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miércoles, 7 de septiembre de 2022

Un curso definitorio (Manuel Menor)

El regreso de vacaciones aventura un año de debates en torno a cuestiones que afectan de lleno a las vidas de todos.

A punto de iniciarse el otoño, además de la melancolía por el tiempo abierto del verano, preocupaciones perentorias condicionan  la recuperación de las rutinas ordinarias e insoslayables. 

Asuntos de difícil remedio 

Este año, después de tanto percance con los calores extremos, el fuego en 250.000 Has. quemadas, sequía persistente, escasez de agua potable en poblaciones, y mil quebrantos traídos por algunas DANAs de inédita violencia sobre tejados y cosechas, parece que, al fin, la idea del cambio climático  proporciona argumentos contundentes para asentarse en la conciencia colectiva. Quienes en los años setenta empezaron a mostrar que estaba en marcha siguen oyendo, después de más de cinco lustros predicando en el desierto, sermones negacionistas. Y tampoco todo este monte es orégano: los concienciados dicen haber vivido el verano más fresco de cuantos les queden por vivir,  avispados rentabilizan como  cosa de otros esta condición actual de la vida en la Tierra. 

Según avance el otoño, más complicado será todavía lo que espera a cuantos se desconcierten con la coyuntura económica. A dos horas de avión, una guerra de otra época devasta los bolsillos de todos cual mano misteriosa con los flujos y reflujos en el mercado de materias primas fundamentales en nuestra vida aburguesada, sobre todo en la energía indispensable para moverlo todo. Todo es más caro y acabará poniendo en cuestión muchos de los logros del bienestar diferencial que decimos tener respecto a otros ciudadanos del mundo; cuando la calefacción sea más necesaria, mucha gente se enfriará y es muy posible que un “otoño caliente” reviente este año costuras desacostumbradas. El arreglo no vendrá de que la ciudadanía se apriete el cinturón, es decir, tratando de desaprender lo que tanto le enseñaron, pero el esfuerzo que tuvo que poner volverá a ser, con el principio de realidad, el gran maestro de este difícil aprendizaje a que está sometida actualmente. 

Premoniciones de curso agitado 

En el estricto plano educativo de la educación formal, el próximo sábado profesores y familias afectadas por decretos comunitarios que parecen diseñados para que todos se sientan preparados para carecer de lo fundamental y se apañen como puedan, iniciarán en la Plaza de Neptuno de Madrid, a las doce de la mañana del próximo día diez, sábado, una de las primeras protestas de este curso, justo cuando está empezando. Niños y adolescentes, docentes de diversos niveles escolares, padres y madres, pondrán en solfa, una vez más, inequidades y descuidos que vienen de cuando la “pertinaz sequía” -antes de que se empezara a hablar del cambio climático- acentuaba el frío de las escuelas cuando las había. 

Salvo en leves aspectos, la pertinaz desatención prosigue. En Madrid, por ejemplo, donde según las estadísticas oficiales hay la renta per cápita más alta de España, todavía un tercio del alumnado tiene serios problemas, algunos de gran riesgo de exclusión, como detectan informes como los de FOESSA o SAVE THE CHILDREN desde hace años. Sin embrago, es donde menos se invierte en atención a la escuela de todos los ciudadanos. Ese tercio debe estar de más, cuando el Gobierno regional disminuye sistemáticamente las plazas públicas y dota, al mismo tiempo, a los colegios privados y concertados de privilegios como la ampliación de becas becas y plazas de este año. En la concurrencia de intereses de un mercado crecientemente desregulado, se añaden a retrasos y deslealtades del pasado con la red escolar pública, que han sido denunciados desde al menos los tiempos en que el cambio climático empezó a ser nombrado en los medios de comunicación. Estas actitudes hacen crecer el peligroso escepticismo político de muchos ciudadanos. La autosatisfacción de quienes no tienen problema alguno con estas historias no las compensa; la capacidad diferenciadora del lujo que la posición en las rentas más altas  les confiere respecto al común de los mortales, acrecienta con la brecha social. No debe extrañar que el resto desconfíe de un sistema con recovecos incontrolables, inalcanzables por la mayoría. 

Elecciones a la vista 

El debate entre los líderes del PSOE y PP en el Senado escenifica que se acercan tiempos de voto hacia el mes de mayo, y que este gran conjunto de problemas, con milagreras soluciones y componendas –muy aptas para el rifirrafe mediático del ya lo dije yo primero-, ya nutren el masajeo propagandístico con mensajes cruzados en que la libertad volverá a ser zarandeada con  combinaciones de la individualidad subjetiva opuestas a otras de mayor incidencia en la solidaridad comunitaria. Todos se dirigen a las “clases medias trabajadoras”, cuya ambigua posición social, según los gurús de campaña, decide el voto en el escenario político actual, sobre todo si les rebajan impuestos. Los excluidos, ninguneados con más distinción por la compañía de un creciente grupo de descreídos de este sistema, pintarán poco o nada, pero el riesgo de un mayor deterioro democrático no será halagüeño para nadie, como enseña la Historia del siglo XX. Lo dejó escrito en 1941 Erich Fromm, en El miedo a la libertad. 

Los males que arrastra, por ejemplo, una educación descuidada son narrados en Un tal Cangrejo (Madrid: Sexto piso), novela que visibiliza el “horror” que dejó entre los miles de “fracasados” de los noventa; en la escuela por donde pasaron, su crecimiento personal se perdió entre formalidades que los marginaron hasta hacerlos  creer que lo sabían todo sin haber logrado nada.  El autor denuncia cómo su estética, lenguaje y maneras, causaron estragos y violencias que amargaron muchas vidas.  No obstante, aquella contracultura, fascinadora de los más jóvenes desde los años setenta, parece el modelo que, con fanfarronería insultante, desmantela desde Consejerías como Educación y Sanidad, los restos de un Estado de Bienestar. En los ambientes frágiles, este rupturismo de mucho vocerío castizo acelera el conflicto; la acción social del Estado nunca alcanzó en España el peso que, desde el final de la IIGM, tuvo en Francia o Alemania. Siempre han tenido crédito quienes no ven rentable superar la caridad o beneficencia decimonónicas; quienes crean que la Sanidad, Educación, Agua o Energía son derechos principales de todos, pronto se los arrebatarán si no pelean por defenderlos. 

MMC (Madrid, 06.09.2022)

domingo, 13 de diciembre de 2020

Las vacunaciones (Manuel Menor)

Las vacunaciones traen un rayo de esperanza

En un panorama en que abundan los motivos desesperanzadores, merece la pena saber que existe una solución estable a la pandemia. 

El largo período recorrido desde marzo ha dado pie a todo tipo de posturas, rasgos y maneras de actuar, con gamas tan diversas como las que tienen cabida en un buen diccionario de anomalías de una vida corriente distorsionada y atrofiada. Que la Ciencia farmacéutica parezca en esta coyuntura haber adquirido prestigio y, además, valor en los futuros bursátiles –que algunos agentes  propagan para captar clientela inversora-, obliga a repensar, en paralelo, algunos indicadores de la situación en que andamos. 

La información de PISA 

Teóricamente, la Educación es el sector más próximo al científico; el Ministerio homónimo llevó desde los años sesenta  el doble determinativo: Educación y Ciencia. Hoy, Educación es algo distinto en el organigrama político, mientras el otro ámbito ha pasado en las últimas legislaturas a ser dependiente de la cartera de Universidades, o de Ciencia e Innovación. No obstante, sigue siendo imprescindible una buena base educadora de los ámbitos estrictamente escolares para que esa cúspide del sistema educativo –y científico- tenga consistencia y sentido. 

De poco vale la entonación de ditirambos a ocasionales proyectos, si el común de los españoles se queda en otro mundo galáctico porque el circuito en que le ha sido posible estudiar algo, empezando en Infantil –que marca distancias para la Primaria-, y continuando en los tramos de la obligatoriedad hasta los 16 años o en los de cualquiera de las vertientes profesionalizadoras, solo puede percibir que es corto, escaso de recursos, que su organización es obsoleta y que, en definitiva, el promedio de doce años invertidos para transitarlo no ha merecido la pena. 

Sin ser partidario de que el pretexto de los informes de la OCDE siempre propicie que los gobiernos de turno –y los opinadores- nos entretengamos, una vez más, en repetir tópicos más o menos agudos, casi siempre inclinados a defender posiciones prejuiciadas, los datos actualizados del 25.09.2020 muestran que, en el rendimiento del alumnado al final de la Primaria, en las áreas de Matemáticas y Ciencias, hay disfunciones, en que parece tener que ver en grado relevante –según consejo de la propia organización que hace estas evaluaciones estandarizadas- la preparación del profesorado en dichas áreas, al tiempo que no sobresale la capacidad de razonamiento que muestran los encuestados. 

Cosa de la LOMCE? 

Lo que en líneas generales dibuja este informe  es el nivel alcanzado con una ley orgánica que ha tenido muchos detractores. Tendría interés por cuanto que la LOMCE abogaba por tener las claves de la “calidad educativa”, y fue defendida por sus promotores amparándose en un torticero uso de los datos de otras evaluaciones de la OCDE después de haber relegado un pacto educativo que estaba prácticamente concluido y que, a todas luces, hubiera sido más rentable; pero once años más tarde de que se empeñaron que no fuera adelante –porque tenían todas las bazas para tener mayoría en las inmediatas elecciones-, lo mejor que se puede hacer con todo ese historial acumulado es no olvidar sus sinrazones. 

Con ese fondo de memoria, no se debiera perder de vista que se trata de una foto fija, puntual y genérica, del nivel de destrezas para aplicar  conocimientos que tienen los alumnos de 15 años, adquirido no solo en la escuela o colegio, sino también en sus otras circunstancias ambientales y domésticas en que están inmersos desde antes de nacer. En los medios suele destacarse, casi solamente, el listado comparativo resultante con los países que están en cabeza, que, en este caso, en ambos tipos de competencias son: Japón Corea, del Sur, Estonia o Finlandia, mientras nuestros alumnos, en los datos actualizados del 25 de septiembre de 2009, no llegan a la media de los otro 38 países (La media es de 489 puntos y España ronda entre 481 en Mat. y 483 en Ciencias). 

Tiene interés advertir que el problema principal que muestra este Informe es que la proporción de alumnos o alumnas que están en el nivel más alto es mínima, lo que hace que el promedio estadístico baje. Debiera inducir a pensar que las cuestiones a que apunta estarían inscritas en el sistema que tenemos de enseñanza, y a mirar bien qué y cómo se enseña, además de observar si reafirma y reproduce –pero apenas corrige-  problemas previos a la entrada de cada alumno o alumna en el círculo escolar, los que configuran el capital cultural de que es portador desde antes de pisar un aula. 

¿Desesperanza?

El informe dice reiterar “una posición estable”, aunque ligeramente más baja que otras veces, de la educación española; es decir, que indica viejos problemas de equidad e inequidad que el sistema educativo existente debiera resolver y que -a la luz de su historia anterior- parece reacio a enfrentar. Todas las preguntas principales para corregirlo debieran dirigirse, pues, hacia lo que debiera suprimirse, qué debiera modificarse y qué debiera innovarse; sería más efectivo que poner tanta pasión en nuevas leyes educativas, más empeñadas en sostener alternancias partidarias en el BOE, que en enmendar con paciencia y constancia lo que debe enmendarse. 

El primer informe PISA fue en 2002; pero el primer informe de la OCDE sobre la educación española -de carácter estratégico, sobre la política americana en el Mediterráneo-, es previo a que, en 1969, se editara el Libro blanco que anunciaba la Ley General de Educación en 1970. Tal vez no haya llovido bastante para que muchos de los problemas que allí aparecían fueran erradicados; lo cierto es que, dentro de las diferencias lógicas, hay capítulos en que la inequidad sigue viva y  que, pese a la CE78, siguen vivos después de 42 años. No todo se debe a la Educación; pero con un equilibrio más justo que el que estamos mostrando en su gestión –igual que en cuanto atañe a la Sanidad y a la Dependencia- no habría tanto personal empeñado en que nos metamos el dedo en el ojo unos a otros. ¡Atentos! 

Manuel Menor Currás

Madrid, 09.12.2020.