discente que naufrague en cualquiera de las tres “supermaterias” puede considerarse un desecho, un inútil, y va a enfrentarse a un negro futuro. Que sea un lumbreras en alguna (o varias) de las restantes materias (griego, física, latín, química, biología, geología, dibujo, literatura, música, francés, filosofía, historia, geografía, economía...): ni aun así podrá librarse de su destino. Pero tranquilos, para ayudar a suavizar el trauma del fracaso escolar tenemos previsto potenciar aún más el papel de los gabinetes psicopedagógicos en los centros educativos. Allí, en la más estricta intimidad, encontrará el alumnado abocado al abismo consuelo personalizado para sus frustraciones; allí, al abrigo de oídos indiscretos, podrá despacharse a su gusto contra los docentes encargados de impartir aquéllas o cualesquiera otras asignaturas, en la seguridad de que el dueño del garito (digo gabinete), pseudoespecialista en nada, pero aspirante a controlarlo todo (incluida la selección de personal), sabrá manejar adecuadamente esta privilegiada información.

Entretanto, desde dentro, por la espalda, silencioso, el gusano confesional sigue carcomiendo los cimientos de la Escuela.


Artículo de Antonio Vargas Heredia publicado en 
boards5.melodysoft.com