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domingo, 6 de marzo de 2016

Que no se vuelva a apagar la voz de Rosa Chacel (artículo de S. Avilés, A. López y MªJ. Puerta)

Asamblea IES Rosa Chacel nos envía este artículo y estas fotos:

Que no se vuelva a apagar la voz de Rosa Chacel[1]

La administración ha decidido que el IES Rosa Chacel, un centro público histórico del madrileño barrio de Hortaleza, no es apto para ofrecer la ESO y Bachillerato. Los argumentos que se esgrimen son un símbolo del daño que se está haciendo a la educación pública; toda una maraña de despropósitos, despreocupación por las familias del barrio, pragmatismo cínico y cortoplacista y, sobre todo, disfrazada ideología neoliberal. Así, grosso modo, se trata de que no hay demanda suficiente, que tenemos en un barrio seis centros que ofertan ESO (de ellos tres concertados).

La cuestión es que un centro con instalaciones suficientes y posibilidades enormes va camino de ser infrautilizado, que una parte importante del barrio se queda sin los servicios de ESO y Bachillerato, y que la alumnas y alumnos a los que les correspondería el IES Rosa Chacel tendrán que hacer kilómetros para recibir la educación que  quieren y necesitan.

Las familias del barrio, el alumnado y los docentes, está claro, no queremos que se “reconvierta” y hemos tratado de explicar las cosas desde que anunciaron el sacrificio de una parte vital del centro: el derecho a recibir una educación pública de calidad no puede depender de que haya mucha o poca demanda (si las cosas se hicieran bien, pues no haría falta recordar que la administración tiene la obligación de asegurar la educación de las familias; cuestión de derechos humanos); pero, más importante aún, es que no podemos olvidar que la cacareada demanda no nace, sino que se hace. No hace falta que nos vayamos a Marx para defender eso que explicaba Adam Smith de que la demanda depende de la oferta.

Y ese es el cuento con el que nos encontramos, si al final la administración no es la que cuida, promociona, mima y defiende la enseñanza pública, entonces se va a deteriorar, no tendrá el prestigio y la categoría que le corresponde y desde la inmediatez será más difícil defenderla.

Madrid como capital del Estado tiene una responsabilidad enorme, y esa es su gloria y su condena. En la cruzada contra lo público a la que se han lanzado los gobiernos del neoliberalismo y que tanto ha aplaudido el status quo, pocas comunidades como Madrid han sufrido tanto. Es modelo para el resto del Estado y la lucha de la misma marea verde para evitar esa apuesta por lo privado ha tenido que ser mucho más heroica que en ningún otros sitio. Posiblemente de lo que nos sintamos más orgullosas, es precisamente de pertenecer a ese grupo de combatientes (docentes, familias y alumnado) que se han dejado la piel por la enseñanza pública. Y que nadie dude que hemos conseguido cosas muy grandes.

En fin, en Madrid ya hace mucho tiempo que se abrió el melón del negocio privado en los servicios públicos. Los argumentos a favor los hemos oído – los seguimos oyendo – mil veces: las familias tienen derecho a decidir qué educación reciben sus hijas e hijos, el sector de la privada/concertada no va a eliminar la educación pública, va a aligerar la carga de la pública, que quedará para quienes verdaderamente lo necesiten, los proyectos educativos innovadores no tienen cabida en la educación pública, hay que dejar espacio a la iniciativa privada…

Las únicas familias que verdaderamente “eligen” la educación de su prole pagan carísimos colegios privados que garantizan que su descendencia esté bien relacionada de por vida. El resto, como mucho, aspira a que no se junten niñas y niños (anticonstitucional) o a que descienda el número de inmigrantes y alumnado con problemas en las aulas. Eso sí, estos últimos financiados con dinero público.

La innovación educativa y las nuevas metodologías deberían poder ser dentro de la pública, pero es imposible con 25-30 estudiantes por aula. Así que eso de que se garantiza la calidad de la educación pese a los recortes... ¿En serio se puede justificar eso?
Los centros de nuevas pedagogías se cuentan con los dedos de una mano, probad a contar los centros religiosos concertados, a ver cuántos salen.

Pero veamos las cosas de otra manera: vamos a llenar los centros de profesionales y recursos; vamos a hacer que el IES Rosa Chacel (como ejemplo) no tenga dos ordenadores y una impresora para el trabajo de todos los docentes, y que la calefacción funcione en todas las clases, y que todo el alumnado pueda acceder sin problema a las Tecnologías de la Información, y promocionar proyectos que vinculen el centro al barrio... 

Otra cosa que no habría que decir, pero esa es la responsabilidad de la administración.
El descuido de lo público podría ser considerado como negligencia, pero la cosa es mucho más grave porque de lo que se trata no es de descuido, sino que hay una carga de intencionalidad tremenda. Lo que está en juego al final son dos modelos de educación y, al final, dos modelos de sociedad. Aquella que protege y defiende la cultura para todas y todos, y aquella que cree que no todos tienen derecho a recibirla.

Defender la educación pública significa defender la igualdad de oportunidades, defender el sistema de becas, o mejor, una educación gratuita desde el inicio al término (eso no ha llegado a pasar nunca en este país), esto es lo único que garantiza que puedas desarrollar al máximo tus capacidades, vengas del entorno socioeconómico del que vengas.
Y una cosa más, no hay que olvidar que la idea de los conciertos fue una solución cortoplacista al problema de tener que construir muchos centros educativos de golpe en todo el Estado. Ahora que la presión demográfica es menor no tiene sentido que se abra más concertada, y no solo se conciertan más centros, sino  que, como vemos en Hortaleza, se cierran los públicos, que son de todas y todos, y se mantienen abiertos los concertados, pagados con dinero público, pero cerrados a las familias con menos posibilidades económicas.

En fin. Que cuando se habla de ataque neoliberal, de agrandamiento de la brecha entre ricos y pobres, de bolsas de pobreza… No hay que pensar sólo en la tasa de paro. Porque si es así hoy, imaginad cuando todas nuestras niñas y nuestros niños salgan de sus pobres escuelas públicas (abarrotadas, con pocos docentes sobrecargados, sin presupuesto), sin título y sin reválida, sin dinero para estudiar una carrera, ni en formación profesional ni en universidad. Entonces sí que será un planazo: nada de oferta laboral y una enorme bolsa de mano de obra disponible, poco cualificada y pobre. ¿Os suena?

Y al final seguimos estando en la trinchera, porque nos vamos a seguir dejando la piel por eso que consideramos tan nuestro y tan importante: la cultura. La defensa de la cultura en el día a día es nuestro trabajo; pero  quizás lo mejor que podemos enseñarles a nuestras alumnas y nuestros alumnos, a nuestras compañeras y a las familias, es que hay que luchar por lo que uno quiere,  que la justicia es nuestra meta, que no hay que tirar la toalla y que las batallas hay que librarlas, porque ya estamos ganando al luchar, porque más pronto que tarde ganaremos y porque, como decía Silvio Rodríguez, “nos va la vida en ello”.

Sergio Avilés Rico. Profesor de Filosofía del IES Rosa Chacel

Asúnción López Manjón. Presidenta del Ampa del IES Rosa Chacel y  Profesora de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid

Maria José Puerta Ibáñez. Profesora de Informática del IES Rosa Chacel




[1]     Rosa Chacel fue una escritora de la generación del 27, al igual que muchos tuvo que exiliarse huyendo del franquismo, como muchas, su voz fue acallada



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