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miércoles, 23 de junio de 2021

Los ruidos del verano (Manuel Menor)

Los murmullos del verano pueden ser lamentables 

Tras la Covid-19, pueden crecer y ser más persistentes, hasta amargarnos bastantes relaciones. 

Se rebaja la tensión de la Covid-19. Los datos estadísticos parecen inclinar la balanza de la tensión de la pandemia; se relajan las medidas de protección, y el día 26 se entra oficialmente en una nueva normalidad, no exenta de precauciones de signo menor si se tienen en cuenta los picos aestadísticos que, al menos en tres ocasiones, dieron pie al más denso desánimo. Que se esté llegando a los 15 millones de personas vacunadas, tiene mucho que ver y, al tiempo, que en general haya habido una respuesta relativamente sensata de la mayoría ciudadana. Por ese lado, el rumor dominante es el de la renovación pacífica de las ilusiones veraniegas, la playa, el sol, el senderismo o lo que sea, para recrear la sensación de normalidad no atosigada y marcar una vuelta decidida a cómo eran las cosas. 

Abejas y cigarras

En otros planos, sin embargo, el paisaje sonoro hegemónico seguirá polarizado por tonadas que, contradictorias como en la fábula de la cigarra y la abeja, pueden ser molestas. Es la época de las cigarras o cicadidae, de sonido incesante en esta etapa cálida del año y, al anochecer, muy intenso; el propio nombre de estos insectos en unas u otras regiones tiende a reproducir, como onomatopeya, la calidad sonora que se entiende que emiten. Por seguir el símil de la cigarra –la abeja trabajadora no pega con lo que publicitan los paquetes turísticos-, puede que el de este verano propicie el crecimiento de la ya larga serie de tribus o especies de cigarras, chiquilichis o coyuyos que rondarán nuestros oídos. 

Va a ser muy ruidoso, por ejemplo, lo que den de sí los indultos a los políticos catalanes. Mentar este asunto en la mayoría de encuentros a que podamos asistir, será motivo de disensos; la amplia banda sonora que ya genera en conversaciones e intercambios de Redes sociales, abarca desde la bondad del perdón, el diálogo y la convivencia, hasta las más sesudas referencias constitucionales. Estas, a su vez, se expanden en otra gama no menos compleja que ya transmite sonoridades con de muchos decibelios; de un lado,  las que apelan a la esencia del ser nacional –con su campo semántico inclinado a la intransigencia- y, de otra parte, las que  toman la CE78 como escudo para superar el trance las generosas potestades que atribuye al Gobierno. En esta danza de culturas tan opuestas se añadirán, para acrecentar el ruido, historias del pasado/presente; todos han sido pródigos en indultos e, incluso, en imprecisas amnistías, mientras la memoria histórica ha seguido siendo una fuente de desacuerdos. La amnesia histórica como argumento tiene muchas bazas en este desconcierto y, en especial, unas cuantas medidas del alcalde Almeida en Madrid inspiradas por Vox.  Y con tal premiosidad de ilícitos y reversiones de penas, la supuesta placidez del verano puede agriarse; por algo las añejas normas de urbanidad decían que era de mala educación hablar de política en reuniones de carácter festivo y, sobre todo, en comidas con invitados. 

El nivel de la EVAU

En el ámbito educativo, algunos otros sonidos poblarán el paisaje veraniego de desasosiego. En los encuentros entre profesores o maestros, e incluso en muchas conversaciones de apariencia anodina, el circuito escolar de este curso tan anómalo, y en particular las pruebas de la EVAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad) con sus baremos, harán recordar a algunos el PREU, y a bastantes más el COU posterior a 1970. Entre quienes más ruido  generarán en tales situaciones están quienes no cesarán de repetir que la suya sí que era una selectividad fetén, con una exigencia que no ha vuelto a existir. Tanta melancolía  provocará gran ahínco en otra versión, que incidirá en la dureza que haya tenido la selectividad de su quinta y, sobre todo, la  sufrida por los hijos o hijas que acaben de pasar por este ritual de paso a la mayoría de edad. 

Qué sea verdad en tales casos es aleatorio, como lo era la feria para cada cual,  cuando existía en el medio rural, y a unos les había ido bien y a otros mal. Pero esta especie veraniega seguramente traerá a colación, en esta ocasión, que haya habido un 96,41% de aprobados en la EVAU, lo que producirá el efecto de aquellas votaciones a la búlgara, frecuentes en las Cortes franquistas y en parlamentos de igual corte. Tampoco faltarán quienes, para afianzar su versión de esta historia en la mejor adaptación a su propios recuerdos, llamarán la atención sobre la decisión de algunas Comunidades (Valencia, Castilla-La Mancha, La Rioja, Extremadura, Baleares y Canarias) respecto a quienes han accedido este año a esta prueba arrastrando algún suspenso del Bachillerato; norma que soportaron en el Real Decreto-ley 31/2020, de 29 de septiembre, con medidas que permitían modificar las condiciones de titulación del Bachillerato, requisito previo para la EVAU. 

Las dos evidencias son las que más rumores inquietantes traerán a muchas conversaciones; con historias individuales detrás, y algún litigio personal pendiente,  harán difícil un punto de encuentro. Quienes quieran encontrar alguno pueden recordar que, cuando en 1953 Joaquín Ruiz-Giménez reformó la ley que había hecho Sainz Rodríguez en 1938, para convencer a las Cortes franquistas de la necesidad de abrir aquel cerrado plan de estudios, les dijo: “Basta hacer un ligero examen de conciencia para darse cuenta de si los alumnos de Enseñanza Media salen sabiendo griego…, hasta qué punto saben redactar, hasta qué punto son capaces ante las lecciones de un profesor de Universidad en los primeros años de hacer una sinopsis, una síntesis, o dar la adecuada redacción a cualquier tema”. 

Quien no quiera caer en la tentación de que este runrún lo achicharre –verbo acorde con la acción sonora de las cigarras-, también le será de interés un libro de dos sociólogos, Baudelot y Establet, quienes en 1990 –ante la rumorología interesada en que todo iba a peor, publicaron un exitoso estudio titulado: El nivel educativo sube (Madrid: Morata). A muchos no les liberó de sus convicciones prejuiciadas, aunque los datos documentales eran pertinentes; tampoco suelen mencionar una pugna generacional tan antigua que, ya en las tablillas cuneiformes de Mesopotamia, carga las tintas sobre las meteduras de pata de quienes vienen detrás, una tendencia también muy visible en un libro didáctico de la Biblia, como el Eclesiástico,  cuando alecciona a los padres sobre cómo tratar a los hijos. 

 Manuel Menor Currás

Madrid, 21.06.2021

miércoles, 8 de agosto de 2018

Que un colegio esté en un barrio rico o pobre determina sacar mejor o peor nota en la selectividad (Ana Ordaz y Raúl Sánchez en ELDIARIO.ES)

Artículo de Ana Ordaz y Raúl Sánchez publicado en eldiario.es
  • Los datos de la ciudad de Madrid muestran que la renta media del barrio de cada centro influye en los resultados académicos de los alumnos en la prueba de acceso
  • La oferta educativa también está determinada por la renta: más centros privados en los barrios ricos y mayor proporción de institutos públicos en las zonas más pobres

Son muchos los factores que influyen positiva o negativamente en los resultados académicos de un estudiante, pero si hay uno que tiene especial relevancia es el económico. Así lo señalan los datos de las notas de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) de los centros del municipio de Madrid de los últimos cinco años. A más renta, mejores notas.
Independientemente del tipo de titularidad –públicos, concertados o privados– la tendencia es clara: los alumnos de los centros ubicados en zonas de mayor nivel socioeconómico obtienen mejores resultados para poder acceder a las carreras que desean.

Es la conclusión a la que llega eldiario.es tras analizar los datos de las notas medias de la PAU de 295 centros del municipio de Madrid en el último lustro (2013-2017) que han ofertados estudios de bachillerato. Se ha comparado esta nota con la renta media de los hogares de los barrios donde se localiza cada centro,  según los últimos indicadores urbanos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes a 2015. 


"Existe una enorme relación entre el grado de desigualdad de las escuelas y la ubicación del barrio donde se encuentran", cuenta Cynthia Martínez-Garrido, Doctora en Educación por la UAM e investigadora sobre Cambio Educativo para la Justicia Social. "Es lo que se conoce como segregación residencial", explica la experta.
Una opinión que comparte José Luis Bernal, profesor de la Universidad de Zaragoza y coautor del artículo 'La privatización de la educación pública. Una tendencia en España. Un camino encubierto hacia la desigualdad', quien considera que "el contexto sociocultural de las familias es determinante en los resultados de los alumnos".
Una brecha que se aprecia, incluso, entre los centros de misma titularidad. En el caso de los públicos, por ejemplo, los que se sitúan en contextos socioeconómicos más desfavorecidos obtienen una media en la PAU de 5,66, frente al 6,36 que logran los de rentas más altas. Lo mismo ocurre en la enseñanza concertada: una media de 6,23 frente a otra de 6,53, en función de la renta del barrio donde se localizan.
Otro factor a tener en cuenta es el que apunta el ex Secretario de Estado de Educación durante el Gobierno de Felipe González, Álvaro Marchesi: el nivel sociocultural de los estudiantes que llegan hasta bachillerato. El experto afirma que "se pierden más alumnos en los contextos socioeconómicos bajos", y que "el análisis de las notas de selectividad es sólo una parte de un proceso mucho más amplio donde se manifiestan las desigualdades en la educación".
Una desigualdad que muchos institutos públicos revierten con dosis extra de apoyo a su alumnado. Es el caso del Cervantes o el Iturralde, a los que el situarse en barrios con unas de las rentas medias más bajas no les ha impedido obtener unos de los resultados más altos en la PAU en ese nivel económico. Sus directoras, Julia Pérez Gómez y Carmen Panizo, consideran que "la situación socioeconómica de las familias no es el factor determinante en los resultados o el rendimiento de los alumnos". 
En este sentido, apunta Martínez-Garrido, "hay que poner en valor la figura del docente, cuya labor por elevar las expectativas de los estudiantes y lograr los mejores resultados es fundamental". El IES Cervantes, por ejemplo, cuenta desde hace unos años con "un grupo de voluntarios que presta ayuda personalizada a los alumnos de 1º y 2º de ESO con mayores dificultades"; y otros como, el Iturralde, cuentan con "un banco de  préstamo de libros de texto, una Profesora Técnica de Servicios a la Comunidad o un programa de refuerzo dos tardes en semana", relatan las directoras de estos centros. 

Centros privados, la brecha dentro de la brecha

Según los datos publicados por la Comunidad de Madrid, son los centros privados los que logran mejores notas de acceso a la universidad con respecto a los de titularidad pública o concertada. Sin embargo, existe una brecha dentro de los propios centros privados: los niveles de enseñanza que ofertan. En la privada, hay centros que ofrecen sólo bachillerato; Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y bachillerato; y primaria, ESO y bachillerato. 


De estos tres grupos, son los centros que incluyen Primaria, ESO y Bachillerato obtienen mejores notas en prácticamente todos los niveles de renta, frente a los que tienen una oferta educativa más reducida. Salvo contadas excepciones, esta élite de centros se sitúa en los barrios con renta alta y muy alta.

Los concertados sacan mejores notas que los públicos

En la ciudad de Madrid, los datos de los últimos cinco años revelan, por un lado, que las notas de los centros de titularidad pública obtienen peores resultados que los concertados; por otro, que esta desigualdad se va reduciendo a medida que aumenta el nivel económico del barrio en el que se localizan.
Es decir, que un alumno de un instituto público de Madrid tiene menos probabilidades de sacar la misma o mejor que los estudiantes de colegios concertados del mismo nivel socioeconómico. Esta brecha, sin embargo, disminuye según la renta del barrio. Dicho de otro modo, en un barrio rico, las notas de los centros públicos y privados son más parejas que en las zonas humilde.

Así, mientras que la brecha en los barrios más desfavorecidos llega a alcanzar casi un punto de diferencia (de 5,66 a 6,23), se reduce a unas cuantas décimas en aquellos barrios de renta más alta (de 6,36 a 6,53).
En los colegios ubicados en barrios con rentas medias de entre 35.000 y 40.000 euros por hogar, los públicos sacan mejores calificaciones que la educación concertada. Una excepción que se deba a la presencia del Bachillerato de Excelencia del IES San Mateo, un centro de élite que solo aceptaba a los alumnos "listos" con una nota media por encima del ocho.
Entre 2013 y 2017, los alumnos del centro que se presentaron a la PAU promedieron un 8,27. Un instituto investigado por colocar profesores a dedo y por presiones para inflar las notas,  según publicó El País.

No sólo en las notas: desigualdad en la oferta

La investigadora Martínez-Garrido asegura que " la Comunidad de Madrid tiene el nivel de segregación más alto de España". Algo que se aprecia al analizar la oferta de centros en cada barrio, según su titularidad: mientras que los centros de enseñanza privada se concentran en las zonas más ricas, los de enseñanza pública lo hacen en las más pobres.


En el municipio de Madrid no hay ni un sólo centro privado en los barrios de renta más baja, una cifra que se dispara en los de renta superior a los 60.000 euros por hogar, donde hay hasta 21. En contraposición, en los barrios de renta más alta sólo hay 6 institutos públicos frente a los 26 disponibles en las áreas más desfavorecidas. Los centros concertados, por su parte, sí muestran una distribución algo más equilibrada en todos los niveles de renta.