Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de abril de 2024

28-4-2024: Manifestación (11:30h., Sol-Ópera). Convoca: PLEI (Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles


"El próximo domingo, 28 de abril de 2024, la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles ha convocado una manifestación que parte desde Sol hacia Ópera por la calle Arenal. A la llegada, habrá actividades para la Infancia.


Los motivos de esta manifestación son: 


1) Denunciar unas ratios que hacen muy complicada la labor educativa de las profesionales de Infantil.


2) Difundir la Cultura de Infancia en la sociedad para que nuestra labor en las escuelas sea reconocida.


3) Denunciar los impagos por parte de algunas empresas a las compañeras de escuelas infantiles.


4) Denunciar el cierre de, al menos, dos centros de Educación Infantil, que dejan sin acceso a Escuela Pública a muchas criaturas y sin trabajo a las profesionales de dichos centros.


5) Denunciar la enorme precariedad que existe en nuestro sector.


6) Exigir a las administraciones públicas que se hagan responsables de la Educación Infantil e inviertan dinero para mejorar la calidad del sector.


sábado, 5 de febrero de 2022

¿Hipocresía? (Manuel Menor)

Comisiones sobre pederastia  e hipocresía 

Entre tantas formas como surgen ahora para saber la verdad, poco variará el problema sin la renuncia a los privilegios que ceden los Acuerdos. 

Hay días en que parece que lo que oímos viene cargado de sentido y nos quiere decir algo serio; es como una revelación. Otras veces, la misma monserga, refrán o tópico no nos dice  nada  y, de repente, una palabra o un tono de voz dotan de sentido lo que tantas y tantas veces pasó inadvertido. Sucedió ayer, al oír a un burócrata de una curia diocesana que, preguntado sobre una posible comisión que investigara los ilícitos de pederastia cometidos en entornos religiosos, respondió que vale, pero que habría que extenderla fuera de ese ámbito: “Sería hipócrita –dijo- si se centra en los abusos de la iglesia católica”; “es un escándalo y nos duele mucho”. Y añadió que podría “haber otras motivaciones políticas detrás”, que han hecho lo que han podido, y que a ver “ahora el resto qué hace”. Según este glosador de este tipo percances, el derecho canónico, tras la reforma última del Vaticano en estos asuntos, es más duro que el derecho penal español. Oírlo y ver que el Antiguo Régimen, el de antes de 1789, seguía vivo fue todo uno, con un estamento luciendo sus privilegios de hace más de doscientos años. 

¿Una ética común? 

Queriendo o sin querer, la disculpa de este curial deja demasiados  cabos sin atar. El primero es que, si se trata de un asunto tan generalizado en la sociedad, y al mismo tiempo tan problemático para el desarrollo personal de las víctimas, en  democracia no se entiende por qué haya de medirse y juzgarse con arreglo a dos códigos de conducta diferentes, el eclesiástico y el civil. En la sintaxis constitucional  normal no encaja que estos asuntos no hayan de ser vistos directamente ante jueces civiles. Tampoco se entiende qué pinta el sostenimiento de un “aconfesionalismo” fundado en unos Acuerdos que privilegian actitudes y recursos económicos a una institución –dependiente del Vaticano-  que solo responde ante sí misma, sin ganas de someterse a la ética común de todos los ciudadanos. Y, entretanto, después de años de oscuridad, que sigan sin pasar a primer plano los derechos de las víctimas a la verdad y a la reparación de presuntos delitos, como si la excusa de que “les duele mucho”, saldara la cuenta de responsabilidades y de restitución correspondiente. Incluso desde el punto de vista de la moral que debe saber cualquier confesor católico, esta disposición no alcanza a reunir el grado básico de “atrición” o dolor mínimo para el perdón. 

En segundo lugar, es que resulta obsceno que, invoque en este litigio un mal de todos como artilugio para evadir la responsabilidad institucional y la de personas concretas que, mientras no han sido pilladas en renuncio, han estado invocando la ejemplaridad moral  como razón de su presencia activa en asuntos sociales, educativos y de otros servicios. Cierto que es un problema que existe también fuera de los círculos eclesiásticos, como ha puesto de manifiesto los informes de la Fundación  Anar desde 1970, o, más recientemente, el Dictamen 1/1919 CES (Consejo Económico y Social) sobre el Anteproyecto de Ley Orgánica  de Protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (del 20.02.2019). Cierto. Pero también lo es que los delitos de esta índole cometidos por personas supuestamente consagradas a la educación bajo un ideario se dicente religioso, tienen especiales connotaciones. Por un lado, el aprovechamiento de esa circunstancia tan especial para la comisión del delito y, por otro, el abuso de la confianza depositada por padres, madres y niños en que esa connotación del  culto religioso ofrece condiciones de seguridad excepcional. Y, por otro lado, se añade que, en muchos casos, los niños o adolescentes violentados proceden de ambientes sociales que, por carencias de capital cultural o económico, han entendido que el espacio religioso les ofrece más garantías que ningún otro; y este amplio grupo de afectados especialmente vulnerables, ha sido doblemente burlado, entre otras cosas, porque nadie de ese entorno familiar habrá estado dispuesto a admitir que, en caso de queja o advertencia, sus hijos o hijas pudieran tener razón. 

En tercer lugar, esta disculpa deja fuera de juego –como si no fuera con la institución y sus trabajadores- la responsabilidad de todos los ilícitos anteriores a esta reforma última instigada por el Papa Francisco en el Libro VI del Código de Derecho Canónico, en junio de 2021 . Para saber qué pasó antes de esa fecha tan cercana, no hace falta remitirse a los abusos de tiempos de Maricastaña (insinuados repetidas veces en sucesivos cánones conciliares, sinodales diocesanas y recomendaciones en las visitas de los obispos ad limina) , sino a los ocurridos desde el Concordato de 1953, en que era habitual lo que en estos últimas fechas ha sido descubierto de Ratzinger en su época de Munich, igual a lo que hacían muchos obispos trasladando al abusador a otros destinos del tablero diocesano, como si estuvieran jugando a la oca, para ocultar el problema sin remediarlo. Es esta una más de las contradicciones que desbordan cuando de sexualidad y afectividad humana se trata, un tabú con el que no se atreven. Trátese de curas, monjas, seminaristas o laicos, cada cual que se apañe con doctrina basada en glosas de otras glosas de tradiciones inamovibles, pero con las que no tienen engorro mental en plantear la restricción mental y otros inventos de la dialéctica sofista como subterfugio para salvar a sus canonistas de incurrir en informalidad técnica con su Código particular. 

Lucas 17, 2 y el silencio 

De esta historia larga, en que lo principal siempre es la “imagen institucional”, por encima de las quejas de las personas –adolescentes, niños, mujeres, curas o monjas-, es de la que pretenden huir cuantos se sienten implicados en esta zafiedad. No entienden que hay daños a reparar, tal vez por creerse distintos y superiores al resto del género humano, privilegiados por tener la Verdad a su disposición. No va con ellos que, entre los cientos de miles de niños y niñas que han pasado por sus instituciones confesionales –particularmente por sus seminarios, conventos y colegios-, pueda haber muchos o pocos dañados en lo más íntimo de su personalidad, a los que se les haya podido estropear la vida. Como la institución a la que dicen servir es sagrada, inviolable y “sociedad perfecta”, no es responsable, y ellos tampoco por estar a su servicio. Ni parece importarles que, con actitudes como la que ha dado a entender este experto en Derecho Canónico, condenen a las víctimas a prolongar su silencio.  

En una historia de tantos juguetes rotos –con el pretexto de Dios-, si no por coherencia con lo que el Evangelio de Lucas 17, 2 dice respecto al escándalo de los más inocentes, al menos debieran estar advertidos de lo que quienes, como Alice Miller, estudian la violencia en la infancia, dicen: “El cuadro de los malos tratos sufridos en la infancia no aparece todo de un golpe, sino como un largo proceso en el curso del cual nuevos aspectos emergen poco a poco con la conciencia. Solamente llega a ser perceptible cuando se es adulto, ya que el niño no tuvo otra elección que la de sufrir durante años en silencio”. Es decir,  si no adoptan otra actitud más democrática, las tropelías hechas en el pasado no han hecho sino empezar a llamar a su puerta, porque, igual que le sucedió a Marlow, el horrorizado protagonista de El corazón de las tinieblas de Conrad, han dejado detrás mucho que contar, y tendrán que afrontarlo en las comisiones que, de uno u otro modo, sacarán al aire, no solo las miserias, sino los fariseísmos con que tratan de tapar la hipocresía que esconden tras fórmulas privilegiadas de trato legal.

MMC (Madrid, 02.02.2022)

lunes, 3 de mayo de 2021

#MiPequeNoQuiereUnaMedalla (vídeo)

 


#MiPequeNoQuiereUnaMedalla

Acordarse de la infancia de la Comunidad de Madrid solamente cuando se acercan unas elecciones dice mucho de nuestra clase política. Nuestras hijas e hijos no quieren su medalla, señora presidenta.

💚 Quieren que no desmantele la Educación y la Sanidad Públicas.

🌈 Quieren tener entornos escolares seguros lejos de ruidos, humos, basura, tráfico, industrias...

🌷 Quieren más parques y zonas verdes que estén bien cuidados.

🚫 Quieren no ser objeto de su instrumentalización política.

👦👧Quieren que se les escuche de verdad.

Cuiden sus derechos, eso es lo que de verdad se merecen.

jueves, 22 de abril de 2021

La Comunidad se desentiende de los niños de la Cañada que viven sin luz: recomienda a los colegios comprarles “tarjeta móvil de datos” (Pablo 'Pampa' Sainz para ELSALTODIARIO.COM)

 Reproducimos esta información de ELSALTODIARIO.COM


Dos meses después de que más de cuatrocientos docentes escribieran a la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid solicitando una mediación para restituir el suministro eléctrico en la Cañada Real Galiana y así “asegurar el derecho a la educación” de las niñas y niños afectados por el corte de luz, el consejero Enrique Ossorio Crespo ha respondido desentendiéndose de cualquier responsabilidad y dictando algunas “recomendaciones” para que sigan siendo los centros educativos los que asuman la delicada situación.

Casi como si no corriera prisa, Ossorio se ha tomado más de sesenta días para responder a una plantilla docente que ha tenido que extremar sus recursos e ideas para solventar una situación inédita, que una parte importante de su alumnado tenga que vivir —hace ahora seis meses— sin energía eléctrica en sus hogares. La carta ha sido recibida por la dirección de los colegios a donde asiste alumnado que reside en los sectores 5 y 6 de la Cañada Real, afectados desde hace seis meses por la falta de energía.

En respuesta a la carta de más de cuatrocientos profesores para pedirle una mediación por la infancia de la Cañada Real, Enrique Ossorio les sugiere que compren y presten tarjetas móvil de datos

“Quiero agradecerles todas las actuaciones desarrolladas que han favorecido el proceso de enseñanza-aprendizaje en esta situación crítica, minimizando, en la medida de lo posible, los efectos que ha causado la interrupción del suministro eléctrico en este entorno madrileño de la Cañada Real Galiana. Somos conscientes de que los centros han respondido con entrega a estas dificultades, dentro de las posibilidades que les otorga su autonomía organizativa y metodológica”, ha respondido el consejero sin hacer mención al problema de fondo: que 4.500 personas, entre ellas 1.812 menores de edad, se están viendo obligadas a vivir sin luz por el corte producido el 2 de octubre de 2020.

En el escrito presentado el 9 de febrero por el claustro docente de una veintena de centros de educación primaria y secundaria ubicados en los distritos de Vicálvaro, Villa de Vallecas, y del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, se denunciaba que no se estaba respetando “el interés superior del menor” y que a consecuencia de la situación temían “por la seguridad y salud de estos niños por los problemas de habitabilidad que presentan sus hogares”.

“Actualmente habitan en una zona marginal comparable a la de los campos de refugiados, que no les permite tener una educación cerca de sus viviendas, a pesar de vivir tan solo a 10 kilómetros de la capital de España, y donde carecen de los servicios básicos (imposibilidad de acceso al agua caliente impidiendo el aseo diario, dificultad para realizar la colada conllevando la falta de higiene y apariencia adecuada, falta de una alimentación equilibrada, falta de calefacción generando casos de hipotermia, etc.)”. denunciaba el profesorado en el documento firmado.

Enrique Ossorio, pese a que la Consejería de Educación y Juventud participa en la Comisión de Trabajo Social del Comité Ejecutivo de la Cañada Real Galiana, solo admite que desde su área han “estado analizando las consecuencias de la interrupción del suministro eléctrico”, pero no da ninguna respuesta ni especifica ninguna actuación que pudiera beneficiar la educación de los menores.

En tal sentido se limita a puntualizar cinco recomendaciones en las que destacan priorizar tutorías, habilitar zonas para que el alumnado pueda recargar sus dispositivos electrónicos y reorganizar clases “con el objeto de que los escolares que tienen problemas para conectarse telemáticamente desde sus casas, puedan hacer efectivo el proceso de enseñanza aprendizaje”.

La más singular, la que invita a “facilitar los medios materiales a su alcance para mitigar la situación de desventaja, como por ejemplo la adquisición y préstamo de tarjeta móvil de datos”.

jueves, 8 de abril de 2021

Del cuaderno y el lápiz a la tablet: ¿tiene consecuencias que niños y niñas dejen de escribir a mano en los colegios? (Patricia Gea para eldiario.es)

 Artículo de Patricia Gea para eldiario.es

  • La importancia de escribir a mano varía según la etapa en la que los menores se encuentren, pero es clave cuando están aprendiendo las letras. Más adelante, beneficia la capacidad lectora y de retención

7 de abril de 2021

Hasta hace no muchos años, el gesto natural de un alumno o alumna al llegar a clase era el de poner encima de la mesa el cuaderno y el boli, pasar las páginas y ponerse a escribir. Tenía que apresurarse para seguir el dictado del docente, se equivocaba, tachaba, tomaba apuntes de los esquemas de la pizarra. En las aulas de hoy, superado el umbral de aprendizaje de lectura y escritura, las notas a mano están dejando paso al teclear, al deslizar con el dedo, borrar con un solo botón, compartir archivos.

jueves, 1 de abril de 2021

Una ‘Revuelta Escolar’ pide calles abiertas y seguras en los colegios (Ciudades Amigas de la Infancia - UNICEF)

 REPRODUCIMOS ESTE TEXTO DE CIUDADES AMIGAS DE LA INFANCIA


  • La iniciativa de las asociaciones de familias de alumnos y alumnas demanda el cierre al tráfico de calles colindantes a los colegios para garantizar entornos escolares seguros
  • La propuesta, que nació en Barcelona y ha recorrido numerosas ciudades, ya ha conseguido su primera victoria en Madrid

 

Las calles que rodean los colegios son como las otras calles; sin embargo a determinadas horas, como las de inicio o final de las clases, sufren tanta o más congestión de tráfico que las demás. Cada vez más estudios demuestran que los niños y niñas son especialmente vulnerables a la contaminación por partículas en el aire y a la acústica, así como a la falta de seguridad vial. Por eso muchas voces piden que estas calles escolares estén cerradas al tráfico para proteger a los alumnos y sus familias de estos peligros y, a la vez, convertir estos espacios en zonas de juego, socialización, conversación, puntos de encuentro, etc.

Ante la falta de medidas ha surgido el movimiento Revuelta Escolar: una iniciativa de protesta por la cual cada 15 días miembros de Asociaciones de Familias de Alumnos (AFA), entidades vecinales, profesorado y los propios niños y niñas están realizando cortes de tráfico a la salida de los colegios para pedir que esos cortes se conviertan en medidas permanentes. Su objetivo es una mayor seguridad en los entornos escolares con la reducción o corte de tráfico y obligar a las autoridades a reflexionar y reaccionar.

 

El origen de la ‘revuelta’

 

Frente a un modelo urbanístico que da absoluta prioridad a los coches, la pandemia ha dejado claro la gran necesidad de ciudades más inclusivas, saludables, verdes, centradas en las personas y que cuenten con espacios públicos al aire libre que los niños y niñas puedan disfrutar. Ejemplos como el de Pontevedra, ciudad de casi 85.000 habitantes y en la que antes de la pandemia el 80% de los niños y niñas iban andando solos al colegio, y la mitad sin que una persona adulta los acompañe, resultan inspiradores y muestran que un modelo que da prioridad al peatón es posible.

En diciembre de 2020, unos padres y madres en Barcelona, preocupados por los datos de la polución en su ciudad, comenzaron a ofrecer charlas para sensibilizar sobre ese problema y crearon una web que informaba sobre los niveles de contaminación en los entornos escolares de la ciudad Condal. «Hicimos visible algo que no era visible: la polución. Las familias empezaron a cuestionarse: por qué la escuela está contaminada, cómo afecta a nuestra salud», explica Guille López, padre de dos niños, en un evento online sobre la iniciativa School Rebellion en el que participantes de varios países compartieron sus experiencias.

Así empezaron las protestas los viernes tras el cierre de escuela, hasta que decidieron unificarlas en un mismo día y hora. Una veintena de colegios barceloneses celebraron una protesta el 11 de diciembre a las 4.30h. «Al siguiente viernes el número de escuelas se multiplicó y se expandió a otras ciudades. El sexto viernes hubo 67 cierres de calles», cuenta López. Por medio de una página web se organizan y explican los pasos a dar para unirse a la iniciativa (que incluye un primer paso de notificar a la policía sobre el cierre de las calles), así como pósters y materiales para comunicar la acción. Es importante, añade, hacer sentir a las asociaciones que son parte de un movimiento.

Así, la Revuelta Escolar pasó de Barcelona a otras ciudades: Madrid, Bilbo, Girona, Sabadell, Badalona, Sant Cugat y Melilla. El pasado viernes 26 de febrero, en la sexta jornada consecutiva de protestas, fueron más de 75 centros movilizados en ocho ciudades. En Madrid, la ciudad europea con mayor mortalidad debido a la contaminación por tráfico, un total de quince centros escolares protagonizaron cortes de calles los pasados 25 y 26 de marzo.

 

Revuelta Escolar

Calle cerrada al tráfico junto al colegio Menéndez Pelayo, en Madrid. Diana Moreno

 

Pero no se trata de un movimiento exclusivo de España: en muchas otras ciudades hace años que se llevan a cabo protestas similares, orientadas a pedir la pacificación de los entornos escolares.

Un ejemplo es Bélgica donde, tras la publicación en 2018 de un estudio de Greenpeace sobre el efecto de la polución en los niños, un grupo de madres y padres hizo una reunión espontánea y decidió que había que hacer algo. «Dijimos, vamos a cerrar las calles, mandaremos una carta a todos los políticos para que acudan. No podemos aceptar esto», cuenta Anneka, una de las participantes. Entonces eran apenas 15 personas, pero al día siguiente hubo una manifestación masiva.

Ahora realizan acciones-protesta cada viernes, al terminar el colegio. «Cerramos las calles, servimos café, invitamos a los políticos a un café y a que escuchen lo que queremos. Organizamos todo tipo de actividades con los niños para mostrar qué sucede cuando no hay coches y utilizas el espacio público de otra forma». Cada viernes intentan hacer acciones creativas: transformar una parada de autobús en bar, tocar música, hacer juegos con burbujas de jabón… Participa un total de 278 colegios en diferentes ciudades de Bélgica.

En Londres, Jane Dutton, del colectivo Mums for Lungs, cuenta que ellas comenzaron con las acciones hace ya cuatro años, y que han tenido efecto: han logrado que se implanten medidas en 32 distritos de la capital británica, y un informe recientemente publicado por el Ayuntamiento de Londres ha demostrado que la iniciativa School Streets ha logrado una reducción del 23% del dióxido de nitrógeno durante el periodo escolar. “Creo que el COVID nos ha hecho un gran favor porque los distritos nunca se hubieran comprometido a hacer algo así antes», comenta Dutton.

 

«No queremos cerrar las calles, sino abrirlas a la gente»

 

Calle cerrada al tráfico junto al colegio Miguel de Unamuno, en Madrid. Diana Moreno

 

En España, entre los centros que se ha sumado a esta iniciativa está el colegio Miguel de Unamuno, en Madrid: un centro al que asisten 900 alumnos y a cuyas puertas se reúnen cada mañana 1.300 personas entre niños, niñas y familiares. Las calles adyacentes tienen dos carriles que acogen cada mañana un volumen excesivo de tráfico: “Aunque las entradas están escalonadas hay mucha gente en aceras muy estrechas”, explican desde el colectivo Revuelta Escolar, con los riesgos que ello implica: hace una semana, cuentan desde la plataforma, una profesora resultó atropellada en un pie con un coche antes de empezar las clases. A eso se le suma, en tiempo de crisis sanitaria, la necesidad de mantener una distancia de seguridad, algo que puede resultar difícil.

Desde la Plataforma Revuelta Escolar han propuesto medidas a largo plazo de calmado de tráfico, de mejora peatonal del entorno escolar, por un entorno escolar más saludable: “Que se reduzca la velocidad, que pueda haber menos aparcamiento y más espacio para las personas… Que se entienda que esto no es una calle cualquiera”, explica Mateus, de Revuelta Escolar y padre de un alumno de ese centro. También solicitaron que transformaran el carril para aparcar en acera para peatones.

“El hecho de que no se pueda acceder en coche hasta la puerta también nos va a ayudar a evitar problemas de disciplina de las propias familias que terminan aparcando en doble fila, algo que genera congestión, problemas de ruido, humo… Se congestiona como si fuera una vía principal, y es una calle local”, añade Mateus.

 

Calle cerrada al tráfico junto al colegio Miguel de Unamuno, en Madrid. Diana Moreno

 

Son medidas que en este centro se comenzaron a reivindicar antes de verano para garantizar una vuelta al cole segura, pero sin obtener respuesta. Cuando la ciudad de Barcelona acogió la primera manifestación de la Revuelta Escolar, decidieron unir fuerzas y recuperar sus demandas. Ahora, están a la espera de que el Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad estudie sus propuestas.

Aunque estas medidas son a largo plazo, de manera urgente han propuesto a la Junta Municipal un corte de tráfico de las dos calles adyacentes al centro durante los 40 minutos previos a las clases y los 40 minutos posteriores, con idea de que se convierta en una medida permanente. Mateus insiste en que no se trata de cerrar la calle: «Al revés, la abrimos: la calle está cerrada a las personas, solo abiertas para el tráfico motorizado. Reivindicamos abrirla para las familias”.

 

Participación de los niños, niñas y familias

 

Revuelta Escolar

Calle cerrada al tráfico junto al colegio Menéndez Pelayo, en Madrid. Diana Moreno

 

La celebración de estos cierres de tráfico quincenales a las puertas de los colegios tiene un aspecto festivo: calles que habitualmente tienen tráfico ahora están cerradas, convertidas en lugar de encuentro con las necesarias medidas de seguridad, repletas de música y de charlas. Y por supuesto de niños y niñas “invadiendo” las calles, llenando el asfalto de dibujos de tiza, jugando al fútbol o a la comba. “Es un paisaje muy distinto a lo que vemos todos los días, que serían filas de coches y los niños y niñas aquí apretados en la acera”, describe Mateus.

Los eslóganes que llenan la calle en forma de pintada de tiza o carteles los han escrito los niños y niñas: “Queremos más zonas verdes”, “más bicis y menos coches”, “queremos jugar en la calle”, “menos contaminación”, etc. Es un hecho que las generaciones más jóvenes son las más afectadas y también las más concienciadas con los problemas medioambientales. Mateus reconoce que se ha tenido en cuenta a los alumnos en las reuniones quincenales, y que la iniciativa sirve además para reforzar las redes comunitarias: «La semana que no abrimos la calle estamos en el parque preparando el material, hacemos las pancartas, vamos hablando con las familias… Así también se va creando comunidad y cultura de barrio, y la gente del colegio se va conociendo”.

En Madrid, las movilizaciones han cosechado su primera victoria: el Ayuntamiento ha accedido a ampliar las aceras frente a uno de los centros escolares participantes, el colegio Asunción Rincón, en Chamberí. Pero la revuelta por unos entornos escolares seguros sigue adelante.