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miércoles, 8 de agosto de 2018

Cuanto antes (Manuel Menor)


Lo de ANTES, o se arregla CUANTO ANTES o no se progresa

En septiembre se verá en qué quedan los primeros pasos de Educación por enmendar la retórica sobre lo importantísima que es para los españoles.

Que el de agosto sea un “mes inhábil”, según dicen en Moncloa respecto al destino de lo que hacer en Cuelgamuros, puede ser la constatación de un hecho de los que a Forges le encantaba dibujar o un pretexto para dilatar una decisión que ya debiera estar tomada hace años. Decir que se hará “cuanto antes” es fijar un plazo innominado, con la imprecisión adecuada para la retórica. Género muy frecuentado en política, tiene la pega de que los destinatarios pronto miran el gesto  con el escepticismo que aparece en el refranero.

Es tesis fácilmente constatable que este hábito locuaz también abunda entre los políticos de Educación. Puede, sin esfuerzo, coleccionarse un grueso volumen con sus citas –y mención especial a introducciones legislativas- sobre lo crucial que es la educación en un país, lo imprescindible que es el buen trabajo del profesorado para desarrollarla o –últimamente- lo relevante que es una buena formación profesional, y no digamos lo primordial de una educación de calidad, etc. Tan fácil es, si no más, recopilar otro dossier, más crecido, constatando el incumplimiento de todos estos significantes. Basta con reunir los comunicados y reivindicaciones de las prolíficas manifestaciones y huelgas, colectivos, plataformas y sindicatos implicados. Son el mejor testigo de incumplimientos de la retórica oficial al quedarse en lo que es: vacío semántico respecto a lo que sucede en muchas aulas.

Pese a la fragilidad del momento, sería una frustración que en Educación no se pasara de repetición de lo ya visto. La primera sospecha en ese sentido la proporcionó el anuncio del corto proyecto de Real decreto-ley para “revertir” el de los recortes de Wert, el 14/2012, de 20 de abril. La segunda se produjo en el contexto de la entrevista Casado-Sánchez, en que supuestamente se confrontaban  “asuntos de Estado": en los comunicados previos de uno y otro, no se mentó nada de lo que habían sido proyectos de “pacto educativo” desde mucho antes de Ángel Gabilondo a Méndez de Vigo, todo lo pendiente en la dignificación democrática del derecho universal a la educación. La referencia a esta acabó apareciendo en un repaso a la compleja “hoja de ruta” que hizo Sánchez este viernes, tres de agosto, aludiendo a que se proponía “blindar el Estado de Bienestar". Las “mejoras en la Educación” –“la causa de nuestros hijos, de los maestros y maestras que exigen blindar la educación pública”- quedaron inscritas junto a dependencia, pensiones, sanidad pública y pacto contra la violencia de género. Las decisiones ya tomadas sobre becas y atención a niños en riesgo de pobreza serían un adelanto de la búsqueda de “estabilidad social” desde este ámbito. Estaban, además, las implicaciones de la “estabilidad económica”, las territoriales y bastantes otras…

“Pobres dos pobres…” (refranero gallego)

Puede que los apóstoles de la privatización de lo público –y la ingente disponibilidad de medios propicios a que triunfe su ideario- se hayan inquietado algo al oír la confesión liberalsocialista de Sánchez. Antes de que en septiembre se encrespe el vocerío, el gesto de Compromís respecto a la Religión en el currículo es un adelanto de discrepancias. Y el dispositivo que el PP prepara, desde el otro polo político, en la Comunidad de Madrid para fortalecer el neoliberalismo educativo no le irá a la zaga.

De confirmarse como verídicos los indicios de levedad  del compromiso de Sánchez con la educación, lo que quede de legislatura reafirmará el vigor del núcleo de la estructura educativa. Aunque revierta algo de lo recortado en estos años, el antes y el después del estado de bienestar educativo de la población será imperceptible. En eldiario.es nos acaban de recordar lo que profesores y maestros viven –y más los que se criaron en los 40 años anteriores a estos últimos 40- que  las diferencias entre barrios pobres y ricos se traduce en las calificaciones; sobre todo, en las de selectividad. ¿No es esta una de las grandes cuestiones de antes que esperan solución cuanto antes? 

Manuel Menor Currás
Madrid, 04.08.2018

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