jueves, 2 de abril de 2020

NP sobre el cobro de las cuotas voluntarias a las familias

FAPA Francisco Giner de los Ríos nos envía esta nota de prensa:

Estimadas/os amigas/os:

Adjuntamos enlace a la nota de prensa que acabamos de realizar sobre el mantenimiento de las “cuotas voluntarias” por parte de los centros privados-concertados a las familias también durante la suspensión de clases presenciales.


Enlace a la nota informativa:
www.fapaginerdelosrios.org/documentos?EntryId=2286&Command=Core_Download


Recibid un cordial saludo

FAPA FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
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Varias comunidades mantienen la orden de no cubrir bajas de profesorado en plena crisis sanitaria (Patricia Reguero para elsaltodiario.com)

Artículo de Patricia Reguero para elsaltodiario.com

Las administraciones educativas dieron orden de no cubrir las bajas del profesorado no universitario al decretarse el cierre de los centros. CC OO recuerda que la actividad educativa no se ha paralizado y advierte de las consecuencias laborales y educativas de mantener esta decisión.
1-4-2020

Suspender de manera temporal las convocatorias de asignación de necesidades de sustitución del personal docente de los centros públicos no universitarios, es decir, no cubrir las bajas del profesorado. Esa es la decisión que tomaron diferentes administraciones educativas después de que la crisis del coronavirus forzara a cerrar los centros de enseñanza, primero en Madrid, el 11 de marzo, y luego en todo el Estado a partir del lunes 16 de marzo. Sin embargo, la enseñanza no solo no se ha paralizado sino que ha tenido que reinventarse en apenas 24 horas para convertirse en un sistema a distancia.

“No se entiende la decisión de no cubrir bajas porque la actividad educativa no se ha paralizado y sigue totalmente en marcha”, explica José María Ruiz, secretario de Educación Pública No Universitaria de la Federación de Enseñanza de CC OO. Para este sindicato, es “inadmisible” que en un contexto tan difícil como el actual, un profesor no sea sustituido inmediatamente si enferma, como de hecho está ocurriendo. “Un profe de secundaria puede llegar a tener 200 alumnos, si está de baja esos alumnos no van a recibir una asignatura, y si es coronavirus la baja es larga”, añade.

Además, sigue Ruiz, hay que tener en cuenta la dimensión laboral y cómo paralizar los llamamientos tiene un impacto en la situación laboral del profesorado interino que va más allá de no ser llamado a trabajar unos meses ya que, por ejemplo, del tiempo trabajado depende también si ese profesional va a percibir o no un sueldo en verano. “Creemos que la labor educativa se va a ver afectada y también las condiciones laborales”, asegura.

Ante esta situación, las federaciones territoriales de CC OO han hecho las comunicaciones pertinente a las direcciones de personal de las consejerías de las comunidades autónomas sin obtener respuesta. El sindicato tampoco ha obtenido respuesta ante la comunicación escrita a la ministra de Educación, ni ante la petición verbal que han solicitado al Secretario de Estado de Educación, ni a la comunicación al Ministerio de Política Territorial y Función Pública.

Así, hasta ahora, al menos la Comunidad de Madrid, Andalucía, Navarra, Castilla La Mancha y Asturias. Según CC OO, la mayor parte de las comunidades han paralizado los procesos de sustitución a través del sistema habitual de llamamientos.

La Rioja, que también suspendió los llamamientos, dio marcha atrás el 26 de marzo. “Si ha sido así, es gracias a la presión sindical”, dice Ruiz.

MARCHA ATRÁS
Castilla La Mancha seguirá el camino de La Rioja y ya ha mostrado su intención de revertir la paralización de los llamamiento, como anunció este mismo martes. La resolución del 3 de marzo de la Dirección General de Recursos Humanos de la Consejería de Educación que suspendía los procedimientos de adjudicación de plazas a interinos indicaba que así sería “hasta que se vuelva a reanudar la actividad docente”, pese a que la actividad no se paralizaba.

Ramón Izquierdo, secretario estatal de Acción Sindical del sindicato de enseñanza ANPE y Presidente de ANPE en Castilla La Mancha, hace una advertencia. “En Castilla La Mancha se ha asegurado que se van a reanudar los llamamientos, pero nos han dicho que se va a hacer en casos imprescindibles y de manera restringida”, explica. Para Izquierdo, es comprensible que se procure cubrir las bajas con profesorado del centro que ya conoce a los alumnos, dadas las dificultades de incorporar a alguien nuevo en esta situación, y entiende que esto pueda ocurrir sobre todo en Primaria, mientras que en Educación Secundaria la especialización del profesorado hace imposible este tipo de soluciones.

Izquierdo cree que la decisión de la cubrir las bajas no ha tenido una incidencia fuerte hasta ahora, pero advierte de que si esta situación se prorroga el impacto en la calidad educativa se va a hacer notar. “Se esperaba que el cierre de centros fuera dos semanas en las que además en muchas comunidades había días festivos, pero visto que se puede alargar sería de esperar que las consejerías reconsideren esta situación”.

Izquierdo confía en que las consejerías reconsideren la situación pese a que en algunos casos las indicaciones han sido específicas. En Andalucía, que no ha publicado ninguna actualización sobre la suspensión de llamamientos, indica que en una resolución de su Dirección General del Profesorado publicada el 16 de marzo que la toma de posesión del personal adjudicado el 12 de marzo de 2020 “queda diferida al primer día hábil siguiente a la finalización del estado de alarma”.

Ni ANPE ni CC OO pueden dar una estimación de cuántos profesores habría en este momento enfermos o de baja por coronavirus. CC OO, explica Ruiz, estima las bajas en función de los llamamientos de interinos. “Hasta final de año cuando tengamos datos de todo el curso no lo vamos a saber”.

CONDICIONES LABORALES DE LOS INTERINOS
“Es absurdo que la enseñanza esté a pleno rendimiento y se hayan parado los llamamientos”, dice un portavoz de ADIMA, la Asamblea de Docentes e Interinos de Madrid. ADIMA destaca que esta decisión tiene un doble prejuicio para los docentes. “La administración corta el grifo cuando tiene que sustituir a compañeros que se están poniendo enfermos con más asiduidad por esto, y en lugar de reforzar las plantillas hace lo contrario, y además deja a los interinos en la cuneta como es habitual, sin posibilidad de trabajar”.

De esta forma, los interinos quedan doblemente desprotegidos porque no se les llama y tampoco se los considera damnificados por el covid19, argumenta este portavoz. Adima recuerda que, en la Comunidad de Madrid, la administración no puede poner la excusa del confinamiento para paralizar unos llamamientos que se hacen a través de una aplicación online de modo que “el docente no tiene ni que pisar la Dirección de Área Territorial, porque puede ser citado a través del programa ARES y ponerse en contacto vía telemática con la dirección del centro”. “Confiamos en la Comunidad de Madrid haga lo mismos que La Rioja y revoque esta decisión pero ya están tardando”, señala este portavoz.


LA FECHA DE LAS OPOSICIONES, EN EL AIRE

Otra preocupación en el ámbito docente y especialmente entre los interinos es la de la fecha de la oposiciones de secundaria que hay convocadas para este año. El Ministerio de Educación y Formación Profesional ha pedido esta semana a las comunidades autónomas que trasladen sus propuestas sobre qué hacer con la convocatoria de oposiciones docentes previstas para el próximo mes de junio y que pueden tener que aplazarse por la crisis sanitaria del coronavirus. La posición que la Comunidad de Madrid es mantenerlas como estaban previstas salvo que se prorrogue el estado de alarma el próximo 11 de abril, en cuyo caso apostaría por celebrarlas en el verano de 2021. En Extremadura, este aplazamiento al verano de 2021 se hacía ayer mismo oficial, al igual que en Cantabria.

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El sistema educativo durante la crisis del COVID19 - Análisis y propuestas (Frente de Estudiantes. 2-4-2020)

Frente de Estudiantes nos envía este correo:

Compañeros y compañeras:

En primer lugar, esperamos que todos y todas estéis bien y os agradecemos la labor que vosotros y vuestras organizaciones estáis realizando estos días.

Os enviamos adjunto en el presente correo un informe acerca de la situación educativa durante la pandemia del COVID19, en el que recogemos el conjunto de problemáticas que afectan al estudiantado y, dentro de éste, al más vulnerable y con menos recursos. Este análisis se encuentra vinculado a una serie de propuestas concretas, así como a reflexiones de corte más general que miran a las necesidades del sistema educativo más allá de esta crisis pero que estas semanas se han hecho más evidentes.

Sabemos que la situación es cambiante y muchas de las propuestas podrían quedar obsoletas o sujetasa actualización. Por eso, hemos querido situar un marco general que haga el documento útil en cualquier momento de esta pandemia. Estamos abiertos a cualquier sugerencia o valoración y esperamos que el documento sea de utilidad para conocer la realidad del estudiantado y abrir un debate sobre los retos que se nos presentan tras estos momentos difíciles. 


miércoles, 1 de abril de 2020

Ficción educativa en tiempos de confinamiento (Jesús Rogero para eldiariodelaeducacion.com)

Artículo de Jesús Rogero para eldiariodelaeducacion.com

25/03/2020

Pretender hoy que el sistema educativo realice adecuadamente su función a distancia es una fantasía que conduce a la frustración e incrementa las desigualdades educativas.

Como toda la sociedad española, el sistema educativo se ha visto obligado a adaptarse de forma drástica a la actual emergencia sanitaria. La histórica decisión de suspender la actividad en los centros escolares ha forzado a las autoridades educativas a reaccionar con rapidez. Tanto el Ministerio de Educación como el conjunto de las comunidades autónomas decidieron, implícita o explícitamente, primero, continuar con la actividad docente por medios telemáticos, y segundo, avanzar con la impartición de contenidos.

Estas decisiones están exigiendo a los docentes y a las familias un gran esfuerzo: los primeros para adaptar los contenidos y metodologías al confinamiento de su alumnado, y las segundas para responder a las demandas escolares. En ambos casos, el objetivo es suavizar el impacto académico del parón. Pero este gran esfuerzo no está evitando que la sensación de impotencia se extienda entre la comunidad educativa, porque se está evidenciando que no es posible cumplirlo. Dicho de otra manera: pretender hoy que el sistema educativo realice adecuadamente su función a distancia es una fantasía que conduce a la frustración e incrementa las desigualdades educativas.

En primer lugar, el proceso educativo exige desarrollar contenidos para el alumnado de forma interactiva y hacer un seguimiento individualizado del aprendizaje, es decir, guiar y supervisar qué se hace y cómo se hace. Ambos elementos no son factibles sin la presencialidad. A ello se suma que hay contenidos y habilidades esenciales del curriculum que no pueden aprenderse ni evaluarse si no existe relación física entre el alumnado y el profesorado, y del alumnado entre sí, como la comunicación oral (en el idioma propio y en otras lenguas), la educación física, el trabajo en equipo, la educación musical o la educación en valores (gestión de las emociones, resolución de conflictos, etc.). Las dificultades se agravan cuando niños y niñas necesitan una metodología inclusiva con especialistas, materiales y entornos adaptados.

En segundo lugar, la decisión de proseguir con el curso implica, de un día para otro y sin preparación alguna, que todas las familias asuman nada menos que la educación formal de sus hijos e hijas. En el mejor de los casos, esta solución está diseñada para familias con condiciones materiales, tiempo y formación suficientes como para llevarla a cabo. Sin embargo, la realidad es que la mayoría carece de los recursos imprescindibles para realizar las funciones que hasta hace unas semanas cumplía el sistema educativo.

En ese sentido, hay muchos hogares donde los dos miembros de la pareja trabajan, ya sea fuera de casa o con teletrabajo. En esos casos, niñas y niños pueden quedarse solos (si son mayores) o ser cuidados por otras personas, lo que dificulta enormemente su acompañamiento académico. En otras situaciones en las que sí es posible lo que faltan son habilidades tecnológicas, capacidad pedagógica o unas condiciones materiales apropiadas.

El derecho a la educación incluye la garantía y provisión gratuita de los recursos necesarios para el aprendizaje. La situación actual fulmina este derecho porque, y doy solo algunos datos, el 18% de la infancia vive en un hogar con problemas de humedad o aislamiento, el 13% no tiene ordenador en casa, el 11% pasa frío en invierno de forma cotidiana, el 10% no dispone de Internet, el mismo porcentaje no cuenta con el espacio necesario y el 5% carece de luz suficiente. En conjunto, cuatro de cada diez niñas y niños vive en un hogar sin condiciones adecuadas para el estudio, limitaciones que se agravan de forma dramática en aquellos hogares con pocos ingresos (ver gráfico). Si los recursos influyen de forma determinante en el aprendizaje en condiciones normales, es seguro que en un contexto de confinamiento influirán mucho más.

Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida 2016.

Por último, la mayor parte del sistema educativo no está preparada para afrontar un cambio tan profundo de forma tan rápida. Existe una evidente carencia de metodologías y contenidos adaptados a una enseñanza online de calidad, faltan plataformas que garanticen un buen funcionamiento para todo el alumnado y no podemos soslayar que una parte de los docentes carece de las competencias requeridas o, incluso, de la tecnología necesaria en sus propios hogares.

Con todo lo anterior no estoy diciendo que no sea conveniente que los niños lean, trabajen, estudien y se enriquezcan en este tiempo de encierro. Al contrario: es lo deseable. Pero carece de sentido pretender que el curso puede seguir con normalidad. Nadie debe verse perjudicado por esta situación y el sistema educativo debe tratar de mantener su función compensadora de las desigualdades. En un contexto como el actual, el planteamiento debería ser priorizar las necesidades del alumnado desaventajado, en lugar de diseñar soluciones irreales para él.

De acuerdo con esta lógica, lo deseable sería, primero y mientras dura la suspensión de las clases, ofrecer recomendaciones adaptadas a la realidad de las familias, con el fin de consolidar lo aprendido, y detener la impartición de contenidos nuevos. Los docentes, en lugar de estar pendientes de avanzar con la materia a distancia, podrían poner el énfasis en contactar con todas las familias y asegurarse de que les llegan las recomendaciones, pero quitando la presión de cumplir a rajatabla lo propuesto. Aun así, hay que asumir que habrá familias a las que los docentes no podrán llegar.

En segundo lugar, deberíamos anticipar los efectos de este parón en el alumnado, para compensarlos a posteriori. Existen muchas formas de hacerlo, pero la principal es redoblar los recursos docentes para apoyar de forma personalizada a quienes que se hayan visto más perjudicados educativamente por el confinamiento. No queda otra opción que navegar en la incertidumbre, lo que implica trabajar en diferentes escenarios de fecha de retorno a las aulas e, incluso, de nuevos confinamientos en el medio plazo. Cualquiera de ellos representa una crisis educativa sin precedentes que exige adaptar los recursos, las metodologías y los calendarios escolares, con el objetivo de que todo el alumnado, sin excepción, pueda seguir aprendiendo.

Las clases no están suspendidas


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Paisajes sonoros del COVID-19 (Manuel Menor)


Lo que más suena estos días es el silencio. Este Coronavirus nos pone al alcance profundas sonoridades que arrastramos de muy lejos.

El silencio sonoro no es un contrasentido. Es condición para que los buenos poetas  saquen a brillar la esencialidad de las palabras  y las dispongan para que suenen espléndidas. Eso es la poesía: silencio sonoro. A los místicos de verdad los distingue de la verborrea cursi por la contemplación que les permite. Juan de Yepes -San Juan de la Cruz- escribió en prisión su Cántico espiritual, que cantaba en la inquisitorial soledad carcelaria. En sus consideraciones sobre la relación profunda que pueda haber del hombre con Dios y viceversa, el silencio es requisito recurrente: no lo alcanza el sentido” y es en silencio donde acontece: “Las palabras de la sabiduría óyense en silencio” (Llama de amor viva, 67). 

Novedosos paisajes sonoros
Lo que dice Juan de Yepes parece contradictorio con lo que estos días vivimos. A menudo, da la impresión de que el silencio es sufrimiento, nos choca y nos hastía.  Probablemente porque nos han educado en el ruido y en que caminemos como burbujas aisladas, sumidas en nuestras obsesiones individuales, siempre dispuestos a incordiar a la más mínima coerción que sintamos sobre nuestro solipsismo. Eso explicaría muchas anomalías que percibimos estos días de aislamiento impuesto. No es un mundo que hayamos elegido a la búsqueda de sentido para la existencia. Vamos por la cuarta revolución Industrial -la del 5G y de la Sociedad del Conocimiento-, pero desde la primera, el silencio nos cuesta, es una experiencia desconcertante para los que vivimos en la España no vaciada. 

Estos días, contrarios a cuanto nos parece importante -empezando por la ensordecedora economía- nos aburrimos al estar parados y no saber qué hacer. Empezamos a mostrar signos de neurosis; en comunidades de vecinos, no es raro que alguien se ponga la música a tope, que otro le conteste con la radio a todo volumen, o que haya quien no se corte montando su jolgorio o desentumeciendo el cuerpo como si estuviera solo... 

Aprendizajes
Y, sin embargo, también el silencio puede hacer oír gestos menos competitivos, más agradables para la convivencia. Sumirse en el silencio es complicado, pero puede ayudar a fortalecerse ahora cuando se sale fugazmente a la calle a buscar el pan o algún analgésico. Con el barrio paralizado -como si un viento gélido lo hubiera barrido-, se puede aprender mucho, aunque nadie nos haya preparado. Igual que no puede haber buena música sin silencios y no hay arquitectura sin espacios vacíos, no habrá buena convivencia si no tenemos silencio para aprender y compartir. Se puede preguntar uno, incluso, sobre la educación a que quieren conducirnos  quienes pretenden confiar a los pequeños a tanta tecnología algorítmica sin la proximidad de profesores o maestros. 

También estamos aprendiendo a agradecer. Quien haya inventado los aplausos de las ocho de la tarde ha tenido una gran idea para dar sentido al silencio. Aunque nos podrá  estar  sentando fatal este parón, podemos dar algo de nosotros aplaudiendo a esa hora a cuantos cumplen y arriesgan en su trabajo, en particular a los profesionales sanitarios, pero también a quienes están ante un público medio perdido, con muy diversos modos de presencia laboral para que podamos tener cierta calidad de vida durante este tiempo incierto. Aplaudamos a quienes se lo merecen. En esta silenciosa sonoridad en que estaremos inmersos, al menos hasta el once de abril, no estaría mal que aprendiéramos a distinguir. Sin ruido se aprecia mejor que no es oro todo lo que reluce. No todos los que se arriman a la necesidad que se ha evidenciado son meritorios. Las generosidades acompañadas de espléndidas notas de prensa publicitaria no arropan; tampoco los postureos acomodaticios al telediario, ni las patrioteras histerias oportunistas, ni los milagreros crecepelos… Hasta  en el Congreso de Diputados, si se presta atención, esa condición para oír y escucharse permite distinguir mejor las palabras de las voces. 

Lo común
Estos días está en alza lo común; hasta en Europa, donde los del Norte parecen ajenos a los del Sur, que no han elegido ser diferentes. Pero alégrense por el trabajo de unas 300 personas anónimas que, en escasos tres días, han dispuesto, dentro del pabellón nueve de IFEMA (la Feria de muestras de Madrid),  un hospital de campaña para 1500 camas con UCI incluida, tomas de oxígeno, etc. Lo fantástico es que lo han hecho en silencio, guardando cola para participar. Esas personas dispuestas a echar una mano en lo que sabían hacer y lo han hecho sin dar el cante, mostrando gran capacidad de adaptación a una complicada logística, son un potencial digno de muchas empresas que bien podemos emprender si nos lo proponemos. 

Este criterio del servicio público es muy útil para distinguir y valorar, porque permite apreciar que solo en lo público hay verdadera intercomunicación social, distribución de bienes y riesgos por igual, entre todos, sin listillos por medio. Cabe alegrarse, por tanto, de que a la Sra. Aguirre y a su marido les haya sido de provecho su paso por la Fundación Jiménez Díaz: ¡Enhorabuena! Lo que no se entiende –o alguien sobreentiende- es a qué haya venido indicar que les habían atendido en un “centro público”. Conocida es la gestión privada de este centro hospitalario; ha pasado por tantas manos –y siempre al alza en el intercambio de su rentabilidad- contando siempre con contratos millonarios para la supuesta gestión privada, que en vez de un centro público de todos, más parece que sea de unos pocos. La ingeniería neoliberal de las finanzas públicas, tan creativa, debiera explicárselo a los sanitarios de la marea blanca ahora, en una situación de emergencia en que les falta de todo; después de 16 años en que les han ninguneado, recortado y hasta perseguido. 

El silencio es estupendo para ver y distinguir. Se puede aplaudir si se lo pide a uno el cuerpo, pero la soledad es fatal si se deja uno engatusar por el primero que alardee de ser el estupendo del lugar. Investigue cada cual, averigüe las buenas cifras de proporción de sanitarios, camas hospitalarias o de UCI, que le tocarían en tiempo normal; y si el tiempo que haya  tenido que esperar para que le hicieran alguna intervención o para que un especialista le leyera unos análisis para diagnóstico es correcto. Pronto tendrá criterio propio para concluir que, si los datos ordinarios de su Comunidad autónoma son los correctos -respecto a los estándares de calidad que hay internacionalmente establecidos-, no deba tener un pánico especial. Alármese, sin embargo, si no es así: lo que acompaña a este COVID-19 no es especialmente aleatorio; sabe bien donde tiene más probabilidades de éxito: en algunos hospitales y centros geriátricos tiene muchas más bazas para salirse con la suya. 

¡Ojalá se libren ustedes! pero que nadie les tome el pelo en medio de este silencio obligado. Es fantástico que, de repente, hayan surgido tantos iluminados con más preocupación y conocimiento que nadie. ¡Ánimo, de todos modos, y mucha suerte!

Manuel Menor Currás
Madrid, 27.03.2020

"Estamos educando a los niños y las niñas en contra de su propia supervivencia" - El Diario de la Educación

Pablo Gutiérrez de Álamo entrevista a Yayo Herrero para eldiariodelaeducacion.com

  • Yayo Herrero es una de las voces principales del ecofeminismo. Hablamos con ella para analizar la situación en la que nos encontramos, los retos que habría que afrontar en los próximos meses para que, tras la crisis sanitaria, se enfrente la crisis económica y social de un modo diferente a como se hizo en 2008.
31/03/2020

Empieza la tercera semana de confinamiento, con medidas más restrictivas en este sentido, que intenta aliviar la presión sobre el sistema sanitario. Un sistema que se ha visto desbordado de mil maneras. Todo el país, todo el sistema, se encuentra en una situación similar. Hasta el 9 de abril solo podrán salir a trabajar aquellas personas que lo hagan en sectores estratégicos.

Yayo Herrero cree que es necesario plantear unas nuevas políticas sociales y económicas más cercanas a lo sociocomunitario, que permitan, entre otras cosas, una redistribución de la riqueza (para evitar que las capas sociales menos favorecidas no sean quienes paguen el pato de la crisis económica derivada del coronavirus). Para ella, entre otras cosas, la situación actual ha puesto de manifiesto cómo los trabajos de cuidados, invisibilizados y poco valorados habitualmente, se han tornado esenciales para sostener el confinamiento. Intentamos sacar algunas conclusiones sobre qué hacer para que no salgamos de la crisis actual como lo hicimos de la de 2008.

Parece que la crisis sanitaria está rompiendo ciertas costuras del sistema. ¿Cómo ves la situación?

La crisis sanitaria, del COVID-19, ocurre en un marco fuertemente tensionado. En 2008 se desencadenó la crisis anterior y la salida se basó en políticas de “austericidio”, en políticas de recortes de servicios públicos, del rescate y el mantenimiento de las estructuras financieras. En muchos casos, a costa de una precarización de la mayor parte de la gente.

Por un lado, el importante desmantelamiento de la red de servicios públicos: sanidad, educación, dependencia; y por otro lado, la fragilización del trabajo, es decir, que las condiciones laborales que ya eran frágiles, se deterioraron mucho más. Antes de las crisis del COVID-19 éramos un país con altas tasas de desempleo, con gran cantidad de empleo de baja calidad (ya sea por la temporalidad o por la parcialidad), personas que tienen trabajo pero son pobres, fuerte crisis habitacional con la generación de la burbuja, ahora, alrededor de los alquileres y un modelo económico que, estructuralmente, es tremendamente dependiente. Dependiente de energía del exterior, de materiales, también en clave alimentaria y basado en el monocultivo como el turismo que es tremendamente frágil.

La crisis llega en ese marco estructural. Por delante, nos encontramos que las emergencias no son solo las sanitarias. Hemos declarado la emergencia climática, todas las proyecciones del IPCC dicen que nuestras economías se van a resentir por la influencia del cambio climático. Y esa crisis económica que venía siendo anunciada ya desde hace tiempo.

Esto es importante tenerlo en cuenta para analizar y tratar de presionar para ver qué tipo de políticas públicas se ponen en marcha para afrontar esta crisis sanitaria del virus. Si la salida es parecida a la de 2008, pero partiendo de un punto más precario, mucho más frágil, lo que podemos encontrarnos cuando todo esto termine es una situación de empobrecimiento generalizado y precarización aún mucho mayor. Y, sobre todo, cuando los discursos de corte ultra derechista, o neofascistas van calando en algunos sectores de la población que cada vez tiene más miedo, o que pretende blindar de alguna manera su propia situación identificando un enemigo que es el otro, el que está fuera, ante el que se tiene que defender.

¿No crees que habremos aprendido algo con respecto a 2008?

Ahora mismo no lo parece. Desde la UE se han hecho discursos grandilocuentes sobre cuántos millones de euros se iban a invertir en medidas sociales. Pero, en cuanto rascas un poco, ves que buena parte de esas medidas son más bien de impulso y sostén del sistema financiero. Dar dinero a los bancos para que tengan liquidez para prestar a la gente para salir por la vía del endeudamiento.

No da la impresión, a nivel Europeo, que 2008 haya dejado un aprendizaje interesante, al menos, desde el punto de vista de las condiciones de vida de las personas. Quizá desde otros puntos de vista, desde los intereses de los grandes capitales, sí; no les salió tan mal y por eso pretenden reeditarlo.

¿Y en el ámbito más local?

Si miras dentro de nuestros propio Gobierno, lo que va trasluciendo son también tensiones importantes. Una parte que quiere mantener un poco el pacto de estabilidad, el déficit, la dinámica un poco más neoliberal de fortalecimiento financiero; y otra parte del Gobierno que presiona para intentar sacar adelante medidas como la mejora de las condiciones de los ERTE, o la prohibición del despido a partir de ahora por causa del coronavirus. O algunas medidas que esperamos como la suspensión de alquileres, aunque sea con una pequeña protección a los propietarios que tengan alquilada la casa y sea su único ingreso.

Sin estar satisfecha y siendo bastante crítica, desde luego me planteo qué pasaría en esta circunstancia si tuviéramos un gobierno digamos completamente neoliberal.

A pesar de las tensiones, ¿dirías que la sociedad está viendo que los servicios públicos se han convertido en algo esencial?

Ese es de los grandes aprendizajes de las últimas semanas. Tengo la sensación de que una parte importantísima de la sociedad, diría mayoritaria, de repente es consciente de lo importante que es tener un sistema sólido de salud pública que hace que cualquier persona, venga de donde venga y tenga lo que tenga, tenga el derecho y la posibilidad de ser dignamente atendida en un hospital. Independientemente de que en este momento, la lógica de recortes haga que esté teniendo que hacerse en unas condiciones tremendamente precarias. Hay una explosión de reconocimiento, de agradecimiento hacia todas las personas que trabajan en el ámbito de la sanidad pública, y no solamente: cuidadoras, empleadas domésticas, reponedoras, carretilleras, transportistas… de repende, nos damos cuenta de que una buena parte de los trabajos, que por cierto, están mayoritariamente feminizados y que han sido absolutamente precarios, despreciados, mal vistos, desprotegidos, cuando llega el momento de afrontar una cosa de estas, son los que no pueden dejar de funcionar.

¿Miraremos a esos trabajos de otra manera a partir de ahora?

Creo que mucha gente probablemente sí. Para mucha gente lo que haya después va a ser distinto a lo que había antes y el ver, de repente, este frenazo, muestra una fragilidad de todo el sistema económico tremenda y cómo nuestras vidas, al final, dependen de un cúmulo de relaciones poco sólidas, precarias, muy basadas en la lejanía. Que cuando caen o se desploman nos llevan a todos por delante.

Es muy interesante también, creo, en sociedades tan atomizadas como las nuestras, sobre todo en los ámbitos urbanos, ver cómo precisamente, la orden de aislarnos, de tener que encerrarnos y mantener la distancia social, ha sido el desencadenante de que mucha gente empiece a mirar por las ventanas, por los balcones, empiece a nombrar a sus vecinos, a preocuparse un poco por otras personas que están en el exterior de sus casa. Teniendo la conciencia de que preocuparte de otras personas va a hacer también que otros se preocupen por ti. Es como un reconocimiento de la interdependencia muy fuerte.

Esta situación parece haber dejado claro que la interdependencia es mucho mayor de lo que parecía antes…
Absolutamente. Son sociedades que están hiperconectadas por arriba, totalmente hiperconectadas en lo económico, en lo político y, sin embargo, en los últimos años se han venido atomizando mucho por abajo. Estamos en un momento de convulsión en el que muchas personas, de forma intuitiva, se ven obligadas a reconectarse rápidamente por pura súperviviencia, material y emocional también.

Vemos cómo el frenazo tan brutal de la economía se lleva por delante los empleos, la normalidad tal cual la conocíamos y, a la vez, paradójicamente, hace que la atmósfera sea respirable, que el agua esté más clara, que se reduzcan las emisiones. Y desvela, yo creo, el gran problema civilizatorio que tenemos, el de tener una economía que, cuando crece, destruye las posibilidades de seguir vivos de una forma digna, y cuando decrece, como ahora, con la lógica de poder que hay, decrece violentamente sobre las personas más pobres y vulnerables. Y creo que esa doble tensión, también puede hacer que muchas personas sean más conscientes de que salir de aquí requiere cambios profundos en nuestras formas de organizar la economía, la política y la vida.

Parece que la crisis sanitaria tiene que ver con la ingesta de animales salvajes, en este caso, el pangolín. ¿Hay relación entre esto y un sistema económico que empuja a las personas a buscar estas formas de alimentación?

Hay que ser cauta. Tenemos que leer bastantes más estudios antes de sacar conclusiones apresuradas. Dicho esto, lo que sí me parece absolutamente clave es el hecho de que la cadena alimentaria, y digamos, las atrocidades que se cometen en ella, son un factor de riesgo en la salud importantes.

Sabemos ya mucho sobre la presencia de pesticidas, de productos contaminantes, alteradores hormonales y endocrinos en algunos productos alimentarios, otros de consumo cosmético o cotidiano. Ahora, por ejemplo, todo lo que sale con el pangolín. Pero acordémonos de la encefalitis esponjiforme que la transmitían las vacas. Hablábamos de vacas que habían sido alimentadas con restos de proteína animal.

Obviamente el saltarse y el alterar ciclos y dinámicas naturales en muy poco tiempo (aunque estos no sean estáticos y cambien con el tiempo) genera distorsiones y consecuencias que no sabemos ni por dónde nos vienen.

Me parece interesante, según he ido viendo, varios artículos en diversas publicaciones europeas sobre la incidencia que tiene la pérdida de biodiversidad en la transmisión más acelerada del virus y en la llegada de esos virus a las cadenas más altas de las redes tróficas, es decir, que la desaparición de la biodiversidad hace que cada vez haya menos especies interpuestas entre los virus y mamíferos. Eso sí acrecienta la expansión de los virus y pandemias.

También otros elemento que salían estos días y que habrá que comprobar, que hablan de que la expansión del virus ha sido más dura en los lugares que previamente tenían un nivel de contaminación más fuerte. Algunos de los investigadores a los que he preguntado me han dicho que tienen que hacer estudios, experimentación. Pero obviamente, si tienes un virus que afecta en mayor medida a personas que tienen patologías previas o afecciones cardiorespiratorias; y vivimos en ciudades en donde la gente respira durante años aire sucio y los científicos nos han dicho que esto hace a las personas más vulnerables a las enfermedades caradiorespiratorias, obviamente, generar condiciones de vida, ya sea en los sistemas alimentarios, en el aire que respiramos o en el agua que bebemos que fragilicen y hagan más vulnerables los propios órganos y organismos en los que vivimos, acelera y nos coloca en una situación de mayor riesgo ante virus y pandemias. Que además, van a aumentar a causa del cambio climático.

¿Qué crees que deberíamos aprender de esta crisis socialmente?

Lo plantearé de forma general aunque esto tiene su traducción a políticas públicas de corte sociocomunitario. Creo que si asumimos y tenemos clara la conciencia de que esta situación de emergencia no es una cosa coyuntural sino que es una nueva normalidad, que es lo que nos está diciendo la comunidad científica queramos o no queramos escucharlo, necesitaríamos actuar en tres ejes distintos: apostar de forma clara por un principio de suficiencia.

Aprender a vivir con lo suficiente. Cuando hablamos de esto, quiere decir para todas las personas. Eso supone un cambio en los modelos productivos, en los estilos de vida y de consumo absolutamente radical. El segundo sería la cultura del reparto. Para que personas que están en situaciones tremendamente vulnerables, empobrecidas y precarias puedan vivir con lo suficiente, es necesario abordar la redistribución de la riqueza, y también de los tiempos y trabajos que hacen falta para mantener nuestra especie. Fíjate tú la cantidad de trabajo de cuidados que se ha desvelado como necesario a partir de esta crisis. Y, por último, y acompañando a los otros dos, una política pública basada en la precaución, en la cautela y el cuidado. Parece fácil pero es radicalmente incompatible con la lógica que defiende que hay que correr cualquier riesgo o sacrificar cualquier cosa con tal de que la economía crezca. Ese principio del cuidado, desde la lógica del reparto y la justicia para que todo el mundo tenga lo suficiente, supone una manera de abordar la política pública y la economía que está en las antípodas de las que tenemos en el momento actual.

Igual que el sistema sanitario se ha visto tensionado, el educativo también… ¿Qué respuesta puede dar el sistema?

Igual que una parte importante del coronavirus está siendo asumido por una parte importante de las familias. Es decir, más allá del sistema público de sanidad donde van las personas que están más enfermas, una parte de las personas que tienen síntomas como consecuencia de la situación de confinamiento, son mayoritariamente familias, que bregan con ello como pueden. Tengo la sensación de que por la premura y la rapidez con la que ha sucedido todo esto, parte de lo que está sucediendo ha caído directamente sobre el profesorado, que está asumiendo la situación como puede. Estoy viendo un compromiso brutal del conjunto del profesorado para intentar atender, hacerse cargo de una situación que se ha caído a plomo. Por mucho que quieras adaptarlo todo rápidamente, cae de sopetón. Cualquier persona que haya trabajado en educación sabe que es completamente distinto tener una educación presencial y que te sirvas de instrumentos informáticos como herramientas, a que todo esté en los instrumentos informáticos. Es una forma de enseñar y trabajar que ni se parece. La gente está haciendo todo lo que puede por asumir esa situación. Y luego, están las familias. Se dice que el virus afecta igual a todo el mundo y que no conoce ni clases ni nada. El virus probablemente no, pero sus consecuencias son marcadamente diferentes en función de tu posición de clase, de dónde se venga, de si eres gitana o paya, de la edad que tengas.

Cuando tú vives en una casa de 120 metros, tienes una buena conexión de wifi, una familia que te puede resolver una duda o te puede ayudar a organizar el cuadrante de tareas, estás en muchas mejores condiciones que si vives en una casa de 40 metros, no tienes conexión o es muy precaria y, además, tu familia no te puede echar un cable. La vuelta de tuerca la tienes cuando tienes profesorado que se encuentra confinado en su casa y a su vez tiene hijos e hijas; y que brega con esto como puede.

Las administraciones parecen no darse mucha cuenta de esta situación de dificultad y se ha dado por hecho que todo esto iba a funcionar…

Completamente. Creo que, además, se da por hecho que tú un lunes, has ido por la mañana al cole y el miércoles ya no vas y todo va a fluir y la gente va a seguir aprendiendo… A parte de la situación de los niños y las niñas, que no pueden salir a la calle, una necesidad básica como la de socializarse. De repente se ven separados de su entorno de compañeros de clase… es todo bastante marciano.

Decía la ministra que aspira a que por los menos los últimos 15 días puedan ir al cole y hacer alguna actividad de repaso. Pero, claro, me parecía poco para saber qué es lo que quieren que pase con el curso escolar y cómo se va afrontar esto. De hecho, en lo único en lo que hay un poco más de certeza es con la EVAU.

Desde Ecologistas en Acción habéis hecho crítica por la escasa aparición de la enseñanza sobre la emergencia climática en la LOMLOE. No sé si creéis que la situación actual pueda cambiar esto

Según la revisión que hicimos de la LOMLOE efectivamente nos parecía que se quedaba muy corta, sobre todo, por la declaración de emergencia climática que hizo el Estado. Es verdad que se introducía una asignatura obligatoria, pero en la que se quieren dar temas sobre sostenibilidad, coeducación y la perspectiva de género, junto a temas de educación para la paz… Nos daba la sensación de que se hacía un mix, con cuestiones todas ellas centrales, pero insuficiente. También observamos que la sostenibilidad, que se desarrollaba en esta asignatura específica, no estaba considerada como elemento que debía estar transversalizado en todo el currículo, desde infantil a bachillerato. Nos preocupaba. Aunque hubiese una asignatura solamente de educación para la sostenibilidad, que sería estupendo, esta tendría que ocuparse de desmentir o pugnar con muchas de las cosas que se estudian en las otras asignaturas.
Lo necesario, básicamente, es pensar en el conjunto del currículum desde la perspectiva de aquellos conocimientos, aptitudes, competencias, valores que las personas que se educan han de adquirir para poder desenvolverse en un futuro y sean capaces de entender las cosas que están sucediendo y de actuar frente a ellas. En ese sentido nos parecía insuficiente.

Ese trabajo hemos tenido ocasión de compartirlo con la ministra Teresa Ribera, que lo recibió de forma abierta, y sabemos que la ministra (Isabel) Celaá se mostraba abierta a hacer modificaciones durante la tramitación. Esperemos a ver, cuando se retome la actividad normal, si somos capaces de mejorarla un poco y vamos poniendo las bases para que el decreto de enseñanzas mínimas incorpore estas cosas con fuerzas.

Entonces ¿debería haber un cambio de valores en todo el currículo? ¿Tener más peso estos temas que hoy son subsidiarios, pero parecen más necesarias?

Absolutamente. Muchos llevamos trabajando desde hace años, también desde la FUHEM sobre el currículo ecosocial y la transversalización. No es que necesitemos solo ser conscientes, que es imprescindible, de que somos ecodependientes e interdependientes, sino que necesitamos una forma de aprender la economía, la física, las matemáticas, la filosofía, la tecnología que también sea consciente de esa ecodependencia e interdependencia. El problema es que cuando revisas, muchas veces, los contenidos básicos de ciertas asignaturas, estos adolecen de no ser conscientes de la situación de crisis civilizatoria que atravesamos. Ni siquiera son conscientes de hasta qué punto algunas de estas convicciones y conocimientos están en el corazón del problema y necesitan ser revisados desde otra perspectiva, simplemente para que chicas y chicos que están aprendiendo no sean educados en contra de su propia supervivencia. Es un poco bestia decirlo, pero es que es así. Estamos educando a los niños y las niñas en contra de su propia supervivencia y eso es terrible.